Capitulo 9
A medida que iban pasando los días, las cosas mejoraban en la vida de Candy. No había vuelto a recibir desagradables sorpresas y la salud de Tara mejoraba gradualmente.
Sabían que iba a ser un largo proceso, pero los resultados eran alentadores. Tara había aceptado que tenía una enfermedad y trabajaba conjuntamente con los profesionales para lograr superarla. El señor Fielding había sido comprensivo. En ausencia de Tara había puesto una suplente en los ensayos, pero había dejado en claro, que cuando ella se recuperase, volvería a ocupar su puesto.
Candy y Terry seguían manteniendo una estrecha relación. Él no quería separarse de ella, pero tenía un trabajo del cual debía ocuparse, por ello, había contratado un guardia de seguridad para la rubia sin que ella lo supiera.
Sam Griffin era un hombre de 47 años, de complexión robusta. Había estado 20 años al servicio de la CIA. Terry sabía que él era el adecuado para cuidar de Candy. Le había especificado que ella no podía darse cuenta de nada, y hasta ahora había hecho un trabajo excelente.
- ¿Sabes una cosa Terry? – Candy y Terry estaban sentados en una mesa de un restaurant en el centro de Los Ángeles.
- Dime...
- He estado pensando... y creo que debemos tomarnos unas vacaciones
- ¿Unas vacaciones dices?
- Si. Han sido unas semanas muy agotadoras para ambos. Creo que sería una buena idea.
- Pero... ¿Qué pasara con la empresa? – Comentó Terry. – Y además están tus ensayos con el ballet.
- Albert puede encargarse de la empresa mientras tú no estés – Dijo Candy restándole importancia. – Y en cuanto a los ensayos... el señor Fielding nos ha comunicado que nos dará el viernes que viene libre para descansar. Podríamos salir ese día y volver el domingo por la tarde ¿Qué opinas?
- No lo se...
- Por favor Terry – Le suplicó tomándole la mano.
- ¿Y a dónde te gustaría ir? – Le preguntó él acariciando el dorso se su mano con el pulgar.
- Podríamos ir a la playa...
- Sabes... hace algunos años compré una casa en Santa Mónica – Comentó Terry. – Hace mucho que no voy. Si quieres podemos ir juntos.
- Me encetaría – Dijo ella con una gran sonrisa. – No conozco Santa Mónica.
- Entonces ve preparando tu traje de baño
A Terry, la idea de unas vacaciones junto a Candy, al comienzo le habían parecido descabelladas. Ambos tenían cosas importantes de las cuales ocuparse, además ella corría peligro. Pero a medida que lo iba pensando, se convenció de que sería una buena idea.
Pasar un par de días en las playas de Santa Mónica podría resultar un cambio agradable.
Después de dejar a Candy en su casa, se dirigió a la empresa para dejar todo preparado. Habló con Albert, quien aceptó hacerse cargo de todo en ausencia de Terry.
Al parecer, la relación de Albert con Daphne había pasado a un siguiente nivel. Terry notaba un cambio en su amigo. Al parecer había logrado superar el enamoramiento juvenil que había tenido por Faith.
Luego de arreglar las cosas en la oficina, Terry fue a hablar con los detectives para comunicarles sus planes. También preguntó acerca de los avances de la investigación. No había mucho. Habían encontrado huellas digitales en la caja y estaban trabajando para averiguar a quien pertenecían. Para ellos había sido sumamente extraño todo. Primero habían intentado matar a Candy, y ella luego recibe las amenazas, cuando generalmente era al revés. Estaban completamente desconcertados.
...
- ¿Qué sucede hermano? – Stear había notado que Archie tenía un problema. Ese día lo había encontrado sentado en el jardín de la casa mirando hacia la nada con un sobre blanco en sus manos.
- Estoy perdido Stear – Le contestó Archie a su hermano.
- ¿A qué te refieres?
- No sé qué hacer hermano – Archie tenía la cabeza entre las manos.
- Por qué no me explicas que te esa sucediendo... – Stear tomó asiento al lado de su hermano. – Tal vez pueda ayudarte
- Nadie puede ayudarme
- ¿Tan grave es lo que tienes? – Stear comenzaba a preocuparse
- Mira esto – Archie le extendió el sobre que tenía en sus manos.
Stear lo miró con detenimiento. Parecían exámenes médicos. No sabía que su hermano estuviera enfermo. Lentamente sacó la hoja que estaba dentro y la leyó.
No podía ser cierto, debía haber leído mal. Sabía que a su hermano le gustaba el sexo. Pero siempre había sido muy precavido en sus relaciones. Habían hablado sobre ello en muchas ocasiones.
- ¿Cómo ha pasado? – Le preguntó Stear a su hermano.
- Annie – Contestó Archie apretando lo puños.
- ¿Annie te ha contagiado? – Stear se sorprendió. - ¿Estás seguro? – No podía creer que ella también estuviera infectada. Al igual que los demás estudiantes del instituto, había escuchado los rumores acerca de ella, pero nunca le había dado demasiada importancia. No creía que fueran del todo ciertos.
- ¡Claro que estoy seguro! – Gritó Archie. – Ella fue quien me dijo que me hiciera los estudios.
- No puedo creerlo.
- ¿Qué voy a hacer ahora Stear? – Preguntó Archie desesperado.
- Pues... lo hecho, hecho está – Contestó él. – No puedes volver el tiempo atrás, pero tu vida no está perdida. Hoy en día existen tratamientos para las personas con VIH.
- Lo se... me lo han explicado. Pero aún así nada volverá a ser igual... sabes que la gente es muy prejuiciosa.
- Saldrás adelante – Le dijo Stear palmeando su espalda. Lo que había dicho Archie era cierto, pero no le quedaba más remedio que aceptarlo.
- Eso no es todo... – Continuó su hermano. – Annie... ella está embarazada.
- ¡Dios mío! – Exclamó Stear. - ¿Es tuyo?
- Si. Habíamos planeado darlo en adopción en cuanto naciera...
- ¡No puedes hacer eso! – Gritó Stear poniéndose de pie. – Es tu hijo Archie. ¿Acaso no te importa?
- No quiero ser padre – Dijo él firmemente. – Soy demasiado joven, no está en mis planes tener un hijo en estos momentos.
- No voy a permitir que te deshagas del niño.
- ¡Por Dios Stear! Ese niño nacerá enfermo... ¿Tienes idea lo difícil que será criar a un niño con VIH?
- No necesariamente tiene que nacer enfermo – Explicó a su hermano. – Es cierto que existe una posibilidad, pero si la madre se cuida y toma las precauciones necesarias, es probable que el bebe nasza sano.
- Aún así... no quiero ser padre.
- Pues si tú no lo quieres, yo me haré cargo de él.
- ¿Tú? – Preguntó Archie irónico. – Estás en tu primer año en la universidad. No serás capaz de estudiar y criar a un niño al mismo tiempo.
- Pues no me importa – Stear estaba decidido – Ese niño es un Cornwell y se criara como tal.
Archie se quedo solo. Necesitaba tiempo para pensar. Estaba seguro que no quería al bebe, incluso antes de enterarse de su enfermedad, pero lo que le había dicho Stear lo hizo pensar. Ese niño era su hijo, era parte de él, y no tenía la culpa de nada. No podía abandonarlo. Tenía que hacerse cargo de él.
Sabía que Annie no lo quería. Iba a hablar con ella y decirle lo que había estado pensando. Una vez que el niño naciera, Archie se quedaría con él. Claro que no impediría que ella se acerque a su hijo si así lo quería, pero no permitiría que ella lo criara. Annie nunca sería una buena madre aunque se lo propusiera.
Lo había decidido. Se quedaría con el bebe y le daría todo el amor y los cuidados que necesitara.
...
Candy había ido a visitar a Tara a su casa. Hacía dos días que le habían dado de alta en el hospital con la condición de que se alimentara correctamente. Había logrado recuperar peso, pero aún seguía en tratamiento. La anorexia era una enfermedad en la cual la persona podría recaer en cualquier momento. Por eso Tara necesitaba ser controlada constantemente.
Luego de esa semana, ella volvería a retomar sus ensayos con el resto de los bailarines. Esa era su máxima motivación para poder salir adelante. Ser bailarina era lo que Tara siempre había deseado.
Candy le explico los planes que tenía par esa semana con Terry, y su amiga se emociono al escuchar lo enamorada que estaba Candy. Ella se merecía ser feliz con un buen hombre a su lado.
Después de haber visitado a Tara, Candy fue a su casa a preparar lo que se llevaría a sus pequeñas vacaciones con Terry. Debía llevar ropas livianas, y por supuesto, no podía olvidar el traje de baño, pero al revisar en su armario, el único que encontró era bastante viejo y de una sola pieza. No podía permitir que Terry la viera con eso puesto. Entonces decidió comprar uno nuevo.
Terry le había dado dinero suficiente para que comprara todo lo que necesitaba, por lo que no tenía que preocuparse por los gastos.
Después de revisar sus cosas y hacer una lista de lo que le hacía falta, se dirigió al centro comercial.
Una vez allí, se dedico a recorrer todas las tiendas. Lo primero que compró fue un nuevo traje de baño de dos piezas, demasiado pequeño. No había estado segura, pero se dijo que estaría con Terry, y ella quería hacer todo lo posible por provocarlo. Compró algunas cosas más y cuando estaba a punto de irse, vio una tienda que le llamó la atención. Era una lencería. No le haría mal renovar su ropa interior por algo más provocativo. Entró en la tienda y vio hermosos conjuntos de encaje y camisones de seda. A Terry le encantaría todo aquello. Gasto demasiado dinero en aquella tienda, compró de todo, puesto que quería que Terry la viera como una mujer y no como una niña.
Cuando estaba saliendo de la tienda, se encontró con una persona a la cual hubiera querido evitar.
- Así que has decidido renovar tu guardarropa... – Le dijo Eliza desdeñosamente mirando las bolsas que llevaba Candy – ¿Que sucede? ¿Tu ropa interior era demasiado conservadora como para provocar al hombre con quien sales ahora?
- ¿A quién te refieres? – Preguntó Candy confundida. Eliza no podía saber de la relación que mantenía con Terry.
- Sabes bien a quien me refiero – Contestó Eliza. – Ese hombre tan apuesto que te recoge en la escuela... ¿Cómo es que se llama? Ah si... Terry – Dijo suspirando. A Candy le había molestado que Eliza se refiriera a Terry de esa manera. - ¿Crees que podrás llamar su atención vistiendo más provocativa? Un hombre como él jamás se fijaría en un chiquilla virgen como tú – Le dijo mirándola despectivamente.
- ¿Qué puedes saber tú? – Candy intento apartarse de ella, pero Eliza no se lo permitió.
- Se que podría conquistarlo si me lo propusiera – Eliza tenía una sonrisa ladina en los labios. – Lo que Terry necesita es una mujer como yo a su lado. Alguien que si sepa como complacerlo.
- Déjame en paz Eliza – Candy salió de la tienda rápidamente.
Sabía que Eliza decía esas cosas para molestarla. Pero en algo tenía razón, Candy no tenía experiencias con los hombres. No sabía si Terry estaba interesado en ella en un aspecto sexual. Siempre que había tratado de pasar a otro nivel, él se lo impedía diciéndole que ella aún no estaba preparada. Pero ya se había cansado de eso. Estaba decidida a entregarse a Terry en ese viaje, no importaba lo que él le dijera.
...
Annie se sentía confundida. Había hablado con Archie, quien le dijo que se haría cargo del bebe. Cuando le pregunto a que se debía ese cambio, él solo le contesto que la criatura no tenía la culpa de nada. A Annie no le importaba, Archie podía quedarse con el niño si lo quería.
Había hablado con la doctora Palmer, quien le aconsejó comenzar el tratamiento cuanto antes. Pero ella no le había prestado atención. Annie creía que su vida estaba perdida, no le importaba si la enfermedad avanzaba.
Aún no había hablado con sus padres, y dentro de algunos meses su embarazo comenzaría a notársele. Estaba deprimida, y para colmo su hermana iría a Santa Mónica de vacaciones por unos días junto a ese hombre tan apuesto. Annie siempre había querido ir a Santa Mónica, pero sus padres no podían permítaselo. Ahora que Candy era rica, visitaría los más exóticos lugares y se vestiría con las mejores ropas. Esa era la vida que Annie había querido para ella.
Escucho unos golpes en la puerta, y sin pedir permiso, su madre entró en la habitación.
- ¿Puedo pasar? – Preguntó Caroline.
- Ya estas adentro ¿Verdad? – Le contestó Annie despectivamente.
- Lo siento... solo quería hablar contigo
- Dime
- Quería saber cómo te había ido con la doctora – Le dijo Caroline sentándose en la cama junto a su hija.
Annie se puso nerviosa. Minutos antes se había dicho que no le importaría lo que pasara de ahora en adelante. Pero quería a su madre, y sabía que una noticia como la que tenía que darle la destrozaría por completo
- Solo es anemia – Mintió Annie. – No tienes por qué preocuparte
- Me alegro mucho – Le dijo Caroline abrazándola – Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida...
- ¿Aunque no sea tan perfecta como Candy? – Dijo Annie burlonamente.
- ¿Por qué dices eso?
- Por favor mamá. Candy siempre fue perfecta. Sé que te hubiera gustado que yo fuera como ella.
- Claro que no – Exclamó Caroline. – Sabes que no te cambiaría por nadie.
Annie se dio cuenta de que su madre tenía razón. Si bien siempre había tratado con cariño a su hermana, era evidente que Annie era su favorita. Entonces no entendía porque siempre había envidiado a Candy. Annie tenía el amor de sus padres y era más popular que ella en la escuela ¿Qué era lo que había salido mal?
Mamá... – Dijo Annie titubeante – hay algo importante que debo decirte...
...
Los días habían pasado. Candy y Terry se encontraban a bordo del Mercedes negro rumbo a Santa Mónica.
Era un día soleado. Candy se había puesto un short demasiado corto y una remera rosa de tirantes. Terry iba vestido con un Jean y una remera blanca. Era una de las pocas veces que Candy lo había visto sin esos trajes que él solía usar.
Solo tardaron 30 minutos en llegar a Santa Mónica. Candy nunca había visto un lugar tan lindo como aquel. Su padre nunca había tenido dinero suficiente para llevarlos de vacaciones. Se sentía feliz al estar compartiendo todo esto con Terry.
Llegaron a la casa. Era una hermosa construcción moderna de dos plantas. Contaba con tres habitaciones, de las cuales Candy solo esperaba que utilizaran una. La casa también tenía una playa privada.
- Terry... esto es hermoso – Dijo Candy mirando embelesada la casa.
- Me alegro que te guste – Le contestó él con una sonrisa mientras subía las maletas a las habitaciones. Candy lo siguió. – Esta es tu habitación. La mía es la de enfrente.
Candy lo detuvo antes de que pudiera entrar.
- ¿Y por qué mejor no usamos solo una habitación? – Le preguntó intentando sonar provocativa.
- Candy... no sé si sea correcto.
- ¿Por qué no? – Se acercó a él y le dio un tierno beso en los labios – Nadie lo sabrá
Terry había terminado por aceptarlo. No sabía cómo haría para dormir junto a ella. Probablemente había llegado el momento de acabar con la abstinencia. Era evidente que Candy estaba más que dispuesta a pasar al siguiente nivel.
Después de desempacar, Terry le dijo a Candy que se cambiara de ropas para poder bajar a la playa. Él la esperó en la puerta trasera vestido con su traje de baño puesto. Cuando la vio salir se sorprendió y sus hormonas le jugaron una mala pasada.
Candy iba vestida con una traje de baño diminuto color azul oscuro con lunares blancos. Tenía un cuerpo escultural. Si bien la había visto desnuda una vez, había sido demasiado rápido para poder apreciarla con detenimiento. El corpiño que llevaba puesto dejaba al descubierto una buena porción de sus generosos senos. Terry fue bajando su vista hasta su diminuta cintura, y más abajo, sus caderas. Tuvo el salvaje instinto de posar sus manos en el trasero de ella y acercarla hacia él, besarla hasta dejarla sin aliento y luego entrar en la casa e ir directo a la cama. Notó como comenzada a formarse una erección dentro de sus pantalones, entonces decidió pensar en otra cosa.
- ¿Por qué no vamos a dar un paseo? – Le Pregunto él tratando de desviar su vista de sus senos.
- Claro –Le dijo ella dirigiéndose hacia él y tomándole la mano. - ¿Qué te parece mi traje de baño?
- Hermoso – Dijo tratando de no mirarla.
- ¿Enserio? – Candy sonrió – Entonces deberías ver la ropa interior que he comprado.
"Maldición" se dijo Terry. Al paso que iba, no llegaría siquiera a la casa. Si Candy seguía diciendo ese tipo de comentarios, estaba seguro que la tomaría allí mismo.
Caminaron por la playa tomados de la mano. A Terry le encantaba ver a Candy tan feliz. Jugaba en el mar como si fuera una niña pequeña.
Pasaron un día estupendo. Pasearon por la ciudad, Terry le compró a Candy muchos regalos y comieron mariscos en un agradable restaurant. Pero había llegado la noche, y ambos sabían que significaba aquello.
Candy estaba un poco nerviosa, no sabía cómo sería su primera vez. Pero confiaba plenamente en Terry. Él, por su parte, estaba igual que ella. No quería lastimarla, sabía que debía tomarse su tiempo. Lo que no sabía, era si iba a poder.
Subieron los dos juntos a la habitación. Candy tenía puesto un vestido blanco ligero, bajo el cual llevaba un conjunto de ropa interior blanco de encaje.
- ¿Estás segura? – Le preguntó Terry una vez que ambos hubieran entrado en la habitación.
- Completamente – Le dijo Candy tomando el rostro de él con sus manos mientras besaba sus labios.
Terry le acariciaba los hombros delicadamente. Con cuidado fue bajando los breteles del vestido, hasta que este cayó al suelo, dejando a Candy vestida solamente con ese provocativo conjunto de ropa interior.
Candy le sacó la remera a Terry desesperadamente. Pasó sus manos por su formado pecho, sin dejar de besarlo. Después fue bajando sus manos hasta llegar a la cintura de sus pantalones. Bajó sus manos aún más, hasta posarlas sobre su entrepierna. Candy sonrió al notar la excitación de Terry. Comenzó a acariciarlo suavemente, pero Terry puso su mano sobre la de ella.
- Todavía no – Le dijo él con voz ronca.
Terry la fue empujando hacia atrás hasta que las piernas desnudas de Candy chocaron contra la cama. Él la tendió sobre las sabanas y se saco los pantalones. El bulto debajo de sus calzoncillos era demasiado evidente. Se agachó frente a ella y la hiso incorporarse. Cuando la tuvo frente a él, comenzó a besarla apasionadamente. Llevo sus manos hasta la espalda de ella y le desabrocho el brasier, dejando al descubierto sus senos. Terry bajó su cabeza y los beso casi con desesperación. Nuevamente la depositó sobre la cama y se tendió sobre ella. Continuó besándola apasionadamente, mientras la acariciaba por encima de sus bragas.
- Terry... – Murmuró Candy, entre gemidos – Por favor...
Terry sonrió, sabía lo que ella le estaba pidiendo, pero quería tomarse su tiempo.
Lentamente le fue deslizando las bragas por las piernas. Una vez que la hubo despojado de su última prenda, comenzó a penetrarla con los dedos.
Candy sentía que no aguantaría más. Tomó la mano de Terry y lo detuvo.
- No... Terry...
Él la complació. Se sacó los calzoncillos y tomo un preservativo de la mesita que estaba al lado de la cama. Una vez que se lo colocó, Terry se posiciono entre las piernas de ella.
- Tal vez te duela un poco
- No importa... ¡Hazlo ya! – Candy no podía soportarlo más. Lo necesitaba dentro.
Terry se fue deslizándose lentamente dentro de ella. Notó como Candy emitía pequeños quejidos. Quiso detenerse pero ella no se lo permitió.
- No salgas... no te atrevas...
- Pero te estoy haciendo daño
- No – Dijo ella empujando sus caderas hacia adelante sintiendo como Terry la llenaba por completo.
Él se sorprendió por la audacia de la rubia. Sabía que le dolía, pero en ese momento, no hubiera podido detenerse aunque lo quisiera.
Terry comenzó a mover sus caderas lentamente mientras escuchaba los gemidos de placer de Candy. No sabía cuánto más iba a poder soportar. Entonces comenzó a notar como Candy se movía debajo de él intentando seguir su ritmo. Terry intensificó sus movimientos hasta que sintió el cuerpo de ella temblar bajo el suyo. La cabeza de Candy cayó sobre la almohada. Estaba exhausta, con los cabellos mojados y una sonrisa de placer en el rostro. Se veía hermosa. Terry la envistió tres veces más hasta que alcanzo su propio clímax, entonces se desplomo sobre ella, soportando el peso de su cuerpo sobre sus brazos para no aplastarla.
- ¿Cómo te sientes? – Le preguntó él aun dentro de ella.
- Feliz
- ¿Te duele algo? – Terry parecía preocupado. No se perdonaría nunca si la había lastimado.
- No – Contestó ella - ¿Crees que podrías hacerlo de nuevo?
Terry sonrió. Candy nunca dejaba de sorprenderlo.
- Solo dame unos minutos...
- Pero no tardes
- Te amo
- Te amo
Y así pasaron los dos siguientes días. Por la tarde salían a disfrutar de la ciudad y las playas. Y por la noche se encerraban en la habitación y no salían de allí hasta el día siguiente.
Eran las mejores vacaciones que Candy podría haber imaginado. Terry se había comportado muy paciente con ella y le había enseñado todo lo que debía saber en cuanto al sexo. Se sentía plenamente feliz, aunque había llegado el momento de volver a Los Ángeles y volver a la rutina.
Continuará...
