Tus primeras palabras de amor
que me susurraste al oído
Tus ojos que nada ocultan
deseo engañarlos
Si pudiese abrazarlos
y saber que puedo mantenerlos conmigo
no temería pecado ni castigo
Después de aquella revelación, trato de disimular aquella duda porque le era realmente dolorosa.
-¿Lizzi estas bien? ¿Te has puesto pálida? Pregunto preocupado el conde.
-Solo un poco cansada, es todo, creo que voy a mi habitación. Vamos Paula. Contesto seria a la pregunta.
-Buenas noches Lizzi, si llegas a sentirte mal no dudes en avisarme. Le sugirió mientras ella se disponía a salir.
-Si Ciel, no te preocupes. Le dijo fingiendo una amable sonrisa.
-Buenas noches, señoritas, que descansen. Les deseo el mayordomo con amabilidad.
-Sí, Buenas noches Sebastian. Mirándolo con un poco de molestia, lo que el mayordomo pudo notar.
A los pocos minutos el joven amo se encontraba en su habitación dispuesto a dormir,
-¿Que le pasara a Lizzi, estará enferma? Le pregunto preocupado a su mayordomo mientras lo cambiaba.
-No lo sé joven amo, solo podría decirle algo espero que no se moleste. Le contesto un poco dudoso por lo que diría mientras acariciaba tiernamente su rostro.
-Dime, Ordeno con curiosidad.
-Creo que ella sospecha de usted y mi persona. Lo digo por la mirada que me lanzo antes de irse. Diciendo esto con una mirada sospechosa.
-Pero que dices, en todo el día casi ni nos vimos, mantuvimos solo el contacto necesario, por lo mismo para evitar cualquier tipo de sospecha. Contesto nervioso.
-Disculpe que le diga esto, pero es su culpa, mientras jugaba con ella hace unos momentos, usted me miraba algo que ella pudo notar, ¿no podía ser menos obvio? Le decía con una mano sobando su propia sien.
-Ahhh pero... pero... si yo lo disimule muy bien. Es tu culpa idiota, por estar junto a mí. Le respondió más nervioso.
-Le recuerdo que usted me ordeno que me quedara. Contesto serio ante la acusación.
-Tal vez son ideas tuyas, me quieres molestar, ¿Verdad? Diciendo mientras le halaba la corbata.
-Estoy hablando en serio, tal vez mal interprete esa actitud aunque es probable que no me equivoque. Solo sé que si esa niña intenta lastimar a mi amo no se lo permitiré. Le dijo con mirada que daba miedo, soltando el agarre de su amo.
-Ten cuidado con esos impulsos asesinos ella es mi familia, además no hará nada, porque no descubrirá nada. Le contesto sorprendido al ver la actitud de su mayordomo.
-... si claro, ahora veo que le preocupa, no hay que alarmarse… total esto solo es solo un juego, no es algo importante. Respondiéndole con indiferencia.
-Si tú lo has dicho es solo un juego sin importancia, ahora debemos pensar que hacer. Mientras se acomodaba en la cama, un poco dolido por lo dicho anteriormente.
Mientras amo y mayordomo pensaban que hacer, en otra habitación una joven tenía la mirada perdida. Su acompañante no entendía por qué el cambio de actitud de su ama.
-¿Se siente bien? Acertó a preguntar preocupada.
-Prométeme que lo que voy a decirte no le dirás a nadie. Contesto seriamente.
-Señorita, usted sabe que puede confiar en mí, ¿Que le preocupa tanto? Pregunto sentándose junto a ella.
-Creo que se quién puede ser la persona con la que Ciel me engaña. Respondiéndole con la voz un poco apagada.
-¿Quién? Pregunto mientras tomaba sus manos como signo de apoyo.
-Sebastian Michaelis. Confesó con lágrimas en los ojos.
-Señorita, sabe lo que está diciendo, eso es absurdo no tiene sentido, los dos son hombres, además la diferencia de edad y posición social. Creo que usted está delirando debe estar muy enferma. Decía sorprendida mientras tocaba su frente para ver si tenía fiebre.
-Cállate... yo se mejor que nadie que eso es absurdo, es una idea incoherente pero lo vi esta noche en la mirada de Ciel, eso me hace dudar. Contesto con decepción.
-Cálmese, tal vez usted mal interpreto esa mirada, a veces nuestra mente nos hace ver las cosas como no son, no debería precipitarse en hacer esa declaración, es muy grave. Le hablo muy seriamente.
-Puede ser, pero algo me dice que es verdad, no le diré nada hasta estar segura, se cómo puedo comprobarlo, ajustaremos un poco nuestros planes para mañana. Mientras se acostaba en la cama con la mirada perdida al techo.
El día siguiente el joven amo junto a su mayordomo, salieron temprano a la ciudad por algunos asuntos pendientes, así aprovecharían la mañana para estar lo más lejos posible de las sospechas de Elizabeth. Cayendo la tarde, ambos jóvenes se encontraban dentro de su despacho, Ciel tuvo toda la mañana para armarse de valor y negar cualquier acusación además no haría gestos ni miradas que levantaran sospechas, pues su mayordomo le había advertido que tal vez ella estaría atenta a cualquier movimiento raro que realizara, estaba muy tenso por dentro pero lo disfrazaba con indiferencia. Así mismo a Elizabeth la duda la invadía pero debía confirmarlo, le ayudaría mantener la compostura actuando normalmente, como la joven alegre y despreocupada de siempre.
-Ciel, estuviste fuera toda la mañana y no me llevaste. Eres malo. Le reprocho con un leve berrinche.
-Te lo dije ayer, que saldría a culminar unos asuntos pendientes. Además te hubieras aburrido no hice nada interesante. Contesto tranquilamente.
-Bueno ya no importa, te gusta como arregle la mansión quedo linda ¿No crees? Pregunto con una sonrisa.
-Si lo note te quedo bien la decoración. Decía con una sonrisa amable.
-Me alegra que te haya gustado. Contesto felizmente.
-Sebastian trae té y unos bocadillos. Ordeno el joven conde.
-Sebastian puede pedirte algo, acércate. Le decía un poco nerviosa Elizabeth.
-Como guste, dígame. Se acercó hasta quedar a su altura.
-Paula podría ayudarte Sebastian, si no te molesta. Le decía en voz baja en el oído.
-Si claro, agradeceré su ayuda. Se alejó de ella, mientras el conde pretendía ignorar aquella sospechosa escena.
-Paula ayuda a Sebastian, por favor. Ordeno la niña a su empleada.
-Si señorita. Contesto con una reverencia alejándose junto al mayordomo.
-¿Y eso? ¿Por qué hiciste esa petición tan extraña? Una vez solos le pregunto, sin darle demasiada importancia.
-Espero que no te moleste. Contesto con una pequeña sonrisa.
-No es eso, solo curiosidad. Tratando de no ser obvio en su curiosidad.
-Bueno, yo aprecio mucho a Paula no solo es la persona que me sirve, también es mi amiga, la verdad es que ella me confeso que le gusta mucho Sebastian. Así que pensé en ayudarla un poco. Le decía sin sospechar que su plan ocultaba otro.
-Ahhh... no lo había notado. Fingió sorpresa aunque en realidad era molestia por escuchar algo así sobre su mayordomo.
-Pues sí, yo tampoco, sabes lo distraída que soy. Yo sé que tú también sientes un gran aprecio a Sebastian, te puedo asegurar que ella es una buena mujer para él, harían una linda pareja ¿No crees? Le decía con intenciones de ver la reacción del conde. Lo que no esperaba es que el conde se hubiera preparado para esa situación, y lo estaba haciendo muy convincente.
-Sí, eso creo, yo no entiendo mucho de esos asuntos. Le decida sin inmutarse ni un poco.
-Es lógico Sebastian es inteligente, talentoso, servicial y perdona que diga esto pero es atractivo, cualquier mujer se fijaría en él. Con una sonrisa traviesa.
-¿Que dices? ¿No me digas que también a ti te gusta Sebastian? Le pregunto divertido, aunque la molestia que ocultaba era grande.
-¿No estarás celoso? Con esa pregunta lo cogería desprevenido y vería su reacción.
-Claro que sí, que tu hermosa prometida le diga eso a su futuro esposo, llenaría de celos a cualquiera. Pensó y actuó rápido el conde pues estaba a punto de caer en el plan de Elizabeth.
-Eso crees, imagínate el día que nos casemos, ellos podrán estar juntos, eso sería tan lindo y romántico. Sonreía con emoción mientras tomaba las manos de su prometido.
-... pues si tú lo dices. Mirando para otro lado maldecía internamente a su mayordomo por no apresurarse en venir e interrumpir aquella conversación.
- Sebastian tiene novia o está enamorado de alguien? ¿Tú sabes? Aquellas preguntas ya estaban poniendo tenso al conde.
-¿Por qué preguntas eso?, yo no sé... Sebastian y yo no hablamos de esas cosas. Le contesto alzando los hombros, sin darle importancia
-Entonces yo le preguntare, no creo que se moleste. Tú debes ayudarme con esto, seremos los cupidos... Le decía cuando fueron interrumpidos por los sirvientes.
-Joven amo, vamos a servirles. Se fijó que el joven estaba un poco tenso, se moría por calmarlo como solo él podía hacerlo.
-Gracias Sebastian y Paula, todo se ve delicioso. Ciel estas muy serio. ¿Te sucede algo? Comenzó con las preguntas nuevamente la joven.
-No nada, solo estoy un poco cansado. Estuve casi todo el día fuera. Contesto con un bufido de cansancio el conde.
-Ciel no puedo esperar al día en que nos casemos, vivir en esta mansión contigo, seremos muy felices. ¿No lo creen ustedes? Dirigiéndose a los dos sirvientes.
-Si señorita, ustedes serán muy felices porque los dos se aman. Contesto con una sonrisa emocionada
-Si así será, la felicidad de mi amo es la mía también. Dijo amablemente viendo a los jóvenes.
-Qué lindo Sebastian, son hermosas tus palabras. Debes Apreciar mucho a Ciel. Sospechaba la niña que aquellas palabras eran mentiras.
-... ¿Lizzi, podemos caminar por el jardín? Cambiando de tema el joven conde pues lo estaba incomodando.
-Si me gustaría, quiero hablar contigo. Le dijo mientras tomaba su te.
-Joven amo, iré a hacer los preparativos para la cena. Le decía mientras se disponía a salir de aquella habitación.
-Paula ayúdale a Sebastian, por favor. Nosotros daremos un paseo no te necesito ahora. Ordenó rápidamente la joven.
En la cocina se encontraban los dos sirvientes, los otros se encontraban en otros quehaceres
-Señor Sebastian, usted anhela verdaderamente la felicidad del joven Ciel ¿Cierto? Pregunto Paula
-Sí, ya lo dije, yo velo por su bien y felicidad. Mientras sacaba unos ingredientes para preparar la cena.
-Yo también anhelo la felicidad de mi señorita, ella realmente lo ama, no hace más que pensar en él, siempre lo tiene presente, por eso no me gustaría que mi señorita sufra si el joven Ciel no la ama, eso la destrozaría. Quiero serle sincera ella cree que el joven Ciel está enamorado de alguien más, lo ha notado pues ha visto ciertos cambios y comportamientos extraños de estos días, eso la preocupa y se muestra insegura. Confeso sinceramente la joven.
-Pues no sabría que decirle, creo que usted conoce su pasado no es de extrañarse que por estas fechas él se ponga raro, además es un adolescente, en su cuerpo y mente surgen ciertos cambios a esta edad. La verdad no sé a qué quiere llegar con esta conversación. Le contesto un poco molesto.
-Me preocupa mi señorita, eso es todo, espero no molestarlo. Le dijo apenada.
-No es eso, solo que no me gusta que piensen mal de mí joven amo, puedo asegurarle que él no ama a nadie más que a su prometida. No tiene por qué preocuparse. Le confirmo seguro aquella que creía una mentira.
-De verdad, no sabe cómo alegra escuchar eso, ella estaba tan insegura que comenzó a idearse ideas raras. Le decía entre risas quedando un silencio incómodo.
-Disculpe mi atrevimiento ¿Usted está enamorado de alguien? pregunto nerviosa.
-Que pregunta… la verdad no sabría decirle, pero ante todo soy un mayordomo esos asuntos no son mi prioridad. Respondió seriamente.
-No diga eso el amor siempre es la principal prioridad de nuestras vidas. Confeso con un leve sonrojo.
-¿Eso cree? Podría ser, me deja pensando nadie me había dicho eso. Le decía con curiosidad era la primera vez que hablaba de ese sentimiento con alguien.
-Debe ser afortunada la persona a quien ama. Dijo la joven con un suspiro. El mayordomo se quedó en silencio al imaginarse el rostro de su amado conde, se recriminaba así mismo el pensar y sentirse de esa manera, se había rebajado a la condición humana por un niño, eran reales estos sentimientos o solo ejecutaba perfectamente el rol de enamorado asignado por su joven amo o solo le atraía deleitarse de aquella deliciosa alma algún día, comenzó a dudar de la veracidad de sus sentimientos, ¿Sentimientos? Los demonios no sentimos... pensaba mientras cortaba unas verduras.
-Disculpe, pero creo que escucho el teléfono. Interrumpiendo sus pensamientos el sonido del teléfono. Mientras tanto dos jóvenes caminaban por el amplio jardín.
-Ciel, debo confesarte algo que me tiene muy mal. Le dijo tristemente
-Dime tal vez pueda ayudarte, El joven conde comenzó a tensarse.
-Es difícil decir esto, sospecho que amas a alguien más... Confeso apenada con un sonrojo.
-¿Pero qué dices?, ¿Por qué dices eso? Pregunto un poco molesto.
-Desde que llegue de mi viaje te he notado diferente un comportamiento extraño, y sabes que lo peor es que veo tu actitud hacia Sebastian, veo algo en tu mirada hacia él. Se atrevió a decírselo con un tono de decepción.
-... El conde no sabía que decir, no pensó que sería tan directa.
-Perdóname por insinuar tal cosa, no sé en qué estoy pensando. Sé que eso no puede ser los dos son hombres es prohibido, pecaminoso, seria mal visto, además de que humillaría el buen nombre Phantomhive, de tus padres y yo como tu prometida.
-No te atrevas a nombrar a mis padres. Le dijo con enojo mientras apretaba los puños.
-Déjame continuar…Así que quise comprobarlo porque desde que vine de mi viaje cada vez que te abrazaba tu aroma no era el mismo de antes, algo diferente se mezclaba al tuyo, pensé que era idea mía, pero hace un momento cuando Sebastian se acercó a mi pude percibir que era ese mismo extraño aroma. ¿Tú sientes algo por él? Le dijo con los ojos un poco llorosos.
-No sé de qué hablas, él es mi mayordomo me cuesta admitirlo pero es quien más confió, pero de eso a amarlo, creo que ese viaje te afecto la razón, me ofende que pienses de mi de esa manera. Y por lo de su aroma al mío, el me ayuda en todo el maldito día, estando junto a mí, no es raro que a veces pueda pasar esa mezcla de aromas, no entiendo a qué te refieres con la manera en que lo miro, debes haberlo imaginado. En cuanto a mi actitud extraña te lo dije muchas veces tengo exceso de trabajo, además tu bien sabes que este mes me trae amargos recuerdos y tú sales con tus ideas tontas. Le reprocho enojado fingiendo estar ofendido por tal grave acusación aunque era cierta.
-Perdóname no quise ofenderte, soy una tonta, tengo miedo de perderte, me siento insegura de tus sentimientos hacia mi... Cambio su actitud al ver la reacción realmente ofendida de su prometido y su mirada no había rastro de mentira, el joven conde actuaba perfectamente era una forma indirecta de defender su relación con su mayordomo.
-Eres lo más importante en mi vida lo único que tengo, sueño con el día en que nos casemos, si no te lo digo es porque mi carácter frío no me lo permite, Tu eres mi prometida y la persona a quien amo no hay nadie más para mí. Diciendo esto con certeza para que aquella mentira parezca una verdad, la abrazaba con fuerza besando su mejilla, con esas palabras sabía que toda sospecha quedaría eliminada. Lo que no sabía el joven conde que aquellas palabras fueron escuchadas atentamente por su amado mayordomo que no había sido visto por los jóvenes.
