Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de dryler, yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


Tan pronto como mi mente se aleja del sueño y vuelve a la conciencia, trato de luchar contra ella. Trato de ignorar la autoconciencia recuperada recientemente que me informa que mis músculos están cansados y un poco doloridos, y que, a pesar del hecho de que mi cama está caliente, mi cuerpo está ligeramente más fresco, lo que significa que probablemente tenga un resfrío, pero es demasiado tarde. Estoy despierta.

Lentamente ruedo de mi estómago sobre mi lado con un gemido silencioso, y renuente abro los ojos. Hay un momento de confusión cuando, en lugar de ver la ventana enmarcada blanca con cortinas blancas y amarillas finas de mi habitación en Phoenix, me encuentro mirando a las ventanas con marcos de madera oscura con las cortinas gruesas azules. Pasa rápidamente después de que me doy cuenta de que es sólo un raro día soleado en Forks. La sensación de calma que deja el sueño solo dura hasta que me doy cuenta de que incluso si el sol sí saliera aquí cada mañana todavía estaría despierta antes de la salida del sol. Siento un estallido de pánico en la boca del estómago mientras lucho para sentarme. Me he quedado dormida. ¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo los he tenido esperándome?

Echo un vistazo al reloj; son casi las dos de la tarde. ¿Por qué no me despertó Adelaide? ¿Cuánto tiempo tuvo Church que esperar antes de tomar su medicación? ¿Sigue esperando?

—Bella, ¿qué haces? —Las palabras me asustan, pero la mano que toca mi hombro me hace saltar. La mayor parte de la palma está en el hombro de mi camisón, pero donde sus dedos tocan mi piel es como una descarga estática, excepto que la electricidad proviene de debajo de mi piel y estremece su camino hacia la superficie, hacia su contacto. La cosa ha evolucionado. Todavía se concentra en mi pecho, pero los bordes se han ido y parecen haberse difundido por el resto de mi cuerpo, tarareando bajo mi piel.

Edward. Yo estaba en los jardines anoche con Edward.

Oh.

Vacilo un instante antes de volverme hacia él. Me congelo tan pronto como lo veo.

La gente dice que la piel es de color blanco, pero no quieren decir blanco. Quieren decir melocotón y crema y rosa y moreno, pero en la luz del sol del mediodía directo en la piel de Edward es blanco: blanco monocromático con el acabado liso y ligeramente pulido de granito o mármol. ¿Cómo es eso posible?

La teoría de la estatua que deseché tan fácilmente anoche regresa a mi mente. Puedo imaginarlo fácilmente bajando de un pedestal como el ángel que está de pie en los jardines. ¿Podría haber sido un conmemorativo de una tumba también? ¿Tal vez la de Ethan Church, y de alguna manera el alma se metió en la piedra y la animó?

Creo que la única cosa sensata por hacer en este momento es reírme de mí misma, pero una parte de mí está más inclinada a ir de caza entre los helechos en busca de un pedestal vacío.

Un sentimiento de inquietud y náusea empieza a burbujearme en el estómago. Hay demasiadas incógnitas como para tener algún sentido de seguridad. Estoy segura de que podría fácilmente volverme loca tratando de adivinar, por lo que empujo todo a un lado hasta que esté lista para aprender la verdad. Tal vez dispuesta es una mejor palabra. No sé si alguna vez voy a estar lista realmente.

—¿Bella? —La mano de Edward se mueve desde el hombro a la piel desnuda de mi cuello, dejando una sensación de hormigueo detrás de su tacto.

Sonrío reconociéndolo y me tumbo hacia abajo, descansando mi cabeza contra su pecho. Vacilante, pongo mi mano sobre su vientre desnudo y me centro en la sensación de pasarla de arriba abajo. Es extrañamente reconfortante saber que respira.

—¿Cómo te sientes? —Es una pregunta inocua, pero me resisto a la idea de tratar de responder de manera concisa. Me siento feliz, eufórica realmente, porque lo que sea que se ha estado construyendo entre los dos parece haber avanzado a otra cosa. Me siento aliviada porque ahora sé que Edward no es un fantasma, o al menos mi idea de uno. Me siento ansiosa por todas las cosas que no sé acerca de él. Me siento nerviosa porque en algún momento se me permita aprender estas cosas, y creo que eso me asusta más que no saberlas, lo que es preocupante en sí mismo.

Me conformo con algo sencillo, aunque no del todo satisfactorio.

—No estoy realmente segura.

—¿Te lastimé? —presiona.

—No. —Con una breve risa, levanto la cabeza y pregunto—: ¿Te parecía dolorida?

Su rostro adquiere una expresión en algún lugar entre la frustración y la vergüenza. Es extraño ver su rostro moviéndose ahora que he sentido su piel. Algo que se siente como piedra no debería ser capaz de cambiar y estirarse así.

—No lo creía, aunque sí pareces un poco aturdida.

—Más que un poco. Parecía que todo estaba ocurriendo a la vez. Creo que mi mente puede haberse sobrecargado y apagado en algún momento.

—Bueno, yo estaba bastante abrumado, así que sólo puedo imaginar cómo tu cerebro lo hubiera manejado.

Giro mi cabeza hacia un lado y le doy una mirada interrogante.

—No es que piense que eres estúpida —añade rápidamente—. Obviamente no lo eres. Sólo quería decir... yo no soy como tú.

—Eso he notado.

—Porque eres muy inteligente. —Hace una pausa por un momento antes de preguntar—: Eso sonó condescendiente, ¿verdad? —Solo sonrío—. ¿Podemos pretender que yo soy inteligente y no he dicho nada?

—O mejor aún, podríamos empezar de nuevo y podrías tomarlo como un cumplido.

Hace una mueca y dice:

—No soy bueno con esos.

—No es broma —murmuro con sequedad.

—Pero no importa, porque me voy a callar ahora —susurra en broma, presionando un dedo contra sus labios.

—No es una mala idea, aunque tengo algunas preguntas que me gustaría que respondieras primero.

Su expresión se vuelve cautelosa, pero asiente su consentimiento.

—¿Quién es Ethan Church?

—Yo, o tal vez sería más apropiado decir que nadie lo es, ya que no hay nada detrás del nombre, excepto los libros.

—Entonces, ¿quién es él, el hombre que ha estado contando la historia?

—Su nombre es Jonathan Adair. Era el joven soldado que sobrevivió a la bomba, a duras penas. Creo que casi lo mato de nuevo cuando lo recogí para llevarlo al médico. Realmente no pensé que fuera a sobrevivir.

—¿Y él ha estado contando tu historia?

—Una versión colorida de ella, sí.

—¿Y tú escribiste los libros?

—Sí.

—¿Por qué dices que nunca los has leído?

—No lo he hecho. Una vez que están escritos, no los miro de nuevo.

—Pero tienes los libros.

—Los editores me los envían. No parecía justo deshacerse de ellos. Son una parte de mí, lo quiera o no.

—Odias tus propios libros. Eso parece como un concepto tan extraño. La mayoría de los autores que he conocido han parecido excesivamente satisfechos con sus propios libros.

—Bueno, trato de no ser excesivo en nada. Es muy vulgar —responde con ligereza.

—¿Sigue siendo vulgar si nadie sabe que eres el autor?

—Algunas personas saben. Yo sé. No creo que Jonathan alguna vez incluso considerara leerlos. Dice que me aguanta lo suficiente así, y Adelaide se refiere a ellos como "esos libros" de una manera bastante despectiva, por lo que no creo que algún intento de adulación hubiera sido tolerado por mucho tiempo.

—¿Me están esperando? Debería haber estado levantada hace horas.

—No, ya les dije que te estás tomando el día libre. Creo que Jonathan podría utilizarlo de todos modos. Adelaide me ha estado dando miradas cada vez más sucias últimamente.

—Ella no está feliz con él haciendo el libro.

—Oh, lo sé. No estoy particularmente feliz por eso tampoco. Lo pospuse durante mucho tiempo, pero es imposible cambiar su mente en este momento.

Estoy a punto de decir algo así como eso suena como él, pero luego me doy cuenta de que no sé nada de él. Me he sentado en una habitación con él, lo he escuchado hablar por horas todos los días desde que llegué aquí, pero no creo haberlo conocido a él, Jonathan Adair. Hay algunos instantes que puedo precisar donde parecía que alguien más estaba apareciendo, momentos que parecían más genuinos, más animados que el resto, pero no estoy segura de que sea posible para mí volver y separar a Jonathan de Ethan Church.

—¿Bella?

—¿Hmm?

—¿Por qué estabas en los jardines anoche?

—Te estaba buscando —contesto simplemente.

—No, entiendo eso, y entiendo que querías... discutir la carta —dice diplomáticamente—, pero no entiendo por qué se te ocurrió anoche. ¿Pasó algo?

—Tuve este sueño, y... tenía que encontrarte.

—¿Un sueño sobre la carta?

—No, sobre ti.

—¿Yo? ¿Sobre mí?

—Fue... No sé. Era solo sobre ti. En realidad no puedo... —Pauso, tratando de convertir mis pensamientos en palabras. Después de unos momentos me decido por la cosa más simple que puedo encontrar—. Tengo esta cosa en mi pecho. —Quito mi mano de su pecho y la aprieto contra el mío—. ¿Sabes de lo que estoy hablando?

—Sí —responde en voz baja.

—¿Tienes eso? —pregunto vacilante.

Él asiente con la cabeza y mueve mi mano de regreso al centro de su pecho. Siento como si debiera ser capaz de sentir algo ahí, una presencia física de algún tipo. Todo lo que puedo sentir es su piel, su piel que no se siente como piel en absoluto, y el leve hormigueo que he empezado a tener cada vez que mi piel toca la suya.

—¿Qué es?

Se ve pensativo por un momento antes de decir:

—No creo que tenga un nombre, y no sé de dónde viene. Es lo que es.

—¿Le sucede a otras personas?

—A veces, pero no es universal. Es el tipo de cosa que afecta a todo el mundo de manera diferente, creo.

—¿Tiene que ver contigo... por la forma en que eres? —Bailar continuamente alrededor del tema central está empezando a hacer que me sienta un poco tonta, pero no parece ser suficiente para motivarme a hacer algo al respecto.

—Posiblemente... probablemente. En realidad no es el tipo de cosa que se pueda estudiar —responde.

Edward ligeramente pasa la punta de sus dedos sobre mi brazo desnudo, y trato de no reírme ante la sensación de cosquillas. Sus dedos se detienen justo antes de que lleguen a mi codo, y vuelve la cabeza hacia un lado, hacia el pasillo.

—¿Qué? —pregunto.

—Adelaide te está haciendo algo para comer. Quiere que bajes pronto.

—¿Oh?

—En realidad me está dando todo un sermón por mantenerte aquí.

—No escucho nada.

—Esa es parte de la conversación de eventualmente —dice con una mueca.

—Creo que debería bajar entonces.

—Bueno, si no bajas ella probablemente suba, y de verdad no creo que eso sea lo mejor.

—Bien, entonces me levantaré... pronto.

—Bueno, siempre y cuando tengas un plan —dice él, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura.

Sentada en la cocina con Adelaide después de que Edward desaparece al final del pasillo es a la vez surrealista e incómodo. Surrealista porque se siente como que todo debe ser diferente después de que tanto ha cambiado dentro de mí, pero aparte de que sea tarde en el día, éste parece el mismo desayuno de todos los días. Incómodo, porque estoy bastante segura de que tiene al menos una idea general de lo que pasó anoche, y ella sabe más acerca de Edward que yo. Sin embargo, parece bastante divertida, que de hecho creo que es más inquietante de lo que repulsión o desconcierto habría sido, sobre todo porque no me puedo quitar la idea de que ella puede estar riéndose de mí, a pesar de que eso no parece como algo que ella haría.

No es hasta que coloca la comida en la mesa que suelto la pregunta que he querido hacerle por un tiempo.

—Realmente no quisiste decir fantasma, ¿verdad?

Ella parece sorprendida por un momento antes de decir:

—Bueno, ¿qué entiendes tú por "fantasma"?

—¿Qué entiendes con ello?

—Ya te lo dije.

Suspiro. Sus crípticas palabras sobre los restos de la muerte no son particularmente útiles.

—Si realmente quieres saber, no soy a quien le debes preguntar —dice Adelaide.

—No quiero saber.

—Entonces, ¿por qué lo preguntas?

—No quiero saber, pero necesito saber.

Adelaide me mira detenidamente por unos momentos antes de murmurar:

—Por esto es por lo que no me casé.

Edward me está esperando en el pasillo después de la comida.

—Pensé que te gustaría conocer a Johnny —dice, extendiendo la mano para tomar la mía.

—Oh, sí, creo que me gustaría.

Él sonríe y me lleva por el pasillo, más allá de la sala matinal hasta una puerta en la que nunca he estado antes. Después de un breve golpe me empuja al interior. La habitación está oscura y un poco húmeda, pero hay una lámpara moderadamente brillante en la mesilla de noche. Está apoyado en la cama, y aunque él tiene una sonrisa traviesa en su cara, sus ojos no parecen tan alertas como lo hacen normalmente.

—Diría buenos días, pero parece un poco tarde para eso.

—Bella, este es Jonathan Adair. Jonathan, Bella —presenta Edward, ignorando el comentario de Jonathan.

—Buenas tardes, Bella. Edward, pareces estar de buen humor hoy. Siempre le he dicho que sería mucho más afable si pasara un poco más de tiempo con las mujeres.

—Johnny —dice Edward en un tono de advertencia.

—¿Qué? Traté de adornarlo lo mejor posible.

—No deberías haber dicho nada en absoluto —responde con frialdad.

Él me mira y murmura:

—Es evidente que he hablado demasiado pronto. —Edward suspira con frustración—. No puede aceptar una broma ni para salvar su vida, clásico signo de un hijo único... al menos la primera vez. —Me guiña el ojo juguetonamente.

—Puede haber sido encantador cuando eras un hombre joven, pero eres demasiado viejo para ser un coqueto descarado, especialmente entre las mujeres jóvenes.

—Voy a pasar por alto el hecho de que eres mucho mayor que yo y que has hecho más que coquetear, y pasar directamente a la parte donde te digo: "Nunca se es demasiado viejo, Eddie".

—Tenía la esperanza de que hubieras superado eso.

—Más bien como suprimido temporalmente para evitar la ira de la matrona que todo lo sabe. Ella puede haber sido un ángel de muchas maneras, pero esa mujer podía leer cosas de la gente que nadie debería ser capaz de descifrar. Vivía con el temor constante de que me atrapara un día con pensamientos sucios y mutilara una de las pocas partes de mí todavía en funcionamiento después de aquella explosión. No dudes en poner eso en el libro.

—Eso no va en el libro.

—Oh, vamos, soy un hombre viejo con un último deseo.

—Escoge algo más, algo con menos... mal gusto.

—No era tan malo. Creí que había sido sutil al respecto, con clase incluso. Hay muchas más... formas explícitas en que podría haberlo puesto. Esa es una cosa sobre la guerra: hizo maravillas para mi vocabulario. —Gira la cabeza para mirarme antes de decir—: Sabe, él siempre ha sido un pesimista. Habría intentado conquistarla yo mismo y la liberaría de tener que lidiar con él, pero no sería correcto que se enamorara de mí justo antes de que me muera. Su tierno corazón nunca podría recuperarse.

—Eso es muy considerado, Jonathan. —Mi intención es que sonara a broma, pero estoy un poco conmocionada de esta extraña persona con un rostro tan familiar, así que sale más brusco de lo que pretendía.

—Llámeme Johnny. Ha pasado mucho tiempo desde que una chica bonita me ha llamado Johnny. Adelaide no cuenta; prácticamente soy su tío. Aunque era bastante hermosa cuando maduró, no es que yo estuviera… prestando atención. Ella da casi tanto miedo como su madre.

Edward sacude la cabeza, pero sonríe cuando dice:

—Absolutamente incorregible.

—Oh, sal de aquí. Tengo que descansar para mañana por la mañana.

—¿Qué pasa mañana? —pregunto.

—Lo mismo que pasa todas las mañanas... excepto ésta, obviamente —responde Jonathan.

—¿Seguirá contando la historia?

—Por supuesto.

—Se da cuenta de que sé que es la historia de Edward, ¿verdad? No tiene que seguirla contando.

—Me aprendí toda esta historia, que abarca casi un siglo, de memoria, lo que me llevó años. Voy a contar la maldita historia... incluso si algunas personas ingratas no aprecian mi dedicación.

—Johnny, sabes... —comienza Edward.

—Ah, relájate, chico.

—¿Chico? ¿Qué pasó con eso de que soy mucho mayor que tú?

—No hay espacio para la consistencia en paradojas. —Hace una pausa por un momento antes de añadir—: No estoy seguro si eso tiene sentido.

—Estás cansado. Voy a venir a verte más tarde —dice Edward, antes de que empiece a moverse hacia la puerta.

—Adiós, Johnny —me despido con una pequeña sonrisa.

—La veré mañana. Vamos a hablar de cómo él empezó a escribir de nuevo después de la guerra. Es un verdadero barril de risas.

Dejamos la casa y terminamos caminando por el sendero arbolado, las gotas de lluvia golpeando contra las hojas de arriba.

—¿Todavía estás escribiendo?

—Pensé en escribir un libro más, y eso será todo.

—¿Qué vas a hacer cuando Ethan Church haya terminado con eso? —pregunto vacilante.

—Bueno, le voy a dar a Adelaide el dinero de Ethan Church, y ya que ella expresó su interés en viajar, no hay ninguna razón para que me quede por aquí. Tenía la intención de volver con mi familia, tratar de vivir con ellos de nuevo.

—¿Pero ya no?

—Realmente ya no tengo ni idea de lo que voy a hacer.


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Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai.