¡Muy buenas! Slash Torrance reportándose con el décimo capítulo de su historia. Sé que me tardo demasiado, ustedes saben, el trabajo y esas mierdas que te absorben todas las ganas de seguir viviendo hacen estragos demasiado malos en mi persona. En fin, después de 3 escribiendo les traigo el último capítulo de la primera parte. Sin nada más por el momento, los dejo leyendo. Allons-y!
10
La última Lluvia
1
—Entonces ve con él —le dijo Cookie—. Es lo que quieres ¿No? Desde que me contaste la razón por la que terminaron pensé que se trataba de una estupidez.
Ronnie Anne no daba crédito a las palabras de su mejor amiga que, para rematar, se lo dijo todo con una simpática y despreocupada sonrisa en el rostro. Para ella no se trataba de un secreto que Cookie estaba bastante enamorada de Lincoln. No obstante, algunos meses después que hubieran terminado su relación, Cookie mantuvo un poco de respeto y no le coqueteó aún con la autorización de Ronnie Anne.
— ¿Estás segura? —preguntó la morena—. No hemos hablado mucho desde entonces, ya sabes, las cosas como que "se marchitan" luego de haber sido pareja. Además, yo sé que Linc te gusta…
—Deja de decir tonterías, Ronalda —reprochó la bajita tras pasarle un pequeño plato con fruta picada con chile en polvo—. Si las cosas se tratan de esto, entonces no le diré nada a Lincoln por varias razones. Para empezar, son pareja de nuevo y ambos se gustan. Ahora, que su relación esté pasando por un mal momento no significa que no puedan arreglarlo.
Ahí estaba de nuevo el traspié que tanto molestaba a la latina y que su pequeña amiga al parecer no podía entender después de tantos meses diciéndoselo directamente. Aun así, trató de contenerse para no alzar la voz.
—Es una mala época desde que comenzamos esta relación —dijo en voz baja, comiendo un trocito de guayaba del plato—. Honestamente siento que estábamos mejor siendo amigos, sin besos ni abrazos ni esas palabras estúpidas con cariñitos.
Se sonrojó un poco al confesar aquella actitud por parte de ambos, pues si bien se juraron nunca actuar como sus hermanos mayores en su relación, con el paso de los días fueron cosas inevitables. Se dejó llevar por las agradables sensaciones producto del enamoramiento, se trataba de algo nuevo para ella, y lo remataba el toque de experimentarlas con el chico que tanto le gustaba desde niña.
—Siempre lo dices y nunca me cuentas las razones —le reclamó Cookie en tono de broma—. Me estás haciendo pensar que eres una especie de masoquista o algo así.
—No digas pendejadas —respondió Ronalda entre risillas fingidas para luego responderle al cabo de unos segundos—. Tienes razón, nunca te lo he contado. Y todo porque suena demasiado vergonzoso, ni yo puedo creerlo del todo aún.
— ¿De qué se trata? —cuestionó la castaña con especial interés al ver que no requirió de mucho tiempo hacerla soltar el chisme completo—. No me digas que es alguna clase de pervertido que quiso manosearte sin permiso.
—Por Dios, claro que no.
— ¿Entonces?
Ya le había dado demasiados rodeos a la situación para contarle a su amiga desde meses atrás, cuando tuvo las primeras sospechas. Entonces, luego de dar un largo suspiro y quedarse mirando al suelo con un gesto de incomodidad, le dijo la inquietud que provocó su primera ruptura amorosa en lo que iba de su corta vida. Normalmente a ella la terminaban y no al revés.
—Creo que Lincoln está engañándome con otra chica —dijo en voz baja para luego exhalar con pesadumbre tras ver el gesto sorprendido de Cookie—. Quizás suene tonto, lo sé, pero hay ciertas cosas que siempre me hicieron sospechar. No sé si me entiendes.
— ¿Por qué nunca me lo habías dicho? —preguntó Cookie con indignación—. No habrás creído que te engañaba conmigo ¿Verdad, Ronnie?
—Te lo estoy diciendo en serio, concéntrate.
—Muy bien, muy bien, lo siento —ambas siguieron comiendo y escuchando la lluvia de afuera, la misma que hizo quedarse a Ronnie a pesar de solo ver una película antes del apagón—. Bueno ¿Has juntado evidencia de algo? ¿Tú lo viste? ¿Alguien te lo dijo o…?
—No es necesario, me da todo a entender con sus acciones —le contestó, pasando muy rápido de la exaltación a la tristeza—. Él no me habla si no hablo yo primero. Cuando salimos siempre está bastante distraído y casi siempre soy yo quien está hablando hasta por los codos para que nada se torne aburrido. Y luego está… ya sabes, la acción.
—Ajá… —le incitaba Cookie con una pícara sonrisa y expresión.
—Solo lo hemos hecho dos veces en el tiempo que llevamos de novios —le aclaró, haciéndola perder el gesto—. No entiendas mal, me gusta, solo que sus actitudes a veces son demasiado frías o ausentes y me hace pensar que… es como si…
—Sí, como si te estuviera usando —Ronnie se estaba poniendo demasiado decaída— ¿Ya intentaste ir por la verdad?
—Él nunca me lo dirá, lo conozco bien como para saber que no lo hará —lamentó Ronnie.
—Tómalo desprevenido, idiota —replicó su amiga sonriendo de su idea—. Mira, como lo pienso yo, quizás si le das a entender que ya lo sabes, las cosas pueden resultar de dos formas. Una, puede que tenga la necesidad de ser honesto contigo porque de nada sirve seguir mintiendo.
—Muy bien ¿Y en caso de que sean imaginaciones mías?
—Puede que se enoje porque no confías en él y tengan una pelea de las grandes —dijo como si no fuera muy evidente—. No sé tú, pero una pelea fuerte suena mejor que una ruptura ¿No crees?
—Bueno, también puedo hacer otra cosa en lugar de preguntarle a él.
— ¿Qué cosa?
—Preguntarle a Clyde —respondió, también como si fuera lo más evidente del mundo—. Son mejores amigos, más de un secreto le debe saber. Podría preguntarle ¿Crees que sea buena idea?
—Lo único malo con tu plan es que Clyde también podría negar todo —Cookie negaba torciendo la boca e inflando las mejillas; a Ronnie le divertía esa expresión, nunca se lo diría, por supuesto, pero le hacía parecer una pequeña ardilla con las mejillas hinchadas por llevar nueces y cacahuates dentro de la boca—. Clyde podría dejarlo en alerta para cuando tú decidas confrontarlo. Necesitas a alguien imparcial, alguien que no le hable a Lincoln, pero lo haya visto más de una vez con alguna chica.
—Podría ser cualquier mocoso de primer grado —decía Ronnie volteando los ojos con hastío y sarcasmo—. Ya sabes los estúpidos rumores: "Uy, Lincoln anda con una gótica de nuevo ingreso".
Recordar aquella situación les hizo carcajear con ganas a las dos hasta casi toser.
— ¿Sabes? Si no conociera a la familia de Lincoln desde antes, yo también me hubiera creído esos rumores —confesaba la castaña lamiéndose el chile de los dedos.
— ¿Lo dices en serio?
—Vamos, los he visto un par de veces —decía con admiración—. Casi siempre van tomados de la mano y juntos a todos lados. Son un poco extraños.
—No creo que sea extraño —defendió Ronnie—. Más bien yo creo que es lindo, Bobby hacía lo mismo cuando llegamos a vivir aquí.
— ¿En serio?
—Imagina lo difícil que es adaptarse en una nueva escuela, ¿vale? Ahora imagina que ni siquiera hablas el idioma porque apenas tienes ocho años.
Pocas veces Ronnie recordaba lo difícil que había sido llegar a Estados Unidos cuando apenas era una niña. Dejar de hablar como siempre y con las personas de siempre estuvo muy cerca de crearle una personalidad bastante tímida. De no ser por su hermano mayor que siempre estaba ahí con ella.
—Bobby me llevaba de la mano a todos lados, aunque también se burlaban de él. Me imagino que pasa lo mismo con Lucy, Lincoln me cuenta que nunca fue la misma desde que su amiguito murió cuando apenas tenía ocho años.
—Bueno, el caso es que Clyde podría negarlo todo, de nada te serviría arriesgarte —una vez más, Cookie negó con aquel gesto tan gracioso luego de cambiar de tema—. Yo sigo creyendo que solo estás malinterpretando las cosas, preferiría que fueras con Lincoln.
—Vale, pues lo haré —contestó con decisión y levantándose de su asiento—. No me atrevo a encarar a Lincoln todavía, iré con Clyde ¿Podrías acompañarme?
Cookie, rodando los ojos con exasperación, no pudo sino levantarse y tomar las llaves de su casa para salir un momento a tomar aire fresco mientras caminaban hasta la casa de Clyde. Según la latina, no quedaba muy lejos de ellas dos, quizás a veinte minutos caminando lento. En todo caso, una pequeña parte de Cookie ansiaba ver cómo sus planes se venían abajo por no hablar con Lincoln antes que con Clyde.
2
Mientras caminaban por la calle notaron a un niño corriendo detrás de un barco de papel que navegaba por la orilla de la acera en el agua directo a la cañería. Al parecer, los niños se volvían más creativos con la falta de electricidad, pues en lugar de estar viendo estúpidos videos de tipos jugando videojuegos, ponían en marcha su ingenio para divertirse "a la vieja escuela".
Así pues, cuando llegaron a la vivienda de Clyde, Cookie se quedó atrás, poniendo como excusa que Ronnie debía hacerlo completamente sola.
— ¿Qué pasa si me ve alguien más? —preguntó, queriendo ganarse el favor de su amiga—. La que quedará como infiel voy a ser yo.
—No digas "pendejadas" —le contestó ella con sarcasmo—. Si tanto insistes, vamos.
Por fortuna no se había hecho tanto del rogar, aunque todavía tuvieron una pequeña disputa para ver cuál de las dos tocaba el timbre. Al final, fue Ronnie, pues le quitó la mano a Cookie de un furioso manotazo por no decidirse pronto; al poco rato, su amigo salió con una mirada de sorpresa. Para ninguno de los tres se trataba de un secreto pues, aunque eran amigos, no se trataban de una forma muy íntima como para haber entrado a sus casas más de una vez, salvo para algunos trabajos escolares. Él no puso mucha resistencia y las invitó a pasar, por si el clima volvía a empeorar. Por las palomitas de maíz servidas en un tazón junto a algunas sodas, no tardaron mucho en darse cuenta que Clyde estaba con alguien o lo estaba esperando.
— ¿No interrumpimos nada? —preguntó Ronnie Anne—. Créeme que podemos dejarlo para después, igual no es tan importante.
A cambio de sus palabras recibió un codazo por parte de su amiga y una mirada que la estaba obligando a que soltara la sopa de una buena vez.
—No interrumpen nada, Haikú ya dijo que llegará un poco tarde.
— ¿Desde cuando sales con Haikú? —se interesó Cookie.
—No estamos saliendo, solo la invité a ver una película —le respondió con una gran sonrisa, invitándolas a sentarse con él en el sofá—. No se ofendan, solo me parece un poco raro. Ustedes dos no suelen visitarme muy seguido.
Sin saberlo, con esas pocas palabras aparentemente sin importancia, Clyde hizo sentir culpable a Ronnie Anne. La fugaz acusación pasó por su mente, gritando que nunca había considerado a Clyde como un verdadero amigo, quizás solo alguien con quien pasar un rato ameno, pero nada más. De todos modos, ya estaba ahí, con la mirada de Cookie presionándola para hablar. Estaba muy claro que no podría ir marcha atrás.
—Quiero preguntarte algo con respecto a Lincoln.
Y sin que Ronnie lo supiera, con esas palabras, también sin aparentar mucha importancia, hizo que el estómago de Clyde trepara hasta su cerebro por haberlo tomado desprevenido. Su mente rápidamente arrojó la imagen de su mejor amigo borracho hablándole desde la puerta de su auto aquella noche de la fiesta, confesándole gustar de alguien más, aunque estaba saliendo de nuevo con Ronnie Anne; pasó saliva con pesadez que le irritó la garganta, esperando que ninguna de las dos se diera cuenta. Cookie lo hizo, mas no dijo nada, solo contuvo su sonrisa pidiéndole una soda a Clyde que él no le negó.
— ¿Qué pasa con Lincoln? —preguntó aparentando naturalidad.
—En realidad es una pregunta muy íntima —confesó, esperando no sonar tan alterada como imaginaba—. Cookie ya lo sabe, por eso está aquí.
—Muy bien, solo dime qué sucede.
Una vez más los escalofríos y el temblor de la barbilla.
—Clyde, sé que tú y Lincoln son mejores amigos —comenzó con un torpe discurso para ganar simpatía—. Quiero pedirte un favor, no como tu amiga, sino como una novia preocupada.
—Muy bien…
— ¿Lincoln está engañándome con otra chica?
Joder, se trataba de las palabras a las cuales tanto temía. Para disimular una vez más, el pobre chico no pudo sino fingir que se ahogaba con su propia saliva bajo la atenta mirada de ambas chicas que seguían esperando una respuesta sin sorprenderse mucho de su torpe actuación.
—Dios, no —contestaba dándole un trago a una de las sodas puestas en la mesita—. No, joder, claro que no ¿Por qué piensas eso?
—Clyde, ya lo sé todo ¿Por qué lo niegas?
Esta vez fue turno de Cookie para atragantarse —de verdad, para variar— con la soda que estaba tomando por puro compromiso ¿En serio pretendía llegar con aquella tonta excusa después de tal inicio? Sin duda se trataba una chica un poco torpe.
—Si ya lo sabes ¿Por qué vienes a joder conmigo? Ve con Lincoln y dale la buena paliza que tanto quieres darle.
— ¿Entonces lo admites?
—Lincoln no está saliendo con otra cosa ¿Cómo piensas tal estupidez?
La conversación se desvió demasiado rápido a tonos agresivos; la honestidad, como siempre, estaba presente. Ronalda no pudo quedarse mucho tiempo callada ni para pensar bien su respuesta.
—Se porta demasiado frío conmigo, es como si no quisiera estar —respondía sin contenerse, y sin querer, arrojando un poco de veneno—. No creo que lo entiendas, no eres precisamente un imán para las chicas.
—Insultándome no conseguirás sacarme nada —terminó Clyde con una satisfecha sonrisa para sí mismo, no por tener razón, sino porque después de aquel insulto, Ronnie terminó con cualquier posibilidad de serle honesto—. Lincoln no está siéndote infiel, no todo gira alrededor de ti. Él tiene otras cosas de las cuales preocuparse ¿sabes?
—¿Ah sí? ¿Cuáles?
—Sus hermanas, para empezar —contestó cruzando los brazos y recargándose en el sofá—. Ninguna la ha pasado muy bien, volvieron a casa por distintas razones. Si Lincoln se está portando "frío" contigo no es porque te esté engañando o ya no te quiera, solo está preocupado por sus hermanas.
—Ellas tienen su propia vida ¿Qué tiene eso que ver con su relación? —le cuestionó Cookie.
Tras aquella respuesta, lo única posible contestación que las dejaría, quizás no tranquilas, pero sí en cosas para pensar, se trataba de un asunto muy delicado.
—Lincoln me confió algunas cosas delicadas, no voy a decírselas, no soy ningún chismoso —sentenció bastante seguro de sí mismo—. Si tiene o no alguna cosa que ver sobre su relación, entonces es asunto de ustedes dos. Las cosas de pareja son de dos, o bueno, ya depende de ustedes.
Ciertamente la tensión los estaba haciendo trizas a los tres, siendo Clyde y Ronnie los más afectados. Para la pequeña amiga de la mexicana no quedaba sino mirar hacia el suelo y preguntarse cómo había accedido a acompañarla en primer lugar. Finalmente suspiró y se puso de pie, Cookie hizo lo mismo más por acto reflejo que por sorpresa y caminó con ella hacia la puerta, seguidas de Clyde.
—No te enojes, solo te digo las cosas como son, ¿Qué harás ahora?
—Le preguntaría a Lincoln —contestó cortante—. Eres su mejor amigo, solo confío en ti por lo mismo. Si tú dices que él no me engaña entonces es suficiente para mí.
— ¿Sabes lo estúpida que acabas de sonar? —le retó Cookie con exasperación—. No confías en tu novio, pero en Clyde sí, ¿Qué demonios te pasa?
—Solo vámonos —le indicó Ronnie jalándola por la manga de su sudadera—. Gracias, Clyde, al menos fuiste de ayuda.
El chico ya no dijo nada, solo las vio irse con un gesto de completa molestia sin tratar tan siquiera de detenerlas. Avanzaron así un par de cuadras, sin algún rumbo específico hasta que Ronnie por fin rompió en lágrimas, no de tristeza, sino de enojo; Cookie se detuvo con ella en la calle y la guio hasta debajo de un árbol, cuidando que no hubiera ojos curiosos por alguna parte. A pesar de estarse dejando llevar por el llanto, Ronnie procuraba guardar compostura, de hecho, las lágrimas no pasaban de ser meras cositas diminutas y brillantes sobre sus mejillas, las cuales eran limpiadas con la misma rapidez a la cual salían.
— ¿Por qué te cuesta tanto creerle? —preguntaba Cookie abrazándola—. Solo ve con Lincoln y aclara todo de una buena vez, no es bueno que te haga llorar si tanto se quieren.
—Sé que no lo hace —confesó entre dientes—. Conozco demasiado bien a Linc, sé que no lo haría. Podría mentir algunas veces, pero no hace estas cosas. Solo quiero encontrarle una razón a su pinche actitud.
Así como Ronnie nunca confesaría lo gracioso del gesto de las mejillas de Cookie, ella tampoco le mencionaría nunca lo graciosa que se escuchaba llorando mientras hablaba inglés mezclando groserías en español. Siguieron abrazadas por algunos segundos en que Cookie las apartó a ambas del camino antes de que un coche las salpicara con el agua de los charcos.
— ¿Quieres que te acompañe?
—No, no lo hablaré con él —contestó con más seriedad—. Alguna de sus hermanas podría decirme qué sucede. Aunque lo quiera tanto, me hace sentir mal que no tenga la confianza de decirme qué pasa en su casa, las cosas que lo preocupan.
—Entiendo, solo hazlo con cuidado —consolaba Cookie— ¿Sabes? Yo siempre creo que las cosas no son tan grandes como parecen. Desde la primera vez que rompieron siempre me lo pareció. Bueno, además de estúpido, sin ofender.
— ¿Hablas en serio?
—Lincoln me gusta, pero tú le gustas a él y viceversa —alegaba entrelazando los dedos con algo de dificultad—. Creo que cuenta mucho más, y vamos, no te sientas mal porque confíe más en Clyde. Se conocen prácticamente desde que están en pañales y ustedes dos apenas se conocieron hace siete años, de los cuales te fuiste dos de la ciudad, no te hagas la desentendida.
Cookie ponía demasiado claras las cosas, y en momentos así, Ronnie agradecía que fueran mejores amigas; quién lo hubiera imaginado, solo había bastado una gran discusión sin remedio de la pequeña castaña con una tal Cristina. Luego de tanto tiempo, a Ronnie le causaba un poco de lástima que Cookie nunca intentara nada con Lincoln solo por ser un poco tímida. En especial con él. El teléfono de Ronnie empezó a vibrar y ella lo sacó con rapidez, solo se trataba de un mensaje.
—Sí, supongo que estoy exagerando un poco las cosas —se excusó la morena con una sonrisa y gesto más tranquilo mientras leía el mensaje—. Bueno, ya que está arreglado ¿Quieres hacer algo? Bobby no regresa hasta la noche, me acaba de decir que está con Leni en el centro comercial.
— ¿Quién es Leni? —preguntó ya tomando camino por la calle junto a Ronnie.
—Una de las hermanas mayores de Lincoln, otra de las tantas.
—Siempre se me olvidan sus nombres ¿Están saliendo?
—No, Bobby estaba en una entrevista de trabajo, quizás se la encontró en alguna parte.
Antes de poder decidir irse a cualquier otra parte, la lluvia comenzó de nuevo, y viendo que estaban más cerca de la casa Santiago, decidieron pasar ahí el resto de la tarde viendo la televisión mientras platicaban de cualquier otra cosa, si acaso la electricidad no se iba antes por algún desperfecto causado por el agua.
3
Antes de meterse en la casa, Luna echó una mirada al vecindario donde Chunk les había recomendado vivir. Según él, se trataba de un lugar tranquilo algo, un poco alejado de su casa en la Avenida Franklin, eso sí, no muy conflictivo y vigilado por la policía medianamente bien. De forma sincera, Luna no estaba muy preocupada por detalles tan nimios como aquellos, pues lo único de valor que podía cargar encima se trataba de su guitarra y algunos otros instrumentos musicales que compró al pasar de los años, como su teclado y su violín.
—Pasen, señoritas —invitó quien sería su casero.
El hombre rechoncho entró en el departamento antes que ella y Sam. Su amiga rubia ya le había sugerido la idea de vivir juntas, no se trataba de algo descabellado y ser compañeras de casa supondría un buen dividendo en los gastos. En pocas palabras, las deudas no se sentirán tanto si había alguien ahí compartiéndolas.
No se trataba de una casa propiamente dicho, sino de un pequeño departamento en una zona urbana de un vecindario no muy bueno. Tenía dos habitaciones, una cocina, una sala-comedor y un patio pequeño en la parte trasera y por supuesto no tenía jardín. Sam miraba todo el departamento con admiración muy bien fingida, Luna pensó que quizás la casa que compartía con su exnovio en Reino Unido se trataba de un lugar mucho más ostentoso que el humilde dúplex donde vivirían si todo marchaba bien por las siguientes ocho semanas.
—Está muy bien cuidado —comentó Luna asomándose tímidamente a la cocina.
—Por supuesto, mis antiguos inquilinos lo dejaron un poco maltrecho, nada que no pudiera arreglarse en un fin de semana —alegaba—¡Pero pasen, pasen! Siéntanse en su casa —invitaba el gordito.
Las dos chicas voltearon a verse y se sonrieron con un poco más de confianza. En el techo de la cocina había una mancha no muy visible, justamente donde iría una estufa; el grifo del fregadero goteaba y el vidrio de la puerta estaba bastante empolvado. Luna salió de ahí para reunirse con Sam en la habitación que quedaba junto al baño mientras el hombre las miraba con un poco de ansiedad, como si ellas dos fueran una especie de inspectoras de casas y departamentos en renta.
—Imaginé que podríamos dormir aquí —comentó Sam señalando con su índice derecho—. Una cama junto a la otra, y en la otra habitación quizás deberíamos poner nuestros instrumentos.
—Oh ¿Ustedes son músicos? —se interesó el hombre—. Vaya que se tratan de unas inquilinas muy interesantes.
Luna negó con un poco de vergüenza y una sonrisa.
—Bueno, apenas vamos empezando —decía caminando hacia la otra habitación—. No tenemos muchas cosas, no necesitaremos mucho espacio. Solo espero que los vecinos no se quejen por algunas noches ruidosas, ya sabe, las guitarras y la batería suelen crear mucho alboroto.
Sam seguía metida en la otra habitación, se estaba tomando unos segundos para mirarla con cuidado. Contaba con un armario pequeño y buen espacio para lo necesario, nada de otro mundo, además, la ventana daba al pequeño patio de la casa. No se trataba de una vista envidiable, sin embargo, se sentía muy agradable volver a acomodar su vida en compañía de alguien más; Luna había regresado y la miraba desde el marco de la puerta, sonriendo por verla inmersa en alguna fantasía. Su mirada reflejaba completa tranquilidad, recordando mucho a la Sam que conoció en la escuela.
—Podemos poner los instrumentos en esta habitación, ya sabes, para que nadie los pueda ver desde afuera —le dijo llamando su atención.
—Pero esta habitación tiene armario —comentó Sam con una gran sonrisa, señalando el pequeño espacio hacia la izquierda—. Lo siento, todavía ni siquiera nos hemos mudado y ya estoy pensando en todas las cosas acomodadas en este sitio.
—A mí me gusta, no parece un lugar peligroso y según Chunk también es barato —dijo esto último susurrando—. Tal vez no sea la gran cosa, pero es bueno para comenzar ¿No lo crees?
—Sin duda.
Siguieron viendo —más bien fingiendo— que inspeccionaban el departamento para ver si se adaptaba a sus necesidades. Por supuesto lo estaba, solo que Luna seguía sintiendo que quizás deberían ver otros lugares antes de tomar una decisión. Chunk insistía que se trataba de un lugar tranquilo, no muy alejado de nada por si surgía alguna emergencia, pero seguía considerando los costos del servicio de electricidad y agua, además de algunos muebles necesarios (como la pequeña estufa eléctrica que yacía en su garaje sin uso alguno) además de "caprichos" a largo plazo como el internet y algunas cervezas de vez en cuando. El asunto de querer hacer mil cosas sin un centavo en la bolsa no se trataba de algo muy astuto, y aunque tenía los pies en la tierra le gustaba fantasear con una vida, si no llena de excesos, sí con más de lo necesario para vivir.
—No hemos hablado del costo —dijo Luna, llamando la atención del casero— ¿De cuánto estamos hablando? No tenemos muchos ingresos todavía.
—Bueno, la renta sería de 500 dólares al mes —le contestó el hombretón sin atreverse a mirar a ninguna a los ojos—. Por supuesto, no incluye otros servicios más que la propiedad de la casa. Les recuerdo que están muy cerca de algunas escuelas y de la autopista, además de que el vecindario es un lugar muy tranquilo.
La cantidad de dinero que se usaría se trataba, aún, de algo muy elevado para sus pocos ingresos. Ninguna de las dos tenía trabajo todavía, solo la esperanza de no cagarla en una entrevista de trabajo la semana entrante, además, entre las dos solo tenían poco más de ochocientos dólares, les faltaban doscientos para el depósito.
—Bueno, no tenemos mucho efectivo por ahora —confesó la rubia—. Será mejor que lo llamemos cuando tengamos todo listo.
—Por supuesto, no hay ninguna prisa —convino el robusto— ¿Les gusta el lugar?
— ¡Claro, nos encanta! —dijo Luna—. Solo queremos saber ¿Todos los servicios funcionan? Ya sabe, si no hay problemas con la plomería o algo así.
—No, no, todo funciona perfectamente, si quieres te lo muestro.
Se trataba de una mera formalidad, claro, pero él las dirigió al baño para mostrarles el único detalle del departamento que no habían visto. La regadera estaba dividida del pequeño espacio para el váter por un tubo de hierro fijado en la pared, perfecto para poner una cortina de baño. El hombre abrió los grifos del lavamos para mostrarles que funcionaban bien, al mismo tiempo que tiraba de la cadena del retrete y abría la única llave de la regadera.
—Bien, pues parece que todo está en orden —dijo Sam enjuagándose las manos con el agua de la regadera, helada al tacto—. Espero que no nos falte el agua caliente ahora que nos mudemos.
—No, solo es cuestión de encender el calefactor que está en el patio.
—Solo necesitamos un par de días para reunir el dinero, luego nos comunicaremos con usted ¿Está de acuerdo? —preguntó Luna.
Luego de dejar todo en orden, los tres salieron para dirigirse de vuelta a su hogar. El edificio de apenas dos pisos, compartía cuadra con algunos establecimientos propios de un vecindario pequeño. A tres casas había una barbería/salón de belleza, y poco más allá, una tienda de ropa y otras cosillas. Frente a los departamentos estaba una calle no muy transitada, entonces no supondría problema alguno.
— ¿Qué opinas? —le preguntaba Sam a Luna mientras caminaban hasta un pequeño mini-súper donde habían dejado estacionado el Torino—. Después de todo, la que quiere irse eres tú, la opinión final es tuya.
—No tengo la más mínima idea —contestó la mencionada suspirando—. Todo esto es nuevo para mí, es emocionante, la verdad. Ya solo nos falta hablar con Luan de algunas cosas, conseguir esos empleos y reunir el dinero para mudarnos.
—Iré preparando mi estómago para comer sopa instantánea y sándwiches durante las próximas ocho semanas.
Antes de irse, las dos entraron en la tienda para comprar los típicos cigarrillos de Luna y un paquete de chicles. Avanzaron por los caminos, el tránsito estaba un poco lento por la reciente lluvia que había dejado el pavimento resbaloso.
— ¿Sabes? Estaba pensando si en lugar de compartir habitación, podríamos dejar los instrumentos en la sala, para tener más espacio. Pensé que los demás podrían guardar ahí sus cosas y podríamos ensayar más seguido.
—Entonces debemos hacer una lista de cosas que nos hagan falta, ya sabes, un candado o cerraduras nuevas, tal vez protecciones en las ventanas.
— ¿No sería un poco caro? Ni siquiera tenemos para el depósito.
—Debimos sugerirle eso —renegó la rubia—. Bien pudimos decirle que haríamos algunas mejoras en la casa a cambio de un mes de renta.
—Todavía podemos decirle, Chunk conoce muchas personas, quizás conozca a alguien que haga trabajos así por un buen precio.
Ya se estaba volviendo de noche, y gracias a las nubes grises en el cielo, todo se estaba poniendo oscuro demasiado rápido. A Luna le encantaba ese tipo de clima, le parecía muy inspirador. En tardes así había escrito las letras que nunca había dado a conocer a nadie. Quizás estaba siendo hora de mostrarlas a la luz. Poco antes de volver a casa recibieron una llamada de Lola, para que las recogiera en casa de Barry, por si andaban cerca.
4
— ¿Luan? —preguntó el doctor Smith— ¿Qué haces aquí? Nuestra cita fue ayer.
Hasta ese momento Luan le mostró un pequeño paquete de pollo frito que había traído de alguno de los varios restaurantes de la calle en donde estaba el consultorio.
—Ayer me dijo que usted comía hasta llegar a casa en la noche —respondía Luan con un sonrojo demasiado lindo para dejarlo pasar—. Compré esto, ya sabe, por si necesita un poco de "a-pollo" durante la tarde, no vaya a ser que desmaye por no comer a sus horas.
El doctor la dejó pasar, casi parecía coincidencia, pues sin bien él no regresaba a casa para comer o tan siquiera salía a alguno de los establecimientos en el centro, siempre se tomaba una hora para "descansar" un poco antes de sus últimos cuatro pacientes de la tarde antes de irse a casa. Luan fue invitada a sentarse en una silla frente al escritorio, John quitaba algunos papeles no muy importantes para tener espacio de comer a gusto.
—De verdad me sorprendiste —dijo el psicólogo con una gran sonrisa de agradecimiento—. No debiste hacerlo, Luan. Ya soy un viejo, no deberías preocuparte por mí.
—No diga eso ¡¿Qué tal si se muere?! —exclamó la comediante en tono de broma—. Dios, no quiero imaginármelo.
—Morir es trabajo de nosotros los viejos —contestaba Smith riendo entre dientes—. Aunque tomando en cuenta que la comida huele muy bien, aceptaré la invitación. Y mira qué agradable compañía viene incluida —terminó señalando a Luan.
Ya que Luan se olvidó de comprar alguna bebida y de que el doctor solo tenía un bourbon y agua, no tuvieron más opción que beber agua helada en conos desechables. Extrañamente, aunque estaban acostumbrados a verse en la escuela, ninguno de los dos se atrevía a hacer tema de conversación; Luan no lo hacía porque no tenía idea cómo platicar con alguien de una profesión tan seria, se trataba de algo muy similar a la primera fiesta de chicos emo que tuvo que animar. Bajo aquella idea, supuso que, al igual que en la fiesta de su amiga Maggie, las palabras saldrían con fluidez haciendo un poco de práctica. Para el doctor se trataba de algo más simple, pues las cosas cotidianas de las que platicaba con su nieta no parecían ni remotamente del agrado de Luan.
— ¿Por qué no va a casa comer? —preguntó Luan para romper el hielo, sin saber que estaba dando en un punto sensible— ¿Su esposa no le prepara el almuerzo o algo así?
—No, mi esposa falleció hace algunos años —contestó sin mirarla a los ojos.
—Oh, lo siento, no pensé que…
—Descuida, ¿Cómo van las cosas en casa?
En aquel entonces, Luan todavía estaba un poco ingenua, no pudo saber que el doctor estaba cambiando la conversación a propósito. Al principio se trabó un poco al hablar, no era para menos, pues el bochorno de haber preguntado algo con demasiada importancia le dejó confundida por algunos segundos.
—Ya están un poco mejor, gracias a usted —contestó con una apenada sonrisa—. Todavía no se lo he dicho a nadie, es algo complicado decir que asisto a terapia psicológica. En especial por un motivo tan…
—Entiendo perfectamente —dijo Smith viendo que Luan no encontraba las palabras para describir su situación—. Me alegra mucho ver que lo estás asimilando ¿Se ha hecho fácil?
—Poco a poco, sí —asintió—. No sé si deba revisar a Jackson, puede que también sea un caso.
—Es mejor que lo olvide por sí solo —contestó—. Más que sus dibujos, el problema debe ser el trauma en sí. A menos que todo persista durante los años, entonces sería tema de preocupación.
— ¿Está seguro? —él asintió mordiendo una pierna de pollo—. Bueno, usted es el experto.
La incomodidad, por fortuna, se había desvanecido demasiado rápido. En el escritorio había varios retratos, en varios de ellos figuraba una mujer de cabello rizado y rojizo acompañando a su psicólogo. Algunas se veían recientes, otras se veían restauradas, y una muy pequeña se notaba bastante desgastada.
—Se llamaba Elaine —dijo el doctor.
Luan casi dio un saltito ahí donde estaba sentada por haber sido sorprendida mirando. Luego se dio cuenta de lo tonta de su actitud, tomando en cuenta que quizás él las tenía por motivos personales, más allá de los pocos que supo hace solo un momento.
—La chica de pelo negro es nuestra hija, se llama Eli.
—Son muy bonitas ¿Su hija vive en la ciudad?
—No, se fue a vivir a Nueva York después de casarse
Unas pocas preguntas y algunas tardes charlando los convirtió en muy buenos amigos, y cuando finalizó la terapia de Luan, el lazo se volvió un poco más fuerte debido al gran cariño que se habían tomado el uno al otro al dejar de verse como doctor y paciente. La confianza iba y venía, más que nada por la actitud reacia de Luan hacia saber algunos detalles de la vida de su médico, pues temía mover alguna fibra sensible. No hizo falta, pues luego de algunos meses, él mismo le contó la historia sobre su esposa fallecida y algunas otras cosas más.
El enamoramiento de Luan apareció tres años después de su terapia, a sus diecisiete años, y durante poco más de tres años lo había mantenido oculto por temor a un par de cosas, entre ellas, imaginarse que John lo tomara todo desde su punto de vista analítico, pues una faceta que Luan conoció muy bien durante el tiempo de conocerse es la fidelidad tan aferrada a sus recuerdos, en especial al de su esposa, que lo había guiado a encerrarse en su propio mundo sin conocer a nadie más, ni siquiera por recomendaciones de su propia hija. No se imaginaba lo incómodo de aquello, sin embargo, trató de ahogar su enamoramiento con algunos chicos de la escuela. Y pocas veces aquella distracción había servido de algo.
5
— ¿Disfrutaste tu siesta, Bella durmiente? —escuchó la voz del doctor Smith al lado suyo.
Las gotas de lluvia escurrían con suavidad por los vidrios del coche y aterrizaban con fuerza en el techo del mismo. Luan se espabiló poco a poco, estaba bastante cómoda en el asiento del copiloto; estaban atrapados en el tráfico desde hace un largo rato gracias a un choque unos kilómetros más adelante. Ya se tenían tanta confianza que, en lugar de que Luan se sintiera apenada por haberse dormido en vez de platicar con él, simplemente sonrió con algo de fastidio rascándose los ojos.
— ¿Hace cuánto que estamos en el puente? —preguntó Luan asomando la cabeza por la ventanilla para ver más adelante.
—Casi media hora —contestó el doctor mirando su celular—. Te echaste una siestecita, casi no hemos avanzado desde que subimos.
—Sí que debió estar grave el choque —decía Luan bostezando—. Lamento estar haciéndolo perder el tiempo, de haber sabido, me regreso en autobús.
—No digas eso, para mí es un gusto.
De todos modos, Luan no podía evitar culparse.
Había reprobado el examen de admisión a la universidad hace dos años, y gracias a unos cursos de programación que tomaba hasta el otro lado de la ciudad, en conjunto a su trabajo como animadora/organizadora de fiestas y sus presentaciones de Stand-up en un bar de barra libre, la estaban haciendo postergar más y más su ingreso a la escuela. Ayudaba aportando un poco de dinero en casa, además, por lo mismo tenía bastante tiempo libre ya que sus amigas pasaban bastante tiempo en la escuela. Esta tarde, para no estarse mojando en la parada del autobús, decidió llamar al doctor Smith para pedir un aventón ya que Luna estaría ocupada con cierto asunto del cual no quiso hablar "al menos no ahora" había dicho por la mañana.
—Rayos —renegó el doctor entre dientes, mirando la pantalla de su celular.
— ¿Qué sucede?
—Es el tipo que me vendió el departamento —contestaba con la voz un poco exaltada, el auto detrás de él hizo sonar el claxon y se movió mirándolo enojado por el retrovisor—. Dice que se retrasará un poco la entrega del departamento por algunos asuntos que surgieron. Ahora debo avisarles a los de mudanza que la entrega se retrasa.
— Qué irresponsables ¿Para qué quedar tan formales si al final harán lo que quieren?
Por fortuna ya faltaba poco para cruzar el puente, y durante los diez minutos en los cuales el tráfico avanzó con más fluidez, el doctor tuvo que arreglar (a base de demasiadas malas palabras) una nueva fecha para la mudanza de su consultorio. Se cambiaría a una zona más vistosa del centro, donde abundaban los restaurantes caros y varios Starbucks, por supuesto se trataba más de una necesidad que de un capricho en sí, pues los últimos dos meses alguien malintencionado quiso forzar las cerraduras de la puerta principal para entrar a robar. Se trataba del ladrón más inútil del mundo, pero John no quería seguir corriendo riesgos, así que se mudaría a una zona mejor vigilada.
Casi bajando del puente Luan fue llamada por la luz roja de la ambulancia que se estaba encargando del caso. En el suelo había una motocicleta hecha añicos al lado de una camioneta de carga que apenas y tenía un rasguño en el lado izquierdo de la parte trasera. Aparentemente se trataba de un choque debido a algún descuido por parte del motociclista o del conductor de la camioneta, el cual había costado la vida del primero. Luan abrió la boca con impresión al mismo tiempo que el doctor cuando pasaron a un lado; el cuerpo del motero —que ya estaba cubierto por una de esas sábanas blancas— estaba tirado en el suelo encima de una mancha de sangre que escurría por el pavimento, amén de otras partes pulverizadas de su vehículo junto a él.
—Joder, pobre sujeto —jadeó el doctor acelerando de a poco, junto a todos los demás vehículos.
Unos quince minutos más tarde, ya casi anocheciendo, por fin arribaron a la Avenida Franklin hasta llegar a la casa Loud, la cual, por muy extraño que le pareció al doctor, estaba bastante calmada. En el porche estaba la hermana mayor de Luan, la que se había presentado en el concierto de Halloween hace casi dos semanas. Estaba sentada junto a una muchacha rubia no mucho mayor a Luan. Ambos se bajaron del auto y el doctor las saludó con un beso en la mejilla.
—Ya sabe —dijo Luan—. Suba las escaleras y vaya al fondo a mano izquierda.
—Gracias —decía el doctor, apurándose para abrir la puerta.
Luan ya no necesitó decir nada, estaba más que claro a donde iba. Su hermana y su amiga estaban tomando un seis de cerveza, la rubia le pasó una a Luan mientras Luna encendía un cigarro, perfecto para la tarde tormentosa de la ciudad.
—Se tardaron mucho ¿Qué pasó? —le preguntó Luna.
—Un choque retrasó demasiado el tránsito —dijo luego de darle un sorbo a su cerveza—. El pobre tipo murió, a lo mejor su moto derrapó por lo mojado del pavimento ¿Ahora sí me dirás a dónde fuiste o seguirás haciéndote la misteriosa?
Luna y Sam voltearon a mirarse y la rubia entendió que durante el siguiente intercambio de palabras no debía meterse para nada.
—Fuimos a ver un departamento —confesó Luna, dejando atónita a su hermana—. Nos ofrecen un lugar pequeño en un sitio bastante seguro y no muy caro. Todavía estamos juntando el dinero…
Luan alzó la cerveza y señaló los cigarros como para hacerle notar lo flojo de su punto.
—Sí, no lo estamos haciendo muy bien —respondió rodando los ojos con una risita—. En fin, nos falta muy poco dinero para el depósito, pero antes quiero hablar contigo acerca de las cosas que están pasando por aquí.
—Ajá…
—Luan, ya sé que tú y yo habíamos discutido irnos a vivir juntas hace unos meses —alegaba Luna en voz baja—. Ya no estoy tan segura después lo que ha pasado estas últimas semanas, ya sabes cómo están las cosas por aquí, no necesito explicarlas. En pocas palabras, me mudaré junto con Sam y quiero que te quedes a cargo.
—Hey, ¿Por qué no hablaste de esto con Lynn? Tiene un carácter más duro que el mío.
La primera en irse a la universidad fue Lori, luego fue Luna quien se quedó a cargo (Leni ni de chiste podría hacerlo) y gracias a eso la casa no se derrumbó por tanto desorden mientras las más pequeñas crecían. Ahora que Leni y Lori estaban por graduarse y Luna por mudarse, las opciones que se estaban barajando eran que Luan se quedara como encargada de los menores sí o sí.
—Lynn tiene un carácter duro, pero no es lo que necesitan —indicó Luna—. Escucha, tú puedes comprender a las pequeñas por si algo se presenta, Lynn no; todavía es un poco inmadura y se deja llevar muy fácil por el enojo, la conoces bien.
— ¿Y crees que es prudente? ¿Ya te olvidaste de mi reacción cuando Lucy…? Dios, me puse a gritar como una estúpida ¿Aún así quieres que yo me quede a cargo?
—Todas estábamos asustadas esa noche, Luan, es entendible tu reacción —le indicó alzando el dedo índice—. Ahora, no estarás del todo sola. Lincoln hace muy buen trabajo cuidando de ellas, incluso se apoyan entre todas porque están en la misma escuela. Tú solo debes encargarte de llevarlos y traerlos de la escuela, además de indagar con quiénes andan y dónde están si es tarde por la noche. Te lo digo más que nada por Lola y Lincoln.
Si de acciones imprudentes se trataba, hace unas semanas Luna había pasado por alto que Lana entrara en la zona de construcción y no le había dado una reprimenda más allá de un zape a modo juguetón, así que las cosas, de vez en cuando, estarían parejas.
—Bueno, ya que lo pones así, no suena tan difícil —concluyó Luan— ¿Cómo harán para sobrevivir? Ni siquiera tienen empleo todavía.
— ¿Empleo para qué? —preguntó el doctor Smith al salir de la casa.
—El depósito del departamento donde queremos vivir —contestó Sam ofreciéndole un cigarrillo que él negó con una sonrisa—. Ya tenemos una entrevista de trabajo programada para el lunes de la semana entrante.
— ¿De qué trabajarán? —les cuestionó Luan con una entusiasmada sonrisa.
Ambas chicas negaron empezando a reírse entre dientes, dejando a los otros dos con un desconcertante gesto de gracia.
—Ayudante de cocina en la secundaria —dijo Sam—. Tu hermano Lincoln fue muy amable al decirnos que solicitaban personal en su escuela.
—Y debido a que sería un poco incómodo para los chicos que su hermana reparta las papas fritas a la hora del almuerzo, yo seré conserje en la universidad de la ciudad —respondió Luna también—. Nuestro presupuesto bajó 70 dólares después de comprar la cerveza y otras tonterías. Debemos movernos rápido antes de que alguien nos gane el departamento.
— ¿Es la misma universidad donde reprobé el examen? —se preguntó Luan más para ella misma que para aportar algo a la conversación.
— ¿Reprobaste el examen de admisión? ¿De TODAS las especialidades? —se admiró Sam.
—Sí, soy una ignorante, apesto —contestó la comediante con una sonrisa despreocupada.
— ¿De cuánto es el depósito? —habló el doctor en voz alta para hacerse notar en medio de las carcajadas de las tres chicas.
—Mil dólares —le respondió Luna echando el humo de su cigarro por las fosas nasales.
—Yo puedo ayudarles —dijo el doctor sacando una cartera de su saco.
Antes de que alguna pudiera objetar y en menos de lo cayó un rayo por la lejanía, Jonathan ya tenía listo un cheque que le pasó a Luna con rapidez.
—WOW, espere, puedo aceptarle 500 dólares, se los pagaría en cuanto esté recuperada, pero ni de chiste puedo aceptarle esto —exclamó Luna levantándose de su lugar con el cheque por delante.
Luan le arrebató el pedazo de papel y abrió la boca con sorpresa.
— ¡Fantástico, 5,000 dólares!
Sam empezó a toser debido al humo del cigarro tras escuchar la cantidad exagerada de dinero, mientras el doctor veía a las tres chicas con cierta preocupación de haber hecho algo bueno que aparentara ser caridad o lástima por la hermana de Luan. Antes de sacar conclusiones apresuradas el doctor empezó a decir sus motivos de tal gesto.
—Cuando tenía tu edad estaba impaciente por independizarme —decía mirando el cielo cada vez más oscuro—. Eso servirá para el depósito y para que puedan vivir sin muchas preocupaciones un par de semanas, yo sé lo duro que puede ser vivir solo, en especial los primeros meses.
—No creo que podamos pagárselos pronto —decía Sam con enorme preocupación—. Solo nos están pagando ocho dólares la hora.
—No quiero que me los paguen —contestó el viejo con rapidez—. De joven tuve que trabajar como cavador de tumbas para pagarme la universidad, solo me pagaban cinco dólares la hora. Por aquellos años me imagino que se trataba de una buena paga.
— ¿Usted fue cavador de tumbas? —se admiró Sam tras escucharlo.
—Sí, de hecho, yo cavé la tumba para…
El doctor se quedó en blanco mirando hacia un punto inexacto detrás de Sam, quien volteó a sus espaldas y luego le pasó una mano por el frente para llamar su atención.
—Estúpido viejo… debo irme, acabo de recordar algo —les dijo el doctor para luego caminar hacia su auto con bastante prisa—. Lo siento, señoritas, debo irme.
— ¿Todo bien, John? —le preguntó Luan asiéndolo por el brazo.
—Recordé que dejé el calefactor encendido, no vaya a provocar un cortocircuito o algo así. Nos vemos mañana en la consulta de Lucy, no lleguen tarde.
—C-claro, sí.
Sin más explicaciones, el doctor encendió su coche y se perdió por el fondo de la calle bajo la atenta mirada de Luan. Ya cuando decidió regresar con su hermana y Sam, se dio cuenta de que Lincoln y Lucy también llegaban caminando por el otro lado de la calle. Su hermana gótica traía algo en los brazos, no pudo distinguir qué cosa era hasta que ambos llegaron al jardín. Se trataba de un gatito de color negro, un cachorro.
—Hey ¿Dónde estaban? —les preguntó Luan acariciando al animalito en la cabeza—. Qué lindo ¿Dónde lo encontraron?
—En el parque —contestó Lincoln.
—Se llama Plutón —le dijo Lucy pasándoselo a Luan—. Es un nombre provisional, a Lincoln no le gusta.
— ¿Se lo van a quedar?
—Por supuesto, a mí me gusta —contestó Lucy.
Luan le pasó al animalito de regreso y ambos caminaron hacia dentro de la casa, Luna detuvo a su hermanito poniéndole una lata de cerveza al frente que él no dudó un segundo en tomar. A pesar del clima, la cerveza fresca siempre caía bien.
—Iré a prepararme algo de comer —le indicó Lucy— ¿Quieres que haga algo para ti, hermano?
—No, gracias, estoy bien —contestó él en voz baja.
Lucy asintió sin más y entró en la casa; en tanto, Luna seguía con un poco de miedo por haber aceptado el dinero del doctor Smith, Luan notó su preocupación y se sentó junto a Lincoln en el barandal del porche.
—No te sientas mal —dijo para consolar a su hermana mayor—. Su esposa siempre quiso ser músico, pero su carrera nunca despegó porque resultó estar embarazada cuando le ofrecieron su primer contrato. John siempre se ha sentido mal por eso, quiso compensarlo y nunca pudo, Elaine estaba contenta con su vida de casada. Su hija se interesó en la pedagogía y su nieta parece ir más por la medicina. Siempre ha querido impulsar la carrera musical de alguien, parece que encontró a quienes darles apoyo.
—Entonces se lo agradezco mucho, se lo pagaré algún día.
Lincoln no entendía absolutamente nada, pero no abrió la boca para decir algo en los siguientes veinte minutos, hasta que Lori los llamó adentro para preguntar por la cena.
6
— ¿Por qué te interesa trabajar con nosotros? —preguntó la obesa mujer.
Bobby estaba repitiendo mentalmente la lista de preguntas que los jefes de todos los lugares donde pedía empleo hacían. Parecía una especie de documento que se pasaban entre ellos en algún sitio oculto de todos los trabajadores eventuales.
—Bueno, sé manejar diversos tipos de herramientas y me interesa porque quizás pueda aprender otro tipo de oficio. Ya sabe, también para pulir mis habilidades —le contestó Bobby con una gran sonrisa.
— ¿Alguna vez habías trabajado en esto?
—Sí, muchas veces, se trataba de construcciones más elaboradas —se acomodó mejor en la silla para seguir hablando, una forma muy casual de hablar que había forjado por varios años—. De hecho, el edificio de oficinas en el centro que se levantó hace cuatro años fue donde trabajé, siempre en los últimos pisos.
La mujer siguió haciendo algunas anotaciones en un cuaderno encima del currículum de Bobby, el mismo que la mujer no parecía estar interesada en leer, tal como la última vez que había trabajado en construcción. La mayoría de las empresas de construcción no estaban especialmente impresionadas por la cantidad de trabajos que haya tenido antes de caer con ellos, de hecho, lo único que les interesaba radicaba en que el empleado supiera distinguir entre una herramienta y otra. Sin embargo, Bobby buscaba un trabajo de medio tiempo que le pagara mejor que cualquier otro de sus trabajos. Para su buena suerte, la empresa Cons4You estaba requiriendo de ayudantes de tiempo completo y medio tiempo; el sueldo era bastante mejor que en cualquier pizzería u otro lugar donde hubiera trabajado antes.
— ¿Has tenido accidentes en tus trabajos anteriores?
—Ninguno, soy alguien muy cuidadoso y precavido —contestó orgulloso de sí mismo.
—Me alegro de escucharlo decir eso, señor Santiago —felicitó la mujer—. Este trabajo es bien remunerado, aunque un poco peligroso, en especial por si se requiere trabajar en grandes alturas o con máquinas u herramientas peligrosas.
—Estoy consciente de ello, señora —contestaba con la misma humildad y entusiasmo—. Vamos, hay muchos trabajos peligrosos, solo hace falta ser muy cuidadoso, se trata de la propia vida ¿no?
—Pues bien, ya que trajiste toda tu papelería comenzarás con el proceso de selección —decía señalando el mismo cuaderno donde estaba haciendo sus apuntes—. Son cosas de rutina, ya sabes, el examen de detección de sustancias al cual me imagino no debes de temer ¿o sí?
—Jaja, para nada —contestó Bobby.
—Bueno, ese examen, y obviamente una revisión médica para asegurarnos de que no tengas hernia o problemas con la presión. Ya sabes, por lo mismo del trabajo duro no queremos que sufras un accidente por condición médica. Serás programado para mañana y cuando termines preséntate en la construcción con tu vale firmado por los médicos y así puedas empezar este lunes ¿Te parece bien?
—Perfectamente.
—Muy bien, entonces bienvenido.
La mujer se levantó con algo de trabajo de su asiento para darle la mano y sonreírle con amabilidad para luego despedirse y empezar a juntar sus cosas.
Bobby salió un poco agitado del pequeño camper donde le estaban haciendo la entrevista de trabajo. A pesar del frío clima de afuera, dentro, la mujer parecía estarse helando, pues había subido la calefacción hasta un punto donde Bobby hubiera preferido hacer la entrevista afuera en la lluvia. Ya estando fuera, solo pudo exhalar y tronarse los huesos de la espalda para luego irse a paso lento hacia el mall.
Las últimas semanas Ronnie había estado sugiriendo conseguir un empleo de medio tiempo para ayudar con algunas cosas en casa y quizás poder conseguir algo para las fechas decembrinas. Él estaba empeñado en negarse a ello mientras que Ronnie hablaba con los gerentes de los antiguos restaurantes donde había trabajado antes, casi todos le daban respuestas afirmativas y solo era cuestión de ella elegir alguno. Las cosas iban marchando bien, solo le costaba un poco hacerse a la idea de que su hermanita reclamaba un poco de independencia.
Estaba por llamarla cuando pasaba por la zona de restaurantes, para ver si compraba la cena o ella cocinaría algo. Antes de sacar su celular se quedó viendo un rostro conocido de alguien a quien no solía ver si no era por Facebook o un ocasional mensaje por WhatsApp. Se estaba acercando con una gran sonrisa —una auténtica, no fingida como la de su entrevista— hasta que vio llorar a la simpática chica rubia ahí donde estaba sentada tomando un smoothie. Antes de acercarse al campo de visión de Leni, se quedó mirando para ver si estaba en un buen momento.
7
Leni agachó la cabeza con tristeza e indignación, porque debía reconocerlo, aún sentía algo por su exnovio que, por cierto, seguía y seguía hablando sin parar del otro lado del teléfono. La rubia se negaba a dejar salir alguna lágrima, no por él. No por un imbécil como él.
—Bebé ¿Me sigues escuchando? —preguntó el tipo, asustado. O quizás fingiendo estarlo.
—Ya deja de llamarme así —reprendió Leni con frialdad—. La única razón porque te contesté es que ya no quiero que me molestes. Dime todo lo que tengas que decirme y luego borra mi número.
Del otro lado, Leni pudo escuchar que su torpe exnovio estaba respirando con demasiada impaciencia, con ansiedad. Leni seguía esperando alguna de las múltiples excusas que le habían puesto alrededor de los años: la típica prima cariñosa, la típica mejor amiga, el típico "no lo volveré a hacer", el típico "cambiaré". A la mierda con todas esas patéticas palabras, jamás había encontrado a algún chico con verdadero interés amoroso en ella, no solo físico, como habían sido la gran mayoría.
— ¡Estela me besó! —le gritó a Leni, con rabia, haciendo que ella se apartara del teléfono con un sobresalto— ¡¿No puedes entenderlo?! ¡Ni siquiera me dejas explicarte! ¿Cómo mierdas esperas que podamos arreglar algo si no quieres hablarme, demonios?
Antes de que Leni estallara de ira al escucharlo encimarle la culpa, trató de serenarse. Le estaba costando demasiado tomando en cuenta que el momento, el preciso instante en que lo vio besando a la tal Estela con tanta pasión que iba en muchos niveles más allá de su propia relación. La respiración se le aceleró, haciéndola desear que Brad estuviera frente a ella para abofetearlo cual melodrama de televisión.
—Yo lo sabía, Brad —contestó con serenidad—. Lo supe todo, todo el tiempo. Estaba contigo porque a mí no…
— ¡Leni, escúchame!
— ¡Déjame hablar, mierda! ¡Cállate!
Si bien, Leni no había estallado, la mecha se estaba encendiendo. Le había dado resultado, pues Brad se quedó callado esperando que ella prosiguiera y por supuesto que no perdió el tiempo.
—Mis amigas me lo decían, hasta Lori lo hizo —le recalcaba enojada—. Y las veces que te confronté me mentiste y yo te creía, porque nadie me daba pruebas de que estabas engañándome con Estela. Necesité verte yo misma besándote con ella en el estacionamiento ¿Todavía me seguirás queriendo engañar? Tú la estabas besando, no ella a ti. No soy una estúpida.
Con aquellas palabras le estaba dando un ultimátum, por supuesto, sin que ella lo supiera. Estaban a bastantes kilómetros todavía, pero Leni apostaba que la cara de Brad se estaba torciendo en una mezcla de enojo y frustración porque el plan no estaba marchando como él quería, como aquel ensayo sin entregar al profesor Sway porque pensaba sobornarlo y al final el profesor se negó a aceptar su dinero, alegando que dichos rumores no eran ciertos.
— ¿Cuándo volverás a clase? —preguntó él con impaciencia, respirando de forma difícil—. Luego de todo lo que sucedió acá, las cosas ya van en marcha, al menos mi edificio ya volvió a clases. Podemos hablarlo cuando regreses.
— ¿Dónde estás? —preguntó Leni—. Te escuchas muy alterado, mejor ve a tu cuarto u otro sitio y cálmate.
Esta vez el tipo empezó a llorar, Leni casi juraba que lo estaba haciendo a moco tendido. Ella suspiró, el llanto no lograba conmoverla, y saber que su voz arruinada por los lloriqueos no provocaba en ella sino una mueca de lástima, le dio a entender lo fácil que sería superar a otro estúpido caminando junto a ella por algunos metros en su camino.
— ¿Cómo quieres que esté? Tú estás allá, imaginando cosas y yo aquí sin poder…
—No imagino —contestó tajante—. Yo te vi, Brad, y por favor escúchame. Ya no me interesa tener nada que ver contigo, si acaso nos veremos algunas veces será porque compartimos edificios, nada más. No me vuelvas a hablar, no te vuelvas a acercar a mí, por favor.
—Leni…
—Se acabó, me viste la cara de idiota por un mes, al menos hasta donde yo sé —Leni seguía luchando por no volver a gritar, de no quebrarse, pues no se trataba de algo que se pudiera resolver por teléfono tan a gusto como un encargo del supermercado—. Adiós, Brad. Cuídate, ojalá no le hagas lo mismo a Estela.
Por fin cortó la llamada sin darle tiempo a decir algo más, luego dejó salir un gran suspiro de frustración para luego empezar a borrar hasta el último rastro de Brad de su vida —al menos por redes sociales— es decir, lo bloqueó de los últimos contactos por donde podía encontrarla. Seguía negando en su mente contestar, por mucho que su mano se movía, pero se mantuvo fuerte. El teléfono dejó de sonar luego de seis ocasiones. Serenidad. Solo eso había en la mente de Leni hasta que logró poner la mente en blanco, luego fijó su mirada en una revista de ciencias que estaba leyendo.
— ¿Leni? —escuchó una voz al frente.
Ella volteó, porque aquella voz no la escuchaba muy seguido salvo algunas notas de voz por WhatsApp. La tristeza pasó rápidamente a la historia ahora que Bobby estaba frente a ella; ninguno de los dos perdió el tiempo y corrió a abrazarse, el chico Santiago incluso alzó a Leni en brazos haciéndola soltar una sonora risa que llamó la atención a más de un comensal en la zona de restaurantes. Ya pasado el bonito reencuentro se sentaron en la mesa donde Leni estaba sentada, la lluvia iba y venía, golpeando el gigantesco vidrio de cúpula que dejaba entrar la luz al edificio.
— ¡Qué sorpresa verte! Pensé que estarías en la universidad —exclamó Leni.
—Han pasado varias cosas, pedí una baja temporal hace unas semanas —confesó con cierto atisbo de vergüenza, Leni se llevó las manos a la boca con sorpresa.
— ¡Vaya! ¿Por qué?
—Bueno, la hernia de papá empeoró mucho los últimos meses, ya no puede trabajar —contestó sin quitar su sonrisa—. Me toca a mí, ya sabes que nunca he podido quedarme tranquilo ¿Tú qué haces aquí? Yo también pensé que estaban en la universidad.
—Hubo un accidente en el laboratorio de la universidad y hubo un incendio por todo el lugar —le informó sin mediar palabra para luego darle un sorbo a su batido de uva—. Nos suspendieron las clases, están reconstruyendo todo porque las tuberías de gas y esto y aquello. Dejó varios edificios hechos una cosa asquerosa.
Por fortuna para Roberto, Leni no se trataba de una chica muy astuta, por ende, pudo disimular muy bien recordar la noticia de tal incendio. Lori se la pasaba mucho tiempo en las redes sociales, siendo la principal fuente de noticias, sin embargo, él se había mantenido al margen porque ya no hablaban tan seguido como antes.
—Supe un poco, no todo —contestó—. Me alegro de que estés bien.
—Estamos —corrigió Leni—. Lori también está bien, las dos estamos de visita en casa.
—Bueno, yo vine a una entrevista de trabajo, las están haciendo en un camper allá afuera.
— ¿Para la construcción?
—Sí, es lo mejor que pude conseguir, espero volver a la universidad, ya voy lo suficientemente atrasado en todas mis clases.
Se quiso corregir al decirlo, pues seguía pasando por algo lo atrasadas que Leni y Lori andarían, sin embargo, ella seguía sonriendo con la misma gracia e ingenuidad que siempre la habían caracterizado, con sus grandes ojos negros brillando con atisbo de tristeza. Sí, había llegado en un mal momento, y los ojos de Leni estaban gritando por el esfuerzo de no romper en lágrimas.
— ¿Estás bien? ¿Llegué en mal momento?
Una vez más se quiso corregir por su observación y mentiras tan estúpidas, y para colmo no se le podía ocurrir una forma de zafarse. Pero Leni, dejándolo perplejo esta vez, simplemente negó guardando su celular en el bolso y limpiarse las lágrimas con cuidado de los ojos.
—Tuve ciertos problemas de pareja —confesó con hastío—. Ya es historia, las cosas terminaron mal, solo que duele un poco. No termino de acostumbrarme. Y no, no llegas en mal momento, precisamente necesito pensar en otra cosa. Si acabaste con tu entrevista ¿Para qué entraste? ¿No será mejor irse directo a casa?
—En realidad vine a buscar la cena —contestó ya con un aire más casual y señalando con su pulgar detrás de ellos— ¿Me acompañas? Ronnie está en casa de una amiga, solo le aviso y después paso a dejarte en casa, si quieres.
—Lori está ahí ¿No sería incómodo?
—No, no lo creo, todo está bien con nosotros —como para obligar a Leni a aceptar su invitación, la lluvia arreció un poco— ¿Es un "sí"?
—Claro, con gusto.
Mientras iban en camino a alguno de los sitios donde pudieran pedir algo para llevar, Bobby le mandó el mensaje a Ronnie Anne sin darle muchos detalles salvo con quién estaba. Un poco callados, un poco cohibidos, pero alegres de estar con un buen amigo. Pocas veces Leni se sentía así.
8
Haberse desconectado algunas horas de las redes sociales había sido productivo, al menos un poco. Lola siempre había sido muy reacia a ensuciarse si la ocasión no lo ameritaba, por ejemplo, en una de las esporádicas peleas de comida que se mantenían solo por Lily, quien seguía siendo una niña y merecía un poco de la diversión que sus hermanos compartieron alguna vez en la mesa de los niños chicos; por ende, cuando Lana solicitó su ayuda para reparar el motor de una podadora de un vecino, ella no se negó, además, su gemela había asegurado que solo necesitaría que le pasara las herramientas. Lola conocía la gran mayoría de estas gracias a todos sus años conviviendo con Lana.
Estuvieron dentro del garaje de los Clements por casi dos horas en las cuales Lana, para no estar tan calladas debido al desánimo de su gemela, hizo plática acerca de los muchachos en la escuela —tema muy de Lola— pero no contaba con que Lola estaría demasiado reacia a hablar. Llevaban toda su vida conociéndose, a Lana no le fue muy difícil hacerla sincerarse. Luego de escuchar todo el tema, acerca de sus largas conversaciones (aunque solo fuera por tres ocasiones) y algunas fotos que compartieron, incluso Lana se indignó porque aquel idiota dejara plantada a su hermana; más que indignada, sentía pena por ella, pues a pesar de todos los concursos de belleza donde Lola había participado, seguía siendo muy sensible en cuanto al rechazo.
—Lo bueno es que ya no han hablado, ¿verdad? —preguntó Lana—. Si ya lo hiciste, no seas tonta, es mejor que dejes todo como está.
—No quiero hablarle, Lana, todo está bien —le contestó ella, pasándole una pequeña botella con aceite para luego limpiarse con un trapo ya no tan blanco—. Además, creo que no le importó. Estuve hablando con Laila por algunos días del fiasco, y decidimos que, si no me habla, no tengo razón para perder mi tiempo.
Con los años Lana había aprendido el modo de hablar de Lola, por supuesto influyó bastante aquellas tardes que Lincoln la había capacitado para reemplazarla en uno de sus concursos, pero le seguía sorprendiendo cómo ella seguía hablando como si fuera una mujer de la edad de Lori. A veces no entendía a sus propias hermanas, sin embargo, puso una gran sonrisa y se levantó de donde estaba en cuclillas para hacerse crujir la espalda.
— ¿De verdad estás tan ansiosa de tener novio?
Lola se sonrojó, solo un poco. Muy bien sabía que no, se trataba de un capricho, pero el ahora llamado "Idiota" de verdad era algo lindo.
—No es tanto que quiera tener novio —le aclaró a su gemela, esta vez pasándole su Coca-Cola medio llena—. Es decir ¿Nunca te ha gustado un chico? Es algo igual, debes de saberlo.
—Muy bien, muy bien, entiendo —luego de darle unos tragos a su soda ella le devolvió el refresco y siguió trabajando en lo suyo, lo cual era poner la carcaza del frente—. Ojalá pudiera darte un consejo ¿Has pensando hablar con Leni o Lori?
—No necesito un consejo, ya estoy bien.
—Como tú digas, hermana ¿Después de aquí me acompañas a casa de Barry cuando terminemos con esto? Me salté la clase de álgebra y me pasará los apuntes.
—Sí, por supuesto —un trueno se escuchó por fuera de la cochera y Lola solo pudo arquear las cejas con sorpresa—. Espero que la lluvia no nos agarre en el camino, será tarde para que Luna venga a recogernos.
Sharon Clements, la señora de familia y buena amiga de Rita entró a la cochera para ver cómo iban las señoritas con el trabajo encargado. Lana rápidamente la saludó con una sonrisa y le hizo una señal de acercarse, el trabajo estaba concluido y solo necesitaba hacérselo notar.
— ¿Ya está listo? Pensé que Rita me estaba engañando —jadeó con sorpresa.
—Ay, vamos, me está subestimando —comentó Lana con fingido enojo para luego mostrarle que ya encendía sin necesidad de patearla y decir groserías—. Solo le hacía falta un poco de aceite y una limpieza al motor, además le quité mucha basura que traía entre las aspas. Ya está recargada y limpia para usarse, solo que… claro, debe esperar hasta mañana.
—Muchas gracias, linduras —les dijo la mujer, con sus pómulos enrojeciéndose a cada segundo como un par de ciruelas maduras—. Vengan adentro para darles su dinero, ¿Quieres que las lleve a casa? No vaya a ser que se mojen de regreso.
—Iremos con un amigo por aquí cerca —se apresuró a responder Lola.
—Bueno, entonces no las retraso más, aquí tienen.
La señora Clements le dio un billete de 50 dólares a Lana, luego ambas se despidieron y fueron hacia la puerta; Lana le dio el billete a Lola, pero ella denegó con amabilidad y luego caminaron una cuadra más adelante con algo de prisa, ya estaba anocheciendo y con la lluvia literalmente a punto de caerles encima, lo que menos querían era tardarse en llegar a casa.
Una vez que llegaron a casa de Barry se quedaron paradas en el jardín, más por un frenazo brusco de Lana que casi las hace tropezar al suelo. Lola estaba por reclamarle cuando notó la razón de hacerla frenar, no era sino "la momia de mal humor" que había compartido por WhatsApp la semana pasada mirándolas por la ventana al lado de la puerta, la que estaba en la sala; la mirada del anciano era un poco difícil de descifrar, pues sus ojos, apenas abiertos, parecían notar todo lo que sucedía en la calle sin prestarles atención a ella. Hasta el momento a Lola no le daba miedo, aunque sí daba mal rollo, al parecer a Lana sí, y no debía ser para tanto. Su gemela se atrevió a dar unos pasos ya segura de sí misma hasta tocar el timbre.
—Será rápido, ¿verdad? —preguntó Lola cruzándose de brazos—. Casi te pusiste pálida, el vejete ese no te quiso manosear o algo así, ¿verdad?
—Claro que no, no puede ni levantar una mano.
—Sí, dudo que se le pueda levantar otra cosa.
Ambas echaron a reír en lo que Barry bajaba para abrir la puerta, no se tardó mucho. Apenas estaba por saludarlas cuando se quedó con la palabra en la boca ya que tres golpes fuertes resonaron en el vidrio, lo suficientemente algo para alterarlos.
— ¡Vete, vete! —gritaba con su voz de anciano.
Cuando los tres voltearon a verse, un poco extrañados de la actitud del viejo, una vez más se quedaron con la palabra en la boca al escuchar el tremendo ruido causado por los botes de basura al ser derribados por un par de perros callejeros. Seguidos de más gritos y golpes en la ventana por el disgusto del viejo.
—Lo siento, se pone peor —se excusó el chico abriendo la puerta en totalidad—. Pasen, todavía estoy arreglando unas cosas ¿Me esperas un poco con el cuaderno?
—Podemos esperar aquí afuera… —decía Lana, hasta que Lola le dio un codazo en las costillas con un remarcado gesto de desaprobación.
—Claro, te esperamos, gracias.
El viejo seguía gruñendo cosas ininteligibles desde la sala, ellas dos procuraban no mirar, siendo Lola la más tranquila de ambas. Barry suponía que tenían un poco de prisa, por lo mismo no las invitó a subir, sino que ambas se quedaron sentadas en la escalera. El viejo seguía dando ocasionales golpes al vidrio, enfurecido, moviendo su silla de ruedas de un lado a otro, inquieto como un perro enjaulado.
— ¿Por qué nos obligaste a entrar?
Lola de verdad no pudo creer las palabras de Lana.
—No seas gallina, solo es un viejito —exclamó en voz baja, señalando al hombre—. El abuelo también se puso así en sus últimos días ¿No recuerdas las cosas que hablaba? Está senil, en cualquier rato sucederá algo feo.
—Es diferente, el abuelo no me daba miedo.
Su gemela ya no tuvo intenciones de seguir con aquella charla, de antemano sabía que Lana tenía ciertas fobias, pero nada sobre un viejito indefenso. Para entonces la lluvia empezaba y antes de que Lana tuviera algún ataque de nervios, Lola decidió llamar a Luna, quien se tardó un poco en responder. Mientras tanto, Lana amasaba con ansiedad su gorra mientras miraba por las escaleras, renegando mentalmente que Barry se estuviera tardando tanto.
— ¿Luna? ¿Ya terminaste con tu asunto?
—Sí ¿Qué sucede?
— ¿Puedes pasar por nosotras a casa de Barry? Creo que Lana tendrá un ataque de nervios, eso o está en su papel de "Reina del Drama".
Ante sus palabras recibió una mirada aprensiva por parte de Lana. Al menos no alcanzó a escuchar las risas de Luna y Sam, o se hubiera molestado más.
—Es el chico a quien le reparó la bici ¿No? Ya vamos para allá, nos detuvimos a comprar algo de beber, no tardo mucho.
—Gracias, nos vemos.
Los pasos, lentos y pesados, de Barry bajando por las escaleras les hizo voltear —levantarse, en caso de Lola— y le entregó el cuaderno a Lana. Antes de que las chicas se fueran, él mostró su mano derecha, estaba sosteniendo dos boletos de cine, llamando la atención de Lola.
—Hey, Lola ¿Tienes planes para mañana? Compré estos boletos y pensé en, ya sabes, quizás fuéramos juntos.
—Encantada, Barry, gracias por pensar en mí —agradeció la rubiecita.
Por supuesto Barry no le diría que los boletos eran de su hermano mayor y su novia, y que la única razón por la cual él los tenía, era porque su hermano había terminado con ella la noche anterior y se los regaló "para que fuera con Lana". Por primera vez en su estancia de casi diez minutos Lana relajó su aspecto al sorprenderse de la repentina invitación hecha a su gemela. Luna llegó a recogerlas en ese momento y se despidieron, ya sin prestar atención a los griteríos ocasionales del viejo.
— ¡Aléjense del árbol! —gritó, palpando el vidrio con fuerza y enojo después que Lana y Lola salieran de su casa.
Las gemelas todavía voltearon desde afuera al escuchar los golpes en el vidrio, pensando lo impresionante de que este no se hubiera roto ya después de tanta zarandeada. A pesar de las insistencias de Lana, Luna se quedó mirando casi riéndose del pobre chico ante su problema de acercarse al abuelo, pues este manoteaba con fuerza sin dejarlo acercarse mientras gritaba a algún punto de su jardín.
—No seas maleducada, Luna —le regañó Sam, riéndose también—. Anda, vámonos, ya veremos el espectáculo otro día.
Barry ni siquiera se dio cuenta del momento en que se fueron. Además, ya estaba cansado de los gritos y no había querido decírselo a su madre por temor a una reprimenda, pero estaba siendo hora de llevarlo a un asilo para que cuidaran de él personal más capacitado, o mucho más paciente, mejor dicho. Lo quitó del frente de la ventana, aún así, el carcamal seguía volteando y agitando las manos con enojo.
—Ya basta, abuelo —decía Barry aproximándolo a una distancia prudente del televisor—. No grites, no hay ningún árbol afuera ¿Quieres algo para cenar? ¿Quieres ver una película?
El hombre dejó de gruñir apenas encendieron el aparato. Barry se quedaba más allá de sorprendido viendo la mirada de profundo enojo que su abuelo le dirigía al aparato. Al parecer la chica del clima en el canal 6 ya no le atraía tanto, cosa muy entendible tomando en cuenta su edad. Luego de unos minutos mirando que no se pusiera histérico ni dirigiera su silla hacia la ventana, Barry fue a la cocina para prepararle un poco de arroz blanco y recalentarle el consomé de pollo que su mamá había dejado hecho.
9
Sam se había quedado en casa a ayudarle a Rita con la limpieza de la cocina, en tanto, ella tuvo que salir poco después del anochecer porque Chunk les estaba consiguiendo una presentación para dentro de una semana, quizás un poco más; entonces, al entrar en el bar, rápidamente buscó a su amigo-representante para charlar y lo descubrió en una mesa, hablando con un sujeto que estaba de espaldas. Chunk la saludó y ella caminó hacia la mesa con una gran sonrisa.
—Aquí está la líder de la banda —anunciaba Chunk entregándole una cerveza.
— ¡Mucho gusto!
El tipo alzó la mirada de su celular y el recuerdo de una noche mala llegó a la mente de Luna. El sujeto quien los estaba contratando era el aparente dueño de la construcción, el mismo que había sido su cómplice en el asesinato de un perro callejero. Muy contrariamente a Luna, quien borró su sonrisa de la cara, Charlie le sonrió con ganas extendiendo su mano para estrecharla en un saludo. La guitarrista se quedó perpleja, mas no fue descortés, y tomó asiento en la pequeña mesa luego de devolver el saludo.
—No esperaba verte por aquí, Charlie —dijo Luna, forzando el tono amigable.
— ¿Ustedes ya se conocían? —preguntó Chunk.
Charlie se quedó mirando a Luna y su cambiante gesto de vergüenza, de hecho, ambos lo estaban. Los dos se tardaron un poco en contestar, no obstante, mientras Luna comenzaría a alegar lo del perro muerto, Charles le arrebató la palabra.
—Hubo un problema en la construcción hace unas semanas, su hermanita entró sin permiso y el guardia le jaló de la oreja para sacarla —explicó encendiendo un cigarrillo— ¿Lana, me parece?
—Sí, lo siento por eso, amigo —se excusaba Luna, relajándose por fin—. Pero bueno, hoy vinimos a hablar de cosas mejores ¿Qué sucede?
—Charlie me estaba explicando que estuvo en la presentación de Halloween y quiere que toquemos en la inauguración de un club a las afueras de la ciudad —explicó Chunk para luego darle la palabra a Charlie.
—Así es, un amigo mío abrirá su club y yo estoy a cargo de la música —él alzó su dedo índice para indicar que continuaría de hablar luego de responder un mensaje, luego bloqueó el teléfono y siguió con su alegato—. Me estaba siendo muy difícil encontrar a alguien, porque resulta que mi amigo odia a los DJ, pero ama el rock y cualquiera de sus derivados, o parecidos, o como se llamen. Sin ofender, por supuesto.
—Sí, no te preocupes.
—El caso es que estaba en el centro cuando ustedes tocaron y resolvieron todos mis problemas. Fue una casualidad encontrar a tu amigo, lo reconocí desde el otro lado de la barra. Entonces, ya que pusimos las cartas sobre la mesa ¿Les parece si hablamos de negocios?
La cara de Luna nuevamente pasó a ser una completa sorpresa, por lo mismo, Chunk volvió a meterse con una sonrisilla ante tal gesto. Desde que se conocían, Luna se dedicaba solo a tocar, nunca a cobrar, pues no estaba acostumbrada a hablar de cuotas.
—Ya que no será un concierto, podemos estar casi toda la noche, o al menos hasta que la gente quiera. Cuando es una inauguración, las cosas se empiezan a poner interesantes después de la medianoche.
—Estás en lo correcto, y bueno, las cosas que lleguen a consumir correrán por cuenta de la casa, para que resistan la noche —dijo Charles entre risillas—. Lo que necesito es saber cuánto me cobrarían por tocar, tengan en cuenta que estará lleno, alrededor de doscientas personas. Puede que no sea un público exactamente grande, lo sé.
Esta vez fue turno de Luna para hablar, Chunk se lo hizo saber moviéndole la pierna para llamar su atención. La chica no estaba del todo segura de cuanto serían los cobros de una presentación, entonces recordó la suma del cheque entregado por el doctor Smith unas horas antes y decidió que la cantidad no estaría nada mal si lo dividían entre todos.
—5,000 dólares me parecen algo justo, pero es negociable —dijo Luna.
—No se hable más, me parece perfecto —acordó Charles, con algo de prisa—. Bueno, disculpen si me retiro, surgió algo y no puedo tardarme más. Estaré hablando con su representante para acordar todo, nos vemos luego.
Los dos músicos se quedaron viendo a Charles mientras se iba, estaba tan apurado que ni siquiera se habían dado la mano para cerrar el trato. Mientras Luna continuaba saboreando su bebida Chunk se empezó a reír cada vez más alto, hasta provocar que ella se empezara a reír también.
— ¿Qué te sucede, viejo?
—Me sorprende lo segura que lo dijiste, Luna —esta vez, él no pudo contener más las carcajadas y la dejó todavía más perpleja—. Debí aclarar que él nos iba a pagar por separado ¡Le salimos muy caros!
Luna se llevó las manos a la boca sin poder creer lo que estaba escuchando. Chunk se seguía riendo, el tarro le temblaba entre las manos, salpicando un poco la mesa.
— ¡Joder, Chunk! ¿Ahora cómo salimos de este problema?
— ¿Desde cuando recibir dinero es un problema?
— ¿Qué tal si no les gusta nuestra música? ¡Quedaremos en vergüenza! Carajo, cuando te llame aclara las cosas con él ¿Vale?
—Oye, oye, tranquila —contestó Chunk, palpándole la espalda—. Nuestra música es buena, tus letras son buenas, quienes estamos en la banda somos buenos ¿A qué viene tanta falta de confianza? Desde que te conozco sé que eres grandiosa, me sorprende esta actitud de ti.
—Lo siento, lo siento, es que jamás he estado por mi cuenta.
—Qué curioso, porque cuando te conocí estabas por tu cuenta.
Luna sonrió vagamente al recordarlo, Chunk estaba rondando los veintes cuando la vio en la presentación de talentos de la secundaria, tocando una canción de Eric Johnson llamada "Cliffs of Dover" y al que todos los jueces aplaudieron para luego premiar con el primer lugar. Jamás se hubieran conocido de no ser por haber asistido por insistencia de Michelle, su novia de por aquel entonces.
—La próxima vez yo hablaré, ¿Vale? No te preocupes, solo mantente tranquila.
—No me parece justo dejarte todo el trabajo —admitió Luna con cierta tristeza—. Tú has conseguido bajista y dos presentaciones para la banda, sin mencionar que nos conseguiste un departamento en donde rentar.
—Lo hago con todo gusto, Luna —dijo Chunk con una fraternal sonrisa.
—De todos modos, amigo, si hay algo que pueda hacer por ti solo pídelo ¿Vale?
—En realidad…
Una vez más, Luna se quedó en shock, pues no esperaba saldar una de sus deudas tan pronto. Le hizo un gesto a Chunk para que prosiguiera, ansiosa de escucharlo.
—Yo también he compuesto un par de canciones, pero no tengo buena voz como Sam o como tú, pensé que podrías echarles un ojo y ver qué te parecen.
— ¡Por supuesto!
Solo terminaron de beber su cerveza y luego se despidieron, ya que Chunk debería ir al hospital para visitar a uno de sus hermanos menores, lo habían operado del apéndice. Luna se subió al Torino y puso marcha hacia su casa con la música a volumen bajo y fumando un cigarro; ahora tenía una buena cantidad de dinero en su bolsillo, un departamento y trabajo asegurado, además de que su inicio como una banda propiamente formada estaba arrancando mejor de lo esperado. Las cosas con sus hermanos estaban mejorando con Lucy yendo a terapia y sin tantos episodios de pesadillas, sus hermanitas menores no se metían en problemas tan seguido y Luan sería capaz de controlarlas si algo llegaba a salir mal, y Lynn o Lincoln las defendería de cualquiera. Sin embargo, aunque todo estaba saliendo bien, Luna no estaba tranquila.
Seguía esperando que algo saliera mal.
10
— ¿Dónde estás, bonito? —decía Lucy buscando entre los arbustos—. Vamos, ven aquí, maúlla más fuerte para escucharte.
Lincoln estaba buscando en los arbustos del otro lado, él estaba a la espera de los maullidos solo porque Lucy insistía. Aprovechando las últimas horas de luz de un día lluvioso iban a regresar caminando a casa cuando lo escucharon apenas por el ruido de sus pasos en el césped húmedo; al cabo de unos momentos la búsqueda cesó y Lucy lo recogió desde un pequeño agujero que probablemente alguna ardilla usaba de escondite. Su hermano mayor se aproximó para verlo, sorprendiéndose de la enorme sonrisa de Lucy al tenerlo en brazos; se trataba de un pequeño gatito negro, casi un recién nacido.
— ¿Qué quieres hacer con él? —le preguntó.
—Deberíamos llevarlo a casa, no creo que tenga a dónde ir.
Apenas caminaron unos pasos más adelante y tuvieron que correr hacia un kiosco para guarecerse de la lluvia. Los relámpagos alumbraron dentro del mismo por un breve instante para dejar paso a los truenos y una ventisca lenta pero gélida.
—Debemos irnos antes de que el agua venga más fuerte —dijo Lucy, abrigando al gato metiéndolo dentro de su sudadera.
—No, esperemos a que pare de llover.
— ¿Y si oscurece?
—Nos vamos en autobús.
—Lástima, me gusta caminar.
En todo momento de su viaje Lincoln había estado buscando el momento para hablar con Lucy, algo contradictorio tomando en cuenta que había sido ella quien le pidió acompañarla a salir "para hablar de algo importante"; Lucy, por su parte, durante todo el camino había estado callada aún por encima de que Lincoln trataba de hacer plática hasta del clima, algo ya de por sí desesperado. Ella jamás se portaba de forma tan distante. Al parecer, el momento apropiado se acababa de dar. Y fue ella quien tomó la palabra.
—Disculpa si estuve un poco rara hoy —dijo Lucy sentándose en una de las tres bancas que estaban bajo el kiosco—. Quiero hablar contigo de algo importante, ya sabes que en casa no se puede tener mucha privacidad y el asunto es un poco delicado.
— ¿Sobre qué?
A pesar de todo el rato en silencio, Lucy parecía insegura para hablar. Tartamudeó un poco antes de poder comenzar.
—No se lo he dicho al doctor Smith, tampoco a ti, me da miedo que… que cambies tu opinión de mí —confesó en voz baja, casi ahogada por la lluvia—. Sé que las cosas no han estado muy bien últimamente conmigo, tú me crees, tú has visto algunas cosas. Sabes por lo que estoy pasando… no te imaginas cómo envidio a Lola, porque sus preocupaciones son las de alguien normal, con chicos lindos y amigas. Las mías no.
El peliblanco tomó asiento junto a ella en la banca, en el borde de la mesa de concreto en el centro del kiosco pudo leer "RxN4ever" al momento de sentarse.
— ¿Tienes envidia de Lola?
—No es lo que quiero hablar contigo, pero… sí. Le tengo envidia a nuestra hermana.
— ¿Entonces?
— ¿Por qué lo haces? —preguntó Lucy, volteándolo a ver—. Me defiendes cuando estoy en problemas, estás conmigo todas las noches que tengo pesadillas o cuando tengo miedo de dormir sola. A pesar de lo que has visto no me has dejado, y aunque no lo hubieras visto, tampoco creíste que estaba loca, como nuestras hermanas.
—Es mi trabajo, es un gusto —contestó Lincoln con paciencia—. Soy tu hermano, Lucy. Nunca voy a dejarte sola, siempre voy a estar contigo. Si nunca te juzgué como una loca es porque quizás también se me zafó un tornillo, ya sabes, se necesita de dos locos para tener un poco de cordura.
Lucy sonrió con un endeble rubor en sus mejillas mientras el gato jugueteaba dentro de su abrigo. Ambos se quedaron callados, sintiendo las gotas de lluvia salpicándoles suavemente la nuca.
—Sabes muy bien que no es así —sentenció, haciéndolo ponerse tan blanco como ella—. Nadie más se ha preocupado por mí como tú lo has hecho. No creas que no me gusta o me hace sentir incómoda, solo pienso que… quizás lo estás haciendo porque me tienes lástima. No podría culparte si es así, cualquiera la tendría.
— ¿De qué hablas?
—Eres tan diferente a mí, no espero que sepas cómo se siente estar solo —expresó Lucy, borrando su sonrisa y desvaneciendo su sonrojo—. No tengo amigos, apenas hablo con las personas, se han llegado a burlar de mí en la escuela, hasta me han querido golpear. Hasta ahora es cuando la gente me nota, normalmente paso desapercibida. Es como si fuera repelente a todos… y tú… tú eres tan diferente a mí.
—Eso no es cierto, Lucy.
— ¿No? Hubo un tiempo donde ni si quiera tú me tomabas en cuenta.
Ante lo dicho, Lincoln no encontró palabras con las cuales excusarse, aunque no tenía intenciones de hacerlo. Lo que Lucy sí logró fue hacerlo sentir avergonzado. Casi estaba seguro de dónde estaba llegando su hermanita con aquella plática, lo único que hubiera querido fue no sentirse tan sudoroso y nervioso; pocas veces le llegaba a pasar y siempre había sido con Ronnie Anne… su novia, quien se estaba atravesando en sus pensamientos en un momento por demás inoportuno.
—No digas que lo haces por ser mi hermano, por favor —pidió Lucy volteando su mirada hacia el techo—. Es como si estuvieras remarcando mi punto, como si no quisieras dejarme sola porque no tengo a nadie más.
Antes de que siguiera hablando, Lincoln la acercó a él en un abrazo fuerte y cariñoso, esperando no incomodar al gato que descansaba en el regazo de Lucy; ella apenas pudo corresponder al gesto, siempre con un atisbo de emoción en su interior. Tan similar a cuando se tomaban de la mano, a cuando dormían juntos. La misma sensación tan cálida cuando él la besaba o viceversa.
—Entonces no pienses así de ti misma —regañó Lincoln, en voz baja, pero con reproche—. Tampoco pienses cosas malas, lo hago por gusto. También porque soy tu hermano, y por varias razones más, pero nunca vuelvas a creer que lo hago por lástima. Lo hago porque te amo, ¿Me escuchas, Lucy? Te amo, solo por eso no dejaré que nada te pase y nunca voy a dejarte sola.
—Yo también te amo, Lincoln —contestó Lucy, juntándolo más a ella con ayuda de sus brazos por detrás de su cuello—. Me siento mal por toda la molestia que soy para ti, por los problemas que causo…
—Shh —susurró Lincoln.
¿Hasta cuando iba a sentirse mal consigo misma? Ser una molestia para su familia, en especial para su hermano mayor, no le traerían nada bueno. No obstante, con aquel susurró llegándole al oído de forma tan tierna le hizo olvidarse de todo por un segundo.
Ella se quedó callada, sintiendo los labios de Lincoln besarle con cuidado la mejilla y sus dedos peinando su alborotado cabello por detrás de la oreja. Ella correspondió al gesto, besándolo también bastante cerca del oído. Y poco a poco se fueron acercando, sintiendo sus manos temblando, su aliento y respiración tan cerca de la boca del otro. Lucy no sabía lo que estaba ocurriendo, se hacía una idea, e imaginaba que en cualquier segundo aquella visión tan irreal y dulce se transformaría en un lugar horrendo, un lugar de pesadillas. Para Lincoln las cosas eran más sencillas, porque acababa de perder la lucha contra su cordura y su moral, condenándose al infierno junto con Lucy cuando por fin rompió la distancia y la besó cuidadosamente, embriagándose con la tersa sensación de aquellos labios prohibidos que tanto había deseado.
Lucy se quedó en blanco con el beso que Lincoln estaba robándole, su mente divagó por algunos segundos en la nada, en el vacío, mientras veía la expresión angelical de su hermano al besarla. Él lo disfrutaba con cada sentido, incluso con la vista, a pesar de tener los ojos cerrados; no pudo moverse, ni tampoco quiso hacerlo. Con remordimiento, culpa y, en especial, con el placer de estarle robando su tesoro a alguien más, Lucy también cerró sus ojos por un breve instante hasta que pudo mover sus manos y el temblor pasó a sus piernas, o al menos eso creyó, porque Lincoln se apartó de su rostro con brusquedad sin romper el abrazo. Su dulce expresión ahora se tornaba en el miedo mismo, Lucy pocas veces lo había visto ponerse tan pálido. Con ese gesto, el placer quedó aplastado bajo los cientos de toneladas de culpa agolpándose en su mente.
—Lucy, lo siento, yo…
—Shh —susurró ella esta vez.
Aún por encima del sonido de la lluvia, de la gente corriendo a lo lejos buscando refugio de la misma, del viento agitando los árboles, podían escuchar cada uno su corazón palpitando hasta sus oídos. El ritmo de tan inefable sensación los estaba haciendo temblar, les había robado la voz, los había dejado tan unidos y tan separados al mismo tiempo que apenas podían procesarlo. El aroma del perfume de Lucy llegó a Lincoln, mezclado con el petricor y la humedad del sitio donde estaban escondidos. En todo momento lo único que ambos pudieron pensar radicaba en volver a besarse, pero ninguno se atrevía a dar el paso. Solo se quedaron ahí, abrazados, tranquilizándose mientras pegaban la frente en la del otro hasta que su ansiedad por fin desapareció junto a las gotas de lluvia. Había llegado el momento de volver a casa.
Había llegado el momento de comenzar a mentir.
Y con esto hemos terminado la primera parte, después de tantos meses. Lo sé, soy un escritor terrible, pero vamos, he estado un poco ocupado. Solo les diré un par de cosas antes de echarme en mi cama lo que resta del día :v.
A pesar de lo que hayan leído en cuanto a Luan y el doctor Smith, debo aclarar que, si bien mi querido amigo Byakko Yugure me lo dio a notar, no tiene nada que ver con las obras de "Phantom1812"; ni plagio ni homenaje o algo parecido. Jamás he leído nada de su trabajo, y para ser honesto, no tengo intenciones de hacerlo. Ya hay otro montón de fanfics que he leído hasta la mitad y no he continuado, entre ellos "Deportación", el cual recomiendo bastante leer. Recuerden seguirme por Twitter, me pueden encontrar como "Slash Torrance", tengo la misma foto que en este perfil. Próximamente también podrán encontrarme en mi canal de YouTube, aunque todavía está en fase inicial. Entonces, sin nada más que agregar por el momento, yo me despido, no sin antes pedirte que me dejes tu opinión en un bonito review, que no cuesta nada dejarlo ¡Hasta la próxima! n_n
—Slash.
