En fin, aquí va una parte importante de la historia; a partir de aquí se acabó el cuento de hadas :(
Ya veréis, al final todo saldrá bien... o no, quién sabe.
De momento sólo yo lo sé.
9.- Ése
Genial. Otro monstruo que ataca la ciudad.
Hasta agosto estuvo todo relativamente tranquilo, pero ahora… Llevamos ya dos meses de combate constante contra toda clase de villanos, por no hablar de los monstruos gigantes que a saber de dónde salen. Un día que tenga tiempo he de investigar ese punto.
En fin, que estamos agotadas, y casi no tenemos tiempo para estudiar tampoco; los chicos deben de estar igual, aunque no dicen nada.
Íbamos a acostarnos ya, cuando sonó el teléfono rojo. Otra vez.
-Burbuja: ¡Oh no! ¡No puedo más!
-Pétalo: Pero nos necesitan…
-Cactus: ¿Y por qué no dejamos que los chicos se ocupen?
-Pétalo: Eso no sería justo Cactus. Ellos también deben estar cansados.
Y así salimos de nuevo al lugar del suceso.
"Perfecto," me dije al llegar al parque central, "otro monstruo gigante con ansias de destrucción. En fin, vamos a pensar cómo acabar esto rápido. Parece paticorto, y tiene pinta de anfibio. Debería bastar con enredarle las piernas en los cables de alta tensión."
-Pétalo: Bien, chicas, a los cables. Formación treinta y siete.
-B y C: ¡Bien!
Cada una cogió un poste de alta tensión, sin separarlo de la red eléctrica, y los pusieron de tal forma que cuando yo embestí con todas mis fuerzas al monstruo, éste tropezó hacia atrás con los cables, cayendo. Una vez en el suelo, lo enredamos con los cables y los volvimos a conectar a las torres.
Al día siguiente los restaurantes sirvieron ancas de rana en cantidad y barato.
Hora de clase. Lección de historia. A pesar de mi interés por el conocimiento, me siento cansada, y me quedo en blanco mirando un árbol que crece a un par de kilómetros. Aunque está lejos, veo con claridad el nido que se haya en una de las ramas. Vacío, pues las aves ya migraron.
Hora de comer. Las tres nos reunimos en la puerta del instituto, y volamos a casa, no demasiado rápido.
No aburriré contando el resto de la rutina. Escuela, comida, estudio, lucha contra el crimen y el caos, dormir. A veces, en días inusualmente tranquilos, nos seguimos viendo con los chicos fuera del campo de batalla, pero no solemos hacer nada aparte de relajarnos.
Y así estábamos un día, descansando en el campo, a unos kilómetros de la ciudad. Cactus, vestida con un chándal negro, tumbada en una rama de un árbol mirando las nubes, con Butch en la base del tronco, en vaqueros y sudadera azul, mirando con cara sospechosa otra pareja: Boomer y Burbuja, uno al lado del otro, ella con ropa hippie y él con pantalones pirata negros y camiseta blanca, mirando un río mientras hablaban; y Brick y yo, a unos cuantos metros de los demás, tumbados en la hierba. Él, con su vieja gorra roja y una ropa que me recordaba enormemente a la que llevaba la primera vez, aunque sin banda negra; yo, con una camiseta larga sin mangas y falda vaquera.
-Pétalo: Brick…
-Brick: ¿Mm?
-Pétalo: Nada.
Me acerqué un poco a él, y me rodeó con un brazo. Enredé mi mano en su pelo rojo, largo hasta el cuello.
-Pétalo: Estoy cansada de esto… ¿qué les pasa a los monstruos últimamente?
-Brick: Ni idea. También yo estoy cansado.
-Pétalo: Creo que deberíamos averiguar qué ocurre. No es normal.
-Brick: Pero no hay tiempo entre los ataques y el colegio.
-Pétalo: Da igual. El próximo fin de semana dos de nosotros irán a investigar, y el resto nos quedaremos aquí por si acaso.
-Brick: ¿Nos?
-Pétalo: Claro. No pienso dejar a Cactus al cargo; ella lo arreglaría todo con la fuerza, da igual si se carga la ciudad para salvarla. Hm… ¿Quién debería ir?
-Brick: ¿Burbuja y Boomer?
-Pétalo: Nah. ¿Cactus y Butch?
-Brick: Ni de coña.
-Pétalo: Entonces… ¿Qué tal tú y Cactus?
-Brick (bromeando): ¿No te pondrás celosa?
-Pétalo (bromeando): Puede…
-Brick (bromeando): Ahora que lo pienso, tu hermana también es bastante guapa…
Me puse de pie.
-Pétalo: ¡Oye! ¿Y yo qué?
Se quedó mirándome, sin levantarse. Entonces dijo:
-Brick: Tú no eres guapa. Aún no han inventado palabra que te describa.
Buff. Eso fue demasiado. Me tiré encima de él, y le susurré al oído.
-Pétalo (susurrando): Eso ha sido muy bonito.
-Brick (susurrando): Lo sé.
-Pétalo (susurrando): Aunque podría haberlo interpretado mal.
-Brick (susurrando): Lo sé.
Nos reímos un poco, y nos dimos un beso, aún sonriendo.
En ese momento, Ése decidió aparecer.
-Ése: ¡Hola niñas! ¡Cuánto tiempo! ¡Oh, si también están los chicos!
-Cactus: Esa voz…
-Burbuja: No puede ser…
-Pétalo: ¡Tú!
-Ése: Hay que ver cómo habéis crecido. Hace nada sólo erais una panda de críos molestos, y miraos ahora, ya casi adultos.
-Brick: ¿Qué haces aquí?
-Ése: Oh, ¿es que un padre no puede pasarse a saludar a sus hijos? ¡Me rompéis el corazón!
-Butch: ¿Qué corazón?
-Ése: Vaya, qué descortés Butch.
-Boomer: ¡Muéstrate ya!
-Ése: Como quieras.
Nos habíamos ido acercando, mirando hacia fuera, hasta formar un círculo; la última frase provino del interior del círculo.
Nos dimos la vuelta, en guardia, para ver a Ése flotando delante de nosotros con su desagradable sonrisa en la cara.
-Pétalo: Lo preguntaremos una vez más. ¿A qué vienes?
-Ése: Oh, sólo venía a saludar, y a ver cómo estáis. Me preocupa vuestra salud, siempre luchando contra monstruos… Estos dos últimos meses no habéis parado nada, chicas; deberíais descansar. Vosotros también mis niños; venid con papi, os arroparé y os contaré un cuento.
-Brick: No, gracias, "Papá".
-Cactus: Gracias por tu interés, pero estamos bien.
-Ése: ¿De verdad? En fin, entonces me iré ya. Oh, por cierto, hay unos chicos bastante alegres que quieren jugar con vosotros. Me han dicho que vendrían todos los días. Pensé que querríais saberlo.
-Burbuja: ¿Estás detrás de los monstruos?
Vaya, parece que Burbuja también puede ser inteligente a veces.
-Ése: ¡Qué nombre más desagradable! Prefieren ser llamados "gente especial". En fin, ¡arrideverci! ¡Que os vaya mal!
Y tal como vino se esfumó, en su habitual nube de humo.
Sin duda había sido un día extraño; tras años desaparecido, Ése aparecía, revelándose como el culpable de los ataques de monstruos. Era preocupante; Ése no acostumbraba a ser tan directo, y nunca revelaba su plan hasta creernos vencidas; estábamos cansadas, pero distábamos de estar vencidas. No, había algo más, y no podía imaginar qué era.
En fin, antes o después lo sabría, para bien o para mal. Por el momento, ya tenía bastante problema; a partir de entonces, cada día aparecía no uno sino varios monstruos simultáneos; un día llegaron a presentarse doce monstruos simultáneos. Fuera lo que fuera, es seguro que parte de su plan era agotarnos; estos monstruos no me preocupaban, sino el último monstruo que sin duda habría de mandar contra nosotras.
Ojalá hubiera podido hacer algo por evitar que su plan llegara a la fase final…
