Nela: Querida, claro que te lo permito! Y siempre será un honor para mí tenerlos aquí, leyendo mi pequeño fic.

Chloe es muy compleja, sí (más de lo que se ve, pero eso lo iré desarrollando poco a poco), Shura cree ser sutil y en cuanto a Masky… bueno, es bien sabido que los psicópatas son genios y, aunque Killer trate más el aspecto humano y normal del Oscuro, no hay que olvidar que es un psicópata, jaja.

Camus me parece que es uno de los personajes más interesantes (siempre son los callados, no?) y haré mi mejor esfuerzo por analizarlo más. A ver qué sale P

A Saga lo dejo en paz por el bienestar de mi salud xD.

Y bueno, un besote, muchísimas gracias por seguir leyendo y espero que lo que sigue esté a la altura de tus expectativas.

Barbara-Maki: Sospechas! xD!! A Shaina no la queremos en este universo… pero quién sabe, en una de esas me invento otro en donde sí la aprecien, jejeje. Mil gracias!!

K!tTy: Es como una telenovela!! Nada más falta la madrastra malvada xD. Gracias por tu review, linda!

Diana Artemisa: Gracias!! Todos los Dorados son sensuales y tienen hormonas… el chiste es que las encuentren xD. Pero para eso estamos, no?

Y no nada más Chloe, sino todas las Amazonas han puesto su granito de arena para poner el Santuario patas para arriba y cambiarles drásticamente la vida a sus habitantes, cosa que nosotras solamente narramos como mejor podemos.

Acerca de Chloe y sus miedos y conflictos internos… eso lo iré trabajando poco a poco por el bien de la trama y mi salud mental, pero te prometo que se pondrá más interesante.

Un besote y mil gracias por seguir leyendo!!

Silence Messiah: Muchísimas gracias por tu review, preciosa! Me hace realmente muy feliz saber que estoy logrando mi cometido con Masky y Chloe y, por favor, si de repente ves que me extravío en el camino de Mary Sue, no dudes en decírmelo y lo corregiré de inmediato xD.

El romance con Shura es interesante, y te prometo que lo será más en los capítulos que vienen… empezando por este.

Muchas gracias por seguir leyendo y espero que te guste lo que viene tanto como a mí!

Pilla Doll: Acá está la continuación! Y sí, el pony debería morirse…

Navarhta: Ya somos 2 las que lo amamos! Masky es lo mejor. Y habrá venganza contra Saga, lo prometo, kuku. Gracias y un besote.

Shadir: Lo siento!! Ya arreglé el capítulo, mil gracias por avisarme. Y Shura no sabe lo que le espera, kukuku…

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Disclaimer: Me compré un CD de los Goo Goo Dolls y lo amo. Ese sí es mío!!

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CARPE NOCTEM

Pasaron semanas y, por suerte, Shura no había hecho nada que se le pareciera siquiera a otro "incidente", lo cuál me tenía muy tranquila.

Gracias a los intentos fallidos de Shaina por molestarme, me enteré que las Pruebas Vestales se acercaban y que, en la lista de invitadas principales, nos encontrábamos todas las Amazonas -excepto Ninah, quien se había regresado a Siberia-, por lo que me dediqué a entrenar más allá del límite humano.

Hasta que ya no soporté.

Desde aquél día en que se había abolido la ley de las máscaras, había tenido una real necesidad de ir con Saga y, de menos, dejarlo sordo. Pero no se había dado la oportunidad hasta que se apareció en el Coliseo mientras Marín y yo discutíamos acerca de la terquedad del género masculino.

La cosa fue más o menos como sigue:

Cuando Saga se dio cuenta de que las dos estábamos platicando de algo que no tenía nada que ver con el entrenamiento que, supuestamente, estábamos haciendo, se enojó.

- El hecho de que Athena les conceda un pequeño derecho no quiere decir que pueden pasearse por este lugar como si fueran amas y señoras -gruñó a nuestras espaldas-. Y si acaso pretenden que incidentes como éste sean pasados por alto…

- ¿Y qué piensas hacer al respecto -interrumpí, sin darle la cara-, ir con Athena y acusarnos como si estuviéramos en preescolar? Madura, Saga.

- Chloe… -escuché susurrar a Marín a modo de advertencia, para luego ponerse de pie-. Discúlpenos, Maestro, no volverá a repetirse. ¿No es cierto, Chloe?

- Deberías aprender más de Marín, niña -dijo el otro con tono burlón cuando no hice ningún esfuerzo por ponerme de pie-. Si sigues así, te meterás en más problemas de los que podrías contar.

- Y tú deberías de tener más cuidado, Santo -respondí, volteando la cabeza para verlo a los ojos-, si es que quieres que tu falta de respeto por las leyes de Athena no se haga pública.

Sin dejar que ninguno de los dos dijera otra palabra, me puse de pie, le dirigí una pequeña reverencia a Marín y me fui de ahí. Por lo menos había sacado un poquito de mi enojo, y la cara de ira que puso el peliazul valía toda la pena del mundo.

. : o : .

Cuando llegué a Capricornio esa tarde, encontré a un muy molesto Shura teniendo una conversación con un furioso Saga. ¿De qué hablaban? De mí, por supuesto.

- Chloe, siéntate -entonó Shura sin quitarle la mirada de encima a Saga-. Ya todos tuvimos suficiente de tu actitud cínica¿no crees?

- ¿Cínica¿Yo soy la cínica? -pregunté incrédula, después de haberme sentado frente a ellos.

- Y no sólo eso -continuó el otro como si yo no hubiera hablado-, sino que agarras de pasatiempo el meternos en cuantos problemas puedas sin importarte nada más.

- Shura, mira…

- ¡No! -gritó, golpeando la mesa con el puño-. Esta es la última vez que te brincas cualquier autoridad que no te parece. De ahora en adelante, obedecerás y serás humilde ante tus superiores¿te quedó bien claro?

El enojo de Shura era comprensible y hasta justificado, pero la cara de satisfacción mal disfrazada de Saga terminó por reventarme. Esto terminaría de una buena vez.

- Más que eso -susurré, entrecerrando los ojos y poniéndome de pie-. Todos ustedes se burlan de nosotras y nos tratan como se les da la gana sólo por que estamos bajo su tutela. Pero que quede claro que no son superiores. Son una bola de niños soberbios que no soportan la idea de que una mujer se acerque a reemplazarlos -di media vuelta y me dirigí hacia la entrada del Templo-. Pero eso va a cambiar, empezando por ti, Santo de Géminis.

Seguí caminando sin ver si me seguían, y, siendo honesta, no podía importarme menos. De Saga podía esperarme cualquier cosa, pero nunca creí que algo así llegase a pasar con Shura, y mucho menos después de haberme tirado los perros como lo había hecho.

Pero, realmente¿qué podía esperar? Los hombres son criaturas extrañas, incapaces de descifrar, que tienden a ponerse del lado más conveniente en el momento oportuno.

Aún así, hubiera dolido menos si Shura hubiera escuchado siquiera la versión completa de los hechos. Porque estoy segura de que Saga sólo le dijo lo que le pareció.

Para cuando levanté la mirada, me encontraba frente a la puerta principal. Levanté la mano para golpearla, pero me detuve. Si seguía con mi plan original, todo a lo que estaba apegada ahora, todo lo que me permití disfrutar y todo lo que había aprendido a querer se iría por la coladera.

'Pero, si no…'

Golpeé la puerta un par de veces y, después de unos momentos, me recibieron aquéllos ojos tan llenos de serenidad y compasión de Shion. Para mi vergüenza, tuve que sacar fuerza de mi enojo para poder hablar.

- Señor, vengo a ver a Athena…

. : o : .

Permanecí hincada frente al trono papal un poco más de 15 minutos, esperando a que Shion regresara para avisarme si Athena me recibiría o no, y mientras trataba de ganar un poquito de terreno en cuanto a compostura, reflexioné ante la situación.

Lo que le pediría a Athena rayaba en el descaro; no llevaba ni un año en el Santuario y ya había pasado por 3 Maestros e incontables problemas, pero la única manera de solucionarlo era regresar a donde pertenecía.

¿No?

- Chloe… -levanté la mirada para encontrar a Shion sentándose en el trono-. Athena ha decidido que yo me haga cargo de la situación.

- Oui, Monsieur.

- ¿Estás segura de que esto es lo que quieres? Antes de que respondas, deberás saber que, debido a tu historial en el Santuario, Athena ha resuelto, en su gran sabiduría, que esta sea la última oportunidad que se te da. Después de lo que se concluya hoy, no tendrás más opción.

- Estoy consciente de eso, Señor, pero mi decisión está tomada.

- Yo sé -murmuró el Patriarca con un suspiro-, y créeme que comprendo perfectamente que esta no sea una situación fácil para ti, pero te sacamos de ese Templo por una buena razón.

- Lo entiendo, Señor, y agradezco de todo corazón el cuidado que me han procurado

-cerré los ojos, para no perder la voz de nuevo-, pero después de pasar tiempo en Capricornio, me doy cuenta de que, aunque Shura es un gran Maestro, yo pertenezco a otro lugar.

- De acuerdo -suspiró Shion después de unos minutos. Luego, para sorpresa mía, se levantó del trono y se paró frente a mí-. Pero quiero que tengas presente algo muy importante: si algo llegase a ocurrir, lo que sea, siempre puedes acudir tanto a nuestra Señora Athena como a mí.

- Gracias, Señor… -susurré con la cabeza agachada y una pequeña sonrisa, aferrándome a todo lo que tenía para no llorar.

. : o : .

Llegué a Capricornio ya entrada la noche, después de haber hecho una pequeña escala en el comedor para ver qué se me antojaba. Pero, cuando entré, la escena que me recibió era lo que menos me esperaba.

Caminé, abriéndome paso por entre los varios pedazos de madera que, según supongo, solían ser sillas, hasta llegar a mi habitación. Como siempre, estaba vacía, a excepción de los 5 artículos que había llevado conmigo.

Sin pensarlo demasiado, comencé a guardar mis cosas. De camino había tenido suficiente tiempo como para controlarme y tragarme el nudo que tenía en la garganta. Ya después encontraría la oportunidad de sacarlo de alguna manera… con suerte… ojala.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo? -preguntó Shura desde la puerta de la habitación, casi provocándome un paro cardíaco.

- Estoy desarrollando la cura contra el cáncer¿no es obvio? -musité sin levantar la mirada de lo que estaba haciendo. Realmente, Shura era la última persona con la que quería tratar en ese preciso instante.

- Chloe… -le escuché murmurar, pero seguí con mi plan de desconocerlo. Y todo iba bien, hasta que se paró frente a mí y me tomó del brazo-. Chloe, no me ignores.

- Interesante petición, viniendo de ti -susurré molesta, mirándolo directo a los ojos.

- No entiendes lo difícil que fue para mí tener que darle la razón a Saga -respondió, soltando mi brazo.

- No, no entiendo y no, no tenías que darle la razón a ese imbécil -dije en voz baja, resumiendo lo que estaba haciendo-. Pudiste haber escuchado todo lo que pasó en lugar de sólo la versión diluida.

- Está bien¿qué fue lo que pasó?

- ¿Ahora sí te interesa? -levanté una ceja-. Pasó que tu amiguito ignoró la ley de las máscaras cuando todavía existía. Pasó que, ahora que ya no puedo matarlo por haberme visto la cara cuando lo tenía prohibido, decidí que pisotear su ego sería apropiado -murmuré, doblando una camiseta y metiéndola a la mochila-. Eso fue lo que pasó. Ahora, con tu permiso -continué, poniendo mi mochila al hombro-, me tengo que ir.

- Ya basta, Chloe -gruñó el otro, tomando mi brazo yet again-. Sabes bien que tienes prohibido irte sin el permiso del Patriarca.

- Ese lo tengo -contesté con la sonrisa más falsa que haya tenido que fingir.

- ¿Y ahora qué -preguntó, subiendo el tono de voz y dejándome ir-, te irás quién sabe a dónde y tirarás todo lo que has logrado a la basura?

- Au contraire, Shura. Seguiré entrenando en Cáncer -respondí, caminando hacia la entrada del Templo.

Corrí lo más rápido que pude, pero sólo alcancé a llegar a las afueras del Templo de Virgo y para cuando pude abrir los ojos, tenía la vista nublada.

- Por lo menos ya sabes lo que sientes por él -susurré.

Pudo haber sido poco el tiempo que pasé con él, pero Shura realmente era una persona extraordinaria y, a decir verdad, estuve muy cerca de arrepentirme y quedarme en Capricornio.

Tuve que apretar la mandíbula para contener aquel molesto nudo que tenía hacía horas. Estaba convencida de que la decisión que había tomado era necesaria, no sólo para mí, sino para él también. Puedo ser distraída, pero se notaba a leguas que Shura ya había tenido más de un conflicto con Zelha por sus problemas emocionales.

Después de un par de respiraciones profundas, resumí mi camino hacia Cáncer.

- Es curioso -resonó la voz de Su Oscuridad una vez que llegué al cuarto Templo- cómo, no importa qué pase, siempre terminas regresando a tu hogar¿no crees?

Dejé la mochila en el suelo y crucé los brazos, pacientemente esperando a que el otro terminara con su acto de intimidación.

- Pero, al fin y al cabo, a mí me interesan más los motivos -continuó, saliendo de detrás de una columna y caminando en círculo alrededor de mí, a modo de acecho-. Anda, cuéntame… ¿Problemas en el paraíso¿O acaso me extrañaste, mi niña?

- Montones -bufé, harta y cansada. Ya era suficiente desgaste el tener que lidiar con Shura y Saga como para también tener que soportar al torcido mental.

- Hace unas horas, Shion me mandó llamar -dijo el otro a modo de conversación, dejando de actuar como buitre del mal y recargándose en una columna a mi derecha-, para informarme que vendrías. Así que dime¿qué quieres?

- Quiero que me entrenes para las Pruebas Vestales -contesté, mirando directo en sus ojos y, por la manera en que sonrió, pude darme cuenta de que le divertía el no poder intimidarme como a todos los demás.

- ¿Shura no es lo suficientemente bueno para ti? -preguntó, levantando una ceja y sonriendo torcidamente.

- Eso no te importa -gruñí de vuelta.

- De acuerdo -consintió por fin, después de unos momentos de incómodo silencio, su voz adquiriendo una seriedad aterradora-. Pero quiero que sepas que esta vez no te será tan fácil. Te entrenaré para ganar, sin importar el precio.

- Très bien -susurré, sintiendo de pronto como si le hubiera vendido mi alma al diablo.

Ni bien terminamos de ponernos de acuerdo, el Cangrejo me envió a dormir con el argumento de que necesitaría todas mis fuerzas para entrenar, pero por más que lo intenté, no pude conciliar el sueño.

La mayor parte de la noche la pasé acostada en la cama, con los ojos fijos en el techo y la mente dando círculos incongruentes. ¿Qué hubiera pasado si hubiera mantenido mi bocota cerrada, si me hubiera quedado en Capricornio, si hubiera decidido largarme de una buena vez de este lugar…?

'El "hubiera" no existe.'

Furiosa, apreté las manos y sentí cómo mis uñas se encajaban en las palmas, haciendo pequeños cortes en forma de media luna. Estaba sufriendo en vano, y todo por enamorarme de un incompetente emocional. Ridículo.

Harta, me puse de pie y salí de la habitación, en busca del stash secreto de grappa que el Oscuro escondía detrás de un bloque suelto, justo a un lado de su cama.

Parfait.

Con todo cuidado, abrí la puerta de su habitación y asomé un ojo, sólo para encontrar que estaba vacía y, después de asegurarme de que, en efecto, estaba vacía, proseguí a remover dicho bloque de mármol y sacar una botella medio llena.

No contaría con todas mis fuerzas para el entrenamiento, pero estaría muy relajada.

Con un suspiro, me recargué contra la pared, me empiné la botella, sintiendo de inmediato cómo el alcohol quemaba todo por dentro y estudié la habitación con detenimiento. Estaba vacía a excepción de la cama, una silla de madera y yo y, curiosamente, no estaba decorada con personas.

Menos angustiada, me dediqué a observar la palma de mi mano y las minúsculas heridas que tenía, ya todas comenzando a cicatrizar. Era chistoso cómo el dolor físico no significaba nada cuando lo que en realidad dolía se encontraba adentro.

- Esta es una escena interesante -rió Masque de Mort desde la puerta-. Ahora, si no te molesta¿podrías explicarme qué demonios haces aquí a esta hora?

A decir verdad, su oportuna interrupción no me había sorprendido. Hacía meses había notado que los lamentos dentro de la Casa desaparecían cuando él pasaba por ahí. Los espíritus atrapados todavía se aterraban de él, aún después de muertos…

- Estoy tomando -murmuré, dándole otro trago a la botella y frunciendo el ceño-. Pensé que era algo obvio.

- ¿Nerviosa por lo que te espera? -preguntó divertido, cruzando los brazos.

- No.

- ¿Entonces? -volvió a preguntar, esta vez sin tono de burla. Cuando no respondí, el otro salió de su postura amenazante y se sentó junto a mí-. Dime qué te pasa, Chloe.

- No eres mi confesor -respondí a media voz, levantando la botella para darle otro trago, acción que interrumpió el Cangrejo al quitarme dicha botella.

- Soy tu Maestro y te di una orden -dijo con voz firme, haciéndome desear con toda mi alma que las miradas mataran.

- Son problemas emocionales femeninos que jamás podrás entender -gruñí, arrebatándole la botella.

- Haz el intento -susurró, deteniendo mi brazo antes de que pudiera hacer nada.

- Es tonto, de hecho -suspiré, un poco mareada-. Todo es culpa de Saga… Ese imbécil no sabe cuándo dejar de actuar como un desgraciado. Me provoca matarlo lenta y dolorosamente.

- Ya veo… -murmuró el otro, mientras yo terminaba de beber lo que quedaba en la botella-. Ese es tu problema; sinceramente, yo no te creo capaz de hacerlo.

- ¿Ah, no? -pregunté molesta.

- Hay una gran diferencia en pensar en matar a alguien y realmente matar a alguien -explicó, mirándome directo a los ojos-. Te darás cuenta de eso cuando la situación lo amerite y será tu perdición.

- Ahórrate el discurso -bufé-, el entrenamiento empieza hasta mañana.

- Cambio de planes -anunció, poniéndose de pie-. Ya que no puedes dormir, empezaremos ya.

Desganada, lo observé dirigirse hacia la puerta, no sin antes tomar un paquete que había colocado sobre la silla unos minutos antes y aventármelo para después salir de la habitación sin mirar atrás.

Tras examinar el paquete con la mente en blanco, lo abrí. ¿Su contenido? Ropa.

Así que eso era lo que estaba haciendo en lugar de dormir… Intrigada, volteé la mirada hacia abajo; lo que traía puesto sólo se podía describir como "harapos".

Sutil.

De vuelta en mi habitación y cambiada de ropa, me observé en el espejo. El atuendo no tenía nada de especial, a decir verdad; pantalones, una camiseta que sólo tenía la manga derecha larga y guantes, todo negro. Lo que me sorprendió fue el hecho de que Su Oscuridad lo hubiera conseguido.

Ese hombre era extraño y bizarro y necesitaba urgentemente un exorcista/psiquiatra pero, contrario a la opinión popular, no era una mala persona. Al menos no por completo.

- ¿Lista? -me preguntó Masque de Mort con una amplia sonrisa, a lo que asentí-. Bien.

Antes de que pudiera registrar lo que había pasado, el Templo de Cáncer se disolvió y una brisa helada me anunció que nos encontrábamos en el Yomotsu.

- Como te dije antes -resonó la voz del Cangrejo alrededor de mí, aunque nos encontrábamos frente a frente-, este entrenamiento no será sencillo. Te volveré un arma, Chloe, pero deberás obedecerme al pie de la letra.

- Está bien… -susurré, un poco nerviosa.

Con una carcajada, Masque de Mort levantó los brazos y varias sombras se levantaron del suelo, sujetándome con fuerza.

- Quieta -ordenó el otro cuando traté de zafarme-. Son por tu bien.

Inmediatamente dejé de luchar y fruncí el ceño, logrando que el Oscuro soltara otra carcajada. Extrañada, estuve a punto de discutir, cuando comenzó a desarrollarse una escena frente a mí.

Una mujer que no reconocí, con un recién nacido en brazos, se deslizaba por las calles de Fontainebleu, siempre cuidadosa de permanecer oculta de la poca luz que había, constantemente mirando sobre su hombro.

Cuando llegó a un callejón, la pelirroja se aseguró por enésima vez de que se encontrara sola y dejó al bebé en el pavimento sin titubear. Con un suspiro de alivio y sin mirar atrás, la joven desapareció en las sombras de la noche.

- ¿Se te hace familiar? -susurró Masque de Mort en mi oído, logrando que mis ojos se llenaran de lágrimas.

Toda mi vida creí que mis padres habían muerto en un accidente y, por extraño que parezca, esa idea me ayudó a salir adelante por mucho tiempo…

- ¿Qué pretendes con esto -pregunté, haciendo mi mejor esfuerzo por tragarme el nudo que tenía en la garganta-, deprimirme?

- Claro que no -susurró de nuevo, rodeando mi cuello con su mano-. Para saber a dónde vamos, necesitamos saber de dónde venimos. Esto que ves -murmuró, mientras un recuerdo de mi infancia en el orfanato se manifestaba frente a mí- tienes que dejarlo atrás. Todo es una mentira.

En contra de mi voluntad, varias lágrimas cayeron al suelo cuando la escena cambió, mostrándome esta vez a mi hermana.

- Basta -murmuré, sin tratar de enmascarar mi tristeza, logrando que la mano que tenía en el cuello se cerrara más, impidiéndome dejar de mirar.

Resignada, observé con detenimiento.

Era yo. Estaba en un mercado, robando algunas joyas, cuando los dueños del local me descubrieron. Cuando me di cuenta, corrí lo más rápido que pude, tratando de llegar al campamento pero era demasiado pequeña como para huir lo suficientemente rápido.

Ellos también eran criminales, sólo que mucho más peligrosos que yo.

Audrey escuchó mis gritos cuando comenzaron a atacarme y no pudo evitar ir y tratar de sacarme de ahí.

La mataron enfrente de mí.

- Tú eres la responsable de lo que le pasó a esa mujer -dijo el otro, nada en su voz que indicara algún tipo de juicio-. Nunca lo olvides.

- ¡Nunca he podido olvidarlo! -grité furiosa, forcejeando para soltarme-. Desde ese día he tenido que vivir con el pecado de haber matado a la única persona que jamás me quiso, así que no te atrevas a decirme qué hacer al respecto. ¡No eres nadie y no entiendes nada!

Sin verlo, Masque de Mort me asestó un golpe en el estómago, sacando todo el aire que tenía.

- Silencio -enunció a media voz-. Estás aquí para aprender.

Con un movimiento de su mano, el Oscuro me liberó y caí al suelo de rodillas, sin fuerza para levantarme.

- Tu primera lección, Chloe, será enfrentar tus pecados.

Lentamente, subí la mirada sólo para descubrir que me encontraba viendo directamente en mis ojos. Frunciendo el ceño, me puse de pie y examiné lo que tenía enfrente.

Era una réplica de mí misma.

- Si realmente pretendes lograr algo en este lugar, primero tendrás que hacerte frente -se escuchó la voz de Masque de Mort resonar desde cada rincón del Infierno.

Inquieta, miré a todas partes. Se había ido, dejándome sola.

- No va a regresar -murmuró la otra.

- Silencio…

- Ambas sabemos que no puedes hacer esto -continuó, sus ojos llenos de lágrimas-. Moriremos aquí.

- Que te calles -la amenacé, sintiendo como si millones de hormigas me caminaran por debajo de la piel.

Desde aquél día, había hecho un gran esfuerzo por siquiera verme en el espejo y no acabar con lo que veía. Y ahora, lo que más odiaba tenía voz.

- ¿Qué piensas hacer? -preguntó, caminando hacia mí.

- ¡Te dije que te callaras! -grité, lanzándome hacia ella.

Con todo lo que tenía, apreté su cuello, sintiendo cómo el latido de su corazón se hacía más rápido y su respiración más agitada. Tan frágil…

Sin poder detenerme, miré directamente en sus ojos; apenas se podían distinguir las pupilas por la falta de luz, pero lo que me dejó fría fue su mirada. Estaba realmente aterrada de mí.

Como Audrey lo había estado de ellos…

De pronto, toda la fuerza que tenía me abandonó, dándole oportunidad a mi réplica de escapar, pero cuando creí que me atacaría de regreso, me di cuenta de que estaba inconsciente.

Sintiendo un espantoso vacío, me senté a su lado y observé con detenimiento mis manos.

. : o : .

Pasaron varias horas antes de que mi otra yo recuperara el conocimiento y, cuando lo hizo, su reacción, aunque natural y justificada, me partió el corazón.

Se alejó lo más que pudo de mí.

Mientras esperaba a que despertara, caí en cuenta de que esta réplica mía no era exactamente yo. De serlo, hubiera reaccionado de igual manera y nos hubiéramos matado la una a la otra.

No, ella era diferente. Su mirada no era cínica, sino transparente.

- Te pido que me disculpes -murmuré, sin saber realmente qué decir-. Por favor.

- Está bien… -contestó confundida después de unos minutos, sin saber bien si estaba siendo sincera con ella.

Una vez que se dio cuenta de que no le haría nada, se sentó junto a mí y pasamos un largo rato en silencio, ella muerta de miedo y yo sin voz.

- Para ser honesta, no sé qué decir -murmuré, con la mirada fija en el espacio.

- No tienes que decir nada -susurró ella de vuelta, su voz llena de lástima-. Si hay alguien que te conoce perfectamente, esa soy yo.

- He cometido tantos errores que ya perdí la cuenta -continué, tratando de no perder la voz de nuevo-, y nadie lo sabe mas que tú. Creo que es por eso que no soporto…

- Lo sé -susurró de nuevo.

- Discúlpame…

- Ya lo hice¿recuerdas? -respondió con tono juguetón-. Vamos, deja de sentir lástima por ti misma. Tenemos cosas más importantes que hacer.

- Shura tenía razón -murmuré con una diminuta sonrisa-, no puedo tomar nada en serio. ¿Qué cosas tenemos que hacer?

- Bueno -comenzó, apoyándose en sus manos y echándose hacia atrás-, podemos quedarnos aquí y pudrirnos en este infierno, o podemos tratar de salir.

- ¿Y cómo hacemos eso? -pregunté de vuelta, imitando su postura-. Dudo que el imbécil este nos deje salir tan fácilmente.

- Como se pueda -susurró, sus ojos brillando con determinación-. ¿O acaso le ibas a pedir permiso?

- Sería la primera vez -reí.

- No podemos seguir peleadas, Chloe. Si queremos seguir viviendo, tenemos que dejar todo esto atrás -dijo, con los ojos cerrados-. Ya tendremos tiempo después para sentirnos miserables por lo que no podemos remediar. Mientras tanto, tenemos que seguir luchando.

Mi hermana una vez me había dicho que en este mundo hay que luchar para ganarse el derecho a vivir y, estudiando a mi réplica, me di cuenta de lo mucho que se parecía a ella. En sus ojos podía ver a alguien que estaba dispuesta a pelear y morir por ese derecho junto a mí.

Con una sonrisa amarga, me pregunté si acaso ella podía ver lo mismo en mí.

- De acuerdo -enuncié, poniéndome de pie-. Salgamos de este espantoso lugar.

- ¡Por fin! -gritó feliz, parándose de un brinco.

Con una determinación que no había sentido antes, abrí los brazos y comencé a juntar mi cosmo, mi clon imitándome y, mirándola de reojo, sonreí. No importaba lo que me costara, ella vería lo mismo.

La única manera de salir del Yomotsu era tener completo control sobre sus puertas, cosa que tenía Masque de Mort. Lo que tenía yo que hacer era quitárselo.

Si tan sólo fuera tan fácil…

El Yomotsu fue iluminándose con un brillante resplandor morado al tiempo que yo invocaba todo el poder que tenía, pero el control que tenía el Cangrejo del Mal era demasiado. Pronto, me di cuenta de que no sería suficiente y, sin perder la concentración, comencé a cruzar todos los límites que tenía.

Para mi sorpresa, varias luces que se encontraban alrededor mío comenzaron a unírseme, logrando que mi poder incrementara considerablemente, mientras que, en el Templo de Cáncer, varios de los rostros que adornaban las paredes comenzaron a desaparecer.

Volví a desviar la mirada hacia mi costado, sólo para darme cuenta que me encontraba de nuevo sola y sonreí. Había pasado la prueba.

Poco a poco, el Yomotsu comenzó a disolverse, aún sin desaparecer por completo. Harta, cerré los ojos con fuerza y grité con todo lo que tenía, logrando que el resplandor morado fuera adquiriendo tintes dorados.

Una brisa cálida me golpeó de pronto y volví a abrir los ojos, reconociendo inmediatamente los pilares del Cuarto Templo. Satisfecha, bajé los brazos y suspiré profundamente cuando de pronto sentí que el suelo se me movía.

Caí sin sentir el golpe y lo último que pude ver antes de perder el conocimiento fue la silueta de Shura de Capricornio frente a mí.