CAPITULO DECIMO: LA AYUDA DE UN DESERTOR
- ¡No! – se escucho que gritaba alguien.
Luego solo se escucho el eco de un llanto esparcido por el pasillo.
¿Fue bueno haber hecho lo que hice?
Si, estoy segura que fue lo correcto.
En este momento de oscuridad…
Quisiera poder besar mis recuerdos.
¿Por qué?
Por que en mis recuerdos solo veo a Ginny…
Quisiera poder besarla.
Pero ya todo acabo, mi cometido en la vida se cumplió…
Proteger a Ginny hasta la muerte.
¿Fue bueno morir por ella?
Claro que si… siempre es bueno morir por una buena chica.
Y Luna sonríe para si, antes de cerrar los ojos y sumirse en el vacío.
Flash back+
- Mira a aquella chica.
- ¿Esa de pelo rubio?
- Si, es bastante extraña. Mira como lleva su varita: detrás de la oreja.
- ¿Qué se cree llevándola así? ¿Acaso no sabe que se ve ridícula?
- No lo creo porque, además, lleva unos aros de rabanitos.
- ¡¿Qué! No puedo creerlo.
- Pues créelo, porque… que se puede esperar de la hija de un mago chiflado.
- ¿Chiflado?
- Si, es la hija del director del Quisquilloso.
- Ja ¡No puede ser! Pobre chica.
- Si…
- ¿Y tu sabes como se llama?
- Claro, su nombre es: Luna Lovegood.
- Mejor dicho, Lunática Lovegood.
Y se escucharon risas. Luna siempre las escuchaba tras ella. Cada paso que daba por los pasillos y rincones del colegio era sinónimo de burlas de los demás. Hablaban a sus espaldas. La creían loca, pero no lo era. Solo se comportaba… diferente. Luna suspiro mientras pensaba en eso, aquellas burlas al principio le causaban mucha tristeza, pero ahora era la indiferencia la que ocupaba su corazón. Ya estaba tan acostumbrada a que la llamaran loca o Lunatica, y muchas veces llegaba a divertirse con esos comentarios. Pero aun si, aunque fuera indiferente, esas palabras insultantes le hacia darse cuenta de que estaba sola.
La soledad.
Llego frente a la puerta del salón de Transformaciones. Hoy le tocaba clase junto a los de Griffindor. Los alumnos aun estaban en receso así que seria la primera en llegar. Como siempre. Luna abrió la puerta, entro en el salón y cerro la puerta tras de si. Se dirigió al final del salón, en la esquina más oscura y alejada, y allí se sentó. Miro asía el escritorio vacío del profesor y se sintió patética y muerta.
Tan muerta como una sirena fuera del agua.
De repente escucho pasos, miro asía la puerta y vio como otra muchacha entraba en el salón. Una muchacha de cara triste. La recién llegada observo a Luna y luego bajo la mirada al piso. Luna la siguió observando. La chica camino asía el final del salón y se sentó solo a dos bancos de distancia de Luna. Comenzo a llorar.
- Oye…
La chica observo a Luna, que la miraba con algo de curiosidad y con tristeza.
- ¿Qué sucede? – pregunto la rubia sin dejar de mirar a aquella chica a los ojos.
- ¿Por qué lo preguntas? – pregunto la otra a modo de respuesta, su voz era muy baja y denotaba algo de timidez. Luna sonrió, le agradaba aquella chica.
- Porque en tus ojos esta aprisionada toda la tristeza del mundo.
La chica abrió los ojos sorprendida por esas palabras.
- ¿Cómo te llamas? – pregunto Luna.
- Ginny, Ginny Weasley. ¿Y tu?
- Luna Lovegood.
- Gusto en conocerte.
- Claro que no, el gusto es mió – y Luna sonrió. Ginny se sintió más tranquila y las lágrimas que corrían por su rostro se detuvieron. Luna se sintió feliz, aunque solo supiera el nombre de aquella chica, le alegraba que, por un momento, ella hubiera ayudado a amainar aquella pena que acosaba a Ginny. - ¿Por qué llorabas?
- Por nada…
- Esta bien… algún día me lo dirás… - Ginny la observo curiosa cuando Luna pronuncio estas palabras. Luna solo se limito a observar el escritorio frente a ella.
- ¿Por qué estas tan segura?
- Solo lo se – contesto Luna y se levanto sin dejar de mirar aquel escritorio vacío. Ginny siguió sus movimientos con la mirada, se estaba poniendo algo nerviosa. Aquella chica le hacia sentirse así, Luna la hacia sentirse nerviosa. Muy nerviosa. Ginny miro al frente, cerró los ojos y comenzo a respirar entrecortadamente. Luna camino y se situó detrás de ella, Ginny sentía su presencia. Luna poso sus manos sobre los hombros de la pelirroja, esta se sonrojo, la extraña chica de cabellos rubios se agacho hasta posar su mentón sobre el hombro izquierdo de Ginny y susurro "No te preocupes, yo estaré aquí para acompañarte, no te sientas sola porque yo estoy junto a ti" Ginny abrió los ojos y frente a si vio la mano de Luna, que sostenía un pequeño dulce de envoltorio dorado y que se lo estaba ofreciendo.
- Vamos, los dulces siempre ayudan cuado uno esta triste – Ginny observo de reojo la sonrisa de Luna, sus ojos eran calidos, muy calidos. Ginny soltó una risita y cogió el dulce. Luna se levanto y se dirigió a la puerta, Ginny se sorprendió por esto.
- ¿A dónde vas?
- ¿Tienes animo de hacer Transformaciones y de que McGonagall nos diga "son un fraude, pónganle mas empeño"? – Luna la miraba algo seria - ¿Tienes animo Ginny? Porque yo no lo tengo, si quieres puedes acompañarme.
- Eh… - Ginny observo como Luna salía, por unos segundos no supo que hacer, pero luego de un momento reacciono, tomo su mochila y salio tras Luna. La rubia sonrió, ya no estaba sola.
Fin Flash back+
- ¡No! – Ginny cayó de rodillas al suelo junto a Luna - ¡Maldito!
La figura de túnica negra corrió junto a la muchacha y se detuvo a pocos pasos del cuerpo de Luna. Ginny lo miraba extrañada pero no dejaba de apuntarle con su varita. La figura se arrodillo a su lado, subió lentamente su mano izquierda a su cabeza y se saco la capucha dejando ver unos lacios cabellos rubio platino. Ginny abrió los ojos y sus pupilas empequeñecieron por el impacto, y un grito no quiso salir de su garganta. ¿Acaso se estaría equivocando? ¿Seria él? La figura tomo el pulso de Luna, no hablaba. Ginny, sin dejar de apuntarle, se levanto bruscamente, la figura la observo y tambien se levanto. Era un poco más alta que la pelirroja.
- ¿Quién eres? – pregunto la chica con un temblor en la voz.
- ¿Por qué preguntas, traidora a la sangre? Ya sabes quien soy, ya debes haberlo descubierto – contesto el mortifago dirigiendo su mirada a una ventana del pasillo.
- ¿Malfoy? – pregunto Ginny esta vez.
El mortifago se saco cuidadosamente su mascara y la arrojo al suelo. La calavera se quebró produjendo un sonido hueco. Ginny no supo que hacer, su corazón dio un brinco brusco y su respiración se acelero. El chico estaba igual a como lo recordaba, rubio y de cabello lacio, ojos fríos y con un aura oscura y atormentada como nadie, pero esta vez no sonreía con arrogancia ni de ninguna otra manera. Malfoy no sonreía ni vivía, era un mortifago, estaba ya muerto. Era su destino.
- ¿Qué haces aquí maldito? – dijo Ginny.
Malfoy no contesto y le dio la espalda, arrojando tambien su varita al piso. Ginny no entendía nada.
- ¿Por qué haces esto?
- ¿No lo sabes, acaso? Me lo ordenan, sigues tan tonta como siempre.
- No me llames tonta, mírate tu antes de hablar, arrojaste tu varita y ahora tu vida esta en mis manos… Yo no soy la tonta en esta historia.
- No hables sin pensar niña.
- Y tú no hables como si fueras la gran cosa.
- Cállate, baja tu varita y ven aquí.
- ¿Quién te crees tu para darme ordenes?
- ¡Solo hazlo! – grito Malfoy dándose vuelta bruscamente, sus ojos se brillaban con un fulgor verde, apunto a Ginny con su mano extendida y susurro unas palabras.
Y la varita de Ginny salio volando por los aires. Malfoy bajo la mano, sus ojos volvieron a la normalidad, los cerros pesadamente y se volvió a dar vuelta para tomar a Luna en brazos. Ginny no podía creerlo, Malfoy podía usar la magia sin necesidad de su varita. Ginny se volvió para buscar la suya, miraba hacia todos lados, pero no la encontraba.
- Si buscas tu varita ya no sigas, esta en mi bolsillo y solo te la entregare cuando sea adecuado – susurro el chico comenzando a subir las escaleras.
- ¡¿Porque haces todo esto! – pregunto la pelirroja mientras lo seguía escaleras arriba.
- Ya te lo dije, porque me lo ordenan.
- ¿Quién?
- Mi corazón.
- Eh… - murmuro Ginny sin entender, pero luego agrego - ¿Tu corazón te ordeno atacarnos?
- No, ese fue mi instinto.
Y Ginny callo y siguió al muchacho.
…
- ¿Cómo esta?
- Mal, pero si es fuerte vivirá – Ginny lo miro con angustia, Malfoy miraba a Luna sin expresión en su rostro. Ginny bajo la mirada, Malfoy había cambiado mucho, podría jurar que deseaba que alguien lo matase. No quería vivir – Ginny…
- ¿Qué sucede?
- No te preocupes, ella mejorara y cuando eso pase tu y ella podrán estar juntas. Eso te lo puedo asegurar – Malfoy miro a Ginny y sonrió dulcemente. Ginny observo los grises ojos del chico sin saber que decir, sonrió y volvió a bajar la mirada. Malfoy no deseaba su muerte, no deseaba matarlas. Ya no quería matar a nadie.
- ¿Cómo lo supiste? – Pregunto la pelirroja. Malfoy suspiro y se dirigió asía una de las ventanas de la enfermería.
- Soy el pupilo de Snape, en otras palabras, su aprendiz y como tal soy un experto en Legeremancia.
Ginny miro a Luna por última vez, con una mirada que denotaba amor, preocupación y ternura, y luego se dirigió hacia donde estaba Malfoy. Se situó a su lado y junto a él observo el reflejo rojizo del atardecer en el lago.
- Has cambiado mucho, Malfoy – comento la chica cerrando los ojos y riendo.
- Tu tambien.
- ¿Por qué estas acá, en Hogwarts?
- Por mi misión, debo buscar algo en este castillo.
- ¿Qué cosa?
- No puedo decírtelo, pondría en peligro mi misión.
- Claro.
Los dos se quedaron en silencio. El sol surcaba lentamente el cielo y junto con el las flores comenzaban a ocultarse y las sombras se desplazaban por la tierra. Ginny suspiro y abrió los ojos, le encantaba aquella quietud y no podía imaginar que aquella tranquilidad y paz, la estuviera presenciando junto a Malfoy. Un chico que nunca le había agradado.
- Ginny ¿Por qué dudas tanto? – Pregunto Malfoy sin dirigirle la mirada a la chica cuando ella le miro sorprendida – Has dañado mucho a Luna ¿Te habías dado cuenta de eso? Por tus inseguridades ella ha pasado por un estado de profunda tristeza todo este tiempo, eso crea profundas heridas en las personas, Luna…
- Por favor no sigas – dijo Ginny, desde sus ojos habían comenzado a caer lagrimas – Ya sabia todo eso que me dices y de verdad, no me siento bien por ello…
- Me lo imagino – Malfoy cerro los ojos, se dio vuelta y se apoyo en el ventanal – Las traidoras a la sangre como tu son tan sentimentales.
- ¿Piensas que debería hacer lo mismo que tu?
- ¿De que hablas?
- Olvidar mis sentimientos ¿Eso quieres que haga? – Ginny observo fríamente a Malfoy, este le sostuvo la mirada – No haré una estupidez como esa.
- No me digas cosas que ya se.
Malfoy se levanto y comenzo a caminar asía la puerta de la enfermería.
- Sígueme.
- ¿Y Luna?
- Ella estará bien.
- Pero…
- ¿Quieres asegurarte de lo que sientes o no?
Ginny miro a Luna, se sonrojo y siguió a Malfoy sin poder mirarlo por unos cuantos minutos a la cara.
…
- Aquí estamos.
Ginny entro tras de Malfoy a una sala vacía y fría, oscura, de grandes pilares esculpidos en estilo medieval. Caminaron unos minutos, pareciera que ese lugar nunca fuera a llegar a un final. Entonces Malfoy se detuvo frente a un espejo, con bordes de color dorado. Los dos se reflejaban sombriamente en el cristal. Ginny estaba confundida.
- ¿El espejo de Oesed? – pregunto Ginny. Malfoy la miro sorprendido.
- Veo que Harry no ha perdido tiempo, te ha informado de todas sus "aventuras".
- Si.
- Entonces me imagino que sabes para que sirve este espejo.
- No estoy muy segura, creo que era para ver lo que deseabas.
- "Oesed lenoz arocut edon isara cut se onotse" – pronuncio Malfoy dando unos pasos y acariciando las palabras grabadas en el marco superior del preciado espejo.
- ¿Qué quieren decir esas palabras?
- "No te muestro tu cara sino el deseo de tu corazón"
- ¿Para que me trajiste aquí?
Malfoy alzo su mano frente a si igual como cuando, hace un par de horas, lo había echo para arrebatarle la varita a Ginny. Apunto al espejo y doblo bruscamente sus dedos. El cristal del espejo se puso acuoso y comenzo a despedir un extraño tipo de electricidad. Los ojos de Malfoy nuevamente se tiñeron de un fulgor verde, pero esta vez era un verde furioso. Ginny se asusto un poco, pero no retrocedió. El aire del lugar se torno denso. Finalmente Malfoy bajo su brazo, cerró los ojos y suspiro cansado. El cristal del espejo ya no era solidó, sino que casi liquido.
- Listo. Ahora puedes entrar en el.
- ¡Entrar! – exclamo Ginny exaltada.
- Si, entrar. Allí veras con mas detalles tu deseo, tu deseo mas profundo y oculto a los demás. ¡Entra, no pierdas tiempo!
- ¿Por qué debería confiar en ti?
- No deberías, pero lo harás porque yo no deseo hacerte daño – Malfoy se alejo un poco de Ginny para darle espacio para que entrara al espejo – Eso ya deberías saberlo Weasley.
La pelirroja miro a Malfoy y luego al espejo. Su reflejo era igual al que se sostenía en el lago. Dio unos pasos y con inseguridad extendió su mano asía el cristal, con la punta de sus dedos toco la superficie; ondas resplandecientes surcaron el liquido. Ginny quito su mano por instinto, tenia miedo, esa era la verdad. Volvió a tocar el cristal acuoso con sus dedos, pero esta vez no los retiro, sino que siguió avanzando hasta que, poco a poco, su brazo y todo su cuerpo fueron atravesando el espejo. Cuando su rostro por fin iba a tocar el cristal, Ginny cerró los ojos y se sumió en la oscuridad de su interior. Sintiendo como se hundía en un mar oscuro y congelante.
- Ginny, recuerda esto, no te dejes llevar por lo que veas o no podrás… - pero la chica ya no escucho las voz de Malfoy, ahora estaba en otro mundo.
…
Flash back+
- Mira ¿No crees que es hermoso, Luna? – pregunto Ginny mientras jugaba con una pelusa de color morado que corría por entre sus brazos.
Luna reía mientras observaba como el Pigmy-puff se escondía entre los rojos cabellos de Ginny. Las dos estaban sentadas en el techo de la Madriguera, admiraban el cielo y las nubes, lo árboles y todo lo que las rodeaba, a las dos les parecía hermoso aquel paisaje, además de relajante.
- ¿Qué nombre le habías puesto, Ginny? – Pregunto Luna tomando al pequeño pompon morado y acostándolo sobre su hombro – Es adorable.
- Si, se llama Arnold.
- Un nombre perfecto – comento Luna mientras acariciaba la cabecita de la pequeña criatura.
- ¿Por qué lo dices?
- No se, creo que le viene de maravilla.
- Que bueno que alguien piense así.
- Eh… ¿Qué, porque?
- Es que Fred y George siempre se burlan de él, dicen que es un nombre muy ñoño.
- Todos los nombres son ñoños, solo depende de la persona que los oiga.
- Talvez.
Ginny y Luna se quedaron en silencio. Desde lo lejos, una pelusa volaba en su dirección, las dos la observaron mientras cruzaba entre ella para seguir su camina. Era una diminuta pelusa blanca, venida de cualquier parte del mundo. Arnold tambien la observo y, sorpresivamente, salto desde el hombro de Luna y comenzo a seguirla. Luna se sobresalto y trato de coger a Arnold, pero no pudo, la criatura era más rápida que ella.
- ¡Arnold, ven aquí! – lo llamo Ginny levantándose. Luna la imito.
Arnold no obedeció. Ginny comenzo a correr detrás de la criatura, Luna la siguió. Entonces llegaron al borde de la techumbre, las dos chicas creyeron que el pequeño pompon morado se detendría, pero no lo hizo sino que siguió bajando por la muralla de la casa; entusiasmado por la pelusa blanca que huía de él.
- ¡No, Arnold! – Ginny se arrodillo al borde del techo y observo como Arnold, con maestría, bajaba poco a poco los pisos de la Madriguera. - ¿Y ahora que hacemos, Luna?
- Creo que bajar tras él.
- Estas loca, si caemos desde aquí moriremos de seguro.
- Entonces usemos magia para raer a Arnold.
Ginny observo a Arnold, que ya se encontraba unos dos pisos mas abajo.
- No creo que podamos usar magia, ninguna de nosotras puede darle desde esta distancia.
- Es verdad, entonces deberá ser la primera opción.
- Si no se te ocurre algo mejor.
Ginny comenzo a bajar cuidadosamente por la pared de la Madriguera, tratando de apoyarse en salientes, maderas, cordeles o algo que sirviera de apoyo. Luna bajo tras de ella. Arnold se movía con agilidad por entre los pisos, pero entonces se detuvo en el quinto y espero a que la pelusa que perseguía se posara junto a él y de un salto la atrapo.
- Mira, que bueno, Arnold se detuvo – dijo Luna apuntando a la criatura. Ginny suspiro con alivio.
La pelirroja bajo rápidamente, sin tropezar a penas por el camino, y llego junto a Arnold en menos de diez minutos. Ginny se apoyo sobre el alfeizar de la ventana donde estaba Arnold. Luna estaba sobre ella, pero entonces, la rubia piso mal una madera y resbalo.
- ¡Cuidado Ginny! – grito Luna tratando de advertir a su amiga. Pero ya era tarde, Ginny alzo la vista y solo vio como algo se le abalanzaba encima. Todo se volvió oscuro y sintieron como la ventana donde estaban se abría y las dos, junto con el Pigmy-puff, caían a la habitación.
Fue un duro golpe.
Luego de unos minutos.
- ¿Luna?
- ¿Ginny?
Las dos se observaron, en esa habitación asía frió pero aun así sus mejillas se tornaron de un color rosa pálido. Las dos se miraban sorprendidas. Estaban tan cerca. Luna encima de Ginny. Las dos sentían el cuerpo de la otra, muy cerca, peligrosamente cerca. Era uno de esos momentos en que los sentimientos opacan a la razón y en el que el tiempo se detiene por algunos segundos. Segundos eternos. La respiración acelerada de Luna se veía reflejada en el aire, por el vapor que salía desde sus labios en cada exhalación. Ginny no se movía, no quería moverse. Los ojos que observaba eran hermosos, profundamente atrayentes. ¿Qué era esto? Nuca le había sucedido algo así. Sintió una extraña fragancia, Luna tambien. Las dos giraron su cabeza lentamente asía un rincón a su lado. Allí, en una esquina, se encontraba Arnold, todo infladito y ¿de el venia el olor? Ginny y Luna se miraron aun con más sorpresa… "Los Pigmy-puffs sueltan al aire un agradable, pero extraño olor cuando están en presencia de un acto de amo" ¿Amor? Las dos chicas se separaron rápidamente. Luna cayo sentada y apoyo su espalda en la pared debajo de la ventana. Ginny se levanto y miro al cielo jadeando. Ninguna de las dos se atrevía a mirar a la otra, pero sabían que estaban sonrojadas por culpa de la otra. Luna fue la primera en hablar.
- ¿En que lugar de tu casa estamos?
Ginny observo a su alrededor, tratando de no mirar a Luna. Se encontró con una habitación oscura, fría, pero muy ordenada. El aire era algo pesado, ya que desde hace mucho que no entraba aire puro ahí. Ginny termino su recorrido por la habitación, se dirigió a la cama y se dejo caer en ella. Era blanda y esta perfectamente echa. Olía a perfume de hombre. Ginny cerro los ojos, Luna se percato de la baja de animo de su amiga, Arnold tambien se dio cuenta. Los dos se recostaron junto a la pelirroja. Ginny suspiro.
- ¿Qué sucede? – pregunto Luna preocupada.
- Preguntaste de quien era esta pieza – respondió Ginny abriendo levemente sus ojos.
- Si… - Luna no entendía que pasaba, Ginny se dio cuenta de esto y sonrió un poco.
- Se que no entiendes Luna… - Ginny tomo aire para continuar – esta pieza era de i hermano, y lo sigue siendo.
Luna observo a su alrededor. Entonces por fin entendió.
- Percy… - susurro la rubia.
- Si…
Luna bajo la mirada. Otra vez lo había echo, había estropeado todo. Suspiro pesadamente.
- Lo siento.
- ¿Por qué?
- Bueno… yo te recordé algo que te hace sentir mal ¿no?
Ginny miro a Luna y volvió a sonrojarse. Mejor dicho, se sonrojo aun más de lo que ya estaba. Luna se percato de esto, Ginny se veía tan bonita con ese color rojo pálido sobre sus pecas. Tambien se sonrojo aun más. Las dos se miraron y las dos rieron. Aunque aun no sabían muy bien el porque, le hacia gracia el darse cuenta de que cada vez que estaban solas se sonrojaban. Luego de unos minutos la risa ceso.
- ¿Ginny?
- ¿Si?
- ¿Te dolió que Percy le diera la espalda a tu familia?
Luna se arrepintió inmediatamente de lo que había dicho. ¡Estupida! Se dijo.
- Si, me dolió mucho.
Luna se sintió terrible. Ginny miraba el vació con sus ojos llorosos y sonreía falsamente. Luna no podía soportar verla así, no podía soportarlo. Se incorporo, Ginny se sobre salto, Luna tomo entre sus manos la mano izquierda de Ginny y se la llevo suavemente a su mejilla.
- ¿Luna? – pregunto Ginny sin comprender aquel gesto, aunque en su mente se agolpaban otras palabras "La piel de Luna es tan suave…" pensaba la pelirroja.
- Ginny prometamos ahora que nunca nos separaremos…
- ¿Eh? Luna…
- Promételo.
- Lo juro Luna, lo juro.
- Bien – Luna separo lentamente la mano de Ginny de su piel y se la acerco a la boca – y si rompes esa promesa te castigare – y la chica mordió suavemente el dedo índice de la pelirroja.
Las mejillas de la chica de cabellos rojos se encendieron. Y Luna se sintió feliz.
Fin Flash back+
…
Ginny abrió los ojos, estaba en la oscuridad total. ¿Dónde estaba? ¿Dentro del espejo? Entonces escucho unos pasos vacíos. Se le acercaban lentamente. Ginny retrocedió, pero ¿Qué haría? No sabia asía donde escapar ni que hacer. Estaba en un problema. Miro a su alredor. Los pasos se seguían acercando.
Entonces, frente a ella, se vislumbro la silueta de una mujer…
- ¿Por qué escapas de mi?
- ¿Quién eres? – pregunto Ginny mirando a su alrededor asustada.
Desde detrás unos brazos aparecieron, unos cabellos largos se deslizaron por el aire. Ginny detuvo por un momento su respiración, unos pálidos y delgados brazos la rodearon por la cintura y un sutil aliento se acerco a su cuello. Ojos de zafiro y cabellos rubios. Ginny observo de reojo a la persona que la estaba abrazando. Luna la miraba de forma seductora.
¡Luna!
- ¿Por qué huyes de mi? ¿Por qué me temes? – pregunto la chica de cabellos rubios estrechando aun mas aquel abrazo. Ginny se sonrojo, la cercanía con Luna era inmensa, sentía el cuerpo de su compañera pegado al de ella. Sufría por no poder darle un beso.
- No te temo ni quiero huir de ti – respondió Ginny con dificultad, esta situación le impedía hablar, el nerviosismo se lo impedía. Luna estaba muy cerca, demasiado para como tratar de resistir la tentación de hacerla suya.
- ¿Entonces, por que? – Luna puso una mirada de perrito sin dueño. Se veía tan tierna así, los límites de la razón de Ginny estaban llegando a su fin.
- Es que yo… - Ginny trataba de safarce de aquel abrazo, pero no podía.
- Ya se lo que quieres – dijo Luna sonriendo sensualmente, acercando su boca al oído de Ginny.
- ¿Lo que yo quiero? – pregunto esta algo confundida.
- Si – murmuro en respuesta Luna, mordiendo la oreja de Ginny delicadamente. La pelirroja soltó un pequeño gemido y se sonrojo aun más - ¿Talvez, una mirada? ¿Un abrazo? ¿Un beso? O talvez quieras que ¿lleguemos más allá?
Luna soltó una risita burlona, pero no solto a Ginny. Esto le gustaba, y en cierto modo a Ginny tambien.
- ¿Estas jugando conmigo? – dijo Ginny cerrando los ojos, dejando sus inútiles intentos de safarce de aquel abrazo.
- ¿Q-Que..? – Luna se sorprendió con esto y aflojo un poco sus brazos, tanto como para que Ginny, de un tirón, pudiera liberarse. Las dos chicas se quedaron mirando sin saber que decir.
- Lo que oíste Luna – dijo Ginny luego de un rato – Pienso que solo juegas conmigo, tú no eres así.
- Ginny, Ginny, Ginny... – dijo Luna bajando la mirada y luego levantándola de nuevo, solo que esta vez con una sonrisa de triunfo en su rostro. Comenzo a avanzar asía Ginny lentamente riendo para si. La pelirroja, titubeante, comenzo a retroceder mediante Luna avanzaba asía ella. Llego un momento en que ya no pudo seguir dando paso atrás, algo le impedía seguir, una muralla invisible. Luna rió y luego, muy rápidamente, acorralo a Ginny poniendo un brazo a cada lado de su cuerpo. Las separaban pocos centímetros de la nada. Ginny se asusto un poco.
- Luna… n-no…
- ¿Qué no que, Ginny? – pregunto la chica rubia, acercándose a su amiga con clara intención de besarla. Ginny no podía hacer nada, aquella sensación la cautivaba, aquella figura la hipnotizaba y seria difícil escapar de aquel encantamiento.
- No puedes… - la pelirroja no podía articular palabra.
- Claro que puedo – ratifico Luna y agrego para el final – y de seguro lo haré.
Ginny cerro sus ojos, ya no podía evitarlo ¡No quería evitarlo! Luna acerco sus labios a los de Ginny, la pelirroja sentía aquella presencia acercándose. Y cuando aquellos labios por fin iban a juntarse, Luna bajo un poco y beso suavemente el cuello de Ginny. La chica se sorprendió y abrió todo lo que pudo los ojos, porque todo aquello la obligaba a cerrarlo y disfrutar de lo que le estaba sucediendo. Mientras con sus labios acariciaba el blanco cuello de Ginny, Luna con otra mano comenzo a bajar un poco la blusa de Ginny, dejando descubierto su hombro. Luego lo beso. Ginny volvio a soltar un gemido. Luna se levanto y observo a Ginny con dulzura.
- Jejeje ¿Esto es lo que deseas Ginny? – pregunto Luna juguetona.
Ginny la miro algo ida. Ya no estaba razonando, no podía razonar.
- Si, te deseo Luna y mucho. Yo te amo.
- ¿Me amas? – un extraño brillo se manifestó en los ojos de la rubia.
- Si, te amo con toda mi alma Luna – respondió Ginny.
- Perfecto – comento la chica y beso a Ginny, quien la recibió gustosa.
…
- ¡¿Qué! – Malfoy se giro a ver el espejo, que había comenzado a destella con unos reflejos verde pálido - ¡Tonta, te dije que no te dejaras llevar!
Malfoy se acerco al espejo y comenzo a pasar sus manos por el cristal, que luego de que pasara Ginny al otro lado, el cristal se había solidificado. Malfoy, con su puño cerrado, golpeo el cristal furioso. Cerró los ojos y por unos segundos pensó. Luego retrocedió, alzo su mano y apunto con furia al espejo.
- ¡Traidora a la sangre, porque tienes que ser tan estupida! – grito el chico, una descarga de energía mágica recorrió todo su cuerpo hasta su mano y desde esta un haz de luz verde salio disparado asía el espejo.
Golpeo contra el, mientras los ojos de Malfoy se inundaban de magia oscura.
…
Luna abrió los ojos y se levanto sobresaltada. Grito. Un haz demoníaco de luz verde. Su hechizo repeledor. Un dolor frió que le recorrió todo el cuerpo. Vacio y oscuridad. Ginny.
- ¡Ginny! – llamo Luna, tenia que verla. Podía estar muerta - ¡Ginny!
Entonces sintió una extraña sensación. Una maldad inmensa que estaba en algún lugar del castillo.
- Debe ser aquel mortifago – dijo Luna, pensando en voz alta – Ginny…
La chica, impulsada por el temor de encontrar a Ginny muerta, se incorporo y trato de caminar, pero un dolor inmenso apareció en un costado de su cuerpo haciéndola caer. Maldita sea pensó Luna.
¡Maldita sea! – grito, levantándose milagrosamente. Una Luna furiosa comenzo a correr con dificultad asía el lugar de donde provenía aquel poder. Nada le impediría saber de Ginny, nada ni nadie.
…
- ¡Argh!
Malfoy bajo su brazo, que había quedado inutilizado por tanta magia utilizada, y observo el cristal el cual seguía tan sólido como una roca.
- ¡Maldición! – grito liberando su rabia. Alzo su mano nuevamente, lo volvería a intentar, ayudaría a Ginny. Iba a pronunciar las palabras mágicas en su mente cuando sintió un portazo tras de si. Dio media vuelta y observo a una chica gravemente lastimada que lo observaba con furia – Luna…
- Así que eras tú… ¡Malfoy! – exclamo Luna avanzando con rapidez asía el chico, a medida que daba pasos su furia iba creciendo. No veía a Ginny por ningún lado, esos significaba que ella… no quería imaginarlo.
- Luna, no es lo que imaginas – trato de hacerla entender el rubio, pero la chica no lo escuchaba.
- ¡Pagaras por esto, maldito mortifago! – Luna hizo aparecer su varita que se había perdido cuando había protegido a Ginny, el poder de su magia se iba incrementando a medida de que daba un paso más y se acercaba a Malfoy.
- ¡Aléjate!
- ¡NO! – Luna apunto a Malfoy con su varita y este comenzo a retorcerse dolorosamente mientras se elevaba por lo aires – ves esto, es la maldición imperdonable Crucio, junto con otro hechizo que no te permite atacarme. Estas indefenso Malfoy y quiero que sepas que no me importa hacerte cosas peores… porque te las mereces…
Unas finas lágrimas cayeron por las mejillas de Luna.
- ¡Te las mereces por haber asesinado a Ginny!
Y la cara de Malfoy se lleno de terror.
