Hola! No hay excusas. Lo se :( Perdon, perdon, perdon... mil perdones por mi tardanza. Se que me tarde un millon de siglos, pero la verdad es que estaba en una especie de bloqueo. Me costo bastante escribir este capitulo en especial, pero creo que al final fue un buen resultado. Espero que a ustedes tambien les guste.

Recapitulemos. Los chicos iban a atacar al dragon con la pocion que Draco debia preparar. En eso Hermione recuerda la muerte de su hijo, y de la nada, Theo aparece y se la lleva.

Espero disfruten este capitulo! Lo lamento mucho en serio.

Muchas gracias infinitas a todos quienes dejan sus opiniones, nos tienen en sus favorites o followers, y sobre todo a aquellos que pasan a leer en silencio. Animense a dejar sus opiniones tambien! Todas son necesarias, tanto buenas y malas para poder mejorar.

Ya no los aburro mas jaja! Todo pertenece a J.K!


Levanto la mirada impregnando en ella todo lo que estaba sintiendo. Sentía que había vivido esto antes. Lo había vivido. Entrecerró los ojos y analizo a los presentes. Potter. Weasley madre y padre, Weasley gemelos, Weasley menor y la comadreja. Kingsley. El profesor lobito. El ojo loco. Todos dispuestos a condenarlo por segunda vez.

Veía que movían sus bocas. Algo estaban diciendo. Pero él no podía oírlos. No quería oírlos. No cuando sabía que estaban eligiendo su sentencia de muerte.

Solo podía pensar en ella. En aquella mujer que le había arrebatado la vida poco a poco. Solo podía pensar en su hijo. Habría dado cada galeón que poseía por haberlo conocido. Pero al parecer el destino estaba deseoso de patearlo en el piso.

Fijo su mirada en la comadreja. El joven guardaba silencio, cosa extraña en él. Solo lo observaba. Sentía su penetrante mirada azulada en él, analizándolo. Atravesándolo. Había algo en su forma que lo intrigaba.

- Malfoy… - desvió sus ojos hasta Potter a su derecha. El-niño-que-sobrevivió lo observaba a través de sus desdeñosas gafas redondas, interrogándolo en silencio. Silencio. Era todo lo que le rodeaba. No tenía idea de que estaban hablando.

- Potter… - hablo con la voz mas ronca. Llevaba días sin utilizarla.

- Mañana deberás volver a Azkaban… - sintió un nudo enredarse en su garganta. Era todo lo que deseaban. Las cosas no habían resultado como habían esperado, así que ahora querían devolverlo a su miseria. Observo a los demás, esperando que alguien, aunque fuese una sola persona en esa habitación, discrepara con cara rajada. Pero el silencio era sepulcral. Tal y como su condena.

- Como gusten – se puso de pie. No podía verlos sin desear romperlos a punta de cruciatus. - ¿Algo más?

- No. Kingsley vendrá en la mañana a recogerte, ten tus cosas preparadas – como odiaba a ese ser despreciable que se juraba el salvador del mundo mágico. Era un patético intento de mago que no tenía idea de que hacer. No conocía encantamientos, ni pociones, mucho menos de maldiciones que podrían salvarle la vida. De no ser por todos los que lo rodeaban, y por su madre que había dado su vida por él, habría muerto aquella noche en el Valle de Godric.

Solo se limitó a asentir. Salió con la cabeza en alto, su mano derecha apretando con fuerza su varita, y el corazón destrozado con la idea de volver a ese lugar.

Subió las escaleras con calma. Quizás pudiera retrasar el tiempo si caminaba más lento. O si respiraba más lento. Llego hasta el último piso, donde estaba la "habitación" que le habían ofrecido. Un cuartucho de mala muerte, lleno de trastos sucios y un sinfín de recortes de El Profeta más antiguos que la propia casa.

No se preocupó de cerrar ni de insonorizar la habitación. Sabía que nadie subía hasta ahí. Golpeo cada viejo cachivache, rompió cada estúpida primera plana… se lanzó sobre la cama con la sensación de vacío que tan bien conocía. Su corazón estaba partido en cientos de pedazos, todos y cada uno buscándola.

Como pocas veces, sintió que sus lágrimas surgían de lo más profundo de su alma. Se recostó abrazando sus rodillas, cerrando los ojos y recreando en su cabeza la última conversación que había tenido con Hermione. Aquella noche en la tienda. La última noche que la había visto.

Un sollozo broto ronco, doloroso, cargado de frustración. Todo se había ido al mismo demonio. Había perdido la única oportunidad de su vida. Pero por, sobre todo, la había perdido a ella.

Apretó los puños contra su abdomen, sintiendo que le faltaba el aire. Necesitaba verla, necesitaba encontrarla. No podía, no quería volver a ese maldito lugar sin haberla encontrado. Tenía que saber que estaba bien.

Respiro profundo un par de veces, calmando la tormenta que vivía en su interior. Tomo la decisión antes de que pudiera siquiera pensarla.

Acaricio sus cabellos rubios con absoluta devoción. Tan suaves como una pompa de algodón. Sus ojos grises la observaban con curiosidad, pero por la forma en que brillaban, podía adivinar que sentía algo de regocijo en su interior.

La puerta se abrió obligándola a voltear rápidamente. Observo a la mujer dar cortos pasos hasta quedar a escasos centímetros de ella. Sentía miedo cada vez que la veía, pero no lo demostraría. Tenía que ser fuerte.

- Ha sido suficiente por hoy – se estremeció ante el tono frio y despectivo de la mujer. Su corazón se petrificaba cada vez que la veía entrar en la habitación. Sentía ganas de salir corriendo. Pero no podía. Simplemente debía ser fuerte.

- Solo un poco ma…

- Dije suficiente – la corto antes de poder suplicar por un poco más de tiempo. Apretó las manos con fuerza y volvió a mirar al rubio recostado sobre la cama, que en pocos minutos se había quedado profundamente dormido. Volvió a acariciar sus cabellos y luego de darle un beso en la frente, se puso de pie.

Salió del lugar con pasos lentos y pesados. Cada parte de su cuerpo dolía como mil demonios. Pero cada dolor era válido y suficiente. Escucho los pasos de la mujer tras de si, siguiéndola. ¿Dónde creía que iría? Si tuviera que vivir y morir en ese lugar, lo haría.

- Te esperan en el salón – la escucho desde su espalda. Maldijo internamente y desvió su camino. No podía ser nada bueno.

Entro en la gran estancia, donde dos hombres se encontraban sentados frente a la chimenea bebiendo una copa de whisky de fuego. Se estremeció de solo imaginar lo que podría venir. No daría su brazo a torcer, estaba segura de que no le harían nada. Rogaba a Merlín que así fuese.

- ¿Cambiaste de opinión sangre sucia? – pregunto el mayor de los hombres. Un escalofrió la recorrió desde la cabeza hasta los pies, erizando cada uno de sus cabellos. Su corazón parecía estar corriendo una maratón, mientras su respiración se volvía irregular, tratando de captar algo de oxígeno.

- No tengo nada que cambiar – respondió con falsa seguridad. La voz le temblaba, sentía frio. Sintió que comenzaba a temblar y que una gota de sudor se deslizaba por su espalda.

- ¿Por qué eres tan testaruda? – observo al joven con todo el odio del que fue capaz. Todo era su culpa. Por él estaba ahí, sufriendo las penas del infierno. No podía creer que en algún momento había sentido lo más mínimo por él, dudando de sus sentimientos por Draco. El jamás le haría algo así. Daría su vida por ella antes de verla sufrir.

- Estas colmando mi paciencia.

Cayo al suelo presa de un dolor inimaginable. La piel le quemaba, estaba segura de que le habían prendido fuego. Dios, dolía como mil demonios. El fuego estaba derritiendo su piel y el calor le impedía respirar. Comenzó a retorcerse. En desesperación, comenzó a rasgar sus ropas y a tirar de su piel. El dolor no disminuía. La estaban quemando viva. Apenas lograban escapar gritos ahogados. Se arrastro por el suelo, tratando de apagar las llamas que sus ojos veían.

Pero tan rápido como había empezado, se detuvo. Cerro los ojos sin querer ver como estaba su cuerpo. Imaginaba la piel roja, inflamada y sangrante. Comenzó a llorar descontrolada, mientras sentía que el mundo se apagaba a su alrededor.

Abrió los ojos de golpe cuando sintió el frio golpear su rostro. Miro a su alrededor. Miro su cuerpo. Nada. Absolutamente nada.

- Es una muy buena maldición joven Nott – la voz del hombre la hizo estremecer. Lo único que quedaba de su dolor eran los propios arañazos que ella misma se había propinado en medio de la desesperación. Se puso de gatas, tratando de levantarse. Tenía el rostro y la camiseta mojada, luego de que la mojaran para despertarla.

- ¿Dónde crees que vas?

Otra ronda de dolor la embargo. Cayo de bruces al frio suelo de mármol, golpeando su rostro en él. Por Merlín, que acabara. Sentía que todo su interior se retorcía, enrollaba y anudaba. Literalmente. Sus órganos debían estar convirtiéndose en un nudo ciego que jamás podría desarmar. Merlín, dolía y no podía respirar. Lloraba y gritaba, estaba consiente de eso. Estiro los brazos hasta que sus uñas se aferraron a una de las patas de la mesa de centro. Sintió como sus pulmones de pronto se cerraban, o quizás se habían vuelto un nudo también. Ya no podía respirar por el dolor, simplemente no había donde pudiera entrar el aire.

Y así como había empezado, acabo.

- ¿Vas a ayudarnos? – Nott estaba de pie a su lado con la varita extendida. Maldito. Como disfrutaría el día en que lo matara. Porque lo haría. Con sus propias manos, viendo su sangre derramar por sus manos. Por su hijo juraba que lo haría.

Asintió sin energías. No podía soportarlo más. Otro día de torturas y perdería la cordura.

- Muy bien Granger. Tu misma sabes que es lo mejor para mi nieto – se estremeció ante sus palabras. Odiaba que ese hombre, ese asqueroso ser fuese el abuelo de su hijo.

Se repitió a si misma que era todo por él. Solo por él. Únicamente por él. Merlín, Dios y todos la perdonaran, pero por él era capaz de todo.

Salió corriendo de la cocina cuando escucho el golpe seco en el rellano. Alzo su varita lista para atacar a quien quiera que hubiese osado forzar la entrada.

Pero casi chillo de alegría cuando vio a Hermione de rodillas en la entrada de la casa. Estaba cabizbaja, con las palmas apoyadas en el suelo y respirando agitada. Se acerco rápidamente, pero se estremeció al escuchar el grito profundo y ronco. Era desgarrador. Casi como si estuviera rota desde dentro.

Poco a poco habían llegado los demás. Todos mantenían la prudente distancia. La muchacha se sacudía con violencia mientras gritaba y lloraba, golpeando con sus puños el suelo, hasta hacer sangrar sus manos.

Un sollozo escapo de su propia boca cuando su amiga alzo el rostro. Tenía tantas heridas que eran imposibles de contar. Su ropa bajo la túnica estaba rasgada, y la sangre manchaba todo a la vista. No podía imaginar lo que le habían hecho.

En un actuar rápido, se acercó y la rodeo con sus brazos. Pero solo recibió un golpe incierto en su pecho, alejándola lo más posible. Se quedo arrodillada a su lado, esperando que la reconociera. Cuando sus ojos se encontraron, pudo ver el vacío en ellos.

Lo habían logrado. Habían logrado terminar de quebrarla. Ya no había más de ella en esos ojos color miel. No había más de ella en su piel ni en su cabello, ni mucho menos en el tono de su voz cuando pareció gruñir.

Nadie respiraba siquiera. En silencio, todos simplemente lloraban. La joven se afirmó contra la puerta y abrazo sus rodillas. No dejaba de llorar y cada cierto rato brotaban de su garganta angustiosos gritos que desgarraban el alma de quien los escuchaba.

- Hermione… - susurro después de un rato cuando noto que se había ido calmando. Había pedido a los demás que se fueran, quedando solo con Blaise a su lado. Sentía la desolación en su corazón. Merlín, ¿Qué era lo que le habían hecho? – Estas en casa cariño

- ¡No te acerques! – grito brutalmente cuando Blaise intento acercarse. El moreno retrocedió y decidió que lo mejor sería dejarlas solas. Camino hasta la cocina, donde los demás esperaban.

- Vamos nena, levántate – la castaña clavo sus ojos en ella, llenándose estos de lágrimas. Tenía los ojos inyectados en sangre, más aún de la que tenía en todo su rostro. Jamás podría borrar aquella imagen. Su amiga, aquella mujer fuerte e invencible… Rota y vulnerable.

Acerco su mano lentamente. Cuando vio que no retrocedería, tomo su mano. Estaba helada. Su temperatura debía rozar la de un cadáver. No tenía dudas que estaba muerta, solo su corazón debía seguir latiendo por mera inercia. Acerco su cuerpo, hasta que finalmente la pudo abrazar. La sintió temblar en sus brazos, sacudirse en busca de calor.

- ¿Qué te hicieron Hermione? – susurro más para si misma, sin esperar respuesta.

- No… me dejes volver… ahí. No con… el - ¿con él? ¿Sería de Voldemort de quien estaría hablando? Ya tendría otra oportunidad para preguntarle. - ¿Draco…?

La apretó entre sus brazos, deseando que la castaña hubiese llegado unas horas antes. Acaricio su cabeza y poco a poco la ayudo a ponerse de pie. Vio a los demás agolpados en la puerta dispuestos a ayudarla, pero negó con la cabeza. Hizo acopio de todas sus fuerzas para ayudarla a subir las escaleras. Noto que apenas podía mover las piernas y que sus jeans estaban desgarrados y bañados en sangre.

Entro en la primera habitación, la de Harry. La recostó sobre la cama y la cubrió con una manta. Vio a su madre aparecer a su lado, con algo de ropa y detrás de ella una bañera con agua y unas toallas.

Entre ambas le quitaron lentamente la ropa, dejando al descubierto la realidad de lo que había pasado. Tenía cortes en todo su cuerpo. Hematomas en la espalda, el abdomen y entre sus piernas. Se cubrió la boca para no emitir sonido alguno. No podía dejar de llorar mientras iban descubriéndola. Las marcas en sus muñecas y en sus tobillos delataban que la habían tenido atada. Pero era probable que eso, hubiese sido lo menos terrible de todo. Las sospechas que sentía brotar de su interior la tenían al borde del desmayo.

La tomaron entre ambas y la depositaron con delicadeza en el agua tibia. Bañaron cada parte de su cuerpo, quitando lo que quedaba a la vista. Pero había suciedad que jamás se podría limpiar…

Entro en la habitación con la ropa entre sus manos. Miro a la cama y sintió tranquilidad. Se acerco en silencio para no despertarlo. Se veía tan tranquilo durmiendo, tan lleno de paz que era capaz de transmitírsela incluso a ella.

Como desearía tomarlo y huir. Huir lejos de todo y de todos. Amaba a su esposo, pero lo que estaba haciendo no tenía perdón de dios. Aunque esa sangre sucia no era lo que habría deseado, seguía siendo la madre de su nieto.

El pequeño abrió sus ojitos, observándola tal y como su hijo lo hacía a su edad. Era su viva copia. Lo tomo entre sus brazos, abrazándolo y meciéndolo con ternura desconocida en ella. Pero es que, ¿si ella no le daba amor, entonces quién? Su padre era un traidor a la causa y su madre una sangre sucia que estaba destinada a morir. Ellos jamás podrían amarlo y cuidarlo como ella hacía.

Daba gracia a Theodore por haberlo encontrado. Cuando se habían enterado de que su hijo había tenido un affaire con aquella muchacha, se le vino el mundo encima. El Lord casi los había matado a todos. Pero Lucius había sido más inteligente. Argumento que algún día el niño les sería útil.

Y ese día, había llegado. Tenían a Hermione Granger en sus manos, dispuesta a darlo todo por el pequeño Abraxas. Incluso a traicionar a su mejor amigo, salvador del mundo mágico. Incluso entregar al hombre que se suponía amaba. Aquel que resultaba ser su propio hijo.

Suspiro cuando el niño empezó a llorar. En apenas unos días que ella había estado ahí, el pequeño parecía haberla reconocido. Y ahora la extrañaba.

Se estremeció al recordar todas las cosas que Lucius y Theodore le habían hecho antes de convencerla de cooperar. Pero corrió a su habitación a vomitar cuando vio todo lo que le hicieron después de convencerla y antes de enviarla de vuelta. Esa muchacha jamás volvería a ser la misma. La habían roto en lo más profundo de su alma. La habían mancillado, humillado y abusado de su inocencia. Eran unos seres repulsivos, pero no había nada que ella pudiera hacer.

Despejo su mente, volviendo al presente, al pequeño que cargaba. Lo meció un rato más hasta que finalmente logro dormirse.

Ojalá él jamás se enterara de lo que le habían hecho a su madre.


¡No podia simplemente hacer desaparecer al pequeño Malfoy! No podia matarlo u.u Asi es que como veran, estuvo todo este tiempo con sus abuelos. Hermione tendra muchas cosas por hacer para poder recuperarlo algun dia... si es que. Pobre todo lo que le hicieron :/

Y donde creen que esta draco? se lo habran llevado a Azkaban o estara en alguna otra parte...

No olviden dejar su opinion jeje buena o mala! se los agradecere muchisimo! Nos vemos el proximo cap que espero no tarde demasiado!

Besos y abrazos!