10. Discusiones con final inesperado
- Lizzy, deja que te explique…
- ¿Has estado siguiendo a mi novio por todo el castillo? ¿Con qué derecho?
- Me esperaba al menos un gracias, ¿sabes? – Contestó él, molesto. – Lo he hecho por tu propio bien, para protegerte.
- ¿Por mi propio bien? – Lizzy lanzó una irónica carcajada. – James, no tienes ningún derecho sobre mí, que te quede bien claro, no puedes perseguir a mis novios con la capa de invisibilidad para ver si son de fiar, no puedes llegar y empezar a pegarles porque sí, no puedes decidir nada sobre mí.
- ¡Supongo que la señorita habría preferido que él le destrozara el corazón! – Replicó, cada vez más enfadado. Le parecía increíble que ella reaccionara así, se había jugado mucho por protegerla.
- Si de verdad creías que iba a llegar a mayores con él en tan poco tiempo me conoces más bien poco, Potter. – Se cruzó de brazos al decir aquello. - ¡Por supuesto que no me habría acostado con él tan pronto!
- Tú lo has dicho "tan pronto", pero conozco a los tíos como él, te habría acabado por engatusar y, después de que hubiera pasado todo, te habría dejado para irse con otra tonta a la que engañar.
- ¿Así que ahora soy una tonta?
- ¡Pues sí! Una chica lista no se hubiera dejado engañar por una cara bonita, era más que obvio que te estaba utilizando, no había más que saber su historial y ver cómo te miraba. ¿Sabe al menos de que color son tus ojos? Porque yo creo que no los miraba nunca y mira que son preciosos.
- Bueno, perdóname por creer en las personas, creía que había cambiado, pero le habría parado los pies en el momento apropiado, como siempre he hecho, además, ¿qué es eso de que no me miraba a los ojos? ¿Cómo sabes tú eso, te has pasado las últimas semanas espiándonos?
- No, es que siempre os cruzabais en mi camino.
- Pareces un acosador, James.
- Solo me preocupo por ti. – Se defendió él. ¿Tanto le costaba entenderlo?
- ¡Deja de repetir eso! – Gritó Lizzy, cada vez más frustrada. No entendía que le pasaba a su amigo. Era su vida y, si se equivocaba, era solo culpa suya. – Puede que haya confiado en la persona errónea, pero eso no te da derecho a hacer esto.
- ¿No ves que solo quieren aprovecharse de ti? Eres muy inocente, no te das cuenta de las intenciones de los demás y no podría soportar que algo te pasara.
- No puedes evitar que tenga fe en las personas.
- Y no quiero que dejes de tenerla, me encanta esa faceta tuya, adoro que creas que todo es posible, me fascina tu forma de ver el mundo, pero no puedes confiar en los demás tan a la ligera. – James suspiró y se acercó un par de pasos a ella, que no retrocedió como él se esperaba. – Lizzy, no eres consciente de cómo te ven los demás, ya te dije en verano que estabas increíble y cada día que pasa lo estás más. Habrá quien te busque solo por eso.
- ¡No quiero que me juzguen por como soy por fuera! – Gritó ella. – Además, no soy guapa, soy una chica normal, hasta el año pasado no me miraba nadie.
- Pues, bienvenida al mundo real, muchos lo van a hacer y, con respecto a lo otro, eres jodidamente preciosa Elizabeth y, no sé exactamente cómo ha pasado, pero de repente tienes unas curvas que harían que hasta el más ciego se volviera loco. – Ella comenzó a sonrojarse y él no pudo evitar sonreír un poco. – No te hagas la tonta, estoy seguro de que te miras en el espejo y sabes cómo eres, además, desprendes un aura de seguridad que hace que todo el mundo se fije en ti.
- No te atrevas a sonreír, Potter, sigo enfadada contigo, todavía no entiendo con qué derecho has seguido a Richard, ¿hasta dónde has ido con la capa?
- Hasta los mismísimos dormitorios de los chicos de Ravenclaw, allí he escuchado toda esa conversación y, de hecho, he salido cuando tú has ido a buscarlo y sigo esperando que me des las gracias, ¿sabes? A saber qué te habría hecho si no hubiera llegado yo, aquí nadie podría haberte escuchado.
- Sé defenderme solita. – La chica se acercó a él y apoyó su dedo índice en su pecho. – No te atrevas a decir que necesito a alguien que cuide de mí, porque ambos sabemos que es mentira.
- ¡Joder, Lizzy, no me dejas decir nada! Encima esperarás que te pida perdón y todo. – James resopló.
- Sería todo un detalle.
- Pues no pienso hacerlo, porque llevo razón.
- James yo no soy de tu propiedad, no puedes controlarme, no puedes hacer las cosas "por mí", no soy un pedazo de carne, ¿sabes? Nadie es de nadie y tú no tienes ningún derecho a decidir sobre mí, hago lo que quiero y voy a seguir haciéndolo siempre, me da igual lo que opines, yo nunca me he metido ni en tu vida, ni en tus relaciones, ¿por qué te metes tú en las mías?
- ¿Qué nunca te has metido en mis relaciones? – El Gryffindor lanzó una carcajada irónica. Debía estar bromeando.
- ¡Exacto!
- Pero si he roto con todas mis novias por ti, porque tú me decías que me estaba volviendo un ñoño y que estaba perdiendo mi fama de chico malo. – Lo soltó sin pensar casi. Ambos sabían que era verdad, pero hasta entonces se habían negado a reconocerlo. – Tú eras la que me decía que ya era suficiente y ahora yo trato de defenderte de ese sinvergüenza y te enfadas conmigo.
- James, yo no soy Lily, no soy tu hermana pequeña y me estás tratando de la misma forma que la tratas a ella, ¿no te das cuenta? No puedes perseguir a mis novios, no puedes hacerle la vida imposible porque tú y yo somos solo amigos. – Lizzy sintió un fuerte nudo en el estómago al decir aquello, aunque no entendía por qué. – Voy a salir con quien yo quiera, te guste o no.
- ¿Por qué eres tan cabezota? ¡Solo quería ayudarte!
- Pues la próxima vez me lo dices a mí y ya actuaré en consecuencia, pero no puedes espiar a los demás así, ni pegarles de esa forma.
- ¿No puedo defender a mi amiga?
- No si acabas castigado por mi culpa. ¿Sabes lo que nos puede caer después de lo de hoy? Está claro que Richard irá a la enfermería y nos delatará, estaremos por lo menos un mes limpiando el castillo.
- Me da igual tener que pasar todo el curso castigado si es por ti, ¿no lo entiendes? Haría lo que fuera por ti, por verte sonreír, por evitar que derrames una sola lágrima. Joder, Elizabeth, mira que llegas a ser estúpida algunas veces y eso que eres una Ravenclaw.
Cada vez estaban más cerca el uno del otro, sus respiraciones agitadas se mezclaban. Las palabras que James acababa de decir hicieron que la chica titubeara un poco antes de hablar y bajara el tono de voz.
- ¿Y tú qué? Parece que no te das cuenta de que solo quiero verte feliz aunque eso implique tener que verte con unas y con otras. ¿No te das cuenta de nada? No, lo peor es que sí, que te das cuenta, que lo sabes tan bien como yo, pero no te atreves a reconocerlo. Eres un imbécil y un maldito cobarde, James, ¿y tú eres un Gryffindor?
No necesitó nada más. La agarró de la cintura y unió sus labios con fuerza. Jamás había dado un beso así y, estaba seguro, a ella tampoco la habían besado de aquella manera antes. La chica se quedó quieta unos instantes, sorprendida, aunque solo a medias, pero en seguida le correspondió. Una corriente eléctrica se extendió por el cuerpo de ambos. Fue como si las piezas de un rompecabezas hubieran encajado, como si hubiera cientos de mariposas revoloteando en sus estómagos, como si estuvieran solos en la Tierra y el universo hubiera quedado en completa calma. El tiempo se detuvo y Lizzy enredó sus manos en el pelo de James sin poder evitarlo mientras este mordía su labio inferior, arrancándose suspiros el uno al otro. El chico la acercó todavía más a él. No quería que hubiera nada que los separara, la necesitaba todavía más cerca, quería sentir cada parte de su cuerpo, rozar cada trozo de piel disponible. La condujo hasta una pared y la apoyó en ella, sin dejar de besarla. Apenas se separaban unos instantes para tomar aire, dejándose llevar por sus impulsos y sus emociones, conscientes de todo el tiempo que llevaban queriendo aquello. Poco a poco los besos fueron volviéndose menos pasionales y más dulces. Sus respiraciones se acompasaron y sus manos bajaron la velocidad. Se separaron lentamente y Lizzy, sonrojada, hizo la pregunta que llevaba un rato rondándole la cabeza.
- ¿De verdad crees que soy preciosa?
- Jodidamente preciosa. – Contestó James mientras comenzaba a besar su cuello y ella suspiraba. – Y además también eres una de las personas más inteligentes que conozco, muy decidida, divertida, luchadora. Te defiendes como una leona y eso me encanta. – Sonrió sin dejar de besar y morder el cuello de la chica, con cuidado para no dejarle ninguna marca más. No pudo evitar pensar que Davies era un salvaje.
- Yo… – Lizzy gimió, sonrojándose todavía más, cosa que hizo que el chico sonriera.
No pudo contenerse más y buscó sus labios de nuevo. Volvieron a besarse, mezclando besos dulces con otros apasionados, incapaces de parar aquello.
- Tú también eres increíble. – Consiguió decir la chica entre beso y beso. – Me gusta cuando defiendes a la gente que quieres y sobre todo cuando sonríes o cuando me abrazas porque siento como si todo estuviera bien.
James sonrió al escuchar aquello. Le gustaba saber que él también provocaba sensaciones así en ella. Sensaciones que demostraban que no eran simplemente amigos, que siempre había existido algo más entre ellos, una conexión especial, un lazo único e irrompible. Continuó besándola sin pensar en las consecuencias, consciente de que tendrían que hablar de ello tarde o temprano y que sería complicado porque ambos eran unos cabezotas y unos orgullosos, porque se formaba un nudo en su estómago al pensar que podría perderla después de aquello, que quizás ella querría alejarse porque lo conocía o porque se conocía a sí misma. Pero en aquel momento nada de eso importaba y ambos se empeñaban en creerlo. Para Lizzy no existía el después, solo el ahora, solo James, ella y sus besos. No quería pensar en nada más, ni en cómo reaccionaría cuando el momento se rompiera y tuviera que volver a la realidad, ni en qué pasaría al día siguiente. ¿James querría volver a verla o sería ella una más de su lista de conquistas? Bueno, esa pregunta tenía una respuesta fácil. Ella nunca había sido una más, era Lizzy Collins, igual que él jamás sería uno más para ella, era James Sirius Potter.
Cuando finalmente se separaron tenían los labios hinchados, las respiraciones aceleradas y era la hora de cenar. Habían pasado más de una hora juntos, pero ahora debían regresar al mundo real. Se miraron el uno al otro durante unos largos segundos sin saber qué hacer o decir. ¿Cómo se suponía que debían actuar? Sabían que tenían que hablar, pero no era el momento, debían dejarlo reposar uno o dos días, debían pensar lejos del otro y entonces podrían hablar con tranquilidad.
- Tengo que irme a cenar. – Murmuró ella.
- Ya, yo también. – Contestó él, sintiéndose tonto. Era el momento más incómodo que habían tenido desde que se conocieron. Quiso volver a besarla para romper la tensión, pero sabía que ya estaba de más, que su momento ya había acabado.
- Creo que será mejor que cada uno vaya por su cuenta para, bueno, que nadie sospeche. – Lizzy volvió a sonrojarse.
- Como quieras, márchate tú primero, ahora iré yo.
- De acuerdo.
La chica comenzó a andar por el pasillo, empezando a sentir remordimientos. Se suponía que James y ella eran amigos y uno no va besándose por ahí con los amigos. Aquello había sido una locura, ¿en qué estaba pensado? Suspiró mientras caminaba rápidamente hacia el Gran Comedor. Tendrían que tener "la charla".
