Glee y sus personajes no me pertenecen.

Ni se imaginan lo que me costo escribir este cap. Todavía siento que no está a la altura y que es en vano continuarlo, pero veré que dicen en los rw y la respuesta frente al cap.

¿Nos seguimos en twitter? /heyjudeeok


Capitulo Diez

— ¿Rachel? — vuelvo a repetir acortando la distancia que me separa de ella.

Katherine aun sigue dándome la espalda, negando con su cabeza vaya a saber qué cosa hacia Rachel. No puedo tener en claro aun el presentimiento que me invade cada vez que la veo a mí alrededor, pero ahora, verla parada cerca de Rachel, mi corazón siente un pinchazo. ¿Qué demonios era eso? ¿Por qué Katherine provocaba esto en mí?

— ¿Qué haces tú aquí? — La voz de Rachel me distrae momentáneamente de mi escrutinio hacia Katherine. Oooh, su voz… ya me había acostumbrado dejar de oír ese tono este par de semanas que nos hemos estado viendo a escondidas y quizá, ese sea el motivo de su tono molesto viéndome parada dentro de su casa, teniendo en cuenta que supuestamente los niños no saben de mi existencia.

— Debo hablar contigo — respondo una vez que ambas me dan la cara — A solas… — doy un vistazo rápido hacia Katherine y ella lo entiende inmediatamente dibujando apenas un intento de sonrisa.

— Lo entiendo — responde Katherine — De todas formas ya me iba. Solo venia avisarte que mañana en la noche cenaremos con Charlie. Tú también estas invitada, Quinn — se acerca a darme un beso en la mejilla — No tenía idea que ustedes dos habían comenzado a verse. — Frunzo mi ceño de forma que solo ella puede verme, en cambio solo me regala otra sonrisa algo forzada — Eso es bueno.

— ¿Para quién? — levanto mi ceja esperando su respuesta, tomándola desprevenida.

— ¿A qué te refieres?

— Tú sabes a que me refiero.

Ella solo frunce su ceño, clavando sus ojos en los míos, ambas aguantando la respiración como si de un juego se tratase. No me tragaba este cuento. No me tragaba el cuento de Katherine en absoluto. Aparecer en casa de Rachel, claro, ellas eran amiga de hace años, pero callarse de repente cuando hago acto de presencia… no me fio en absoluto y debía de tener una conversación bastante seria y extensa con mi propio hermano. Podía oler cuando una manzana podrida se escondía en el cajón Fabray.

— Quinn ¿Qué haces aquí? — la voz de Rachel apareciendo en nuestro costado derecho rompe la tensión creada por nuestras miradas.

Katherine carraspea antes de dejarle un beso a Rachel en su mejilla tomándola de sorpresa — No faltes mañana. Charlie desea ver a los niños. — Le sonríe — Adiós, Quinn. — se despide de mi sin siquiera tomarse el trabajo de mirarme.

Una vez que el clic de la puerta cerrándose invade nuestro espacio, Rachel se deshace de sus pertenencias y camina hacia la cocina olvidándose completamente de mí. Quizá un poco más tranquila al darse cuenta que no es el horario donde los niños suelen estar en casa, sino en la escuela… pero ella no sabe lo que ha ocurrido esta mañana. Quizá ella solo piensa que he venido de pasada aun ocultándome frente a los ojos de nuestros hijos. Ella no tenía ni idea lo que ocurría dentro de su casa y cruzaba los dedos para que el enfado no sea monumental y accediera de inmediato frente a lo que tenía para proponerle.

El tiempo corría en nuestra contra.

— Rach, cariño… hay algo que necesito hablar contigo. — digo entrando en la cocina.

— ¿Qué tema es tan importante que te ha hecho venir hasta aquí? ¿Qué otra mentira me dirás, Quinn? — Me pregunta tomando una botellita de agua del refrigerador.

Mi boca se abre junto a mis ojos. Frunzo mi ceño y rompo el espacio que me separaba de la isleta para poder usarla de apoyo. El dolor en mi espalda había aumentado considerablemente en los últimos días. — ¿Otra mentira? Yo jamás te he mentido, Rachel.

Ella comienza a reír. Bueno si, joder… quizá un poco pero lo he hecho por su bien y ella lo sabe. — Que cabrona eres. — niega con su cabeza bebiendo de la botella. Admiro la tranquilidad con la que se mueve, aunque debería de temer. Nada bueno se presentaba cuando Rachel se comportaba de esta manera.

— ¿Cabrona? ¿Qué sucede ahora? — pregunto cruzándome de brazos.

— Vuelves a mi vida — toma uno de sus dedos comenzando a enumerar — Haces el estúpido intento de reconquistarme con rosas y chocolates sabiendo que esa mierda de romanticismo no va contigo, te metes en mi cama y luego vuelves a tomar el control de mis tiempos — bordea la mesada que nos separa momentáneamente llegando hasta mi — Todo va bien Quinn, todo va bien porque te dejo creer que vuelves a tener el control entre las dos, pero metiéndote con mis hijos a mis espaldas… — niega con su cabeza levantando su ceja — Eso es de una completa y jodida cabrona — presiona su dedo índice fuertemente contra mi pecho — Y yo detesto las cabronas mentirosas como tú. — murmura con sus dientes apretados.

— ¿De qué hablas? — tomo su mano que golpeó segundos atrás contra mi pecho, apretujándola firme pero sin hacerle daño.

— ¡Oh, deja de hacer el idiota! — grita zafándose de mi agarre. — ¡No te atrevas a tomarme por idiota, Quinn Fabray! ¡Eso se ha acabado hace años!

— Rachel, debes calmarte. Sabes perfectamente que hablar en este tono no nos lleva a nada bueno. Hemos cambiado, nuestra relación… — me interrumpe.

— Nuestra relación un cuerno, Quinn. ¡Un cuerno! — Vuelve a gritar pasando a mi lado para volver nuevamente hacia la sala — Ahora mismo te iras de mi casa y no volverás nunca más. — Toma mi abrigo aventándomelo — ¡Me has cansado, tú y toda tu mierda! — Me apunta con su dedo — Me has tomado por idiota nuevamente. Te has reído en mi cara y me has hecho creer que los tiempos los manejaba yo cuando a mis espaldas hacías y deshacías a tu antojo.

— ¿Qué demonios te ha dicho Katherine que te ha puesto así? ¿Qué te ha contado? — Digo tirando mi abrigo sobre una de las sillas.

— ¿Katherine? ¿Acaso crees que alguien debe venir a contarme tus mentiras? — Debo reconocer que jamás la había visto tan enojada como hasta ahora. — Toma ese mugroso abrigo y vete de mi casa, Quinn. ¡Ahora mismo!

— ¡Claro que no! ¡No me iré a ningún lado y si así lo quieres tendrás que patear mi culo fuera de aquí!

— Pues créeme que lo disfrutare a lo grande. — responde caminando hacia mi completamente decidida a sacarme de allí. Oh, es algo que quiero ver. Realmente quiero hacerlo. Ver a Rachel en ese papel de matona me enciende, pero no es momento para eso ahora mismo y lo sé, pero joder… ¿Cómo puede pensar que su fuerza puede contra la mía?

Toma mi brazo y la presión que hace allí me hace entender que no se anda con juegos.

— Rachel, para… — balbuceo por falta de aire. Ella comienza a sacarme a empujones por la sala — Mi espalda… — intento convencerla pero ella sigue con su propósito. — Debes parar…

— Oh, no vengas con esa mierda ahora. Esta mañana te he visto caminar a la perfección.

— Rachel, en serio… hablo en serio — digo faltándome el aire antes de caer de rodillas frente a la puerta de entrada que no ha alcanzó abrir. Mi cuerpo cae hacia delante, apoyando mis manos en el suelo con mis brazos completamente estirados haciendo de apoyo para que mi cuerpo no caiga completamente hacia delante. Ella permanece a un lado mío, puedo ver sus zapatos de reojo. Solo se escucha su respiración agitada y como unos pasos se acercan hacia nosotras interrumpiendo nuestra pelea que se nos ha salido de las manos.

— ¿Qué le has hecho a mi madre? — siento su voz llenando nuestro espacio personal, sintiendo rápidamente como sus pequeñas manos toman mi brazo derecho haciendo el intento de levantarme.

— Charlotte, vuelve a tu habitación. — pido con mi voz entrecortada. El pinchazo en mi espalda comienza a ser insoportable provocándome un sudor frio.

— ¿Mamá? — la voz de los mellizos llena de preocupación llegan a mis oídos. Rachel en ningún momento se atreve hablar. Ni siquiera puedo ver su rostro. Mis ojos permanecen cerrados, intentando calmar mi respiración y el dolor que comienza a invadir mis piernas.

— ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué gritaban? — esta vez es Emma.

— Rachel… — dice Charlotte — Ella le estaba gritando a mamá. La empujo… yo lo vi.

— No, no… — balbuceo adolorida — Vuelvan a sus habitaciones. Terminen con lo que les he pedido por favor.

— Mamá, vamos… ayúdame a levantarte. No puedo verte así. — dice Charlotte.

— ¡No! — Me desprendo de su agarre — ¡Joder, vayan a sus habitaciones! ¡Ahora! — Pido casi sollozando. No por el dolor, he aprendido a convivir con el jodido dolor pero jamás con la lástima que los demás me tienen. De solo pensar tener que depender de los demás para dar un jodido paso me saca de quicio. Los pasos de los niños se alejan de nosotras, dejándonos nuevamente hundidas en el silencio.

— Déjame ayudarte. — Su voz temblorosa me toma por sorpresa.

— Déjame, Rachel. — Alejo mi brazo antes que ella siquiera pudiese tocarme. — En cuanto logre levantarme de aquí me iré.

— Esta bien, pero déjame ayudarte…

— ¡Que no, maldición! ¡Que no me ayudes! — grito dejando que las lágrimas por la impotencia mojen mis mejillas. Sus piernas se flexionan frente a mis ojos dejándome ver sus ojos marrones completamente vidriosos producto de las lágrimas contenidas. — No me tengas lastima ahora que me ves en el piso, Rachel. No te atrevas a tenerme lastima o compasión.

— Jamás la tendría hacia ti. — Dice firme tomando los mechones que se pegan a mi rostro para colocarlos detrás de mi oreja — Vamos, déjame ayudarte. No seas cabezota.

— ¿Ahora te preocupas? — Murmuro — ¿Qué tal cuando me empujabas camino a la jodida puerta?

— Me he pasado ¿de acuerdo? — Suspira — No ha sido mi intensión hacerlo. No pensé y te pido disculpas pero tú me has jugado por la espalda viendo a mis hijos a escondidas.

— ¿Y qué quieres que haga? Tú no me dejabas verlos. Te recuerdo que Charlotte es mi hija y tú solo tienes su custodia compartida.

— ¿Qué quieres decir?

— Que tengo tanto derecho como tú inclusive mas para estar con ella si así lo quiero.

Frunce su ceño y me extiende su mano. — Tómala, Quinn. Toma mi mano si quieres que escuche lo que tienes para decirme.

No lo pienso dos veces más allá que mi decisión ya está tomada. Tomo su mano y con fuerza sobrehumana logro volver a estar parada sobre mis dos piernas que, por segunda vez, se sienten completamente débiles. La primera fue cuando intente ponerme de pie luego de meses en silla de ruedas, asistiendo a mi terapia para volver a caminar. Cerré mis ojos deteniendo los millones de recuerdos y sensaciones que viví hace menos de cinco años, aferrándome al menudo cuerpo de Rachel. Ella supo sostenerme, dejándome caer suavemente sobre el sillón de tres cuerpos que vestía su sala de estar.

— Quinn, tu espalda comienza a preocuparme…

Interrumpo su pronta verborrea dejándola completamente muda — Me llevare a los niños — digo viendo como sus ojos dejan de pestañar, seguramente esperando que de mi boca salga una carcajada indicándole que solo estoy bromeando — Me los llevare así estés o no de acuerdo.

— No. Eso no pasara — niega con su cabeza — Tú no te irás a ningún lado con ellos. No me los quitaras.

— Rachel yo no te estoy quitando nada. Tú tienes la opción de venir con nosotros.

— ¡¿Acaso te has vuelto loca?! — Vuelve a elevar un poco la voz pero rápidamente se da cuenta, comenzando a tomar suaves respiraciones para calmar su estado — ¿Acaso te has vuelto loca, Quinn? — Vuelve a preguntar calmada — Hoy me he desayunado con el hecho de saber que has estado viendo a los niños a mis espaldas, no solo eso, sino también yendo a su colegio. ¿En qué pensabas? ¿Cuánto tiempo más creías que podrías mantenerlo en secreto? ¡Hasta su directora te conoce, joder! ¡Quinn!

— Lo sé, lo sé. Sé que he actuado mal — tomo sus manos — Mierda, créeme que lo sé Rachel, pero no podemos perder más tiempo. Te he dicho que debías creer en mí y solo he metido la pata hasta el fondo con esto, pero ¿En qué momento pensaste que estaría lejos de ellos? He cuidado de Charlotte el tiempo que has estado dentro de la cárcel.

— ¿Qué dices?

— Lo he hecho y visite a los mellizos al menos una vez al mes durante estos cinco años.

— No puede ser… — susurró hundiendo su rostro entre sus manos. Negaba constantemente con su cabeza repitiendo una y otra vez "esto solo es un sueño" o "no puede ser posible"

— Rachel, no es momento de esto ahora… — digo tomando una de sus muñecas para intentar despejar su rostro y verla a los ojos. Necesitaba desesperadamente que ella me mirase a los ojos.

— ¿Cuándo lo es? Les has hecho mentirme, Quinn. ¿Sabes lo que eso significa?

— Ha sido mi culpa. Yo los he convencido asegurándoles que vendría por ustedes y ese día ha llegado hoy. De eso necesito hablarte. — suplico calmadamente. Sé que con Rachel no llegare a ningún lado gritando o imponiéndole cosas.

— No te los llevaras. No lo harás y no iras contra mis órdenes, al menos no lo harás con Emma y Charlie. Respecto a Charlotte… — muerde su labio inferior intentando calmar sus ganas de llorar tras ver como su mentón comienza a temblar — No puedo hacer nada con ella. Ni siquiera quiere tenerme cerca.

— Rachel, no te dejare aquí sola. — tomo su mentón pasando mi pulgar por su labio liberándolo de su excesivo maltrato.

— No puedo irme contigo y dejar todo abandonado. ¿Qué hay con mis cosas? ¿Qué hay con Santana y Brittany? Con mi academia…

— Rachel, debes dejar de pensar en eso. Estas en peligro tú y los niños. — cierro mi boca rápidamente sin poder detener las palabras que ya habían abandonado mi cuerpo. Mi boca habló antes de que mi mente pudiese procesar las palabras. Rachel permaneció unos segundos volviendo a mirarme con esos preciosos ojos ahora llenos de miedo, esperando escuchar nuevamente mi voz — Déjame llevarte conmigo. — susurro acercándome lentamente hasta ella — Entiende de una vez que no soportare la idea de que algo te suceda.

— Yo, yo… — abre su boca mas no logra sacar palabra alguna para hacerse entender.

— Rach, cariño…. — susurro acariciando su mejilla.

— Ya estamos listos. — La voz de Emma interrumpe nuestra conversación.

Rachel gira su rostro hacia el pasillo que lleva a las diferentes habitaciones encontrándose con los tres niños, cada uno con una valija y mochilas con sus pertenencias dentro.

— No puedo… — niega lentamente mirando aun hacia los niños pero con su vista en ninguna parte.

— Niños, dejen sus cosas fuera. El chofer las cargara. Esperen un momento dentro del coche. — pido suavemente recibiendo el asentimiento por parte de Charlotte que decidida ya abandonaba la casa delante de un miedoso Charlie seguido por una dudosa Emma que no despegaba los ojos de su madre. Esboce una sonrisa tranquila, intentando transmitirle que todo estaría bien.

— Rachel… — vuelvo hablar una vez que ellos no están cerca — Debes venir con nosotros. Hace una hora he vuelto a mi piso en busca de ti para comentarte algo y me he encontrado con mis cosas dadas vuelta. Mi apartamento era un completo desastre y había cosas rotas por todos lados.

Ella solo vuelve su vista hacia mi volviendo a morderse el labio — De hecho… esa he sido yo.

Frunzo mi ceño — ¿Cómo dices?

— Lo que oyes. He sido yo quien destrozo tu apartamento tras enterarme de tu mentira, pero en ese momento solo pensé que estabas viendo a alguien más y el enojo pudo conmigo.

— Rachel, tú no puedes haber hecho eso.

— Si, si lo hice. — responde segura. — He llamado a Santana para que te siguiese y así es como me he dado cuenta que esta mañana has ido a la escuela de los niños.

— No, Rachel… no comprendes…

Ella me interrumpe — Quinn, he sido yo. No he pensado en ese momento y lo siento pero ya no es necesario irnos. Ha sido mi culpa y lo siento por asustarte, pero solo ha sido un momento de locura que he tenido.

— No, Rachel. Tú no entiendes.

— No, la que no entiendes eres tú, joder. — Se levanta de su asiento a mi lado para caminar nerviosa por la sala — No puedo irme ahora. No lo hare.

— ¿Por qué? ¡Estamos en peligro, maldición! ¡Rachel despierta de una jodida vez!

— ¡Nadie está en peligro aquí! Lo tengo todo controlado. — me asegura.

— ¿Qué tienes controlado? O mejor dicho… ¿A quién?

— Tú sabes bien a quien. Ambas sabemos que ella vendrá a buscarme y yo la estaré esperando.

— ¿Te oyes? — Pregunto perdiendo la paciencia — ¿Quién demonios te ha metido esas ideas absurdas en tu cabeza?

— Nadie lo ha hecho, es algo entre ella y yo donde tú no tienes espacio.

— Rachel, no hay un tú mucho menos un ella. — Digo elevando mi voz — Ella no está sola, entiéndelo de una jodida vez.

— Yo tampoco lo estoy. Ahora te tengo a ti, a tu hermano…ha vuelto Christian. Tengo a Santana, Brittany y Keira. Las muchachas de la cárcel. Ellas me deben lealtad.

— No seas estúpida, Rachel. Ni siquiera tienes para comenzar contra Julia. Despierta de una maldita vez.

— Quinn, no dejare que Julia vuelva a meter sus narices en mi vida.

— ¡Pues, ya las ha metido! — grito perdiendo la tranquilidad con la que intentaba manejar la situación.

— ¿De qué hablas? ¿Qué sabes tú que yo no?

— Alguien ha estado en mi piso.

— Ya te he dicho que he sido yo. — se golpea el pecho.

— Basta con eso. Alguien ha logrado meterse burlándose de mi seguridad — apunto hacia mi abrigo que aun sigue colgado en una de las sillas — Vamos. Mete la mano en uno de los bolsillos. — pido.

— ¿Por qué?

— ¡Solo hazlo de una vez! — vuelvo apuntar hacia mi abrigo logrando que Rachel de los cinco pasos que lo separan de ella. Toma el abrigo entre sus manos rebuscando dentro de mis bolsillos frunciendo su ceño cuando toma los objetos con su mano derecha. Sus ojos se abren de par en par una vez que logra ver la foto que han dejado pegada en mi refrigerador junto a la nota que le deje a Rachel esta mañana antes de irme.

— No puede ser… — balbucea nerviosa mirando la foto y el objeto que han dejado junto a ella.

— Me iré con los niños quieras o no. — Digo firme logrando pararme del sillón llamando su atención — ¿Vienes conmigo o te quedas, Rachel? Toma una decisión ahora mismo.