Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP, yo sólo los tomé prestados para narrar éste FanFic, el cual es de mi exclusiva autoría.
Capítulo IX
"Te necesito"
Me encontraba atareada en mi oficina, puliendo los últimos detalles para dejar en orden las tareas de la semana, no quería que llegara el lunes y me encontrara con asuntos inconclusos o sin saldar. Fue entonces, cuando un repentino golpeteo a mi puerta logró sobresaltarme.
—Adelante —anuncié.
Fue mi secretaria quien hizo aparición tras el roble. —Señorita Kinomoto, un joven desea verla, es Yue Tsukishiro, el ingeniero de las capacitaciones ¿Lo dejo pasar?
—Sí Akizuki, dile que adelante, muchas gracias.
En unos instantes el joven Tsukishiro estaba sentado frente a mí, en la silla vacía junto a mi escritorio. No nos habíamos visto desde aquel incómodo suceso, aunque quizás solo yo lo había percibido de tal manera. Él parecía mostrarse muy calmo y por lo visto no venía para hablar de nada que tuviera que ver con eso.
—Me ofrecieron trabajo en Tokio, de manera permanente —soltó una vez instalado.
— ¿O sea que se quedarán aquí definitivamente?
—Cuando hablas en segunda persona del plural, ¿te refieres a mi hermano, Touya y yo?
—B-bueno, ahora que lo pienso…
—Solo hablo de mí, Sakura —rió—. Touya es profesor en una escuela preparatoria de Tomoeda, lo sabes, y como Yukito es su pareja, lo más probable es que continúe viviendo con él. Pero, en fin, el trabajo me lo ofrecieron sólo a mí. Aunque, a decir verdad, fui yo quien hizo los trámites necesarios para conseguirlo.
— ¿Y qué fue lo que te motivó a buscar un puesto laboral en esta ciudad?
— ¿Qué acaso la respuesta no es obvia? —replicó llevándose una mano a su frente. Yo sólo mostré una sincera ignorancia a la respuesta—. Me quedo aquí por ti, Sakura.
Creo que sentí palidecerme en ese preciso momento, justo cuando terminó de anunciar sus intenciones. Me había quedado sin palabras, no estaba segura qué era lo que debía responder. En realidad, la noticia no me conmocionaba en lo absoluto, muy por el contrario, llegaba a perturbarme en cierta medida.
— ¿Y ya sabes en dónde vivirás? —"Tú y tu gran bocota Sakura, si hasta parece que insinuaras algo", maldita voz en mi consciencia.
—Justamente venía a hacerte una petición relacionada a ello —tragué pesado al escucharlo—. No creas que me mudaré contigo —rió como si leyera mis pensamientos—. Necesito que me acompañes a ver algunos departamentos que me ofertaron, ¿puedo contar contigo?
—S-sí, claro —respondí dudosa, pero lejos de negarme.
—Perfecto, muchas gracias pequeña. En la semana estarás recibiendo mi llamado para organizarnos mejor.
Yo era una persona cumplidora ante su palabra, me había comprometido y no había vuelta, tenía que ayudarlo. Aunque… ¿por qué razón de repente trataba de evitar a Yue en mi vida? ¿Tanto me había afectado su actuar de la vez pasada?
Aquel sábado me encontraba ansiosa por hacer algo en la noche, no había hecho planes con anticipación, pero contaba con la disponibilidad de Tomoyo. A decir verdad, no era costumbre en mí mostrar tanto interés en salir un fin de semana pero, por alguna razón, éste era diferente. Incluso pensé en llamar a Yue, pero dejé de lado esa posibilidad, ya que lo que menos quería era confundirlo con mis intenciones. Tommy era la salida.
Tomé mi teléfono y rápidamente localicé el contacto en la agenda.
— ¡Sakurita! ¿Cómo estás? —se escuchó del otro lado de la línea.
—Hola Tommy, yo muy bien, ¿y tú? No vas a creer la razón por la que te llamo.
—Saku, me hablas así y no sé si debo alegrarme o preocuparme.
—Pero qué dices, por qué habrías de preocuparte —reí—. Sucede que, como nunca, tengo muchas ganas de salir esta noche. Podríamos ir a cenar, o a tomar algo, o incluso a una discoteca —ni siquiera me había percatado del extraño silencio de mi amiga.
—Verás, yo… ya hice planes para esta noche, iré al cine con Eriol y luego cenaremos. Pero estaría verdaderamente encantada si nos acompañaras.
—Mm, dudo que sea una buena idea —realmente no quería ser quien toca el violín en la velada, o el chicle que llevaba pegado mi amiga.
— ¿De qué hablas? No nos molestaría que vinieras con nosotros.
—Eso es lo que piensas tú, pero… ¿y Eriol?
—Estoy segura de que aceptaría encantado.
—Aun así, no me sentiría cómoda. De verdad, no quiero que te preocupes por mí, habrá muchos fines de semana por compartir juntas —intentaba convencerla de cualquier manera—. Tú ve y diviértete.
—Prométeme que no te echarás atrás en nuestra próxima salida.
—Lo prometo —reí ante sus suposiciones.
Tomoyo jamás me había sugerido proponerle el plan a Yue, ni siquiera preguntó por él, es que -como era de suponer- la amatista estaba al tanto de toda la situación que había atravesado con el joven Tsukishiro. La cual no le cuadraba en absoluto.
Muy bien… preparé mi piyama más cómodo y tomé mi computadora con el fin de buscar una buena película para pasar el rato, o quizás alguna nueva serie con la cual desvelarme, viendo capítulo tras capítulo. Una fuente de palomitas de maíz o un tarro de helado, no serían mala opción para compensar la noche frustrada.
Recién comenzaba a atardecer y ya lo tenía casi todo planeado, solo me faltaba elegir la comida, seguramente no sería una muy nutritiva. Mi teléfono comenzó a sonar de repente en algún lugar del departamento, comencé a buscarlo por todos los rincones, guiada por el sonido. Por fin lo encontré, justo entre los cojines del sofá. En la pantalla se leía el cartel de llamada entrante, seguido de un número que -al parecer- no tenía agendado.
— ¿Diga?
— ¿S-Sakura? Habla Shaoran... Shaoran Li.
— Shaoran —susurré— ¿Sucedió algo?
—No en realidad. Llamaba para hacerte una invitación.
"¿Una invitación?", pensé. Pero volvió a hablar ante mi silencio.
— ¿Me preguntaba si querrías salir a cenar conmigo?
— ¿Te refieres a ésta misma noche?
—Sí, si no tienes nada planeado, claro.
En ese momento me hice una especie de chequeo general, parada frente a un espejo y observando mi apariencia de entrecasa. Luego pasé mi vista al reloj.
— ¿A qué hora?
—Pasaré por ti a las diez —perfecto, tenía tiempo suficiente.
—Muy bien, estaré lista para entonces. Nos vemos Shaoran.
— ¡Genial! Te veo en seguida, Sakura —acto seguido, colgó el teléfono y yo corrí para alistarme.
Genial, mi fin de semana no estaba completamente perdido. Primero tomaría una ducha y, con un milagro, arreglaría mi cabello. El verdadero problema se presentó a la hora de elegir mi vestuario, jamás dijo a dónde tenía planeado ir. Y es que ello era sumamente necesario al momento de optar por la ropa adecuada. Comencé a sacar y desparramar por toda la habitación las posibles prendas que me parecían una buena idea. "Cómo desearía que Tomoyo estuviese siempre en situaciones como éstas".
Al final me decidí por un atuendo que no resultaba ni muy formal, ni muy elegante, ni muy casual... Fue una tarea difícil. Una falda negra caía hasta un poco más arriba de mis rodillas; y en la parte superior, una camisa de gasa verde metida bajo la faja del tiro alto de mi pollera. Me calcé unos tacones negros y tomé un abrigo liviano. El maquillaje era sutil, cuidando no llamar demasiado la atención.
Shaoran dio aviso apenas estuvo fuera del edificio pero, como era costumbre, yo recorría cada rincón de mi apartamento ultimando detalles.
No hizo mella por mi demora, incluso se había bajado del automóvil para abrirme la puerta de acompañante, como lo haría todo un caballero.
—En serio te ves hermosa, Sakura.
—Gracias —respondí apenada y seguramente sonrojada—. Tú también estás bien.
"¿Estás bien?" A decir verdad, se veía endemoniadamente guapo. Más allá de sus primorosos rasgos masculinos, sus destellantes orbes ámbar y su cabello achocolatado, lucía una camisa perfectamente entallada a su hombril torso. No iba a sincerarme con tales pensamientos.
Conducía en silencio, lo cual comenzaba a impacientarme. Tenía que tomar la palabra.
— ¿Puedo preguntar adónde iremos?
—Ya lo estás haciendo —rió, yo hice un mohín ya que no encontraba la manera de contraatacar su argumento—. Se me ocurrió un restaurante un tanto alejado, pero que vale la pena asistir.
— ¿Es en Tokio?
—Efectivamente, sólo hay que recorrer unos veinte minutos en vehículo.
Durante el trayecto me perdí en mis cavilaciones, mientras observaba a través del cristal del coche que obstruía el paso del fresco aire nocturno. Quizás ya estaríamos cerca del destino cuando un pensamiento cruzó fugaz por mi cabeza. Arimi había mencionado que dejaría a Shaoran el fin de semana, y... "hoy es sábado" ¿Acaso el castaño nuevamente quería jugar conmigo sólo por despecho? ¿Cómo era posible que ni siquiera lo hubiese notado? Quizás, en mi desespero por salir aquella noche, no me detuve a analizar lo suficiente la situación. "¿Cuándo dejarás de ser tan despistada, Sakura?" Una especie de ira recorrió mi ser, pero fingiría desconocer el asunto de su reciente ruptura.
—Shaoran, ahora que lo pienso, es raro que me invitaras a cenar ¿Arimi está enterada de esto? —comenté manteniendo la calma.
—No necesito contarle cada cosa que decido hacer con mi vida —agregó serio.
—Pero es tu novia… ¿o no?
Pude notar cierto nerviosismo en su rostro, incluso parecía aparentar no haber escuchado ni una sola palabra de lo que dije, por lo que volví a hablar:
— ¿No piensas responderme?
—Verás, Arimi y yo… terminamos —soltó resignado.
— ¿Y eso desde cuándo?
— ¿Realmente interesa? No entiendo por qué tenemos que hablar de esto.
—Claro que interesa, quizás apenas te dejó y nuevamente intentas algo conmigo por puro despecho —levanté la voz con enfado. Podría haber contado los segundos de absoluto silencio, los que hablaban mucho más que cualquier palabra salida de su boca. La respuesta era obvia, incluso, yo la sabía de antemano.
— ¿Lo ves? —volví a hablar—. Eso significa que estoy en lo correcto. Tu intención era jugar conmigo una vez más.
— ¡No digas eso! yo sería incapaz de hacerte algo así —musitó cabizbajo.
—Tus actos no dicen lo mismo. Detén el coche, buscaré un taxi y regresaré a casa.
—Ni loco te dejaría sola a estas horas en un sitio que quizás ni siquiera conoces. No te obligaré a cenar conmigo, pero seré yo mismo quien te lleve de vuelta.
Y sin darme lugar a reproches, retornó al centro de la ciudad de Tokio. Ninguno se atrevió a hablar en lo que duró el recorrido, la tensión no se comparaba en lo absoluto a la del viaje de ida, la cual quizás era por simple timidez, a diferencia de ésta, que parecía cortar el aire con su filo.
No faltaba demasiado para llegar a mi apartamento, cuando Shaoran giró el volante de golpe, estacionando el auto en una calle algo oscura, no muy transitada.
— ¿Por qué te detienes aquí? —cuestioné un tanto confundida.
— Porque sería un idiota si dejaría que te vayas.
— ¿Y qué pretendes en un lugar como éste?
— ¿Podrías dejar de verme como si fuese un patán, y encima degenerado? —inquirió con fastidio—. Sakura, te necesito.
— ¿M-me necesitas dices? ¿A qué te refieres?
—Quiero que me escuches, que me conozcas en verdad y que sepas quién soy. Un desahogo frente a una amiga es lo que necesito, créeme por favor.
¿Acaso no tendría amigos que le prestaran sus oídos y lo aconsejaran? Pensé en Eriol Hiragizawa, pero... seguro estaba haciendo quién sabe qué, con Tomoyo. No iba a negarme ante las casi súplicas del castaño.
—De acuerdo, cuentas conmigo —expresé sonriente.
— ¿Qué te parece si compramos una pizza y comemos en mi departamento? Tengo una película que seguro te va a encantar —propuso el ambarino.
—B-bueno, yo...
—Quizás no es la idea original de la "cena" de un principio, pero…
—Sí Shaoran —interrumpí—, no me interesa el lugar o la comida, el plan sigue siendo el mismo —él esbozó una sonrisa en su cara.
—Gracias, Sakura.
Una vez instalados en su apartamento, ordenamos pizza por teléfono, preparamos la mesa pequeña que estaba junto a un sofá, justo en frente del televisor, colocó una cerveza y vasos sobre ella.
—Prometo que la próxima vez seré yo mismo quien cocine, no habrá que encargar comida comprada —dijo mientras repasaba con la mirada una estantería repleta de dvd's.
—Como si fuese algo tan relevante —agregué– ¿Qué es lo que buscas?
— ¡Aquí está! —Exclamó victorioso, ignorándome por un instante—. Es la película que veremos, la cual estoy seguro que te agradará, yo aún no tuve el tiempo para disfrutarla.
Iba a preguntar de qué trataba, pero no fue necesario. Shaoran me extendía la caja, como indicando que yo misma leyera el título.
"Guardianes de la Galaxia (Vol. 2)"
¿Una película basada en comics? ¿Y él cómo sabía eso de que a mí me gustaría? Es decir, ¡me encantaban! Pero a la vez me apenaba que los demás lo supieran.
— ¿Y tú cómo sabes que esto es de mi agrado? —interrogué con voz temblorosa y confundida.
—Vamos Sakura, sé que lees cómics —respondió risueño.
— ¿¡Hoe!? ¿Pero qué dices?
—No tienes por qué avergonzarte, pareces un tomate —dijo riendo para incrementar mi color—. De hecho, yo también los adoro. Y si me preguntas cómo lo sé… todo tiene una explicación —y se dispuso a relatarme el motivo.
"No es como que haya revisado tus pertenencias, te aclaro. Pero hace un tiempo atrás, Arimi tenía un portafolio negro, el cual -según me comentó- te pertenecía. Me llamaron la atención ciertos libritos coloridos que sobresalían de un bolsillo externo. Quizás me ganó la curiosidad, por lo q tuve q echar un pequeño vistazo. Al principio no lo creía, y es q yo también había comprado los mismos. Te juro que solo toque eso".
Podría haber mentido que en realidad se trataba de un encargo de mi hermano. Pero por alguna razón sentí que no tenía de qué avergonzarme ante Shaoran. No parecía tener intenciones de burlarse de mí.
—Ya veo, entonces fue sólo una confusión —expresó lamentándose–. Podemos buscar otra, que sea de tu interés.
— ¡N-no! Sí me gustan, de hecho, son de mis favoritas. Incluso los cómics son míos.
— ¿Cuántas mujeres como tú existirán en el mundo? En verdad eres única —dijo para sonrojarme.
Dimos play a la película una vez que la pizza estuvo servida sobre la mesa, lista para ser devorada. Como era de suponer, no fue posible entablar charla alguna en ése momento, sólo nos limitábamos a hacer comentarios o estremecernos ante las mejores escenas. Sólo por un momento, me detuve a mirarlo. Shaoran estaba relajado en el sofá, sus ojos ámbares permanecían pegados a la pantalla, su expresión me recordaba a la de un niño que observa con emoción su serie favorita.
— ¿Sucede algo? —me preguntó cuando yo pensé que pasaba desapercibida ante él.
— ¡No! Todo está bien —me límite a responder.
—Puedes distenderte en el sillón si quieres, siéntete como en tu casa.
Y así continuamos, uno al lado del otro, sin perder de vista la pantalla. Shaoran era tan... lindo. Lindo por fuera, lindo por dentro. Podías notar a kilómetros que se trataba de una persona muy noble.
—Deberíamos hacer esto más seguido —dijo para cuando terminó la película— ¿Qué te pareció?
—La mejor en años —quizás la compañía sumaba varios puntos a la calificación, pero no iba a decirlo.
—Opino lo mismo —agregó con una sonrisa que me pareció encantadora.
La comida había desaparecido por completo de la mesa pero, al parecer, aún había bebida por compartir. El castaño regresaba de la cocina con dos latas de cerveza, que no tardaron en abrirse para ser consumidas.
—Sakura, ¿sabes qué le dijo un techo a otro?
—Hmm, no.
— ¡Techo de menos! —no pude evitar soltar una carcajada ante un chiste tan malo.
—Deberías alejarte un poco de Eriol Hiragizawa, al parecer es contagioso —bromeé y él rió divertido— ¿Dónde está y qué le hiciste al serio Shaoran Li que conozco?
—Lo tienes justo en frente tuyo, y jamás fue tan auténtico ante una chica.
—No estarás pensando en considerarme como si fuera un muchacho más entre tus amigos, ¿o sí? Mi cabello no está tan largo, pero tengo planeado dejarlo crecer —agregué bromeando.
—No me refería a eso —sonrió—. Sucede que no entiendo en qué momento te ganaste toda mi confianza.
—Siempre podrás confiar en mí, Shaoran.
— ¿Te molesta entonces si me sincero contigo, respecto a ciertas cosas?
—Por supuesto que no, soy todo oídos —y el castaño comenzó a hablar.
Verás, por dónde comienzo… El asunto no es tan sencillo. Antes que nada, voy a aclarar, mi preocupación nada tiene que ver con Arimi. O quizás sí, pero no en el sentido que tú piensas. Ni siquiera me duele que haya decidido dejarme, incluso ayer mismo, yo iba a hacerlo. La decisión estaba tomada, jamás sentí ni sentiré nada por ella. No voy a negar que en un principio me dejé llevar por meros impulsos pasionales, que lejos estuvieron de lo que –supongo- es realmente el amor.
Y ahora te estarás preguntando… ¿Y por qué diablos mantuviste por meses una relación con una mujer por quien nada sientes? Y ahí es donde encaja el eje fundamental de esta cuestión.
El padre de Arimi no es cualquier sujeto, Taiki Koishikawa es uno de los pilares más fuertes en las empresas de mi familia, mantiene capitales invertidos de forma inmensurable en la compañía. Cuando la noticia de mi noviazgo con su hija llegó a sus oídos, se mostró sumamente orgulloso, argumentado que su felicidad era incomparable y que la unión significaba además un inmenso beneficio en el patrimonio de las familias.
Mi madre no mostró ese entusiasmo a flor de piel, no porque no estuviera de acuerdo, sucede que ella siempre fue una mujer fría y reservada. De hecho, en privado me dio sus felicitaciones y me comentó que le alegraba que al fin empiece a preocuparme por mi porvenir.
Pero lo peor sucedió hace algunas semanas atrás, cuando en una cena que albergaba a las dos familias, se mencionó la posibilidad de un compromiso. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre mí, incluso sentí cómo el temor empezaba a trepar poco a poco por mi cuerpo. Te imaginarás por qué, y es que el sólo hecho de pensarme por el resto mi vida al lado de una persona que no soporto, no es cosa que agrade.
Pero te aclaro que fue un decir, o sea, en ninguna instancia formalizamos nada, aunque el tema continuaba presionándome y sabía que en cualquier momento podría volver a tocarse, y de seguro con peores consecuencias: Arimi como mi oficial prometida.
Estos últimos días me planteé rigurosamente el asunto, y decidí -por fin- que había llegado el momento de terminar con esta locura. No me importaba lo que piense Taiki o mi madre, después de todo se trata de mi vida y soy el único autorizado para tomar decisiones respecto a ésta. Incluso fijé fecha y horario.
El día de ayer, viernes, había sido el elegido para dar el comunicado. Lo haría por la tarde, apenas llegara de mi trabajo. No creo en las casualidades, pero misteriosamente Arimi me dijo que teníamos que hablar, así que me dispuse a escucharla. No podía creer lo que me decía, estaba terminando conmigo, como si leyera mis pensamientos. Salvo por el hecho de que ella se encargó de montar toda una escena y argumentar que era un descuidado por no recordar nuestro "cumple-mes" y que estaba realmente harta de mí.
No puse peros al asunto, después de todo, me había evitado un trabajo no tan simple y, además, yo no había sido el mentor de la ruptura. Pensarás que soy un tanto egocéntrico u oportunista, pero sí, me quedé callado y no dije ni una palabra acerca de todo lo que había planeado.
¿Sabes Sakura? Creo que no tengo de qué preocuparme, ésta debería ser una de las mejores cosas que me sucedieron, soy un hombre libre nuevamente y no le debo explicaciones a nadie. Lo único que me restaba era un desahogo, y tú lo hiciste posible, gracias por ello.
Shaoran se había transparentado completamente ante mí. Casi no había intervenido en su relato, sólo me dispuse a escucharlo y memorizar cada uno de sus gestos al hablar.
—Tú sólo te mereces ser feliz —dije como sin pensarlo para cuando terminó su desahogo.
— ¿Y cómo estás tan segura de ello? En mi opinión no fui un buen sujeto durante toda mi vida.
— ¿Acaso alguna vez robaste, mataste, o cosas por el estilo?
—Claro que no —rió ante mi extremismo—. Supongo que tuve mis épocas de borracho y mujeriego, no son cosas que hablen bien de mí.
—No creo que eso te convierta en una mala persona, además, si lo consideras como un pasado puedo entender que cambiaste —su rostro era completamente inexpresivo, debía existir una forma para que yo mejorara ello.
Iba a preguntarle si podía hacerlo, pero algo me llevó a actuar por impulso. Me arrimé a él lo que más pude, apoyé un lado de mi cara cerca de su pecho, logrando escuchar los latidos de su corazón, y lo rodeé con mis brazos por sobre sus hombros.
Unos segundos después del sorpresivo acto, su cabeza se posó sobre la mía y una de sus manos frotaba suavemente mi espalda.
—No te imaginas cuánto necesitaba un abrazo sincero —soltó casi susurrando.
—Puedes pedirme los que tú quieras, cada vez que los necesites.
—Y en el caso de que tal necesidad no existiera, ¿podría pedírtelos igualmente? —preguntó fingiendo inocencia.
—Por supuesto, para ti son gratis y no hay límite de stock —ambos reímos.
—Me gusta que aclares que lo es así "para mí".
Levanté mi cabeza con delicadeza, quería comprobar si había cumplido el objetivo de cambiar la expresión en el rostro del castaño. Efectivamente, y es que para cuando alcé mi vista, me encontré con un rostro relajado y sin preocupaciones. Sus hermosos ojos ámbar hicieron contacto visual con los míos.
No estoy segura quién comenzó a acercarse al otro, o si ambos lo hicimos al mismo tiempo, como atraídos. El hecho es que ahora sólo unos escasos centímetros separaban nuestras miradas, incluso nuestros labios ¿De qué clase de amistad hablaríamos si terminábamos besándonos? Ciertamente, lo que menos me interesaba en aquel momento era responder a esa pregunta.
Una de sus manos pasó a tomarme por la nuca, mientras que la otra se posaba en mi cintura. Justo cuando nuestros ojos se cerraban para dejarnos llevar, el timbre resonó estrepitoso en todo el departamento. Nos separamos de inmediato, completamente sonrojados ¿Quién podría llamar abajo pasadas las dos de la mañana?
Shaoran abandonó su lugar y se dirigió adonde el contestador. "¿Quién es?", preguntó el castaño con cierta molestia. De inmediato su cara palideció y sus ojos se abrieron considerablemente. "E-espera un momento". Acto seguido, colgó el aparato.
— ¿Quién es? —pregunté curiosa.
—Es Arimi —largó corto y preocupado.
— ¡¿Qué!? ¡Oh no, definitivamente esto no está bien!, no puede verme aquí.
— ¿Tú crees? —cuestionó dudoso.
—Por supuesto, pensaría que soy una zorra o algo así. Jamás se creería que sólo somos amigos.
—Bueno, ¿y entonces qué hago? Creo haberla escuchado llorando. No puedo decirle que se vaya y ya.
—Lo sé, sólo dime dónde puedo esconderme.
—Entra a mi habitación y, sólo por si acaso, enciérrate con llave. Será un momento.
Sin decir más me dirigí al cuarto que el castaño me había indicado, mientras se ocupaba de dejar subir a la rubia. Cuando por fin estuve sola entre esas cuatro paredes y con la cerradura trabada, me desplome sobre su cama que yacía perfectamente tendida. Para ser un hombre que vivía solo resultaba sumamente pulcro y ordenado. La decoración era bastante sobria y el verde abundaba en ella. Aspiré con fuerza y llené mis pulmones con el aire embriagado en el olor a Shaoran, mi perfume preferido.
No pasó mucho tiempo cuando sentí la voz chillona de Koishikawa, quien -al parecer- ya se había hecho presente en el piso. La habitación era lindera con la sala, por lo q solo una pared me separaba de ellos. Apoyé en ésta mi oreja y me dispuse a escuchar lo que pasaba del otro lado.
—Shaoran, perdóname por favor. Jamás debí haber terminado contigo —escuché sollozar a la rubia.
— ¿Me puedes decir qué te sucede? ¿Por qué llegas a estas horas llorando y vestida así, de dónde vienes?
—Sólo salí con mis amigas a despejarme, pero me di cuenta lo mal que estuve y necesitaba disculparme contigo —"mentirosa", pensé.
—Está bien, te disculpo —"¡¿qué!?" Y después de todo lo que me había hablado, ¿qué estaba diciendo ahora?
— ¿Entonces estamos bien nuevamente?
—De qué hablas, dije que te perdonaba, nunca mencioné que estaba de acuerdo en que volviéramos —mi corazón retomó su posición normal al escuchar estas palabras.
—Pero Shao… somos perfectos juntos, recuerda lo feliz que hace a nuestros padres esta relación.
— ¿Lo feliz que los hace dices? ¿Acaso importa más que la felicidad de uno mismo?
— ¿Te refieres a que no eres feliz conmigo? —su voz sonaba cada vez más ahogada a causa de su llanto, incluso yo misma comencé a sentir cierto malestar.
—No me obligues a decir cosas que pueden resultar demasiado crueles —expresó Shaoran ya fastidiado.
—Sabes que te amo y que soy solamente tuya, lo que necesitamos es afianzar lo nuestro en la cama —quizás hasta podía imaginar que al decirle esto había tomado a Shaoran intentando seducirlo, que coraje sentía en ése momento.
—Te pido por favor que te retires.
—Pero Shao, ¿es que acaso ya no te excita todo esto? —Por alguna razón -un tanto masoquista- moría de ganas por ver lo que estaba pasando allí.
—Acomódate eso y haz lo que te ordené — "¿acomódate eso?" ¿Acaso se había quitado o corrido alguna prenda? Qué desfachatez.
—Muy bien, si eso quieres. Me pregunto qué habrá sido del hombre que una vez supo hacerme tocar el cielo en la cama —algo punzante pareció atravesar mi estómago al oír esto. No me era grato imaginar a Shaoran intimando con alguna mujer.
Por fin escuché el portazo que dio por terminada la discusión. De igual modo no abriría la puerta del cuarto, sólo hasta que me lo ordenaran. Por eso el castaño me habló del otro lado.
—Sakura, ya puedes quitar la llave.
Eso fue lo que hice, y mientras abría con lentitud, Shaoran se dio paso adentro de la habitación y se dirigió a la cama, sentándose en ella.
— ¿Escuchaste todo, cierto? —me preguntó.
—Fue inevitable —respondí cabizbaja.
—Sólo espero no haberte incomodado.
Negué con la cabeza y me dispuse a tomar asiento a su lado. Por alguna razón me sentía plena estando cerca de él.
—Mataría por tener a una mujer como tú a mi lado.
—Me tienes a tu lado, justo ahora —bromeé—, no mates a nadie por favor.
—Sabes a lo que me refiero —dijo riendo—. El tiempo pasa a prisa cuando estoy contigo, pero disfruto cada segundo. Eres hermosa y me vuelves loco, creo que me es demasiado difícil ser tu amigo.
No era la primera vez que me dejaba sin palabras, tratando de elaborar una respuesta. En esta ocasión su declaración había sido bastante fuerte y yo quedé perpleja. Sólo atiné a tomar una de sus manos entre las mías.
— ¿Recuerdas dónde habíamos quedado antes de la interrupción? —indagó con una mirada seductora.
A partir de ése momento decidí dejarme llevar, con mi boca entreabierta y mis ojos casi cerrados. Lo vi acercarse lentamente hacía mí. Cuando mis párpados cayeron por completo, comencé a experimentar otro tipo de sensaciones. Primero sus labios cálidos que atraparon los míos, los movía lentamente como si saboreara aquel beso, yo me acoplé a su ritmo. Sus manos sujetaban mi cintura, aferrándome a su cuerpo. Las mías se posaban en la parte trasera de su cuello, mientras jugaban con su suave cabello achocolatado.
Quería memorizar cada sabor, cada movimiento, cada suspiro. Nuestras lenguas acariciándose, los suaves mordiscones en los labios, las sonrisas entremedias, su aroma varonil... era algo mágico.
Nos separamos rato después, aunque continuaba depositándome castos besos sobre mi boca y en las comisuras.
—Espero no estar soñando —susurró en mi oído.
—Si se trata de un sueño, de quien quiera que fuese, espero que no despierte —ambos reímos—. Aunque… no quisiera arruinar el momento, pero es tarde y debo regresar.
—Ya veo —se lamentó—. Te llevaré a tu casa, pero antes debo hacerte una última pregunta.
—Bien, dime.
— ¿Qué sucedió con el sujeto que salía contigo, el tal Tsukishiro? ¿Es tu novio?
—Si así fuera, no te habría besado Shaoran —respondí con molestia—. Sólo compartimos salidas, pero por alguna razón últimamente me siento demasiado incómoda a su lado, creo que cortaré todo tipo de relación con él.
— ¿Acaso te hizo algo para incomodarte? —espetó furioso.
Esos eran los cortos instantes en los que debatía si contarle absolutamente toda la verdad al castaño o reservarme los detalles. Él se había sincerado por completo ante mí, creo q no había nada de malo con comentarle a él también lo ocurrido.
—B-bueno, verás… intentó llevar la relación demasiado lejos, ya sabes, intimando —revelé avergonzada—. No pienses que me forzó a hacer cosas que no quería, él respetó mi decisión y supo abstenerse. También mencionó algo de que en un futuro se ganaría mi confianza y sólo de esa manera lo haríamos, no estoy segura si quisiera que eso realmente suceda. Simplemente todo cambió desde ése momento, ya no consigo verlo de la misma manera que antes.
— ¡Idiota, cómo quisiera darle su merecido! —bufó el ambarino.
—No es como que haya hecho algo malo —reí nerviosa ante su reacción.
Abandonamos el departamento y subimos a su coche. Manejó en silencio hasta mi edificio. Aunque no había ningún tipo de tensión, incluso me resultaba gratificante la paz que el castaño me transmitía. Porque sin la necesidad de hablar, me hacía sentir que estaba conmigo, disfrutando la compañía mutua.
Antes de bajar del automóvil me tomó de la mano, jalándome con suavidad hacia él, me dio un cálido beso de despedida y aún sobre mis labios, me susurró algo.
—Ojalá nos veamos pronto, cuídate mucho, por favor.
—Adiós, Shaoran —dije acunando sus mejillas con ambas manos. Él posó las suyas sobre las mías.
—Adiós, Sakura —respondió con un último casto beso.
Sería muy difícil conciliar el sueño aquella noche, después de tantos sucesos juntos, ocurridos uno tras otro. Quién lo diría, Shaoran Li me había confesado que yo lo volvía loco. Él provocaba la misma sensación en mí.
Más allá de todo lo perfecto y bonito, estaban Arimi y también Yue. Con la primera, ciertamente, no tenía idea qué haría o qué le diría, porque aunque no era mi amiga se trataba de una simple cuestión de códigos entre mujeres; y con respecto al segundo, tenía que cortar todo tipo de relación con él, como se lo había mencionado a Shaoran. Sonaba fácil, aunque entre el dicho y el hecho…
¡Hola a todos mis queridos lectores! Paso rápidamente a dejarles un nuevo capítulo para ésta historia… como verán, éste quedó un poco más largo de lo que acostumbro, pensé en dividirlo en dos pero… naaah!
AL FIN HUBO REECUENTRO! Jaja
Para quienes no lo hayan notado, anoche publiqué la primera parte de una nueva historia: "Aguardando por tu amor". Es un Fanfic bastante corto porque la idea original era un OneShot, pero bueno, me excedí más de la cuenta y decidí subirlo en tres partes jaja. Los invito a darse un vueltita.
Una cosa más, yo reviso mil veces (exagerada mode on) si el texto contiene errores ortográficos o gramaticales, pero bueno, soy humana y algunos se me pasan. Igualmente siento que esta página a veces me distorsiona un poco el texto, pregunta, ¿a los demás escritores también les pasa?
Bueno, en fin, millones de gracias a quienes deciden seguir mi FF, o agregarlo a sus historias favoritas! Y obviamente a los que se animan a dejar un rw! Me llenan el alma!
Saludos gente linda.
Flor.
