Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia a addicted-to-romione-bedward
Capítulo 10: La segunda cita
Final del capítulo anterior:
Caminé con dificultad hasta mi habitación y encontré a Tanya despierta, hablando por teléfono. Sus ojos se abrieron cuando me vio y murmuró algo en el teléfono antes de colgar.
"¿Has oído?" -me preguntó casualmente.
"¿Qué?" Le pregunté con voz cansada, cambiándome a una pijama.
"La pelea entre Edward y Jacob ese chico… Mmm... Black".
"Yo vengo de allí. Están bien", le corté y me metí bajo las sábanas. "Buenas noches".
"¿Qué es lo que él vio en ti? Yo hubiera estado allí con él", le oí decir. Decidí no hacerle caso.
BPOV
Algo me tocó la mejilla, y me volví a mi otro lado. Algo tocó mi nariz, y yo me hundí en la almohada. Mi manta fue retirada, y me estremecí. ¿Qué demonios?
Abrí mis ojos legañosos y vi a Edward sonriéndome o medio sonriendo, porque su cara se veía amoratada.
"¿Qué quieres?" me arrastré hacia fuera, buscando mi manta, a ciegas literalmente.
"Son las siete y diez. Estás tarde."
"¿Qué?" Gemí.
"Es domingo", respondió él alegremente y se inclinó para besar mi mejilla.
Se habían invertido los papeles, estaba segura. ¡Ahora, todo lo que yo quería era dormir!
"No quiero correr", me quejé y me acurruqué a mí misma, temblando. Hacía demasiado frío y él me negaba mi manta caliente.
"Vamos, Bella," suplicó.
"Vete". Empujé suavemente su pecho.
"No. Despierta", dijo, y me empujó el hombro. Yo no me moví. "Despierta", susurró en mi oído y me pellizcó. Un grito se escapó de mis labios, y realmente esperaba no haber despertado a Tanya. "Despierta". El muy idiota sonaba como un disco rayado. "Está bien, tú lo has querido", declaró.
Empecé a rezar para que no me hiciera cosquillas. No lo hizo. Sólo se arrastró hasta estar encima de mí y empezó a besarme. No me quejaba, pero funcionó definitivamente. Y ya estaba despierta en más de un nivel.
"¡Edward!" Gemí en voz muy alta.
Sentí sus caderas contra las mías y me pregunté si había cambiado de opinión. Se frotó contra un lugar delicioso, y volví a gemir.
"¿Qué está-? ¡Oh Dios!"
¿Oops? Tanya ya estaba despierta.
"¿Podrían... No hacer eso aquí?" -preguntó ella, con asco.
"¿Ya estás despierta, o todavía?" Edward me preguntó, con una sonrisa pícara.
"Bajo en diez minutos", murmuré y lo empuje lejos de mí.
Salió de la habitación después de lanzarle a Tanya una sonrisa y una disculpa. ¿Alguna vez aprenderá que no era prudente hacer eso?
"Lo siento", le dije a ella. Fui al baño y en cinco minutos ya estaba lista para mi carrera.
Cuando llegué afuera, él se estaba estirando, y eso me daba una vista impresionante de su culo. No podía dejar pasar la oportunidad. Le di un manotazo en el culo y salí disparada hacia adelante. Él me alcanzó y me puso sobre sus hombros, comenzando a correr. Grité, aterrorizada, y tiré de su cabello. No dejaba de imaginarme cayendo y aplastando mi cabeza con el suelo. Edward se detuvo y tiró de mí hacia abajo en un movimiento rápido.
Esperaba estar cerca de nuestro árbol, pero estábamos cerca de la cancha de baloncesto.
"¿Qué estamos haciendo aquí?" -Pregunté, jadeando en busca de aire.
"¿Quieres jugar?" Sonó más sucio de lo que él había pretendido, estoy segura.
"Tu dijiste que deberíamos tener más de citas antes de jugar", le bromeé.
Él me miró confundido y entonces, luego de entender, se le dibujó una sonrisa en el rostro y sus ojos brillaron con picardía. "¿Acabas de hacer una broma sucia?"
"He aprendido una o dos cosas de ti", le dije, sonriendo.
"Soy una mala influencia", dijo, sacudiendo la cabeza. "¿Y qué dices, jugamos?"
"No tengo una bola". ¿Estaba considerando jugar en serio? Era peligroso en muchos niveles, yo con un balón bien podría matarlo.
"Tengo dos", dijo él rápidamente, sonriendo. ¡El muy hijo de puta es un engreído!
"¿Eso significa que no te importaría que te pidiera prestada una para nuestro juego?" Podría jugar su juego.
Edward se quedó con la boca abierta y luego se echó a reír. Era una risa despreocupada, me encantó. "Realmente pasas mucho tiempo conmigo, demasiado para tu propio bien", farfulló él, jadeando en busca de aire.
Le sonreí y agarré la parte delantera de su camisa, inclinándome para darle un beso. Él sonrió y me besó. Con la boca cerrada. ¿Le gustaba torturarme?
"La pelota está llegando", murmuró contra mis labios. Abrí los ojos y lo vi mirando detrás de mí, con los labios todavía unidos a los míos. Me sonrojé. "Encantadora", susurró y me mordió ligeramente el labio inferior.
"¿Para qué coño necesitas una bola tan temprano?" La voz de Bob sonó detrás de mí, ronca por el sueño.
"¿Por qué le has despertado?" Le pregunté, entornándole los ojos a Edward.
"Es lo justo", se rió entre dientes y se llevó el balón de Bob. "¿Un uno-a-uno?"
Él asintió con la cabeza, por supuesto, olvidando que quería dormir. Me quedé a un lado y me dejé caer, busqué mi iPod en la sudadera con capucha. Iba a ser una larga mañana. Me podría haber ido corriendo sola, como lo había hecho antes de que alguien decidiera acompañarme. Pero ahora, ya no era capaz de poder hacerlo sola. Puse un auricular en mi oído y dejé el otro colgando, con ganas de escucharlos.
"Entonces, ¿qué te pasó en la cara?" -Preguntó Bob, saltando por la pelota, sólo para que Edward lo golpeara.
"Jacob. Todo está olvidado ahora."
"¿Otra vez?" Bob me lanzó una mirada y le devolví el saludo.
"Sí, hablamos anoche. Ese hijo de puta, Eric creo que es su nombre, nos encerró en el armario de mierda. No teníamos más remedio que hablar. El espacio era demasiado estrecho como para noquearlo".
Bob se echó a reír y no pude evitar mi ataque de risa ante la idea de Edward encerrado en un armario con Jacob Black.
"¿No es una cosa que la gente hace en las fiestas? ¿Encerrar a la gente en armarios para hacerlos besuquearse?"
"¡Cuida tu boca!" Edward gruñó y le lanzó la pelota a Bob que la atrapó con facilidad.
"Así que... ¿amigos de nuevo?"
"Se puede decir eso. Todo depende de él. Maldito bipolar hijo de puta", murmuró Edward y lanzó el balón al aro sólo para que diera con el borde y rebotara en mi dirección. "¡Cuidado!" gritó y oí sus pasos que se acercaban a mí.
La pelota cayó cerca de mí, luego rodó a mi lado, deteniéndose.
"¿Estás bien?" -me preguntó, preocupado.
"Creo que me voy a correr", decidí, levantándome. No era seguro para mí estar cerca de ningún balón en movimiento.
"No quise lanzarlo tan fuerte", susurró y se llevó el balón. "Tengo que sacar mi frustración en algo."
"¿Por qué estás frustrado? Yo te dije que sí, tú fuiste el que se negó a..."
"Vamos al cine más tarde, luego almorcemos y después ya veremos", me interrumpió.
"Bye". Lo bese en la barbilla, lo más alto que podía alcanzar y comencé a correr lentamente.
Le oí gritar algo, pero no podía distinguir qué. Lo que sé es que me estrelle contra un árbol. Oh... me estaba advirtiendo. Pero ¿por qué estaba el árbol allí?
"Jesús, ¿alguna vez escuchas, Bella?" Oí a Edward decir desde algún lugar cerca.
"No te oí," murmuré, mi frente me palpitaba.
"¿Por qué no llegaste a detenerla? ¿Te gustan que las chicas caigan por ti?"
"No todos los días me llaman árbol. Deberías haberla escuchado, me dijo maldito árbol. ¿Realmente parezco un árbol?" Reconocí la voz ronca de Jacob Black.
Abrí los ojos y mire a mí alrededor. Edward estaba a mi lado, en cuclillas, me miraba con recelo. Bob estaba a un lado, riendo y Jacob estaba en frente de mí, moviendo un dedo.
"¿Cuántos dedos ves?", preguntó.
"Veo un árbol", gemí, frotando mi cabeza. Era la segunda vez en menos de veinticuatro horas que me chocaba con alguien.
"Ella está bien", se rió Edward y me abrazó, perdiendo el equilibrio y enviándonos a tierra.
"Tal vez debas permanecer lejos de ella. Tenemos dos partidos más", bromeó Bob.
Resoplé, recordando lo que me había dicho Emmett todos estos meses. Me levanté, balanceándome ligeramente.
"Voy a volver", decidí.
"¿Podrás hacerlo sin accidentes?" Edward me tomaba el pelo.
"Ojalá".
Él me miró, entonces miró a Bob, suspiró y se centró de nuevo en mí. "Vamos, yo voy contigo."
"No te molestes, quédate a jugar". Yo sabía que él quería seguir jugando. Comencé a caminar hacia la entrada de nuestro edificio cuando gritó detrás de mí. "¡Diez y media, en mi habitación!"
Me di la vuelta y asentí con la cabeza, demostrándole que lo escuché esta vez. Alguien vino a mi lado y me volví para preguntarle por qué no se quedaba a jugar cuando vi a Jacob.
"Quería hablar contigo", me susurró.
"¿Qué pasa?" No sabía sus intenciones.
"Mira, lo siento por lo que hice. Todo".
"¿De verdad esperas que te perdone?" Le pregunté con incredulidad, volviéndome hacia él.
"Bueno, no exactamente... Yo veía a Edward con Rebecca, luego contigo, y entonces él estaba con ella otra vez... yo sabía que tenía que actuar, y Sam había decidido ayudar, pero fui estúpido y lo escuché."
"¿Quién era tu mejor amigo? ¿Sam o Edward?" -Pregunté con enojo.
"Creo que ya sabes la respuesta", dijo en voz baja. "Edward".
"Si Edward te perdonó, muy bien entonces. Pero yo no puedo hacerlo. Me usaste, casi matas a tu mejor amigo y... entonces, después de unos meses, te decides a hacerme un poco más de daño", le espeté.
"Ah, Bella. Todo fue idea de Sam, lo de tu presentación. Creo que fue una gran diversión para él ver a Edward pegarme. Otra vez. Él ha estado haciendo eso mucho últimamente".
"Porque sigues dándole razones para tratarte como basura."
"¿Están realmente juntos?" -preguntó, después de unos minutos de silencio. Llegamos a mi piso.
"¿Por qué? ¿Crees que todavía tienes una oportunidad?"
"Honestamente, no. Tenía curiosidad. Nunca lo vi como el tipo que puede tener algo serio, si se puede decir eso", se rió Jake.
"Entonces no conoces a Edward. ¿Qué pasó anoche, de todos modos?"
"Es curioso, era porque hoy es mi cumpleaños. La fiesta comenzó a la medianoche, ya que se supone que era una fiesta sorpresa..."
"Feliz cumpleaños, supongo."
"Gracias," dijo él, sonriendo-. "Les dije que no era una buena idea tener la música tan alta y cuando la chica Briana gritó que buscaría a los asesores, dejé la música apagada. Un minuto más tarde, alguien la vuelve a encender. No pude hacer nada. Fue cómico cómo Edward entró y se lanzo hacia mí, golpeándome. Otra vez", explicó, riendo. "Entonces los chicos, tu sabes... nos encerraron en un armario maldito. Hablamos y ahora todo está claro."
"Es bueno saberlo." Suspiré con alivio. "¿Sabes?, yo siempre pensé que eras un buen tipo."
Él sonrió y se encogió de hombros.
"¡Bella! He estado buscándote- Oh..."
Me volví hacia Alice, que miraba entre Jake y yo con ojos de halcón.
"Me voy a despedir a Gravel y tener un juego con Cullen," me dijo Jake y bajó las escaleras.
Alice se centró en mí. "¿Por qué estabas hablando con él?"
"¿No debería preguntarte por qué tú estás hablándome a mí?" resoplé y la pasé rápidamente de largo.
"Espera, Bella. Anoche... fue un malentendido".
Solté un bufido y entré en mi habitación. Tanya estaba en la cama al teléfono con otra puta o algún adicto al sexo, hablando, cotilleando y pintándose las uñas, otra vez. Fui a buscar mis cosas para entrar a la ducha.
"Yo no estaba del lado de Rose."
"No estabas hablando tampoco", señale, aún recogiendo cosas.
"Porque yo no estaba pensando bien. Rose lo había arreglado para hacernos pensar que querías que..."
"Bien".
"Lo siento. Sé que no lo hice bien".
"Él no lo hizo, tampoco. Todo fue Sam. Eso es lo que me estaba diciendo," le dije y salí de la habitación.
"¿Así que Edward lo golpeó por nada?"
"Dos veces", le dije, riendo. "¿Vas a ducharte conmigo?" Me volví y le pregunté al verla conmigo en la ducha.
"Nah. Paso." Me guiñó un ojo y se fue.
Después de mi ducha, me sequé el pelo tratando de no escuchar a Tanya y su puto amigo (o puta amiga) y luego fui a la habitación de Edward.
"¡Pero tienes que reportar eso! ¡Tú estabas allí!" Una cosa era segura, quien estuviera en su habitación tenía buenos pulmones.
No escuché respuesta, pero la voz de la chica volvió a gritar. "¿Quieres que haga una queja por escrito?"
"... Ahora, vete", dijo con calma, abriendo la puerta. Escuché sólo el final de su respuesta. "Cinco minutos tarde, Bella," me dijo con una sonrisa cuando me vio.
"¡Voy al Decano con esto porque Cope no quiere escuchar!" Reconocí a la chica de anoche. Brenda, creo que dijo que ese era su nombre. Me di cuenta de que estaban hablando de la música a todo volumen y el ruido de la fiesta de Jake.
"No tienes que hacer nada. Estamos en la universidad. Hablé con Jacob y no lo volverá a hacer". Traté de calmarla.
"¡No sé ni cuántas noches he tenido que soportar su música fuerte, pero basta ya! ¡Tuve suficiente con la noche anterior!"
"Mira, si lo hacen de nuevo entonces yo personalmente iré a llevarlos al Decano. ¿Vale, Brenda?" No tenía idea de que el Decano podría hacer al respecto, pero me pareció una buena idea.
Ella me dio una mirada extraña y luego miró a Edward y entornó los ojos. "Es Briana. Y bien, eso está bien." Ella salió campante por delante de mí.
Me mordí el labio y mentalmente me bofeteé. Yo solía recordar los nombres.
"Es bueno saber que no soy el único que tiene un problema con los nombres", se rió Edward y cogió su chaqueta. "Vamos."
Me llevó a su coche. "¿A dónde me llevas?" Le pregunté. Podríamos haber ido andando al centro comercial.
"Cine. Sólo tenemos que esperar unos minutos aquí", explicó, mirando su teléfono. Parecía como si estuviera esperando algo importante.
Sonó su aparato y contestó antes de que el primer sonido terminara. "Estoy en mi auto", dijo. "Sí, te puedo ver". Colgó el teléfono.
Miré a mi alrededor y vi a Bob que venía hacia nosotros con dos bolsas. ¿Qué estaban planeando?
"Creo que tengo todo. Deberías pagarme la próxima vez."
"Voy a pensar en ello," Edward le dijo, sonriendo poniendo las bolsas en el asiento trasero. "Nos vemos".
"¡Espera, tengo algo más para ti!" dijo Bob, guiñando un ojo, y metió algo en la mano de Edward haciéndole gemir y dar un golpe muy duro a Bob en el brazo.
Edward se fue al lado del conductor, gruñendo, mientras Bob me guiñó un ojo y me abrió la puerta, haciendo una reverencia. Puse los ojos en blanco. Por lo menos, él tenía modales a diferencia de mi cita.
"El centro comercial está en la otra dirección", le dije confundida al ver la ruta que tomó.
"Bella, deja de quejarte. ¿No puedes simplemente cerrar los ojos o algo así?"
"Eres muy grosero, ¿lo sabías?"
"¡Jesús!" gimió en voz alta, pisando bruscamente los frenos en la luz roja.
Nos quedamos en silencio durante el resto del camino. Yo no sabía qué esperar, nos íbamos a una parte devastada de la ciudad o al menos eso me pareció. Se dio la vuelta a la izquierda sin importarle los otros coches, parecía distraído y eso no era una buena idea ya que conducía. De pronto, el coche se detuvo.
"¡Ta-da!" Edward exclamó y se volvió hacia mí, sonriendo ampliamente.
Miré a mi alrededor y vi que estábamos en un cine al aire libre. No podía creerlo. Nunca pensé que iba a hacer esto.
"¿No te gusta?" Me di cuenta de que no había dicho nada, y él tomó mi silencio de la peor manera.
Me volví hacia él, tratando de recoger mi mandíbula de mi regazo, y lancé mis brazos alrededor de él, casi ahogándolo y olvidándome del cinturón de seguridad.
"¡Me encant- a!" Tuve la suficiente fuerza para terminar la palabra antes de completar me encantas. Cogí el cinturón de seguridad y lo removí. Luego tome su cabeza entre mis manos, presionando mis labios con los suyos, estremeciéndome ante la sensación de su mandíbula no rasurada.
"Voy a escuchar a Bob con más frecuencia si ésta será la reacción que obtendré de ti", se rió entre dientes y besó a lo largo de mi cuello.
"¿Qué veremos?" -Pregunté, pensando si era prudente que me arrastrara hasta su regazo.
"Honestamente, no tengo ni idea. Tenía la esperanza de que no viéramos nada", murmuró en mi oído.
Eché un vistazo al asiento de atrás luego a él, con el calor subiendo a mis mejillas.
"¿Y si alguien nos ve? Es mediodía, después de todo."
"Tengo vidrios polarizados por una razón, Bella."
"Espera, ¡Alto ahí!" Le empujé la cara para mirarlo a los ojos. "¿Has hecho esto antes?"
"En el coche, no", respondió él, sonriendo.
Asentí con la cabeza, el alivio me inundó. Hey, un momento… ¿Qué quiso decir con en el coche? ¿Lo había hecho sobre el coche?
Edward se echó a reír en voz alta. "Deberías ver tu cara. Bella, el coche siempre estuvo fuera de los límites".
"¿Estuvo?" Mi voz hizo eco.
"Sí, lo estaba. Parece que me haces cruzar mis límites personales. El asiento trasero es bastante grande, creo. Puedo decir eso pero sólo porque me he besuqueado ahí."
"Vamos a ver". Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta, él me detuvo.
"Vamos a ser sutiles, todo el mundo está aquí. Regresa, la película está empezando".
Lo escuché y alcance a ver una imagen en blanco y negro, era un clásico. Siempre quise ver un clásico en la gran pantalla, pero Edward me parecía más atractivo... desnudo. Él se unió a mí y comenzó a sacar cosas de las bolsas.
"¿Alitas broaster o hamburguesa?" -preguntó él, se centró en el interior de la bolsa en la mano.
"¿Qué?" Le pregunté confundida, con los ojos en la pantalla. Era Wuthering Heights, la versión con Laurence Olivier como Heathcliff.
"¿Qué quieres comer? Céntrate, Bella. Estoy bastante hambriento, así que elige o me comeré todo", Edward me había engatusado, volviendo la atención hacia él. Tenía bolsas de KFC, Burger King y McDonald en su regazo. Tenía el aspecto de un niño en una tienda de dulces, y yo no podía dejar de reírme por su entusiasmo.
"El entrenador Shaw te va a matar."
"Lo que el entrenador no sabe, no lo matará ni a él ni a mí Ahora elije...", insistió.
Cogí una hamburguesa con queso, papas fritas y una Sprite, y luego volví mi atención a la pantalla.
"¿Eso es todo? Bella, toma más o no comerás otra cosa."
"¡Shh! Me encanta la película. Come y calla".
Nos quedamos en silencio y sólo se oía el crujir de las alitas que Edward estaba comiendo y de las pajitas de las bebidas. Le tomó menos de media hora terminar todo, y yo todavía estaba luchando con mis patatas fritas y gaseosa.
"¿Te gusta el cine?" -preguntó al cabo de unos minutos de mirar a la pantalla.
"¡Sí!" Le dije con entusiasmo.
"Yo podría alquilar o comprar una película o algo...", dijo pasando su mano cerca de mi cara, moviendo el pelo de mi cuello, y besándome allí.
"Como ya comiste, ahora lo que necesitas es la otra parte vital de la vida de un hombre. ¡Sexo!" Le gruñí, empujándolo, y comiéndome una patata larga.
"Cuando tienes razón, tienes razón", se rió Edward, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura, chupándome el cuello.
"Todavía estoy comiendo". Traté de parecer severa, pero ya estaba perdiendo la batalla.
"Comí diez veces lo que has comido y sigues sin terminar las papas fritas."
Reí ante su disgusto. Podría jugar a hacerme la difícil de conseguir, ya que él me había declinado en el pasado. Había cambiado tanto que ahora hasta podía negarse a tener sexo. Me reí ante ese pensamiento.
"Estás riendo mucho hoy. ¿Estás convirtiéndote en una chica femenina?" Edward bromeó, mordiéndome el lóbulo de la oreja.
"¡Es porque soy una chica y estás muy fastidioso hoy!" Gemí, empujándolo de nuevo.
"Y yo soy un chico" susurró en mi oído. "He pasado casi cuatro meses sin un orgasmo".
"¿Quieres que me crea eso?" Le pregunté medio en broma. No podía dejarme creerle eso, dolería saber la verdad luego.
Me miró con timidez, yo sabía que le era imposible tener a su miembro quieto dentro del pantalón. "Yo podría haber... ¿sabes? Tomé el asunto en mis manos, si se puede decir, pero no he estado con nadie después de ese día, no he estado con nadie desde que lo hicimos juntos en diciembre", explicó, tragando duro y esperando para ver mi reacción.
"¿No has estado con nadie todos estos meses?" Era difícil de creer, aunque me encantó la idea.
"No podría estar con cualquier otra chica, ni aunque lo haya querido. Supongo que me enteré de una cosa o dos después de ese fracaso," admitió Edward, y apoyó su mejilla en mi espalda. "¿Te pedí perdón por todo lo que te he hecho?" murmuró.
"No sé si te disculpaste. Probablemente en el hospital", dije en voz baja y me volví hacia él, abrazándolo con fuerza. No quería pensar que en ese momento casi lo pierdo.
"Perdóname", murmuró, volviendo su atención a mi cuello. "Nunca más te haré daño", prometió dándome besos por la garganta y luego sus dedos se fueron debajo de mi camisa.
Sus dedos estaban fríos y pegajosos de las toallitas húmedas que había utilizado para limpiar la grasa de los dedos. Empujé mi comida a un lado y traté de quitar su camisa sólo para que él negara con la cabeza. Yo estaba confundida, ¿no quiere esto? Levanté mis brazos, golpeando mis dedos en el techo del coche para ayudarle a quitarme la camisa, y luego reclamó mi boca en un beso caliente mientras desabrochaba mi sostén con sus dedos expertos. No quería pensar en por qué tenía dedos hábiles e intenté de nuevo sacar la camisa de su cuerpo.
"¿Va a dejar de tratar de desnudarme? Estoy tratando de ser un buen novio y disculparme y tú me quieres desnudo".
Mi cabeza daba vueltas con sus palabras, pero registró una sola cosa. Novio.
"¿Qué acabas de decir?" Le pregunté, sin aliento. Edward se volvió hacia mí y enarcó una ceja. "Dijiste... ¿eres mi novio?" Me ahogué con mis palabras.
"Tonta Bella," se rió entre dientes. Mi corazón se retorció y mi conciencia me frunció el ceño. Sí, eso es lo que yo era. Tonta. Tonta por creer que podría pensar en tener una relación con él. "¿Bella? Espero que esas sean lágrimas de felicidad." No me había dado cuenta de que estaba llorando.
"¿Por qué iba a estar feliz?", arruiné el momento.
Él suspiró frustrado y se pasó una mano por el pelo desordenado. "Debería haberlo hecho de la manera tradicional."
"¿Eh?" Lo que decía no tenía sentido. Me soné la nariz y lo vi tragar saliva para luego tomar mi rostro entre sus manos frías y pegajosas.
"Puede ser demasiado pronto, no le presté mucha atención a lo que dijiste en el otoño, si soy honesto. Lo que quise decir es... ¿quieres ser mi novia?"
Estaba segura de que ésta no era una forma habitual de pedir a alguien una cosa así. Quiero decir, estaba medio desnuda y él estaba muy excitado por lo que podía sentir en mi muslo. Le miré a los ojos, con ganas de ver la verdad allí. Para mi sorpresa, él era sincero y se veía un poco preocupado cuando no respondí lo suficientemente rápido.
"Ermm, supongo." Me encogí de hombros, sintiéndome cohibida.
"¿Supones?" Edward preguntó, preso del pánico.
"¿Quieres la respuesta completa? ¿Sí, me encantaría ser tu novia?"
"Eso está mejor." Se rió entre dientes, con un suspiro de alivio y una enorme sonrisa bailando en sus labios. "¿Es en serio? ¿Estás diciendo que sí?"
"¿Por qué dudas?"
"Nunca sé lo que piensas y eres difícil de leer. Por ejemplo, cuando dijiste que suponías que sí, pensé que la había arruinado de alguna manera y no querías q..-"
Pegué mis labios a los suyos en un beso profundo, y efectivamente lo logré callar. No podía creer lo que me había pedido. Estaba esperando a que la realidad me abofeteara en la cara y me despertara.
Edward Cullen había recorrido un largo camino desde el primer día que lo conocí, desde ese maldito día en que me rompió el corazón hasta este momento. Y para probarme que podía ser más perfecto, él dijo: "Tal vez deberíamos parar. Esta no es la forma en que yo quiero estar contigo. Te mereces una cama y flores y todas esas cosas cursis".
Ahora, mis lágrimas caían libremente, y me miró perdido. Pero luchó con sus demonios y levantó una mano temblorosa para apartar mis lágrimas.
"Si me dejas... puedo complacerte", susurró, besando mi mejilla y chupando una lágrima. Yo no lo entendí, pero él actuó sin esperar mi respuesta. Sus labios viajaron por mi garganta hasta mis pechos, donde prestó gran atención a mis pezones turgentes, me volvía loca. Sus manos hicieron un trabajo rápido en mis vaqueros y mis bragas, y entonces él estaba en el suelo, entre mis piernas, mirando hacia mí con cautela.
Le acaricié el pelo y sentí con la cabeza, sin saber lo iba a hacer. Sus besos suaves comenzaron en mi ombligo y luego viajaron a mi condición de mujer, donde le dio un beso e inhaló fuertemente, gimiendo. ¡No podía estar hablando en serio! Estaba segura de que a mí no me huele tan bien. Antes de que pudiera protestar, su lengua me lamió una vez. Y me estremecí, mi cabeza volvió a caer en el reposacabezas y gemí en voz alta. Edward tomó mi clítoris en su boca y lo chupó, mientras sus manos sostenían mis caderas. Me estaba desmoronando debajo de él, las sensaciones eran demasiado para mi cuerpo, pero él no se detuvo. Cuando su lengua se unió a la succión convulsioné, me tensé y me retorcí. Algo estaba pasando dentro de mi cuerpo y yo estaba tratando de rechazar la sensación, pero era demasiado fuerte.
"Shh, trata de guardar silencio", murmuró Edward contra mi clítoris, enviando vibraciones a través de mi atormentada parte de mujer. Gemí más fuerte aún, enredando mis manos en su cabello, presionando su cara contra mí, esperando que no lo estuviera asfixiando. Él movió su lengua en mi entrada y luego poco a poco se deslizó dentro de mí, gimiendo y acariciando mis rizos con su nariz. Era demasiado para mí. Se doblaron mis caderas en su cara, tirando de su pelo, gritando su nombre cuando él me adentró en su boca si eso era posible.
Cuando bajé de mi orgasmo, Edward aún estaba entre mis piernas, con su mejilla apoyada en la parte interna de mi muslo. "¿Cómo te sientes?" -me preguntó con una sonrisa torcida.
Me tomó unos segundos encontrar mi voz. "Eres increíble, dulce, maravilloso, encantador y nunca me había sentido tan bien en mi vida."
"Vamos a tener que dejar el coche si sigues aumentando mi ego". Él se rió y apretó sus labios contra mi muslo interno haciendo que mis músculos íntimos se apretaran. ¿Era eso posible? ¡Acababa de tener un orgasmo alucinante!
"Ven aquí, quiero corresponder." Lo agarré por los bíceps y tiré de él hacia arriba.
"Eso no es necesario."
"Debe ser incómodo", le dije suavemente, mirando el enorme bulto en sus pantalones vaqueros.
"Un poco", reconoció y regresó a sentarse a mi lado. "No tienes que hacer esto".
"Cállate, Cullen," gemí y trabajé un poco para poder quitar sus pantalones vaqueros. "Levanta el culo." Él obedeció, mirándome divertido.
"Si tu vas a hacer esto, entonces, por lo menos, por favor, no te sientes en el suelo", suplicó.
Lo liberé de sus boxers y luego lo tomé en mi mano para comenzar a moverme lentamente, sin saber qué hacer. Se me había olvidado lo grande, gruesa y suave que era su polla. Me incliné hacia delante y lamí esa cabeza aterciopelada ganándome un silbido de Edward. Me lancé a lamer alrededor, mojándolo, imaginándome que estaba comiendo un helado. Los helados nunca sabrán igual, estoy segura. Él era almizclado, salado y dulce de alguna manera - una combinación extraña, pero perfecta. Era tan Edward... decidí llevarlo a mi boca y probarlo. Cuando levanté la vista, me enojé hasta que vi su sonrisa burlona.
Mi Edward se estaba comiendo mis papas y me miraba aburrido. Raspé los dientes sobre su piel sensible, y se atragantó con las que estaba masticando. Me pareció bien para ser la primera vez que hacía esto.
"Oh jodeeeeeer!" -gruñó, agarrando la silla del conductor, con sus caderas subiendo inconscientemente. "Dioos, Bella... ¡Ohh!" Sonreí interiormente y doblé mis esfuerzos con éxito y sin atragantarme. "¡Mierda! ¡Me voy a venir! Aléjate", ordenó mientras su cabeza cayó con un ruido sordo contra la ventana. No me moví, pero deslicé la mano a sus genitales y lo toqué, sin estar segura de qué hacer. "¡BELLA!" -rugió, y su semen caliente salió a chorros directo a mi boca. Tragué todo y lo limpié con la lengua.
Mientras él se recuperaba, observé fascinada su polla volviéndose flácida. Su pecho subía y bajaba irregularmente y después de unos minutos él abrió los ojos. Vi sus dientes hundiéndose en su labio inferior como conteniendo algunas palabras de las que está acostumbrado a decir.
"Lo siento por mi pequeño truco", atinó a decir, sonriendo.
"Honestamente, pensé que era una basura y te estaba realmente aburriendo", admití.
"Fue jodidamente difícil mantenerme pretendiendo, pero valió la pena ver tu cara."
"Nunca aprenderás cuando parar", gemí.
Se encogió de hombros y me dio un beso caliente que me hizo enrojecer ante la idea de los lugares donde nuestros labios habían sido anteriormente.
"¿Película?" -preguntó, como si acabara de recordar dónde estábamos.
Dimos vuelta a la pantalla justo a tiempo para ver rodar los créditos y estallamos en carcajadas.
"Me encantó la película, hay que volver otra vez", alentó él, moviéndose en el asiento para subirse los pantalones. Algo cayó de uno de sus bolsillos y me llamó la atención. Unos paquetes de preservativos estaban en el suelo.
"¡Jodido Bob!" gruñó y los agarró, escondiéndolos en su bolsillo de nuevo.
"¿Fue eso lo que te dio?"
"Sí. Hijo de puta."
Me eché a reír y seguimos vistiéndonos, para luego acomodarnos en los asientos y empezar nuestro camino de regreso a la escuela.
Nota 1: Estoy en busca de una beta, si alguna puede por favor me deja saber.
¡Espero que les gustara este capítulo! Dejen sus reviews y díganme lo que piensan :).
