No al plagio
Capítulo nueve: Consecuencias lV
Me encontraba ido; solo sentía la mano de mi acompañante dándome pequeños golpes en la espalda. El color blanco me aturdía y solo podía escuchar un irritante "pi" en mis oídos.
‹‹¿Por qué soy tan estúpido? Justamente actué como una vez actuaron conmigo: rechazo››.
Lo peor de todo era que había rechazado a mi propio hijo; la ira me cegó en ese momento y solo hice lo que ella me ordenó: matar.
Las lágrimas corrían sin parar por mis mejillas, me ardían los ojos de tanto llanto. Desde la mansión me sentía más que un malnacido. Los doctores salían y entraban de la habitación, que suponía, era donde tenían a Pansy y a mi bebé. Reí sin gracia ante esa palabra en mi cabeza.
—¿Qué sucede, Harry? —me preguntó Remus; se rostro se notaba confundido.
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y negué con la cabeza.
—Me río de las ironías de la vida. Me encuentro llorando por algo que yo mismo causé y desprecié: mi hijo. Nunca me voy a perdonar y sé que mi esposa tampoco, si nuestro bebé muere.
—Yo tampoco puedo creer tu reacción, Harry. Fue demasiado. ¿Cómo fue que no impediste que ella chocara contra tu domo de magia? —Me miró con decepción en sus miles perlas y me sentí un bastardo—. Por más que quiero justificar tu acción, no puedo hacerlo, Harry. Si hubieras dejado que ella te explicara, sabrías que los anticonceptivos muggles no funcionan con gente mágica, eso todo el mundo lo sabe.
Decir que estaba atónito era poco. Era un hipócrita al llorar por ellos cuando fui el que los llevó a ese estado.
Un pequeño carraspeo me sacó de mis pensamientos. Alcé la mirada y pude ver a uno de los medimagos que estaban ateniendo a Pansy en la mansión. Me puse de pie junto al licántropo.
—Tengo dos noticias, señor Potter. —Su expresión casi hacía que me echara al piso con dolor, temí lo peor—. Una es que su esposa y bebé están fuera de peligro.
Pude jurar que el alma me había regresado al cuerpo después de sus palabras. Remus me apretó el antebrazo con fuerza y me sonrió cuando lo volteé a ver.
—Tu bebé es fuerte.
—Pero… Su esposa tendrá que estar, lo meses que le restan, en reposo absoluto hasta que se le dé una nueva indicación. Todo depende de la magia del pequeño y de la madre.
—¿Qué quiere decir con eso, doctor? —Él me miró con pena y supe que no tenía que haber cantado victoria antes de tiempo.
—Que si el bebé no tiene el poder mágico suficiente, no podrá terminar su gestación y matará a la madre con él.
—¿Me está diciendo que siguen corriendo peligro de muerte?
—Así es, señor Potter. Su esposa fue expuesta a una cantidad insoportable de magia que, si no hubiera tenido el producto dentro de ella, habría muerto en ese mismo instante. Un mago que no nace con ese potencial de magia, no está capacitado para ser expuesta ante ella y fue lo que le sucedió a su esposa. —Algo me decía que el doctor sabía lo que había pasado; sus siguientes palabras me lo afirmaron—. Mi profesión no me permite hablar asuntos que no me competen, pero le advierto que, si vuelve a exponer de esa manera a su familia, me importará un carajo que usted sea el salvador del mundo e iré a denunciarlo por maltrato familiar y por infringir la nueva ley que rige. Estuvo a punto de matar a su esposa y al bebé que todo deseamos para seguir subsistiendo en la magia. —Su rostro había abandonado toda pena y compasión para volverse amenazante.
No tuve palabras para refutar sus palabras llenas de verdad.
~…~
Para ser una camilla de hospital, era muy cómoda. Bueno, la verdad era que estaba drogada hasta los pies. Como lo primero que hice al despertar fue gritar de horror: ‹‹¡No Harry! ¡Tu bebé!›› y otras cosas más, el médico tomó la decisión de doparme por un buen rato. Cuando volví a despertar, él estaba sentado en una silla cerca de la camilla viéndome con ojo analítico.
‹‹—¿Y mi bebé? —pregunto con miedo sin querer tocar mi vientre ni buscar con mi magia—. Dígame la verdad, aunque ya me hago una idea de lo que pasó con él.
Las lágrimas empezaron a escapar de mis ojos.
—No se atormente por algo que no sucedió, señora Potter. —Me tenso ante ese nombramiento—. Ahora, necesito que me diga la que aconteció en esa casa. Y, como usted dijo, no me mienta porque ya me imagino lo que pudo haber pasado››.
Le conté con puntos y detalles al medimago lo que había pasado en la mansión. Me arrepentí de haberle dicho cuando lo vi salir con la cólera siendo su guía. Sabía que iría a buscar a Potter.
Harry Potter.
Lo odiaba. El pequeño aprecio que tenía por él se volvió despreció con eso. Estuvo a nada de quitarme lo más valioso que tenía en la vida, mi bebé. Quizás no podía divorciarme de él, pero eso no evitaría que le impidiera conocer a mi hijo. Así como se escuchaba, el bebé era mío, puramente mío. Él solo fue un donador de esperma que perdió todo el derecho de llamarlo como suyo al querer asesinarlo.
Acaricié mi vientre plano y juré protegerlo de ese hombre que viviría con nosotros. En ese caso se podía aplicar el dicho: ‹‹El enemigo se encuentra bajo el mismo techo››. Más claro que el agua no podía ser.
¡El hombre que salvó al mundo del enemigo más grande de la tierra fue el hombre que se volvió en contra de su propia familia!
Un mal chiste. Una oscura broma que se me hubiera hecho difícil de creerlo si no lo hubiera vivido en carne propia.
—Sé que no puedo hacer nada para que no tengas a ese homicida cerca, mi amor —susurré mientras sigo acariciando mi vientre—. Lo que sí puedo hacer es prometerte que nunca más te hará daño, aunque tenga que morir en el intento.
En eso escuché unos pequeños golpes en la puerta; me tomé uso segundos antes de darle permiso a la persona que estaba tocando de pasar. Seguí acariciando mi pancita ya que pensé que era el medimago.
Un carraspeo me sacó de mi ensoñación. Elevé el rostro para poder prestar atención a la persona que acaba de entrar y la palidez llegó a mí.
—Pansy…
—¿Qué haces aquí? —susurré en un hilo de voz al verlo parado en medio de la habitación.
—Vine a pedirte una disculpa por haber provocado que tú y mi hijo estuvieran a punto de… —cortó su frase para suspirar—. Morir.
Esa última palabra fue lo que me sacó de mi letargo y la rabia que había acumulado salió con fuerza.
—¡LARGATE DE AQUÍ! —grité incorporándome, sentada, en la cama— ¿Tu hijo? ¿Estás hablando en serio, bastardo idiota? ¿Te atreves a llamarlo tu hijo cuando estuviste a punto de asesinarlo? ¡NO TE QUIERO VER, MALDITO CONDENADO! —Las lágrimas de impotencia salían sin control—. ¡NUNCA CONOCERÁS A MI HIJO! ¡Me lo llevaré lejos de tu inmundicia! ¡Eres una basura, Potter!
Tomé las orillas de las camillas en puños cuando le gritaba. Me detuve para respirar y vi que habían medimagos a mi alrededor, incluso el profesor Lupin estaba ahí. Nadie intervenía, me dejaban descargar todas las emociones que traía encima.
—Te había esperado para contarte el maravilloso regalo que Merlín nos había concedido sin planearlo. Te iba a proponer ciertas opciones. Pensé que, como tú eres huérfano, ibas a aceptar al pequeño que se está formando dentro de mí. —Mi voz era escarcha y mis ojos eran lava ardiente—. Vaya sorpresa me llevo: mi esposo huérfano queriendo hacer desaparecer de la faz de la tierra a la madre de su retoño y a su retoño. —Una risilla fría sale de mis labios—. Te odio. Mi bebé y yo te desconocemos como padre y esposo. Viviremos juntos, pero seremos unos completos extraños y ni pienses que serás parte de la vida de mi hijo. Porque no nos mataste, pero sí acabas de morir para nosotros.
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¿Quién dijo que ser esposa de un sangre pura era fácil cuando tú también eras un sangre pura? Ser la esposa de Blaise Zabini fue la peor pesadilla que me pudo pasar.
Cuando oí decir mi nombre junto al de Blaise después de escuchar que Harry había sido emparejado con Parkinson, me quise morir. Deseé que la tierra me tragara y me mandara a un país extraño lejos de toda esa situación tan vana.
Es que no podía creer mi mala suerte. Yo amaba a Harry… O eso pensaba en esos momentos.
¿Alguien me podía decir que en su sano juicio se casaría con un mago que se la pasaba gastando su herencia en borracheras? Que se la pasaba de antros de mala fe para meterse en orgías donde él le daba a una mujer por delante mientras otro hombre le daba a él por detrás. ¿Alguien decía yo?
¡No! ¡No había nadie en la tierra que le dijera un si frente al altar a ese estúpido mago!
Lo que yo no sabía era que Blaise Zabini era un varón que tenía muchas máscaras para mostrar a sus espectadores. Máscaras que, con dinero de por medio, podían mostrar al mundo lo que deseaba y lo que él deseaba era que todos lo vieran como un bisexual que no tenía otra ocupación más que gastar la herencia de su familia italiana y retozar con quien se le antojara.
Pero, cuando las puertas de la mansión Zabini se cerraban, el verdadero hombre salía la superficie con fuerza.
‹‹—Mi querida esposa, cabellos de fuego —me dice cuando llegamos a la habitación designada para nosotros—. No sabes lo afortunado que soy al tenerte como esposa ―me susurra cerca del oído antes de separarse de mí y dar vueltas a mi alrededor. Me inspeccionaba con minucioso escrutinio, estoy nerviosa por su análisis.
—Siempre deseé tenerte para mí, justo, desde que pisaste Hogwarts. Me dije que no podía dejar que otro tocara lo que era mío.
Achico los ojos al escucharlo, sigo en silencio pues sé que me conviene escuchar todo antes de actuar.
—Por eso enfurecí cuando supe que te gustaba Potter y que hacías todo lo posible por agradarle ante sus ojos. —Sus ojos tienen una chispa de maldad antes de tornarse burlones—. ¿Quién crees tú que le hacía llegar cartas que le contaban tus aventuras amorosas cuando tratabas de conquistarlo?
Abro los ojos con sorpresa, no puedo creer lo que me dice. Él fue el que me provocó tantos problemas con mis hermanos, porque a ellos les llegaban las cartas.
—Lo único que puedo decir, Zabini, es que eres un tarado —comento con burla disfrazada de seriedad—. Porque todas esas cartas le llegaron a mis hermanos, Harry nunca leyó nada por eso sí pudo ser mi novio… Por dos semanas, pero lo fue.
Mis mejillas se ponen coloradas de la vergüenza y coraje que me estaba haciendo pasar el moreno. Su risotada se podía escuchar a kilómetros.
—Claro que sé que le llegaban a ellos, pues yo mismo enviaba todas esas lechuzas con los nombres específicos de tus hermanos y Harry. —Me sonríe con inocencia al acercarse a mi rostro y tomarlo entre sus manos—. Potter es demasiado inocente como para tomar en verdad esas palabras. Tus hermanos, por el contrario, te conocen muy bien y saben de la calaña de la que estás hecha. Por esa razón, sé que eres perfecta para mí porque los dos somos expertos en esconder lo que somos y mostrar al mundo lo que queremos.
Sus manos bajaron por mi cuello, delineando con delicadeza cada curva hasta llegar a mis caderas, atrayendo mi cuerpo al suyo que es duro y firme. Ni tan musculoso y ni tan delgado. Dotado de hermosura inigualable››.
Mi mundo cambió cuando le di la razón esa primera noche, conocimos todas nuestras máscaras en la cama. Su cuerpo adoraba al mío mientras este le hablaba el idioma de la verdad; dejamos de ser lo que habíamos mostrado ante todos para ser lo que éramos en la oscuridad de nuestra morada.
Al mes, ya éramos la pareja ejemplar de esa generación de matrimonios, ya que teníamos tres semanas de estar esperando a nuestro retoño. Ya estábamos a unas cuantas semanas de tenerlo entre nuestros brazos. Aún no sabíamos el sexo del bebé, sería sorpresa a la hora del parto.
No me arrepentía de nada más que de no haberlo visto en mis tiempos de estudiantes, me hubiera evitado todas esas humillaciones y desplantes que me provoqué al buscar a Harry. Sabía perfectamente que en realidad lo amaba como un hermano más, que solo fue un capricho de adolescente que deseaba atención de hombre. Mucho mejor si ese hombre era el ganador de la primera guerra y próximo ganador de la segunda. Una fantasía que acabó para vivir mi realidad con Blaise, el ser que se había ganado mi corazón a pulso de hacerme ver lo que tantos años me negué a hacer.
Era una mujer que había encontrado la plenitud en un matrimonio arreglado por un cáliz.
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Me lo merecía. No tenía excusa alguna para justificarme, pero eso no quería decir que me iba a quedar de brazos cruzados. Entendía que ella estuviera enojada, sulfúrica conmigo. Sin embargo, no dejaría que ella me despojara de algo tan valioso.
—Estamos en guerra, Pansy. Y tú estás en debilidad. Tendrás siete meses de reposo en una cama postrada, ese tiempo es suficiente para mí para ganarme tu perdón y convencerte de que estoy arrepentido.
Sí. La estaba amenazando enfrente de cuatro medimagos y un licántropo que me servían como testigos.
—Ya resígnate, idiota —me dijo, hastiada.
—No. Resígnate tú a que llegarás a amarme, Parkinson —le refuté con arrogancia que no sabía que tenía.
—¡Eres un puto! ¡Fuera!
Le hice caso a su petición, no por obedecerla, sino que sabía que si no salía de esa habitación, podía dar paso a otra desgracia que no estaba dispuesto a vivir.
La dejaría en paz por una semana, pero pasada la fecha le iba a demostrar que un Potter no habla en vano.
Miré el reloj muggle que cargaba conmigo y pude ver que ya eran las cuatro de la tarde del dos de septiembre. Hice cuentas, saliendo de San Mungo, y fui a la academia de Aurores a pedir una semana de descanso para poder preparar la mansión. Mi bebé y mi esposa ocupaban un nuevo ambiente en el hogar que les pertenecía.
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Observé todo lo que hizo Ébano en silencio, la dejé tomar su tiempo de descargue mientras, yo / me ocupaba en cuidar a las pequeñas células que estaba en el proceso de multiplicación con mi magia: mi bebé.
Sonreí un poco con ese pensamiento, aunque enseguida se me quitó cuando sentí una fluctuación extraña que provenía de Severus. Eso me hizo poner atención a la conversación que estaban teniendo esos dos.
Al preguntar Ébano el nombre de hombre, me enfoqué en buscarlo… En el segundo llamado fue cuando lo pude hallar.
—Hola, mi bella humana.
Agradecí no tener el control de mi cuerpo porque me hubiera caído de la impresión por el entendimiento que estaba llegando a mi privilegiada mente.
—Tú… Tú eres el aura que podía sentir desde hace meses acechando a Severus.
—Soy más que un aura, Hermione. Soy lo que Ébano es para ti, con la diferencia de que Severus no puede convertirse en lobo. Aunque sí puede sentir todo lo que ser un lobo conlleva…
No había terminado de hablar cuando la conexión se perdió y fui sacada de mi mente para ser reemplazada por Ébano, regresando a tomar el control de mi cuerpo.
Me asusté con lo que vi: Severus tenía los ojos en blanco mientras se convulsionaba con ímpetu acostado en el piso. Quise acercarme, pero la loba lo impidió:
—No lo toques, Hermione, está sintiendo mi rechazo en carne propia —me dijo con voz angustiada.
—¿Por qué lo hiciste?—pregunté sorprendida, tratando de asimilar lo que atestiguaban mis ojos—. No entiendo tu rechazo, se supone que lo amas.
—Y lo amo —dijo con firmeza—. Sin embargo, eso no quita que alguien debe darle una lección. Prefiero hacerlo yo antes de que lo haga alguien más.
—Pero… ¿Así? —señalé al hombre que estaba empezando a sangrar por la boca.
Verlo de esa forma pudo más que mi coraje por lo que había dicho hace unas horas. Me acerqué y cuando estuve por tocarlo, su cuerpo se despegó del piso haciendo un arco con la espalda… Parecía sacado de una película de terror.
—¡Ébano, para esto!
—No.
—¡Lo vas a matar! —me estaba alterando demasiado.
—No lo mataré, es una lección que deben cumplir él y Esteban. Los dos me rechazaron, nos despreciaron, mujer.
Perdí color con sus palabras. No era lo que dijo, sino el cómo las dijo los que hicieron que quedara en shock.
—Creo que hay formas de enseñarles, pero esta no lo es.
Murmuré antes de actuar en contra de la voluntad de mi loba resentida: la mandé a lo más profundo de mi mente. Estos meses había aprendido que la que tiene el control del cuerpo soy yo y que si no quería que ella tuviera voluntad, no la tenía y punto. Obviamente, no la iba a dejar ahí, pero para poder liberar a Severus del dolor visceral que le acogía sí la ocupaba muy lejos.
—Lo siento, loba.
—Espero que tengas razón.
—Siempre la tengo, eres tú la que nunca actúa como le aconsejo.
Con eso, la desconecté de la realidad.
—Ahora, tengo que sacarte de eso —le susurré a Severus en el oído—. Yo, Hermione Jane Prince y Ébano, heredera de la Luna, deshago el rechazo que realicé a mi mate, Severus Tobías Prince y Esteban, heredero de la Luna. Lo tomo como mi pareja eterna y, con nuestro bebé de testigo, aseguro que no volveré a cometer el error de condenarlo a esta agonía.
Al terminar, puse mis manos sobre su corazón y su cuerpo se fue relajando poco a poco. La luz dorada que nos había rodeado el día que nos casamos volvió a aparecer solo que, en esta ocasión, tenía destellos azules.
Para completar el pacto que acababa de realizar, junté nuestros labios en un beso superficial que, al segundo, él lo convirtió en profundo, desesperado. Ya había despertado, me sentí tranquila con eso.
Me separé de él un poco para verlo a los ojos. Estaban completamente negros. Me eché para atrás pero él evitó que me separara totalmente.
—¿Qué jodidas me hicieron? —preguntó con voz enronquecida… Como cuando Ébano y yo hablábamos al mismo tiempo. ‹‹¿Será qué..?››.
—Fue la loba.
Lo vi cerrar los ojos antes de contestarme:
—Esa estúpida que siempre me saca de quicio, se me haría raro que no metiera su nariz en todo esto.
—No tientes a tu suerte, Severus, ella solo te dio un poco de lo que tú provocaste con tus palabras hace más de ocho meses.
Tanto Snape y yo nos quedamos de piedra al escuchar esa voz saliendo de su cuerpo. Sabía perfectamente quién era, pero, por la expresión de Severus, él no sabía de la existencia de Esteban. Aunque en seguida recuperó su semblante estoico y analítico; observé cada uno de sus gestos… Bueno, si se le puede llamar gesto profundizar el ceño.
—Así que tú eres la molesta voz que me ha estado fastidiando desde que me casé.
—No. Estoy contigo desde que Ébano te marcó como suyo. —volvió a contestar Esteban—. Puedo salir ahora porque nuestra mate lo ha hecho posible. Sin embargo, hay un tema que tenemos que solucionar, Snape.
—¿Y eso me interesa por? —Las emociones recolectadas por el casi atentado de Ébano explotaron por la insufrible actitud de mi esposo.
—¡Te importa porque por tu culpa la loba ha estado encerrada por meses! ¡¿Acaso no escuchaste lo que te dijo Ébano?! ¡Tu poca inteligencia mandó a exiliarse a mi loba por tiempo indefinido! —No seguí gritando porque el aire se me había acabado; tomé un respiro y comenté más tranquila, literalmente, supliqué—. Severus, por favor, tienes que quitar esa orden. Porque si llego a tener otra luna llena con ella encerrada puedo perder al bebé. —Me acerqué a él mientras hablaba, necesitaba convencerlo—. Ya sé que tú no quieres al niño, me lo has dejado muy claro —comenté con ironía—; ¿de qué serviría entonces lo que tuvimos que sufrir por estos meses que llevamos de matrimonio?
La única razón por la que no le gritaba, otra vez, era porque sabía que mi bebé podía sufrir las consecuencias de mis alteraciones emocionales y porque, desgraciadamente, Snape entendía cuando se le habla de esta forma, dándole a entender que él tiene el poder de todo.
Sus ojos no se despegaban de los míos y yo solo sentía como las ganas de hacerle crecer la cabeza a punta de varita aumentaban en mí con potencia. Cuando vi la sonrisa que tanto escalofrió me provocaba cuando iba a la escuela formarse en los labios de mi esposo, supe que había ganado esta pequeña victoria.
—Dado que se ha tenido que rebajar —siseó con sorna; apreté los puños tras mi espalda— a rogarme por la vida de ese engendro, quitaré lo que sea que hice en contra de la loba, lo malo es que no sé qué es lo que tengo que hacer exactamente para lograrlo.
Severus 3 – 3 Hermione
‹‹Tu hijo, Hermione. El bebé vale cualquier sacrificio… Aunque eso no evite que te vengues en donde más le duele cuando ya obtengas lo que quieres››.
Un mohín inocente se instaló en mis labios con esa reflexión.
~…~
—Al fin podré disfrutar de ciertas cosas que extrañaba —comentó soñadora mi loba.
—Te dije que ibas a regresar, era cuestión de que creyeras en mí y no actuaras como lo hiciste hace rato.
Pude sentir cómo la loba ponía los ojos en blanco con fastidio e imitaba mi voz en burla.
—Esas lecciones son muy comunes en mi tierra.
—Pues ahora vives en este mundo y tienes que aprender las costumbres de este —terminé la conversación con molestia.
—Eres una pesada —refutó con burla.
—Ya no andas de Mirttle la Llorona ¿verdad? —Dos podemos jugar lo mismo.
~…~
Pensé que iba a morir. Las torturas a las que fui sometido cuando estaba bajo el mando de Voldemort no tenían el mismo ímpetu que esta cosa me estaba provocando. Los primeros minutos los aguanté callado, después ya no supe de mí. Había sucumbido ante el dolor insoportable, caí en la inconciencia y, aun así, podía seguir sintiendo la molestia.
Toqué un punto en el que mi alma fue sacada de mi cuerpo y fui llevado a un cuarto con muchos colores. A simple vista no parecía nada, pero poco a poco fue tomando la forma de un jardín enorme. Me pregunté que sería ese lugar y no tardé en ser sacado de mi duda.
—Estás en mi hogar, humano.
Alguien habló a mi espalda y, por inercia, busqué mi varita para apuntarlo con ella. Caí en la cuenta de que no la tenía conmigo.
—Es inútil, es tu espíritu lo que está en este lugar. Yo te traje aquí para explicarte algunas cosas.
—¿Me vas a explicar que tú eres un lobo repugnante y que vives dentro de mí? —dije con asco; lo vi asentir sin asombro—. Me lo imaginaba. Es tan jodido todo esto que tenían que agregarla que soy lo que repudio.
—Lo sé muy bien, Severus. Sin embargo, hay cosas que desconoces.
—Créeme que, si no me dices, no me doy por aludido —repliqué—. Deja las vueltas y dime de una vez lo que me tengas que decir.
—Paciencia, recuerda que eres un hombre que fue entrenado para la paciencia. Aunque no la tengas con mocosos insoportables, hasta yo entiendo eso.
No pude decir nada contra eso.
—El hecho de que yo esté en tu cuerpo no quiere decir que te convertirás en lobo…
—Gracias a Merlín —lo interrumpí.
—Cada mes —continuó como si nada—, sino que, por ser pareja de un alfa, nosotros nos convertimos en su Luna. ¿Qué es una Luna o un Luna? Aquella persona, hombre o mujer, que es dada como regalo de amor a un alfa. Por lo tanto, si una Luna comete rechazo contra su alfa, éste no sufrirá en su totalidad el dolor del rechazo porque la sangre de alfa lo protege, pero sí se somete a una serie de castigos que lo van agotando, de manera lenta hasta matarlo. En pocas palabras: se suicida.
››Lo que estamos resintiendo en nuestro cuerpo humano, que por esa razón estamos en mi hogar, es una muerte. Al ser alfa, Hermione, más bien Ébano, nos ha dado su rechazo inmediato y por lo tanto, vamos a morir. En caso de que Hermione intervenga, no recordarás esta conversación en su totalidad, pero yo me encargaré de que lo tengas presente.
Estaba serio, atendiendo cada palabra que me decía. Mi mente empezó a procesar todas las situaciones en las que estuve con Granger… Era cierto. La loba había mencionado algo sobre que yo la corrí del mundo real, pero nunca la vi caer al suelo convulsionando de dolor. No. Al contrario, la vi salir con tristeza de la habitación y en las siguientes veces que nos vimos su estado de ánimo era cambiante: más nunca hubo una sonrisa de felicidad genuina como la que le vi el día de nuestra maravillosa boda.
—Si sobrevivimos, tendrás que quitar el rechazo a nuestra alfa y… A nuestro bebé en ges…
No pudo terminar, dado que la falta de aire se lo impidió, caímos al piso y la oscuridad se apoderó de nosotros.
Cuando volví en mí, Granger tenía sus labios sobre los míos. Los recuerdos de la madrugada llegaron a mi mente y ellos hicieron que siguiera el beso. Lo profundicé como un hambriento, buscando más de contacto. ¿El dolor? Así como había llegado se fue sin dejar secuelas. Si bien no dejó secuelas de dolor, dejó de ganas de llevarme a esa loba a la cama y no precisamente para dormir.
Al separarme de sus labios comprendí la idiotez que había hecho, por eso pregunté de esa forma tan agresiva. Quería negarme de alguna forma que estaba empezando a desear con pasión y lujuria a Granger.
Me sorprendió la voz del lobo a través de mi cuerpo, no me lo esperaba y no hice caso de lo que me advertía en la mente hasta que logré que la escuincla se saliera de juicio.
Me regañé mentalmente al oír de los carnosos labios de esa mujer la mención del bebé. La insufrible sabelotodo quería puntos para Gryffindor.
Opté por poner una cara pensativa para poder ocultar el escrutinio que le hacía a la muchacha, mi libido me estaba poniendo en jaque al recorrer cada curva de su cuerpo. Las imágenes de ella sollozando por mi toque no se hicieron esperar, era como si pudiera sentir en ese momento su estrechez envolviendo con fuerza mi miembro. Casi gemía de no haber sido porque Estaban me sacó de mi paraíso mental.
—Espabila, campeón. Tienes que contestarle su petición y, luego, ganártela para poder tenerla como deseas.
La enronquecida voz del lobo me indicaba que también había sido afectado por las ilustraciones de mi cerebro. No obstante, tenía que darle una respuesta a Hermione.
Sin embargo, no iba a dejar de ser Severus Snape solo para agradar más a mi esposa. La contestación fue medida ni más ni menos insultos cuidando el cómo referirme a su hijo si quería llevármela a la cama.
—Dirás: Yo, Severus Tobías Prince y Esteban, heredero de la Luna, me retracto del rechazo que realicé a mi alfa, Hermione Jane Granger y Ébano, heredera de la Luna. La tomo como mi pareja eterna y, con nuestro bebé de testigo, aseguro que no volveré a cometer el error de condenarla a la agonía que la sometí al no dejarla tener su liberación en cada luna llena y en no disfrutar de mi presencia, como mi protectora y amante.
Era una jodida broma, era una estúpida si pensaba que iba decir eso.
—¿Quieres sexo salvaje con ella? Lo dirás.
—Por eso digo que no demoraré en decirlas —contesté con sarcasmo.
—Te queda un camino largo por recorrer si quieres tenerla entre tus brazos. El bebé es la clave en todo esto.
Me quedo en silencio por unos momentos indagando en lo que era ese bebé para mí.
—Es tu futuro, Severus. La oportunidad de corregir lo que tu padre hizo contigo, de vivir en otro ser lo que nunca te dejaron vivir. Y no me refiero a proyectarte en él, sino a que tendrás a alguien que será tuyo, que podrás amar y, sobre todo, te amará.
Sus palabras me habían dejado mudo, porque reflejaron lo que yo no quería aceptar. Lo que verdaderamente sentí cuando supe de la ley fue que esos bebés iban a tener una vida de miseria por la forma en la que sus padres fueron unidos, yo era testigo vital de ello. Y al saber quién sería mi esposa no vi tan mala la idea de hijos con ella; todo empeoró cuando supe su condición.
El terror invadió mi cuerpo. ¿Una bestia sería capaz de cuidar a un bebé? Se me olvidaba que hasta la bestia más bestia caía rendida en las redes de su cría y sabía que Granger era una de esas. Sonaba cruel, pero eso era para mí en esos momentos, un animal.
Entonces, cada dos veces por mes tenía que compartir cama con ella negándome a verla más allá de lo indispensable. Todo iba bien hasta que se le ocurrió blasfemar contra mi ego, mi virilidad. Eso no se lo pasaba a nadie ni a ella por muy licántropo que fuera; fui yo el que cayó en su encanto. Las redes que puse para ella terminaron siendo para mí, hundirme en su profundidad siendo consciente de que había dejado de ser una mocosa plana para volverse una mujer extravagante en todos los sentidos.
Me sentí un poseso al probar sus mieles y tuve la necesidad de ponerle un sello que le dijera a todos que era mía… Mi cuello ardió y ella tradujo ese ardor: embarazada. Justo lo que necesitaba para que todos supieran que ella era mía, absolutamente mía.
¿Por qué no darme una oportunidad de amar a un inocente y ser amado por él?
—Me preguntaba lo mismo, Severus, ya no eres tan joven. Pero la licantropía te ofrece existir lo suficiente para ver crecer a todos tus futuros retoños.
—¿Ser feliz con... una loba? Y también ese bebé es un animal como ella, ¿no? —mumuré con cierta incomodidad.
—Dos cosas Snape: la cría sí será un lobo —Mi corazón se latió con fuerza— y, para terminar, tú también eres un animal.
(Capítulo beteado por MrsDarfoy)
Besos, inesUchiha.
