Sirius está agotado. Han pasado dos semanas y desde que vuelve a salir con Gabriela la ha visitado todas las noches; se quedan hablando y besándose hasta las tantas (o más bien hasta que Evans empieza a amenazar con maleficios) y por la mañana ambos tienen sueño. Aún así, prefieren pasar la noche despiertos.
Al pasar por delante de un baño de chicas oye susurros rápidos, cotilleos que saldrán de ahí con la valiosa ayuda de Peeves.
-¿Has oído lo mismo?
-Yo oí que no se han besado.
-Eso es mentira. Sirius Black nunca dejaría de besar a una chica durante dos semanas.
-Y Sirius Black nunca tiene novia, ¿no?¡Pues mira cómo estamos!
Son las cinco reglas de oro que el mismo Sirius hizo conocidas en cuarto:
1-Sirius Black no tiene novia.
2-Sirius Black besa a las chicas nada más conocerlas.
3-Sirius Black no conserva chicas durante más de un día.
4-Sirius Black no repite.
5-Sirius Black no se habla con sus padres.
(Esta última la creó para evitar a las alumnas cazafortunas que intentaban apoderarse del dinero de los Black)
-Sin embargo-prosigue la segunda en hablar-las normas ya no se aplican. Está con Gabriela Biel, y eso contradice todo.
-Yo me acuerdo de que salieron en tercero.
-¡Ay, sí! Iba con ella todo orgulloso por Hogsmeade.
-¡Qué zorra!¡Novia de Sirius Black dos veces!
-¿Creéis que ya se la ha tirado?-pregunta una vocecita chillona. Se hace el silencio. La voz pertenece a una chica menuda, parecida a una ardilla, que Sirius conoce de vista.
-Yo creo que sí-suelta una.
-Yo creo que no. Con ninguna hizo nada.
-Pero ninguna era su novia. ¿Va a estar dos semanas sin tirarse a su novia?
De pronto se oye tirar de dos cadenas y salen Patty Sting y... ¡Gabriela! Sirius se apreta más contra la pared y murmura un encantamiento desilusionador. ¡Como le pillen, no llega a Junio!
-Por favor, dejadme aclarároslo. No soporto veros nerviosas-dice Gabriela en voz clara y fría, con un deje entre divertido y sarcástico que suena peligroso-No me he tirado a Sirius-Se mueve hacia la puerta pero cambia de opinión a mitad de camino, y dice en voz alta-Aún. Dadme tiempo, ¿no?
Se marcha a buen paso del baño seguida por Patty, dejando a las chicas (¡y a Sirius!) boquiabiertos. Myrtle La Llorona sale de la tercera cabina.
-¡Uuuuuuh!¡Esto le va a interesar muuucho a Peeves!-dice con su voz quejumbrosa y llena de malicia, y corre a compartir su información con el poltergeist.
Por supuesto, para la hora de la cena todo el mundo sabe ya lo que dijo Gabriela y le están haciendo a la chica la vida imposible. A ella le da igual, porque tiene un problema mayor: plantarle cara a su mejor amigo.
A las once en punto se encuentra con Sirius y juntos caminan por el pasillo de piedra hasta el lugar donde han quedado con Regulus. Le ven llegar; es sólo un poco más bajo que su hermano mayor y tiene los mismos ojos grises y el pelo negro. Su indumentaria está perfectamente colocada y luce los colores verde y plata de Slytherin. Sirius siente el impulso de tirar de uno de los rebeldes extremos de su corbata, pero no quiere mostrar que está nervioso.
-Reg-saluda la chica. Se inclinan para darse un abrazo.
-¿Qué hay?¿Y cómo es que él ha venido?-dice el más joven de los Black señalando a su hermano.
-Estoy saliendo con él otra vez. Y me ha contado cosas sobre ti... y no me las quiero creer, la verdad. Por eso te mandé la lechuza.
-Viniendo de él, seguro que es todo mentira.
A Gabriela le sorprende notar la diferencia desde que estuvieron juntos los tres la última vez. Por entonces Regulus era cálido con su hermano, y sólo Sirius estaba dominado por la ira. Ahora el Slytherin tiene los ojos fríos, de piedra, y su calma es precaria, controlada... ensayada.
-Entonces no vas a ser un mortífago de mierda, ni vas a apoyar a Voldemort, ni tienes miles de artículos sobre artes oscuras en tu cuarto. ¿No?-comenta Sirius. Al ver que su hermano no responde se impacienta-¡venga, niégaselo! A ver si te atreves a decir que miento, serpiente.
Regulus mira mal a Sirius y luego su vista se clava en Gabriela.
-¿Le crees?¿Aunque dice que soy una mala persona?
-Tú todavía no me lo has negado siquiera.
-Pero es que no sabe de lo que habla… Voy a unirme al Señor Tenebroso, sí, y limpiaremos el mundo mágico. Los sangre sucia no deberían existir, son un error. ¡Un miserable error!¡Eso es lo que Sirius no entiende! Así será como papá y mamá quieren, seré uno de los mortífagos, y llevaremos a cabo la noble misión de purificar la raza de los magos. Tojours pur, ¿recuerdas, hermano?
-Quién pudiera olvidarlo-masculla Sirius.
Gabriela está asustada de la fuerza y pasión que su amigo pone al hablar. Regulus le cae bien, le ha confiado a él todos sus secretos y desde que eran pequeños ha sido la persona más simpática que conoce, pero no será amiga de un mortífago. Jamás.
-Ellos están contra Lily-protesta Gabriela-y ella es mi mejor amiga, por lo que están contra mí. Y no tengo por costumbre unirme a mis enemigos. Lo siento, Regulus. No vuelvas a mandarme lechuzas si no cambias de opinión sobre eso.
-¡Gaby!¡Pero si tú y yo siempre estamos de acuerdo!
-Cuando hay magia oscura en medio no-afirma ella, y se aleja tirando de la muñeca de un Sirius taciturno y nada sorprendido.
Poco después están en la habitación del Gryffindor. Es poco probable que venga nadie: James está persiguiendo a una cierta pelirroja, Peter hinchándose a comida (su afición favorita) y Remus, como buen aplicado estudiante, en la biblioteca. Gabriela puede desahogarse tranquila. Derrama lágrimas brillantes y saladas; pocas al principio, pero pronto llora desesperada porque Regulus no volverá a ser el chico que conoce y quiere.
