N/A: Solo alguien como yo se tarda tanto en actualizar drabbles, jsjs. Perdón a todos, pero hey, el teaser del Episodio IX se vio prometedor. Idk, yo estoy al cien creyendo que el Reylo es the ultimate endgame, pero igual, estos días me ha dado por escribir angustia x1000. So, yup. Digamos que esto me gustaría que pasara si alguno de ellos tuviera que morir, like, no concibo la idea de que solo uno quede vivo, no tiene sentido si los dos son partes contrarias de la fuerza.

Advertencia: Major Character Death.

Prompt: Kylo y Rey se enfrentan. Ambos pierden.


10. Suspiro

Es simple. Cuando ella muere, él también muere. Para una tragedia de semejante naturaleza, no hay otro final posible.

A manera de consuelo, el peso de sus hombros se desvanece. La verdad se cuela en su consciencia, es clara y concisa: No está solo.

Kylo Ren vuelve a ser Ben, exclusivamente para mirarla a los ojos. La luz se extingue de a poco, y él no puede evitar pensar en todo lo que han sufrido, en todo lo que han vivido juntos. Condenados a ser contrapartes, unidos por los corazones rotos de sus respectivos cristales… ¿O, tal vez, se trata de una absolución?

Rey es preciosa aún al borde de la defunción. Su cabello enmarañado reluce contra la escasa luz roja del bosque, sus mejillas empapadas de sudor y lágrimas son memorables, sinceras y perceptibles. Ben las aprecia por completo. Son la última prueba que necesita para comprender que no precisa nada más. Concluye que morir no se siente mal.

Su boca exhala aire con la poca energía que le queda, sus labios susurran algo que no es audible. Ben no tiene más tiempo que ella, sabe que debe decirle, decirle… ¿decirle qué? No consigue aclararse, la cabeza no deja de darle vueltas.

Rey intenta moverse. No obstante, logra sostenerla al rodear su cintura con ambos brazos. Ella insiste.

—No, Rey…

Suelta una queja cuando, por fin, son manos ajenas las que rodean su cuello y cierto rostro se oculta en su clavícula.

—Es extraño —ataja con voz temblorosa, algo dubitativa. Después de todo, la sensación del dolor entremezclado con ellos estando demasiado cerca es nueva.

El nivel de intimidad es inconmensurable. Ni siquiera en el elevador lograron sentirse así de volátiles, como si su alrededor se desvaneciera despacio y ellos dos ascendieran a un cielo que no es azul, ni estrellado, sino gris diluido. Sorprendente como parezca, ninguno siente miedo.

Rey suspira cuando Ben decide juntar sus frentes. La sangre de sus bocas se desprende, se disipa en negro y blanco. Negro para Ben, blanco para Rey. Están muriendo, están muriendo, y él necesita decirle que-

Para esas alturas debe de sentirse molesto, sin embargo, no es el caso. Ya no importa que, por culpa de la batalla a la que tuvieron que someterse, y por el bien de dos bandos que ya no valen la pena, hayan tenido que terminar de este modo. No cuando la muchacha es más que luz suficiente para los dos y el resentimiento acoge a la empatía como una vieja amiga, o mejor dicho, como a una amante cariñosa. Un instante se vuelve negro, pero jamás se separan. Perecen al mismo tiempo.

Y ahora flotan, ahora ambos saben que no están vivos, pero la muerte no les duele en lo absoluto.

Es allí cuando Rey le despoja el último suspiro sin necesidad de labios concretos y palabras materializadas. La fuerza los absorbe, los despoja de sus cuerpos con confianza, los atrae sin esfuerzo a su misticismo impalpable. Solo entonces, descubren que son uno mismo. La dualidad en su máxima expresión.

Es perfecto.

Por fin quedan libres.

Somos perfectos.

Por fin sienten paz.