La pequeña miko seguía dormida, curando sus propias heridas con su poder espiritual, solo una vez había visto un poder espiritual tan grande como el de la chiquilla, y esa última vez no había terminado bien para esa miko, aunque sospechaba que sería diferente para Kagome, si lograba establecerse como esposa de un Taisho no habría luchas con demonios, o mejor dicho, Sesshomaru no permitiría que un ejército de demonios la exterminara, eso era un hecho.
Cuando su señor había anunciado un proceso para elegir esposa a su heredero se pensó lo peor, de solo imaginar a Sesshomaru cortejando a una mujer era ridículo, más sin embargo la vida le había demostrado que cosas que se creen imposibles pueden pasar, de lo contrario no estaría viendo al joven demonio inclinándose hacía una humana, una humana que al final había resultado una miko poderosa, más sin embargo eso solo servía para terminar de inclinar la balanza, si no se equivocaba pondría resistencia, Sesshomaru no sería de los que caen con facilidad, pero el joven Kouga ayudaría a que se decidiera más fácil.
Desde la ventana del señor podía ver a Sesshomaru en el jardín, Rin corría a su alrededor, parecía algo al azar, el joven demonio leía sus documentos pendientes, la niña corría y su ayudante Jaken le asistía, cualquier persona podría decir que es algo natural, sin importancia, más sin embargo si se ponía especial atención podía verse que la habitación donde estaba la miko estaba a unos metros, que Sesshomaru después de unos minutos se detenía por una milésima de segundo para inspeccionar a alguien que haya entrado a la habitación de la miko con su aroma.
-No se ha movido mucho – dijo Toga a su viejo amigo.
-A un radio de un kilometro o menos – dijo Myoga asintiendo con la cabeza. – Parece realmente interesado.
-No va a ser fácil – dijo Toga suspirando – Nunca lo es con ellos.
-¿Qué piensa hacer mi señor? – preguntó Myoga.
-Ya verás, conozco a mi hijo – dijo Toga sonriendo.
Myoga se preguntó que estaría pensando su señor, sus hijos podrían ser dos dolores de cabeza, pero su señor podría ser peor, mucho peor.
Kouga había estado rondando la habitación de Kagome, podía sentir su aroma por todo el pasillo, apestando todo. Kagome no necesitaba un demonio babeando por ella cuando se estaba recuperando. El sanador decía que mejoraba a una velocidad impresionante para ser humana, pero a su consideración era demasiado lento.
¿Cuántos días tenían que pasar para que despertara?
Tres días habían pasado, su herida estaba cerrando bien, pero decían que su estado tenía que ver más con el despertar de sus poderes que con la herida.
Sakura y Kagura habían aprovechado la ausencia de Kagome para pasar tiempo con él, y mientras más tiempo pasaban menos imaginaba una esposa como cualquiera de ellas. Ni siquiera para tenerla como compañera y no como esposa, eran difíciles, voluntariosas, constantemente tenía que reafirmar su lugar como líder, algo agotador a decir verdad, y parecían siempre estar tejiendo conspiraciones, podía oler sus mentiras a kilómetros de distancia.
Eso solo lo dejaba con la opción más lógica, pero aún así no le parecía lo más sensato. Kagome era humana y precisamente en esos momentos tenían problemas con la rebelión de esa especie. Elegirla como esposa podría significar estar de su lado, o forzar una alianza que su padre no requería.
-Mi señor – dijo Sakura detrás de él – Estos días has estado visitando los jardines muy a menudo.
-¿Requieres algo Sakura? – preguntó Sesshomaru viéndola de reojo.
-Me preguntaba si podríamos entrenar juntos – dijo la mujer sonriendo.
Sesshomaru levantó la ceja analizando su aroma. Tenía un leve aroma de prepotencia, pero nada más, lo decía en serio, quería entrenar con él.
-No me tomo el entrenamiento a la ligera – advirtió Sesshomaru.
-Yo tampoco, soy la mejor guerrera de mi clan- dijo Sakura orgullosa.
Sesshomaru se levantó e hizo una señal con la mano para que le siguiera. Jaken le siguió detrás y Rin saltando decidió seguir a la comitiva.
-Jaken, que preparen el dojo – dijo Sesshomaru.
-¡Enseguida amo! – dijo el pequeño demonio verde, saliendo disparado hacia el dojo.
-Una esposa fuerte es lo que necesitas Sesshomaru – dijo Sakura orgullosa.
-Entre otras cosas – dijo Sesshomaru pensando en si no se arrepentiría de esta decisión.
Sakura volteo a ver a Sesshomaru, realmente deseaba luchar con él, era un demonio de primera, su fuerza y astucia era bien conocida, era realmente el heredero de la región del oeste, su padre, el general era despiadado, y aunque su sonrisa y carácter afable podría engañar a cualquiera, ella le había visto en batalla una vez. Cuando era pequeña pudo ver a su padre y a Taisho luchando contra un enemigo en común, ambos eran grandiosos, llenos de vitalidad, y poder, y Sesshomaru tenía eso, todo eso y prometía ser igual que su padre. Tenía que estar a su lado, ser la esposa y señora del castillo, no le importaba que tendría que hacer para ganar ese honor.
Llegaron al dojo y Sesshomaru se quitó el hakama, Sakura sonrió satisfecha, recorrió el gran salón con la mirada y encontró las armas. Usualmente usaría una espada, pero si quería un verdadero acercamiento tendría que ser mano a mano.
-Creo que mano a mano me gustaría – dijo Sakura sacando sus afiladas garras.
Sesshomaru le vio sin sorprenderse, sabía que los de su clase tenían unas de las garras mas filosas, más sin embargo los Inu no se quedaban atrás, y el veneno por lado de su madre le proporcionaba una ventaja, de hecho si quisiera podría dejarle claro quién era el más fuerte, pero un poco de sudor y acción no le caería mal, estaba demasiado centrado en Kagome, estaba tan al pendiente de su recuperación que era incomodo, de alguna manera tenía que librarse de esas tonterías.
Sakura atacó primero, sus movimientos eran rápidos, casi tan rápidos como los suyos, casi. Su ferza era considerable, y su alcance era peligroso. Parecía tener un sexto sentido para esquivar sus golpes. La pelea estaba resultando un ejercicio satisfactorio, era un lado que no conocía de Sakura, pero resultaba el más atractivo.
Podía ver un retazo de vida con ella. No la soportaba en la mayor parte del tiempo, pero en la batalla podía verla con él. Sería una guerrera digna de un Taisho.
Sería una opción segura.
Podía sentir como el ambiente cambiaba rápidamente, la energía que emanaba Sakura ya no era simplemente agresiva, contenía un toque sexual, de deseo que iba en aumento, afectándolo a él poco a poco.
Se detuvieron al verse con la respiración agitada, Sesshomaru podía ver en la verde mirada de Sakura su deseo y atracción.
Complicaría las cosas ceder a ese deseo.
Y le ayudaría a decidirse, nunca se especificó que actividades tendrían que realizar, el deseo y química sexual era de esperarse para poder tener herederos.
Tomo su decisión.
-Jaken, lleva a Rin a comer algo – le indicó Sesshomaru.
-Quiero quedarme – dijo Rin ajena a lo que estaba por suceder.
-Ve – le ordenó Sesshomaru sin dejar de ver a Sakura.
Jaken tomó a la pequeña y la sacó del dojo, cerrando la puerta detrás de él. Sakura sonrió mientras lentamente se quitaba el traje de entrenamiento.
Estaba por demostrarle al heredero de los Taisho que no se arrepentiría si la elegía como esposa.
Kagome estaba recuperando su color. Le sorprendía su capacidad para recuperarse, el veneno de un dragón no era para tomarse a la ligera. Ella como exterminadora se había encargado de dos de ellos, pero siempre en grupo. Kagome se había encargado de uno ella sola.
Sango le limpió el rostro con un trapo con agua tibia. Kagome parecía siempre impoluta, pero no estaba de más. Su doncella se había hecho cargo de ella a la perfección, parecía haber estado con ella durante mucho tiempo.
Se preguntaba que sentía Sesshomaru por Kagome. Le había visto en el jardín últimamente, nunca entraba a ver como estaba, pero como buen demonio perro no necesitaba más que su olfato para saberlo. ¿Estaría cuidando de Kagome? Sabía que los inus eran muy protectores de sus parejas potenciales, y si a ella le preguntaban Kagome era la mas cercana a ganar el puesto.
La chica podía pasar horas a lado de Sesshomaru sin molestarle ni irritarle. Le había visto traerla herida, lucía como siempre frío y sereno, más sin embargo si se le ponía especial atención podía verse como le sostenía con mucho cuidado, casi con algo parecido al cariño.
Kagome era maravillosa, una gran amiga, y estaba pensando en seguirle pasara lo que pasara. Un cambio de aires le haría bien.
Alguien toco la puerta.
Sango se levantó y vio una charola con te en la puerta. Se asomó a ambos lados del pasillo pero no había nadie.
Tomó la charola y la dejo en la mesita a un lado de la cama de Kagome.
Un poco de té no le haría mal.
Sirvió un poco del té en la taza y la tomó entre sus manos.
Se la acerco a la nariz para absorber un poco del aroma del jazmín. Adoraba el té de jazmín.
Al percibir el aroma del té supo que algo andaba mal. No solo olía a Jazmín, debajo de ese aroma había algo ácido.
Metió el dedo pequeño de la mano en el té y lo llevó a la lengua.
Veneno.
Algo había pasado, los guardias se acercaban a velocidad hacía el dojo, se terminó de colocar el haori mientras que Sakura ataba su obi. Había sido una sesión satisfactoria, podía decir que Sakura se había encargado de dejar claro lo que tenía, mas sin embargo solo fue eso, cosa de un rato, había sido satisfactorio pero nada más, algo solamente físico, no esperaba magia ni amor, pero la sensación de vacío al terminar no había sido agradable. Se preguntaba por qué, había tenido encuentros pasados y esa sensación de vacío era nueva.
-Mi señor – dijo el guardia detrás de la puerta – Se requiere su presencia en la habitación de Kagome-sama.
-¿Qué sucede? – preguntó Sesshomaru abriendo la puerta.
-Mi señor no estamos autorizados para…
-No suelo repetirme – dijo Sesshomaru lanzando una mirada enérgica a los guardias.
-Quisieron envenenarla – dijo el otro guardia con miedo evidente.
Veneno, en el palacio.
De inmediato volteo a ver a Sakura. Una distracción, ella había sido una distracción, y el había caído. Quizás había mandado a un vasallo con el veneno mientras ella lo distraía.
Sakura percibió la furia en el semblante de Sesshomaru.
-Sesshomaru yo…
Sesshomaru no le dio tiempo de explicarse, le tomo del cuello y la levanto del suelo con facilidad, estrellándola contra la pared.
-Mas te vale no haber tenido nada que ver, o de lo contrario yo me encargaré de matarte – dijo el demonio antes de soltarla y salir del dojo dejando a su paso una ligera estela de veneno.
Sakura se levantó del piso asombrada. Sesshomaru se había contenido, prácticamente fue un juego para él. Sabía reconocer cuando un demonio soltaba sus restricciones, Sesshomaru estaba completamente furioso.
Salió del dojo dispuesta a saber que había pasado.
No sabía que estaba pasando, solo sabía que había mucha gente fuera de su habitación. Su hombro le dolía mil demonios pero era soportable si se concentraba lo suficiente. Intento levantarse pero no pudo, el dolor era demasiado, quizás si intentaba decirle a alguien que estaba consciente podrían ayudarle.
Volteo a la derecha y vio a Sango hablando con el general. Algo había pasado, ahí, en su habitación, el general no iba a su habitación por asuntos sin importancia.
Estaba por indicar su estado de consciencia cuando sintió el youki de Sesshomaru extendiéndose sobre todo el pasillo. Aún en su débil estado podía sentir su furia.
Le vio llegar a la habitación, literalmente los guardias le abrieron paso, y el único que se quedó en su camino fue su padre.
En esos momentos Kagome pensó que su padre era muy valiente.
-Fue una distracción – fue lo primero que dijo Sesshomaru – Estoy seguro que fue ella.
-Son conjeturas – dijo el general – Ya hay un rastreador haciendo su trabajo.
-¿Por qué no había nadie más con ella? – preguntó Sesshomaru paseándose por la habitación.
-Estaba yo mi señor – dijo Sango desde atrás – No pudimos ver quien trajo el té.
Sesshomaru volteo a ver hacía Kagome. En ese estado estaba indefensa, podría pedir guardias extras pero se temía que no quedaría tranquilo. No, tenía que cazar a quien lo había hecho, podría rastrear al demonio, no era una tarea para un príncipe pero si le daría paz mental…
-No te meterás en este asunto Sesshomaru – dijo su padre rotundamente – Tengo personal en esto, tu tienes obligaciones con Sakura y Kagura.
Sesshomaru volteo a ver su padre furioso.
-Alguien se atreve a meterse al castillo y envenenar a un huésped de honor, es parte de mis responsabilidades
-No – dijo su padre – No tienes derecho sobre ella, tienes otras dos pretendientes que atender, y es mi última palabra.
Toga podía ver como Sesshomaru medía las opciones, sabía que entre ellas estaba el atacarle, el desafiarle, pero su hijo no era tonto, sabía que aún no tenía el poder, y un desafío por una humana en la que técnicamente no tenía derechos sería inútil.
Al final Sesshomaru se dio la media vuelta y salió de la habitación. Toga sabía que no se quedaría tranquilo, pero todo era parte de un todo, y estaba seguro que esta situación ayudaría a que su mente se decidiera.
-Habrá guardias extra, mandaré a Inuyasha a patrullar este pasillo – le dijo Toga a Sango
-Mi señor, ¿Por qué no permitirle a Sesshomaru-sama que el lo hiciera?
-Por que lo prohibido tiene mas atractivo – dijo Toga guiñándole un ojo.
Toga salió de la habitación no sin antes dejar a Sango sorprendida. Toga estaba del lado de Kagome, estaba segura, todo esto lo hacía por ella y por Sesshomaru. Se preguntaba que sentía Kagome por el joven demonio.
El plan había tenido un resultado inesperado, en ese instante podía ver a Sesshomaru vigilando la habitación de la miko desde la distancia, el general mismo había tomado manos en el asunto. Si todo hubiera salido como lo planeado no tendría que hacerse cargo personalmente del asunto.
Bueno, al menos saldría algo bueno de todo esto, se había asegurado de obtener un resultado positivo pasara lo que pasara.
