Hola ¿Cómo han estado? Se que me tardado un par de meses pero he vuelto y, ahora que mis parciales terminaron y mis obligaciones se relacionan a trabajos prácticos, tengo mucho más tiempo libre para dedicarme a actualizar mis fics.
Quería agradecerles los comantarios a solitarios196, a Luffy Ketchum, a Zeref D, a netokastillo y a deicy. ¡Muchas Gracias!
Luffy contempló a Law con el ceño fruncido. ¿A qué se refería con que aquel tipo los espiaba? ¿Tenía sentido? Sintió como su camisa se humedecía a causa de los llantos de la pelinaranja y la apretó con fuerza contra su pecho. No le importaba como era que el tipo llegaba cuando él no estaba, no importaba si los espiaba, lo grave en ese momento era que aquel maldito había lastimado a sus hijos y también a su mujer, y lo peor era que no dejaba de atormentarlos.
Habían pasado dos años y desde que habían podido concretar su amor, todo había sido perfecto. Habían criado a los hijos de ambos sin ningún tipo de problemas, e incluso habían tenido la libertad de tener dos hijos propios, que fortalecieron no solo la familia en sí, si no también el amor que sentían el uno por el otro.
Y ahora... Ahora todo se estaba yendo de su armonía, yendo de las manos del morocho y eso lo enojaba.
- ¿A qué te refieres? - Le preguntó al doctor
- Nami me ha estado contando - Comentó mientras intentaba pensar como decir las cosas sin que sonarán tan aterradoras - Y ese tipo siempre aparece cuando tu no estás -
Lo sabía, sin embargo escucharlo de otra persona, lo enojaba aún más. La impotencia recorría sus venas y su mente comenzó a dar potentes golpes. Soltó un bufido y luego de respirar profundamente, volvió en sí.
- Le he querido inventar que Hanako y Taro no se encontraban aquí, pero él sabía que estaban dentro - Sollozó la mujer mientras apretaba su rostro contra la camisa del hombre
- Tenemos que hacer algo - Murmuró Luffy pensativo. Eso no iba para más.
- ¿Pero... que podemos hacer...? - Preguntó Nami
- Llegó Robin - Se escuchó desde el pasillo
Los tres se miraron fijamente y luego de suspirar, se dirigieron hacía las escaleras. Bajaron rápidamente y se encontraron con la morocha quien se encontraba contemplando y hablando con la hija mayor de la verlos de reojo, Robin volteó y clavó su mirada en Nami quien solo levantó los hombros con impotencia. Otra vez había pasado y no podían permitir que volviera a suceder. La abogada abrazó a la pelinaranja con fuerza y los ojos del morocho se posaron en los de Zoro quien había ingresado hacía minutos.
- Prometo que te ayudaré con todo - Murmuró en su oído
- Por favor Robin... Necesito tu ayuda... -
- Bueno, necesito que me cuenten como pasó todo - Afloró su voz - Y luego tendremos que arreglar una cita urgente con el juez -
(...)
Irían al instituto, por supuesto. No iban a permitir que aquellas situaciones que se estaban dando en su vida familiar, se interpusieran en su vida escolar. Tenían que cumplir con sus obligaciones, además de que ese lunes, Misa comenzaría a cursar con ellos y Katsu se había comprometido a presentarla ante todos. Katsu, Hanako y Misa caminaron por las calles de la ciudad hasta vislumbrar el impotente edificio que se alzaba frente a ellos. Inesperadamente Misa se detuvo.
- ¿Qué sucede? - Preguntó Hanako mientras volteaba a verla
- Yo... tengo miedo... - Susurró inquieta
- Oi, tranquila - La menor de los tres se acercó y la contempló fijamente - Te integrarás - Sonrió - Solo tienes que ser tu misma -
- Pero... ¿Y si...? - Bajó la mirada
La menor contempló a su hermano con la mirada afilada, tal y como si estuviese a punto de soltar una carcajada. El joven la contempló sin comprender del todo lo que sucedía, pero al ver que su hermana tomaba su mano y luego la de Misa, y las unía, comprendió. Ella quería que él hiciera algo al respecto pero ¿Qué? Estuvo a punto de quejarse cuando Hanako los dejó solos pero sabía que no era lo indicado. Observó a Misa justo en el momento que ella levantó la mirada, esperando cierto apoyo, cierto alago y cierta confianza.
- Todo estará bien -
Ella afirmó. Y juntos caminaron tomados de la mano. Caminaron hacía el instituto e ingresaron tal y como si de una pareja se tratara. Por unos segundos Misa se sintió tranquila y, por otro lado, Katsu se sintió completo. Siguieron por los pasillos y subieron las escaleras que los llevarían a los pisos superiores, lugar donde cursaban los más grandes. Sin embargo, cuando estuvieron a punto de doblar en el pasillo principal, tres hombre y una mujer aparecieron frente a ellos, impidiéndoles el paso.
- Vaya, vaya, vaya - Comentó el que se encontraba en medio del grupo
Katsu clavó sus ojos en él. Eran estudiantes del último año del instituto tal y como él, con la diferencia que ellos cursaban en el otro curso. A pesar de no ser compañeros de aula, él los conocía bien, sabía como eran, lo que solían hacer y por supuesto que no le agradaban para nada. Contempló a Seiyu, el jefe del grupo, un hombre rubio de cabellos largos y atados, con una pequeña barba que le daba la sensación de ser un jaguar asesino.
- ¿Qué es lo que quieres? - Preguntó rudamente mientras daba un paso adelante de manera protectora ante Misa
- Mira hermano - La mujer avanzó hacía Katsu y acarició su barbilla - Es tan sexy - Le guiñó el ojo
- Te desheredaría si estuvieras con él - Murmuró Seiyu con el ceño fruncido.
Si, los odiaba. Seiyu y Akane eran los hermanos mellizos más desagradables de todo el instituto. Eran hijos de dos espías secretos del gobierno y ambos sacan provecho de eso diciendo que conocían los secretos de todos los presentes y que podían averiguarlo en caso de no estar al tanto de las situaciones. Seiyu era un joven engreído, que siempre había tenido fama de rudo pero que para Katsu era pobre niño traumado a causa de sus padres, y por otro lado _ se había ganado el reconocimiento de una de las mujeres más entregadas del instituto. Y todo porque a los hombres les parecía sensual y pues... Por supuesto que no era para tanto. Ojos oscuros, cabellos largos y oscuros, lo único que le daba esa fama de sexy, era su esbelto cuerpo y su pasión y rapidez con la que se dejaba caer en las manos de un hombre. Patético.
Detrás de ellos, Yuto y Tomohisa. Jamás había tenido el desagrado de tener que hablarles. Sabía que eran hijos de otros miembros de la policía secreta, pero hasta ahí llegaba su conocimiento. Yuto era alto, de cabellos de un naranja opaco y cortos, sus ojos eran grandes y su nariz extraña... era cuadrada y larga. Era el típico joven que entrenaba todos los días y su mirada desafiante, defendía su papel como chico malo en el instituto. Nada serio para Katsu. Tomohisa era el más extraño de los dos, siempre que Katsu lo había visto, estaba intentando competir con Yuto pero nunca (O al menos lo que él sabía) lo había podido vencer. Tenía cabellos oscuros, y tez morena. Y debajo de la remera de mangas cortas, se veía un tatuaje de lobo en su brazo derecho.
- Parece que una nueva a llegado - Sonrió Tomohisa
- Meterte en tus asuntos - Murmuró el joven fulminándolo con la mirada
- Wow tiene agallas - Añadió Yuto con un bufido
- Eso me pone... - Akane se mordió el labio inferior
- ¿Quieres desafiarme niño? - Seiyu avanzó hacía él y empujó su hombro
- Oi, ustedes son los que buscan roña - Katsu me mantuvo firme, siempre con Misa detrás de él.
- ¿Ah si? - Preguntó irónicamente el mellizo
- ¡Oi, basta! - Se escuchó detrás del grupo
Al voltear se encontraron con dos amigos de Katsu, Kisho y Reiki.
- Déjenlos en paz, ya empieza la hora de clase - Murmuró Reiki mientras daba un paso al frente intimidante
- Bien... - Seiyu se acercó al morocho y lo contempló con los ojos entrecerrados - Esto no termina aquí, nos volveremos a ver -
- Adiós... - La mujer le guiñó el ojo
Al ver que ya no poseían la misma ventaja que antes, el grupo rudo del instituto se alejó de ellos hacía su aula. Katsu los siguió con la mirada hasta que desaparecieron en un pasillo y fue entonces cuando notó que la mano suya y la de Misa estaban sudadas. La separó de ella, avergonzado. ¡Le había sudado toda la mano! La contempló ruborizado de la vergüenza pero al ver que ella seguía confundida, se alivió.
- ¿Se encuentran bien? - Preguntó Kisho
- Em... Si... - Katsu tomó a Misa de los hombros - Oi, lo siento, en este instituto no son todos agradables pero prometo que no te molestarán ¿De acuerdo? -
- Si... - Afirmó con algo de desconfianza
- Estaba buscándote porque Suzuna ha estado preguntando por ti - Le explicó Reiki, su mejor amigo - Me encontré con Kisho y el me ofreció a ayudarme -
¿Suzuna buscándolo? Recordó lo sucedido en su habitación antes de que el padre de Hanako y Taro apareciera y arruinara un hermoso domingo. Ella lo había atrapado cual pájaro en su jaula, no había tenido oportunidad de escapar hasta que escucharon a su hermana y madre gritar, y para ser sincero, lo había disfrutado, demasiado. Soltó un suspiro al recordar el calor de los labios de aquella rubia y luego, la culpabilidad le amargó la garganta al recordar que tenía a Misa a su lado.
- ¿Su... suzuna? - Preguntó luego de tragar saliva
- Si, rápido, ven - Exclamó velozmente su amigo
- Oi, yo debo seguir mi camino, nos vemos luego -
Kisho chocó puños con ambos hombres y luego saludó con la mano a la nueva estudiante del instituto. Los abandonó en el pasillo ya que, dado que era un años menor, debía regresar a su clase en las aulas inferiores. Los tres de último años caminaron apresurados hacía el aula destinada a ese día, y al ingresar, Katsu apretó con fuerza la mano de la morocha a fin de darle confianza.
El murmullo de lo estudiantes ya presentes los invadió. Todos se encontraban desparramados de manera desprolija en el aula. Algunos se encontraban sentados en las mesas, otros parados contra la pared más alejada de la entrada. Los hombres hablaban de fútbol y de los partidos de ese fin de semana; las mujeres, desparramadas en pequeños grupos, hablaban de hombres, moda o chismes, o al menos eso era lo que Katsu creía. No obstante, cuando ellos ingresaron, las cabezas comenzaron a girar y, a pesar de que las voces seguían retumbando en el ambiente, los ojos de la mayoría de los presentes, se posaron en Katsu y Misa quienes iban tomados de la mano. Fue incómodo, tenía que admitirlo, pero no iba a soltarle la mano a Misa, eso sería como abandonarla en el momento crucial de su primer día de clases.
- ¡Katsu! - Se escuchó el grito de Suzuna a lo lejos
Y fue entonces cuando ambos la vieron corriendo hacía ellos. La rubia tomó ambas manos de Misa, obligandola a separarse del morocho, y las apretó con fuerza.
- Lamento en nombre de todos lo de la otra noche - Sonrió apenada - Pero quiero que empecemos de nuevo -
- Me parece bien... - Comentó con la mirada gacha
- Bueno... - Volteó hacía la multitud de estudiantes - ¡Oi, idiotas, ella es Misa, es nueva... - Fulminó a los pocos que seguían hablando y los obligó a callarse - ... Háganla sentirse como en casa y no hagan estupideces ¿De acuerdo?! -
Cuando un grupo de chicas se le acercó para hablar, Suzuna aprovechó, tomó a Katsu de la mano y lo llevó a un extremo del aula alejado de los demás. Un vez allí, tapó la boca del joven para evitar que se quejara de la brusca decisión.
- He estado pensando en nosotros y creo que lo mejor será que oficialicemos nuestra relación - Soltó inesperadamente
- ¿Oficializar nuestra relación? - Abrió los ojos como platos - ¿De qué relación estas hablando? -
- Oi, siempre te he gustado y tu siempre me has gustado - Afirmó con una sonrisa y un poco de rubor en sus mejillas - El otro día fue un momento especial y pensé, porque no admitirlo de una vez por todas y oficializar nuestra relación -
- Pero nosotros... - Intentó excusarse, asustado con las consecuencias de sus actos
- ¿Estás diciendo que no te atraigo? - Preguntó con una ceja enarcada, expectante
- No yo...- ¿Cómo saldría ahora de eso?
- ¡Katsu! ¿No te resulto atractiva? - Se acercó un poco más a él, poniéndolo en una situación incómoda
- Si, claro que sí - Soltó algo desesperado, por alguna razón no quería que Misa los viese tan cerca el uno del otro
- ¿Entonces? - Preguntó algo irritada por la desatención del joven
Katsu contempló a Misa entre las otras mujeres. Ella estaba a punto, a segundos, de voltearse hacía ellos. Debía hacer algo, U-R-G-E-N-T-E. Pero Suzuna no iba a ser fácil de callar.
- ¿Y bien, Katsu? - Insistió mientras se acercaba más
- Si, bien, de acuerdo - Habló velozmente - Oficialicemoslo -
Y dicho esto, se escabulló de los brazos de, ahora una más tranquila, Suzuna. La rubia simplemente sonrió fantasiosamente, tal y como si no todo ello fuese un hermoso sueño. Camino tres pasos y de una manera risueña, se sentó en su asiento y quedó tildada contemplando la pizarra hasta que el profesor ingresó.
(...)
La hora de salida había llegado, pero por estrictas ordenes de su padre y por mera precaución, Katsu estaba obligado a esperar a su hermana en el pequeño taller que había decidido hacer. Luego de despedir a Misa, se sentó en el escenario de su instituto a escuchar música con su celular. Debía hacer tiempo y dado a que Reiki también se había ido, no tenía a nadie con quien hablar. Cerró los ojos y respiró profundamente, pero sin esperarlo, sintió los labios de otra persona sobre los suyos.
- ¡¿Suzuna?! - Preguntó al verla de pie frente a él
- Te noto extraño - Comentó algo preocupada - No volviste a hablarme en todo el día -
- Si, yo... eh... - No sabía como explicarle
- Es por lo que ha pasado ayer en tu casa ¿Verdad? - Se sentó a su lado y acarició su brazo con pena
- Si... - Necesitaba meter una excusa para poder pensar solo, necesitaba despejar su mente y aclarar si en verdad era lo que quería. ¿En verdad quería tener una relación con Suzuna? No, si. ¡Maldición! Necesitaba estar solo por un tiempo - No quiero hablar de eso ¿Podrías dejarme solo? - Así es, era la excusa perfecta
- Claro que si - Susurró apenada - Nos vemos mañana - Le dio un tierno beso en la mejilla y se alejó de él
Katsu volvió a cerrar los ojos. Necesitaba estar en paz. Estaban pasando tantas cosas en su vida que no terminaba de digerir los problemas. Primero el padre de Hanako y Taro, y todo lo que eso implicaba; luego Misa y aquel beso en la fiesta; y ahora Suzuna... ¿Cómo podía superar todo eso? Sintió unos pasos que se acercaron hacía él, pero mantuvo los ojos cerrados en señal de rechazo. La gente tendría que saber que quería estar solo ¿Sino por qué estaría sentado solo envuelto en la música de sus auriculares? El extraño se le sentó al lado y la primera persona que le vino a la mente fue...
- Oi Suzuna, te dije que... - Abrió los ojos y contempló atónito al hombre que yacía sentado junto a él - ¿Gaku? -
- Suzuna me ha dicho que ahora están en una relación - Murmuró sin siquiera mirarlo a los ojos, simplemente tenía la mirada fija en un punto alejado
- En realidad... - Era inútil - Bueno, Si -
- Oi, Katsu - Murmuró - ¿Qué esta sucediendo? - El morocho se quedó callado - Últimamente Hanako ha estado deprimida y... - ¿Debía decirlo o no? - He oído que han pasado cosas en su casa y... -
- ¡Oi! - Se puso de pie bruscamente - ¡Si Hanako no te ha contado nada, no soy nadie para hacerlo! ¡Son cosas que no te incumben! -
Automáticamente lo dejó solo. Si su hermana no le había contado todo lo que había pasado con su verdadero padre, él no iba a hacerlo. Jamás le haría eso a su pequeña hermana. Caminó hasta la puerta de entrada y se quedó allí de pie, esperando a que Hanako saliera del curso.
(...)
Al escuchar el timbre de la casa, Nami se puso de pie. Sus hombros se tensaron y en seguida, clavó su mirada en su esposo, quien hizo exactamente lo mismo. El morocho se acercó a la mujer y luego de apoyar su mano en el hombro de ella, avanzó hacía la puerta. Se asomó por el orificio de la puerta y luego de confirmar de que se trataba de otra persona, abrió la puerta.
- Rebecca, que suerte que has llegado -
- ¡Luffy! ¡Nami! ¡Que gusto verlos! - Sonrió
Rebecca era una joven estudiante de arquitectura que trabajaba como niñera para juntar dinero y así poder pagar el alquiler de su departamento junto a la universidad. Era alta, delgada y con curvas prominentes las cuales tapaba bajo un vaquero y una camisa rosada. Sus cabellos, largos y rosados, se encontraban trenzados y sus ojos, del mismo color que sus cabellos, emitían cierto aire de ternura. Abrazó fuertemente al morocho y luego se desvió hacía la mujer, a la cual saludó con el mismo gesto.
- Tenemos que irnos urgentemente, pero cuando volvamos te daremos la paga - Le comentó la pelinaranja mientras tomaba su bolso y salía por la puerta
- No se preocupen con eso, saben que no hay apuro - Sonrió amigablemente
- Y recuerda, por favor, no le abras la puerta a nadie que no sea nosotros - Aclaró Luffy serio
- Si, pueden estar tranquilos - Acotó más relajada, después de todo ella había tomado muchas lecciones de lucha y sabía como defenderse.
- Bien, nos veremos pronto - Sonrió el morocho
- ¡Disfruten la velada! -
Cuidar de aquellos niños no era una molestia. Souta era un pequeño que lo único que necesitaba era que lo alimentasen, lo cambiaran y lo durmieran. Akira era la que más trabajo presentaba, la pequeña de dos años exigía atención y siempre la llevaba de la mano a su habitación para mostrarle, una y otra vez, la colección de muñecas que sus padres le habían regalado. Takara y Mizuki tampoco eran un problema, la menores de 8 y 10 años, solían jugar y reírse entre ellas sin exigirle ningún problema alguno. Por otro lado, Taro era un poco más travieso y eso implicaba que Rebecca tuviera que intervenir entre las peleas, cuando el pequeño se escurría a molestar a sus hermanastras. Hanako había crecido y madurado en cada encuentro que había tenido la oportunidad de conocerla y por supuesto que no presentaba ningún inconveniente alguno. Y por último Katsu, él... había madurado bastante desde sus últimos encuentros y eso le hacía soltar pequeñas sonrisas cada vez que topaba con él en cada rincón de la casa.
Luego de hacerles la cena y de que los más pequeños se acostarán, una vez que todos los hijos de la familia estuvieran instalados en sus cuartos, se dejó caer en el sofá y prendió la televisión para poder disfrutar de los canales de chismes que pasaban en el horario de protección al menor. Enfocó su mirada cansada en la pantalla y poco a poco sus ojos se fueron cerrando hasta quedar completamente dormida.
Escuchó la televisión apagarse y abrió los ojos con rapidez.
- ¿Katsu? -
- Perdona, creí que estabas dormida - Comentó en voz baja mientras apoyaba el control de la televisión junto a ella
- No, igualmente ya me estaba aburriendo - Sonrió, pero al ver que el joven comenzaba a darse vuelta, se apresuró y lo tomó de la mano - Has cambiado mucho -
- ¿Cambiado? - Dijo sorprendido al girarse hacía ella
- ¿Recuerdas cuando me espiabas cuando me duchaba? - Soltó una carcajada
- ¿Qué? ¿Eh? - Abrió los ojos como platos e intentó ocultar su rubor en la oscuridad de la noche
- Tranquilo - Se sentó en el sillón y tiró de su mano para que él se sentará junto a ella - Pero has madurado - Acarició su brazo el cual se encontraba más fibroso que hacía dos años, cuando lo conoció - Y eso me gusta -
Con su mano libre pellizcó suavemente su mejilla y sonrió. Comenzó a acercarse a su cuerpo mientras acariciaba su cuerpo.
- Creo que puedo darte una oportunidad -
El morocho abrió los ojos como platos y entró en desesperación. ¿Qué? ¿Por qué de un momento para el otro, todas las mujeres se comportaban de manera tan extraña? ¿Acaso era la época del año? ¿Qué estaba pasando? Sintió las manos de la mujer deslizarse por sus piernas y se puso de pie. Sorprendida la pelirosa lo observó.
- ¿Estás bien? - Preguntó aturdida ¿Acaso había hecho algo malo?
- No, yo... - Maldición ¿Qué decir? - Pasa que... Estoy... estoy en pareja - ¡Sí! ¡Claro! ¡Era lo más inteligente que había dicho en el día! - Y yo... -
- Entiendo - Bajó su mirada - No te preocupes -
- Lo... lo siento - Murmuró y corrió escaleras arriba
Era verdad. Él la había espiado una noche en la ducha, no iba a mentir, y siempre la había considerado hermosa, deseable... pero... No. Había algo que no se le quitaba de la cabeza ¿Qué pensaría Suzuna? Estaban saliendo ¿No? ¿Y Misa? El rostro sencillo pero encantador de la morocha le vino a la mente. Se recostó en su cama y se durmió pensando en los labios de aquella mujer.
(...)
Luffy y Nami llegaron al punto de encuentro en donde Robin lo esperaba. Bajaron del auto y cruzaron la calle para encontrarse con la mujer que los ayudaría a solucionar el reciente problema que estaba afectando sus vidas. Cruzaron tomados de la mano y luego de saludar a la morocha, esta los invitó a pasar a la cafetería donde se encontrarían con uno de los jueces más importantes de la ciudad.
Caminaron con temor entre las mesas y cuando llegaron al lugar marcado por la abogada, distinguieron un hombre alto vestido de traje. Luffy posó los ojos en él, tenía la cabeza cubierta por un pañuelo, debajo, unos ojos potentes ojos que los observaban sin compasión. Pero lo más llamativo de aquel hombre era su gran bigote blanco en forma de media luna, que decoraba todo su rostro. Se sentaron frente a él, junto con Robin, y le tendieron la mano para saludarlo.
- Robin me ha estado contando sobre el caso - Comentó secamente
- Disculpe ¿No puede emitir un acta de alejamiento? - Explotó Nami - ¡Ese tipo es peligroso! -
- Todo a su debido tiempo - Murmuró y clavó su mirada en ella - Es necesario hacer toda una investigación, donde se pruebe que aquel hombre no esta apto para ver a sus hijos -
- ¡Pero le digo que...! - Exclamó enfurecida
- Tranquila, Oi - El morocho la tranquilizó tomando su mano y acariciándola, y luego, posó su mirada en aquel hombre - Puede preguntarles a nuestro vecino y su hija, a nuestros hijos... -
- Además, uno de los motivos del antiguo divorcio fue la violencia doméstica, eso es una prueba muy fuerte - Añadió Robin seria
- Buen punto - Aclaró el juez - Eso aclara mucho pero aun así todo tendrá que hacerse de manera paciente -
- ¿Crees que al menos podríamos tener una orden de restricción de ella? - El morocho señaló a su mujer
- Veré que puedo hacer - El hombre se puso de pie - Dejaremos lo otro para otra sesión y estaré en contacto con usted - Posó sus ojos en Robin, ella afirmó - Prometo hacerlo lo más rápido posible -
- Gracias - Murmuraron ambos un tanto decepcionados
Tendrían que esperar más, y ese tiempo podría bastar para que aquel idiota atacara de nuevo.
(...)
Luego de despedirse, Robin se subió a su vehículo y condujo hasta su hogar. Bajó con los pies cansados y con la mente llena de problemas ajenos. Tenía que solucionar miles de casos, representar a decenas de personas en diferentes juicios pero lo que más la aterraba era la idea de que Bellamy podría atacar de nuevo a su amiga. Y jamás creyó que luego de años ese tipo volvería a molestar a esa pequeña y destruida familia.
Caminó por el pequeño camino hecho de cerámicas y cuando subió los peldaños de su hogar, divisó a un hombre sentado contra la baranda de madera. Amagó a salir corriendo pero cuando distinguió de quien se trataba, frunció el ceño.
- ¿Qué haces tu aquí? - Preguntó un tanto enojada ¿Qué no tenía suficientes problemas?
- Yo quería... - Zoro intentó excusarse
- ¡No, no deberías estar aquí! ¡Todavía no le digo nada a Keito! - Soltó ¡Ya era la segunda vez que hacía eso! ¡Pero aparecer en el medio de la noche, era una locura!
La puerta se abrió de golpe, dejando ver a un joven de cabellos peliverdes en el umbral de la puerta. Los ojos claros como el cielo se posaron en su madre con cierta desconfianza.
- ¿Todavía no me dices que? -
(...)
Por otro lado, la pareja llegó a su hogar. Pero al estacionar, no bajaron del auto. Se quedaron dentro contemplando la casa de sus sueños, la casa que habían comprado cuando habían decidido casarse y conformar una gran y numerosa familia. La pelinaranja suspiró. El silencio era incómodo y los dejaba libres para pensar, no era una buena idea. La mujer se apresuró y bajó del vehículo, estaba a punto de quebrarse y no quería demostrar sus miedos.
Caminó lentamente hacía su casa mientras intentaba repeler las ganas de sollozar. Fue entonces cuando sintió que alguien la tomaba de los hombres y la volteaba suavemente hacía él. Luffy parecía tan seguro, tan confiable bajo la luz de la luna. Él la acurrucó en sus brazos y la apretó con fuerza.
- No voy a dejar que nada te pase - Murmuró en su oído con ternura - Ni a ti ni a los niños -
La dejó muda, y con ese silencio, sucumbió ante el llanto.
¿Qué les ha parecido? Espero que les haya gustado y estaré ansiosa de leer sus comentarios. Prometo no tardarme tanto en actualizar el siguiente capitulo pero aun así, pido paciencia. Me han puesto varios trabajos para la semana que viene y estaré un poquito ocupada.
¡Nos leemos pronto!
