La historia continúa. Gracias a todos por leer y comentar, en especial a 15marday. Espero que os guste. Disculpad cualquier posible error.
Tuvo que hacer de tripas corazón para dejar a Maggie sola en la cama. Se encontraba tan a gusto entre sus brazos, tan segura que no quería abandonarlos por nada en el mundo. Sin embargo, era una mujer de palabra. Tenía que reunirse con Lena Luthor y no estaba dispuesta a perder la ocasión. La dirigente de L-Corp apenas tenía huecos en su agenda para atender a nadie que no estuviera en su lista, por muy agente federal que fuera. Se deslizó con lentitud buscando abandonar el lecho sin despertar a su novia. Que ella tuviera que madrugar no implicaba importunar a la policía, la cual parecía estar teniendo un sueño agradable. "Espero que sea conmigo", pensó Alex mirándola con amor. En momentos como ese, la belleza de Maggie refulgía con una intensidad que le impedía observarla más de un minuto sin caer rendida otra vez a su lado. Se sentía como un marino atraído por el canto de una sirena, hipnotizada. La diferencia era que no perdía la razón, era capaz de disfrutar de las emociones que le provocaba, de moldearlas para construir una coraza indestructible. Una protección invisible que la ayudaba a salir a la calle sin temor. Antes de conocerla, pensaba que todos nacían con el mismo agujero que ella sentía en el pecho, un vacío que le decía que algo le faltaba, que podía ser una mejor versión de sí misma. Junto a Maggie ese hueco había desaparecido. Y lo mejor de todo era que no lo había ocupado ella sino que había conseguido ayudarla a cerrarlo. La había ayudado a conectar con una parte de sí misma de la cual no tenia conocimiento. Ahora no dudaba de que el amor era el mejor conquistador del mundo, capaz de llegar hasta al territorio más recóndito, inhóspito y olvidado. El amor había conectado sus dos universos, les había hecho explorar su interior, asombrarse de lo que descubrían, incluso asustarse y las mantendría unidas hasta que ni una sola parte de sus realidades les fuese desconocida. En ese caso, tenían suerte puesto que ambas eran mujeres complejas, llenas de recovecos, de escondites. Infinitas.
El magnetismo de la escena se rompió al sentir su móvil vibrar en la mesilla. Era un mensaje de Kara diciéndole que se encontraran en su casa. Contestó con rapidez y con un último vistazo a Maggie se perdió en el baño. Media hora más tarde estaba golpeando la puerta del apartamento de su hermana con ahínco. No quería llegar tarde. Necesitaba respuestas. El puzzle tenía demasiadas piezas sin unir y su instinto policial le decía que Lena podía ser clave para reconstruirlo.
—Kara —gritó logrando ganarse una mirada reprobadora de una de las vecinas. Iba a golpear otra vez cuando la puerta se abrió de par en par. El impulso hizo que perdiera el equilibrio. Los brazos de su hermana la cogieron antes de hacer contacto con el suelo.
—¿A qué vienen tantas prisas? —cuestionó Kara con una sonrisa. A Alex se le había revuelto el pelo y su aspecto era bastante cómico. La agente se separó con gesto ofuscado.
—¿Qué estabas haciendo? Es imposible que no me escucharas —replicó mientras se pasaba una mano por la frente intentando recolocar los mechones rebeldes.
—Estaba esperando a que te relajaras, pero creo que lo he empeorado.
—¿Por qué habría de relajarme? —quiso saber, mientras se recuperaba del susto. Darse de bruces contra la moqueta no entraba en sus planes mañaneros.
—Siento lo del muelle. Debería haber ido, pero…
—¿No has ido a la D.E.O,verdad? —cuestionó Alex ignorando su disculpa. Ahora eso era lo de menos. Ya tendrían tiempo de hablar largo y tendido sobre el asunto. Kara tampoco debía hacerse cargo de todos los problemas que se produjeran en National City. Eran un equipo numeroso y perfectamente cualificado para enfrentarse a situaciones complicadas.
—No. No recibí ningún aviso así que...¿Por qué?¿Ha pasado algo?
Su sentimiento de culpa comenzaba a hacerse más notable a medida que escuchaba a Alex. Saber que Lena estaba en uno de los mejores restaurantes de la ciudad cenando con Maxwell Lord la había puesto de mal humor. Era una sensación extraña para ella, pues no solía desear con frecuencia que alguien se atragantara con el vino. La imagen le provocó tal repulsa que se fue directamente a casa sin hablar con nadie. ¿Acaso sentía lo que llamaban celos? Era una emoción nueva y no le gustaba. Lena era una mujer adulta y podía estar con quisiera por muy doloroso que le resultara. Querer agarrar a Maxwell por la solapas tampoco era normal. Sentía vergüenza sólo de pensarlo. Ella no era así. Además, no anteponía su vida privada a su labor como Supergirl. Algo estaba cambiando y se temía que no era a mejor.
—Alex, me estás asustando.
Kara presentía que la preocupación de su hermana no solo era llegar tarde a la reunión con Lena. Al fin y al cabo, para Supergirl el tiempo tenía otro sentido. Por fin iba a poder saber la opinión de la menor de los Luthor. Además, era la excusa perfecta para volver a verla aunque sólo fuera como Kara. Cuanto más tiempo pasaba sin contemplar sus ojos, más ganas tenía de hacerlo. Desde la despedida en su despacho no habían vuelto a hablar, no al menos como Supergirl y Lena. Tenían una conversación pendiente. Kara había tenido podido reflexionar, había situado las pesas en la balanza y sabía cuál era el siguiente paso a dar. Entre el sueño al que había sido inducida días atrás y sus temores, el beso que se habían dado le resultaba demasiado lejano, perdido entre brumas.
—Kara, ¿hay algo que no me estés contando? Prácticamente duermes en el cuartel y ayer ni siquiera te pasaste a ver cómo iban las cosas.
—No. Creí que estaba todo controlado. Por lo que veo me equivoqué. ¿Vas a decirme qué ha pasado? Entre mis poderes no está leer la mente.
Tanta incertidumbre le hacía perder la paciencia.
—Me están siguiendo. Hace unos días intentaron dejarme inconsciente pero con la ayuda de Maggie conseguimos detenerlos.
—¡Tienes que estar bromeando! —exclamó con incredulidad.
—No. Nunca brom…
—¿Cuándo fue eso?
—Eso da igual, el caso es…
—¿Por qué no me dijiste nada?
—No quería hablar contigo hasta tener todas las pruebas, hasta saber quiénes eran y qué querían.
—¿Y lo sabes?
—Sí.
—¿Pero?
—Se han esfumado en nuestras narices. Como por arte de magia.
—Lena tiene algo que ver, ¿verdad?
Alex frunció el ceño sin comprender.
—Se te ve la identificación del FBI sobresalir bajo la chaqueta. Además, ¿para qué iba a citarte a ti también?
—Realmente espero que no —confesó con sinceridad. Su relación con Lena era cordial, pero nada más. Habían empezado con mal pie. En su único intercambio de palabras apenas se habían mostrado realmente, Alex bajo su personaje de agente federal y Lena bajo su máscara de cínica ricachona. Sólo al final de su encuentro dejaron entrever que su postura era tan solo una fachada—. Después te pongo al corriente de todo. Será mejor que nos vayamos. No quiero hacerla esperar.
Durante el trayecto no intercambiaron palabra alguna. Cada una iba inmersa en sus pensamientos. Antes de entrar en el edificio se miraron.
—Lo siento —dijeron al unísono, lo cual les provocó una carcajada instantánea.
—¿Por qué no estás enfadada? —le preguntó Alex aun con una sonrisa dibujada—. Sé que eres la bondad personificada pero te he dado motivos para estar molesta.
—No, en tal caso eres tú la que debería no querer hablarme. Los últimos días no he estado, no he sido yo.
—Sé que algo te inquieta, pero también sé que cuando estés preparada me lo dirás. Eres como yo, necesitas tu tiempo. No voy a forzarte mas de lo necesario, lo prometo. Solo quiero que sepas que no me voy a ir a ningún lado. Que soy parte de tu familia y siempre lo seré. Palabra de Danvers.
Kara la abrazó con fuerza.
—Palabra de Danvers.
Iban a entrar a través de la acristalada puerta cuando una voz familiar les habló.
—¡Vaya! Ver para creer. Una agente federal abrazada a una periodista. Yo que pensaba que las plumas no se llevaban bien con la confidencialidad.
La, como siempre, imponente y elegante figura de Lena Luthor apareció en su campo de visión. A veces, Kara creía que era Lena la que pertenecía a otro planeta. No necesitaba más que sonreír para hacerse notar o pronunciar cualquier palabra, o ladear la cabeza o alzar una ceja. Todo en ella le resultaba atractivo.
—Hola, Lena —saludó Kara aún deslumbrada.
—Señorita Luthor —hizo lo propio Alex con un gesto mucho más comedido.
—Veo que sois puntuales. Perfecto. Si no os importa os atiendo por separado. Supongo que, agente Danvers, no vienes a hablar de mi declaraciones tributarias, ¿o me equivoco?
—En absoluto —respondió rebajando el tono. No quería parecer grosera. Esbozó una media sonrisa amable.
Alex a punto estuvo de darle un codazo a Kara al ver que no hacía el amago de caminar junto a ellas.
—Veo que te has levantado de buen humor —observó Kara con alegría. Le resultaba imposible permanecer impasible cuando Lena se mostraba tan radiante. Ella brillaba con luz propia. Otros se limitaban a ser su reflejo.
—Sí. Digamos que anoche tuve una revelación —miró con disimulo hacia Alex—. Bien, ¿quién quiere ser la primera?
—Alex, es mejor que vayas tú. Yo esperaré. Tengo toda la mañana para hacer la entrevista —dijo Kara—. Yo me voy a la cafetería. Hacen unos cruasanes deliciosos. Avísame cuando salgas.
Antes de que la agente dijera nada la cabellera rubia de su hermana se perdió por uno de los múltiples pasillos que conectaban con la recepción.
—Es increíble que vuelva a tener hambre. No sé qué hace con lo que come —comentó Alex ante la mirada divertida de Lena. Intentaba crear un ambiente distendido. No estaba allí por amistad, pero sí que valoraba la que tenía Lena con Kara.
—Alex, ¿te importa que te llame Alex? —la agente negó con la cabeza—. Perfecto, acompáñame. Mi despacho no está muy lejos.
Subieron las escaleras con calma. Minutos después cada una estaba acomodada en una silla acolchada.
—¿Es cómoda, verdad?
—¿Disculpa?
—La silla. No veas los dolores de espalda que tengo. Los malditos tacones, supongo.
Lena también trataba de contribuir al clima de confianza.
—¿Lena Luthor despreciando unos tacones? No te creía tan poco superficial —respondió Alex aceptando las reglas de juego. No debía juzgar a Lena o al menos trataba de no hacerlo por mucho que la sombra de Lillian Luthor y el recuerdo de su padre se cernieran sobre ella.
—¡Vaya! Me has descubierto. Ahora voy a tener que sobornarte. Es el ciclo natural de un Luthor.
Y bien, bromas aparte, ¿qué quieres saber?
Alex le enseñó la pantalla de su móvil.
—¿Reconoces esas jeringuillas?
Lena cogió el teléfono y miró las fotos con detenimiento.
—¿De dónde las has sacado?
—No es eso lo que te he preguntado. Contesta mi pregunta, por favor.
No quería sonar agresiva pero necesitaba que respondiera sin divagar.
—Lo digo porque no entiendo cómo tienes algo que nunca se ha llegado a fabricar. Sólo son un prototipo. Recuerdo haber leído algo sobre ello en alguno de los papeles que pertenecían a Lex. De todas formas debería verlas para poder estar segura.
—¿Y por qué tienen el logo de L-Corp?
—No lo sé.
—¿Sabes que son resistentes a la kryptonita, verdad?
—No lo sé. Alex, no te puedes hacer una idea de lo que he encontrado en los documentos que pertenecen a mi familia. La mayor parte aun está sin clasificar. Buscaré lo que tenga sobre ello y te lo daré. No puedo hacer más.
Parecía sincera. Una arruga de concentración apareció en su frente. Intentaba hacer memoria.
—Creo saber dónde está esa información. No te preocupes, serás la primera en tenerla.
—Lena, no quiero sorpresas de última hora. Lo que hiciste saboteando el proyecto Medusa te honra, pero una rosa no hace un ramo.
—Supongo que me va a costar más ganarme tu confianza. Lo sé. Los agentes de la D.E.O. sois desconfiados por naturaleza.
Alex ni se inmutó.
—¿No me vas a preguntar cómo lo he sabido?
—Los Luthor sois inteligentes por naturaleza —replicó con ingenio—. Espero que esa inteligencia caiga en el bando adecuado, Lena. Si quieres formar parte del nuestro debes saber que nadie es más que nadie. Todos somos iguales, nos protegemos, nos cubrimos las espaldas y jamás dejamos a un compañero atrás.
—¿Me estás haciendo una oferta, agente Danvers?
—No creo que sea la primera que te hacen, ¿o me equivoco?
Alex se levantó de la silla y se acercó al escritorio.
—Mi hermana ve algo bueno en ti. Deberías fiarte de su criterio. Yo me confío plenamente en Kara, por eso estoy aquí. No la decepciones.
Se marchó del despacho dejando a Lena pensativa. Las palabras de la agente reafirmaron la decisión que había tomado la noche anterior en el bar. Al final parecía que su camino se despejaba. Era ahora o nunca.
—Lena.
La suave voz de Kara surcó el aire sacándola de sus pensamientos.
—Pasa, Kara, siéntate. Creo que ha llegado el momento de que Lena Luthor se posicione. Caiga quien caiga. ¿No crees?
"Como si lo hago yo misma", pensó. Estaba decidido. No había marcha atrás. Sus ojos azules centellearon. Un brillo misterioso había cruzado su mirada.
