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Ahora
-Perdonadme -exclamó Ororo levantándose de golpe y corriendo hacia la casa.
-Ro... -consiguió balbucear Remy al pasar ésta junto a ellos. Al no contestarle compartió una mirada de preocupación con Pícara, que le miró ceñuda.
Logan miró ensimismado el suelo durante unos segundos antes de saltar como un resorte de la silla y correr tras ella.
Remy se enderezó dejando casi caer de su regazo a Pícara.
-¿Qué ocurre? -preguntó Pícara poniéndose de pie a la vez que él y colocándose bien la ropa.
El cajún miró en torno suyo. Todos parecían distraídos hablando entre ellos y no parecieron mostrar interés por la marcha de ninguno de ellos. Total, era de madrugada y no era extraño que la gente empezase a irse a la cama.
-Eso vamos a averiguar -la susurró agarrándola del brazo para que le siguiera.
Logan siguió el olor de Ororo todo el camino hacia la mansión, y se alegró de hacerlo ya que al llegar al patio cambió de rumbo y se dirigió hacia los jardines y la piscina.
A esas horas, esa parte de la mansión se encontraba prácticamente a oscuras, a excepción de la tenue luz de los focos de la piscina. Y entonces la vio, en cuclillas al borde de la piscina, observando el agua.
-Ro...
-Lo siento Logan, pero necesito estar sola.
Fue apenas un susurro, pero él pudo notar el miedo en su voz.
Él permaneció en silencio sin moverse del sitio. No sabía qué decir ni qué hacer.
-¡Cómo ha podido pasar esto! -susurró ella de nuevo.
Notó un estremecimiento cuando las lágrimas empezaron a resbalar por su cara, algunas cayendo al agua de la piscina.
Él quería correr a su lado, abrazarla y susurrarla que todo estaba bien. Pero algo en su interior se lo impedía, como si realizar cualquier acto confirmaría que una nueva vida estaba en camino, y que era responsabilidad suya. Y que nada volvería a ser como antes. Y tuvo miedo. Un miedo que le paralizaba.
-Ro, Logan ¿qué es lo que pasa?
Pícara y Remy acababan de llegar y pasaban la mirada de uno a otro sin comprender. Entonces, de improviso y para sorpresa de Ororo y Marie, Remy se abalanzó sobre Logan cogiéndole del cuello.
-¿Qué es lo que has hecho? -Logan no se defendió. -¡He pasado por alto lo que pasaba entre vosotros, rezando y esperando que por vuestra amistad tuvieses los miramientos necesarios de no hacerla daño, pero veo que me equivocaba!
Una extraña luz empezaba a brillar en los ojos rojos del cajún, que permanecían fijos en los fríos y grises de Logan. Éste le apartó la mirada, vencido, cosa que cabreó aún más a Gámbito.
-¿¡No vas a decir nada!? -preguntó empujando al canadiense contra una columna del porche.
-¡Remy! -gritó Pícara corriendo a su lado e intentando detenerle. -¿Qué está ocurriendo?¿Ororo?
El brillo rosado de una carta de naipes cargada iluminó el rostro de los dos hombres. Remy la había sacado del bolsillo de la sudadera y la blandía delante de la cara de Logan.
-¡Me vas a decir ahora mismo qué le has hecho a mi Tormentita para que se encuentre en ese estado!
El tono de ira en su voz asustó a Pícara. Era una cara que nunca había visto de él, y supo que en ese estado, aún con sus poderes, no sería capaz de detenerle. Alarmada se volvió en busca de la ayuda de Ororo, pero ya estaba junto a ellos.
-¡Quieto Remy! -dijo interponiéndose entre ambos. Pícara consiguió cogerle del brazo y detener su avance. -¡Él no me ha hecho nada!
-¿Y por qué llorabas entonces? ¿Por qué estás tan asustada? -gritaba fuera de sí sobre el brazo de Pícara. -Y la pregunta del millón ¿por qué no dice nada? Si no te ha hecho nada ¿por qué no se defiende?
-¡PORQUE ESTOY EMBARAZADA!
Y con la velocidad del viento se dio la vuelta y salió volando al oscuro cielo.
Pícara y Remy se quedaron quietos en estado de sock, ella aún agarrándole para detenerle y él con la carta que ya se descargaba aún en la mano.
Logan se soltó bruscamente del agarre de Remy y corrió mirando al cielo, pero Ororo ya había desaparecido. Una ráfaga de viento le indicó que Pícara había salido volando tras ella. Con un gruñido de enfado se volvió hacia el Cajún pero lo último que consiguió ver fue un puño directo a su nariz.
