Hola, pues si, finalmente esta historia queda oficialmente terminada. Quiero agradecer a mi amiga TheCursedPrincess91 por todos sus reviews, consejos y apoyo. Esta fanfic va dedicado especialmente para ti. En caso de que alguien mas lea esta historia aunque no deje review de antemano le agradezco que siga el fic y espero que haya sido de su agrado.
Esta capítulo me costó muchisimo trabajo, creo que ha sido de los mas díficiles en toda mi trayectoria como autor de fanfiction, pero aún así es de mis favoritos, disfruté mucho al escribirlo. ¿En que terminará esto?, solo les diré que a lo mejor se deprimen un poco, pero espero no decepcionarlos con el final.
Y bueno, por mi parte es todo, espero que les guste este capítulo.
El Prófugo
Capítulo 10: Demasiado Tarde
Max se encontraba en su celda acostado en la cama, sus ojos estaban llenos de lágrimas y cada segundo que pasaba se le hacía una eternidad. Quería respirar cada bocanada de aire que le quedaba, después de todo ya no eran muchas. Estaba consciente de que al día siguiente moriría en la silla eléctrica sin poder hacer nada para evitarlo.
Goofy había suplicado que lo dejaran pasar la noche con Max pero las autoridades se lo impidieron. Al haber sido declarado inocente de los cargos mayores no había sido encerrado nuevamente y ahora contaba con libertad condicional. A Max también le habría encantado pasar su última noche con su padre, aquel que lo había acompañado en su travesía y que había estado siempre a su lado.
Por otro lado pensaba que así era mejor, si su padre estuviera ahí seguramente tendría que pasar sus horas finales viéndolo sufrir. Tal vez lo más apropiado era estar solo hasta el momento de su ejecución y evitarse esa pena. Si, así debía ser, mientras lo dejaran despedirse de sus seres queridos en el último minuto estaría conforme.
-Bueno, tuve una buena vida… corta, pero buena- pensó Max resignado.
En ese momento escuchó como alguien abría la reja de su celda. Levantó la mirada para ver de quien se trataba y descubrió a un policía acompañado de un sacerdote entrando a donde él estaba. Sabía bien a lo que iban y la idea no le desagradó para nada, en serio necesitaba desahogarse con alguien en esos momentos.
-Joven Goof, este es el padre Cortés. Viene a confesarlo- dijo el policía.
Era extraño que justo cuando ya lo habían condenado la gente comenzaba a ser un poco más amable con él. El muchacho se sentó en su cama viendo como el policía cerraba la reja y se marchaba. El sacerdote se sentó a su lado con una biblia en mano y luego lo miró con una expresión triste notando el estado de ánimo de Max.
-Cielos, es la primera vez que confieso a alguien tan… joven. En serio lamento mucho todo esto- dijo el padre.
-No se preocupe, padre, ya no importa nada- contestó Max.
-¿Sabes?, si no quieres hablar puedo venir un poco más tarde- dijo el adulto.
-No, gracias, de verdad me hace falta su compañía y su consejo ahora- murmuró el chico.
-Muy bien, ¿de qué te gustaría hablarme?, ¿de qué te arrepientes?- preguntó.
-Hay tantas cosas de mi vida de las que no me enorgullezco- comenzó Max.
-Supongo que hablas de los… bueno, la razón por la que estás aquí- dijo el padre cuidando mucho sus palabras.
-En parte, si- dijo Max –No se preocupe, no tiene que ocultar la palabra "asesinatos" frente a mí. Ya estoy resignado.-
-¿Y te arrepientes?-
Max dudó unos instantes pensando que contestarle.
-Es difícil decirlo. El primer asesinato fue accidental a pesar de lo que digan los demás… ¿usted me cree?- preguntó el chico.
-Sí, hijo. Puedo notar en ti muchas cosas, pero no maldad. Yo también creo que lo que hiciste fueron errores y accidentes. Lamentablemente no importa lo que yo crea en este lugar- dijo.
-Lo sé. En fin, lamento que el director de mi escuela esté muerto. No teníamos una relación muy agradable, de hecho me odiaba y él no me agradaba. Pero nunca quise matarlo- explicó Max –También hubiera deseado no haber matado a los policías… pero le juro que todo fue por defensa propia y por proteger a mi papá-
El sacerdote solo lo escuchaba con atención y paciencia. Sentía una gran lastima por su acompañante y quería ayudarlo de cualquier modo posible, aunque solo pudiera ser poniéndole atención. Entonces notó que Max estaba a punto de llorar, por lo que le colocó una mano en el hombro que Max aceptó como un gesto amable.
-Se que no hay justificación para quitar una vida, pero en ese momento estaba desesperado. Papá ha hecho un sinfín de sacrificios para cuidarme y criarme él solo.- continuó Max con la voz entrecortada –Y yo siempre se lo he recompensado avergonzándome de él y causándole más problemas de los que ya tiene. No soy precisamente el mejor hijo del mundo ni mucho menos su hijo soñado, pero yo lo quiero más que nada en el mundo y por él fui capaz de hacer lo que hice… para compensarlo de algún modo-
El sacerdote ahora se sentía peor por el muchacho y se le hacía una gran injusticia que tuviera que pasar por eso.
-Max, hijo, no puedo ayudarte con este problema. Pero si puedo asegurarte que no tienes por qué sentirte mal con respecto a tu padre. Él te ama como no tienes idea y no te culpa por ninguno de sus problemas. En cuanto a lo que piensas de ti mismo tampoco debes preocuparte, estoy seguro de que no eres un mal muchacho.- lo animó el sacerdote.
-Gracias, aunque de todos modos mi destino ya está marcado-
-Bueno, al menos ahora supongo que estarás en paz contigo mismo-
-Eso sí, ahora me siento mucho más calmado. Muchas gracias, creo que ahora si puedo irme tranquilo.- dijo Max.
-Creeme, Dios nunca te abandonará y con gusto te recibirá en su reino- terminó el sacerdote habiendo logrado su misión de levantarle el ánimo al chico.
Mientras tanto, Goofy se encontraba en la sala de espera del departamento de policía. No le habían permitido ingresar a las celdas con su hijo pero no podían impedirle permanecer lo más cerca que se pudiera de él. El adulto se encontraba sumamente deprimido recordando todos los momentos que había pasado con su hijo desde el día en que nació.
Era demasiado cruel e injusto que a él le perdonaran la vida mientras que por otro lado le arrebataban su única razón de existir. La rabia y la impotencia lo carcomían por dentro, ¿cómo podía terminar así? Había hecho tantas cosas para que las cosas se arreglaran. Toda esa aventura no podía finalizar de ese modo.
Aún había tantas cosas que quería hacer con Max. Quería verlo ir a la universidad, casarse y que le diera nietos algún día. Maldijo mentalmente a todas las autoridades que no habían tenido compasión ni siquiera por su corta edad. Era realmente increíble que grandes jefes de la mafia y criminales de la peor calaña pudieran evadir su responsabilidad únicamente cubriendo una "pequeña cuota" y que el castigo que ellos merecían se lo dieran a un joven que solo había estado en el lugar y momento equivocado.
Goofy dejó caer su cabeza hacia delante permitiéndole descansar su rostro entre sus manos. Lloraba de tristeza y desesperación, ningún padre debería nunca ver morir a su hijo, el ciclo de la vida no era así. Entonces recordó algo, un momento clave en su viaje con Max poco antes de que los capturaran. Al momento de su arresto lo habían inspeccionado y le habían quitado todo lo que llevaba, pero milagrosamente había un objeto que habían pasado por alto.
Goofy metió la mano en un bolsillo secreto de su pantalón donde un objeto metálico descansaba a salvo. Lo tomó y lo sacó para después quedarse viéndolo por unos momentos. Se trataba de la pistola que le había quitado a Max luego de que este matara a los oficiales que los habían agredido.
-Te prometo que solo lo usaré en caso necesario- eran las palabras que le había dicho a Max en su momento.
No estaba seguro de que esa nueva y loca idea que había surgido en su cabeza fuera la correcta o diera resultados. Probablemente solo empeoraría todo, pero ahora que lo pensaba no tenía nada que perder. Ya no le importaba lo que pudiera pasarle a él, las consecuencias que tuviera ese acto que acababa de nacer en su mente. Decidido apretó el mango de la pistola con fuerza mientras volteaba a ver a unos cuantos policías que custodiaban la entrada a las celdas.
-Que así sea- pensó Goofy preparándose para la que quizás sería la mayor torpeza de su vida.
Justo en ese momento, a unas cuantas calles de distancia. Roxanne y P.J. corrían como locos para llegar cuanto antes a la jefatura con la cinta que les había dado la señorita Maples. Los dos amigos llegaron pronto a su destino y estaban por ingresar en él cuando el guardia los detuvo.
-La entrada está restringida por ahora. Si vienen a visitar a un preso tendrán que esperar hasta mañana en la tarde- les dijo.
-No venimos a visitar a nadie- explicó P.J. –necesitamos ver a los encargados del caso de Max Goof-
-¿Goof?, ¿el chico psicópata?- preguntó el guardia con simpleza.
-Él no es ningún psicópata- dijo Roxanne con desdén.
-Cómo sea, es imposible lo que me piden. El encargado de ese caso ya se ha retirado y no volverá hasta mañana en la mañana- dijo el hombre.
-En verdad necesitamos hablar con él cuanto antes. Tenemos pruebas de la inocencia de Max- dijo P.J.
El guardia dio una pequeña risa burlona.
-Me temo que llegan tarde, chicos. La sentencia ya fue dictada-
-¡Por lo que más quiera!, ¡déjenos entrar!- pidió Roxanne.
-Ya les dije que hasta mañana. Justamente tenemos prohibido dejar entrar a civiles por la sentencia del chico Goof- dijo el guardia.
-¿Y se puede saber cual fue esa dichosa sentencia?- preguntó P.J.
-La silla eléctrica- dijo el adulto en tono aburrido –Siempre que tenemos presos condenados a la pena de muerte tenemos que vigilar muy bien la zona para que no intente nada-
Tanto Roxanne como P.J. sintieron como si les arrojaran agua helada por todo el cuerpo. Sus temores se estaban volviendo realidad y el tiempo ahora estaba en su contra.
-¡No pueden matar a Max!, ¡No pueden!- comenzó a gritar Roxanne.
-Mire, señorita, yo no hice las reglas, solo las sigo. Y les ruego que se marchen sin no quieren que los eche yo mismo de aquí- dijo el guardia.
P.J. no pudo más y sin que el guardia pudiera reaccionar lo sujetó por el cuello de su camisa mirándolo con furia.
-¡Escucha, estúpido!, ¡no me interesan tus malditas reglas!, ¡Nos vas a dejar entrar ahí a ayudar a nuestro amigo si sabes lo que te conviene!- le dijo P.J.
El guardia estaba punto de responderle cuando una serie de perturbadores sonidos se escucharon dentro del edificio. Los tres voltearon a ver la jefatura de policía confundidos por lo que estaba sucediendo.
-¿Qué es eso?- peguntó Roxanne.
-Creo que son… disparos- dijo el guardia.
En efecto, mientras ellos discutían afuera, adentro se estaba librando un pequeña batalla entre unos cuantos policías tomados por sorpresa y un padre decidido a todo por liberar a su hijo. Goofy estaba irreconocible, quien lo viera lo podría confundir fácilmente con un veterano de la guerra o un ser con un profundo amor por la matanza. Los policías trataban de detenerlo pero lo único que conseguían eran balazos en las piernas que los inmovilizaban.
Goofy logró llegar la zona de las celdas y tomando a uno de los guardias como rehén lo obligó a que lo condujera donde su hijo. Mientras caminaban podía escuchar algunos gritos de apoyo e incluso aplausos de los otros criminales encerrados ahí. Pronto llegaron a la celda de Max, quien simplemente estaba anonadado con lo que su padre estaba haciendo.
-¡Abre a reja!- ordenó Goofy a su rehén.
El policía comenzó a sacar sus llaves y a abrir la celda con las manos temblorosas.
-¡Pa!, ¿Qué haces?- preguntó Max.
-¡Sacándote de aquí Maxi!- contestó Goofy.
Pocos segundos después la reja estuvo abierta y el joven Goof pudo salir de ella. Goofy lo condujo hasta la salida escudándose el guardia que tenía amenazado. Nadie se atrevió a obstruir su escape por temor a herir a su compañero y finalmente llegaron a la salida y luego a la calle.
P.J., Roxanne y el guardia vieron estupefactos como Goofy y Max salían de la jefatura llevando a un rehén con ellos.
-¡Max!- gritó Roxanne feliz por verlo vivo pero asustada por lo que estaba ocurriendo.
-¿Roxanne?, ¿P.J.?, ¿Qué hacen aquí?- preguntó Max al verlos.
-¡Venimos a ayudarte Max, tenemos la prueba de…!- intentó explicar P.J. pero en ese momento el policía que Goofy tenía amenazado logró liberarse y correr detrás de un auto poniéndose a salvo.
Al ver esto, los otros guardias abrieron fuego contra ellos sin dar tiempo a ninguna explicación. Goofy y Max también corrieron atrás de un auto estacionado cubriéndose de los disparos.
-¡No!, ¡esperen!- gritaba Roxanne tratando de que alguien la escuchara y les permitieran mostrar al evidencia.
Para su desgracia, ninguno de los oficiales estaba dispuesto a escuchar razones, lo único que les interesaba en ese momento era acabar con los prófugos. Goofy aún tenía su arma y respondió al tiroteo con un par de disparos mas, los cuales por cierto, fueron los últimos que le quedaban a su pistola.
-¡Demonios!- exclamó Goofy al darse cuenta de que ya no tenía más balas.
-¡Olvida eso, papá!, ¡tenemos que largarnos de aquí!- dijo Max.
Goofy asintió y como pudieron se fueron escabullendo tratando de alejarse del campo de batalla. Roxanne y P.J. aún seguían tratando de detener esa locura pero con los mismos resultados. Una vez que Goofy y Max vieron la primera oportunidad comenzaron a correr lo más rápido que sus piernas les permitían ya casi escapando de los oficiales.
-¡Lo vamos a lograr, papá!- exclamó Max al darse cuenta de que los oficiales también se habían quedado sin balas.
-¡Si, Maxi!- respondió Goofy entusiasmado.
En ese momento Max notó una figura deslizándose detrás de unos arbustos rumbo adonde ellos estaban. Goofy no se había dado cuenta de eso y comenzó a dirigirse hacia donde estaba esa persona que los seguía.
Roxanne desde donde estaba también notó ese detalle y lo que siguió fue como en cámara lenta para ella. Una vez que Goofy estaba a unos cuantos metros de los arbustos, un nuevo policía salió de detrás de ellos con una pistola en la mano. Apuntó a Goofy entonces dispuesto a tirar del gatillo.
El adulto se dio cuenta de esto demasiado tarde para escapar y por unos instantes se quedó estático mirando a aquel hombre que estaba a punto de acabarlo. El gatillo fue activado entonces y tras un estruendo una bala salió del arma de aquel sujeto dirigiéndose hacia Goofy. Una fracción de segundo después la bala había penetrado en un cuerpo dejando salir un pequeño río de sangre.
Roxanne dio un grito de terror, P.J. cayó de rodillas y Goofy…solo se quedó de pie mirando horrorizado a su hijo Max caer al suelo frente a él. La bala iba dirigida a su persona, pero no le había dado gracias a un chico que se había interpuesto en su camino. Max Goof había recibido el disparo salvando la vida de su padre.
-¡No!, ¡Maxi!- gritó Goofy arrodillándose en el suelo y abrazando a su hijo.
Max comenzó a toser, el aire le faltaba y su aspecto era como si tuviera mucho sueño y quisiera dormir profundamente. Las lágrimas de Goofy caían sobre el debilitado cuerpo de Max mientras que Roxanne y P.J. corrían hacia donde ellos estaban.
-¡Maxi!, ¡No!, ¡Por favor resiste!- suplicaba Goofy.
-P…p…papá, t…ten…go frío- dijo Max con dificultad.
-Descuida, Max, aquí está tu papá para protegerte- dijo Goof abrazándolo con fuerza.
-Mu…chas gracias, por… haber…tratad de ayu…darme- dijo Max llorando también por la tristeza y el dolor.
-No hables así, te pondrás bien- dijo Goofy.
-No papá… ambos sabemos que no será así- dijo el muchacho.
En ese momento llegaron Roxanne y P.J. y al ver el estado de Max rompieron en llanto.
-¿Por qué lo hiciste Max?- preguntó Goofy
-Tenía que hacerlo, papá… no podía permitir que te hicieran daño- respondió Max.
-¿Pero por qué a costa de tu vida, hijo?-
-No había otra manera-
Roxanne tomó la mano de Max y comenzó a acariciarla mientras trataba de sobreponerse.
-Por favor, Max, no nos dejes. No ahora que tenemos las pruebas para liberarte- dijo Roxanne.
-Les agradezco que las consiguieran, pero creo que ya no serán necesarias- dijo el muchacho con la voz cada vez más débil.
-Maxi…-
-Por favor cuídense mucho… los amo a todos- murmuró Max.
-No, por favor…-
-Adiós…Pa…pá- fueron las últimas silabas que salieron de su boca. En ese momento y frente a los ojos de todos, Max Goof dio su último suspiro. Sus manos cayeron al suelo sin vida y sus ojos se cerraron para jamás volver a abrirse.
-¡Noooooo!- gritó Goofy mirando al cielo y sosteniendo el cadáver de su hijo.
P.J. abrazó a Roxanne y ambos se pusieron a sollozar desconsoladamente. Goofy daba gritos desgarradores y besaba la frente se Max completamente destrozado por dentro. Los policías por su parte notaron que ya no tenía caso seguir con el tiroteo, ya nadie trataría de escapar de todos modos.
A pesar de lo ocurrido minutos antes, todos se sintieron especialmente mal por la muerte del chico Goof. Al parecer aquel acto de sacrificarse por proteger a su padre en verdad los había conmovido. Ya nadie pensaba en matar ni en capturar, acababan de ver lo que ese pensamiento traía consigo.
Luego de ese suceso los oficiales finalmente accedieron a ver el video y de esa manera comprobaron la inocencia de Max, sin embargo había sido demasiado tarde para salvarlo. Después de una serie de procesos burocráticos Goofy quedó libre de todos los cargos, seguramente una especie de disculpa por parte de las autoridades. Era buenas noticias pero Goofy no se sentía feliz para nada.
La mañana siguiente se levantó con desgana, no se molestó en afeitarse ni en desayunar, ya nada le importaba. Se dirigió a su armario y sacó un elegante traje color negro que nunca creyó volver a usar. Se vistió y se dispuso a salir de su casa, no sin antes detenerse enfrente de una puerta a mitad del pasillo. Goofy se quedó mirándola unos momentos, la abrió y entró a la habitación.
Muy a su pesar comprobó que la cama se encontraba vacía, toda la habitación parecía haber perdido su esencia. Nuevamente comenzó a llorar en voz baja sintiéndose completamente solo. Se sentó en la cama y miró hacia la almohada, como le gustaría ver una joven cabeza recostada ahí con el cabello desordenado esperando que el lo acomodara con una caricia. Aún podía sentir su presencia ahí, era como si en realidad nunca se hubiera marchado, como si todo se tratara de un mal sueño.
Entonces notó un pequeño bulto debajo de las cobijas, Goofy lo sujetó y descubrió al pequeño oso de peluche de su hijo. Max siempre había negado el hecho de que aún dormía con él. Siempre había querido parecer mas maduro, aunque en el fondo nunca dejó de ser un niño. Goofy acarició el oso de peluche recordando la navidad en la que se lo había regalado, jamás olvidaría la expresión en su rostro cuando lo tomó entre sus pequeñas manos.
-Mi Maxi- dijo casi en un susurro.
En ese momento escuchó el timbre de la puerta sonando, no se sorprendió, sabía que tarde o temprano sonaría. Acostó al oso de peluche y lo tapó como si se tratara de su propio hijo. Luego caminó hacia la puerta donde encontró a Roxanne esperándolo. Su vestimenta también denotaba depresión. La chica lo abrazó con dulzura la verlo y entonces ambos subieron al vehículo estacionado frente a la casa.
El padre de la muchacha conducía, su aspecto rígido ya no estaba más y a pesar de no haber tenido una muy buena relación con su yerno también resentía lo ocurrido. Después del viaje en el que el silencio reinó llegaron a su destino. Muchos ya los esperaban ahí. Goofy pudo ver a su amigo Pedro y a P.J., a Bobby, amigo de Max. La señorita Maples y el profesor Quintero también estaban ahí, todos con la tristeza reflejada en sus caras.
El padre Cortés se encontraba preparando sus cosas frente a una caja de madera que Goofy reconoció al instante. Se acercó a ella con un dolor sobre humano en su pecho.
-Resignación, hijo- dijo el padre.
-¿Puedo verlo por última vez?- preguntó Goofy.
El padre asintió y entonces el féretro fue abierto. Goofy pudo ver claramente a su hijo Max descansando dentro de este. Se consoló al notar que su aspecto no era de sufrimiento, más bien de completa paz. Era como verlo dormir un agradable y profundo sueño. El adulto se acercó aún mas y le dio un último debo en la mejilla a su hijo dándole el ultimo adiós.
El entierro fue rápido, antes de que se dieran cuenta ya estaban llenando la tumba y colocando la lápida con las palabras "Aquí yace Max Goof, querido hijo y amigo". Una vez que todo terminó los presentes regresaron a sus hogares, al final quedando solo Goofy y Roxanne mirando la tumba. Roxanne tomó la mano de Goofy en señal de apoyo en ese momento.
-¿Sabe, señor Goof?- comenzó Roxanne.
-¿Podrías decirme papá?… me harían sentir mejor y creo que a él le hubiera gustado oírte llamarme así algún día- pidió Goofy.
-De acuerdo, ¿Sabes, papá? Él nunca hubiera querido vernos tristes por él-
-Lo sé, pero no puedo imaginar la vida sin su compañía- dijo Goofy.
-No será fácil, pero si de algo sirve… no estás solo. Nos tienes a todos nosotros-
-Gracias, Roxanne-
-Además hay que tener en cuenta que él se fue por que tu pudieras seguir viviendo, y para que fueras feliz-
-No creo poder-
-Claro que puedes… piensa que en realidad no se ha ido. Nunca nos ha dejado-
Goofy sonrió entonces ante estas palabras, ahora que lo pensaba ella tenía razón. La presencia de Max aún seguía ahí, su hijo aún estaba con él cuidándolo y velando por él. El padre de Roxanne lo llevó de regreso a su hogar y luego de darle el pésame lo dejó en la entrada de la casa.
Goofy entró nuevamente en ella y por raro que parezca se sentía bastante bien, la soledad se había ido y aunque tardaría un tiempo en acostumbrarse a ya no tenerlo cerca sabía que ese no era el fin de la jornada.
-Bueno… pues a seguir viviendo- dijo Goofy sonriendo –Por ti, Maxi, hasta que volvamos a vernos-
FIN
Pues si amiga, esta vez ganó mi lado oscuro y trágico. Espero que te haya gustado, practicamente he estado escribiendo esto solo para ti, jeje. Bueno, pues espero los (o el) comentarios finales para ver si tomé la decisión correcta. Prometí que hoy subiría el final y lo he cumplido. Ahora les informo que la proxima semana, mismo día y misma hora si no ocurre ningún imprevisto, tendrán el primer capítulo de mi tercer historia de Disney, el cual para variar será de estos dos personajes que me tienen obsesiondo (como supongo que ya habrán notado). Nos vemos/leemos, se cuidan y nuevamente muchas gracias.
