DIEZ
Se despertó esa mañana con una gran sonrisa en los labios, recordando todo lo que habían vivido horas antes.
Él aún dormía plácidamente. Estaba boca abajo, desnudo. Ella se llevó las manos a la boca para contener la risa estaba en todo su esplendor, una pierna estirada y la otra semiflexionada con una almohada metida entre las piernas. Todo su hermoso trasero a la vista. Pensó en cachetearle las nalgas pero se arrepintió.
Luego se retorció en la enorme cama, curvándose alrededor de su cabeza y mirando hacia abajo, a su rostro. Era adorable.
Cuidadosamente puso sus dedos a los lados de su nariz, y apretó.
Esperó.
Después de diez segundos, inhaló y sacudió la cabeza, mirando a su alrededor salvajemente. La rubia reía animadamente.
Él se relajó cuando la vió sentada en la almohada junto a él cubierta apenas con la sábana.
Sonrió con una sonrisa somnolienta.
—Hola —Murmuró, rodando hacia ella, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura, apoyando su cabeza en su vientre plano. Ella pasó sus manos
por su cabello, deleitándose con la informal libertad que tenían para tocarse entre sí.
—Hola.—dijo ella tan radiante.
—¿Qué hora es?—preguntó sin soltarla.
—Un poco más de las ochos.
—Mmm... Podriamos dormir un rato mas. Me gusta estar así contigo.
—A mi tambien pero no.
—Una hora más.—suplicó.
—No no. Tenemos que levantarnos. Hay que ir a la casa para ordenar nuestras cosas.
—Pero si saldremos luego de comer.—se quejó.
—Vamos, dormilón.—seguía rascando su cabeza.
—Mmm... Está bien. Pero me tendrás que recompensar por despertarme de tan maravilloso sueño.
Minutos más tarde...
En el baño.
Él la presionó contra la pared de la ducha, sujetando sus manos extendidas contra el frío azulejo.
—Oh...por Dios...Terry...— Los labios le cosquillearon y el agua la roció en la piel mientras él la besaba en la boca, luego por el cuello y hombros. Se flexionó contra su cuerpo, haciéndola sentir como su cuerpo reaccionaba contra el de ella. Él se deslizó dentro de Candy, duro, grueso y delicioso.
—mmm... Siii... Asi—Su aliento salió en un jadeo, amplificado por las paredes de azulejo, fue sexy por la caída del agua, y rapidamente seguido por otro jadeo mientras continuaba empujando dentro de ella, dolorosamente lento y con determinación, sus manos ahora agarrando sus caderas.
—Si bebé... eres tan perfecta—ella echó la cabeza hacia atrás, girando la cara para encontrar la mirada de Terry, desnudo y mojado. Sus cejas estaban fruncidas, su boca abierta mientras invadía completamente y sin disculpa. Ambos cayendo en espiral rápidamente, perdiendo la conciencia y la capacidad de pensar claramente, palabras silenciosas escapándose de sus bocas.
.
..
.
La casa era un completo desastre. Ropas por todos lados, los cojines de los sillones en cualquier lado menos donde deberían estar.
—Al parecer estuvieron de fiesta anoche—dijo el castaño en cuanto entraron a la vivienda.
—Hey... Hola—los saludó la pelirroja muy sonriente.
—¿Qué pasó aquí?—cuestionó la rubia.
—Nada... Sólo una guerra de almohadones.—dijo encogiéndose de hombros.—¿y ustedes? Por las caras que traen dudo que se hayan aburrido.—le dió un guiño a su amiga la cual ya tenía las mejillas de un rojo profundo.
—Iré a... preparar nuestras cosas.—salió disparada la rubia. Su amiga reía ante aquella actitud.
Les llevó dos horas empacar, y decidir quién se iba a con quién. Ya que Anny no quería estar cerca de Archie debido a que éste se había desquitado con ella por las hamburguesas, tirando su ropa interior en la pileta, así que Terry, Candy, Patty y Archie viajarían por un lado y el resto por el otro. Fue una lucha convencer a Patty cambiar de lugar pero al final accedió.
Estaban arreglando todas las bolsas en los baules.
—¿Tienes frio?
—Un poco, pero está bien. Mi bolso está en el fondo y no quiero que tengas que reorganizarlo todo —le contestó, frotándose los brazos.
—¡Toma!—se sacó su camisa de jean, dejando una camiseta blanca bajo, y se la ofreció.
—¿y tú?
—Estaré bien con ésto, además dentro ya no sentiré frío.—respondió, su pelo cayendo un poco sobre sus ojos cuando esbozó una sonrisa infantil.
—¡Oye, Grandchester! ¡Podría necesitar un poco de ayuda por aquí! —llamó Archie mientras luchaba para cargar todo el equipaje de Anny.
Se apartó de ella para ayudar al joven, la rubia cerró sus ojos cuando sintió el perfume de la prenda.
La apretó contra la nariz, inhalando el inconfundible aroma de Terrence que se aferraba a él. Le sonrió y rápidamente lo deslizó sobre ella, admirando la forma en que quedaba suelto y bajo, y aun así se envolvió de una manera reconfortante. Se volvió para ver a Terry que la miraba desde arriba del auto de Stear. Sonrió
mientras se giraba hacia él.
—Gracias —musitó.
—De nada —musitó en respuesta.
Volvió a inhalar y luego tomó asiento junto a Patty quien tenía la cara larga. La rubia la abrazó y le dió un beso en la mejilla.
Una vez todos ubicados en sus respectivos lugares en los vehículos dieron marcha de regreso a sus hogares.
...
..
.
Tiempo después.
Luego de aquel estupendo fin de semana, Terry había conseguido divorciarse de Susana. Había sido una gran pelea para ponerse de acuerdo ya que está no daba treguas y quería más de lo que su ex marido le ofreció. Pero él abogado logró hacerla entrar en razón y no le quedó mas que aceptar lo que le correspondía.
Así que ahora ya estaba felizmente libre de aquella mujer.
Llevaban cuatro meses saliendo. Su relación estaba en todo su esplendor.
Ellas ya habia comenzado las clases y también su trabajo en el laboratorio del hospital, donde se encontraba en ese momento mientras se mesajeaba con él:
Hola.
Hola a ti.
¿Todavía sigue en pie lo de esta noche?
Sip. ¿Dónde iremos a cenar?
Hay un estupendo restaurante nuevo que he estado queriendo probar.
Entonces deberiamos conocerlo.
Esa es mi chica.
:-) amo comer.
Lo sé. Lo veo en tus ojos cada vez que me tienes desnudo y en tu cama.
Jajaja no me refería a eso. Pero sip, debo admitir que me gusta comerte, también.
No sigas hablándome así porque no respondo.
Será mejor volver cada uno a lo suyo.
No quiero que hagas un desastre en tu oficina.
Te veo luego.
Nos vemos señorita pecas.
Guardó su móvil y suspiró.
—El amor, el amor—comentó su compañera cuando entró. La rubia solo sonrió.
—¿teminaste?
—Gracias a Dios.
—¿Cómo te fué con el paciente de la 105?—preguntó la rubia a su compañera.
—Imposible.—dijo negando con la cabeza.—El hombre me saca de mis casillas. Parece un niño de cinco años.
—Pobre de tí, amiga.
—Doctora White la solicitan en el piso tres .—anunció una voz femenina por el alta voz.
—Me toca.
—Nos vemos mañana. Por hoy termino con mi turno.—dijo la joven morena.
—Hasta mañana, Mía.
Candy se dirigió a donde la llamaban, subió al ascensor. Llegó al piso.
Abriendo la puerta de la sala donde estaban los pacientes en estados críticos.
—Buenos días.—saludó la joven en cuanto ingresó.
—Bueno días, Candy.—respondió la mujer de unos cuarenta y tantos años.—aquí tienes las indicaciones.
—Gracias, Adela.
Tomó las órdenes y caminó hacia ellos.
Cada paciente estaba en una pequeña habitación separadas por paredes blancas y ventanales de vidrio. Ingresó a las dos primeras, una mujer mayor y luego otra más joven.
—Permiso—dijo en cuanto entró a la tercera. Aún se encontraba una enfermera cambiando el suero al paciente.
—Hola Candy.
—Hola. Vine a tomar una muestras de sangre. Indicaciones de la doctora Sullivan.
—Esta bien. Ya termino. Estos muchachos de hoy no tienen cuidado.
—¿Qué le sucedió?—preguntó aún sin ver al que yacía inmóvil en la cama ya que la mujer que lo atendia le cubría la vista.
—Un accidente de motocicleta. Hace varios días que lleva inconsciente.
—Oh. No llevaba casco.
—Si, eso lo salvo que no se rompiera la cabeza. Pero el impacto fue muy fuerte. Le hicieron dos cirugías para quitarle una de las costillas que le perforó el pulmón izquierdo, además de las fracturas que tiene en la pierna y brazo.—se apartó dando lugar a la rubia.
—¡Oh por Dios!—se cubrió la boca—Alex.
—¿Conoces a este muchacho?
—Si.—dijo sin apartar la vista del chico que yacía inmóvil en la cama.—¿y su familia?
—Se le aviso a su novia... Bueno eso es lo que ella dijo. Aunque para mi es un poco mayor para serlo. Viene todos los día al mediodía. Ya debe estar por llegar.
—Entiendo. Pobre Álex.
—Es una pena. Un chico tan guapo y mira el estado en que se encuentra.
—Si... Bueno... tengo que hacer mi trabajo.
La enfermera se retiró dejandola sola.
Mientras que...
—Buenos días—saludó la recién llegada en la mesa de entrada de cuidados intensivos.
—Buenos días señora Marlow.
—¿Puedo pasar a ver Alexander Vince?
—Si. Ahora le estan tomando unas muestras de sangre.
—Bien.—se dirigió a la habitación.
Unos golpecitosen la puerta anunciaron la llegada de una mujer...
—Adelante. Ya he terminado de...— se detuvo en cuanto vió a la recien llegada. Esa cara ¿la conocía? ¿por qué su rostro le sonaba familiar?.
—Buenos...—ahora fué el turno de Susana de sorprenderse. La repasó de los pies a la cabeza—...buenos días.—terminó de decir reconociendo a la joven rubia que tenía frente a ella.
Flash back.
Susana estaba muy segura que Terry tenía a alguien mas en su vida. Así que lo mando a seguir.
Después del divorcio pudo confirmar sus sospechas.
—Hijo de puta. Maldito infeliz. Yo lo sabía.—arrojó con toda la bronca y rabia que sentía, las fotos en el cual aparecía el castaño junto a la rubia muy juntos en la playa, otras en restaurantes y hasta en la entrada de un edificio del cual ella no tenía conocimiento alguno de quién era el dueño, hasta que su investigador le informó que era de Grandchester.—juro que me las pagarás, Terrence. Ojalá seas tan infeliz como te lo mereces.
Fin flash back.
—¿Es usted es familiar de Alex?—preguntó sacandola de sus pensamientos.
—Por supuesto.—dijo con arrogancia.—Soy su mujer.
—Ah... Bueno...Yo ya me estaba yendo.—anunció dando unos pasos a la salida.
—Espera. ¿tu conoces a Alex?
—Eh...—se sorprendió ante aquella pregunta. Pero no iba a admitirle que fueron novios— ... Fuimos al mismo colegio.
—Oh... vaya. Casualidades de la vida.—dijo eso último mas en un susurro— Soy Susana Marlow. ¿tu?
—Candy... Candice White—sonrió—Trabajo en el hospital.
—Ah... Que bien. Creo que nos estaremos viendo seguido... Candice.—levantó una ceja.
—Si. Bien. Debo irme. Bueno...espero que Alex se recupere pronto. Con permiso.—salió tranquilamente del lugar.
—Bien Terry. Creo que la suerte está de mi lado.—una sonrisa maliciosa se formó en su rostro.
Continuará...
Perdon, lo borré y ahora lo vuelvo a subir porque quería corregir algunos errores. espero me disculpen.
¡Gracias infinitas por estar!
¡Feliz cumpleaños a nuestro querido Terry!
