Agradeciendo sus comentarios y Cumpliendo sus peticiones, les dejo otro capítulo. Me hubiera gustado aserlo más largo pero entonces lo hubiera puesto hasta mañana... millones de gracias.
Capítulo 10
El pequeño levantó la vista y su mirada se iluminó a ver a su progenitor. —¡Hola, papa! — soltó a Candy y levantó su manita derecha—. ¡Te juro que Tía Candy se despertó sola!. —Candy no es tu tía, hijo— corrigió Terrence. — Pero es tía de Lucas— su pequeño ceño fruncido le dio risa a Candy. Lucas es hijo de Sophie. Pero a Candy le sorprendió que el pequeño Lucas le llamara Tia, cuando Candy apenas si lo había mirado en tarjetas postales que le hubo mandado Sophie en las dos navidades pasadas.
— No es su tía hijo, por que Sophie y Candy son amigas, pero no es su tía. en realidad. — No cielo, no soy tu tía — intervino ella palpándose la frente, y conteniéndose de no gritarle a Terrence todas las palabras que tenia atoradas en la garganta —. Pero puedes seguir llamándome de esa manera si así lo deseas. —¿De verdad?.— sonrió emocionado el pequeñín de tres años y medio, Candy asintió. Mientras recordaba la ultima vez que sus brazos lo sostenían, era tan pequeñito que sin darse cuenta le hubo robado su corazón,
—Terrence rumeo quitándose la camiseta transpirada para lazarla al piso con una intención maliciosa. Candy no quería mirar. ¡Se lo tenia rotundamente prohibido!. Pero no lo logro. Todo lo contrario y rompiendo sus reglas. Espió al hombre entre pestañas y sintió que su propio cuerpo la traicionaba. Todo en él era impresionante. Desde su cabello despeinado, sus ojos profundos azules hasta el abdomen plano, musculoso y sudoroso que terminaba en un par de poderosas piernas cubiertas por pantalones de deporte. Cuándo se dio cuenta que Terrence noto el interés que ese cuerpo bien formado había despertado con su media desnudez, curvo los labios en una media sonrisa. Con aquella mueca patentada por siglos de guerreros GrandChester. Arrebatadoramente perfecta.
¡Era tan engreído! ¡Por Cristo bendito!.
Lo fulmino con la mirada y de no haber estado el pequeño Terry presente seguramente su lengua hubiese salido a pasear. Terrence era un guepardo y ella una gacela herida.
Una luz se encendió en la mirada azul del hombre.
—¿Cuidaste de ella como prometiste? — le preguntó a su hijo sin apartar la mirada de ella.
—Si— expresó el pequeño con verdadero orgullo y agregó —: la paciente despertó y la fiebre ha bajado— le mostró el estetoscopio de plástico—. No hizo falta ponerle ninguna vacuna. Terrence contuvo una libidinosa respuesta ante ese último comentario rio y añadió:
— Muy bien Doctor GrandChester. Yo me encargaré de que la paciente reciba la exploración táctil correspondiente. Usted debe correr a la cocina a desayunar por que llegaremos tarde.
Candy lo observó con detenimiento, preocupado aplacar los temores que le provocaban sus insinuaciones, y advirtió una mirada de feroz advertencia en sus ojos.
—¡Si, papá! — accedió Terry corriendo hacia la puerta. Antes de desaparecer por ella se giró hacia Candy—. Sea buena chica. —Candy trago en seco y como pudo dijo; lo prometo. Doctor.
Terry tenía una sola debilidad: la comida. Terence lo vio irse y se apresuró. Cerrar la puerta. — Ya escuchaste a nuestro médico de cabecera, así que retira la sábana que voy a comenzar la exploración táctil.— dijo burlón y acercándose a ella.
Candy sintió su cuerpo responder inmediatamente, como la luz de una bombilla al interruptor ante la tácita promesa en la frase utilizada por el hombre. Metió la mano debajo de la sábanas para jalarla de los pies, y en un solo movimiento le quitó la tela que la cubría para empujarla de vuelta ala cama y cubrirla con su propio cuerpo rápidamente a continuación. Terrence deslizó la pierna sobre la de ella anclándola al colchón, aunque ella no mostró señal alguna de oposición. La negativa se había atragantado en la garganta de Candy del mismo modo que su cuerpo traidor se rendía. — Terrence...
— murmuró, sintiendo el peso masculino, Perfecto sudoroso, sobre el suyo, y trayendo a colación recuerdos que no quería. En respuesta, el hombre se ubicó mejor apresando el caliente cuerpo de la Mujer a la cama, deseando que sintiera el suave roce de su pecho contra sus pezones. Podía notar que el aumento de su temperatura era cincuenta por ciento por la lujuria que inyectaba en ella y la otra mitad por su débil condición.
— Está vez será mucho mejor, lo prometo.
—¿Está vez? — inquirio —. ¿No... no. Lo fue la segunda?— ¿La segunda? — Se burló. Terrence—. Si tu cuerpo hubiera sido mi abrigo de nuevo lo recordaría pecosa
—¿Entonces, nosotros no...?—preguntó —. Pero estoy desnuda en tu dormitorio. En tu cama.
— Solo te puse cómoda— Su expresión de incoherencia no lo convencía. Terrence no pudo evitar reír —. Para una vez que hago algo desinteresadamente, no me crees.
— Permíteme dudarlo...
—Tiemblas — sentenció él al tantear las femeninas formas que tiritaron. Terrence se pego a su oído para susurrarle. —¿ Tienes miedo?.
—No tuve un lugar para esconderme del trueno, por lo que no le temo—. Cito ella visiblemente nerviosa.
El petulante hombre parecía satisfecho. Y ella. Odiaba esa arrogancia que muchas generaciones de esos bárbaros habían logrado acumular.
—Cuidado, gatita. Qué el trueno no es más que la sinfonía previa a la destrucción. Aprovecho que Candy no esperaba una respuesta semejante, así que llevó las manos hacía arriba para inmovilizarla. Se le hizo agua en la boca al sentir la fineza y turgencia de los pechos femeninos.
— ¿Qué... qué estás haciendo?— se removió solo logrando restregarse contra el cuerpo masculino y su virilidad. Una traviesa mano pasó cerca de los pechos desnudos hacia sus piernas y mientras la tocaba iba recordándole: — Las medicinas que tomaste en el barco son muy fuertes. Necesitabas mantenerte relajada para descansar. Puedo ayudarte en esa parte soy muy bueno relajando. Terrence se corrió un poco para examinar el cuerpo desnudo de Candy. Le encantaba tanto verla como estar dentro de ella. Pero una cosa a la vez. Paseó la lengua por sus labios, mientras uno de sus dedos paseo tentativa y sensualmente la yema por el monte de venus de la mujer.
No... no hagas eso, balbuceo sintiéndose terriblemente mal por el agradable cosquilleo de anticipación que recorría su vientre y palpitaba en su entrepierna.
—No deberías haberme traído a este lugar. ¿Te imaginas lo que ocurriría si nos encuentran en la cama que compartes con tu esposa?. Terrence sonrió malicioso. Podríamos probar suerte con una relación de tres. —¿Alguna vez has fantaseado sobre lo que se sentiría ser parte de un menaje?.— ¿Por que te interesa saberlo?.Acaso has planeado llamar a algún amigo tuyo?. —Lo desafío con cierta ironía, y en un tono provocador que ella no se había oído jamás a si misma, —¡Ay eso dolió!— Se quejo de pronto cuando el hombre clavo sus dientes en su tierno pero endurecido pezón. Candy intento encogerse para quitarle aquella parte de su cuerpo de la boca, pero su lujuriosa lengua salió a jugar, mientras mamaba de ella como un recién nacido. La hizo gritar de dolor, para después liberarlo completamente.
—Eres mía —asevero Terrence mientras que sus manos acariciaron sus músculos desnudos y sus piernas, que de manera completamente, se abrieron para recibirlo. —Completamente mia y de nadie mas. Candy se sacudió, apoyo las manos en sus hombros y levanto instintivamente las caderas cuando Terrence introdujo un dedo en su abertura contraída. Quería mas, necesitaba mas. Terrence la notaba caliente, receptiva, humeda. Ella dejo escapar un gemido de dolor y placer cuando comenzó a dilatarla para prepararla. —No quiero volver a oír algo así. Nunca mas. ¿Me has entendido?. Sin dejar de mirarla, comenzó a acariciarla, haciendo que ella se arqueara sobre la cama, No la apremio, aunque tampoco ceso ni un instante. Ella quiso apartarlo en un momento dado por que hacia que quisiera gritar, pero no se retiro ni se resistió, simplemente apretó los dientes y contuvo lagrimas de impotencia y deseo. Entonces Candy gimió cuando el orgasmo finalmente la alcanzó.
Él la atrajo sin fuerza contra su pecho y besó sus labios. Luego mirándola intensamente a los ojos, fue dolorosamente consiente de su silencioso llanto y de cómo el desprecio por lo que acababan de hacer, por él, por si misma, dibujaba en sus pupilas.
—¿ Como puedes hacer esto con tu mujer en algun lugar de esta casa?.
—¡¿Cómo!?.
Él la miro sorprendido por sus palabras, por su vehemencia al decirlas y por los gruesos lagrimones que resaltaban por sus mejillas. Conmovido hasta lo más profundo de su alma, el corazón de Terence se expandió dentro de su pecho...
Sin hacer caso a sus palabras, la abrazo fuertemente contra su cuerpo. Acaricio su pelo con suavidad, su rostro.
— ¿Te preocupa mucho lo que Lisa pueda pensar o decir?
Continuará...
