Capítulo 10 Astucia

—Si supieras lo que le conviene a ambos dejarías de ser tan testarudo y te contentarías con seguir mis órdenes.

La voz susurrante de Elyurias en su oído lo estaba enfadando, pues el cuerpo inerte de su flor perdía calor rápidamente. ¿Quién se creía para dar o quitar la vida? en especial a Shion que ningún mal había hecho a nadie, nunca la ofendió ni…

—Es por mí, tú lo quieres lejos de mí. —Susurro Nezumi tan levemente que nadie además de la diosa lo escucho.

—Su relación no tiene futuro, es cierto lo que dije, tengo grandes planes para él pero tú eres diferente, eres el ultimo de mis hijos, necesito de tu descendencia para…

—Entonces es eso… —Rumio irritado intentando ubicar con sus ojos grises a la Diosa que de forma tan ecuánime dictaba sentencias. —Solo por eso juegas con Shion de esta forma, por ese detalle te niegas a dejarme estar a su lado.

—No es tan fácil, entiende que…

—Pues si tan poderosa eres… porque no haces que Shion pueda darme hijos. ¡Vamos! te reto, has que lo impensable sea posible.

—No voy a caer en esa trampa tan burda, no está a discusión mis…

—¡Oh! Pero claro que está a discusión, y si tú puedes amenazar entonces yo también, si Shion muere voy a seguirlo, y si lo alejas de mí, te prometo que jamás veras un solo descendiente mío, quieres estirpe puedes engéndrala tú, porque lo que soy yo prefiero castrarme antes de que mis hijos estén bajo tus ordenes tiránicas y psicópatas.

—Cuida tus palabras

—¿Por qué? Ya no tengo nada que perder, me lo has quitado todo.

—No eres mejor que yo, lo prefieres muerto antes que en brazos de otro. De verdad intente que entendieras, quise darte un último regalo y lo has convertido, como todo, en un amago de ofensa y odio.

—¿Qué regalo?

—Tenerlo, poseerlo tal y cual siempre lo deseaste. Pero como dije no está a discusión.

Una potente luz cejo los ojos de Nezumi e Inukashi. Destellos y luces multicolores recogieron con delicadeza el cuerpo de Shion para conducirlo hacia el centro de aquella luminiscencia y desaparecer en un millón de lucecitas danzantes.

—Shion. —Y por primera vez sin importarle la presencia de la alquiladora de perros dejo salir un amargo grito de dolor. —Shiiiiiionnnnnnnnnn…. —y cayo directamente de rodillas al piso.

—Nezumi, esto no es un juego ella, ella quiere que… —Inukashi aun temblaba ligeramente, mirando tentativamente al actor, si lo que aquella cosa brillante, Elyurias, deseaba era que Nezumi tuviera hijos ella estaba muy dispuesta.

—Tengo que encontrar a Shion —argullo rotundo colocándose en pie y escondiendo entre su flequillo azul su mirada gris.

—Nezumi

—A partir de aquí este es problema mío, no te entrometas —advirtió apretando los dientes, debía controlarse o terminaría desquitando su furia y frustración con quien ninguna culpa tenia.

—Pero Nezumi.

—Inukashi, Shion es todo lo que tengo, es mi luz y mi futuro, sin el… yo… —y se forzó a contener el llanto. —Gracias por todo. Adiós.

Inukashi se quedó muda solo mirando la espalda ancha del magnífico hombre que se alejaba de ella sin que pudiera hacer nada para retenerlo.

—Daria lo que fuera porque tú me quisieras por lo menos la mitad de lo que lo amas a él —murmuro la alquiladora de perros dolida.

—¿Son ciertas tus palabras? —Susurro suave a al oído de la alquiladora la voz de una mujer.

—Eres tú, lárgate no quiero oírte. Déjame en paz.

—Pero hermosa niña, yo puedo hacer que tu deseo sea realidad. Puedo entregarte a ese roedor escurridizo, hacer que te susurre palabras cariñosas al oído y te envuelva con esos brazos que tanto anhelas, solo tienes que aceptarme, creer en mí.

—¿Eso es todo? Y ¿Nezumi me amara?

—E visto tu amor por él y sé que sabrás hacerlo feliz. ¿Entonces qué decides?

&&&[…]&&&

Nezumi estrello la puerta de su antiguo refugio, tenía tanas cosas atoradas que incluso podía sentir un nudo en la garganta, lo que más temía estaba sucediendo, que sus errores pasados le costaran su futuro, le costara a Shion.

Dos tímidos toques en la puerta lo regresaron a la realidad, la habitación en la que estaba ya no tenía ese calor de hogar de antaño, el delicioso aroma de la comida recién preparada había sido substituido por uno rancio y los muebles y libros estaban cubiertos de una gruesa capa de polvo.

Volvieron a tocar, Nezumi miro la entrada con gesto asesino, quien se atrevía a incomodarle.

Con furia contenida abrió, deseando golpear al sujeto del otro lado, sus ojos se agrandaron, su puño bajo tan rápido como había subido y su cuerpo tembló de alegría.

—Nezumi.

Nezumi sin perder tiempo estrecho el menudo cuerpo contra el suyo sintiéndose satisfecho ante el temblor del ajeno, sus exquisitos ojos rojos lo miraban disimuladamente y sus labios rosas se mordían inquietos, era tan deseable, siempre lo fue, sus cabellos blancos le llamaban a acariciarlos.

—Te amo, Te amo, te amo. —Repetía Nezumi una y otra vez acunando el cuerpo con ternura. —Eres endemoniadamente sexy lo sabías.

Con agilidad cargo a peso a su inesperada visita para hacerlo entrar y comenzar con una exploración profunda de aquella cavidad que había extrañado tanto.

—Nezumi. —Gimió deliciosamente contra el oído del roedor.

Y Nezumi amaba la forma en que le incentivaba, haciéndolo sentir deseable, aunque el SABOR de aquella boca era DIFERENTE.

—Temí no volver a verte. No sabes lo angustiado que estaba, yo… —Sus manos delineaban toda la anatomía del joven arrancándole la ropa deseoso de volver a tenerlo completamente expuesto por él y ante él, que importaba que oliera DISTINTO. —No sabes lo mucho que te amo, lo indispensable que eres para mí, sin ti…

—Nezumi. —Las manos se enredaron entre sus cabellos oscuros acariciando con demasiada demanda.

Nezumi se retiró levente, su corazón acaba de dar un vuelco extraño, y su falo había perdido la rigidez que adquirió con solo verlo en la puerta, de hecho ahora estaba tan flasido que incluso el roedor temió que su dureza anterior fuera solo una equivocación. ¿Qué estaba pasando?

—Nezumi. —Volvió a llamar con voz irritada y con gesto agrio. —Nezumi no solo me veas.

El actor se levantó en el acto, con la respiración agitada y los ojos bien abiertos, ese que estaba en su cama no era Shion. No podía serlo.

—¿Quién eres tú y como llegaste aquí?

—Es una pregunta tonta. —Rio ladino cubriendo levemente su pecho con las sabanas polvorientas pero teniendo cuidado de dejar a la vista la abertura de sus piernas como invitándolo.

—¿Por qué te pareces a Shion? —demando saber Nezumi apenas si conteniéndose de saltar sobre el impostor para romperle la cara, quitarle a base de puñetazos esa mascara infame que estuvo a un palmo de engañarlo.

—¿Shion? —repitió la persona en la cama y en su tono se podía notar el desconcierto.

—Sí, Shion, MI Shion. —Grito ya histérico Nezumi, eso era una broma macabra, una horrenda pesadilla.

El chico en la cama tiritó, dos gruesas lágrimas recorrieron su mejilla y en un abrir y cerrar de ojos tomo sus cosas para salir de ahí a todo correr. Se detuvo en la puerta, los hombros le temblaban.

—Tiene tanta suerte. —Dijo antes de desaparecer tras la puerta. Nezumi únicamente alcanzo a reconocer un largo cabello negro.

—No, imposible que ella no pudo…

&&&[…]&&&

Inukashi lloraba, no podía borrar ese toque tan fino en su piel, ¡Dios! Ser amado por aquel hombre debía ser el cielo, haberlo escucho susurrando contra su oído palabras de amor le habían enardecido, sentir aquellos fuertes y poderosos brazos cargándola hasta la cama y el peso de su cuerpo sobre ella.

Y luego la desilusión, esa maldita Diosa embustera no había hecho que Nezumi la amara, simplemente se limitó a hacerla verse como Shion. Nezumi estaba viendo a Shion mientras le susurraba incontables "Te Amo". Era a Shion a quien acariciaba con tanta ternura y delicadeza como si se tratara del más frágil cristal y era a Shion por quien él sentía tantos deseos.

Había bastado unos cuantos toques de su parte para que el roedor notara la diferencia. Su mirada perdida se lo dijo de inmediato, ella no le incitaba naba remotamente romántico.

—Tiene tanta suerte. —Había dicho, pero la verdad era que Shion se ganó el corazón de Nezumi a pulso, con cada gesto, con cada sacrificio y con cada suspiro. No, Shion no tenía suerte, simplemente era ideal para Nezumi.

&&&[…]&&&

—Nezumi. —Shion miraba al vasto cielo azul, el rumorar del viento le extasiaba el oído y su caricia jugueteaba con sus blancos cabellos, había tan pocos detalles que admirar en esa pradera en la que se encontraba y sin embargo parecía conforme con eso.

—Shion.

Shion se dio la vuelta encontrándose con aquellos ojos grises que tanto amaba. —Nezumi. —exhalo en un suspiro aliviado antes de correr a refugiarse entre sus abrazos. —No me vuelvas a dejar.

—Nunca, te lo prometo.

&&&[…]&&&

Shion se despabilo perezosamente, el latir del corazón de la personaba a su lado lo incitaba a continuar esa agradable siesta, hacía mucho que no dormía tan bien, hace tanto que no se sentía amado y protegido.

—Buenos días mi flor. —Saludo el chico de ojos azules acariciando el brazo desnudo de Shion.

—¡Lear! —Exclamo desorientado e intento apartarse, y solo entonces noto su desnudes, Shion meneo la cabeza negando vehemente. —Yo no, nosotros ayer…—quiso terminar la frase pero no se atrevió.

—Sí, con esto es oficial, dentro de tres días serás mi esposo.

Shion se levantó temblando, no era cierto, su cuerpo gritaba que no era Lear con quien él estuvo… no, nunca esas manos trasmitirían el calor que su piel anhelaba, jamás aquellos labios lo besarían, ni tendrían el mismo sabor de los que él deseaba.

—Grises, tus ojos no son grises —jadeo Shion asustado dando varios pasos en retroceso.

—Nunca lo han sido, Shion. Estas extraño.

Shion miro en todas direcciones, la habitación parecía dar vueltas y él estaba perdiendo la batalla contra la gravedad. Su cuerpo se estrelló contra el suelo y miles de imágenes de lo sucedido pasaban una y otra vez, se recordaba a si mismo gritando enardecidamente el nombre de Lear, cada parte de su cuerpo gritando por ser tomado, el estremecimiento de su piel al sentirlo entrar firme y fuerte, y su felicidad infinita al llegan juntos al…

No, ese no fue él, ese no era Lear, no tiene los ojos grises, esos ojos grises que yo… se dijo Shion completamente seguro.

El grito estruendoso hizo temblar a Lear, Shion se estremecía cual gelatina sin dejarle acercase para ayudarlo, ¿Qué podía hacer?

—Rou, Rou. —Grito urgido sabiendo que l científico estaba pendiente de ellos.

El mencionado entro a toda velocidad alejando de un golpe al pobre joven. ¿Qué estaba pasando? Elyurias le aseguro que Shion no recodaría nada y sin embargo no podía calmarlo con nada.

—Nezumi…. Nezumi…. NEZUMI…. —Repetía cual poseso, hasta que de un solo grito Shion cayo inconsciente.

—Shion. —Llamo Lear.

—Lear sal de aquí. —Indico el Doctor

—Pero

—Sal de aquí. —Repito molesto y afilando la mirada en una muda advertencia.

Lear a regañadientes obedeció.

—Elyurias. —Llamo angustiado sin saber que más hacer.

—El corazón recuerda lo que la mente olvida. — Menciono la Diosa haciéndose visible para el galeno. Rou la miro sin saber que contestar. —Shion no soltara tan fácilmente sus recuerdos esta vez, no cuando su cuerpo le ha pertenecido a mi hijo.

—Nezumi… —Siseo Rou

—Pero si esto es un juego de astucia, yo voy a ganar, no hay duda. Ese niño va a darme una nueva estirpe le guste o no. Si Nezumi quiere un Shion, le regalare un ramo entero. —Sentencio la Diosa de manera aterradora.

Continuara….

Gracias por su apoyo y espero poder actualizar más seguido.

Atte: Ciel Phantomhive.