Otro capítulo de Love Kingdom. Realmente lamento la tardanza.

Para ser honestos, tenía este capítulo terminado hace tiempo. Simplemente estaba indecisa acerca de subirlo o no. La razón es porque, para mí, este es uno de los capítulos o historias del que me he sentido más insegura. No me malinterpreten, pienso que tiene partes buenas, como también pienso que tiene partes malas. Y es precisamente por las partes malas que me sentía insegura acerca de publicarlo. Aunque para mí parezcan partes malas, esa es mi impresión, bañada con el cariño que le tengo ya que es mi historia. Pero, para otras personas, siento que podrían odiar esas partes. Y pensar en eso me hacía acobardarme cada vez que intentaba subir el capítulo.

Encima de todo, este capítulo es REALMENTE LARGO. Al comienzo del capítulo pensé que sería corto pero en el transcurso se alargó hasta límites que yo ni me imaginaba y no pude cortarlo. Lo intenté, realmente intenté cortarlo, pero era imposible, si lo cortaba no tendría sentido u.u.

Realmente no creo que sea uno de mis mejores, así que dejo a su criterio si estuvo decente o no. Aquí les dejo el capítulo.


Un giro en el aire, y cayó al piso con su pose triunfal, terminando el acto. Se arrodilló ante el rey mientras todos aplaudían ante el gran show que les había dado.

- Excelente presentación, Joker- la felicitó Tadase- Realmente hubiera deseado que nuestros invitados hayan podido verla, pero se tuvieron que retirar antes de lo previsto- ella sólo asintió, no perdiendo mucho tiempo en su mente preguntándose en donde podría estar Ikuto.

- Su comentario me halaga, Su Majestad- declaró, antes de pararse- Y tengo algo muy importante que informarle. Yo…- fue interrumpida por alguien que llegó corriendo a donde ella estaba.

- ¡Su Majestad! ¡Su Majestad!- casi gritaba el hombre- Tengo un anuncio muy importante que hacerle- declaró, mostrando una gran nerviosismo- Es mi deber decirle que, acabo de descubrir a la persona que está intentando atacar a la corona- la señaló- La Joker, Hinamori Amu, es una espía que planea destruir la realeza de Seiyo desde adentro.

Muchas personas se quedaron en shock ante esta declaración, para luego mirarla con ojos sospechosos y comenzar a murmurar acerca de ella cuando salían de la sorpresa. El rey tardó en reaccionar un poco más tarde que los demás y miró con ojos serios en su dirección.

- ¿Y que pruebas posees para lanzar una declaración tan seria como esa?- preguntó con firmeza, haciendo ver que él se tomaba su papel de rey en serio.

- Sólo tengo mi palabra, y un par de testigos. Pero, yo, Yuu Nikaidou, le aseguro que mis palabras son ciertas- se inclinó ante Tadase- Yo mismo la vi rondando cerca de la comida preparada para Su Majestad, ese día en que Su Majestad enfermó- señaló a dos sirvientas- Esas sirvientas también estaban allí cuando ella tenía una actitud sospechosa respecto a la comida.

Ese aroma era realmente delicioso, se le hacía agua la boca. Con sigilo, se dirigió a la cocina, decidida a descubrir cual era esa comida que hacía a su estomago gruñir aún cuando no tenía hambre realmente. Abrió un poco la puerta y espió a los cocineros preparando unos pequeños bocadillos, que desprendían el aroma que la había atraído hacia allí.

Una sirvienta apareció para llevarse una de las bandejas de bocadillos y ella notó que lo llevaba a un salón aparte, donde debían de estar las demás comidas que se preparaban para el baile. Sabía que no debía hacerlo, pero el antojo se había vuelto demasiado grande. Su embarazo había comenzado a afectar su actitud.

Cuando la sirvienta se retiró, ella entró en el salón, parándose frente al mesón lleno de comidas y reflexionando acerca de cual elegiría. Tomaría sólo uno, así no se notara la falta, y por eso debía elegir sabiamente. Estuvo a punto de recoger uno con un decorado rosa encima, cuando se sobresaltó al notar que alguien entraba.

- Oh… ¿Joker?- la llamó el hombre, mirándolo sorprendido- Que sorpresa encontrarte aquí.

- Ah, yo sólo… - intentó pensar en una excusa que le sirviera.

- Muchas gracias por ayudarnos, Nikaidou-san- le agradecieron dos sirvientas, entrando detrás de él- Nosotras realmente no podíamos abrir la puerta con nuestras manos ocupadas.

- Joker- exclamó una de ellas, sorprendida- ¿Qué haces aquí?

- Yo…- los nervios la consumía mientras trataba de encontrar una excusa- Yo sólo, sólo…- ella no podía decirles que había entrado a tomar uno de los bocadillos, debía inventar algo- sólo vine porque estaba curiosa sobre como quedarían los bocadillos para el baile- esa fue la única excusa que se le ocurrió y sabía que era patética mucho antes de que ellas la miraran con duda.

- Ah, está…bien. No sabía que estuvieras tan interesada en el baile- se tonaba que aún no le creía.

- Bueno, sentía que debía colaborar en algo, me siento extraña al no ser una sirvienta y en vez de eso ser una invitada- replicó.

- Supongo. Pero debes aprovechar la oportunidad- le sugirió el hombre- Eres una invitada a un evento real, encárgate de disfrutar cuanto puedas. Deja el trabajo a quien no son invitados.

- Está…bien…Lo haré- le contestó, sabiendo que debía aprovechar esa oportunidad para el escape- Entonces, me retiro. Les deseo suerte en su trabajo- agregó antes de salir.

Los murmuros acerca de ella aumentaron e incluso el rey comenzó a mirarla de forma sospechosa.

- Su Majestad, yo…- el hombre la volvió a interrumpir.

- Además, ¿no es ella quien se encontraba junto a la reina cuando esta sufrió un ataque? ¿Quién dice que ese ataque no pudo haber estado planeado por ella? Tal vez lo planeó todo y usó la confianza de la reina en ella para que cayera en la trampa.

Ella enarcó una ceja ante este hombre, resultándole difícil de creer como una mente podía crear una idea así sobre ella. Entonces lo reconoció, aquel doctor raro que hablaba con el guardia, y que también había estado cerca de la comida ese día que ella fue a verla. Unos segundos más, y las piezas encajaron finalmente en su cabeza. Sonrió con burla mientras veía lo poco hábiles que eran para crear planes.

¿Eso es lo que habían planeado? ¿Crear un revuelo que les permita manejarse libremente? No iba a funcionar.

- Su Majestad…- intentó hablar, para desmentir las palabras de Nikaidou.

- Atrápenla- declaró Tadase, señalándola- Estará cautiva hasta que se compruebe la verdad.

Ella se quedó paralizada por un momento. No creía que iban a dudar de ella tan fácilmente. Entonces el movimiento de los guardias hacia ella la hizo reaccionar y prepararse para defenderse.

- Aquel que ponga una mano sobre ella mandaré a cortar su cabeza- la voz de Ikuto sonó por todo el salón.

Miró a la gran puerta doble de entrada y lo encontró allí, con una expresión seria en su rostro.

- Hablo en serio- volvió a decir, mirando con firmeza a los guardias y acercándose a ella.

Ikuto llegó junto a ella, los guardias apartándose ante la presencia de él y la de Utau allí. Ella suspiró aliviada, ya que no se creía capaz de triunfar ante tantos guardias. Él la miró y le sonrió, haciendo que su corazón se calme. Ella le sonrió de vuelta, contenta de que ambos estuvieran allí.

- ¿De qué se trata esto Ikuto?- le reclamó Tadase- ¿Pretendes darle asilo a una posible traidora?

- Yo no pretendo darle asilo a nadie, sólo establezco lo que va a pasar si alguno de ellos pone una mano sobre Amu.

- ¿Qué clase de juego es este? ¿No se habían retirado ambos a su reino?- preguntó Rima, mirando enojada hacia ellos.

- Simple, no nos fuimos todavía.

- Basta, esto no es un juego- Tadase mostraba una faceta seria que nadie había visto- Guardias, atrapen a la Joker.

- Mandaré a matar a cualquier que toque un solo cabello de su cabeza- pronunció Ikuto, acercándola a él.

- Guardias no le hagan caso, no va a cumplirlo. Deténganla- ordenó Rima.

Muchos guardias avanzaron con cautela, pero fue uno solo el que se atrevió a intentar atacarla. Ella se preparó para defenderse, pero el guardia se paró cuando la espada de Ikuto se quedó a centímetros de su cuello.

- ¿No oíste lo que acabo de decir?- el guardia se retiró- ¿Alguien más quiere intentarlo?- dijo en desafío a los demás, quienes se quedaron en su lugar.

- Veo que tu deseo no va a cambiar- declaró Tadase- Ikuto ¿estás dispuesto a declarar la guerra?

- Si eso es lo que hace falta para mantener a Amu a salvo, lo haré.

- Entonces, que así sea. Guardias, la Joker se ha convertido en el enemigo, todo aquel que logre capturarla recibirá el honor y un alto puesto dentro del ejercito del reino.

Varios guardias se abalanzaron sobre ellos. Ikuto los enfrentaba con su espada, mostrando su gran habilidad y gracilidad en su maneo. Sin embargo, con él solo no era suficiente y ella se vio obligada a pelear también. No quería alterar a los presentes, o avivar las sospechas de que ella era una espía, pero no tuvo otra opción que mostrar la espada que ella tenía escondida dentro de su bastón de Amulet Heart y pelear contra los guardias. Los manejaron bien, hasta que uno de los guardias fue sobre Utau y su sirvienta. Ambos estaban ocupados con sus propios oponentes y vieron como Utau estaba a punto de ser atacada. Se sorprendió al ver que Utau se hacía para atrás, ¿es que Ikuto la había dejado desarmada? Comenzó a temer por la vida de Utau.

Entonces una sombra cayó sobre ella y los guardias, una sombra que tomó forma de hombre. Kukai se lanzó a la pelea de los guardias y los derrotó al mismo tiempo que ellos acababan con sus oponentes.

- ¡Sohma! ¡Como te atreves a traicionarme!- gritó indignado Tadase.

- Lo siento, pero perdería mi honor como Jack, no, perdería mi honor como hombre si dejara que alguien atacara a mi mujer frente a mi y no hiciera nada por detener eso- declaró Kukai, colocando a Utau detrás de él, protegiéndola de cualquiera que intentara atacar.

- Así que realmente es la guerra- Tadase sonaba desilusionado- Realmente Ikuto, pensé que eras un hombre más inteligente. Arriesgar tu vida, y tu reino, por una mujer, por una amante- ella se encogió ante la palabra- ¿Realmente crees que las personas de tu reino arriesgaran su vida para proteger a la amante del rey?

- No, no lo harían. Pero todos arriesgarían sus vidas para proteger a su amada reina- declaró Ikuto con una sonrisa ganadora.

- ¿Cómo?

- Kukai- dijo mirando a Kukai, este asintió y se aclaró la garganta.

- A todos los presentes- comenzó a decir Kukai- permítanme presentarles a Su Majestad, Amu Tsukiyomi, reina de Easter- dijo antes de inclinarse ante ella, Utau imitándolo.

Ella puso los ojos en blanco.

- Tan llamativo como siempre- dijo mientras miraba a Ikuto que le sonreía.

- ¿Reina? ¿La convertiste en reina?- exclamó Rima.

- De todas maneras, una reina reciente no será el motivador de un pueblo. No como atacar a la traidora que atentó contra la corona- dijo Tadase, quitándole importancia.

- ¿Y quien dijo que era reciente?- Ikuto se rió, obviamente divertido con la incredulidad mostrada por Rima y Tadase- Amu siempre a sido mi esposa, todo este tiempo- pasó un brazo por su cintura.

Tadase retrocedió un poco ante esta declaración, Rima aún estaba en shock y ella no era la única a la que la noticia la había alterado. Varios de los presentes, y esas personas a las que estaban observando también comenzaron a ponerse nerviosos. Vio como unos se echaban hacia atrás, escondiéndose en la multitud, planeando escapar, y como unos parecían querer atacar en ese mismo instante.

Miró a Ikuto, quien también había notado el movimiento, y él le asintió, indicándole actuar. La soltó de su abrazo y recibió su espada, mientras ella comenzaba a retirar el adorno en su cabeza. Los corazones de Amulet Heart, las picas de Amulet Spade, los tréboles de Amulet Clover y los diamantes de Amulet Diamond. No sólo era pequeños adornos que usaba en sus presentaciones. Eran algo más.

Tomó los adornos en su mano y giró, lanzándolos a distintos puntos en la multitud. Todos dieron en su lugar, las cuchillas dejando a los sospechosos clavados a la pared.

- Cu… ¡¿Cuchillas?!- exclamaron varias mujeres, asustadas.

- ¿Qué fue eso?- le reclamó Tadase.

- Algo de lo que tenía que encargarme- le contestó de forma tranquila.

Miró a todos los sospechosos intentar sacar sus ropas de las cuchillas, y sonrió. Eso los mantendría quietos mientras ellos conseguían que Tadase los escuche y hacía mucho más fácil que los soldados de Easter pudieran retenerlos si querían escapar.

- Todas esas armas, ¿siempre las cargaste?- le interrogó- ¿Planeabas atacarme de la misma forma en una de tus presentaciones?

- Su Majestad- intentó dar un paso hacia él, buscando hablar directamente. Pero los guardias le impidieron el camino- No- tuvo que contestar, mostrando su seriedad- En ningún momento planeé atacar a Su Majestad- se alejó, viendo que nunca la dejarían arrastrarse- Siempre cargué con las armas, pero en este momento estoy desarmada- avisó, mostrando que no traía ningún arma- Ahora, ¿vas a escuchar lo que tengo que decir?

- ¿Qué tienes para decir?- preguntó molesto- Si lo que dicen es cierto, entonces eres una reina espía de Easter, quien acaba de volverse el reino enemigo. No pienso escuchar más palabras que esto. Esto es la guerra, sea la reina o no mi objetivo, conseguiré atraparla- declaró, mirando a Ikuto, mostrándole su convicción

- Si estás tan decidido, entonces tendré que pedirle ayuda al consejo Embryo para proteger a mi amada esposa- fue la respuesta de Ikuto, poniéndose frente a ella. Protegiéndola.

Sin embargo, aquella había sido una declaración bastante importante. Ikuto planeaba pedir la colaboración de Embryo, si es que una guerra se formaba. Embryo, el consejo secreto de los siete reinos, y donde se cuidaban los dos objetos que significaban el poder de los siete reinos unidos. Humpty Lock y Dumpty Key, esos eran los dos objetos más preciados por el consejo. Los representantes- un miembro de la realeza- de dos reinos eran elegidos mediante votos para ser los cuidadores de los objetos y un cuidador podía pedir la ayuda incondicional del consejo cuando quisiera. Ikuto era el cuidador de la Dumpty Key, que se le fue confiada al reino más próspero de los siete, Easter, y como tal, tenía gran influencia en el consejo. El Humpty Lock, estaba bajo el cuidado del representante del reino Amulet.

- ¿A Embryo?- nadie parecía entender de lo que Ikuto hablaba, solo ellos cuatro y Tadase.

Uno podía entender porque Tadase estaba tan nervioso, ya que tendría que enfrentarse a más de un reino si Ikuto pedía ayuda al consejo Embryo.

- N…No importa, no me acobardaré ante aquel que protege a la mujer que atacó a mi esposa- respondió Tadase- Pediré apoyo de Amulet y nuestras fuerzas quedaran iguales.

- Yo no creo que ese sea un buen plan- una nueva voz sonó en el salón y en ese instante Hikaru entraba en la habitación- No creo que el rey de Amulet apoye tu deseo- Tadase lo miró confundido- No desde que tu deseo es capturar a una de sus adoradas hijas- Hikaru sonrió en su dirección.

Ella le sonrió de vuelta, al prometido y futuro esposo de su hermana menor.

- Amu…una princesa- Rima casi no lo podía creer y Tadase estaba sin palabras.

- Así es- dijo ella, tomando la palabra para terminar con esto- Antes de ser Amu Tsukiyomi, era Amu Hinamori, la primogénita del rey de Amulet- tomó aire- No esperaba que dudaran de mi, debido a que mostré mi amistad a ustedes todo este tiempo, y tampoco esperé tener que mostrar mis títulos para que se animaran a creerme. Tadase, Rima, Yaya- miró a Yaya, quien se había quedado callada todo este tiempo- yo no deseo una guerra de Easter contra Seiyo, o de Amulet contra Seiyo. Sólo deseo que me escuchen. La razón por la que mentí acerca de mi linaje o de mi titulo, y porque permanecí aquí en secreto fue por el bien de los siete reinos. Llevamos mucho tiempo investigando esto- señaló a su esposo, su cuñada y su amigo- Acerca de este grupo de personas que pensaba destrozar todas las realezas desde adentro. X tamago- se acercó a uno de los hombres que había atrapado y le quitó el pañuelo que lo identificaba. Se dirigió a Tadase y se lo entregó, a pesar de que Nagihiko y Kairi habían intentado detenerla, con miradas de culpa en sus ojos- Esa es la insignia del club que forman. Su idea era formar un caos matando a todos los herederos a la corona. Y descubrimos que Seiyo era su primer objetivo. Por eso, Kukai y yo entramos de incógnito, como sirvientes del castillo, para vigilar sus posibles movimientos.

- ¿Cómo…cómo se enteraron de sus planes?- Tadase preguntó, mirando absorto el pañuelo que le había dado.

- Mucho tiempo de investigación y tenemos muchos espías en todas partes.

- Entonces, ¿Por qué me envenenaste?

- Yo no fui, fue Nikaidou…

Un gritó resonó en el salón, y ella se volvió a ver a la dama de compañía de Utau, que se encontraba con la espada de Kukai a un centímetro de distancia de su cuello.

- ¡Atrás mujer!- le ordenó Kukai- Intentas atacar a mi esposa de nuevo y me olvido por completo que eres una mujer- le advirtió, el fuego llenando su mirada.

- Guardias, llévensela- ordenó Ikuto y dos guardias de Easter sacaron a la mujer de allí- Los demás, capturen a aquellos que la reina marcó y llévenlos a los calabozos del palacio, permanecerán allí hasta que sean trasladados para ser juzgados.

- ¿Nos permitirás usar tus calabozos, Tadase?- preguntó Utau. El rey primero miró con enojo hacia Utau, pero luego terminó bajando la cabeza, como rindiéndose.

- Está bien, que los utilicen- dijo con resignación.

- Me alegro de que hayas entendido- sonrió hacia Tadase- Ahora podremos hablar tranquilamente.

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Después de toda la escena que las personas de Easter habían formado, la situación se volvió un desastre y Tadase parecía haberse vuelto completamente inútil, ya que no era capaz ni de controlar mínimamente su reacción. Los guardias de Easter, junto con algunos de sus guardias, retiraron y enviaron a los calabozos, a todos aquellos que Amu había marcado. Hubo que calmar a los presentes, y luego de una comprobación, todos aquellos que no tenían nada que ver con el atentado fueron evacuados del castillo.

Ahora, ellos diez se encontraban solos en un salón, listos para discutir sobre esta situación con privacidad y de manera tranquila.

- Así que… ¿nos van a contar acerca de este plan contra la realeza?- preguntó, nerviosa después de todo lo ocurrido. Ver a Utau a punto de ser atacada le trajo malos recuerdos.

- X tamago, una organización formada por miembros de los siete reinos que no se encuentran encajando en ninguna de las sociedades y culpan a la realeza de aquello- relató el rey Ikuto- Simples gusanos cobardes que se creyeron capaces de destruir reinos.

- Su plan era infiltrarse en los castillos y atacar desde adentro- continuó relatando Amu- Como viste, algunos entraron como guardias, otros como vendedores de telas y Nikaidou junto con su esposa entraron como sirvientes en Easter. Fue tan pronto como lo escuché interrogando disimuladamente a uno de tus guardias que supe que era uno de ellos.

- Nuestra partida fue planeada hoy, porque supusimos que atacarían pronto- explicó Utau- Todo fue una trampa, ya que sabríamos que aprovecharían el revuelo de nuestra partida para atacarlos de manera desprevenida. Cuando mi primera dama de compañía, dueña de mi confianza, fue envenenada con la comida de una modo similar a como lo hicieron contigo, Tadase, supe que ellos estaban intentando dejarnos desprotegidos. Mi segunda dama de compañía, era nada más y nada menos que la esposa de Nikaidou.

- Lo que nunca pensamos es que utilizarían a Amu como un chivo expiatorio- concluyó Kukai- Eso hizo que todo se tuviera que desarrollar más rápido de lo planeado.

- Sin contar que su vida corrió un gran peligro- agregó Hikaru.

- ¿Rápido?- preguntó, no entendiendo muy bien a que se refería- ¿Te refieres al hecho de haber revelado los títulos de Amu?

- Eso precisamente, ninguno de los dos quería que su título saliera a la luz. Hace más difícil el pasar como sirvientes si muchas personas reconocen tu rostro y tu titulo.

- ¿Los dos?- preguntó Yaya, hablando por primera vez desde que la acusación sobre Amu había salido a la luz.

- Exacto, el título de Kukai como príncipe- aclaró Utau- Kukai era un noble en su reino y al contraer matrimonio también obtuvo el titulo de príncipe.

Un príncipe, lo que significaba que todos en aquella habitación eran miembros de la realeza, excepto Nagihiko y Kairi. Esto era demasiada presión y mucha información que manejar. Y todo se volvía más difícil desde que Tadase seguía mirando fijamente la mesa sin decir nada. Y Yaya sólo se quedaba callada mirando a todos, por una vez entendiendo la seriedad de la situación. Sintió un tacto cálido en su hombro y vio la mano de Nagihiko allí, haciéndole una presión ligera, infundiéndole fuerzas.

- ¿Y que hay del ataque del que fui victima?- continuó interrogando.

- Eso de seguro tuvo que ver con el interrogatorio de Nikaidou a uno de los guardias, ya que eso sucedió días antes del ataque- le contestó Amu.

- Sigo sin entender como se enteraron de sus planes, o de que nosotros éramos el primer objetivo- miró a los cinco invitados, pensando en como podían saber todas esas cosas que ella ignoraba completamente.

- Son desorganizados y planeaban todo mientras se juntaban a beber en su club. Conseguí infiltrarme como una cantante allí y pude escuchar de todos sus planes- relató Utau.

- ¿Utau-chi sola? ¡Eso es impresionante!- al parecer Yaya había encontrado el valor para ser quien era usualmente. Por una vez agradeció su actitud infantil, que quitó tensión al ambiente y un poco de peso sobre sus hombros.

- No estaba sola, Ikuto me acompañaba. Tal y como Kukai acompañaba a Amu.

- ¿Y que hay de la presencia de Ichinomiya aquí? ¿Y su presencia durante el baile? ¿Acaso también tu reino también esta involucrado en esta cruzada?- interrogó al futuro príncipe.

- Mi reino es Easter, el único reino involucrado en este deseo de detener a esta organización de manera discreta- contestó, sonriendo- Pero no vine aquí en ningún momento como algún espía o algo parecido. Vine aquí en una misión diplomática simple, como representante de Amulet. Y lo hice desde que ninguno de los miembros de la realeza podía aparecer debido a que eso revelaría el origen de la reina de incógnito aquí.

- Entonces Amulet no tiene nada que ver en esta situación.

- La única intervención de Amulet es la que pueda provocar la princesa. Yo vine hoy como apoyo en caso de que necesitaran ayuda diplomática y para vigilar que nada le pasara a la hermana de mi prometida, nada más- se levantó- Y como mi tarea aquí está terminada, me retiro- avisó, caminando hacia la puerta- Amu- dijo antes de irse- Tu padre me ordenó preguntar si el "objeto" está seguro, aunque no me dijo que objeto era.

- Dile que está seguro- le respondió Amu, despidiéndolo- Salúdame a todos en casa.

Él asintió y se retiró, dejando el salón en un silencio. Ella apoyó el mentón sobre sus manos unidas, pensando en todo lo que le habían contado. Un intento de ataque a la corona, que por intervención de Easter no se había realizado. Dos miembros de la realeza que se habían infiltrado como sirvientes, tendría que controlar el proceso de selección a partir de ahora, no podía permitirse fallas como esa de nuevo. Pensó también en aquellos delincuentes que ahora se encontraban en los calabozos del castillo, en el juicio que tendría que aplicárseles.

Esas eran demasiadas cosas en que pensar, ella necesitaba descansar.

- En vista a lo ocurrido, no queda más que creerles, a pesar de que resulta una historia increíble- declaró, levantándose- Si me disculpan, necesito tomar algo de aire- se retiró, Nagihiko siguiéndole los pasos.

Ella se volteó a verlo y él le sonrió, como esperando a su orden.

- No lo hagas- le dijo, él la miró confundido- No me sigas. Ahora que el príncipe Kukai- como le costaba llamarlo príncipe desde que siempre le había dicho Jack- se va a ir a Easter junto a su esposa, el puesto del primer Jack es tuyo y es tu deber estar junto a Tadase.

- Su Majestad…

- Haz como te digo, no desperdicies tu vida por algo tan insignificante como elegir a quien cuidar. Te aseguro que Tadase es mucho más fácil de manejar que yo.

- Para mi importa, porque yo deseo proteger a mi reina y a nadie más- respondió él.

Ella se paró en su camino, pero no se volvió a verlo, temerosa de lo que pudiera encontrarse. Su corazón se encontraba batallando con su pecho que le impedía salir y mariposas parecían haber comenzando a vivir en su estomago, revoloteando locamente. Volvió a preguntarse si había enfermado, y si talvez él la enfermaba, ya que cada cosa que hacía él, provocaba un síntoma extraño en ella.

- Vuelve con el rey, la reina "perfecta"- marcó las comillas en el aire- va a dar un paseo por los jardines, como le enseñaron a hacer.

Se alejó rápido y se escondió en los jardines. Tenía que calmar su mente, todos estos hechos y toda la nueva información que traían, la tenían exhausta. Pero había una información en particular que perduraba en su mente. La unión entre la Joker, es decir la reina, y el rey Ikuto, junto con la del Jack, o príncipe, a la princesa Utau.

Ella no entendía como es que podían estar casados y pretender ser otra cosa. Pero lo que menos entendía es como ni siquiera fingiendo ser otras personas, ninguno le había sido infiel a su pareja. A los que ella más había visto, por así decirlo, habían sido al Jack y la Joker. Y el único momento que había visto interés en sus ojos, había sido el momento que el rey y la princesa aparecieron. No sólo estaban juntos, y tenían un titulo importante, sino que también amaban de verdad a la persona que estaba junto a ellos. A quien más envidiaba, era Hinamori Amu. ¿Qué había de diferente entre ellas? Ambas eran de familias nobles, sólo que el linaje de Amu era algo más poderoso, pero sus historias eran casi las mismas. Jóvenes educadas, de buena cuna y ambas esposas de reyes. Entonces, ¿Por qué Amu estaba junto a la persona que amaba y que la amaba a ella también? ¿Por qué ella estaba casada a la excusa que había encontrado para no tener que ver a su padre y su mujer? ¿Por qué Amu tenía una historia feliz y ella no?

"…logrará conocer a aquella persona que la haga sentir como si estuviera rodeada de magia"

¿Y donde se suponía que estaba esa persona? Una lágrima bajó por su mejilla, mostrando la tristeza de su corazón.

- Si esa persona existe, que aparezca en ese instante- dijo, mientras se limpiaba la lágrima de manera brusca.

- Su Majestad…

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- Rima-tan- Yaya miró con preocupación a donde su prima se había ido.

- No te preocupes, Nagihiko fue con ella, estoy segura que estará bien- le dijo Amu, con una sonrisa.

- Sin lugar a dudas- dijo el rey Ikuto, de una manera que sonaba a burla. Amu le dio un codazo en el pecho.

- Ikuto, compórtate- le retó.

Ella miró la sonrisa que él le dirigió a su amiga, una sonrisa que provocó un sonrojo por parte de Amu, pero a ella le dio escalofríos. ¿Es que el rey no sabía sonreír bien? Una sonrisa no debía ser burlona, o tener un significado, una sonrisa mostraba la felicidad que uno siente dentro, así de simple. Compadeció a Amu por haberse casado con alguien así.

- Amu-chi, tu esposo me asusta- declaró con sinceridad, obteniendo las risas de Utau y Kukai.

Amu también se rió un poco, y el rey la miró de manera seria. Ella dio un paso atrás y chocó contra Kairi, quien al parecer se había acercado a ella sin que se diera cuenta.

- Si, supongo que él puede ser algo aterrador, aunque yo nunca lo haya visto de esa forma- admitió Amu- pero…

- Eso es porque eres la única con la que no actúa así- respondió Kukai- Créeme, yo crecí junto a él y te aseguro que hay momentos en los que da miedo- el rey le dio a Kukai la misma mirada que a ella, pero él se rió.

- Como decía, él puede ser aterrador, pero no es así todo el tiempo y no es molesto la mayoría del tiempo.

- De nuevo, sólo a ti te trata de esa forma- se burló Utau.

- Ustedes dos, ¿Por qué no tenemos una charla afuera?- dijo Ikuto mirando a Utau y Kukai.

Se los llevó fuera de la habitación, dejándolos solos a ellos tres, ya que Tadase se había ido hace un momento.

- Amu-chi, ¿aún puedo llamarte Amu-chi?- preguntó, recordando que Amu era una reina ahora, mucho más importante que ella.

- Por supuesto- Amu le sonrió- Eres mi amiga y una muy querida- ella se emocionó ante esas palabras y abrazó a Amu.

- Te quiero mucho, Amu-chi- dijo con alegría.

- Yo también, Yaya. Te voy a extrañar cuando vuelva a Easter.

- ¿Tienes que volver? ¿No puedes quedarte?

- Tengo que volver, soy la reina y tengo obligaciones- ella bajó la cabeza, entendiendo a que se refería.

Una reina tenía obligaciones que cumplir, era distinto a ella, que no tenía nada que hacer.

- ¿Sabes? Si quieres puedes venir con nosotros a Easter, no nos molestaría tenerte de invitada- sugirió Amu.

- ¿En serio? ¿Puedes decidir eso? ¿Puedo ir con ustedes?

- Por supuesto, soy la reina- sonrió- Y si eso no basta, golpearé a Ikuto hasta que él lo ordene- agregó mientras reía de su infantil idea.

- ¡Eres genial, Amu-chi! Por supuesto que iré, estar con Amu-chi y Kukai, ¡será muy divertido!

- Está bien, ve a preparar tus cosas, que partimos mañana.

Ella abrazó una vez más a Amu, agradeciéndole y salió de la habitación con una sonrisa, corriendo a preparar las cosas para su partida.

Estaba guardando sus cosas alegremente cuando Kairi entró en su recámara.

- ¿Realmente planea ir a Easter?- preguntó, mirando sus cosas guardadas.

- Si, será muy divertido- respondió alegre- Estar con Amu-chi, y Nade-tan también vendrá. ¡Nos divertiremos todos!

- Entonces supongo que es el adiós- dijo Kairi de manera seria, haciendo que parara de hacer lo que estaba haciendo.

- ¿Qué?- preguntó en incredulidad- ¿Cómo que adiós? ¿Por qué te despides?

- Si usted se va a Easter, ya no podremos vernos.

- P…pero, tu eres mi Jack personal, debes cuidar de mi a donde sea que yo vaya.

- Ya no más. Como Su Alteza Sohma se retira a Easter, el puesto del Jack del rey queda vacante. Como el siguiente en la lista es Fujisaki, él tomará el lugar y yo pasaré a tomar su lugar como Jack de la reina.

- ¿Y yo?

- Un nuevo jack será asignado y será él quien la acompañe a Easter. Como usted parte mañana, este es el momento de decirnos adiós- se inclinó ante ella- Adiós, Su Excelencia, fue un honor el haberle servido. Le deseo mucha suerte en su viaje y en su nueva vida en Easter.

- Kairi…yo

Él se levantó y ella se calló, paralizada ante lo que veía. Una sonrisa, una sonrisa feliz y sincera de las que ella prefería. Kairi le estaba sonriendo, como hace tantos años lo había hecho. Su corazón le dolió al ver eso, sabiendo de que él le sonreía sabiendo que aquello era una despedida.

- Adiós- dijo una vez más y se fue.

- ¿Adiós?- susurró, mientras miraba la puerta por la que él se había ido.

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Miraba su mano, pensando en la marca que había dejado en su rostro.

- Su Majestad…- Nagihiko aparecía, exactamente luego de que ella había hecho aquella petición al cielo.

Miró enojada en su dirección, sabiendo que él tenía la culpa de todo. Se levantó y se acercó a él. Nagihiko intentó decirle algo pero ello lo calló de una cachetada.

- ¡Es todo tu culpa! ¡Siempre apareces en el tiempo incorrecto!- le dijo con enojo- ¿Dónde estabas? ¿Dónde estabas cuando yo tenía catorce años y me hicieron aquella promesa?- sintió las lágrimas bajar por sus mejillas- ¿Dónde estabas cuando conocí a Tadase? ¿Dónde estaba cuando cometí la estupidez de aceptar casarme con él?- la tristeza la invadió sabiendo que no había sido una coincidencia que él apareciera en ese momento- ¡¿Dónde estabas cuando aún tenía oportunidad de enamorarme de ti y ser feliz?!- le reclamó- Ahora ya es tarde, estoy casada y tú eres mi sirviente, no importa si te amo o no, no hay nada que cambie esa realidad.

Lo miró una última vez, dejando que él viera su rostro desamparado y que reconociera en sus ojos que ella se había enamorado. Le había dicho que estaba atento a cada detalle de ella ¿no? Entonces, no le costaría nada darse cuenta de lo que ella sentía. Porque ella no pensaba decirlo, no haría algo que sólo la dañaría más. Podía estar enamorada de Nagihiko, pero aún le quedaba un poco de amor por ella misma.

- No me sigas- le ordenó, antes de irse de allí.

Había usado toda su fuerza en esa cachetada, al menos algo roja le había quedado la cara. Pero saber eso no le hacía ningún bien.

- Rima- la voz de Tadase la sacó de sus reflexiones. Se volvió a verlo parado allí, en la puerta de su recámara- Hay algo de lo que quiero hablar contigo.

- ¿De qué…?- intentó preguntar, pero él la interrumpió.

- Sé que no es lo más apropiado considerando nuestros puestos, pero creo que deberíamos separarnos- ella nunca se habría esperado eso- Tranquila, que sé la manera en que todo esto terminará bien- le aseguró con una sonrisa.

Cerró la puerta y le explicó sus planes, planes a los que estuvo de acuerdo. Ella también lo prefería de esa forma.

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Básicamente, aquí termina todo el embrollo con la realeza, el castillo y todo lo demás. Todo eso quedó aclarado, o eso es lo que trato de convencerme u.u, y ahora llega el momento de la partida.

Aún falta parte del capítulo. Si hubo algo hasta aquí que no les gustó, espero que lo que siga les quite un poco el disgusto.


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- Increíble que sea la hora de irse- exclamó Amu, con una sonrisa, sentada al lado de su marido- Pasamos tan buenos momentos aquí ¿verdad Kukai?

- Si, tienes razón- contestó Kukai con su típica sonrisa. Utau sonriendo junto a él.

Ella sonrió discretamente mientras los veía. Ella lo había dicho, los héroes eran los que se quedaban con las princesas y Kukai era el héroe que se había quedado con Utau. Le parecía que se veían muy bien juntos. Aunque por el otro lado…

- Por suerte volvemos a Easter, donde pasas buenos momentos conmigo- declaró Ikuto, tomando la mano de Amu, como escondiéndola de Kukai.

El rey era demasiado posesivo con Amu, eso es lo que ella pensaba. Suponía que tendría que convivir un tiempo con él para llegar a tenerle el cariño que los demás le tenían. Un cariño que era obvio, desde que Utau y Kukai solo se reían ante la actitud celosa del rey Ikuto.

Ella miró por la ventana, viendo como unas sirvientas se acercaban a despedirlos, y como entre ellas llegaba Nadeshiko, quien era la que faltaba subir para que partieran a Easter.

- Nade-tan ya vino- le avisó a Amu.

- Que bien, me alegro. No sé que la demoró tanto, pero por suerte terminó, hay un largo viaje hasta Easter.

Largo viaje ¿eh? Eso sólo significaba que iba a ser difícil volver a Seiyo si ella así lo quería. Suspiró, no debía preocuparse por eso, ella no tenía planes inmediatos de volver, así que la distancia no era un problema.

- Ah, perdón por la demora- se disculpó Nadeshiko- Estaba teniendo problemas con traer esta maleta, Yaya- la miró- ¿me ayudas a subirla?

- Deja, ya lo hago yo- se ofreció Kukai.

- No- le ordenó Nadeshiko- Quiero que Yaya me ayude- agregó.

Ella la miró confundida, pero se encogió de hombros y se bajó del carruaje a ayudarla.

- ¿Cuál es tu maleta?- le preguntó.

- Esa- le señaló la maleta.

Ella se agachó a recogerla, pero se paralizó al notar lo que había sobre esta. Se volvió a ver a Nadeshiko, quien sólo le sonreía. Con cuidado, tomó esas dos telas de sobre la maleta y confirmó que eran lo que ella pensaba que eran.

La capa de Jack de Kairi, y la capa que ella se había mandado a hacer cuando era pequeña, imitando la capa que Kairi llevaba. Había tenido doce años en ese tiempo, y no sólo admiraba a Kairi, sino que también era en quien ella más confiaba. Ella había pedido esa capa no sólo para lucirla orgullosa ante todos, mostrando quien era su héroe, sino también para que las personas vieran que ella le pertenecía a Kairi y que Kairi le pertenecía a ella. Él era su Jack y ella era la protegida de él, siempre estarían juntos. Kairi se lo había prometido y ella creía en su promesa.

- Na…Nadeshiko- la llamó, el dolor que estaba sintiendo en su corazón impidiéndole llamarla cariñosamente- ¿Dónde conseguiste esto? ¿Cómo sabías siquiera de su existencia?

- Una de tus antiguas institutrices la conservó cuando dejaste de usarla y luego llegó a mis manos gracias a las criadas. Me la quedé y cuide por si acaso un día la quisieras ver- ella colocó una mano en su hombro- Y la capa de Kairi la obtuve cuando le pregunté que es lo que le gustaría darte como recuerdo ahora que te vas. La capa es lo que quiere que tú tengas.

La capa de Kairi, la que le dieron cuando fue asignado como su Jack. Eso es lo que quería que ella se quedara. ¿O simplemente no le importaba la capa ahora que conseguiría una nueva al ser el Jack de Rima? Su corazón le dolió un poco más, pero aún así abrazó con fuerza aquellas telas que tenía en sus manos, queriendo obtener algo de alegría de ellas.

- Yaya- la llamó Nadeshiko- Yaya mira hacia arriba.

Sin voluntad, miró hacia arriba y se encontró con un rostro conocido. Algo la dominó y corrió dentro del castillo, dispuesta a encontrarlo. Corrió con todas sus fuerzas, sin importarle las escaleras y otras cosas que había en su camino. Cuando llegó a donde se encontraba su objetivo, estaba sin aire.

- Su Majestad el rey se enojará si no vuelves pronto- dijo él, con su tono de voz habitual.

- No me importa- dijo mientras trataba de recuperar aire- Vine aquí porque obviamente hay algo que tengo que hacer antes de irme.

- ¿Y eso sería?- se acercó y colocó la capa sobre él, de manera algo brusca.

Se colocó su capa sobre sus hombros, con cuidado de no ajustarla, con temor a romperla debido a los años.

- Jack, Kairi Sanjou. ¿Jura proteger lealmente a Su Excelencia, Yaya Yuiki?- repitió las palabras que había escuchado pronunciar a Tadase aquella tarde hace muchos años.

- Su Excelencia…- Kairi intentó hablar, pero ella lo interrumpió.

- Esa no fue tu respuesta en ese tiempo- sus manos se volvieron puños- Inmediatamente, y sin duda alguna, prometiste cuidar de mi- tomó aire- Aún así, seguía teniendo miedo- confesó- Fue aquella noche de tormenta…

Fuera del castillo, una gran tormenta eléctrica daba muestras de su gran poder, mientras que dentro del castillo, en la recámara del As, una pequeña de doce años temblaba bajo las sábanas, aterrorizada hasta el alma de los truenos que sonaban afuera de su recámara. Ella usualmente no les tenía miedo, pero por primera vez desde que había nacido, se encontraba sin la compañía de sus padres. Había venido a este lugar, siguiendo a su prima mayor, de la que siempre había sentido adoración y emocionada con la idea de vivir en un castillo como los de sus cuentos, donde podría encontrar las aventuras de las que había escuchado. Sin embargo, ahora que se encontraba sola, sin su mamá o papá que la abracen, y con su prima demasiado lejos como para que ella pudiera llegar a su recámara sin largarse a llorar en el camino, pensaba que no había sido una idea tan buena como había pensado.

Estuvo un buen tiempo así, hasta que sintió que su puerta se abría. Cosa que la asustó aún más, pensando que la única cosa que estaría despierta a esa hora de la noche sería un fantasma o un monstruo.

- Su Excelencia- aquella voz conocida le quitó algo de miedo al saber que no se trataba de algo que la iba a atacar, pero no le quitaba el miedo a los truenos y esa cosa parecida al miedo que le producía esa persona- Su Excelencia, ¿se encuentra bien?

- Tengo miedo- le respondió, tapándose aún más con las sábanas.

- ¿Le tiene miedo a los truenos?- preguntó.

En ese momento, un trueno más fuerte que los otros sonó muy cerca de su recámara y ella saltó del susto, destapándose momentáneamente pero pronto volviéndose a cubrir de pies a cabeza.

No necesitó responderle nada a su protector, no con esa demostración de su miedo.

- ¿Qué haría que Su Excelencia dejara de tener miedo?

- Mamá y Papá- contestó en voz baja- Si mamá y papá estuvieran conmigo yo no tendría miedo.

- Me temo que eso no es posible.

- Si mamá y papá estuvieran aquí, Yaya no tendría miedo. Mamá y Papá abrazarían a Yaya, diciéndole que todo está bien y Yaya dejaría de tener miedo. ¡Yaya estaría bien si mamá y papá estuvieran aquí!- le contestó enojada

Ella sabía que su mamá y su papá no estaban allí. Pero ella tenía miedo y ella sabía que esa era la única forma de que dejara de tener miedo. No es que esperara que eso se cumpla.

El Jack que Tadase le había puesto no dijo nada y ella no se atrevía a sacar la cabeza para ver si él seguía allí o se había ido. Le daban miedo los truenos y él, no había forma de que le hiciera frente a los dos al mismo tiempo. Aparte, ella le había casi gritado, así que de seguro él estaba enojado y lo mejor era no hacer nada más.

De repente, sintió como las sábanas eran retiradas de sobre ella y peleó contra lo que sea que quería quitarle su único escudo contra los truenos. Le quitaron la última sábana y ella estuvo a punto de llorar, pero paró al sentir como era abrazada. No lo pensó mucho y se abrazó a ese cuerpo que le ofrecía calidez y seguridad, lo que más necesitaba ella en esos momentos.

- Sé que no soy ni tu madre ni tu padre- sintió a Kairi decirle en voz baja- pero juré protegerte y lo decía en serio. Yo voy a protegerte de quien sea y de lo que sea, lo prometo- ella apretó más su abrazo, sintiendo como su miedo hacia él se disipaba.

- ¿Me lo prometes?- preguntó, queriendo asegurarse que lo decía en serio.

- Por supuesto- él aflojó un poco el agarre, a lo que ella se intentó quejar, pero se dio cuenta que sólo con que Kairi le sostuviera la mano, ella podía ignorar su miedo a los truenos que había fuera- Te lo prometo aquí y ahora. Siempre estaré a tu lado, no importa lo que pase, y te protegeré con mi propia vida si es necesario. Es una promesa, Yaya-chan- terminó de decir, sonriéndole por primera vez desde que se habían visto. Una sonrisa que la hacía sentir cálida por dentro.

Fueron aquellas palabras y la sonrisa que Kairi le dio, que eliminó por completo su miedo a los truenos, o a cualquier otra cosa. Ella había dejado de tener miedo, a ella no le preocupaba nada, ella tenía a Kairi a su lado, y si Kairi estaba a su lado, ella estaba segura de que estaría bien.

Con esa seguridad, ella permaneció junto a Kairi por un tiempo más, sin percatarse cuando se quedó dormida. A la mañana siguiente, cuando se despertó, lo hizo igual que siempre, con un hermoso día afuera y con todos actuando como si nada hubiera pasado. Kairi no había vuelto a llamarla Yaya-chan, lo que la hacía pensar que lo había soñado todo.

Pero entonces, cuando ella tomó la mano de Kairi y esa familiar sensación de seguridad la invadió, supo que no lo había soñado. Había pasado, Kairi le había hecho aquella promesa, de la que ella no se había olvidado y sabía que él tampoco. Ella ya no tenía porque sentir miedo.

- Fue aquella noche de tormenta en la que dejé de tener miedo- le relató a Kairi- Porque creí en tu promesa. Pero- parpadeó, luchando con las lágrimas en los ojos- Tú pareces haberla olvidado, ya que no tienes ningún problema en que no estemos juntos. ¡Tu lo habías prometido! Que estarías siempre junto a mí…

- Yaya- ella paró de respirar cuando él la llamó por su nombre- Tú quieres ir a Easter, deberías ir. Me gustaría acompañarte pero tengo un puesto aquí que debo cumplir.

- ¿Todo es por el puesto? ¿Sólo eso te interesa?

- No lo hagas sonar tan mal, después de todo si no fuera por mi puesto nunca nos habríamos hecho amigos- se acercó a ella y la abrazó- Prometí acompañarte para siempre, pero también me prometí a mi mismo que me alejaría de ti si era lo mejor para ti- dijo en su oído- Creciste Yaya, y eres toda una mujer, que no necesita de mi para nada. Ambos sabemos que permanecimos juntos por un capricho, no porque tú me necesitaras.

- Yo te necesito, en serio te necesito. Yo soy infantil y causo problemas, no puedo estar sola- insistió, abrazándolo con más fuerza- Yo…yo simplemente no quiero ser mayor, ya que Kairi se irá si crezco- confesó en voz baja.

- Yo no me iré- le dijo de manera reconfortante- Es Yaya la que extenderá las alas y saldrá hacia el mundo, ya que es toda una mujer- la tomó de la mano.

- ¿A dónde me llevas?- preguntó, mientras él la arrastraba a través del castillo.

- Estoy a punto de ver, lleno de orgullo, como estás creciendo- le contestó.

La llevó y la dejó frente al carruaje, donde todos estaban esperando. Ella se quedó viendo, mientras él se arrodillaba frente a ella, despidiéndola.

- Hasta siempre, Su Excelencia- fueron sus palabras de despedida.

Sintió como algo estrujó su corazón, pero hizo su mejor esfuerzo para sonreír y despedirse de todos, antes de subir al carruaje. Sólo para notar como todos dentro del carruaje la miraban de forma curiosa, cómo si nunca antes la hubieran visto. Antes de que cerrar la puerta, observó a todos allí. A Kukai y Utau, que estaban sentados uno al lado del otro, tomados de la mano. A Amu e Ikuto, sentados frente a los otros, con Ikuto con uno de sus brazos detrás de Amu y con el otro acariciaba el vientre donde estaba el bebe. Y por último, a Nadeshiko, quien sonreía como siempre. Ella frunció el ceño, repentinamente enojada.

- Me están tomando por tonta- dijo de repente- Les demostraré que no es así.

Se bajó del carruaje y se dirigió a Kairi, tomándole la mano cuando llegó junto a él.

- Adiós y buen viaje- les deseó a los demás, sonriendo sinceramente- Yo me quedaré aquí en Seiyo junto a mi Jack- declaró, completamente feliz.

Una ligera risa salió de ella cuando todos se sorprendieron ante sus acciones y como Kairi se tensaba en su lugar. Nadeshiko se bajó del carruaje y Amu apareció por la puerta, lo demás apareciendo por las ventanas.

- Si eso es lo que deseas, entonces es momento del adiós- se despidió Amu- Nos vemos luego, Yaya- los demás también se despidieron de ellos- No te olvides de visitarme cuando mi bebe nazca- dijo antes de que la puerta se cerrara y el carruaje partiera.

- Por supuesto que lo haré. ¡Adiós!- le contestó, mientras veía el carruaje partir.

Cuando estuvieron fuera de la vista, Kairi recién se atrevió a hablar.

- ¿Por qué decidió quedarse?- le preguntó, evitando mirarla.

- ¿Por qué?- ella lo miró confundida ante su pregunta- Pues, me quedé porque quería ser fiel a mi misma- le contestó inocentemente.

- ¿A qué se refiere? No la entiendo.

- A ser yo misma. Todos saben como soy ¿verdad?- dijo, hablándole a los sirvientes- ¿Qué es lo que me caracteriza?- les preguntó.

Distintas respuestas vinieron. "Su Excelencia es alegre" "Su Excelencia es bondadosa" "Su excelencia es optimista" entre otras. Sin embargo, lo más común, y lo más importante para ella, era…

- Su Excelencia siempre está acompañada de Sanjou-san.

- ¿Lo ves?- le preguntó a Kairi- Yo no puedo ser yo, si tú no estas junto a mi. Por eso me quedé. Para estar junto a Kairi y poder ser Yaya, la verdadera Yaya.

No se equivocaba, había visto el rojo en la cara de Kairi cuando ella dijo aquello, y su corazón se aceleró ante esa imagen, pero decidió calmarse debido a la cantidad de personas que aún los observaban.

Fue días después, luego de la proclamación de Kairi como Jack de Tadase- ya que Nagihiko se había ido como cuidador de Rima a la villa donde ella estaba haciendo reposo- y mientras él la acompañaba en su merienda, fue que ella habló de su otra razón.

- También hubo otra razón para quedarme- confesó, mientras miraba la taza de té en sus manos, con vergüenza- Yo me quedé porque…- como le costaba el ser tan inexperta en cosas como el romance, sentía que se iba a desmayar si decía las palabras que quería decir- Porque…- al final decidió levantarse, dirigirse a Kairi y actuar para mostrar lo que ella quería decir.

Mientras sentía que su cara hervía como una tetera, se animó a besar a Kairi y así mostrarle a Kairi lo que ella se refería. Cuando sentía que no podía más, se alejó y se volvió a sentar, ocultando su rostro rojo detrás de la taza.

- ¿Por qué fue eso?- le preguntó Kairi, tocándose la mejilla donde lo había besado.

- Q…Quien sabe- contestó, aún con la cara roja y negándose a volver hablar del tema.

Tomó un poco de té mientras suspiraba interiormente. No importaba que ella haya decidido quedarse, al parecer cualquier romance entre ella y Kairi aún estaba a muchos años de distancia.

Sin embargo, sonrió, con sólo saber que algún día podría ser capaz de decir lo que siente de forma directa, la hacía esperar con ansias al futuro.

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- Allá van dos parejas felices- le comentó su acompañante, mientras veían partir el carruaje de la realeza de Easter.

Ella asintió, dándole la razón. Aunque simple, era una manera correcta de referirse a esas cuatro personas. Parejas felices, personas que se aman. Lo que todos desean y pocos consiguen. Amu junto a Ikuto y Utau junto a Kukai. Esos miembros de la realeza que había conocido y recientemente había descubierto que eran los poseedores de lo que ella deseaba secretamente.

- Ojalá el niño arruine su relación- dijo, fingiendo enojo. Mirando por la ventana del carruaje en donde se encontraba- Y que pronto los otros dos también tengan hijos que echen a perder su relación- agregó, para hacer más convincente su acto.

- ¿Ese es tu verdadero deseo?- ella asintió- ¿Y que hay de ellos?- señaló hacia la entrada del castillo. Sólo se podían ver las sombras de Yaya y Kairi- ¿También les deseas lo mismo?

- Por supuesto que no- él sonrió.

- En el fondo, la quieres mucho.

- No, no es cierto- replicó- Lo digo, porque sé que eso terminará mucho antes de empezar. No necesitarán de un hijo para que su relación se arruine. Ella, gracias a mi, pertenece a la realeza y él es un sirviente, no hay posibilidad de que algo suceda.

Una mano cálida se colocó sobre la suya, apretándola suavemente, brindando comprensión. Ella se permitió disfrutar de esa sensación por unos segundos y luego hizo lo correcto, apartar esa mano de manera brusca.

- Tal vez ellos tienen suerte. Yo creo en el poder del amor, si Amu y los demás pudieron hacerlo, ¿Por qué no podrían otros?

- Porque la vida no es un cuento de hadas, por eso- él suspiró.

- Entiendo eso. Años atrás, no me hubiera visto a mi mismo como un Jack, pero aquí estoy, siendo el mejor que hay- sonrió- Pero, eso también es una prueba del poder del amor.

- O de la estupidez humana- agregó. Él se rió.

Un momento de silencio siguió. Incluso el exterior estaba tranquilo, al parecer toda la caravana de Easter se había retirado. Cerrando los ojos, supo lo que eso significaba. Su acompañante se movió y cubrió las ventanas del carruaje.

- Es tiempo de partir- comentó con seriedad, ella sólo asintió.

El carruaje comenzó a moverse y ella aún no habría los ojos, no queriendo ver lo que dejaba atrás. Sólo se quedó sentada, callada, y con los ojos cerrados. Se rió mentalmente mientras pensaba que debía parecer "de salud frágil" en ese momento, siendo esa la excusa que Tadase utilizaría para explicar su ausencia. Vagamente, se preguntó que mentira diría cuando su tiempo fuera se alargara.

Porque ambos lo sabían, ella no iba a volver.

Más tiempo pasó y ella siguió tranquila, pensando detalladamente todo. No queriendo pensar en la persona que la acompañaba, o la razón de su presencia junto a ella. Habían demasiadas otras cosas más que pensar, talvez no más importante, pero si menos problemáticas que aquellos interrogantes en su corazón.

- Su Majestad, ¿Por qué está llorando?

Ella se quedó confundida por unos instantes, sin entender bien su pregunta. Entonces, cuando tocó sus mejillas con su mano, descubrió aquel líquido salado que caía por ellas. Increíblemente, ella estaba llorando y no era para nada consciente de aquello. Cuan inusual.

- Los voy a extrañar. El movimiento a mi alrededor no será el mismo- se escuchó decir, de nuevo actuando sin ser consciente de ello- Realmente extrañaré a Yaya, es la única que me daba tanto cariño. Ella era la compañía que hacía que ese lugar no fuera igual de molesto que la residencia de mi padre- bajó la cabeza- No quiero estar sola, pero no quiero seguir allí. No puedo, simplemente no puedo ni fingir que amo a Tadase

- Su Majestad…

- Deja de llamarme así- le cortó- Ya no soy más la reina, ya no cargo con ese pesado título- tomó aire, mientras algo se liberaba dentro de ella al decir aquellas palabras.

Pero ella sabía que no eran del todo ciertas. Por más que ella así lo deseara, ella no podía dejar de ser la reina. Siempre lo sería, era algo que aceptó cuando se unió a Tadase, la carga que tomaba a cambio de estar lejos de aquel hombre que había olvidado la magia que compartía junto a su madre.

- Rima…- la preocupación era palpable en su voz- No llores Rima, sonríe.

- Eso es imposible para mi…

- Entonces, es mí deber hacer algo- declaró con firmeza.

- Ya te dije que ya no soy…- colocó un dedo sobre sus labios, callándola.

- Es mi deseo el hacer algo, porque lo que yo más quiero es verte sonreír Rima. ¿Es que nunca lo vas a aceptar? ¿Nunca me vas a permitir que exprese estos sentimientos?- preguntó, colocando una mano sobre su corazón.

- No- respondió- Es demasiado tarde, y no te hará ningún bien que esos sentimientos se digan. Sólo serás castigado por ello.

Él le sonrió, pero casi no había felicidad en esa sonrisa.

- Entiendo, te agradezco que te preocupes así por mí.

Se movió, hizo que ella se parara y se arrodilló frente a ella.

- Por ese gran acto de bondad, prometo ofrecerle mi vida. No repetiré estos sentimientos que la molestan, pero tiene mi palabra que nunca la dejaré sola o desprotegida. Yo me encargaré de cuidarla, acompañarla y entretenerla, así no sufra mientras se encuentre fuera del reino. Más allá de mi juramento como Jack, juro protegerla como hombre- se levantó y le sonrió- Te protegeré como te mereces, como el tesoro que eres para mí- agregó, besando su mano con delicadeza.

Ella no dijo nada, sólo mirando la mano que él había besado y sintiendo como la calidez de su toque comenzaba a expandirse a través de su cuerpo. Sintió como más lágrimas bajaban por sus mejillas, pero las dejó salir, aquellas lágrimas llenas de la alegría que inundaba su corazón en esos momentos.

Con timidez, y su corazón latiendo fuerte debido a la anticipación, acercó sus manos a las de él. Dudó por un segundo, quedando a una pequeña distancia de esas manos, pero luego de tomar aire, reunió el valor necesario y juntó sus manos, entrelazando sus dedos.

- M…Más te vale que no rompas tu promesa- contestó, asegurándose de que su cubierta no fuera expuesta.

Él le sonrió, sabiendo que era lo que ella quería decir en verdad. Se acercó y besó su frente, lo que hizo que ella perdiera la fuerza en sus piernas. Se sentó rápidamente, sorprendiéndolo y dejándolo paralizado por unos momentos. Entonces, sólo le sonrió dulcemente junto a ella, volviendo a ubicarse como estaban antes de que este viaje comenzara, y con la única diferencia de que sus manos ahora estaban unidas.

Quedarse así junto a él, sus manos siempre unidas, era lo único que necesitaba para ser feliz. Sonrió, ahora, en su peor momento, era más feliz que nunca. Que poderoso que era el amor.

- Y sólo para que lo sepas, no me molestan estos sentimientos- agregó, corriendo las cortinas y mirando hacia fuera, evitando su rostro, con temor a que viera el rojo en su cara.

- Me alegra oírlo- fue la respuesta suave que obtuvo.

El deber de un Jack era permanecer junto a la persona a su cuidado siempre, protegerla hasta el fin de sus días. Eso no era algo que sucediera siempre, pero su Jack era uno de los más responsables y honestos de los que había. Y no había momento que no se alegrara de que sea así.

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- Yaya…- sintió a Utau decir, sentada frente a ella.

- ¿Qué pasa con ella?

- Ella realmente maduró ¿verdad?- preguntó, riéndose ligeramente.

- Yaya siempre fue muy madura, aquí el dilema era que Kairi se percatara de las cosas. Es bastante despistado para las cosas del amor- le contestó, con una sonrisa.

- No eres la persona correcta para llamar a otra persona una despistada del amor- replicó Utau, con una sonrisa.

- Vamos, no soy tan despistada- se defendió, con la cara roja.

- ¿Ah, no? ¿Quién fue la persona que aceptó casarse y se emocionó con la boda sólo para darse cuenta de que amaba a su futuro marido cinco minutos antes de dirigirse al altar?

- No fue tan así- murmuró, sabiendo que debía ser un tomate.

- ¿Estas segura?- ella se encogió, Utau se rió- Está bien, lo dejaré por ahora- suspiró- También entiendo la confusión de saber que estás enamorada, sin saber como o porque y sin una obvia razón de porque te enamoraste de esa persona.

Ella asintió, entendiendo que era lo que Utau quería expresar.

- ¿Crees que es posible enamorarse de otra persona aunque ya estás enamorada?- preguntó Utau, con un color rojo en el rostro.

- ¿Por qué lo preguntas?

- Porque, creo que me volví a enamorar…

- ¿Y que hay de Kukai?- preguntó, pensando en su amigo y esposo de Utau.

- Es él de quien me volví a enamorar- respondió Utau entre enojada y avergonzada- ¿Cómo es eso siquiera posible? Es confuso y no puedo evitar sentirme una infiel con sólo pensarlo- hizo un puchero- Todo esto es culpa de él, y de Ikuto también, estoy segura que él lo incentivó a meterse en ese pequeño juego que tienen ustedes- se volvió a quejar- Se supone que él no debe acercarse a mi, pero esta vez trató de conquistarme, siendo el Jack de Seiyo, y no mi esposo.

- Utau…

- ¡Y lo logró!- saltó ella, interrumpiéndola- ¡Me enamoré de Kukai Sohma, el Jack de Seiyo! Y me siento una infiel con mi esposo- se tapó la cara, siguiendo con su drama- ¡No es justo! Todo eso no es para nada justo. Él me conoce bien, sabe que me gusta y que no, sabe como hacer para enamorarme. Y para colmo, me tomó desprevenida- ella le sonrió en compasión, comprendiendo perfectamente como se sentía- Me enamoré de dos personas distintas, que son el mismo hombre, el mismo hombre con el que estoy casada.

- Te entiendo- le dijo, acariciando su cabellera rubia.

- No creo que lo hagas- le contestó Utau, aún con la manos tapando su cara.

- ¿Ah, no? Yo me enamoré no de dos, de tres hombres distintos, y todos ellos eran Ikuto. Ya sea como mi esposo, con el que comparto cartas a través de Yoru, o el rey de Easter, siempre tan engreído y aún así encantador, o el violinista que acompaña a Diamante Negro, me enamoré de todo ellos. ¿Y adivina que? Todos ellos son Ikuto- suspiró- Me enamoré del mismo hombre tres veces.

- Y yo me enamoré del mismo hombre dos veces- agregó Utau, suspirando también.

- Es bueno saber eso- sentir la voz de Ikuto mandó un escalofrío por todo su cuerpo.

- Cosas como esas son lo que hace feliz a un hombre- la voz de Kukai sonó, provocando en Utau una reacción parecida a la de ella.

- U…Ust… ¿Ustedes estaban escuchando?- preguntó, sin poder hablar bien debido a la vergüenza.

- Vamos cabalgando al lado del carruaje era obvio que escuchamos todo, Amu- le dijo Ikuto con una sonrisa, subiendo al carruaje, sin nada de cuidado.

- Sólo las dejamos hablar tranquilas, pensando que querrían privacidad- agregó Kukai, sonriendo hacia Utau- Pero después de escuchar eso, necesito hablar contigo a solas- le ofreció la mano.

Utau miró con terror la mano de Kukai, de seguro pensando en la posibilidad de caerse en su intento de pasar del carruaje hacia el caballo sobre el que Kukai estaba, en especial desde que el carruaje seguía en movimiento.

- Puedo pedir que paren el carr…- intentó decir, pero Ikuto se adelantó y empujó a Utau fuera del carruaje.

- Ve, cobarde, no va a pasar nada- le dijo, mientras Utau salía del carruaje y no se impactaba contra el suelo debido al agarre de Kukai, que pronto la ubicó sobre el caballo.

- ¡Ikuto!- le reclamó, viendo como Utau todavía seguía medio aterrada por esa experiencia.

- No pasa nada, él nunca la hubiera dejado caer- contestó tranquilamente- Puedes tenerla cuanto tiempo quieras, yo también tengo cosas que hablar con Amu- le indicó a Kukai.

Ahora, ella temía por si misma, nerviosa ante lo que Ikuto quisiera decirle.

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Ella aún estaba tratando de calmar su corazón del susto que el idiota de su hermano le había hecho pasar, cuando él se atrevió a hablar. Recordándole como era que había terminado allí, se alejó un poco de él y evitó mirarlo, no queriendo que note el rojo en su cara.

- ¿Recuerdas lo que te pregunte la noche que nos casamos?- le preguntó, tranquilamente.

Y sin insistir en ver su rostro, sabiendo que eso sólo lo complicaría todo. Él la conocía bien.

Ella no se atrevía a voltearse, pero no quería abrir ese recuerdo sin él. Tomó aire y miró sus brillantes ojos esmeraldas, que la impactaron como la primera vez que los vio.

- Lo recuerdo- le contestó en voz baja.

La noche de su boda, como si pudiera olvidarla…

- Felicidades por su matrimonio- Amu sonreía con absoluta felicidad.

- Acabas de felicitarlos hace cinco minutos- se burlaba Ikuto, sólo sonriendo hacia ellos.

- No puedo evitarlo- le replicó Amu, obviamente disgustada- Es que estoy muy feliz por ellos.

- Gracias en serio, Amu- Kukai le dijo con suavidad- Me alegra saber que Utau tiene una amiga tan buena como tú.

- Mejor amiga- le aclaró, con una sonrisa- Utau y yo nos conocemos desde que éramos niñas. Yo estuve allí cuando Utau perdió su primer diente, cuando le regalaron su primera mascota y cuando tuvo su primera corona de princesa.

- Cuando me regalaron mi amuleto de la suerte- agregó- Cuando di mi primer concierto de campo. Nos conocemos de siempre, yo estuve allí cuando ella e Ikuto se besaron por primera vez en el cumpleaños numero nueve de Amu- le contó, recordando la pequeña tarea de espionaje que había hecho ese día.

- Exacto y tamb…espera, ¡ese beso nunca pasó!- le reclamó Amu, con la cara roja.

- Claro que si- le contestó, un poco cansada de que Amu se pasara negando todo. Ellos ya estaban casados, no había caso que lo negara- Cuando me mandaron a mi recámara porque ya era demasiado tarde, me escapé y volví al salón, donde los vi.

- Eso no es posible, cuando yo me dormí esa noche, tú aún seguías despierta y andabas jugando con Ikuto- le replicó Amu, luciendo muy confundida- Me quedé dormida en mi silla…

- Pero- ¿Amu estaba hablando en serio?- Yo los vi, claramente estabas recibiendo un beso de Ikuto y…

"Oh no…" pensó. Supo por la expresión de Amu que ella pensó lo mismo. Ambas se volvieron a buscarlo y vieron que él había desaparecido de vista.

- ¡Ikuto!- Amu le gritó al aire, sumamente enojada- No puedo creer que me casé con el hombre que se aprovechó de mi cuando tenía nueve años- dijo mientras se alejaba.

- Guau- Kukai se rió detrás de ella- Él realmente estaba loco por ella ¿verdad?

- Eran ambos- le respondió- Sólo que Amu era demasiado inocente y despistada como para darse cuenta.

- ¿Crees que habríamos sido así si nos hubiéramos conocido de niños?- tomó su mano con la alianza y entrelazó sus dedos.

- No creo- ella tomó su otra mano y la entrelazó también- Si nos hubiéramos conocido de niños, tú habrías vivido pegado a Amu y tendrías el odio de Ikuto. Y yo volvería a quedar fuera del grupo, sin nadie con quien pasar el tiempo.

- ¿En serio piensas eso?- ella asintió- ¿Crees que te ignoraría a ti y andaría tras Amu?

- No- se rió- Pero tanto tú como Amu son demasiado inocentes y no piensan en el amor hasta que son demasiado grandes. Tú estarías pegado a Amu como un amigo, ya si ella te interesaría como mujer, no lo sé.

- Te amo a ti, eso significa que no sólo me gustan los aspectos que te caracterizan, sino que también los adoro- él besó sus manos unidas- Tú y Amu son amigas, pero son muy distintas. Y son las cosas que las diferencian las cosas que precisamente más me gustan de ti- ella sintió como su rostro se calentaba, pero igual le sonrió.

- Yo también te amo- él le sonrió de vuelta.

El resto de los invitados pronto reclamaron su atención y no pudieron volver a tener un momento para ellos dos. El banquete de celebración terminó y cerca del amanecer, ellos al fin pudieron volver a respirar en paz. Pero, al menos a ella ese momento de paz le duró muy poco, mientras se daba cuenta de cuan importante era esta noche.

Pensó en su mejor amiga, quien hace un año había contraído matrimonio y como había estado igual de nerviosa que ella. Amu incluso le había rogado que la dejara dormir en su recámara, avergonzada como estaba, e Ikuto lo había impedido, cargándola en su hombro y llevándola a la recámara que ambos compartirían. Ella se enorgullecía de no haber intentado escapar, pero igual seguía muy nerviosa y avergonzada. Podía ser no tan inocente como Amu, pero aún era bastante inocente, y al enterarse lo que pasaría en su noche de bodas, años atrás, la había puesto nerviosa con respecto a esa noche, desde ese momento.

- Me he estado preguntando- habló él, colocando una mano en la parte baja de su espalda- ¿Alguna vez viste un amanecer?

- ¿Un amanecer?- él asintió- Sí, vi varias veces el amanecer.

- ¿Notaste las estrellas? ¿Cómo parecen brillar más fuerte cuando el amanecer se acerca?- él sonrió- Brillan tanto como los diamantes- metió la mano en su pantalón y de allí sacó su amuleto.

- Mi amuleto de la suerte- dijo, estirando la mano hacia su amuleto.

- Tu madre me lo dio- le contó- Me dijo lo que costó que dejaras de usarlo porque no iba con la ceremonia- ella asintió- Personalmente, a mi me hubiera gustado verte con esto puesto- se lo colocó con delicadeza- Alguien tan brillante como tú, sólo puede lucir bien con algo que brilla al menos la mitad de lo que tú lo haces, un papel que sólo uno de los más valiosos diamantes puede cumplir- ella le sonrió ante su halago y él le ofreció su mano, una mano que no dudó en tomar.

La guió al balcón que había en la recámara y la hizo sentarse en la baranda. Él se paró detrás y la abrazó, asegurándose de que ella no se cayera. Se quedaron mirando el cielo nocturno lleno de estrellas, por momentos en silencio y por momentos- por petición de él- ella cantaba algo suave, que brindaba paz al momento.

El amanecer se acercó bastante rápido y ella se asombró de comprobar que era como él le había relatado, las estrellas se convertían en bellos diamantes, parecidos al que adornaba su cabeza. No pudo evitar reír de la dicha que sentía. Kukai se rió junto a ella y luego, con delicadeza, acercó sus rostros, así sus labios podrían unirse.

Con el sol sobre sus rostros, se separaron por falta de aire, y ella apartó su rostro, avergonzada hasta los huesos del rojo que sabía que había en su rostro.

- Siempre quise ser un Jack- contó él, luego de unos minutos en silencio. Ella asintió, conociendo la historia- No sé bien porque comenzó, pero sé que siempre ese fue mi deseo. Había algo en la forma en que se movían, como luchaban, como las armas parecían ser extensiones de sus cuerpos, todo eso siempre me fascinó. Siempre, siempre, desee no haber nacido en la nobleza y así haber podido ser un Jack- ella apoyó su cabeza en su hombro, en señal de apoyo- Incluso, antes de conocerte, estaba dispuesto a renunciar a mi titulo para convertirme en Jack- ella se paralizó, era la primera vez que escuchaba esa parte de la historia.

- ¿Y qué te detuvo?

- No quise ser un cobarde- respondió- No podía abandonar mi titulo sólo por un capricho infantil. Aparte- se rió- no creía tener la habilidad para ser un buen Jack- ella le sonrió- Pero, estando aquí en este momento, junto a ti, me alegro de no haber hecho algo así.

- Yo también me alegro.

- Pero ¿y si lo hubiera hecho?- replicó- ¿Habrías estado conmigo a pesar de que era un simple sirviente?

Ella lo miró con atención, sorprendida con su suposición y su pregunta. Notó la seriedad en sus ojos esmeralda, atentos a cada detalle y supo que no le podría dar cualquier respuesta.

Pensó que no habría problema con eso, que su respuesta era muy simple. Pero en el momento que abrió su boca, dispuesta a dar su respuesta, su mente confundida la hizo cerrar de nuevo su boca. ¿Ella lo habría aceptado? ¿Estarían en la misma situación si el hubiera renunciado a su titulo y se hubiera vuelto un sirviente? Quería decir que si, que nada cambiaría, pero algo la hacía callar. ¿Podía ser que ella en el fondo sabía que no tomaría la misma decisión?

Una lágrima bajó por su mejilla, mientras su mente seguía en el mayor debate de su vida.

Kukai limpió esa lágrima y en silencio la hizo bajar de la barandilla, antes de guiarla dentro de la recámara. Hizo que se recostara en la cama y la tapó con delicadeza con las sábanas.

- Será mejor que duermas, la noche fue demasiado larga y agotadora, en especial para ti- le dijo, besando su frente- Que descanses bien.

Él se levantó y se dirigió a la puerta, dejándola completamente perdida.

- ¿No piensas dormir?- le preguntó, aunque lo que en realidad quería preguntar es ¿No piensas dormir a mi lado?

- Ya me conoces- él le sonrió de manera habitual- Mientras el sol aparezca, yo no pararé ni un poco. Me voy a ocupar de unos asuntos, nos vemos en el almuerzo- se despidió con una sonrisa.

Ella no dijo ni hizo nada después de eso, no dispuesta a arriesgar su orgullo. Supo que Kukai había comenzado a actuar así porque ella no le había dado una respuesta. ¿O podría ser porque la noche de bodas no fue como debía? Esa idea se coló en su cabeza y le fue imposible arrancarla de su mente, sólo dejándola en paz cuando se quedó dormida del cansancio.

Cuando se levantó y se fue a desayunar, se encontró a Amu, desayunando al igual que ella. La saludó y se sentó a desayunar en silencio. Lo que fue un error, ya que Amu notó al instante de que algo andaba mal.

- Utau ¿Qué te sucede?- le preguntó, con expresión preocupada- Estás muy callada- tomó su mano, dándole un apretón suave- Sabes que siempre puedes hablar conmigo- le aseguró.

- Lo sé- le sonrió débilmente, para calmarla un poco- Pero no sucede nada importante, sólo…

Fue interrumpida por la sonora entrada de su hermano en el salón, con una sonrisa de oreja a oreja. Se dirigió a su esposa, dándole un beso apasionado y luego la saludó a ella con una sonrisa.

- ¿Recién te levantas?- le interrogó, notando como se acercaban los sirvientes con el desayuno de su hermano.

- Comeré en mi biblioteca- les avisó a los sirvientes- Lleven las bandejas allí, ya iré yo en un momento- los sirvientes se inclinaron ante él y se retiraron. Ikuto se volvió a verla con una sonrisa- Si, recién me levanto. Es que fue una larga noche, ya sabes- dijo con tono pícaro, mientras acariciaba el rostro de Amu, quien estaba roja como un tomate- Nos vemos luego- se despidió de ambas, no sin antes darle otro beso a Amu.

Ella lo miró irse, entendiendo completamente su súper animado humor de esa mañana y poniendo los ojos en blanco ante eso.

- Nosotros somos los casados y ellos son los que tienen una noche de bodas- murmuró en voz baja, pensando en su fallida noche de bodas.

- ¿Cómo?- al parecer, Amu había estado atenta a ella- Utau ¿acaso algo fue mal anoche?- se levantó y se fue a su lado- ¿Estás bien? ¿Quieres hablar de ello?

- No- le contestó sinceramente- No quiero hablar de eso, es vergonzoso.

- Utau…- se notaba la preocupación en su voz.

Ella suspiró y guió a su amiga a un lugar donde pudieran hablar tranquilas, sabía que no se dejaría de preocupar hasta que le contara. Y tenía que admitir, que una pequeña parte de ella, quería compartir sus problemas con Amu. Le contó todo, sin interrupciones, y luego calló, esperando a escuchar el consejo de su amiga.

- No debes pensar que él está disgustado contigo porque no hicieron eso, no debes de dudar así- ella asintió, sabiendo eso desde el principio. Pero no había podido quitarlo de su cabeza, no sin ayuda- Y sé que él sólo se alejó para que no te sintieras presionada. Quiso dejarte para que lo pienses bien y le des una respuesta definitiva. Lo único que tienes que hacer ahora es pensar detenidamente en tu respuesta y prepararte para dársela. Sólo piensa en lo mucho que lo amas y en lo mucho que él te ama a ti. Todo estará bien- le aseguró con una sonrisa.

Ella sólo le sonrió y le agradeció con un abrazo. Amu siempre había sido la mejor de las amigas. Y por eso no hubiera aceptado a ninguna otra más que Amu como su cuñada. Su hermano, a pesar de lo idiota, se merecía y se había ganado a Amu, así que no podía estar más feliz por ellos. Sólo deseaba que ella y Kukai pudieran compartir una felicidad parecida.

El día y la tarde pasaron, ella sin notar las horas debido a lo mucho que había pensado en su respuesta. Así que cuando llegó la hora de volver a su recámara, la tomó por completo por sorpresa. En todo el día no se había cruzado con Kukai, así que ese sería el primer momento que lo vería desde esa mañana en la que él se había retirado de la recámara.

Entró en su recámara, y se paró cuando vio a Kukai, con el torso desnudo, con la camisa que se había quitado aún en sus manos.

- B…Buenas noches- lo saludó, los nervios atacándola al pensar que había llegado el momento de dar su respuesta.

- Buenas noches- la saludó él también, mirándola confundido.

Miró al piso unos segundos, tratando de que el calor en su rostro se disipara y tomando aire antes de decir esa cosa tan importante.

- Tengo mi respuesta- le avisó, aún sin mirarlo.

Hubo silencio por unos minutos.

- Escucho- le avisó Kukai, finalmente cortando el silencio.

- Soy la princesa de Easter, el reino más prospero de todos, y el que tiene los mayores problemas en cuanto a la sucesión, debido a la cantidad de personas que anhelan el trono- comenzó a decir- Mi deber es el de encontrar un compañero adecuado, uno capaz de brindar herederos dignos del trono del reino. Si yo, por algún motivo, me uniera a un sirviente, de cualquier clase, ninguno de esos niños serían considerados aptos para ser herederos. E incluso antes de eso, yo sería despojada de mi título de nacimiento por tal unión poco noble.

- Entiendo- ella notó la resignación en su voz- Que bueno que no renuncié al titulo ¿verdad?

- Ese es mi deber, nunca tendría porque quejarme de él- le replicó ella. Entonces sonrió- Pero nunca tendría porque obedecerlo ¿o si?- él se volvió a verla, sorprendido y confundido- Eso es lo que se esperaría de mi, pero yo siempre elegiría casarme con quien yo quiero, noble o sirviente. Si es que tú hubieras renunciado al título, y nos hubiéramos conocido en esa situación, no me hubiera importado. Hubiera renunciado yo también a mi titulo y viviría feliz como la esposa del Jack. Esa es mi respuesta final.

Ella sólo se quedó parada allí con una sonrisa, siendo esta vez él quien se había quedado paralizado y disfrutando del cambio de papeles. Él le sonrió brillantemente y se acercó a ella, sorprendiéndola mientras la levantaba en un abrazo.

- ¿Ya te dije que te amo?- le preguntó entre risas, risas que provocaban una sensación cálida en su corazón.

- Creo que lo dijiste una o dos veces- le respondió con gracia, él la bajó a su nivel- Yo también te amo- volvió a confesarse y se animó a besarlo, siendo la primera vez que ella iniciaba un beso.

La retuvo en un abrazo fuerte, mientras compartían ese beso lleno de amor, y ella ni sintió cuando él la cargó a la cama. Cuando se separaron por falta de aire, él le volvió a sonreír con dulzura y ella sintió acelerarse su corazón, sabiendo lo que venía. Por fin sin estar nerviosa al respecto. Se volvieron a besar y esa noche ella se convirtió completamente de él. Únicamente de Sohma Kukai, el príncipe de Easter y un Jack de corazón.

- Claro, también recuerdo claramente mi respuesta.

- Yo no lo recuerdo muy bien ¿te importaría repetírmela?

- No, es sumamente vergonzoso- se quejó- Lo dije una vez y no lo volveré a repetir.

- Vamos, aunque sea una parte- insistió, sin obtener nada- Al menos la parte de la esposa feliz del Jack.

- ¿Para que querría que repitiera eso? No eres un Jack, al menos no uno real- le replicó.

- Que cruel eres- se burló- Puede que haya sido un Jack falso en Seiyo, pero fui un Jack espía verdadero para Easter.

- Eres el príncipe de Easter, acéptalo, viene incluido en el paquete.

- Al parecer tendré que aceptarlo, siendo un noble o un Jack, ya que siempre te elegiría- la abrazó con uno de sus brazos- Esto fue como haber comprobado esa posibilidad. Si aún siendo un Jack lograría conquistar tu corazón y si me elegirías a pesar de ser el Jack- le besó la mejilla- Sólo sé que en cuanto te vi, y a pesar de los puestos, quise que seas mía. Te elegí, te elijo y te elegiría siempre. Te amo, Utau.

- Te amo, Jack Sohma- respondió, antes de sacudir la cabeza- No…Te amo, Kukai- repitió, sonriéndole a su marido- Ya sea el príncipe, el noble, el Jack, o el aldeano, yo amo a Kukai Sohma, sólo a él- le avisó.

Él le sonrió antes de besarla. Debía admitir que era algo incómodo de hacer mientras iban a caballo, pero a ella no le importaba. Mientras estuviera junto a Kukai, todo estaba bien para ella.


Como ven esta parte estuvo dedicada a las parejas. Ya sé que no está la principal, pero decidí dejar la escena Amuto para el otro capítulo. Un capítulo que prometo, será 100% Amuto. Sólo porque me decidí a hacer el capitulo Amuto fue que me atreví a poner sólo pequeñas referencias de Amuto en esta historia.

Debo decir, que me apasioné con la pareja de Yaya y Kairi en esta historia. Simplemente de todas las parejas, excluyendo al amuto, fue la de ellos la que más me gustó. Podría decirse que les tomé un cariño especial. Aunque estoy segura que si me pongo a pensar una historia sólo para ellos, nunca encontraría la inspiración u.u

Respecto a este capítulo. Siéntanse completamente libres de decir si no les gustó, es en parte lo que espero que piensen. Yo misma sé que hay partes que se sienten algo forzadas. ¡Sobre todo las escenas de explicación! Nunca fue mi intención amontonar tantas cosas, usualmente voy soltando las cosas poco a poco, pero en este caso si lo hacía, hasta el más mínimo detalle, habría quitado toda la importancia a este final(un final que no es definitivo).

Si hay partes que no entendieron, o hay cosas que no quedaron claras, pregunten. Con gusto contestaré sus dudas, ya que es lo mínimo que debería de hacer por no haber manejado bien la historia.

Bueno, no me alargo más. Esperen el próximo capítulo que será, repito, 100% Amuto. Aparecerán Kukai y Utau, talvez Yaya. Pero se centrará solamente en Ikuto y Amu. Esperenlo con ansías, prometo arreglar cualquier error de este capítulo con el capítulo que viene. ¡Hasta la próxima!