Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
Disclaimers: La historia no me pertenece, es una adaptación de la cuál tengo autorización para hacer.
Notas de la Autora: Ésta historia en lo personal es una de mis favoritas, son dos partes o dos temporadas, no sé como se maneje, y bueno, tengo que admitir que tengo la esperanza de que a aquellos quienes quieran darle una oportunidad les guste tanto como a mí. Al ser ADAPTACIÓN está plagado de OoC.
Hola, primero que nada, quiero pedir una enorme disculpa por no actualizar ayer, sé que dije el domingo, pero no preví los pequeños infortunios que ocurrieron, así que aquí estoy, actualizando un día después, en fin, nos leemos el miércoles, si no ocurre nada :)
Me recargué en la puerta cuando la cerré, él espero unos minutos y después escuché como puso el auto en marcha, aunque él dijera que no, estaba tomando las cosas muy apresuradamente, y por alguna razón las relaciones prontas no eran mis favoritas, mi abuelo siempre me decía que lo que pronto se inicia pronto se acaba y no quería, porque Scorpius realmente me gustaba, y no quería que si iniciábamos una relación tan repentina, termináramos mal y demasiado pronto, por alguna razón, por tonto, estúpido y cursi que sonara, creía con mucha fuerza que él era el hombre de mi vida, y no quería perderlo más rápido de que pudiese tenerlo, yo no quería gustarle solamente, quería que él se enamorara de mí, claro que dudaba que pasara tan rápido, Edward una vez me había dicho que sus amigos se enamoran y se desenamoran de la misma manera e igual de rápido.
—Buenos días –saludó el abuelo.
—Buenos días abuelito –sonreí y lo besé en la frente, todos en el comedor me observaron extrañados, jamás me había comportado tan adorable con él enfrente de mis demás familiares, al abuelo no le gustaba eso.
— ¿Se puede saber qué demonios te pasa? –investigó mi madre.
— ¿Tiene que pasarme algo para saludar a mi abuelo? –curioseé.
—Bueno, nadie en esta familia lo soporta –me contestó como si él no estuviera presente –ni su propio hijo.
—Creí que estaba muy claro que yo no era como mi padre, en realidad como ninguno de ustedes.
—Claro –se burló Victoire observándome –tú tienes la misma actitud de mujer fácil como la que tenía la madre de mi padre –me observó, el abuelo aventó su servilleta a la mesa y salió del comedor.
Observé seria a Victoire y camine tan rápido como pude hasta que llegue a donde estaba sentada.
—Que te quede muy claro –amenacé sujetando su muñeca con fuerza –no voy a dejar que vuelvas a insultar la memoria de mi abuela frente a él –la solté haciendo que la silla se hiciera hacia atrás y casi cayera de ella.
—No es mi culpa que seas como esa mujer –soltó seria.
—Esa mujer es tu abuela –solté molesta –gracias a esa mujer y a ese hombre como todos lo llaman, viven y gracias a ellos tú tienes una vida como la que tienes –le recordé a mi madre –pero claro, eso que les va a importar a ustedes, si sólo se preocupan por ustedes mismos y no por los demás.
—Pero mira quien lo dice –me sonrió Victoire.
— ¿Lo dices por Krum? –Pregunte sonriendo para mi madre y James se enteraran –no salvé tu farsa que fue diferente, ¿pero quieres ese negocio? Sólo necesito decirle que tuve un asunto que hacer y volverá a decirme que lo vea en su apartamento ¿pero sabes qué? –Sonreí –no lo haré, porque tú lo conociste, tú conseguiste ese negocio, no veo porque me dices que sólo me preocupo por mí, si yo no hice nada más que acompañarte a ese evento.
Subí y me dirigí al cuarto del abuelo, toqué y pase después de que no contestara.
— ¿Estás bien? –inquirí.
—Estoy acostumbrado a que todos en esta casa me traten como a un extraño –contestó –y en realidad no me importa cómo me traten a mí, pero jamás he tolerado que insulten la memoria de la mujer que fue mi vida muchos años.
— ¿Así que la abuela ya no es tu vida? –Le sonreí – ¿conociste a alguien más acaso? –él sonrió.
—No mi amor –me abrazo –cuando tu abuela murió, las ganas de vivir se me fueron, las pocas fuerzas que tenía este cuerpo viejo y cansado se hicieron cada vez más escasas, hasta que vine a vivir a esta casa, y esa pequeña niña de ojos azules y cabellos rojos corrió por todo el vestíbulo y me abrazo diciéndome: abuelito que bueno que viniste a vivir con nosotros –me observó –en ese momento supe que ella vivía aún, que tú habías heredado lo más hermoso de mi vida, su carácter y su belleza –sus ojos brillaron –así que las fuerzas volvieron y la vida de este viejo tuvo una nueva estrella guiando su camino y alumbrando sus miedos más grandes y profundos, eso es lo que eres en mi vida mi pequeña –sonrió –eres la estrella que más brilla en ella.
—Tú eres todo lo que siempre quise –sonreí –eres mi padre, eres mi abuelo y sobretodo eres mi mejor amigo, te adoro –lo abracé –y aunque no me creas abuelo, creo que me hubiese vuelto loca si tú no hubieses llegado a mi vida y sin duda creo que me volvería loca si te pierdo.
—No mi amor, nunca me vas a perder –beso mi frente –ahora, te dejo, porque iré a arreglar algunos asuntos.
—Claro –le sonreí –yo iré a cambiarme porque iré con mis amigas a la playa.
—Disfruta del día, que se ve que será hermoso.
—Sí, puedo verlo –lo abracé –ten un buen día abuelo.
Salí junto con él, lo vi desaparecer por las escaleras, yo me duche, me vestí y fui a la casa de Jade, su madre le ayudaba a preparar la canasta para el picnic que haríamos, la verdad era innecesario, hubiese podido llevarlas a comer a algún restaurant, pero cuando Jade se ponía de necia, no había poder alguno que pudiese convencerla.
—Hola Lily –saludó la señora Finnigan.
—Hola –sonreí –así que… ¿en qué puedo ayudarlas? –pregunté.
— ¿Puedes traer las servilletas y unos cuantos tenedores por favor? –examinó Jade.
—Claro –sonreí.
—Entonces, si no les molesta, les dejo –indicó su madre.
—No se preocupe señora –le sonreí –Jade y yo podemos encargarnos perfectamente de esto.
—De acuerdo, buena suerte –nos deseó y se marchó.
Jade estaba seria, tal parece había discutido si no con su madre, con ambos, así que no quise preguntarle del porque estaba así.
— ¿Y qué tal les fue con Scorpius? –investigó Jade.
— ¿Irnos? –averigüe.
—Creo que a Audrey le gusta Scorpius –me sonrío — ¿no has visto como lo mira? –preguntó.
—Bueno, realmente no he prestado mucha atención a eso –acepté.
— ¿Qué acaso no te cae bien Scorpius? –Me observó –es mi amigo y me encantaría que no te portaras tan seca con él, y bueno… si te cae mal… sólo dime y te juro que no intentaré que sea amigo de ustedes.
—No es eso Jade –le sonreí –es raro que alguien más forme parte de nuestro círculo cuando por años sólo hemos sido, Audrey, tú y yo –contesté –pero Scorpius no me cae mal.
—Me alegra –me sonrió –porque le gustas –fue hasta el fregadero.
— ¿Cómo sabes eso? –pregunté incrédula.
—Me dijo que desde el primer momento en que te vio en ese evento le gustaste, y que no ha podido sacarte de su cabeza un instante –me sonrió.
— ¿Por qué te dijo eso? –investigué incrédula.
—Bueno, porque yo le confesé que… —se quedó callada –nada, es mejor que nos demos prisa con esto.
— ¿Nos iremos en el bus hasta la playa con todo esto? –pregunté.
—No –me sonrió –no tardan en… justo a tiempo –dijo viendo su reloj de pulsera — ¿puedes ir a? –Me observó y sonrió –bien iré yo.
La seguí, Scorpius apareció cuando terminó de abrir la puerta, le sonrió a ella y después a mí.
—Buenos días –sonrió — ¿están listas?
— ¿Vendrás con nosotros a la playa? –averigüé.
—Si te molesta mi presencia, sólo las llevo y regreso –sugirió.
—Oh, no, no es eso, sólo que… me sorprendió, eso es todo.
—Bueno, me encanta sorprenderte –sonrió.
—Tranquilo romeo –lo sujetó del brazo Jade –iré por las cosas.
—No –la detuvo –iré yo.
Caminó hasta la cocina y cargó las cosas hasta el maletero, Jade se subió en la parte de atrás, Scorpius me sonrió.
—Eso te deja como mi copiloto.
—Pero…
—Sé que estás acostumbrada a los choferes, pero… no me agrada ser chofer –se acercó a mí –no cuando puedo tenerte más cerca –abrió la puerta del copiloto y subí, vi a Jade sonreír y guiñar un ojo.
— ¿Dónde veremos a Audrey? –indagué.
— ¿Quién dijo algo de Audrey? –aclaró Jade.
—Bueno, me imagino que…
—Buena suerte Scorpius –nos sonrió y bajó del auto en lo que Scorpius arrancaba.
—Pero que… –él bajó los seguros en cuanto se puso en marcha.
