-Por la tarde, a las 16:56 En algún lugar, en Silent Hill
-Por la tarde, a las 16:56 En algún lugar, en Silent Hill.
Y estoy de nuevo en el hospital. En aquél segundo piso. Pero aquello lo había soñado, no había sido real...¿O sí? No, estoy seguro de que hubiera sido un sueño. Sin embargo...cuán real había sido...cuán real...Será mejor que deje de pensar en esto, y me mueva: quiero ver si aquello es real.
Nathaniel fue a abrir la puerta que conducía a las salas "M", pero estaba cerrada. Comprobó todo el piso: sólo estaban abiertas las puertas que daban acceso a los vestuarios de los médicos. Entró primero en el de los hombres. No había nada de interés...batas de médicos, revistas, latas de cerveza vacías...Pero nada que le interesase. Miró los nombres de las batas por si le sonaba alguno. Sólo le sonaba un tal Ernest Baldwin, al parecer, director del hospital. Era el mismo que firmó el documento de su ficha de interno. ¿Dónde estaría ese hombre ahora? Tenía muchas preguntas para él...Repentinamente, le vino un fuerte dolor de cabeza, como le había pasado anteriormente.
-¡No otra vez no! -gritó desesperado y cayó al suelo sin sentido.
Jack
Jack estaba en el Hospital de nuevo. En los vestuarios de los médicos, en el de los hombres. Tendido en el frío suelo, veía la bata del doctor que un día le trató...Ernest Baldwin. Sí, su nombre tenía ahora fuerza y sentido para él. Lo recordaba como un hombre amable y que extrañamente entendía a sus pacientes...sobretodo a un tipo que perdió a su hija y se volvió loco. Pensaba que el doctor también perdió a su hija, o por lo menos eso oía decir a las enfermeras. Aquél hombre...era raro. Muy raro. Cuando él escapó, el doctor ya se había marchado del Hospital, se había retirado a su mansión, tal vez para no volver a ejercer...Se levantó. Miró a su alrededor. Algo raro pasaba. No era el Hospital, podía notarlo...era una burda copia, sí, lo era...Salió de la habitación. Oscuro y frío...no era su Hospital. Asustado, corrió a su habitación. Entró y se sintió mejor, allí tendido sobre la cama. Miró en su mesita por si encontraba su diario, pero allí no había nada. Sí, era verdad, su diario se lo olvidó en el tejado. Ahí iría ahora. Se fue de la habitación. Parece que la mala sensación había pasado y ahora todo estaba de nuevo en calma. Salió al piso principal y subió al tercer piso. Quería ir al tejado...pero antes pasaría por las Salas de Castigo...
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Valtiel seguía observando. Qué pecador tan curioso. Eran dos en uno solo. Los dos, que no sabían de la existencia del otro. Dos seres que eran uno. Sonrió. Hacía tiempo que no lo hacía. Aquél mortal, aquél Pecador, le había llamado la atención. Pero él debía cumplir los designios de Dios, pues era él su ángel más poderoso, su esclavo a sus órdenes directas y cumpliría con su cometido.
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En cuanto se acercó, oyó un grito desgarrado y terrible. Se paró asustado y escuchó: Más gritos. Provenían de las Salas de Castigo, Tal vez hubiera alguien encerrado allí. Entro en la habitación con las tres pequeñas salas y pudo oír que los gritos salían de la última sala. Se acercó cautelosamente, escuchando los gritos...
AAAAAAAAHPIRÁMIDEAAAAAAAAAROJAAAAAAAAAAVALVALVALVALAAAAAAAAAAAAA
Se asomó por la ventanilla para ver quién había: por un momento, se vió a sí mismo, pero completamente desquiciado. Pero al segundo, la imagen se esfumó y antes de hacerlo, la imagen sólo dijo una palabra: ALICE. Luego vino el silencio sepulcral y la oscuridad lo llenó todo...
Nathaniel
Abrió los ojos. Estaba en una pequeña sala acolchada. ¿Qué diablos era aquello y cómo había llegado hasta ahí?
-Por la tarde, a las 18:47 En el Brookhaven Hospital, en Silent Hill.
Bien, esto es lo que me faltaba. Estoy en una de esas...celdas de castigo del hospital Brookhaven. ¿Cómo he llegado a ésta situación? ¿Cómo saldré de aquí? Tengo que encontrar la forma...Pero, ¿cómo?
Nathaniel comprobó todo lo que llevaba encima, por si algo le servía de ayuda. Pero sólo llevaba las llaves que había encontrado (aunque algunas no sabía cómo), el diario y una pluma para escribir. Y nada más...nada le servía. Desesperado, probó todas las llaves una a una, pero a pesar de que todas entraban (algo extraño) ninguna pudo abrir la puerta. Aporreó la puerta, golpeó las paredes...nada. Encerrado. ¿Quién lo había hecho? ¿Quién lo había dejado así? Como siempre, no tenía respuesta...Se sentó en el suelo. Le dolía la cabeza...sentía los miembros agarrotados del cansancio...Estaba agotado, exhausto por todo lo ocurrido...y así, poco a poco, se durmió.
Frío, mucho frío. Estaba a la intemperie...el aire helado le penetraba hasta los huesos. Estaba tumbado sobre algo blando y frío. ¿Nieve? Sí, la tocó con las manos. También sintió que estaba nevando. No le importaba dónde estuviera, pues estaba cómodo, se sentía a gusto entre la nieve y el frío. Por primera vez en mucho tiempo se sentía bien, a gusto consigo mismo y en el lugar que estaba. Quería estar así para siempre: sintiendo la nieve bajo suya y cayendo sobre él y el dulce pero penetrante frío que sentía. Entonces abrió los ojos. Vio el cielo gris y los delicados y blancos copos de nieve caer sobre él. Se quedó así un buen rato hasta que giró la cabeza...
...
Horror, pavor, miedo, repulsión. Todo era uno. No puedo ni gritar.
¿Qué estaba pasando? ¿Cómo había llegado a aquello? ¡¡ALICE!! Intentó gritar, pero no pudo. No tenía fuerzas. Alice, su amada Alice yacía muerta a su lado, horriblemente deformada por los profundos cortes, golpes y demás que alguien había obrado en su delicado y hermoso cuerpo. No podía verla en ese estado, así que giró la cabeza.
Y no fue mejor lo que vio.
Allí estaba él, lo llamó, pero la voz no le salía. Estaba junto al agua, pues estaba en el parque de Silent Hill. Estaba apoyado en la barandilla de madera, aparentemente muy tranquilo. Reuniendo fuerzas, lo llamó.
-J...Jac..ck...Jack...
Se giró. Pánico, Terrible pánico. Jack ya no era Jack, era un infame asesino. Lo vió en su mirada perdida, en su medio sonrisa de loco. Él había matado a Alice y ahora haría lo mismo con él...
-No...J..J..Jack...No...lo..haag...aagghh...
Jack
"Oh, señor, otra vez estos sueños. El pasado quiere darme caza...Pero no le dejaré. Saldré de aquí e iré a ver a Alice y Gerald en aquella celda. Y cuando llegue, les mataré. No puedo dejar que el pasado, mis recuerdos más nefastos, me atrapen, Es algo que no puedo permitirme."
Jack se levantó. Buscó por todas parte y al final, abajo en una esquina estaba enterrada una llave. Está tenía un cara grabada: su propia cara. Y una palabra: EGOÍSMO. Ni se preguntó nada. ¿De qué servía? Abrió la puerta y salió. Después fue directo a la puerta y abrió el candado. Estaba completamente seguro de que detrás encontraría a Alice y Gerald. Se preparó para lo que estaba dispuesto a hacer. Y entró. Oscuridad inmensa de nuevo. Pero no hubo dolor de cabeza, sólo un profundo miedo. No veía nada, pero sentía moverse algo por alrededor.
-¿Quién está ahí? ¡Sal bastardo!
Nadie le respondió. Hubo un parpadeo repentino de luz...Y vio a criaturas innombrables moviéndose a su alrededor. Jack, aterrorizado, salió corriendo, gritando de pánico. Al final, llegó a una pared y se golpeó contra ella. Se quedó un poco aturdido, sin embargo, siguió la pared hasta llegar a una puerta. Entró. Y allí estaba, en la otra parte de la celda...y ahí estaban esos traidores, esas sombras del pasado que querían atormentarlo. Pero no dejaría que pasara...
...
No...J..J..Jack...¡¡Noooooooooooooooo!!
...
¡¡NOOOO JAAAACK!!
...
Nathaniel
"¿Pero qué...?" Pensó Nathaniel cuando se vio atado de pies y manos en un gran patio descubierto. Gritó al alzar la vista. Los Cabeza-Pirámides estaban delante suyo y en medio de ellos...una criatura repugnante, un engendro que causaba repulsión y agonía sólo con verlo. Aquello... ¿Era Valtiel? ¿Ese monstruo estaba allí delante suya?
-Sí, aquí estoy -respondió Valtiel con una extraña y gorgoteante voz.
-¿Qué diablos quieres de mí? -preguntó Nathaniel.
-Tú eres el Séptimo Sacrificio...Y vas a asistir a la Ceremonia del Advenimiento de Mi Señora...
-¿De qué diablos hablas? -forcejeó- ¡Suéltame, estás loco, criatura del infierno!
Valtiel sonrió con su boca llena de colmillos irregulares y amarillentos mientras gusanos podridos salían de su boca. Dio una señal y los Cabeza-Pirámides lo rodearon. la atmósfera se enrarecía, veía más borroso. Miró arriba al cielo y no vio nada. Esta completamente negro y sin estrellas, sin embargo, una enorme luna llena anaranjada resplandecía en el cielo con un gran fulgor. Valtiel comenzó a entonar un hórrido canto en un tono grotesco. Chillaba a plena voz hacia el cielo. Nathaniel se dió cuenta entonces que donde estaba, era en el patio descubierto de la prisión del lago Toluca. La horca estaba a su espalda. Y estaba cubierta de símbolos arcanos...y en el suelo habían pintado el gran símbolo arcano que ya había visto otra veces. Los Verdugos (como los llamó Valtiel al darles la orden), cogieron a Nathaniel y lo llevaron a la horca. Por más que intentó liberarse, no pudo. Eran demasiado fuertes para él...tenían una fuerza inhumana. Lo subieron arriba y le pasaron la lazada por el cuello. El cielo comenzó a tronar y en poco, una fuerte tormenta se desató. La lluvia empapaba a Nathaniel, pero no era lluvia normal..,.era sangre. Llovía sangre y los Verdugos parecían aún más poderosos, y Valtiel...producía más pavor, más repugnancia. ¿Qué estaba pasando allí? Miró al cielo: Una gran cicatriz roja atravesaba el cielo...no era lluvia, era el cielo que sangraba por una enorme herida. Y la herida la produjo algo que pugnaba por surgir del interior del cielo nocturno. Aquello era demencial...estaba...¿soñando? ¿Viviendo una realidad? No sabría decirlo...Valtiel se acercó a él...
-Lo que estás viviendo, Pecador Dividido, es el Advenimiento de la Diosa. Y tú...
¡Eres el Catalizador!
Acto seguido, Valtiel atravesó el pecho de Nathaniel con su mano y le extrajo el corazón, aún palpitante. Lo mostró a los aullantes Verdugos y lo consumió con avidez. Entonces, la cicatriz del cielo se abrió del todo y una gran monstruosidad, una enorme y pulposa Cosa aborrecible e indecible cayó al patio con un sonido repugnante. La cicatriz se cerró y todo quedó en silencio...
Aquella Cosa redujo su tamaño y cambió su forma. Aquella aberración se transformó en segundos en una bella dama, vestida de Rojo sangre brillante, con un par de resplandecientes alas doradas. Valtiel se acercó a ella y se arrodilló ante la cosa con forma femenina. Ésta le puso una mano en la cabeza "Me has servido bien" le dijo con una voz clara pero terrible y se dirigió afuera. La tarea de reconstruir el Paraíso en la Tierra le aguardaba...
...
...
...¿Dónde...
...
...estoy?...
...
estoy...
...vivo?...
Despierta
FIN
To be Continued
