❖ACTUALIDAD❖
La música de fondo era su única compañera en ese rato. Frente a él estaba la mesa de cristal de la sala y sobre su superficie estaba su corbata y el archivo completo de Rose Lambert.
Jugaba de nueva cuenta con el contenido de su vaso de cristal. Bourbon. Tomó un sorbo largo hasta terminarlo. Sentía como el líquido quemaba su garganta. Pero no era lo suficiente. Necesitaba más. Quería borrar la escena frente a él de hace unas horas. Se levantó bruscamente y al dar un paso hacía la terraza, estrelló con todas sus fuerzas el vaso de cristal sobre las puertas de cristal templado.
El ruido haciéndose añicos él cristal era un poco reconfortante. Cerró sus ojos por unos momentos, al mismo tiempo giró en un círculo su cuello. Tenía tensión. Podría sentir los nudos que se estaban formando en su cuello y espalda.
Estaba a nada de tomar su móvil y llamarle. Qué le aclarara lo que había hecho. ¿Qué no entiende el significado de fidelidad? ¿Cómo se atrevió siquiera en… cuando tiene un marido y un hijo? ¿Era una infiel? ¿Lo habrías detenido, Grey? ¿Desde cuándo era ella así?
Caminó hasta la terraza. El aire fresco de la noche le tocaba cada fibra de su cuerpo. Se sentía furioso, engañado, estúpido… muchas cosas al mismo tiempo. ¡Hasta podría decir qué vergüenza! ¿Por qué? Se supone que era un seductor y podía tener a cualquier mujer en su cama, sin decir una palabra, solo un gesto. Nunca tenía remordimientos. Ni sentimientos tan estúpidos. ¡Por favor, era Christian Grey!
Se sentó en la silla que hacía juego con el resto del desayunador. Necesitaba concentrarse. Tenía prioridades. No era hora ni tiempo de jugar. Tenía una empresa que si no encontraban una puta solución, se vendría a pique.
—Mierda.
Sonó el móvil cuando terminó de maldecir. Lo sacó sin mirar quien era y contestó.
—Grey.
—Creí que no me contestarías. —se separó del respaldo de la silla y se levantó como un resorte al escuchar su voz.
— ¿Rose?—preguntó rápido. El corazón se agito de una manera desorbitante. Su mano se fue a su pecho, como su fuese a evitar que se saliera de su lugar. ¡Menudo gilipollas!
—«Anastasia» por favor. Hace mucho tiempo dejé de ser "Rose", Grey.
—Bueno, para mí siempre serás Rose —se hizo el silencio por un breve minuto— ¿Qué es lo que quieres, «Anastasia»?—remarcó su nombre en un tono irónico.
—Quería saber si habías llegado bien a tu…casa. —arrugó el entrecejo extrañado. Era lo último que pensaría que fuese a preguntar.
— ¿Desde cuándo te…?—ella lo interrumpió bruscamente.
—Sólo quería saber si habías llegado bien a tu casa, no hagas drama…—la voz de un niño la interrumpió—…Buenas noches, Grey.
Y colgó sin esperar a que el contestara. Quitó el auricular de su oreja y le dio un vistazo a la pantalla. Era número privado.
—Astuta, Steele. —murmuré furioso. —Muy astuta.
Estaba hecho un lío. Pero tenía que hacer algo para recuperar el control de él, y…la dignidad. Si. Se sentía ese tipo antes de ser un maldito gilipollas de la facultad. Estaba en terreno inexplorado. Sus sentimientos habían salido de algún lugar obscuro, y estaban corriendo por todos lados al mismo tiempo, y a la vez a ningún lugar. ¿Qué necesitas, Grey?
—Sexo. —murmuró contestando a su pregunta mental.
Tomó el móvil y marcó bruscamente las teclas hasta encontrar su nombre.
«Leila»
Sonó dos tonos, y luego una voz sexy.
—Leila Will…—la interrumpió.
—En la habitación de siempre en media hora.
Y colgó. Tiró el móvil al sillón cuando entró a la sala. Subió los escalones de dos en dos, entró a su habitación y se dio una ducha rápida.
Veinte minutos y estaba saliendo del Escala.
El tráfico era horrible. Tocó el claxon varias veces para apurar al conductor que estaba frente a él. Recordar lo de hace horas lo irritaba. No podía siquiera en quitar la imagen del beso. El reporte no le mostraba absolutamente nada. Estaba en blanco después de haber terminado la carrera no había nada de ROSE LAMBERT, solo una línea donde mostraba que había viajado a fuera del país. Y desde entonces, es como si se hubiese esfumado en la nada. Ahora como Anastasia Steele, no tenía nada. La información estaba muy bien protegida, y Barney estaría en ello hasta dar con algo. ¿Y ese niño? ¿Era el hijo de los dos? ¿Se había casado? ¿Desde cuándo alguien más la hacía gritar de placer? Todo iba bien hasta hace un mes. Esa maldita noche de caza. Esa noche al verla en medio de la multitud moviendo sus caderas sensualmente. ¿Lo había hecho a propósito? ¿Desde cuándo lo había contemplado? ¿Esperaba que la viera por si solo? ¿Alguien le daría todas las respuestas a esas preguntas?
Volvió a tocar el claxon con más brusquedad. Su paciencia se estaba esfumando. Necesitaba respuestas. ¿Cuándo, Grey? Se preguntó repetidamente en el transcurso de ahí al hotel.
Media hora después estaba tomando una copa en el bar. Había dejado a Leila desnuda en medio de la cama al no sentir nada. Ni una maldita erección. Justificando su mal humor y las imágenes que no lo dejaban en paz. Su móvil sonó.
—Grey.
Soltó y luego tomó un sorbo a su copa hasta finalizarla.
—¿Estás ebrio, bro?—la voz de Elliot lo hizo soltar un suspiro.
—¿Qué quieres? Estoy ocupado.
—¿Embriagándote? ¿Dónde estás? —negó en silencio.
—Estoy con una mujer. Hablamos mañana…—y antes de colgar escuchó a Elliot preguntando algo.
—¿Con la castaña?—preguntó Elliot.
—No. Con una rubia.
—¿Y qué pasó con la castaña? Te oías emocionado.
Se quedó en silencio recordando su actitud cuando la había vuelto a ver después de un mes. Recordó lo de hace horas en su habitación y como lo enganchó a la cama y ésta saliera corriendo en plan de venganza… había descubierto que la castaña era su Rose.
El primer amor de su vida. Y el único. Su perdición. Su talón de Aquiles. Y ahora estaba empezando a sospechar que sería una obsesión al grado de echarlo a perder con el resto de las mujeres, y aplastando su reputación de seductor.
Por eso se había alejado de ella. Él no era para ella. Era demasiado pura para él.
—No quiero hablar de eso. Te veo mañana en la oficina. —Y colgó sin esperar la respuesta de Elliot. Pidió otro vaso y al terminarlo salió de bar del hotel y se dirigió al Escala. Necesitaba descansar o se haría puré el cerebro de tanto pensar.
Era lunes por la mañana y él aún seguía perdido en sus pensamientos con la escena de esa noche. Ver a Rose o Anastasia con otro hombre, y éste cargando un niño. Su sonrisa satisfecha. O podría ser su puta imaginación. Cerró los ojos y apretó con sus dedos el puente de la nariz. El dolor de cabeza empezaba a regresar para torturarle. Tenía que ponerle fin a todo esto.
Ella lo había engañado. Ella lo había besado. Ella tuvo su polla dentro de su boca. ¡Estuvo a punto de estar dentro de ella! ¡Mierda, mierda, mierda, y doblemente mierda! ¿Acaso no sabe lo que es la fidelidad? ¿Es una mujer infiel o jugadora? ¿Acaso solo es conmigo? ¿Una maldita y calienta venganza de hace años por quitarle lo más preciado en una mujer?
—Tierra llamando a Grey…—la voz cantada de Ross lo atrajo a la realidad por enésima vez en esta mañana.
Negué en silencio como si eso fuera apartar la maldita imagen de Anastasia desnuda ante él.
—Sí, lo sé. Habla con Elliot acerca de toda la información recabada por la empresa que nos ha estado quitando los putos contratos…
— ¿Qué te pasa? Estás demasiado distraído…y tú no eres así, Grey.
—Es…—se detuvo. Ross era su mejor amiga, su mano derecha en la empresa, pero también una cabrona. Sería tenerla haciendo preguntas de todo.
— ¿Christian? Puedo deducir por tu estúpida cara que te has de estar debatiendo en si decirme o no…
Soltó una risa irónica.
—Tengo muchas cosas que hacer esta mañana.
Ella no dijo más, se levantó de su asiento y salió con una ceja arqueada. Christian sabía que regresaría al combate con sus preguntas hasta sacarle hasta la última gota de sangre de mi cerebro.
Pero el primero tendría que buscar las respuestas ahora. Tomó su móvil, y marcó.
—¿Si señor, Grey?
—Quiero el auto al frente, tengo que salir.
Y colgó.
