Capítulo 10: Entrenamiento infernal

Cerró los ojos durante medio segundo volviéndolos a abrir para observar como incluso el suelo se le movía. Desde hacía una semana eso era así, su cuerpo estaba totalmente adolorido, nunca pensó que pudiera arrepentirse de algo que hubiera decidido por sí misma pero cada vez que un músculo en su cuerpo dolía hasta morir lo pensaba "a que mala hora le pedí al primo de superman que me enseñara a luchar" porque en cierta manera era inhumano lo que estaba soportado, había hecho más abdominales en una semana que en toda su vida y aun si contaba un año loco que había decidido apuntarse al gimnasio no recordaba haber hecho tantas flexiones en toda su existencia.

El primer día estaba segura que Ace la habría derribado unas cuarenta o cincuenta veces, por hablar de su humillación en números. Aunque tenía que admitir que sus "palizas gratuitas" eran bastante efectivas, en tan solo una semana había conseguido aumentar su velocidad, reflejos y flexibilidad, pero para luchar contra un hombre tan fuerte como Ace, todavía se consideraba una hormiga ante un gigante.

Escuchó algo parecido a un murmullo, aunque no entendió qué era lo que estaban diciendo. Miró el lugar que calculaba que era el punto de procedencia del murmullo y vio la figura de Ace, un poco movida por el mareo que llevaba en el cuerpo. Observó como le tendía la mano para que se levantara, y ella, sin pensarlo, simplemente la agarró fuertemente para levantarse.

—Regla número uno—Dijo Ace al levantarla sin esfuerzo—En medio de una lucha, nunca confíes en tu enemigo.

Segundos después se vio a sí misma volar e hizo un movimiento extraño para no caer de nuevo al suelo, aunque lo consiguió a medias ya que una de sus rodillas sí que había caído al suelo.

Volvió a cerrar los ojos por un momento para controlar sus ganas de vomitar, pero en cuanto se relajó los volvió a abrir levantándose para volver a encarar a Ace.

—Bien, ¿recuerdas lo que te comenté ayer?—Dijo crujiéndose los nudillos.

—¿La parte de atacar de frente adivinando los movimientos del enemigo?

—Exacto, hagamos una prueba, para ver si puedes anticiparte a mis movimientos. Cuando creas, atácame.

Ni siquiera tardó un minuto en lanzarse hacía él con todo lo que había aprendido los días anteriores, aunque parecía que en vez de anticiparse ella a los movimientos de él era justo lo contrario, cada patada que lanzaba, él la esquivaba y lo mismo con los puñetazos, ni siquiera recibía respuesta, aunque para la última patada que dio sí la recibió, una respuesta a modo de agarrar su pierna y comenzar a levantarla haciendo que comenzara a perder el equilibrio.

—No solo tienes que atacarme sin sentido, te he dicho que te anticiparas a mis movimientos, no que te cansaras tontamente. Piensa antes de usar la fuerza.

En cuanto dijo la última palabra notó que ya no había ningún tipo de resistencia al agarre por parte de ella y que su cuerpo caía lentamente hacia un lado. Abrió los ojos de par en par y la agarró de la cintura para que no cayera como plomo al suelo, ya que eso era lo que parecía que iba a pasar.

—Te pillé—Escuchó.

Cuando volvió en sí se encontró en el suelo con ella encima intentando hacer lo que le había enseñado hacía dos días, inmovilizar al enemigo, aunque lo que había hecho era claramente un churro, aprendía rápido, pero no lo suficiente, lo que más le había sorprendido era que utilizara una técnica de distracción contra él y que encima él hubiera caído.

—¿Qué se supone que haces?

—No dijiste que no pudiera hacer trampa. No está tan mal pensado ¿eh?—Dijo con una sonrisilla de victoria.

Después de todo no era para menos, aun después de la trampa era la primera vez que lo derribaba ella a él y no al revés, para ella era una pequeña victoria y venganza, porque sabía que él estaría enfadado consigo mismo por haber caído tan fácil. Chico orgulloso.

—Es una chapuza—Respondió Ace.

En un simple movimiento se deshizo de su agarre e intercambiaron lugares, aunque con una clara diferencia, no podía mover un músculo debajo de él. Había agarrado sus brazos subiéndolos por encima de su cabeza agarrándolos fuertemente por las muñecas, una de sus piernas se mantenía presionando sus rodillas mientras la otra descansaba a su lado, con la rodilla en el suelo y uno de sus brazos apretaba su cuello casi ahogándola. No podía moverse.

—Si hubieras hecho eso como te enseñé no me habría escapado tan fácil—Dijo con una sonrisa de superioridad.

Aunque ella no había oído absolutamente nada porque desde hacía un rato no podía pensar en otra cosa que no fuera "su cara está demasiado cerca" "¿por qué no se aleja?" "¿no se da cuenta o lo hace a propósito?" veía como sus labios se movían así que en teoría tendría que estar hablando. Parecía que había dicho algo importante porque la miraba como si esperara una respuesta y había dejado de hacer presión con su brazo en el cuello por lo que podía hablar.

—Entendido—Habló por decir algo.

—No has escuchado una palabra de lo que te he dicho.

—Ni una—Respondió sincerándose.

El chico levantó una ceja sorprendido porque le dijera a la cara que pasaba de sus consejos y que no había escuchado nada de lo que había dicho, preguntándose qué era tan importante en su cabeza para que pasara eso.

—Vaya—Se escuchó una voz.

Los dos se giraron para observar como Thatch y Cristian los observaban como si intentaran analizarlos.

—No sabía que ya teníais esas confianzas.

—¿Qué confianzas?—Preguntó Ace mientras Sara miraba a Thatch extrañada.

Thatch se rió y los miró de arriba abajo preguntándose como esos dos podían ser tan despistados como para no entenderlo a la primera, cuando cualquiera un poco atento se habría dado cuenta de lo que hablaba.

—Esa posturita ¿Qué es exactamente?—Dijo señalándolos con los dedos.

Se miraron y comprendieron por fin de lo que hablaba, aunque ninguno le dio mucha importancia, lo único que estaban un poco más cerca de lo normal. Simplemente Ace se levantó quitándose de encima de la chica y la ayudó a levantarse. La miró de reojo, a simple vista no parecía estar cansada, cuando la derribaba se levantaba una y otra vez, pero aunque era imperceptible podía darse cuenta.

—Iba a enseñarle unos cuantos movimientos a tu hermanito, hace tiempo me pidió que le enseñara a usar la espada así que...—Dijo Thatch.

Sara le echó un vistazo rápido a su hermano, sonreía de la manera más boba que le había visto, siempre lo hacía cuando se ponía nervioso por según él la cosa más maravillosa que le iba a pasar en la vida y no pudo evitar sonreír, por lo menos uno de ellos disfrutaría el entrenamiento.

—¿Te parece bien?—Preguntó Thatch.

—Claro, no hay problema.

—Pensaba que ibas a quejarte un poco más—Dijo Ace observándola—Se podría hacer daño.

—Sí, pero evitarán hacer el bruto ¿Verdad?—Preguntó mirando a Thatch con una gran sonrisa.

El hombre asintió rápidamente evitando el contacto visual, había sentido un aura asesina detrás de la sonrisa angelical de esa chica. Tenía que ser cuidadoso con el chico y enseñarle con espadas de madera porque si se hacía daño el único que podría morir allí sería él.

La chica se fue segundos después dejando a su hermano con Ace y Thatch. Ace simplemente se sentó a observar cómo se desenvolvía Cristian, se había sorprendido bastante cuando ella no había dicho nada sobre la locura que era enseñarle a su hermano el arte de la espada, pero lo que más le había sorprendido era la poca reacción de ella cuando Thatch se lo había dicho, como si ya lo supiera.

Se levantó mirando por última vez a su nakama y al niño que le había tocado entrenar y decidió que debía realizar sus tareas como comandante.

Varias horas habían pasado y cuando se había dado cuenta se había hecho de noche. Ese día había tenido bastante trabajo, una pelea producida por el alcohol que se había llevado por delante bastante gente y a la que barba blanca no había dado ninguna importancia y varios resfriados que para el capitán habían sido casi más alarmantes que compañeros rompiéndose la cara por un malentendido. Había veces que no entendía para nada como pensaba ese hombre. Primero la odiaba y luego le ordenaba que se ocupara de sus revisiones y que le contara en qué estado estaban sus hijos. Increíble.

Todo el día llevaba adolorida por el entrenamiento con Ace y ni siquiera sabía qué hora era, no había tenido un segundo de descanso y supuso que Ace estaría en el cuarto, durmiendo en su hamaca, como siempre que llegaba antes. Le había dicho cien veces que ella dormiría en la hamaca porque su constitución era más delgada y cabría mejor que él, pero él simplemente no la escuchaba y se hacía el caballeroso. Se rió, un pirata caballeroso, quien lo iba a decir. Todos los días que se había adelantado para dormir en la hamaca improvisada había amanecido entre las sabanas de la cama y como no fuera sonámbula, que no lo creía, eso significaba que Ace la cambiaba de un sitio a otro porque le daba la gana.

Vio una sombra y se paró pensando en quién podría estar todavía despierto a esas horas. Desde hacía unos días había notado como alguien la seguía en el silencio de la biblioteca, era difícil fijarse en eso si siempre estaba rodeada de gente, por eso entre el silencio de la biblioteca podía escuchar esos pasos inquietantes, seguramente producidos por los hombres de barba negra, así que había evitado contarle a su hermano el asunto de la pulsera, nadie a parte de barba blanca, Marco, Ace y ella sabían porque seguía en el barco y parecía tan cercana a Ace, y esperaba que siguiera así, porque no sabía lo peligroso que sería para Ace que esa gente se enterara de que estaban atados.

Se asomó a la esquina en la que se veía la sombra suspirando al darse cuenta de quien estaba apoyado en la pared. Solo era Ace.

—¿Qué haces despierta todavía? ¿No sabes que los niños se acuestan pronto?—Preguntó Ace al darse cuenta de quién era.

—Vengo de revisar a barba blanca. Y no tiene gracia. Por cierto, ¿Tu qué haces aquí? Te hacía sorbiendo la habitación con tus ronquidos.

—Tú tampoco tienes gracia. Tengo guardia esta noche.

—Ya veo, ser comandante debe ser complicado, trabajas demasiado—Dijo apoyando su espalda en la pared igual que lo hacía él.

—Mira quien fue a hablar—Respondió cruzándose de brazos.

—¿Perdón?

—¿Qué tengo que hacer para que me digas que no puedes más? He estado probándote toda esta semana, viendo hasta donde podías llegar y no eres capaz de decir que te encuentras mal—Dijo mirándola.

—Yo... estoy bien.

—¿En serio? ¿Escuchas algo de lo que te digo? Te he estado haciendo un entrenamiento inhumano y ni siquiera te has quejado ¿lo entiendes?—Empezó a alzar la voz.

—¡Lo único que entiendo es que has estado puteandome toda la semana! ¿Viendo hasta donde podía llegar? ¿Y qué se supone que planeabas con eso?—Gritó.

—Solo quería saber si te rendirías, pero eres demasiado testaruda para hacerlo ¡Lo que no entiendo es por qué tienes esa necesidad de no ser una carga!—Gritó él también.

Por primera vez no le contestó y desvió la mirada para otro lado, diciéndole que no iban a llegar a ningún lado con esa conversación. Ella tenía ganas de irse, de dejar de discutir con él, estaba claro que no podían estar más de tres segundos manteniendo una conversación sin discutir, así que se giró para seguir con su camino, pero una presión en su brazo la paró.

—Estamos hablando, no me des la espalda. ¿Por qué tienes esa necesidad de no ser una carga?

—¿Quieres saberlo? ¿En serio? ¡Bien pues te lo diré si tanto te interesa! ¡No quiero ser una carga porque ya lo he sido durante suficiente tiempo! ¿Te parece suficiente? ¿Me puedo ir ya?

—Espera un momento, ¡no hace falta que te pongas a la defensiva! tranquilízate y explícame eso.

Intentó deshacerse de la presión de su brazo, no le estaba haciendo daño, pero su presión era bastante firme como para que no pudiera deshacerse de él tan fácil. Al final simplemente se rindió y suspiró dispuesta a decirle eso en lo que estaba tan interesado.

—Mis... padres... bueno... no sé cómo explicar esto...—Suspiró—Digamos que mis padres siempre habían soñado con tener hijos desde que se casaron, aunque mi madre estaba enferma y el solo hecho de quedarse embarazada era un riesgo, cosa que mi padre no supo hasta el día en que nací, cuando fue demasiado tarde y mi madre murió.

Ace abrió los ojos de par en par sin entender muy bien lo que acababa de decir. Millones de dudas bombardeaban su cerebro pero espero a que ella dejara de hablar para preguntar.

—Durante mucho tiempo solo mi padre se encargó de mi, aunque era muy difícil compaginar el trabajo con cuidar de una niña pequeña, así que buscó ayuda en mis abuelos y ellos fueron los que me criaron durante bastante tiempo, hasta que mi padre se enamoró de otra mujer, la madre de Cristian, como ya te habrás imaginado, se casaron y formamos una familia. Ella es una mujer muy buena, no malinterpretes lo que te estoy diciendo, me aceptó enseguida y se adaptó al papel de madre, nunca he echado de menos tener una madre porque ella estaba allí, desde entonces digo que he tenido dos madres, la mujer que sacrificó su vida para que yo pudiera vivir y la mujer que se desvive por criarme.

—Pero... entonces no entiendo por qué dices que has sido una carga.

—Dos años después de que naciera Cristian vino a mi casa la familia de mi madre, digo, la madre de Cristian, para que me entiendas mejor. Jamás he visto tanto desprecio en los ojos de alguien y un niño sigue dándose cuenta de esas cosas aunque los adultos piensen que no. Un niño con dos años sigue andando como un pato y Cristian se cayó así que fui a ayudarlo, pero para cuando la hermana de mi madre vino, ella pensaba que yo le había tirado por celos, me dijo que cómo era posible que una niña de siete años empujara a un niño de dos, que tenía que estar agradecida porque su hermana me aguantaba y había tragado conmigo, que era una carga de otra mujer y que mi madre se había muerto para no cargar conmigo.

—...—No sabía que decir.

—Esas palabras, aunque mi madre echó a esa mujer de casa y no la volví a ver en la vida, para una niña de siete años que nunca había pensado en la inmensidad de la crueldad humana... supongo que calaron en mí, desde entonces intenté esforzarme al máximo en todo, aunque me encontrara mal, justo como tú dices, para no ser la carga que esa mujer me había dicho que había sido desde que había nacido. Supongo que soy idiota por seguir todavía, después de trece años, pensando en esas palabras, así que puedes reírte todo lo que quieras.

—No eres idiota—Dijo poniendo la mano en la cabeza de la chica—Idiota ella por pensar que tú con lo sobreprotectora que eres podrías hacerle daño a tu hermano ¿y no le pegaste luego al suelo por hacerle daño a tu lindo hermanito?—Sonrió.

Sara se rió y por primera vez desde que había comenzado su relato lo miró. Ace en ese momento empezó a entender muchas cosas, esos dos hermanos no se parecían para nada y si eran de madres distintas todo empezaba a encajar en su cabeza, lo único que no podía creer es que después de todo, el mundo de esa chica y el suyo fueran tan parecidos, eran mundos crueles en los que solo sobrevivía el más fuerte. No eran mundos distintos, más bien mundos paralelos.

—¿Y tú qué?—Preguntó ella.

—¿Yo qué?

—Después de contarte mis penas ¿piensas que me quedaré tan contenta sin saber de tu vida?

—En verdad lo esperaba—Contestó.

—¿Y tus padres?

Por un momento pudo observar que la sonrisa que le había estado mostrando hasta el momento se desvanecía en la nada y su mirada se ensombrecía. Tal vez había metido la pata hasta el fondo y no debería haber preguntado, seguro que si fuera su hermano habría sabido que ese era un tema tabú pero siendo ella, de eso, no tenía ni idea.

—No tengo padres—Contestó secamente.

—Yo... lo siento, no sabía...

—No importa, mi padre ahora es barba blanca—Dijo con una sonrisa y volviéndole a revolver el pelo—Vete a dormir y recuerda que conmigo puedes quejarte señorita "soy una carga"

—Pero tampoco hace falta que...—Intentó decir totalmente sonrojada.

—¡Que seas más egoísta!—gritó

—Está bien, está bien ¡Qué agresivo!—Sonrió—¡Y déjame ya el pelo!

Ace la soltó y ella se fue directa a su cuarto sin mirar atrás mientras él apoyaba otra vez la espalda y la cabeza en la pared contemplando las estrellas en esa despejada noche de guardia.

Un par de horas después el relevo de uno de los hombres de su división llegó, supuso que serían las cuatro de la mañana o una hora parecida ya que los turnos de guardia eran de cinco horas. Llegó a su cuarto sorprendido de no haberse quedado dormido de pie o cualquier cosa así, ya que su narcolepsia era bastante inoportuna a veces. Al pasar el umbral de la puerta de la habitación creó un poco de fuego con su cuerpo para ver intentando que no fuera muy fuerte como para despertar a la chica, que como ya había imaginado se encontraba en la improvisación de hamaca que había hecho hacía una semana.

Un ruido salió de la hamaca y paró en seco, la chica todavía estaba dormida pero parecía que estaba teniendo una pesadilla, hacía tres días se había dado cuenta de eso, parecía que todos los días tenía pesadillas similares porque siempre le entendía lo mismo "no, dejadlo" "no le hagáis daño, solo es un niño".

No sabía el porqué de esos sueños, ni siquiera sabía a qué niño se refería, supuso que serían recuerdos con su hermano o cualquier cosa que de alguna manera la hubiera traumatizado, pero había descubierto una cosa bastante curiosa, si intentaba despertarla no podía, pero solo con tocarla se calmaba, así que repitió exactamente lo mismo que la noche anterior, acarició su mejilla con su pulgar y el rostro de ella comenzó a relajarse hasta que su respiración se volvió tranquila de nuevo.

Cuando vio que ya estaba totalmente calmada y tranquila la cogió y la llevó hasta la cama, como ya había hecho otras veces. Se sentó en el suelo durante un par de minutos en los que comprobó si la pesadilla seguía y simplemente se tumbó en la hamaca para hacer lo que había estado deseando todo el día, dormir profundamente.

.

.

Bien, y aquí está el capitulo 10, ¡espero que os guste! Mañana subiré el 11 ;)

¡Muchas gracias por los comentarios a LADI JUPITER y AlhenaWeasley por los comentarios de ayer!

Y me despido que hoy no me enrollo tanto jajaja ¡hasta mañana!

¡Nos leemos!

Helen Martinelli ;)