Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 8: Fresas
Día 4.
Mis ojos se resistían a abrirse aunque ya llevara varios minutos despierta. Las caricias de Edward sobre mi espalda me estaban dejando un sinfín de escalofríos y sensaciones más que placenteras, pero estaba terriblemente agotada, este hombre era insaciable y yo aún no me había recuperado de la maratón de la noche anterior. ¿Quién en su sano juicio deja que le hagan el amor 9 veces en doce horas? No, esa no era la pregunta correcta porque nada más verlo cualquiera se prestaría. ¿Qué mujer recién desvirgada deja que le hagan el amor 9 veces en 12 horas?
Si, estaba loca, pero satisfechamente loca. De lo que estaba segura es que si quería descansar debía seguir manteniendo los ojos cerrados si no quería comenzar de nuevo otra ronda.
Aún así, él sabía que estaba perfectamente despierta. Y yo sabía que él sabía que estaba completamente despierta, pero teníamos una pequeña lucha para ver quién cedía primero en sus intentos.
Sus dedos se deslizaron hacia arriba y hacia abajo por mi columna vertebral. Luego se dirigieron a mis costados y tuve que ahogar las ganas de reír por las cosquillas. Él se dio cuenta y empezó a insistir ahí y yo- pobre de mí- se dio cuenta, se rió suavemente e insistió en esa zona, haciéndome perder el control y teniendo que retorcerme en medio de mis carcajadas para que me dejara en paz. Una vez que paró me atrajo hacia sí con su brazo izquierdo y me dio un beso en la frente.
― Buenos días―dijo feliz.
― Uhmm…
―Vamos, ¿cuándo piensas abrir los ojos?
―Cuando descanse lo suficiente. Vuelve dentro de un par de horas―murmuré.
Edward soltó una ronca risa.
―Tienes muy poco aguante.
―Lo siento, soy humana.
―Pero una humana con muy poco aguante―pude notar que seguía sonriendo a través de su voz.
Sabía lo que estaba intentando y quizás hace un par de horas hubiera funcionado, pero por muy vampiro sexy que fuese, si estaba agotada, estaba agotada.
―Bella…―ronroneó en mi oído.
No contesté.
―Bella…
Tisk.
― ¿Qué quieres?
― ¿Sabes que estás hecha una fiera?
―A vacilar se va al parque.
Edward volvió a reír. Genial, me estaba convirtiendo en la bufona real de la corte. Si es que esa palabra existe.
―Lo digo enserio…
―Y yo te digo enserio que estoy exhausta Edward―le imploré―mi cuerpo ya no aguanta otra ronda más, ¡lo juro!—abrí los ojos suplicante.
Él sonrió al mismo tiempo que fruncía el ceño.
―Solo buscaba que abrieras los ojos, pero me haces sentir como un violador.
Bufé.
―Violador no porque no me obligas―me seduces al caso viene a ser del mismo estilo―pero busca algo que sea terriblemente insaciable y acertarás.
Él se quedó pensativo por varios segundos antes de contestar. Me miró a los labios y me los acarició con el pulgar tiernamente.
― ¿Sabes… que estoy loco por ti mi pequeña humana?
Aquello sí que fue una sorpresa, abrí los ojos desmesuradamente y lo vi hablándome con toda la seriedad del mundo. Mi corazón latió desbocadamente y un ligero jadeo salió de mis labios. Edward presionó sus labios contra los míos sin dejar de mirarme. Y luego otra vez y otra vez. Yo involuntariamente rodeé su pierna con las mías, dejando su muslo en una posición muy cercana a mi maraña de nervios. Sus manos se deslizaron por mis caderas y mis muslos con la suavidad de la seda, me hacía sentir hermosa, me hacía sentir viva.
Se colocó encima de mí y volvió a besarme, esa vez con más pasión, mordiendo mis labios y lamiendo las comisuras de estos. Luego descendió por la clavícula y el centro de mi pecho, puso sus manos sobre mis senos y luego continuó su recorrido hasta mi ombligo mientras me masajeaba. Yo ya estaba delirando de nuevo, pero entonces un ligero y extraño sonido me sacó de mi ensimismarían. Edward gruñó, pero no le hizo mucho caso. Volvió a sonar, como si en la habitación de al lado hubiéramos encerrado a varios animales fieros y se estuvieran peleando entre ellos. Otra vez. Entonces Edward levantó la cabeza y me miró burlón pero ligeramente molesto.
― ¿Qué tienes aquí dentro?―murmuró dándome un beso en el estómago―parece el rugido de un león.
Me sonrojé sin poder evitarlo. Entonces me di cuenta de que hacía doce horas que no comía nada. ¿Cómo era posible que me olvidara de algo tan importante como la comida? ¿Y qué hora era?
― ¿Entiendes ahora cuando te decía que no eras un violador pero sí algo parecido?
Edward se echó a reír pero no prosiguió con su oleada de besos, aunque para ese entonces y a pesar del cansancio, estaba más que dispuesta.
― La humana tiene que alimentarse―sonrió. Adoraba su sonrisa, era como un brillante sol en medio de la oscuridad, un sol irresistible y con un poder de atracción que iba más allá de la propia consciencia humana.
Se levantó y se fue hasta el armario para traer dos batas negras. Me tendió una.
―Vamos a ver que te ponemos para desayunar.
Nada más poner los pies en el suelo sentí como me fallaban las fuerzas y me tambaleé. Entonces en un abrir y cerrar de ojos me encontró acunada contra el pecho de mi amante mientras este me mantenía cogida como a un bebé. Su rostro mostraba cierto atisbo de culpabilidad, pero su sonrisa era feliz.
―Eso, regodéate en tu propia obra señor insaciable.
Él se carcajeó antes de sacarme de la habitación.
Subimos las escaleras y, una vez en el comedor, me sentó en la silla del extremo de la gran mesa y me soltó un beso en los labios.
―Voy por algo de comer―y antes de que pudiera siquiera parpadear ya había desaparecido.
No tuve que esperar mucho, a los dos minutos ya venía con una taza de leche caliente, café fruta y tostadas con varios tipos de mermelada, paté y mantequilla. Puse mi mejor cara de póquer. Él me miró avergonzado.
―Es que como no sabía qué era lo que te podía gustar, te traje de todo. Ahora tú eliges.
― ¿De dónde sacas todo esto si tu no…?
―Hay cosas que es mejor que no sepas―puso un dedo en mis labios, pero su mirada era suplicante. Decidí que lo mejor era no hacer preguntas y disfrutar del momento. Bendito Carpe Diem.
Ya que tenía toda esa comida delante de mí no iba a desperdiciarle y me di cuenta de que más que hambre, estaba famélica. ¿Tanta energía podía gastar una noche entera de sexo? Mira tú por dónde.
Durante los siguientes minutos seguí tragando para abajo sin preocuparme de posibles calorías ni nada por el estilo. Si quería rendir como amante tenía que estar 100% alimentada. Edward no me quitó los ojos de encima desde que empecé a comer, miraba como agarraba la comida y me la metía en la boca, luego como masticaba y reanudaba el ciclo. Percibí una cierta fascinación en su mirada.
―¿Qué tanto miras?—sugerí.
Él pareció salir de su ensimismamiento.
―No… nada―dijo apartando la mirada.
Ahora sí que iba a empezar a divertirme. Puse mi mejor cara de cachorro.
―Vamos dime―susurré con voz dulce.
Él masculló algo así como "tantos años con el duende y viene a afectarme ahora…" o algo por el estilo pero decidí no darle importancia. Agarré una fresa del cesto y me lo llevé a los labios mientras lo miraba. Edward no había podido evitar desviar su mirada hacia mi boca mientras lo hacía, pero se giró de nuevo y se revolvió el pelo. Aún así creo que lo distraía el sonido de la fresa siendo masticada en mi boca.
Durante toda la noche había sido testigo de la agudeza del oído de Edward, ya que había sido capaz de escuchar cosas que me hicieron sonrojar y que en la vida había pensado que se pudieran oír. Lo dejo a vuestra imaginación.
Agarré una segunda fresa y la mordí. Ya estaba llena, pero con tal de averiguar el porqué de su acción, me comería hasta los platos que estaban encima de la mesa. Ya era hora de que encontrara la manera de tener un poco de ventaja.
―Bella…―gruñó un poco, pero no me asustó.
―¿Qué?
―No hagas eso.
―¿El qué?
―Ya sabes el qué.
-No , no lo sé.
Edward me miró con mala cara, pero al ver que volvía a meterme otro trozo de fresa en la boca se giró de nuevo. Sin embargo, la siguiente vez noté que algo cambiaba en su postura, se puso rígido e incluso percibí un ligero gruñido desde el fondo de su pecho. Entonces más rápido que un rayo, sentí mi espalda contra algo duro y lo vi encima de mí con una expresión feroz.
―Te dije que no lo hicieras―y dicho esto estampó sus labios a los míos con una fiereza impresionante, como si ahora el hambriento fuera él. Me devoró los labios y sin siquiera darme cuenta mi lengua ya era prisionera de la suya. Sus manos apartaron la bata sin desabrocharla por la parte de abajo y se dedicó a masajearme los muslos con fuerza, pero sin llegar a hacer daño. Luego fueron subiendo hasta llegar a mi intimidad descubierta―la regla se me había marchado hacía unas cuantas horas, de ahí que me diera un pequeño descanso―, pasó su dedo índice por toda la extensión de mi clítoris haciéndome estremecer pero no se paró ahí sino que continuó subiendo hasta despojarme completamente de la bata negra. Vi de reojo que tenía sus caderas entre mis piernas pero él seguía de pie. ¿Me había puesto encima de la mesa? Giré la cabeza hacia otro lado. Sí, estaba encima de la mesa. Pero ya no pude seguir pensando porque su boca atrapó la mía en un beso profundo y ardiente. Sus pulgares se dirigieron hacia mis braguitas y, una vez me las quitó, me acarició a consciencia el núcleo de mis nervios, mientras mis gemidos se perdían a través de sus labios. Al poco tiempo lo sentí en mi entrada y antes de un suspiro ya estaba dentro de mí. Grité y no precisamente de dolor. Sus embestidas desde un principio fueron rápidas y certeras, como la de los animales en celo. Su boca no quiso abandonar la mía en ningún momento y a mi me faltaba el aire para poder gritar y liberar por algún lado la tensión entre mis piernas. Una tensión tan placentera que pensé que me iba a desmayar. La velocidad fue en aumento y hubo cierta ocasión antes de llegar al orgasmo en que creí que hacía rato que esa velocidad había dejado de estar asequible para los humanos. Pensé por un instante en lo difícil que debía ser para el controlar sus movimientos para no matarme de una embestida y lo amé aún más por ello. Pronto terminé y el grito que solté arraigado desde lo más profundo de mi garganta retumbo por las paredes y probablemente en toda l montaña. Edward acabó un par de embestidas después. Me miró con los ojos brillantes.
―Ya te dije que no hicieras eso.
―Todavía no comprendo el qué―murmuré sin aliento aún con los ojos cerrados. Lo sentí salir de mí. Luego noté algo frío que me rozaba el clítoris y abrí los ojos de la sorpresa. Me encontré a Edward mirándome con una fresa en la mano mirándome pícaramente. Luego para mi sorpresa le dio un sabroso mordisco.
―Tú has… acabas de… en mi…―no era capaz de articular ninguna frase correcta después de lo que acababa de ver. Sus labios moviéndose a la hora de masticar me distraían sin remedio.
―Sí.
Solté un fuerte gemido. Si suena vergonzoso, pero ver a Edward masticar mientras me miraba y más cuando sabía que había aderezado la fresa con… volví a gemir y sacudí mis caderas para pegarlas a las suyas. Dios, me había vuelto loca.
― Sí, se lo que se siente―dijo tan campante.
―Pero yo no te…
―Para un hombre, lo más erótico que puede haber aparte de ver a su mujer desnuda o con ligas es… verla masticar, y más cuando te mira. Es la insinuación más obscena que te he visto hacer nunca.
―Pero yo no estaba…
―Shh―me silenció poniéndome la fresa en la boca―ya lo sabes para la próxima vez.
Me ayudó a incorporarme sobre la mesa, pero no me dejó bajarme. Por el contrario, me hizo rodearle las caderas desnudas mientras se presionaba contra mí. Noté que volvía a cobrar vida mientras me masajeaba los músculos y me besaba el cuello.
― ¿Crees que ya has repuesto suficientes fuerzas, mi querida humana?
―Mmm, no lo sé. El caso es que me está entrando hambre.
Edward gimió contra mi piel.
― Y depende de ti de qué.
Soltó un sonido parecido a un rugido y me volvió a besar. Me aparté como pude y me reí.
―¡Eres increíble!
―Soy un avaro, lo admito, pero pienso aprovechar cada minuto que esté aquí contigo.
Intentó volver a distraerme mientras me mordía el cuello.
―Mmm… ¿no era que no podías comer comida humana?
―Nunca dije que no pudiera. Dije que no comía.
―Pero…
―Es como comer tierra, pero extrañamente, comer tierra mezclado con tu sabor no ha sido tan malo.
―Vaya gracias…―dije sin saber cómo tomármelo.
―Bueno, tu procura que no me vuelva adicto a este sabor―digo acariciando nuevamente mi clítoris con su pulgar y llevándoselo a los labios―tisk, creo que es un poco tarde―me miró pícaro y con lascivia.
―No irás a…
Me empujó con suavidad de vuelta contra la mesa y lo vi descender entre beso y beso hasta mi intimidad. Dio un suave beso antes de ver como su lengua asomaba entre sus labios.
―¡OH DIOS!
.
.
.
HOLA CHICAS¡
SIENTO LA TARDANZA, ENTRE EXAMENES Y TRABAJOS NO ME HA DADO TIEMPO DE NADA Y... BUF ESTOY HASTA ARRIBA Y HE APROVECHADO QUE ESTOY CON UNA SEMANA DE VACACIONES PARA RENOVAR AUNQUE ESTOY QUE NO PARO DE ESTUDIAR POR LA CANTIDAD DE EXAMENES QUE SE ME PRESENTAN LA SEMANA QUE VIENE¡
SE QUE ES UN POCO CORTO, PERO HE TENIDO QUE HACER MALABARES PARA ESCRIBIRLO Y HE INTENTANDO HACERLO LO MAS APETECIBLE POSIBLE EN 6 PÁGINAS. PROMETO QUE EN CUANTO SALGA DE ESTE POZO EN EL QUE ESTOY METIDA VOY A SUBIR UN CAPÍTULO LEMONÍACOO WAHAHAHAHAHA
ME DEJAN UN REVIEW DE CONSUELO?
BESITOS, SELE.
