Hola, queridas ^^ ¿cómo están? Espero que bien. Yo, aquí, reportándome de nuevo, con un nuevo capítulo recién editado, así que espero que les guste. Otra vez, quiero darles las gracias a todas las que han agregado mi historia a favorite/alert, a las que leen anónimamente y, sobre todo, a las que se molestan en dejar un hermoso review. Muchas, muchas gracias. Me hace muy feliz saber que les gusta cómo va la historia, y prometo tratar de cumplir sus expectativas en el resto del fic. Gracias, de nuevo.
Oh, y un mensaje especial. Esta vez, es para alguien que no tiene cuenta, pero que igual voy a responderle el review por acá. Me parece que tengo la obligación de hacerlo, considerando lo linda que ha sido ella en sus palabras:
Monii: muchas gracias por tus palabras. La verdad, yo sólo doy lo mejor de mí misma cada vez que escribo algo, un capítulo o un trabajo. Creo que, si uno le pone corazón y muchas ganas, algo bueno tiene que salir, ¿no? xDD. Edgar Allan Poe me chifla la cabeza desde que leí "El corazón delator", y mi sueño -frustrado, claro está- es escribir algo de terror o suspense, que sea decentemente bueno. He escrito, pero da asco, y no pienso publicar algo de ese estilo hasta que me salga algo bueno. Tiene que salirme. En fin, me alegra que te guste tanto la historia. Siempre he dicho que escribo lo que me gustaría leer, más que lo que les gusta a las personas. Por eso, creo, estaba tan insegura al respecto de este fic. Pero como parece que le gusta a un considerable número de personas, creo que lo terminaré xDD. No tienes que tener miedo de decir lo que piensas. Lo que cada uno cree o siente o piensa no puede -ni debe, a todo esto- ser censurado por otra persona que no seas tú misma. Si empiezas a decir lo que los demás esperan que digas, o te conviertes en un robot -se me está pegando lo de Tenten xDD- más, estás jodida. Y lo digo por varias personas, incluyéndome. La mitad de las veces me encuentro siendo políticamente correcta, cuando todo lo que quiero es mandar todo al demonio, y gritar que me importa muy poco lo que pase cuando esté todo allá. Pero bueno, creo que todos somos, en mayor o menor medida, víctimas del sistema en masa de estos tiempos, y lo único que nos queda es tratar de ser un poquito más nosotros mismos, y menos como quiere el mundo que seamos. Y la inseguridad es un problema de muchos, que también me afecta, pero que combato con mi pequeño -ENORME- problema de verborrea y algo de hiperactivismo sacado de sólo Dios sabe dónde. Gracias por escribir, me alegro que te guste la historia, cuídate y nos estamos leyendo
Bueno, eso sería. Gracias, de nuevo, a todas las que dejaron review, y espero que les guste el capítulo.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto
Mi jodida vida
Capítulo X
Solté otra sarta de maldiciones. Estaba bromeando, ¿verdad? Tenía que estar haciéndolo. Tenía que estar jugando conmigo. Era imposible que algo así me estuviera sucediendo a mí.
-¿Te importaría repetir lo que quieres? –pedí, tratando de no sonar demasiado descortés, aunque sin lograrlo del todo.
-Quiero que me lleves al sótano de anoche –reiteró Shikamaru, sin variar ni un ápice su expresión aburrida, y con el cigarro entre los labios. Se parecía tanto a Asuma… negando con la cabeza, me enfoqué en lo importante. Fruncí el ceño.
-Oh, claro que sí, Shika. Y luego llamaré a mi madre para ir de paseo a Europa.
Shikamaru sabía, de alguna forma, porque yo no se lo había dicho, todo lo relacionado con mi familia. Suponía que lo había investigado en los periódicos, dado que el caso había sido tan bullado –mezclado con los rumores de que mi madre era una adicta cualquiera-, que prácticamente todos conocían qué había sido de esos dos. Sin embargo, nunca habían dicho nada sobre mí, y yo había dejado de hacer uso del apellido de mi padre hacía demasiado tiempo. Mi madre ocupaba un nombre artístico, y el apellido de soltera de ella estaba en el completo anonimato. Ama era mi forma de decirles que se fueran al demonio, y que me importaba muy poco lo que éste hiciera con ellos. Como fuera, la probabilidad de irme de vacaciones con mi madre por Europa eran tan altas como que mi reputación fuera razonable. O sea, nula.
El pelinegro torció el gesto ante mi negativa.
-No es necesario que te pongas en ese plan, problemática –murmuró, encendiendo el cigarrillo. Con ese ritual eterno que tenía, por supuesto. Exasperada, se lo arrebaté de un manotazo. Estábamos en uno de los pasillos del colegio, hablando en murmullos ahogados y muy juntos, para que no se escuchara. No había nadie en los pasillos, puesto que todos estaban en los últimos talleres del día, y Chouji había tenido la condescendencia de dejarnos un rato solos. ¿Para qué? Para que me pidiera que lo llevara al lugar que, probablemente, habría de plagar mis pesadillas de aquí a ¿cuarenta? ¿Cincuenta años más? Con lo histérica que era mi mente, no me sorprendería que la última imagen antes de morir fuera la de ese armatoste de hierro, que parecía cualquier cosa.
Resoplé, soltando el humo de paso, envolviéndonos a ambos en una espesa nube de nicotina.
-¿En qué plan se supone que debo ponerme, Shikamaru? ¿En el de "claro-que-te-llevaré-al-lugar-dónde-me-desmayé-y-que-prácticamente-no-me-dejó-dormir"? ¿En serio?
Rió quedamente.
-No tienes que hacerlo tan largo, tampoco. Y no, no quiero que te pognas en ese plan. Pero sí quiero bajar.
-¿Por qué?
Se encogió de hombros.
-Shino quedó intrigado. Y para que a Shino algo lo intrigue, tiene que ser sumamente grande. Sólo quiero ver de qué se trata.
Entrecerré los ojos, golpeando con mi índice el centro de su chaleco gris, con bordes rojos.
-Tú tienes intenciones ocultas, Nara –aseguré- Y no quieres decírmelas. ¿Por qué?
Puso los ojos en blanco.
-En serio, Tenten. Ves demasiadas películas –pinchó. Muy maduramente, saqué mi lengua y se la enseñé, cruzándome de brazos y girando la cabeza al lado opuesto, ofendida- Qué problemática –lo escuché murmurar, mientras veía cómo de reojo se rascaba la nuca, incómodo. Incrédula, me volteé ligeramente a verlo, al captar un pequeño color en sus mejillas morenas. ¿Eso era…? ¿Shikamaru estaba…?
-Estás rojo –sonó más a afirmación que a pregunta, pero lo dije tan bajo, que él sólo se ruborizó más, apartando la vista, y apretando los labios en una fina línea. Me quedé en blanco. ¿Shikamaru avergonzado? ¿Qué demonios? Era, probablemente, el chico que menos se preocupaba de la opinión de las personas, así como el que más predicaba que todo eso de los sonrojos, los tartamudeos y cosas así –cosas que me llevaron a pensar, irremediablemente, en Hinata- eran una tontería. Y ahora estaba rojo como tomate, sin poder sostenerme la vista. La incomodidad se abrió paso entre ambos, y de repente me sentí nerviosa como pocas veces- Uhm… Bueno, yo… Tengo deberes… y… Adiós, Shika.
Intenté escapar rápidamente de allí, antes de que el moreno reaccionara, pero no conté con que este sería más rápido que yo. Tomando mi muñeca entre sus dedos, me detuvo y giró nuevamente hacia él, dejándome frente a frente, y a una distancia no recomendada. Sus manos, de alguna forma, habían llegado a mi cintura, y todo lo que podía ver, en ese mismísimo instante, era la profunda serenidad de sus ojos caoba. Jamás me había percatado de lo bonitos que eran, y la tranquilidad que emanaba de ellos. En cuanto el pensamiento se asentó en mi cabeza, tuve ganas de patearme el culo. ¿Realmente? ¿Qué demonios estaba pensando? Shikamaru era mi amigo, uno de los pocos que tenía, por lo demás, y confundir las cosas nunca había estado en mis planes. Ni con él ni con nadie. Desde Deidara -incluso, tal vez, antes-, no había sentido nada por otro chico. Ni siquiera esa estúpida obsesión/idolatría que tienen la mayoría de las niñas pequeñas por actores y -o- cantantes. En parte, se debía al hecho de que, obviamente, nunca había sido una niña común y corriente. A veces, incluso, llegaba a preguntarme si, alguna vez, lo había sido. Me parecía que no, pero no podía estar del todo segura. Había, con Reika -mi abuela-, sido una niña; una pequeña de piel bronceada, cabello castaño amarrado en dos chongitos, energía eterna -como sólo se tiene a esa edad- y un montón de promesas rotas y fantasías destrozadas. Había sido niña, en resumen, con esa mujer excepcional que era la madre de mi padre, y sólo con ella me creía capaz de todo. Sólo con ella. Sin embargo, no había llegado al punto de serlo completamente. Los veranos con ella se terminaban demasiado rápido, y la insulsa -y falsa, cabe decir- armonía de mi casa en los suburbios no era, ni por asomo, algo que me motivara a amar una ilusión, a alguien que ni siquiera conocía. Además, había que considerar el hecho de que mi madre era actríz -o había sido en esa época-, y el desprecio que me causaba su actitud se extendía a todo aquel que, siquiera, pensara que la posibilidad de, tal vez, ser parte de ese viciado mundillo que a Lin encantaba.
Por eso, tal vez, estaba tan nerviosa. El único chico que había tenido tan cerca, era a Deidara, y antes de él a mi padre. No tenía demasiada experiencia, eso estaba claro, y a pesar de que todos mis amigos eran únicamente hombres -porque, sin importar nada, eran mucho más confiables que las mujeres-, no estaba preparada para un contacto de este tipo, con nadie. En un momento de locura, con la respiración agitada y el corazón a mil, me pregunté cómo reaccionaría mi cuerpo si el que estuviera en frente no fuera Shikamaru, el único que parecía tener la cualidad de leer entre líneas todo lo que decía, sino el chico Hyuuga. De inmediato, mi pulso se aceleró aún más, y rogué a cada dios del que me acordaba para que hiciera que el calor que sentía en las mejillas no fuera un sonrojo. Las posibilidades eran casi nulas, sin embargo. Igual que siempre.
Tragando saliva, me decidí a hablar, tratando de formar una frase coherente y que no demostrara lo nerviosa que estaba.
-Uhm… Shika…
Puta madre. ¿Esa era mi definición de coherente y "no-nerviosa"? Pues llevaba las de perder si era así. Riendo, Shikamaru dijo:
-¿Me vas a llevar al sótano o no? –sin apartarse ni un puto milímetro de mi cuerpo. Parecía estar disfrutando de mi nerviosismo -algo que no se veía todos los días, debía admitir- y con una sonrisa bailoteando en la comisura de sus labios. Sin embargo, sus manos cayeron, laxas, a ambos lados de su cuerpo, como dándome la oportunidad de escapar en caso de que lo necesitara- Quiero saber -continuó, como si no estuviéramos a una distancia demasiado comprometedora para mi gusto- Si no, tendré que preguntárselo a tus compañeras de cuarto, y…
-¡No! –chillé, provocando que diera un respingo. Mordiéndome el labio inferior con fuerza, agaché la mirada. Genial. Por primera vez en mi jodida vida, me sentía completamente avergonzada de mí misma, y era sólo culpa mía. Tierra, ¿por qué no me tragas?- Quiero decir… Nos vemos esta noche, en el hall central. A las once. Lo mismo de siempre, ¿vale?
Sonrió triunfante, antes de darme un cariñoso golpe en el hombro y salir caminando en dirección opuesta a dónde había llegado. Antes de llegar a la esquina, sacó una mano e hizo un gesto de despedida con esta alzada. Sonreí para mí, y luego retomé mi camino, que me llevaría directo a mi cuarto, dónde muy probablemente tendría que encontrarme con la Hyuuga y su pelirrosa amiga. Me rehusaba a calificarlas como mis compañeras de cuarto. Muy pronto, tarde o temprano, alguien más les diría que no era bueno juntarse conmigo, que no era lo que ellas parecían haber establecido de mí, y que no iban a tener un lugar privilegiado a mi lado. Lugar que, obviamente, les correspondía. Tarde o temprano, se marcharían, y volvería a tener el cuarto para mí sola. Entonces, saldría a recuperar mi guitarra, alegando cosas que de momento no tenía muy claras, pero que harían que el director se sintiera tan culpable, que se vería en la obligación de comprarme otra. Por supuesto, nunca reemplazaría a la primera, pero sería mejor que estar tocando con las del Internado –que había probado ese día, y me habían dejado los dedos cortados en lugares que ni siquiera habían tocado las cuerdas-, y lograría desahogarme en medio de la noche.
Con estos pensamientos, no me percaté de lo que sucedía en mí alrededor, hasta que me encontré en otro pasillo totalmente vacío. Parpadeé, perdida por unos segundos, para luego escuchar par de risitas maliciosas.
-Vaya, vaya –dijo una voz, demasiado chillona, demasiado satisfecha, que reconocí como la de Karin. Rolé los ojos. Honestamente, ¿cuándo iba la pelirroja a darse cuenta que yo no le tenía miedo, y no estaba dispuesta a besar el piso dónde caminaba? Lo venía haciendo desde el "incidente", y hasta ahora yo había frustrado todos y cada uno de los intentos que ella hacía por eso. Si, aceptaba que me humillara, pero no iba a quedar como una cobarde frente a todo un Internado. Tenía una reputación que mantener, después de todo, y, de cualquier forma, las formas de conseguirlo que tenía la ojiroja no eran, realmente, muy originales. Tan poco, que yo había dado por llamar a sus arranques "Karin y sus patéticos intentos de asustarme", lo cual todos consideraban igual –al menos, en algo estaba de acuerdo con el mundo-: patético- ¿Qué tenemos aquí?
-Un fenómeno muy bien proporcionado –contestó otra voz, cuyo dueño aparecía desde atrás de una columna de piedra, con los brazos cruzados sobre el pecho, y una sonrisa socarrona en los labios- Cielos, zanahoria, creo que te estás descuidando.
La aludida sólo le envió una mirada envenenada, completamente fúrica.
-Cállate, cara de pez –espetó. Sonriendo de lado, intervine:
-Creo que jamás refirió tu nombre, Sohiso –disfrutando de los ojos desmesuradamente abiertos de la chica. Técnicamente, estaba en lo cierto. Suigetsu sólo había dicho zanahoria, y el que ella respondiera al sobrenombre era sólo una confirmación del mismo. Así lo entendía yo, así lo entendió ella, y para cuando se quiso dar cuenta, el peliblanco ya se estaba riendo a carcajadas de ella, apuntándola descaradamente con el índice, y doblándose sobre sí mismo para mantener el equilibrio. Karin me dirigió otra mirada furiosa- Sólo decía. Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer, así que…
Tomando mi muñeca con brusquedad, me detuvo cerca de ella. ¿Qué demonios tenía el mundo con mis muñecas? Okay, sí, lo admitía. Yo no las trataba precisamente bien, ni tampoco las cuidaba particularmente. Pero una cosa era hacerme daño a mí misma, y otra muy diferente era que me hicieran daño. Lo segundo, era por mi propio consentimiento; lo segundo, no lo iba a permitir.
Sorprendida, porque Karin nunca –jamás- me había tocado, y a la vez enojada, traté de zafarme, sin lograrlo. La pelirroja tenía más fuerza de la que le había concedido en un principio.
-Tú no te vas a ningún lado, pseudo proyecto de mujer –insultó, con una inteligencia de la que no la creía capaz. Okay, tal vez Karin también, como Ino, era más de lo que dejaba ver. Mucho más- No sin que antes cumplas tu palabra.
Fruncí el ceño.
-¿De qué demonios hablas, Sohiso? Hasta dónde yo sé, no hemos hecho ningún trato nosotras –demonios, ni siquiera nos hablábamos más allá de los insultos- Y si quieres cobrar palabras, dile al demonio que le mando saludos.
Su mirada se volvió confusa, antes de captar el sentido. Bueno, tal vez no tanto más.
-¡Maldita…! –comenzó, pero se detuvo con una sonrisa ladina, que era más sádica que otra cosa- No me harás caer en tu juego, adefesio. La verdad, el trato no es conmigo, y gracias al cielo, porque no sé quién quisiera estar atado a ti –frunciendo levemente los labios, hizo un gesto a otro de los rincones, y aparecieron Uchiha, junto a Matsuri, el novio de ésta, y la única persona que yo esperaba no tener que volver a ver tan pronto, Kabuto. Estaba segura que todo el color se me había ido de la cara- Veo que ya recordaste. Muy bien. Eso nos ahorra un poco de tiempo -mi estómago se retorció con un mal presentimiento, y mi cabeza comenzó a buscar la forma de escapar. No había. Antes de que me diera cuenta, estaba rodeada. Suigetsu, ya recuperado de su ataque, estaba frente a mí, dándole la espalda a Karin. Sasuke ahora había tomado su posición en la otra esquina, detrás de mí, a la derecha, y Gaara lo mismo, sólo que a la izquierda. Ami, Linda y Matsuri estaban detrás de los chicos, respectivamente, mirando por sobre sus hombros, con una curiosidad morbosa. En el centro, yo junto a Karin, juntas por el agarre que la pelirroja hacía en mi muñeca, y Kabuto un poco más atrás de nosotras. Mierda.
-Escucha, no sé qué demonios crees que estás haciendo, pero…
-¿No sabes? –repitió, abriendo sus ojos sorprendida. Sin embargo, ahora era puramente falso. Puramente fachada. Sus ojos, rojos como la sangre, en el fondo tenían un reborde de maldad que me estaba revolviendo el estómago- ¡Qué lástima! Pero no importa. Kabuto se encargará de recordártelo, ¿verdad?
Miró hacia el joven, al cual yo no quise ver, y luego sonrió ampliamente. Macabramente.
-Claro que sí, prima –contestó él. Pude percatarme que en su voz había un pequeño tinte de inquietud, pero que prácticamente ni se notaba. Si tenía algún tipo de escrúpulo con lo que fuera que Karin tuviera en mente, lo ocultaba muy bien. O le importaba lo suficientemente poco como para darle importancia. De cualquier forma, era alarmante- Ahora, ¿me permites?
-Por supuesto.
Pasé del agarre de Karin, al del peliblanco, y no pude soltarme en el proceso. Así como tampoco pude reprimir la mueca de dolor que puse al sentir las uñas –sucias, largas y amarillas uñas- de Kabuto en mis heridas. Joder, me las había hecho el día anterior nada más, era imposible que estuvieran cerradas, siquiera. De hecho, había ido al baño un par de minutos antes de encontrarme con Shikamaru, y aún sangraban un poco. Sin duda, comenzarían a hacerlo profusamente cuando me soltara el muy bruto.
Sonriendo de lado, se acercó a mi oído, a la vez que me empujaba contra la pared de espaldas –amoldando su cuerpo al mío a la fuerza-, y susurró, lentamente, invadiéndome de un olor nauseabundo a tabaco rancio y alcohol:
-Hace tiempo que quería verte así, Tenten –hundió su rostro en mi cuello, comenzando a besarlo y lamerlo. Su lengua rasposa me hacía daño, y estaba segura que me dejaría más de una marca –en esa estúpida tradición masculina de marcar a "su" hembra-, además de la desagradable sensación de que me estaban pasando una lija por el cuello. Traté de ignorar el pánico que comenzaba a crecer como una burbuja en mi interior, así como la voz que me gritaba las técnicas de defensa personal que había aprendido en clases de karate, para sólo cerrar los ojos y tratar de no vomitar ante lo que me estaban haciendo. A pesar de que no quería, y que le había hecho la desconocida a lo dicho por Karin, había dado mi palabra –o algo así. Aunque no era un contrato, ni mucho menos, lo valoraba. Mi palabra era lo único que valía, para mí, en este mundo, y había sufrido las suficientes decepciones con respecto a este tema, para valorarla al máximo. Así las cosas –y maldiciendo a mis padres por no cumplir sus putas promesas-, cerré los ojos, tratando de no sentir asco de mí misma por lo que estaban a punto de hacerme. Corrección, estábamos. Porque, de una forma u otra, yo lo había consentido, había sido mi decisión –mi palabra- y tenía que afrontar las consecuencias.
Sentía los botones de mi blusa salir despedidos por todas partes, y las risas macabras de nuestra "audiencia". Estaba segura que Karin disfrutaba de esto. No tenía escrúpulos, no tenía moral y no tenía consciencia para arrepentirse de haber, prácticamente, ayudado a violar a alguien. O pseudo violar, lo que fuera en estos exactos momentos. No importaba. Sólo importaba el hecho de que iba a tener sexo con alguien que me daba nauseas, en frente de siete chicos que parecían disfrutar del espectáculo morbosamente, y gracias a que mi peor enemiga, a la cual no le había realmente hecho nada que ameritara su odio, se había enojado por un par de insultos que le había dicho en su bonita cara de muñeca de trapo. Insultos que resultaban ser verdad, quisiera o no ella admitirlo. Me pregunté, entonces, sintiendo las manos de Kabuto, rasposas y bruscas, apretando sin consideración mis senos, si Karin, alguna vez, se habría parado a pensar en lo que estaba haciendo con su vida. Si había tenido ese momento de introspección que todos, y más aun en la adolescencia, tenemos de vez en cuando, en el cual nos analizamos detenidamente, y tratamos de corregir –a veces, con éxito, otras no tanto, y otras simplemente no- nuestros errores, tratamos de buscar excusas para lo mal que hicimos, y tratamos, sobretodo, de borrar el pasado. Ese que nos avergüenza y, en un contradictorio sadismo, nos enorgullece, pues demuestra lo superiores –o inferiores- que somos con respecto a los demás. Quería saber, necesitaba saberlo, pues no creía que una persona –con todo lo que la palabra implicaba- pudiera vivir con esas cargas día a día. Karin era sádica, déspota y sumamente narcisista, por no mencionar su hipocresía y su completa falta de dignidad propia, pero debía tener algo… algo bueno, dentro de ella, en algún lugar. Debía de, tenía que, o la transformaría en algo sumamente parecido a los psicópatas que aparecían constantemente en la tele. Demasiado desalmada, demasiado fría.
Demasiado diferente.
Sacudí la cabeza, a la vez que cerraba los ojos. El pánico ya me había hecho presa, y sólo rogaba para que no se me ocurriera ponerme a gritar en ese mismo momento. Un trato era un trato. Finalmente, sentí como mis bragas eran apartadas de un tirón, y luego la punta de un pene en mi entrada que, lejos de estar preparada, sólo se contrajo sobre sí misma al contacto. Mierda. Mordí mi labio con fuerza, hasta que sentí el sabor a óxido y sal en mi lengua, recordándome que aún me quedaba una forma de escapar de las pesadillas que tendría una vez que terminara con esto.
Y, cuando Kabuto entró, yo sólo me dejé llevar por la oscuridad, la misma que había estado latente desde la madrugada, la misma que había sentido al desmayarme en el sótano, y la misma que siempre estaba, como una presencia ausente, en el fondo de mi cabeza, aguardando algo que la hiciera salir.
Simplemente, me dejé llevar.
Bueno, ese sería el capítulo de hoy. Espero que les haya gustado. Kabuto es una mierda, pero tenía que hacer esto si quiero que suceda lo que tengo en mente. Además, quiero que odien a Karin xDD. Ya averiguarán por qué. En fin, recuerden que, si tienen algún comentario con respecto a algo del capítulo -ya sea redacción, ortografía o gramática-, lo único que tienen que hacer es apretar el botoncito azul de más abajo, escribir lo que sea que tengan en su mente -todas las opiniones valen, si se hacen con respeto- y yo, feliz, respondo o corrijo, según sea el caso. Las chicas que no tienen cuenta también pueden comentar.
Adiós, gracias por leer, cuídense y nos estamos leyendo.
TemaLove16
