Arco 2: Manada
Capítulo 8: Nueva vida
La luz del sol empezaba a golpear mi rostro, interrumpiendo los placenteros minutos de sueño que me habían revitalizado levemente. Levantándome sin siquiera abrir mis ojos, inmediatamente sentí una pesadez en el cuerpo, como si suplicara el que volviera a recostarme y sentir de nuevo el frío suelo donde había estado desde hace rato.
"Espera... ¡¿Frío?!" Pensé absorto, lo que me llevó a recordar cada momento que pasó antes de terminar rendido por el cansancio, o al menos lo que yo pensaba que fue: cansancio. Haciendo un poco más de esfuerzo, conseguí recordar una parte de lo último que vi hace poco. Entre esos recuerdos se encontraban el largo desierto, un muy cansado Tuiz y finalmente esas dos misteriosas sombras que se acercaban rápidamente hacia los tres. "Esas sombras. ¿Quiénes eran?".
Abriendo los ojos lentamente, logré contemplar el silencioso lugar donde había descansado sin darme cuenta, la vista me dejó sin habla. El ver una espaciosa cueva me tomó completamente desprevenido, y esa casi olvidada sensación de tranquilidad reapareció en mi ser después de varias semanas en el olvido, y haciéndome sentir casi revitalizado. Pero cuando estaba empezando a preguntarme la razón de cómo había llegado hasta allí -intentando también evitar sentir la inevitable nostalgia-, sentí un fuerte tirón en mi cola, haciéndome dar un grito estruendoso que, esperaba, nadie hubiera escuchado. Y mirando hacia atrás con algo de dolor, vi una mancha grisácea riéndose de mí sin ninguna clase de vergüenza por cumplir su objetivo, que me fijara en ella.
—Akhela, ¿no quisiste escoger una forma menos dolorosa de llamar mi atención? —La reprendí al instante, intentando todo lo posible para que soltara mi cola sin causarme más dolor del necesario.
—No despertabas. Tuiz y yo preocupados —dijo, segundos después de soltarme, mirándome con una tristeza claramente notable en su pequeño rostro. No pude evitar reprimir una lágrima, por lo que me acerqué a ella y le di un suave abrazo, evitando lastimarla.
—No te preocupes, Akhela, no me pasará nada —susurré, acercándola más y soltando un par más de lágrimas. Dejé que ese abrazo durara minutos, a ella no parecía molestarle y yo realmente necesitaba sentir algo de calor en mi pecho. Minutos más tarde, separándome de ella y después de darle una sonrisa más amplia, me dirigí a la única salida que pude divisar; aunque mis planes fueron interrumpidos, de nuevo, por una mancha, aunque más grande... y de color blanco.
—¡Qué bien! ¡Despertaste! —Fue lo que escuché mientras intentaba recomponerme del golpe y buscaba la manera de no gritarle a esa mancha blanca que conocía demasiado bien—. Por favor, no vuelvas a hacer algo tan tonto como eso, T.
—Tuiz —dije sorprendido por la preocupación que me estaba mostrando. "¿Por qué se preocupa por mí, después de todo este tiempo?"—. ¿Cuánto... cuánto tiempo estuve dormido?
—Unos dos días. Ya empezábamos a preocuparnos.
"¡¿Dos días?! Supongo que no soy lo suficientemente fuerte aún. De esa forma no podré enfrentarme a Murk". Pensé con asombro y un poco de molestia. Levanté mis patas y con ellas ejercí algo de fuerza a Tuiz para que bajara de mí y yo pudiera levantarme de nuevo. "Necesito volverme más fuerte. Pero no quiero arriesgar a ninguno de los dos. ¿Qué puedo hacer? Ellos son la única familia que me queda". Caminé hacia la salida con intenciones de tomar aire fresco, y sin intenciones de conversar con aquellos dos cachorros que tuvieron el pequeño descaro de jugar a mi alrededor—. Chicos, ¿pueden parar por favor? Necesito algo de silencio. —Ambos cachorros me miraron con algo de tristeza. "No me miren de esa forma, me hacen sentir más culpable que nunca". Pensé con un poco de arrepentimiento, pero después miré de nuevo al frente, haciendo ademán de ignorarlos.
—¿En qué intentas pensar? —preguntó inocentemente Tuiz, mirando la seriedad de mi rostro. Intenté buscar una respuesta a su pregunta, la más simple para expresarle todo pero sin preocuparlo.
Nada apareció.
—Sólo pensaba en nuestro futuro —dije rápidamente sin pensar—. Después de todo, no tenemos dónde quedarnos, en especial yo —susurré la última parte, esperando que ninguno de los dos lo haya escuchado. Bajé la mirada para ver su rostro, el cual mostraba una sonrisa como si estuviera diciéndome: No te preocupes. A donde vayas, iré contigo. Levanté la cabeza rápidamente y negué, él no sabía nada de mis planes. "Y me gustaría que siguiera siendo así".
—Recuerda que nosotros tres somos como una manada —dijo con emoción—. No hay nada que no podamos superar.
—Pareces seguro de tus palabras —respondí deteniéndome por un segundo—. Pero... ¿Qué harías si yo no estuviera aquí? ¿Qué harías si tuvieras que cuidar de Akhela y de ti mismo de los peligros de afuera? ¿Aún pensarías en eso como un viaje divertido? —concluí mirándolo un poco molesto, y con la tristeza que les he estado ocultando desde hace mucho.
La mirada de Tuiz cambió a una de asombro y después a una de tristeza, como si lo que acababa de decir fueran unas garras que perforaban su piel sin remordimiento—. Lo siento, realmente no sé qué es lo que me pasa —dije, mirando al suelo con pena.
—No. Tienes razón —dijo con una sonrisa triste—. A veces olvido que podemos tener la mala suerte de separarnos algún día. Es sólo que... jamás me había sentido seguro como cuando viajaba contigo.
—Tuiz... —Miré a los ojos blancos del cachorro, irradiaban una especie de calor, y me recordaba a alguien que permanecía en lo más profundo de mí. Sonreí para después mirar al cielo—. ¿Quieres saber una cosa? Mi padre siempre decía que no todo está perdido hasta que el último león caiga. Hemos estado viajando juntos por cuánto, ¿dos semanas? ¿tal vez tres?... y después de todo eso hemos vivido como una familia. Pero ahora... —Mi semblante cambió, de nuevo, recordando la verdad oculta tras todo ese sermón.
—Pero ahora... ¿qué? —Repitió Tuiz, esperando que terminara la frase.
Di un largo suspiro y caminé lejos del lugar, terminando la conversación y evitando iniciar una nueva. Necesitaba alejarme, poner en orden mis ideas, y empezar a entrenar para volver a enfrentarme a Murk... pero parecía que ellos me lo pondrían difícil. Sus pasos se escucharon detrás de mí, y, molesto, me detuve—. No den un paso más —dije, sin siquiera hacer el intento de voltearme—. Ustedes quédense aquí. Tal vez haya una manada por aquí cerca. Intenten hacer que los acepten. O sigan su camino, no me importa. Pero, hagan lo que hagan, ¡no me sigan!
—¿Por qué dices es, T? —pregunta Tuiz, con la voz ahogada mientras yo seguía caminando sin inmutarme—. ¿Acaso no dijiste que éramos como una familia? ¿Por qué ahora cambias de opinión? ¡¿Acaso olvidaste todo lo que hemos vivido?! ¡¿Acaso olvidaste lo qué le ocurrió a nuestra manada?! ¡Respóndeme, Tadashi! —gritó Tuiz, claramente molesto. Me detuve en seco, y me di la vuelta atónito a esa última palabra.
—¿Cómo... cómo sabes ese nombre? —dije aún sin deshacer la sorpresa de mi rostro.
—Bravesoul me lo dijo, cuando tú y yo nos conocimos. Siempre me pregunté por qué lo cambiaste.
—Eso no te incumbe —susurré de una manera mortal, y levanté mi pata en forma de amenaza—. No vuelvas a llamarme de esa manera. Tadashi murió hace mucho.
—¿Y porqué pasó eso? —desafió Tuiz, molestándome mucho más—. ¿Por qué empezaron a llamarte T? ¡¿Acaso tiene algo que ver esa extraña cosa que llevas en tu pata?!
Mi paciencia se terminó acabando y lo golpeé, con más fuerza de la que quería demostrar—. ¡Tú no sabes la historia que he intentado olvidar! ¡Y deja de hacer preguntas cuyas respuestas no quieres saber ni yo quiero contar! —Terminé alejándome del lugar, molesto con él y conmigo. Empecé a correr, ignorando el hecho de que pude haber cometido un gran error. Simplemente corría, sin mirar atrás, y escuchando a mi corazón suplicar por un minuto de descanso. En un punto, di un giro y terminé llegando a un extenso lago, un manantial para ser más exactos. Respondiendo al pedido de mi cuerpo, me acerqué para tomar un sorbo, pero el reflejo que mostraba el agua cristalina me deja absorto.
—¿Qué... rayos... pasó conmigo? —Mirando más de cerca el reflejo pude hacerme una idea de cómo me veía.
Mi melena - poco desarrollada, cabe añadir - estaba completamente enmarañada, mi pelaje estaba algo sucio y cubierto levemente por una fina capa de sangre. Al darme la vuelta para seguir viendo mi estado físico, noté una gran marca en mi hombro izquierdo. "Esto explica el dolor que sentí durante la pelea. Esta cicatriz parece profunda". Y mirando por última vez mi rostro, noté una diminuta mancha rojiza en mi ojo izquierdo, pero era algo casi imposible de ver por la mugre y la sangre seca. Sumergí levemente mi cabeza en el agua, esperando que mi rostro se limpiara, cosa que logré un par de segundos después. Después de sacar mi cabeza y esperar que el agua dejara de agitarse, intenté ver ahora la marca de mi rostro. "¿Pero qué...?" Fue lo único que pensé en ese momento, después de todo había una inmensa cicatriz adornando mi cara, y la forma en que estaba hecha, parecía casi irreal—. Esta me la pagarás, Murk —susurré molesto. Ignorando la permanente cicatriz que se lucía en mi rostro, retrocedí un par de pasos y salté al agua para limpiar mi pelaje, y de paso refrescarme—. Ah, esto se siente tan bien.
—Ya lo creo —dijo una voz a una cierta distancia tomándome desprevenido por un segundo. Dirigí mi vista al lugar en donde me encontraba segundos antes, que ahora estaba siendo ocupado por un viejo babuino.
—Oh, eres tú. ¿Qué haces aquí?
—¿Comprendiste las palabras que te dije? —preguntó serio sin ninguna intención de responderme.
—No —dije cortante—. Pasaron... muchas cosas después de eso.
—Tu corazón alberga dudas, y muy grandes por cierto.
—Dime algo que no sepa ya —susurré un poco alto, intentando que me escuchara y a la vez que no.
—Parece que hay cosas ocultas dentro de él, y no pareces tener la intención de sacarlas a relucir.
—Oye, ¿de qué estás hablando? —pregunté algo molesto por las adivinanzas que decía—. Espera, ¿te refieres a...
—Tal vez lo que buscas se encuentra en este lugar. Solo debes seguir tu corazón, él te mostrará el verdadero camino...
—¿Seguir... mi corazón? —pregunté con dudas y sin descifrar el acertijo—. ¿A qué te...? —intenté preguntarle, pero ya no se encontraba por ningún lado—. ¿A dónde se fue ese extraño simio? —Las palabras de ese babuino me dejaron con más dudas de las que tenía, pero rápidamente olvidé esa conversación y seguí en el agua por unos minutos más.
Me sentí a gusto, después de salir del agua, y pude volver a ver mi pelaje gris como antes -aunque no completamente- y miré al frente. "Será mejor que regrese y le pida disculpas a Tuiz antes de marcharme".
¿Y qué pasa si no quiere verte? Escuché decirme a mí mismo.
"¿A qué te refieres?", respondí. "Soy el único que puede protegerlo del peligro. Además, él confía en mí".
¿Él... confía?, dijo con una risa que hizo que mi pelaje se erizara. ¿Crees que seguirá confiando en ti después de lo que hiciste?
"Sé que cometí un error golpeándolo. Pero sé que él me perdonará."
¿Piensas que él te va a seguir hablando después de cómo lo trataste? dijo con una risa apenas audible. Probablemente ni te deje ve a Akhela de nuevo.
"¡Eso es algo que me niego a creer! ¡Mi hermano jamás..." Me detuve a media frase. "¿Acabo de... llamarlo hermano?" Volví a escuchar esa risa otra vez, aunque más fuerte.
Lo llamaste hermano. Es correcto. ¿Pero qué pensará él de ti ahora... Tadashi?
—¡Dime quién rayos eres! —grité al viento completamente fuera de mi—. ¡¿Y por qué estás haciendo todo esto?!
¿Haciendo qué? Solo intento hacer que veas los errores que has cometido y que seguirás cometiendo.
—Puedo ser capaz de corregir esos errores si se me da la oportunidad. —dije, volviendo a mirar al suelo—. Y sobre si los seguiré cometiendo, eso sólo yo lo puedo decidir. Ahora responde, ¿quién eres?
Soy alguien que existió antes del mayor desastre de tu vida, respondió cada vez entre susurros, como si se estuviera alejando. Era tú. Y lo último que se escuchó fue mi risa...
—Supongo que ya perdí la cabeza —dije después de unos segundos, pero ya no podía pensar más. Me quedé ahí, sentado, intentando averiguar cuál sería mi siguiente movimiento, hasta que el sonido de unas hojas agitarse me puso alerta—. ¿Quién está ahí?
—Por fin te encuentro —dijo la voz saliendo de los arbustos. Era Tuiz y Akhela se encontraba en su lomo. Sonreí levemente e intenté acercarme para tomar a Akhela, pero me detengo un momento, pensando en la situación.
—¿Qué acaso no te dije que no me siguieras? —pregunté intentando sonar molesto, simplemente no podía parecer feliz de verlos con la advertencia que le di.
—Yo… no podía dejar que te fueras pensando en que me lastimaste. —Tuiz dejó a Akhela en el suelo y se acercó a mí, el arrepentimiento pintado en sus ojos—. También quiero disculparme, sé que no debí gritarte y hablarte de tu pasado y ade-
—No. —Lo corté rápidamente—. Soy yo el que debe disculparse. No debí haberte tratado de esa manera, y mucho menos haberte golpeado. Es sólo que... me es imposible olvidar el pasado, y eso...
—Eso no importa ahora —dijo Tuiz con una sonrisa—. Lo que importa es que siempre estaremos unidos, ¿no?
—Tienes razón. Somos como una familia ahora —le dije con una sonrisa, que al menos en parte era real—. Por el momento, será mejor buscar un lugar donde quedarnos antes de que llegue el anochecer.
—Oh, vaya. No esperaba que dijeras eso, joven cachorro —dijo una voz a mis espaldas. Girándome con brusquedad, me encontré cara a cara con una leona de aspecto joven. De pelaje crema un poco oscuro y ojos de un color marrón.
—¿Quién eres? —pregunté con algo de rudeza a la recién llegada, que parecía alegre con solo verme. La leona se acercó un poco más y yo retrocedí un paso y me puse en pose de pelea, mostrando mis dientes, intentando que entendiera el mensaje que le estaba dando: Si no te detienes en este momento, no me contendré.
—No te preocupes. No voy a lastimarte, ni a ti ni a tus hermanos. —Esa última palabra me tomó desprevenido. "Ella llamó a Tuiz mi... hermano".
—Prefiero no tomar ese riesgo —dije olvidando el tema por un momento—. Ahora, me gustaría que respondieras la pregunta.
—Me alegra saber que te preocupas por ellos —dijo, sonriendo una vez más—. Por cierto, mi nombre es Kiara. La reina de estas tierras.
"¡¿La... reina?!" Pensé con algo de temor—. Lo lamento —dije rápidamente con una reverencia—. Yo no sabía...
—Descuida, lo entiendo. No debes disculparte por nada, sólo intentabas protegerlos.
—Por cierto —dije mirándola a los ojos por un momento—, ¿de qué hablaba hace un momento?
—Bueno, estaba esperando que se quedaran con nosotros. Parece que no pertenecen a ninguna manada. —La miré de nuevo con confusión y pensé en la oferta que me había ofrecido, la cual no era nada despreciable. Después de un momento, miré hacia atrás, a los cachorros que no habían pronunciado palabra alguna desde que Kiara llegó.
—Oye, cachorro —dije, llamando la atención de Tuiz—. Creo que deberías quedarte aquí con Akhela.
—¿Y qué hay de ti? ¿No te quedarás con nosotros?
—Tengo asuntos pendientes, y prefiero no involucrar a nadie en ellos. Tuiz, sé que cuidarás muy bien a Akhela. Buena suerte. —Empecé a marcharme del lugar, hasta que una pata detuvo mi avance.
—¿No planeas cuidarlos tú mismo? —preguntó la reina con algo de preocupación—. Estoy segura que ellos te necesitan más que nada.
—Sé que eso puede tener algo de verdad, pero… —di un largo suspiro y miré hacia ellos de nuevo—… no quiero arriesgarlos.
—Probablemente no puedas sobrevivir sin una manada.
Miré al frente de nuevo y di un suspiro. "Supongo que no podré hacer nada. Ella encontrará una forma de que no me vaya". Pensé derrotado—. Supongo que tiene razón. El enano no puede cuidarse solo, y menos podría cuidar una cachorra.
—¡Oye! —Escuché gritar a Tuiz, y luego empecé a reír, segundos después Kiara y Akhela me acompañaron—. Yo no le veo la gracia.
—Cálmate enano. Sólo era una broma —dije, revolcando el mechón de su cabeza—. Supongo que tendré que soportarte otra temporada.
—Bueno —dijo Kiara luego de unos segundos—, será mejor que regresemos. Todos deben estar llegando a casa en este momento.
—Por cierto, su majestad —dije mientras empezábamos a caminar.
—Solo díganme Kiara —devolvió con una sonrisa.
—Sí, Kiara. ¿En dónde nos encontramos?
—En las Tierras del Reino —respondió Kiara mirando al frente. "¿Las... Tierras del Reino? ¿Por qué ese nombre me es tan familiar?" Pensé por un momento antes de volver la mirada hacia el frente. Durante el tiempo que estuvimos caminando, Kiara y los cachorros empezaron a hablar, yo simplemente me limité a escuchar. Después de lo que parecieron ser treinta minutos, llegamos a una formación de roca algo extraña, donde varias leonas parecían dirigirse. Tuiz, Akhela y yo nos quedamos con la boca abierta.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Tuiz, sacando una pequeña risa de la leona de pelaje crema.
—Esta, cachorros —dijo mirándonos por un par de segundos—, es la Roca del Rey.
—¿La Roca del Rey? —pregunté intrigado—. ¿Por qué ese nombre también se me hace familiar?
—Así es. Aquí es donde toda nuestra manada vive. También es donde ustedes vivirá, por supuesto.
Retomando la caminata, subimos por la ladera hasta lo que parecía ser una especie de cueva -básicamente la misma cueva en la que me había despertado-, los cachorros miraban asombrados la entrada y la cantidad de leonas que entraban a esa cueva, de las cuales algunas nos miraban de manera un poco intimidante, y otras arrastraban varias presas. "Para alimentar a toda la manada supongo. ¿Qué tan grande será esta manada?" Pensé mientras seguía a Kiara al interior.
—Manténganse cerca de mí, y no quiero que hagan tontería alguna —dije a ambos cachorros que me miraron confuso—. Lo que quiero decir es que no se separen de mí. ¿Pueden hacer algo como eso? —Ambos cachorros asintieron y miramos a todas las leonas y algunos cachorros que se encontraban.
—Kiara. —Escuché gritar a lo lejos. Girando mi vista al lugar desde donde provino la voz, divisé a un león adulto, de melena oscura y pelaje marrón, con una cicatriz en su ojo izquierdo. "¿Será su pareja?". Pensé mientras veía cómo se acercaba a Kiara. Después de saludarla, se volvió hacia nosotros—. ¿Dónde estaban ustedes tres? Hemos estado buscándolos.
—Nosotros… —dije confundido, él parecía… preocupado. "¿Por qué está preocupado por tres cachorros que no conoce?"
—Déjalos Kovu. —Le reprendió Kiara—. Ellos tienen sus razones.
—Está bien. Cambiando de tema, mi nombre es Kovu. Espero que les agrade estar en nuestra manada.
—No se preocupe. Estamos agradecidos de que nos dejaran formar parte —respondí con seriedad, causando que el león marrón diera una carcajada.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Tuiz inocentemente.
—No es nada. Solo pensé en algo —dijo mientras empezaba a caminar al centro, llamando mi atención y curiosidad. Haciéndoles una señal a Tuiz y Akhela para que me siguieran, empecé a caminar hacia el círculo que formó esta manada alrededor de las presas. Mirando a ambos cachorros que se posicionaron al lado mío, empecé a reír levemente, ¡y con cuanta razón! Apenas ver tan inmensa cantidad de comida, abrieron por completo la boca.
—Oigan ustedes dos, están babeando —dije divertido, causando un sonrojo por parte de ambos.
—Lo siento, pero... es que nunca había visto tanta comida junta —dijo Tuiz volviendo a mirar con antojo la carne.
—Lo entiendo, hace mucho que no veía un banquete. —Sonreí mientras miraba la comida, causando que yo también me concentrara solamente en eso.
—Ahora tú eres el que babea —dijo Akhela con una pequeña risa, sonrojándome y mirando a un lado un poco sonrojado y fastidiado, causando la risa de esos dos cachorros.
—Sí, sí. Muy gracioso, ¿no? —pregunté con sarcasmo, ganándome un asentimiento de ellos dos—. Si siguen riendo, no dejaré que prueben nada.
—¿Qué? ¿Por qué? —dijeron al unísono.
—Porque sus bromas no son graciosas si se tratan de mí —dije algo molesto mientras los miraba de reojo, ellos solo asintieron cabizbajos. Después de un par de segundos, empecé a reír causando una mirada de confusión en ellos—. No puedo creer que hayan caído en ese truco.
—¡Oye! —gritaron ambos, haciéndome reír aún más, por lo que ellos se abalanzaron para callarme, pero solo causó que los tres empezáramos a reír, llamando la atención de los demás.
—Bueno. Supongo que ahora es un buen momento para presentarse —dijo Kiara con una sonrisa, ganando un asentimiento por parte de todos. Levantándome, miré a la manada que ahora mantenían su mirada sobre nosotros.
—Hola —dijo Akhela agitando la pata y tomando la iniciativa, su ternura tomando el control, haciendo que diera un suspiro—. Me llamo Akhela.
—Soy... Tuiz —el albino contestó algo nervioso, causándome algo de gracia. Luego de un segundo ambos me miraron.
—Oh, cierto —susurré—. Mi nombre es… —Me detuve a media frase, la verdad las conversaciones que tuve antes me habían dejado algo confundido. "¿Por qué no puedo decidir? ¿No sería más fácil decir 'Hola, mi nombre es T' y asunto arreglado? Pero… ¿necesito ser como era antes? Ni siquiera fui yo quien eligió ese nombre, maldición. Pero… es con el que me he acostumbrado". Mientras seguía pensando, Akhela se acercó a mí y me miró un poco preocupada, logrando que comprendiera todo. "No sé si es lo correcto, pero… aun así… necesito hacerlo. Necesito cambiar… Por ella"—. Mi… nombre… —Volví a repetir, más lentamente esta vez. Era momento de cambiar—. Mi nombre es… Tadashi —dije, sorprendiendo a los cachorros a mi lado. "Está hecho. Recuperé mi nombre. Es momento de dejar el pasado".
—¿T… Tadashi? —dijo Tuiz acercándose con la sorpresa sin desaparecer de su rostro—. ¿Por qué volviste a usar ese nombre?
—Bueno… creo que es hora de que él reviva, ¿no crees? —le respondí con una sonrisa que fue correspondida por ambos cachorros.
—Tadashi. Me gusta más que T —dijo Akhela con una sonrisa, causando que diera una leve carcajada.
—Eso es bueno, porque lo escucharás de ahora en adelante —dije mirándola con una sonrisa más grande, haciendo que riera, y Tuiz y yo la seguimos, olvidándonos del resto por un momento, pero el sonido de unos pasos nos alerta un poco, por lo que giro mi cabeza hacia mi izquierda y veo a dos cachorros, uno de pelaje naranja y de ojos verdes que se movía de una manera presumida, y la otra una cachorra de pelaje oscuro y ojos rojizos y un flequillo adornando su cabeza.
—Así que ustedes son los nuevos miembros —dijo el cachorro naranja con una sonrisa irritante—. Es un placer que me conozcan. Mi nombre es Zitka, pero ustedes pueden llamarme "Gran Príncipe". —Me empecé a molestar con la actitud de ese cachorro. "¿En serio es hijo de Kovu y Kiara? Jamás conocí a alguien tan presumido como él". Pensé con molestia, para después mostrar una sonrisa algo macabra que pareció descolocarlo.
—¿Sabes qué? Te llamaré el "Gran Rey de los Presumidos" —respondí, haciendo que Tuiz, Akhela y la otra cachorra rieran y que ese Zitka se molestara.
—¡¿Te atreves a insultarme?! —gritó el cachorro algo molesto.
—Oh, no, no. Para nada —le respondí de forma sarcástica—. Jamás me atrevería a insultar a un rey. —Manteniendo mi tono sarcástico hice una reverencia—. Oh, perdóneme, su majestad. No volveré a insultar al gran rey de los presumidos —concluí comenzando a reír y que los demás rieran mucho más.
—No me molesta lo que tengas que decir. Simplemente eres un plebeyo —dijo alejándose con molestia.
—Ten cuidado, este "plebeyo" conoce más cosas de las que tú has visto —dije con una sonrisa de satisfacción, calmando también las risas de los demás.
—Eso fue gracioso, no hay muchos que logran responderle tan ingeniosamente a mi hermano —dijo la pelaje marrón riendo levemente—. Por cierto, mi nombre es Akasha.
—Es un placer conocerte —dijo Akhela con una sonrisa.
—Y para mí es un placer conocer que no eres nada como él —dije mirándola aún con la sonrisa de antes.
—Sí, él puede ser muy presumido con eso de ser el futuro rey y todas esas cosas. —Los tres empezamos a reír de nuevo.
—Sí, y Tadashi, al igual que él, era- ¡Au! —dijo Tuiz antes de que pisara una de sus patas, haciendo que me mirara algo confuso y molesto, por lo que le devolví la mirada y negué lentamente, dándole a entender que sabía lo que iba a decir.
—¿Ocurre algo? —preguntó Akasha algo confundida.
—Nada —respondí rápidamente—. Creo que será mejor comer algo antes de que se terminen todo.
—Tienes razón —dijo Akasha empezando a caminar hacia la manada que ya había empezado a comer. Pero antes de que siquiera pudiera caminar, Tuiz y Akhela pasaron frente a mí haciéndome tropezar y caer sobre Akasha - quien se había volteado por un segundo. Nuestra caída alertó a todos los presentes, por lo que giraron para revisar si nos encontrábamos bien; pero no se esperaban lo que vieron.
La caída que tuve - y de la que Akasha también fue víctima - nos hizo caer en una posición un poco incómoda, pero lo que sin duda llamó la atención de todos fue que, gracias a esa caída, ella y yo nos terminamos besando. Luego de unos segundos tratando de asimilar todo lo que ocurrió, nuestros rostros se sonrojaron violentamente y me levanté lo más rápido que pude y evité mirarla a la cara—. Lo… lo siento, no fue… no fue mi… mi intención, es solo que…
—De... descuida. Solo... solo fue un... un accidente —respondió Akasha casi o más apenada que yo.
—Vaya, T… Tadashi. ¿No llevas ni dos horas conociéndola y ya son novios? —dijo Tuiz riendo junto con Akhela.
—¡Cállate! —grité molesto y más sonrojado que antes—. ¡Todo esto fue su culpa! —Ambos cachorros solo rieron más fuerte. Ignorándolos, salí de la cueva para tomar algo de aire y que mi rostro volviera a tener su color grisáceo—. ¡Oh! ¿Cuándo se hizo tan tarde? —pregunté mirando el cielo y contemplando la inmensa cantidad de estrellas que lo cubrían. De repente, momentos de mi pasado volvieron a apoderarse de mí y esas dos últimas palabras de aquella voz resonaron de nuevo en mi cabeza: Soy alguien que existió antes del mayor desastre de tu vida. Era tú.
—¿Te encuentras bien, Tadashi?
—¡Ah! —grité. Dándome vuelta para ver quién me sorprendió, hizo que mi sorpresa aumentara—. Akasha, no me des esos sustos.
—Lo siento. Solo quería saber si te encontrabas bien.
—Sí, estoy bien. ¿Por qué?
—Has estado fuera durante un rato. Incluso te perdiste la cena.
"¿Enserio me entretuve con mis pensamientos?" Pensé con sorpresa—. Solo… recordaba algunas cosas —le dije mirando al cielo una vez más—. Supongo que ya hice de eso una costumbre.
—A veces, las cosas que están en el pasado son más dolorosas que las del presente —dijo sentándose a mi lado—. Es una lección que me enseñó mi abuelo.
—No sabes cuánta razón tiene —susurré—. Oye, por cierto. Quiero disculparme por lo de… ya sabes… —dije volviéndome a sonrojar por recordar ese accidente.
—Ya te lo dije… Fue un accidente —respondió, igual de sonrojada—. Tus hermanos pueden ser algo problemáticos.
—Sí —dije dando un largo suspiro, y sin siquiera decirle la relación que teníamos Tuiz y yo—. Algunas veces lo son.
—Será mejor que entremos, antes de que ellos saquen más conclusiones.
—Probablemente sea demasiado tarde —bromeé, causándole una pequeña risa, que me gustó escuchar. "¿Me… gustó… escucharla reír?". Pensé sorprendido. "Además… su sonrisa es hermosa. Espera, ¿qué estoy diciendo? ¿Y qué es este calor en mi pecho… ¿Será… que me estoy enamorando?"
—Tadashi, ¿estás bien? —escuché decir a Akasha.
—Sí, estoy bien —le respondí desviando la mirada mientras me sonrojaba. Cuando entramos, ya todos se preparaban para dormir—. Buenas noches, Akasha.
—Buenas noches, Tadashi —respondió ella. Después de separarnos, vi a los dos cachorros problemáticos cerca de la entrada, ya dormidos. Sonriendo levemente, me recosté cerca de ellos y pensé en ellos y en lo que nuestro futuro nos deparaba antes de también quedarme dormido.
