Mil disculpas… sé que no es justificable pero tengo muchas cosas que hacer y solo me siento en la computadora a estudiar… pero aquí estoy con otro capi jeje prometo no tardarme tanto para actualizar. Besitos grax por su review.
Cap. 10. Por siempre y para siempre.
No podía creerlo, su mayor temor se hacía realidad, perdería a Inuyasha, a la pequeña Sarah, a todo lo que ahora creía su vida. Nunca debió aceptar ese trato, debió quedarse en casa y seguir trabajando en el club de la playa, nunca debió haber venido.
El auto se detuvo a las afueras de la mansión Taisho, y Ahome se quedó pensando unos minutos hasta que Sarah interrumpió sus pensamientos.
- Mami, ¿estás bien? –
- No – susurró Ahome y volteo a mirarla – tengo mucho miedo pequeña – unas cuantas lagrimas corrieron por sus mejillas y fueron detenidas por dos pequeñas manitas.
- No llores mami, yo te quiero –
- Yo también hija mía, yo también – Ahome tomo el pequeño cuerpo de la niña y lo abrazo fuertemente contra el suyo.
Inuyasha volvía a casa, había olvidado unos documentos importantes cuando noto que el auto de Ahome estaba estacionado a las afueras de la casa. Bajo del auto corriendo y se encontró con dos ojos cafés llenos de lagrimas.
- Inuyasha, ella no está muerta – Ahome se abalanzo contra el pecho de su "esposo" y continuo llorando.
- ¿Qué dices? ¿Cómo es posible? – preguntó una y otra vez Inuyasha.
- Así es, no estoy muerta – una voz llena de rencor retumbo en sus oídos. Inuyasha dio la vuelta aun con Ahome entre sus brazos y un escalofrió recorrió su cuerpo al ver la pálida figura de su mujer, Kikiou.
- Por Kami, está viva, desgraciada – gruño con rencor.
- ¡Hey! cariño creí que me extrañarías, al menos eso fue lo que pensé – Kikiou caminó hasta un sillón y se sentó cruzando sus dos hermosas piernas como toda una dama.
- No te extrañe ni un segundo, sal de mi casa ahora – Inuyasha seguía abrazando a su Ahome que no paraba de sollozar.
- tu casa – Kikiou soltó una carcajada – es mi casa también, desde el día en que nos casamos recuerdas, y desde el día en que traje a nuestra hija a casa, todo esto es parte de los dos –
- Desde el día en que saliste de esta casa con tu amante dejaste de tener derechos sobre mis cosas –
- ja, tu también me engañabas con Yuna, así que no te hagas el inocente, además… - Kikiou volvió a sonreír – mi abogado ganará este caso, tu y mi hermana me han engañado, Inuyasha cariño, me has engañado con mi propia hermana, y ella que horror mi propia sangre me ha traicionado –
- ¿Enviaste el caso a tribunales?, ¿estás loca? es peligroso para Ahome –
- Oh por favor Kikiou no lo hagas, tú misma me obligaste a venir, yo no quería pero… -
- Pero al ver a mi marido te gusto, y te empecinaste en llevarlo a la cama contigo y él se burlo de mi, sabía que no eras Kikiou pero le gusto, eres una zorra – Kikiou se acercó a ambos – además, me llevare a mi hija de aquí –
- No te llevaras a Sarah, no sin una orden de un tribunal, pelearé por mi hija Kikiou, nunca la has amado – Inuyasha la enfrentó con su mirada dorada.
- Ahome iras a la cárcel, y tu Inuyasha te quedarás sólo, te quitaré a Sarah, y nunca la veras de nuevo, así como esta zorra nunca vio a su pequeño bebé –
- Cállate, no me metas con mi hijo, no hables de él – Ahome iba directo a golpear a Kikiou pero Inuyasha la detuvo.
Kikiou volvió a reír – ¿Hijo? ¿Hija? que habrá sido ese pequeño bastardo –
- Un bastardo porque tu le quitaste a su padre – gritó Ahome.
- Si, ese Kouga es muy fácil de conquistar, solo ve una falda y se va tras ella – suspiró – ten Inuyasha, es una orden para que ambos se presenten en tribunales, esa pequeña se quedará conmigo y tu Ahome iras a la cárcel – Kikiou tomó su cartera y se encaminó a la salida, dejando a ambos jóvenes angustiados por su regreso.
Kikiou subió a su lujoso auto que estaba a unas dos cuadras de la casa, dentro la esperaba Kouga en el puesto de conductor.
- ¿Qué sucedió? – preguntó Kouga intrigado,
- Inuyasha y Ahome están juntos, y Sarah aun cree que ella es Kikiou, la niña no sabe nada aun, pero se enterara pronto, deben presentarse en tribunales, y si Inuyasha quiere a su hija tendrá que pagar mucho dinero – miró a Kouga y le robó un beso – y eso cariño lo usaremos para seguir viajando.
- Kikiou yo… bueno… lo que me contaste respecto a Sarah hace unos días, yo quiero conocer a la niña, además si te la quedas en vez de dársela a Inuyasha yo podría –
- No, Kouga no seas idiota, no me traiciones ahora por esa mocosa, te dije quiero dinero siempre fue así, y Sarah esta para eso, desde que la traje conmigo, con ella pude sacar mucho dinero de Inuyasha y ahora será igual –
- Si lo siento Kikiou, ¿y Ahome? –
- Ella me la pagará, se irá derechito a la cárcel –
Kouga la miró y sólo asintió a sus palabras, peor muy dentro de él temía por el futuro que le esperaba a Ahome, el la había amado y si Kikiou no hubiera entrado en sus vidas, ella sería su familia.
En la mansión Taisho, Miroku entraba de carreras a la casa junto a Sango.
- Inuyasha como es eso de que Kikiou está viva – Miroku aun no podía creer que esa arpía volviera de la muerte.
- Así es, la mía desgraciada se salió con la suya, ahora mi pobre Ahome está sufriendo más que nunca, Kikiou quiere llevarse a Sarah y encarcelar a Ahome –
- Esa si es descarada, regresar así después de abandonar su hogar – Sango caminó hasta Inuyasha y le dio un abrazo – estará todo bien Inuyasha, todo les saldrá bien a ustedes dos.
- Si se lleva a Sarah yo me muero Sango, es mi hija y la amo no puedo vivir sin ella –
- Lo sé, y no creo que los tribunales concedan la custodia a una mujer como ella –
- y Ahome, ¿Cómo esta ella? – preguntó el oji azul
- Esta con Sarah, es su hora de dormir y de leer su historia favorita –
- Mami, ¿la princesa y el príncipe vivirán felices para siempre?-
- Dejame leer la historia y lo sabremos – Ahome sonreía por las consecuentes preguntas de Sarah.
- ¿Y Ariel como hará para decirle al príncipe que ella es la que lo salvo?-
- Bueno debe haber una manera mejor para comunicarse, además de las palabras –
- ¿Cómo cuales mami?-
- Bueno, a veces nos comunicamos por el corazón, ven – Ahome colocó su mano sobre el pecho de Sarah y ella imitó a su madre –
-¿Qué te dije? ¿Pudiste escucharme? –
Sarah asintió con la cabeza – Yo también te amo mamá –
Ahome se sintió muy orgullosa de su pequeña, era muy sabia en el arte de amar, y su inocencia se contagiaba, tal vez por eso Inuyasha nunca decayó en los malos momentos, un hijo siempre da luz a tu vida.
Luego de una larga conversación con Miroku y Sango, Inuyasha se dirigió a su habitación desatándose la corbata que había llevado puesta durante todo el día. El cansancio y la angustia habían dejado adolorido todo su cuerpo. Se detuvo en la puerta de Sarah y se acercó a la cama donde dormía plácidamente desconociendo todo lo que sucedía a su alrededor.
Inuyasha depositó un suave beso en la pequeña frente, pensando en lo mucho que la amaba.
- Yo también te amo papa – murmuró la pequeña en sueños. Inuyasha sonrió y salió de la habitación.
Al entrar a su habitación encontró a Ahome de pie frente a la ventana, al parecer no se había percatado de su llegada. Se acercó sigilosamente y la tomo de la cintura volteándola bruscamente.
- Te amo Ahome Higurashi, y aunque Kikiou venga por ti miles de veces, nunca cariño, nunca jamás te dejare de amar –
- Inuyasha… te amo… tengo mucho miedo –
- No temas cariño, siempre estaremos juntos, pase lo que pase – Inuyasha sacó de su bolsillo una caja con una pequeño lazo dorado – lo compre hace unos di aspara ti –
Ahome sonrió y desató el pequeño lazo, descubriendo una cadena con una pequeña perla rosa.
- Es hermosa – dijo Ahome admirándola
- Me dijeron que concede cualquier deseo, solo debe estar siempre contigo – Inuyasha beso su nuca y ató la cadena a su cuello.
- Deseo que estemos juntos por siempre, Sarah, tú y yo como una familia –
- Así será cariño, por siempre y para siempre – Ahome e Inuyasha se besaron dando inicio a otra noche entregados al amor.
