No tengas Miedo a Vivir
Acto diez
Culpable
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Kenshin se quedó perplejo mirando su celular. Llevaba seis días sin poder comunicarse con Kaoru y se sentía ansioso.
Había decidido con Shinta ir de vacaciones a la playa y en ese momento se encontraban alojados en un hotel de estilo tradicional, donde uno caminaba sobre tatamis y dormía en cómodos futones. Había un jardín japonés con un estanque, de una belleza tal que poner los pies en él ya aseguraba la calma y los días eran estupendos, pero a pesar de todo, Kenshin no encontraba sosiego.
Cada vez que podía, marcaba a Kaoru, pero no había caso. Se le ocurrió que tal vez había perdido su celular o que lo estaba pasando tan bien que se había olvidado del aparato y de llamarle.
Salió más tarde a recorrer la playa con su padre. Se encontraron con muchos bañistas disfrutando de las cálidas aguas del Pacífico y disfrutaron la brisa marina.
-Mañana podríamos ir al sector del puerto.- dijo Shinta.- y podemos dar un paseo en lancha. Será divertido. Y podemos comprar pescado. Dice la anfitriona que si lo deseamos, podemos cocinar nosotros nuestros alimentos o pedir algo especial al cocinero.-
Kenshin asintió y puso buena cara. Sonrió y siguió caminando, esquivando a unos niños que corrían y se le atravesaban.
-¿Y entonces, me dirás que te pasa?- preguntó Shinta tras mirarlo de reojo.- Si sientes que no te gusta este lugar... En realidad pareciera que fuiste tú el del infarto.-
-No pasa nada, papá. Debe ser que tengo un poco de sueño.
Caminaron otro poco. La cantidad de gente en torno a ellos fue disminuyendo.
-¿Tiene algo que ver con la hija de Kamiya?
Kenshin no dijo nada, pero pasó como un "sí".
-La echas de menos.
Kenshin miró a su padre. Shinta le puso una mano en el hombro.
-Si tanto la extrañas, llámala. Y asunto resuelto.
-No es tan fácil hacerlo, papá.
-Claro que lo es.
-No contesta mis llamadas.
-Ese no es mi problema. Quise venir de vacaciones con mi hijo y me encuentro que estoy con un hombre que desconozco. Y quiero a mi hijo de vuelta. Asi que si el problema es que no has podido hablar con esa muchacha, agota todas las instancias para comunicarte con ella.
-Creo que algo pasó con su teléfono.
-Entonces llama a Kojiro y pídele que te la pase.
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Después de varios días sin poder hablar con Kenshin, Kaoru había logrado disfrutar de sus vacaciones, pero no dejó de sentir la frustración de no poder comunicarse con él. Además, estaba aún el asunto de la mujer de Kenshin contestando su teléfono y eso la hacía pensar que algo estaba mal en todo eso.
Sin embargo, necesitaba hablarle.
La idea de pedirle el celular a su padre estaba fuera de toda discusión, pues el día en que ella humildemente pasó a pedírselo, tal como le recomendó Naoko, con toda calma Kojiro la reprendió por ello.
-Déjale tiempo a ese hombre para pensar en lo que quiere. Sé que en la ciudad no podré impedirte verlo, si lo deseas, asi que por lo menos sé obediente aquí con tu padre. Sé por qué te digo las cosas.
Pero Kaoru no podía contentarse con eso. Ella ya había sido obediente al adelantar el viaje, alejarse de Kenshin con el dolor de su corazón y no decirle en qué lugar se encontraba. Hablar unos minutos al día con él de cosas intrascendentes, por el puro placer de oír su voz, se estaba convirtiendo en oxígeno para ella. Algo sumamente vital. Y como si Kojiro hubiera presentido las intenciones de su hija en algún momento, cargó con el celular a todos lados, en algún bolsillo cerca del pecho para no dejárselo a mano.
Tras una noche en vela dando vueltas en su cama, a Kaoru se le vino de golpe una idea. Y le pareció tan buena que se tomó su tiempo para madurarla.
Dentro de un par de días se celebraría la fiesta de coronación de la reina de la región, Se haría una feria y habría espacios para bailar y comida y todo eso. Y bailar era el punto que a Kaoru le interesaba.
Kojiro amaba bailar. Era una de sus pasiones. Y el rock and roll era una de esas cosas que mejor se le daban, por lo que había enseñado a Kaoru a ser su compañera de baile cuando la madre faltó.
"Sólo necesito cansarlo. Le dará calor y dejará su chaqueta en la silla para seguir bailando. Entonces cogeré el celular que sin duda estará allí y buscaré el número de Kenshin, lo anotaré en una libreta y me iré a llamarle desde un teléfono público en cuanto devuelva el aparato al bolsillo."
"Pero... ¿cómo rayos lo distraigo para que no me vea en eso?"
Cerca de las tres de la mañana, Naoko pasó silbando camino a casa. Kaoru la vio desde su ventana, con su botella de ron entrar por la puerta de la cocina.
Naoko.
Naoko jamás apoyaría a Kaoru en la idea de engañar a su padre para quitarle el celular, pero... ¿y si Naoko se convertía en esa distracción que Kaoru necesitaba?
"Si ella baila con papá mientras yo busco el número de Kenshin..."
Al día siguiente, Kaoru empezó a mosquear con que quería ir a la fiesta de coronación y pasarse por los puestos donde vendían recuerditos para llevar a sus amigas. Kojiro no vio nada de malo en ir y aunque costó trabajo, Naoko accedió a llevarlos en su camioneta y participar con ellos. La abuela dijo que prefería dormir y que esas cosas no le interesaban, pero para Kaoru, su plan comenzaba a tomar forma.
Todo salió a la perfección. Kojiro se puso una chaqueta ligera y metió el celular cerca del pecho, en el bolsillo interior. Mientras, Kaoru terminaba de peinar a Naoko, llevando su cabello hacia atrás y dejando que cayera en suaves rizos hasta sus hombros. El vestido que le consiguió le sentaba de maravillas y supo que había dado en el clavo con su elección al notar la mirada que Kojiro le dirigió a la mujer por una milésima de segundo.
En la feria la pasaron muy bien y Kaoru empezó con que quería bailar con su padre. Kojiro no vio nada de malo en eso, pero pronto le dio calor. Naoko los miraba desde su mesa, tomando un jugo, pues antes de ir a la feria, Kojiro le hizo prometer que no bebería alcohol para disfrutar esa velada con ellos.
En algún momento, Kojiro regresó a la mesa un poco acalorado. Dejó su chaqueta, tomó un poco de refresco y regresó con su hija, tras guiñarle un ojo a Naoko. Ella le sonrió de vuelta.
Un baile después, Kaoru declaró que tenía sed. Volvieron a la mesa, con Kojiro molestándola por ser incapaz de seguirle el paso a su viejo padre. Kaoru sonrió enigmática y le preguntó a Naoko si sabía bailar.
-No. Pero si me llevas a los puestos de tiro al blanco, puedo traerte todos los peluches.
-Eso no puede ser.- dijo Kojiro.- Vamos a la pista. Yo te enseño.
-No es necesario...
-Vamos, Naoko.- dijo Kaoru.- Será divertido!
Naoko se animó y permitió que Kojiro le tomara una mano para guiarla por la pista. Él le dio un par de indicaciones y ella se comenzó a mover tímidamente, y muy ruborizada.
Mientras, Kaoru, sin perderlos de vista, tocó con sus dedos el celular, lo extrajo sin mayor problema y encontró el número que buscaba. Tenía que ser ese, sin duda, pues coincidían los tres números finales con lo que ella recordaba que veía en la pantalla cuando Kenshin la llamaba.
Se los anotó con el lápiz que iba junto al celular, sobre una pierna, bajo el ruedo del vestido. Devolvió el aparato tras regresarlo a la pantalla de inicio y dominando su impaciencia, esperó que pasaran dos canciones más, sonriendo y enseñándole el refresco a su padre cada vez que en algún giro él la miraba.
Luego se le acercó para decirle que iría al baño y se mezcló entre la gente.
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Naoko se sentía en la gloria al bailar con Kojiro, y nunca antes pensó llegar a sentirse así. Daba vueltas entre sus brazos y reía como no recordaba haberlo hecho antes. Gentilmente él la guiaba en los pasos y a pesar de no saber bailar, se encontraron ambos muy sincronizados con el otro.
Tras un giro, Naoko quedó pegada al pecho de Kojiro. Este la sostuvo allí por un momento, y perdieron el ritmo que llevaban al quedarse parados.
Cuando Naoko se atrevió a mirarlo, Kojiro le sonrió.
-Creo que podríamos dejar esto un rato. Vamos a caminar por ahí.
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Kenshin dormitaba cuando su celular sonó. No reconoció el número en pantalla, pero le pareció un número fijo.
Volvió a sonar y decidió contestar.
-¿Kenshin?
Su corazón se estrelló en las costillas cuando reconoció esa voz. ¡Kaoru! Shinta que dormía junto a su hijo despertó.
-Kaoru... Kaoru... ¿Estás bien?-
-Si. Sigo de vacaciones. Lo que pasa es que perdí mi teléfono y nadie aquí tiene uno y mi papá no me presta el suyo...
-¿Y dónde estás?- preguntó sin pensar. Kaoru le dijo el nombre del pueblo y Kenshin suspiró.- Eso es a una hora de aquí. Con mi padre estamos en la playa. Podrías venir con tu padre.
-Mi padre dice que no debemos vernos hasta que terminen las vacaciones para que decidas si... Él piensa que tú... que es como un juego para ti.
Se escuchó la señal de que se acababa el tiempo en el teléfono público y Kenshin decidió darle a Kaoru una noticia.
-Estoy divorciado. Nos separamos con Tomoe apenas te fuiste.
La comunicación con Kaoru se cortó y Kenshin quedó emocionado. El sueño se le había ido por completo y sólo sentía la urgente necesidad de levantarse, tomar un bus y partir a donde ella estaba. Su teléfono sonó de nuevo.
-¿De verdad te separaste?-
-Legalmente. Soy soltero nuevamente. Kaoru... mi matrimonio estaba roto desde hacía tiempo. Esto pasaría tarde o temprano. Pero me alegro de haberte conocido, porque no me siento mal por eso. Me siento libre... siento que tengo una oportunidad contigo. Kaoru, ¿La tengo?.- se aventuró a preguntar.
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-¿No te sientes sola aquí?- preguntó Kojiro a Naoko cuando salieron a caminar entre la gente.- Sólo trabajas tu campo y te relacionas de forma superficial con la gente.
-Para mi está bien. Una cama para dormir, comida y un trabajo es todo lo que necesito. Lo demás no me interesa.
-Siempre pensé en ti como el tipo de mujer que formaría un familión. Me sorprendí mucho al reencontrarte aquí.
-Debe ser que simplemente, yo no he nacido para ser madre. Ni esposa.
-No digas eso. Uno nunca sabe.
Llegaron al final de la feria y se internaron por un sendero oscuro por el que paseaban pocas personas. Caminaron largo rato en silencio y Naoko se sobó un poco los brazos por el frío. Kojiro la miró de reojo y cayó en cuenta que no traía su chaqueta.
La iba a tocar y notó que sus palmas estaban húmedas. Sonrió un poco nervioso y se abstuvo.
-Estaba pensando, Naoko... que las vacaciones van a terminar pronto. Me preguntaba si nos extrañarías o estarías contenta de tener la casa para tí sola de nuevo.
Encontraron un asiento y se acomodaron.
-Echaré de menos a Kaoru. Es encantadora, me hace mucha compañía y me hace feliz.
-¿Y sólo extrañarás a Kaoru?
Naoko se turbó con la pregunta y rehuyó la mirada de Kojiro.
-Hem... me llevo muy bien con ella.
-Y... me pregunto... si acaso me extrañarás también a mí.
-Un poco, tal vez.
-Sólo un poco?- se apresuró a decir. Naoko no sabía a qué venía tanta pregunta, o tal vez sí, pero no quería pensar en ello.
Pasaron unos minutos sin decir nada y Kojiro retomó.
-Me siento... un poco tonto por decirle a Kaoru, mi hija, que se tome su tiempo con Himura cuando yo mismo me siento a tu lado, completamente nervioso y a la expectativa de que me digas que me extrañarás. Porque eso significaría que tengo una posibilidad de llevarte conmigo a Tokio a intentar una relación contigo.
Incómoda, Naoko miró hacia el lado.
-Sé que no te soy indiferente. Ya no tengo 17 años para irme por las ramas con la mujer que me gusta, porque ya no dispongo de tanto tiempo.
Kojiro puso dos dedos bajo el mentón de Naoko y atrajo su mirada sobre él. Entonces notó que ella temblaba.
-Yo no soy una mujer que sirva para una familia.- dijo Naoko.- Porque no soy digna de tener eso. Necesito mi campo para trabajarlo y esconderme en él y que nadie descubra a esta mujer alcohólica que se emborracha cada vez que puede y que da lástima a sus vecinos y avergüenza a la abuela. Por eso no podría...
-Estoy seguro que con ayuda especializada, podrás dejar de tomar. O tal vez, simplemente con una familia que te anime. Cuando te he pedido que no bebas y no lo has hecho, te he visto muy serena y tranquila, porque hemos estado al rededor tuyo.
Naoko recordó las ocasiones en que camino a su casa, borracha, se cayó por ahí. También de las veces que despertó en medio de ninguna parte con un terrible ardor en la entrepierna y sin su ropa interior.
Y sin acordarse de nada.
-Kojiro... tú mereces una mujer completa. No una mujer rota, como yo. Yo no puedo... sólo te enfadarás conmigo... sólo terminarás mal conmigo. Yo no quiero que pase eso. Sigamos siendo amigos.
Muy serio, Kojiro se puso de pie y le extendió una mano. Luego jaló de ella y la abrazó fuertemente.
-Si quisiera a otro tipo de mujer, estaría con esa mujer. ¿Por qué no nos das la oportunidad de probar? ¿De ser una familia?-
Naoko sintió sus huesos derretirse entre los brazos de Kojiro y no forcejeó ni dijo nada más. Sólo se amoldó a su cuerpo y apoyó la cabeza en su hombro.
Kojiro sintió una gotita caer sobre su brazo y al mirar el cielo descubrió miles de estrellas. ¿Acaso Naoko lloraba? No quiso presionarla más, pero tenía algo que decir.
-Al menos no me has dicho que me vaya al diablo.
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Kaoru no podía creer su buena suerte y estaba tan contenta que se compró una tarjeta para cargar al teléfono y hablar y hablar con Kenshin. Ella quería tener una relación con él, quería ser su novia y todo lo demás que viniera después. Hablaron varios minutos y de pronto le tocaron la espalda.
-Oye, mocosa, deja de hablar con tu novio. Necesito el teléfono.
Kaoru se asustó y luego se asustó más. Un grupo de cinco muchachos con mal aspecto la rodearon.
-Hablamos después.- le dijo a Kenshin para no preocuparlo, tapando un poco la bocina. Luego colgó.
-Hasta que cortó.- dijo uno de ellos, y tomó el teléfono. Uno de los amigotes la tomó de la muñeca.
-¿Y que haces tan sola aca? ¿Realmente hablabas con tu novio?
-Suelta a mi hija o te quedas sin dientes.- dijo Kojiro metiéndose en medio del grupo. Naoko quedó un poco atrás, con su chaqueta puesta.
-Seguro el abuelo insolente va a poder con nosotros.-
Nadie vio cómo, pero el que tenía a Kaoru de la muñeca desapareció. Cuando lo vieron de nuevo, estaba en el piso botando sangre por la boca. Kaoru corrió hacia su padre.
-A mí no me vienen con cosas, ¡y a mi hija la respetan!.- dijo embravecido. Un chico intentó acercársele con una cortapluma pero corrió la misma suerte de su amigo. Al final, sólo el que hablaba por teléfono se salvó. Cuando vio que Kojiro también le iba a dar a él, levantó las manos en son de paz.
-¡Yo no hice nada, se lo juro! La niña llevaba mucho rato hablando con el novio por teléfono y mis amigos solo le quisieron jugar una broma, nada más!-
Kojiro le perdonó la vida a ese y se fue sin decir palabra hasta la camioneta. El paseo quedaba concluido y Kaoru, muy callada se sentó junto a él. Naoko se puso al volante.
-Papá, lo siento... - dijo cuando sacó la voz.
-Cállate.
-Pero papá... -
-¿Qué hacías en el teléfono tanto rato?
-Estaba...
-¿Con quien hablabas? Y no me digas que hablabas con Kenshin, porque llevas varios días con la cantaleta de que quieres que te preste mi celular para llamarlo.
Kaoru bajó la cabeza y Kojiro comprobó sus sospechas.
-Kaoru, te dije que dejaras a ese hombre en paz. Yo no quiero que se te apunte con el dedo como la mujer que se metió en medio de un matrimonio. Eso es algo muy malo.
-Pero papá, ya no hay ese problema, porque Kenshin me dijo que se divorció...
La presión arterial de Kojiro se fue a las nubes con esa información.
-¿Qué dejó a su mujer?
Hizo a Naoko parar el vehiculo y a Kaoru bajarse con él, para darle la reprimenda de su vida.
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Al día siguiente, cerca de las doce, Kaoru seguía tapada hasta la cabeza con las sábanas y se negaba a bajar a desayunar. Se sentía el bicho más miserable del mundo y las lágrimas no dejaban de rodar por sus mejillas.
¿Sería cierto eso de que por su culpa... de que Kenshin seguiría casado si ella no lo hubiera mirado?
-Pero tú le diste permiso de que se hospedara en casa cuando estuvo enfermo!- repuso Kaoru cuando pudo sacar la voz.
-Era para atenderlo, no para enamorarlo.- le había dicho Kojiro. Kaoru le quiso decir que ella se había enamorado de Kenshin nada más mirarlo y que se había aguantado y aguantado pero ya no podía más y además, estaba soltero de nuevo, pero prefirió callarse. Y ahora se sentía tan mal.
Naoko le había traído algunos dulces y jugo de fruta, pero nada había tocado de la bandeja.
En medio de su pena, escuchó a los demás decir algo de una salida y luego Naoko subió a invitarla con ellos, pero Kaoru se negó. Al rato sintió la camioneta partir y la casa quedó en silencio.
No podía ser que ella fuera tan mala y desconsiderada con su papito, que había dejado el campo que tanto quería para darle la mejor educación, y ella se hubiera involucrado con un hombre casado. ¿Sería cierto que ella era tan mala?
Ya no quería estar en ese lugar. Se sentía enferma. A lo lejos, escuchó la bocina del bus de la una de la tarde, que iba a la ciudad y de pronto se le ocurrió: Su papá estaba profundamente decepcionado de ella y no podía pensar en otra cosa que desaparecer de su vista. Se puso un poco de ropa encima, cogió su mochila y se fue al encuentro del bus. Ni siquiera dejó una nota.
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-Pienso que fuiste muy duro con ella. Kojiro, tú mismo me dijiste anoche que te costaba contener tus emociones... qué te hace pensar que para tu hija, que tiene menos experiencia de vida, se le hace fácil?
Naoko comía una sandía y Kojiro no dejaba de pensar que podía tener razón, pero tampoco podía ir donde Kaoru y pedirle una disculpa porque ella estaba haciendo las cosas mal.
-Hay lugares donde uno no debe meterse, sea adulto o niño. Y uno de ellos es un matrimonio.
-Eso es lo que piensas tú, pero tal vez Kaoru no se entremetió en una relación. Tal vez la relación ya no existía. ¿No se te ocurre esa posibilidad?
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Cerca de las siete de la tarde, Kenshin recibió una llamada. Era una mujer.
-Hola? Con el señor Himura?-
-Si, con él.-
-Hem... yo... usted habla con Fujima Naoko. Soy una amiga de Kaoru y quería saber si ella estaba con usted.
Todas las alarmas en Kenshin se dispararon.
-¿Qué Kaoru qué? No, no está conmigo.
-Señor Himura, usted puede ser sincero conmigo. Sabemos que Kaoru habló con usted anoche y ella hoy desapareció. Yo no le diré nada a su padre, pero necesito saber que la niña está bien.
-No, no nos pusimos de acuerdo en nada anoche, ella no está conmigo... por Kami. Dígame donde se encuentran. Yo iré para allá, estoy en una región cercana.
La mujer del otro lado del teléfono titubeo.
-No es bueno que se aparezca por acá. La niña ha tenido muchos problemas con su padre por causa suya. Le prometo avisarle si ella aparece.
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Naoko devolvió el celular de Kojiro a su lugar y discretamente salió de su cuarto. Éste se encontraba bañándose antes de tomar la camioneta y salir a buscarla por la región. Ella misma se fue a cambiar de ropa.
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Un par de horas después, Kenshin llegó a la prefectura de Fukuoka y se dispuso a buscar donde alojar a su padre que se empecinó en acompañarlo pero que ya se notaba cansado. Les dijeron que estaba todo copado, pero que hacia la zona rural podían encontrar dónde dormir. Como iban en esa dirección, Kenshin alquiló un coche y se fueron al pueblo de Kaoru. Allá Shinta quedó instalado y Kenshin llamó a Kojiro.
-¿Apareció Kaoru? - dijo sin preámbulos.
-No.- repuso Kojiro.
-Acabo de llegar a la región. Dígame en qué lugar nos juntamos para trazar los puntos a revisar.
Un poco inseguro, Kojiro dio una dirección. Kenshin apuntó el nombre en el GPS del auto y cuarenta minutos después se encontró con él y Naoko.
-¿Cómo supo lo de Kaoru?- dijo Kojiro.
-Yo le avisé.- respondió Naoko.- La niña se escapó hoy, cerca del mediodía, pensamos que porque anoche discutió con el papá. Un vecino la vio subir al autobús.
-Este es un asunto de familia.- dijo Kojiro escueto. Naoko miró a Kojiro, pero le habló a Kenshin.
-La niña dijo una vez que usted es bombero y pienso que usted sabrá qué hacer en este caso. Me alegro que haya venido a pesar de todo.
Conversaron unos minutos. Kojiro se veía devastado y Naoko le apuntó a Kenshin algunos lugares que él podía verificar mientras ella se iba a otros. Kenshin aprovechó de hacer algunas llamadas a la policía y a las estaciones de trenes para que estuvieran atentos a una menor de 17 años viajando sola, entre otras cosas.
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Estaba amaneciendo cuando Kenshin pasó frente a la entrada de un templo. Extenuado tras una larga noche, necesitaba un poco de sosiego. Nunca había sido muy creyente, pero sentía la necesidad de rezarle a lo que sea. Una vez escuchó un Padrenuestro, pero no le parecía que dijera algo sobre niñas perdidas.
Estacionó el auto y se puso a subir las innumerables escaleras.
Por un momento se sintió ridículo allí, sin embargo se dijo que uno no debía sentirse así por hablar con Dios. Juntó las manos como había visto hacer a otras personas, bajó la cabeza y cerró los ojos.
-Nadie la conoce en esta prefectura. Nadie la ha visto y nos estamos volviendo locos. Yo me siento muy mal con todo esto. Nunca la vi como una niña, pero me equivoqué con su edad, es muy joven, la regañó el papá por mi causa y quizá por eso se escapó y todo porque fui incapaz de disimular mis emociones y hacer las cosas bien...
Kenshin siguió en eso durante unos minutos y al terminar se sintió un poco mejor. Un rayo de sol naciente llegó a su vista y desvió la mirada. Y sobre una banca encontró dormida a la joven.
Supo que sería una imagen que no olvidaría.
Todo se detuvo a su alrededor y temió que su cerebro cansado le estuviera jugando una mala pasada. Se acercó lentamente y le tocó una mejilla.
Kaoru despertó de inmediato y lo contempló como si aún soñara. Apenas se sentó, Kenshin se arrodilló para abrazarla.
La besó en los labios, en las sienes, en la punta de la nariz y en la frente. No podía soltarla. No quería pensar en dejar de verla si tenerla a su lado era tan maravilloso. Soñolienta, sonriendo, la joven se dejó abrazar sin oponer resistencia.
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Luego de avisar a Kojiro que Kaoru estaba bien, se dirigieron a desayunar algo antes de reunirse con el resto. Kaoru estaba hambrienta y feliz de estar nuevamente con Kenshin.
-No quise perderme a propósito. Lo que pasa es que cuando yo era niña, el último bus del templo pasaba a las siete y ahora lo hace a las seis. No pude regresar a casa y sin teléfono no pude comunicarme.
-Estaban todos buscándote.
-Me imagino, y lo lamento.
-Pero, ¿por qué viniste? ¿En qué pensabas?
Kaoru dio un sorbo a su té luego de la comida.
-Sólo quería... Yo...
La joven tomó aire buscando las palabras.
-Mi padre siempre ha sido bueno conmigo. Ha sido el mejor padre del mundo. Yo lo quiero muchísimo y me duele que esté enfadado conmigo. Creo que él tiene razón en algunas cosas que dice, aunque me duelan... pero no sé cómo enfrentar lo que siento por ti, porque me tiene muy complicada, porque yo no quería sentir esto y... - Kaoru comenzó a alterarse.- y no quería que te separaras ni que me besaras como la otra noche ni me dijeras cosas. ¡Todo esto no tuvo que pasar porque no está bien ni es lo correcto!
Kenshin notó las lágrimas de Kaoru brotar y derramarse de sus ojos como si no tuvieran un fin. Recordó cuando tuvo 17. Cuando fue idealista, cuando fue tremendamente soñador, cuando derramó lágrimas de frustración porque se lesionó en medio de un partido de basquetbol y desde la banca observó a su equipo caer ante su rival. Pasó mucho tiempo antes que dejara de sentirse culpable hacia sus compañeros.
Nunca después volvió a ser tan puro, tan bueno...
-Tomoe nunca me quiso. No del modo en que uno espera ser amado cuando se casa. No quería cargar con el estigma de dejarme y ser apuntada como una mala mujer. Hizo lo necesario, en cambio, para que yo me desencantara de ella. Tú no tuviste nada que ver en nuestra separación, porque pasaría tarde o temprano. En cambio, trajiste luz a mi vida desde que te conocí. No eres una chica rompe hogares ni nada parecido. Esto simplemente sucedió y no tienes la culpa de nada. Te prometo que las cosas son tal como te las digo.
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Cabizbaja, Kaoru soportó el reto de Kojiro nada más verla. Pero en la camioneta, Naoko la abrazó amorosamente y le dijo que no volviera a escaparse, porque ella se asustó mucho.
Siguiéndolos, con un nudo en el estómago, Kenshin iba en su auto alquilado.
Llegaron hasta la casa de la abuela y Kaoru corrió a bañarse y cambiarse de ropa. Kenshin decidió entonces regresar al pueblo a buscar a su padre y regresó con él para hablar con Kojiro, y así se reunieron todos en la sala de la abuela Nadesico.
-Le quiero agradecer el que haya interrumpido sus vacaciones y que haya encontrado a mi hija.- dijo Kojiro al iniciar.
Kenshin aceptó el agradecimiento y decidió empezar.
-Señor Kamiya, he hablado con Kaoru sobre los motivos de su escape y creo que a usted y a ella les debo una disculpa por no saber manejar este asunto.
Kaoru no se atrevió a levantar la vista. Se sentía muy nerviosa.
-Señor Kamiya, yo le puedo asegurar que Kaoru ha sido en todo momento hacia mí, una joven muy correcta. Nunca dejaré de agradecerle el que haya cuidado de mi cuando enfermé, ni el paseo que compartimos con sus amigas. Pienso que usted ha hecho un gran trabajo al formarla, sin embargo, debo ser sincero, yo tengo sentimientos muy profundos hacia ella. Más de los que puedo expresarle con mis palabras. Este ha sido un periodo muy especial para mí y Kaoru, sin saber de mis problemas, me ha animado y ayudado en todo momento. Como posiblemente ya sepa, hoy soy un hombre separado y en ese camino Kaoru sólo ha sido como la red que atajó mi caída. Señor Kamiya, yo deseo tener la posibilidad de seguir relacionándome con Kaoru en los términos que usted estime conveniente.
Kojiro respiró profundo y se puso de pie. Caminó hacia el ventanal.
-No me gusta lo que está pasando. No me gusta que un hombre de su edad esté interesado en mi hija. Ella comenzará la universidad en unos días y un romance es lo que menos necesita en estos momentos. Tampoco me parece que usted sea un buen candidato para ella. No conozco los detalles de su separación, pero no me da confianza como pareja para Kaoru el que se haya divorciado. Usted no entiende, pero no quiero que mi hija sea apuntada con el dedo como la mujer que se metió en medio de un matrimonio. Eso no es bueno para ella. Las cosas para las mujeres, nos gusten o no, son diferentes que para los hombres. Usted me puede decir que su matrimonio se terminó antes que ella apareciera o lo que quiera, pero si usted mañana llega a mi casa a buscar a mi hija para salir, los demás inevitablemente pensarán que ella tuvo algo que ver. Y no es bueno cargar con ese tipo de estigmas, por eso no quiero que usted se acerque a mi hija. Porque además de lo que le he dicho, no es justo con ella. Kaoru está comenzando una gran etapa en su vida, con un abanico de posibilidades frente a ella y usted la limitaría. Tal vez haya un hombre que realmente sea para ella.
Kenshin sintió la garganta seca y miró de reojo a Kaoru. Ella temblaba, sin atreverse a mirarlo. Luego miró a Naoko y sus ojos hicieron un breve contacto. Entonces Naoko se percató del estado de Kaoru.
-Sé que no soy de la familia, pero pienso que nadie le ha preguntado a Kaoru qué piensa de todo esto. Kaoru, ¿quieres al señor Himura hijo?
Kenshin supo que la mente de Kaoru era un caos y sus miradas se encontraron.
-A mí me gustaría que las cosas fueran distintas, pero yo quiero a Kenshin. Es lo único que sé y lo único que me importa. ¿Me podrás perdonar, papá?-
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Fin acto Diez
Culpable
Enero 9, 2013.
Revisado en Junio 27, 2016.
Notas de autora.
Este año cumplo 10 desde que escribo, pero eso será en Agosto.
Fuera de eso.. espero que hayan pasado unas fiestas geniales junto a sus familias y en Chile y Argentina, donde estamos de vacaciones de verano, podamos pasarla bien en estos meses.
Les puse esta historia para terminarla pronto y dedicarme a otro proyecto. Asi que nos quedan dos capítulos más.
Quiero agradecer profundamente sus palabras y su paciencia. Estos meses no han sido fáciles y la inspiración ha vuelto muy de a poco. Tendré que seguir esperando.
Un abrazo y un beso a todas.
Blankiss.
