A partir de este capítulo, comienza la segunda temporada :)

CAPÍTULO 10: AMIGOS
Pasó un mes desde la decisión de L de quedarse junto con Watari, en la ciudad. Los agentes especiales de L, pensaron que tendrían mucho trabajo al reabrir el cuartel de investigación, ya que al estar bajo las órdenes del detective, supusieron que tendrían que resolver cientos y cientos de difíciles casos.
Pero nada más lejos de la realidad, los chicos pasaban el día en la sala de cámaras llevándole cafés a L, escuchando noticias en el telediario y denegando las peticiones que se enviaban de todos los países que buscaban la ayuda del detective, ya que a L le parecían casos demasiado aburridos. Sólo uno en todo el mes, llamó la atención del joven, y lo resolvieron en menos de un día.
Esa tarde estaban los cuatro en la sala de cámaras, desganados, excepto L, que se dedicaba a jugar con las fresas de su pastel.
-¿Tus días siempre son así?- preguntó Light aburrido, mirando al detective de reojo, con la barbilla apoyada en su mano.
-No, normalmente resuelvo varios casos a la vez- contestó L con simpleza, terminando por atrapar la fresa y comiéndosela.
-¿Y por qué llevamos prácticamente un mes sin hacer nada?- volvió a preguntar el castaño incrédulo.
-¡Aah, muy fácil! Simplemente no me apetece hacer nada. Los casos que nos han llegado, eran demasiado fáciles, y no quiero quitarle el trabajo a la policía- respondió el detective- Si te dedicas a hacerles siempre los deberes, al final no aprenden, ¿no crees?- concluyó mirando a Light. Este suspiró cansado rindiéndose ante el detective.
En ese momento entró Watari a la sala, con una sonrisa de lado a lado y unas llaves en la mano.
-Ya tenemos el apartamento- anunció el hombre realmente ilusionado.
Sin embargo, L lo observó con los ojos entornados y una mueca de fastidio.
-Watari, ya te dije que no me hacía gracia esa idea- murmuró el detective molesto.
-Lo sé, pero hemos estado casi dos meses en cada hotel de la ciudad, y no nos podemos quedar más tiempo durmiendo en el cuartel, así que la única opción que queda, es coger un apartamento si quieres quedarte indefinidamente aquí- explicó Watari acercándose al detective y entregándole las llaves.
L cogió las llaves con desgana, observándolas cómo si tuviesen la culpa de todo.
-El apartamento es un ático lujoso en el centro, concretamente, en el Barrio Salamanca. Ya lo he alquilado... Aunque el color del salón no te va a gustar. Deberíamos pintar- concluyó el hombre con una sonrisa.
L suspiró profundamente.
-Pues contrata a alguien- contestó el detective con obviedad.
-Yo había pensado que como estáis aquí, sin hacer nada, quizá os gustaría hacerlo vosotros mismos- sugirió Watari mirando a Light, Stella y Leyre.
-¡Qué buena idea! Así nos entretendremos con algo- exclamó Leyre emocionada con la idea de poder salir de ese cuartel.
-Perfecto, contratados. Watari, ya tenemos pintores. Y encima nos ahorraremos dinero, que esto va incluido en su sueldo- dijo L seriamente pero con un tono burlesco.
-No te hagas el listillo. Tú vas a pringar como todos- rebatió Light con el mismo tono burlón que había utilizado el detective.
-No te pases Light, que soy tu jefe- murmuró el detective señalando a su amigo de forma acusadora.
-Como eres nuestro jefe, tendrás que hacernos una demostración de cómo hacerlo... Eso contando con que seas capaz, claro- dijo Stella sonriéndole con falsa dulzura.
-No intentes liarme "subordinada", que ya nos conocemos. Yo ya no pico- aseguró L mirando a su novia con desconfianza- En todo caso, supervisaré cómo trabajáis. Yo no pienso mancharme de pintura- sentenció el detective sin más preámbulos.
Al día siguiente, los tres policías y el detective fueron a comprar la pintura para el apartamento. Watari les avisó de que sólo el salón medía 50 metros cuadrados, por tanto, Light llamó a más agentes para que les ayudasen a pintar, pero sólo Matsuda aceptó.
A las doce del mediodía, los seis amigos, incluyendo a Watari, estaban en el ático.
El piso contaba con una amplia terraza que daba al centro de Madrid. Tenía tres habitaciones, dos baños y una gran cocina, todo decorado en estilo Moderno. Las paredes estaban pintadas de blanco, pero Stella, Light, Leyre y Watari querían pintarlas en tonos tierra. Entre todos los policías retiraron los muebles, mientras que L se dedicaba a dar órdenes y mirar cómo sus amigos trabajaban.
Se repartieron las paredes entre Watari, Stella, Matsuda, Light y Leyre. Al tener Watari, Stella y Matsuda la pared más grande, agotaron antes el cubo de pintura, por lo que el policía más joven tuvo que ir a coger más cubos. Leyre y Light continuaban pintando cada uno con su brocha, cuando de pronto el castaño miró de reojo a la concentrada chica, y con una mirada maliciosa, alargó el brazo, pintando rápidamente la nariz de la joven. Light volvió a su postura inicial con agilidad fingiendo no haber hecho nada. Leyre le miró sorprendida, abriendo la boca en señal de indignación y mojando su brocha en pintura, le pintó la mejilla. Light cogió su brocha dispuesto a devolverle la jugada a la joven, pero justo en ese momento, Stella pasaba por su lado distraída, y al alzar Light el brazo para pintar a su novia, ésta se agachó y la brocha dio de lleno en la cara de Stella. La policía miró a su amigo con estupefacción y Leyre no pudo más que echarse a reír.
-Stella...- Light iba a disculparse, pero la chica le interrumpió.
-¡Te vas a enterar!- exclamó la chica persiguiendo al joven que ya intentaba apartarse de ella, imaginando perfectamente cómo quedaría su bonito rostro, si la chica lo alcanzaba.
-Cógele Stella, cógele- L animaba desde la otra punta del salón, de pie y en su habitual postura encorvada.
Stella terminó por alcanzar a Light, pintando por completo casi toda su mejilla. Cuando ésta iba a pintar al chico por segunda vez, Light logró escapar escondiéndose detrás de Watari. Stella intentando agarrar de nuevo al chico, cayó sobre el hombre mayor, pintándole la nariz y el bigote. Sin poder evitarlo, todos comenzaron a reírse, pero Watari ya cogía su brocha, dispuesto a seguir con la batalla. L, temiendo mancharse al ver la que se estaba liando en esa sala, se echó hacia atrás, pegándose a la pared con la intención de ponerse a salvo del inminente ataque. En ese momento, Matsuda caminaba por el pasillo con el cubo de pintura en las manos, y desde allí vio cómo sus amigos se divertían manchándose con las brochas. Al joven policía se le iluminó la mirada.
-¡Anda! ¡No sabía que había una guerra de pintura!- exclamó emocionado dispuesto a volcar el cubo sobre sus amigos.
-¡No!- exclamaron los cuatro amigos y acto seguido se agacharon para evitar que la pintura cayese sobre ellos, pero al detective no le dio tiempo a esquivarlo y toda la pintura recayó sobre él, quedando completamente embadurnado. Se hizo un silencio completo en la sala. Todos observaron cómo goteaba la pintura en el pelo y la ropa del detective. L levantó la cabeza y miró a Matsuda con furia. Sin decir nada, el detective cogió un rodillo del suelo y se acercó hasta el policía, mirándole fijamente, parándose frente a él. Matsuda le miró atemorizado, incapaz de mover un músculo. L alargó el brazo pintando por completo el rostro del chico con el rodillo.
-Puedes agradecer que ya no sea tu jefe, pero me voy a encargar personalmente de que te asignen los peores casos durante el resto de tu vida- dijo L como si se tratase de una sentencia judicial.
El resto de la tarde pasó tranquila, volviendo cada uno a sus labores de pintura, aunque riendo cada vez que recordaban la escena.
Sobre las ocho de la tarde, los policías terminaron de pintar el salón, sin la ayuda del detective, el cual, tras devolvérsela a Matsuda, fue de inmediato a darse una buena ducha.
Al día siguiente todos se encontraban en la cocina rememorando la escena del día anterior. A todos les hizo gracia la situación, excepto a L, el cual conservaba restos de pintura en las puntas de su pelo. En ese momento, Leyre comenzó a sentirse mal, entrándole unas repentinas náuseas que le hicieron abandonar la estancia rápidamente para ir al baño. Allí la joven vomitó deshaciéndose de todo el desayuno. Era extraño, ya que eso nunca le había ocurrido. Tras esto se dirigió a la sala de cámaras, que se había convertido en el aula oficial de cotilleo. Allí la esperaba Stella, que la miró sorprendida al ver su cara de malestar.
-¿Qué te ocurre? ¿Estás enferma?- preguntó la chica preocupada por su amiga.
-No lo sé. Esta mañana me he levantado bien, y de pronto me han entrado náuseas, pero ya estoy mejor- aseguró la pelirroja sin darle mucha importancia.
-La verdad es que han bajado las temperaturas. A lo mejor te has puesto mala- dijo la policía mirando a su amiga con interés, tocando su frente para comprobar si estaba caliente- Parece que no tienes fiebre...
-No, si no creo que esté mala, a lo mejor me ha sentado mal el desayuno- Leyre intentó buscar una explicación.
-¿Has desayunado algo raro hoy?- preguntó Stella con curiosidad.
-No, lo de siempre- contestó la policía con sinceridad.
-Pues qué raro...- Stella se quedó pensativa- ¿Te has planteado que pueda ser...?- volvió a preguntar Stella esperando a que la chica entendiese a lo que se refería.
-¿El qué?- preguntó Leyre con perplejidad.
-Un embarazo- concluyo la chica haciendo que la otra policía contuviese la respiración.
En ningún momento se le había ocurrido esa posibilidad, ya que tomaba la píldora, y supuestamente eso no debería ocurrir, pero existía un 2% de posibilidades de que fallase.
-¿Crees que estoy embarazada?- preguntó la chica alarmada.
-Hombre, no creo, pero todo puede ser... ¿Te ha venido el período este mes?- preguntó Stella intentando sacar una conclusión en claro.
-Debería haberme bajado antes de ayer...- susurró la chica pensativa, dándose cuenta de que realmente existía la posibilidad de que estuviese teniendo una falta. Leyre se puso pálida y se llevó la mano a la boca, sintiendo nuevamente náuseas por los nervios.
-Leyre, Leyre, tranquilízate, sólo llevas dos días de retraso. Seguro que es casualidad- dijo Stella intentando tranquilizar a la chica.
-¡Ay, Dios mío! ¿Y si estoy embarazada? ¿Qué hago yo ahora con un bebé?- se preguntó a si misma con desesperación.
-Relájate... Aquí no va a haber ningún bebé- contestó Stella calmando los nervios de su amiga, que estaba casi al borde de la histeria.
En ese momento las dos chicas se dieron cuenta de que L había entrado en la sala y las miraba desconcertado.
-¿Qué decís ahora de un bebé?- preguntó el detective de forma suspicaz.
-No es nada, no es nada. Tonterías- respondió Stella intentando que el detective omitiese el asunto.
-¿No me digas que estás embarazada?- le preguntó el detective a su amiga, ignorando completamente a su "subordinada"- La verdad es que parece que has cogido un par de kilos...- murmuró el detective con increíble sinceridad, haciendo que la chica terminase de verse embarazada realmente.
-L no juegues con eso- le regañó Stella causando la risa en el detective.
-Bueno, esto tiene fácil solución, me voy a la farmacia. Stella, ¿me acompañas?- le pidió la chica a su amiga.
-Claro- contestó Stella levantándose y dirigiéndole una mirada intensa al detective- Que ni se te pase por la cabeza decirle nada a Light- ordenó Stella amenazante.
-Prometido. Soy una tumba- contestó L levantando la mano derecha como si se tratase de un juramento. Stella y Leyre se fueron del cuartel dejando solo al detective, que respiró tranquilo para poder maquinar su venganza por la broma que le hicieron.
Al cabo de unos minutos, Light entró en la sala, viendo que sólo se encontraba allí el detective.
L observó a su amigo sin pestañear, el cual se sentó a su lado. El detective siguió mirándole de esa forma durante largo rato, sin moverse. Light, al percatarse de esto, le miró extrañado.
-¿Ocurre algo?- preguntó el castaño confuso.
-No, no es nada... Es que hoy tienes cara de padre- contestó el chico retirando la mirada con una sonrisa dulzona.
Light alzó una ceja sin entender el comentario de su amigo.
-L tío, cada día dices cosas más raras- dijo el castaño entornando la mirada e ignorando el mensaje subliminal del detective- Por cierto, ¿dónde están las chicas?- preguntó Light al no verlas por ningún sitio.
L le miró de reojo con una perturbadora sonrisa, acariciando con su dedo pulgar el labio inferior. De pronto, el detective cambió su expresión completamente y miró a las cámaras- Han ido a por pastelitos- dijo con seriedad, entonces volvió a mirar a su amigo de reojo- Y creo que traen el más grande para ti- concluyó con sorna.
-¿Pero qué dices? Si a mí no me gustan los pastelitos- contestó Light con inocencia.
-Uy... Pues este te va a encantar- aseguró L con una sonrisa maliciosa.
Light le miró con el ceño fruncido, cansado de sus indirectas.
-¿Se puede saber qué insinúas?- preguntó el castaño algo alterado.
-Nada de nada- contestó observando los monitores e ignorando al policía.
Light dio un fuerte golpe en la mesa y se levantó dispuesto a irse.
-Me cansas. Voy a tomarme un té- avisó el policía dirigiéndose hacia la puerta.
-Haces bien. Y hazte varios para luego- recomendó L despidiéndose con la mano.
Light bufó sin entender ese estúpido jueguecillo de su amigo, y salió de la sala dando un portazo.
Después de un rato, Stella y Leyre volvieron al cuartel para ir directas al baño y que Leyre se hiciese la prueba.
Afortunadamente, el resultado dio negativo, y Leyre estuvo a punto de comenzar a dar saltitos por la alegría. La chica salió del baño canturreando la palabra "negativo", pero entonces las dos policías se chocaron de frente con Light.
-¿Qué es eso de negativo?- preguntó el chico confuso.
-Nada, una canción que nos hemos inventado- respondió Stella saliéndose por la tangente.
-¡Venga ya! ¡No soy idiota!- exclamó el castaño frustrado ya de que tanto L como Stella le vacilasen.
-Tienes razón Light. La verdad es que esta mañana me han entrado náuseas y tenía un par de días de retraso en el período. Así que pensamos que tal vez pudiese estar embarazada, pero... Ha dado negativo- explicó la chica con una sonrisa.
Light comprendió todo, acordándose de las insinuaciones de L.
-Pero... ¡Qué capullo!- exclamó Light mirando a las cámaras, sabiendo que su amigo les estaba viendo.
Efectivamente, L desde la otra sala se llevó un dedo a los labios y sonrió a los monitores.
El jueves siguiente, Stella se encontraba en la sala de informes, y tras terminar de rellenar todos ellos, se dirigió a la sala de cámaras para enseñárselos al detective, pero allí sólo estaba Watari hablando por teléfono.
-Sí, el pastel de fresa, ¿podría estar listo para el sábado?- el hombre se quedó en silencio unos segundos- Sí, perfecto. Gracias, hasta luego.
Stella se acercó a la mesa y dejó los informes sobre ella, observando a Watari.
-¿Encargando pasteles para L?- preguntó la chica con una sonrisa.
-Sí, pero este es especial. Es para su cumpleaños- explicó el anciano.
Stella se quedó patidifusa con la noticia. Ella no sabía que próximamente su novio cumplía años.
-¿Y cuándo es su cumpleaños?- preguntó nuevamente la policía.
-Este sábado- respondió Watari con una sonrisa.
-¿El día 31?- preguntó Stella nerviosa.
El hombre trajeado asintió.
-Tendremos que hacer una fiesta, ¿no?- sugirió la policía con ilusión.
-No creo que L quiera. Siempre ha pasado sus cumpleaños solo, por lo que nunca lo celebra. Como mucho, compramos un pastel- explicó Watari.
-Pues este año, eso va a cambiar. Ya que ahora le ha dado por no coger ningún caso, vamos a montarle una buena fiesta de cumpleaños- afirmó Stella emocionada.
Al poco rato, Stella había reunido en esa sala a Watari, Light y Leyre.
-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Leyre extrañada.
-Os he reunido aquí para deciros que el sábado es el cumpleaños de L, y quería organizarle una fiesta sorpresa de disfraces, ya que coincide con Halloween- explicó Stella.
-Anda... ¿Es su cumpleaños?- preguntó Leyre con curiosidad.
-¿Y cómo no nos lo ha dicho antes?- preguntó ahora Light.
-Porque L no le da importancia a su cumpleaños- contestó Watari- Para él es como un día más.
Tras esto, se hizo un pequeño silencio en la sala.
-Pero esto va a cambiar- dijo Stella con una sonrisa.
-¿Y cuál es el plan?- preguntó Leyre.
-Todos los años mi familia celebra Halloween en una casa que tenemos a las afueras. Hacemos una fiesta de disfraces y siempre invitamos a muchos amigos, así que suele ser divertido- explicó la policía- Había pensado en que todos fuésemos, pero como seguramente, L se negará a meterse en una casa llena de gente, tendremos que llevarle por sorpresa- expuso Stella.
-¿Y cómo piensas disfrazarle? Sabes que no va a querer- preguntó Light desconfiando del plan de la chica.
-Muy sencillo, nos disfrazaremos todos, y le diremos que vamos a casa de mis padres, pero le explicaremos que estará vacía y que sólo estaremos nosotros. Cuando vea que en realidad hay una veintena de personas, ya será demasiado tarde para que escape- contestó Stella con una maliciosa sonrisa.
Todos estuvieron de acuerdo con el plan y cada uno se encargó de encontrar un disfraz adecuado para la ocasión.
Llegó el sábado y aunque L ya conocía la tapadera, estaba algo receloso, ya que sospechaba que tramaban algo.
-Oye... ¿Es estrictamente necesario lo de ir disfrazado?- preguntó el detective llevándose un dedo a los labios.
-Por supuesto. Es Halloween- contestó Light.
-¿Puedo preguntar de qué vas tú, Light?- preguntó L con segundas- Recuerda que en Halloween, uno tiene que dar miedo. Nada de desabrocharse botones- L hizo el gesto de desabrocharse un botón de la camisa, imitando al castaño en Cancún.
Light bufó sólo de pensar en la cara que pondría el detective cuando se enterase de que se disfrazaría de ángel- Bueno, Light, dime de qué vas- insistió casi cómo si supiese la respuesta.
Light cerró los puños con fuerza sin mirar al detective, intentando ignorar la pregunta de su amigo. L, al darse cuenta de lo molesta que le resultaba la situación a Light, acercó su silla a la del joven y siguió insistiendo.
-Light, dímelo, dímelo, dímelo, dímelo...- L repitió esa palabra miles de veces, mientras le daba toques en el hombro con el dedo índice, para molestar a su amigo. La paciencia del chico estaba llegando a su límite, y estuvo a punto de pegarle un puñetazo en la cara, pero respiró hondo y se lo pensó dos veces. No le serviría de nada ocultárselo ahora, ya que por la noche, le vería con el disfraz puesto.
-Cállate ya- pidió el castaño exasperado- Voy de ángel, ¿vale? ¿Contento?- casi gritó el chico.
L adoptó una expresión seria durante segundos, asimilando lo que acababa de decir Light. De pronto empezó a carcajearse como nunca lo había hecho, y algunas lágrimas comenzaron a saltar de sus ojos.
-Espera, espera... ¿De ángel?- dijo el detective sin poder aguantar la risa- No sabía que eras tan metrosexual. Esto es más gracioso de lo que imaginaba- L dejó de reírse un poco, limpiándose las lágrimas.
-Le hacía ilusión a Leyre, ¿vale?- se excusó el chico algo avergonzado.
-¿Ha sido Leyre?- preguntó L sorprendido- Madre mía chaval... Esta relación te está costando tu orgullo. Se está riendo de ti, si yo fuera tú... Cortaba- murmuró el detective convencido.
-En realidad... Me da igual. Por lo menos es un disfraz cómodo. Me gustaría ver la cara que pones cuando veas el tuyo- contestó Light intentando asustar a su amigo.
-¿Y cómo es?- preguntó el detective cayendo en las redes de Light.
-Uy... Ya lo verás- contestó el castaño de forma socarrona, a modo de venganza por las carcajadas del detective.
El chico le miró atemorizado, pero cuando vio la sonrisa de Light, pensó que sólo era una trampa e intentó hacerle ver a su amigo, que no estaba asustado.
-Yo confío en el buen gusto de Stella- murmuró L aparentando convicción.
Light se echó a reír.
-¿Desde cuándo te has vuelto tan confiado?- preguntó el castaño entre risas- Bueno, ya lo verás esta tarde...- finalizó.
L no dijo nada, sólo siguió mirando las pantallas con los ojos entrecerrados y con una expresión taciturna, imaginando por un segundo qué tipo de disfraz había comprado la chica.
Pasaron las horas y al fin llegó el momento de disfrazarse. Los chicos se cambiaron en el cuartel, y Watari sería el que les llevaría hasta la fiesta. La primera en cambiarse fue Leyre, que iba de ángel negro. Llevaba un vestido con corsé negro, con una falda de tul negro y bordados en el pecho de palabra de honor, con unas alas negras que ocupaban parte de la espalda y unos zapatos de tacón negros. Stella iba de vampiresa. Llevaba un vestido negro ajustado, con escote y la falda con dos volantes, una fina capa, medias de rejilla y botas altas negras y de tacón. Light iba de ángel blanco. Llevaba una camisa de manga tres cuartos blanca, chaqueta, pantalones blancos, mocasines blancos y alas blancas. Por último, L iba de vampiro. Llevaba una camisa de botones color crema, un chaleco negro con detalles dorados, un pañuelo blanco tipo siglo XVIII, pantalones negros y mocasines negros. Completaba el conjunto con una chaqueta azul oscura larga de terciopelo y unos colmillos de plástico.
L se miró al espejo y puso una mueca de desagrado exagerada.
-Yo no me pongo ezto- el chico apenas vocalizaba debido a los colmillos.
-¡Pero si estás muy guapo!- exclamó Light riéndose de su amigo.
L iba a soltar cualquier improperio cuando Stella llegó a la sala con el maquillaje para pintar al detective.
-Perfecto, ya sólo te falta el maquillaje L- dijo la policía viendo que su novio ya estaba disfrazado.
-¿Zerá una broma? ¡Yo no voy a maquillarme!- el chico ceceaba por los colmillos.
L intentó huir, pero Light y Leyre le agarraron sentándolo en una silla. En ese momento, Stella sacó polvos blancos y los esparció por el rostro de su novio, dejándolo aún más pálido. Difuminó un poco de sombra roja en los ojos, para destacar más sus ojeras y le puso sangre falsa roja por el labio y la comisura.
L se miró de nuevo al espejo. Estaba horrorizado, sin creerse la estampa que estaba contemplando. A él le parecía que estaba feísimo, pero en realidad, su versión vampírica era bastante atractiva.
En ese momento, Watari entró en la sala para avisarles de que la limusina estaba en marcha. El hombre también se había disfrazado, de mayordomo zombie. Con una camisa blanca de botones, unos pantalones de tiro alto a rayas negras y blancas, una chaqueta con las mangas carcomidas negra y larga, un pañuelo color crema al cuello y una chistera negra. Estaba maquillado muy pálido, con sangre en la cara y ojeras.
Una vez en el automóvil, tardaron muy poco en llegar a la casa. Stella había avisado ya a su familia de que iría con varios amigos, y todo estaba preparado. El único que no sabía nada aún, era L, pero no fue así por mucho tiempo, ya que en cuanto llegaron al jardín de la casa y vio los coches aparcados, se percató de que todo había sido una encerrona.
¿Por qué siempre me hacéis lo mismo? ¿Me tenéis alguna especie de rencor o algo?- preguntó el detective resignado, saliendo del coche entre suspiros.
Los tres policías, el detective y Watari llegaron al porche, y Stella llamó al timbre. Abrió la madre de la chica, disfrazada de bruja.
-¡Anda! ¡Qué pronto habéis llegado!- exclamó dándole dos besos a su hija- ¡Pero qué guapa vienes!- la mujer alzo la mirada viendo primero a Light, el cual, vestido de ángel blanco, parecía sacado de la colección de Ralph Lauren- Uy... ¡Qué chico tan guapo!- la mujer se dirigió al joven- Debes de ser el novio de Stella, ¿L verdad?- preguntó amablemente con una sonrisa.
Light se rió nerviosamente, y Stella intervino.
-No, este es Light, el novio de Leyre- dijo señalando a la chica que saludó a la mujer con dos besos.
-Ay... Perdona, le he visto tan elegante...- se disculpó la mujer avergonzada.
En ese momento, L rechinó los dientes. Su suegra estaba cayéndole mal y ni siquiera la conocía. ¿Cómo podía confundirle con ese crío?
-Mira mamá, este es L- dijo Stella acercando a L hacia su madre, quedando los dos frente a frente.
-¡Qué vampiro más apuesto!- exclamó la mujer con una sonrisa.
-Muchas gracias, suegra- contestó el detective agradecido.
Tras esto, la mujer saludó a Watari, y todos entraron al interior de la casa. Allí dentro estaba gran parte de la familia de Stella, todos charlando con una copa en la mano, disfrazados cada uno de un personaje de Halloween. La chica intentó presentar a todos. La expresión de L era de indiferencia, sin prestar mucha atención a la conversación que todos mantenían. En ese momento notó cómo alguien tiraba de su chaqueta hacia abajo para llamar su atención. L buscó al causante de su molestia, y se encontró a un niño de unos cuatro años, con el pelo negro alborotado, ojos grises y un disfraz de vampiro.
-Me has copiado el disfraz- dijo el niño con el ceño fruncido.
L le miró con los ojos entrecerrados, frunciendo el ceño también.
-Yo soy el mayor, por tanto, tú me has copiado a mí- rebatió el detective.
-¡Mentira! Yo llegué antes a la fiesta, yo iba antes vestido de vampiro- contestó el niño con altanería.
El detective le miró con curiosidad, percatándose de que el niño era más espabilado de lo que pensaba.
L se agachó quedando a la altura del niño.
-¿Cómo te llamas?- preguntó el detective mirando al niño a los ojos y llevándose el pulgar a los labios.
-Alonso- contestó con orgullo- Y Stella es mi tía- recalcó con arrogancia- ¿Tú quién eres?
-Yo soy L, y Stella es mi novia- respondió con altanería, intentando quedar por encima del niño.
Alonso le miró con chispas en los ojos, visiblemente celoso.
-Stella nunca tendría un novio como tú- contestó el niño sin creer las palabras del detective.
-¿A qué te refieres con "como yo"?- preguntó L extrañado.
-Eres raro- respondió Alonso mirando al detective de arriba a abajo.
L se quedó sin palabras, asimilando lo que acababa de decir su "sobrino".
-Y aunque fueses su novio... Me seguiría queriendo más a mí- dijo el niño con seguridad en sus palabras.
-¿Y tú cómo estás tan seguro?- preguntó el detective asombrado con la labia de Alonso.
-Porque a mí me lleva al parque, me compra pasteles, me compra juguetes y me lee cuentos... Seguro que a ti no te ha leído ningún cuento- aseguró el niño mirando fijamente al detective, dejándolo nuevamente sin palabras. L le miró con una sonrisa, agradado porque el crío fuese tan listo.
En ese momento Stella interrumpió la escena.
-¡Vaya! Veo que ya os conocéis...- dijo la joven con una dulce sonrisa.
-Tía... ¿A que a mí me quieres más que a él?- preguntó Alonso con convicción.
La chica se rió sin saber a qué venía esa pregunta.
-Yo os quiero mucho a los dos- contestó besando la mejilla de su sobrino.
-Sí, sí... ¿Pero a quién más?- preguntó el detective queriendo saber la respuesta.
Stella se acercó a su novio y le susurró al oído.
-No empieces con niñerías- dijo dando un beso corto al detective.
-Me ha dicho que le lees cuentos y le compras pasteles- remarcó esta última palabra- ¿Tengo que empezar a ponerme celoso?- preguntó cruzado de brazos con fingido enfado.
Stella sonrió al detective.
-¿Por qué no vais a ver las chuches que han puesto en la mesa?- dijo la chica haciendo que ambos fuesen a la otra parte del salón.
Por el camino, Alonso se cruzó a su madre y su otra tía, que charlaban con el hermano y el cuñado de Stella. Alonso cogió de la man le llevó con ellos.
-Mira mamá... El novio de la tía Stella- el niño presentó a L al resto de la familia.
Todos saludaron al detective de forma amistosa, hablando al chico de manera agradable, haciendo que se sintiese a gusto y relajado.
Al cabo de un rato todos estaban hablando, mientras Light y L contaban entre risas algunas anécdotas de Cancún.
-Y el día del karaoke fue buenísimo. Nos subimos al escenario y cada uno cantamos una canción- relató el chico divertido.
-Sí, sí, tú cantaste la canción como si fueses una súper estrella- dijo L de forma burlona.
-¿Quieres que recordemos quién cantó "Seré tu amante bandido"?- le recordó el castaño riendo.
-Eso fue porque estaba borracho- rebatió L intentando defenderse.
Todos empezaron a reír, halagando al detective de forma cariñosa, lo que hizo que este sonriese. Pasó la noche de la misma forma. Todos charlaban y contaban historietas, creando un clima agradable. Tras un rato, sacaron un enorme pastel de cumpleaños, y cantaron el cumpleaños feliz al detective. El chico al principio sintió algo de vergüenza por ser el centro de atención, pero pronto se sintió arropado por todos los integrantes de la fiesta. Estaba cómodo por primera vez entre tanta gente.
Al final de la noche, L estaba con Alonso en el jardín, sentados en el césped, mirando al cielo mientras el detective le explicaba al niño el nombre y la forma de algunas de las constelaciones. En ese momento llegó Stella, y sin que ninguno de que los dos se percatase, les sacó una foto. Al escuchar el ruido del flash, L la miró y ella le saludó con la mano entrando de nuevo al chalet. Al rato, la chica subió a la segunda planta de la casa y L la siguió, llegando los dos al balcón de la habitación.
-¿Te ha gustado la fiesta?- preguntó Stella con una sonrisa.
-Sí, ha estado bien. Son todos muy cariñosos- contestó el detective mirando el paisaje con otra sonrisa.
-Sobretodo mi sobrino...- dijo la chica.
-Es adorable. Al principio era irritante, pero al final me ha gustado- murmuró L manteniendo la dulce sonrisa de antes, observando al niño que jugaba con el perro en el jardín.
-Me alegro que te haya gustado todo esto. Lo malo es que no me ha dado tiempo a comprar ningún regalo de cumpleaños- dijo Stella apurada.
L la miró sorprendido.
-¿Qué no te ha dado tiempo? Pero si este es el mejor regalo que me han hecho nunca- aseguró mientras la chica le observaba con atención- Yo... Nunca había tenido una familia, y tú me acabas de dar una- dijo el detective con un tono algo triste pero sonriendo a su novia.
Stella no supo qué decir, tan sólo se acercó al chico y acariciando su mejilla, le dio un beso en los labios.
Llegó la hora de irse, y los cuatro amigos junto con Watari, salieron del chalet dispuestos a marcharse. L no había visto a Alonso por ninguna parte, y pensó que tal vez se había olvidado de despedirse de él, así que siguió a los demás de camino a la limusina. De pronto, oyó cómo alguien lo llamaba. El detective se dio la vuelta para ver cómo Alonso corría hacia él.
-L espera...- dijo el niño llegando junto al detective con la respiración agitada- No sabía que era tu cumpleaños, y no tenía ningún regalo. Pero te he hecho uno- el niño le dio al detective una hoja de papel. L la cogió y la miró atentamente. Se trataba de un dibujo de ellos dos vestidos de vampiro. El detective no pudo evitar sonreír, y sin decir nada, se agachó y abrazó al niño.
-Gracias. Es el mejor regalo que me han hecho nunca- murmuró el detective con sinceridad. Tras esto, le dio un beso en la mejilla y se reunió con sus amigos que estaban junto a la limusina.