Tanto los personajes como todo lo que aparece en negrita pertenece al grandioso Tío Rick y yo solo juego con ellos.

Capítulo X: El secreto de Piper

El silencio duró solo unos pocos segundos antes de que como si fueran uno solo los mestizos saltaran sobre sus piernas cansados de estar sentados y con esa vestimenta tan ridícula para comenzar a quejarse una vez más con sus padres para que hagan algo al respecto ante esa terrible injusticia (palabras de Leo que apenas y podía utilizar su cinturón con comodidad por causa de esto). Los dioses no hacían más que sonreír divertidos por ese comportamiento porque por mucho que quisieran no iban a enojar más de la cuenta a Zeus que ya estaba a punto de echar chispas mientras le reclamaba-otra vez- a Hera por haber hecho esa locura del cambio de chicos. No señor, nadie quería ocupar el lugar de la diosa en ese instante. Teniendo en consideración que a penas y se movieron durante la lectura del capítulo paso un rato antes de que Perséfone anunciara que ella sería la siguiente en leer y cuando todos volvieron a estar cómodos comenzó la lectura.

- Este es el capítulo IX contando por Piper-la mencionada no pudo evitar quejarse al saber que nuevamente sus pensamientos serán leídos, especialmente porque recordaba perfectamente lo que había sucedido cuando quedó inconsciente y lo que sucedería luego no era algo que quisiera revivir. Con una mueca se acomodó de forma que su rostro quedaba oculto en el hombro de Jason mientras este la abrazaba notando su incomodidad.

El resto se mostró genuinamente interesados pues todos deseaban conocer, incluso Jason y Leo, lo que había sucedido con la chica cuando quedó inconsciente a pesar de que tenían una ligera idea de lo que descubrirán y por supuesto estarían más que dispuestos a defenderla así fueran a luchar en contra de los dioses; porque sabían que posiblemente se formaría un caos al pensar que la hija de Afrodita podría resultar traidora. El rostro de Afrodita se tornó ligeramente pálido al tiempo que le lanzó una mirada llena de preocupación cuando el cúmulo de sentimientos revueltos de su hija estuvo a su alcance.

Piper soñó con el último día que pasó junto a su padre. Estaban en una playa cerca de Big Sur, descansando de hacer surf.

— Espera, retrocedamos un poco…-Percy apenas y se pudo contener girándose a observar a la castaña entusiasmado ganándose una mirada interrogante de la chica y una bastante desconfiada de Jason- ¿Te gusta el surf?- aclaró provocando que Annabeth riera mientras Thalía y Nico bufaban entendiendo a donde iba con todo eso el hijo de Poseidón. La chica comenzó a sonreír y asintió repetidas veces.

— ¡Por supuesto! Siempre que se presenta la oportunidad voy con mi padre a la playa- explicó con sencillez la hija de Afrodita sin borrar su sonrisa rememorando los mejores recuerdos que tenía de ella y su padre sobre las olas. (Siendo los pocos momentos que podían compartir sin interrupciones). A Percy parecía que le acaban de adelantar navidad provocando que la chica riera- Y como al parecer a ti también te gusta cuando todo esto acabe podríamos practicar en la playa del campamento ¿te parece?-añadió ante la mirada ceñuda de su novio quien no perdió la oportunidad de atraerla más a él sintiéndose estúpido de inmediato pues si algo tenía claro era que Percy amaba con locura a Annabeth y nunca intentaría nada con su chica, la misma que dejó escapar una risita.

— ¡Sabía que nos llevaríamos de maravilla!-festejó Percy y es que desde que aprendió a montar las olas deseaba pasar tiempo normal (algo que no incluya su vida en peligro mortal) con sus amigos sobre ellas y sin duda alguna la hija de Afrodita sería una de sus mejores amigas igual que Hazel, podría decir que en poco tiempo se convertiría en otra hermana, lo presentía. De hecho tenía la sensación de que el resto de los mestizos allí presentes serían esenciales en su vida luego de este extraño acontecimiento que estaban pasando juntos y por esa razón les dirigió una amplia sonrisa al resto del grupo- Y todos ustedes tienen que venir también y no se aceptará un no como respuesta ¿cierto Piper?–La chica se mostró totalmente de acuerdo con los futuros planes y el resto del grupo apoyó la idea encantados con tener planes de una actividad plenamente normal y corriente en lugar de un plan de lucha.

Esa mañana había sido perfecta, Piper sabía que algo malo iba a suceder pronto: una horda de paparazzi, o quizás un ataque de un tiburón blanco. Algo que hiciera honor a su suerte. Pero ni de lejos: tuvieron unas olas excelentes, un cielo impecable, y una milla de costa oceánica sólo para ellos. Papá había encontrado este lugar fuera de la carretera, alquiló una villa frente al mar y las propiedades a cada lado, de alguna manera para mantener el secreto. Si se quedaba allí por mucho tiempo, Piper sabía que los fotógrafos le encontrarían. Siempre lo hacían.

—Buen trabajo por ahí, Pipes— le dio su mejor sonrisa, la sonrisa por la que se había hecho famoso: dientes perfectos, barbilla con hoyuelo, un brillo en sus ojos oscuros que siempre hacen que las mujeres chillen y le pidan firmar en sus cuerpos con rotuladores permanentes (De verdad, buscaos una vida, pensaba Piper). Su pelo corto negro brillaba con el agua salada.

A medida que se escuchaba la descripción del padre de Piper, Afrodita se mostraba más interesada, entendiendo porque se fijó en él en un futuro que comenzaba a esperar con ansias porque sin duda alguna Tristan MClean estaría en sus intereses amorosos. El interés de la diosa no pasó desapercibido para nadie pero solo tres personas se mostraron afectados por ello. En su lugar Piper se estremeció formando una mueca (no quería saber que estaba pensando su madre en ese instante que por la mirada que tenía no era nada apto para menores) mientras que Hefesto hablaba entre dientes disgustando y Ares se veía dispuesto a saltar sobre el primero que abriera la boca cosa que los semidioses se tomaron muy enserio.

—Estás mejorando tras remontar diez olas.

Piper se ruborizo con orgullo, aunque sospechaba que su padre estaba siendo amable. Ella se pasaba la mayor parte del tiempo remontando olas. Se necesitaba un talento especial para correr con una tabla de surf. Su padre era un surfero natural, algo que no tenía sentido ya que había crecido como un pobre niño de Oklahoma, cientos de millas lejos del océano, pero era impresionante rizando las olas. Piper habría dejado de surfear tiempo atrás si esto no le hubiera permitido pasar tiempo con él. No había muchas maneras de hacerlo. —¿Sándwich?

Su padre escarbó en la cesta de picnic que Arno, su chef, había hecho. —Veamos: pesto de pavo, wasabi de pastel de cangrejo, ah, un especial Piper. Mantequilla de cacahuete y gelatina.

Ella cogió el sándwich, aunque su estómago estaba demasiado preocupado como para comer. Siempre había querido un Mantequilla de cacahuete y gelatina. Piper era vegetariana, por una razón. Había sido así desde que pasaron por delante de ese matadero en chino y el olor hizo que sus tripas quisieran salir. Pero era más que eso, el sándwich era su comida simple, como algo que un chico normal tuviera para comer. A veces se imaginaba que su padre lo había hecho especialmente para ella, no un chef francés personal que le gustaba envolver los sándwiches en papel de plata hecho con oro con una bengala de luz en lugar de un palillo de dientes. ¿Había algo más simple? Es por eso por lo que siempre rechazaba las ropas de moda que papá le ofrecía, los zapatos de diseño, las visitas al salón. Se cortaba su propio pelo con unas tijeras de plástico de Garfield, deliberadamente, para que quedara desigual. Prefería vestir unas destartaladas zapatillas, tejanos, una camiseta y su vieja chaqueta de Polarted desde que hicieron snowboard. Y odiaba todos los colegios privados de pijos que su padre creía que eran buenos para ella. Ella seguía siendo expulsada. Él seguía encontrando más colegios.

Piper en ese momento deseaba con todas sus fuerzas desaparecer y lo dejaba bastante claro en la forma en la que se escondía entre los brazos de Jason mientras sus mejillas se iban tornando rojas. Por su parte Annabeth, Hazel y Thalía se veían bastante dispuestas a lanzarse sobre la chica para abrazarla pues ellas comprenden completamente lo que estaba sintiendo la hija de Afrodita. La mayoría de las diosas (porque Atenea y Hera se mostraron desinteresadas) se estaba conteniendo para no atrapar a Piper en un abrazo de la manera más vergonzosa que una madre puede hacer frente a tus amigos. Leo por su parte observaba a su mejor amiga como si quisiera decirle muchas cosas pero ninguna era suficiente para ese momento mientras que el resto de los chicos intercambiaron miradas con un claro significado: mostrarle a Piper que con ellos había encontrado una familia bastante común y corriente (claro, cuando no estaban luchando por sus vidas contra terribles monstruos). Jason compadeciéndose de su hermosa novia le lanzó una mirada suplicante a la diosa para que continuara leyendo lo más rápido posible.

Ayer, ella había dado su mejor golpe: conducir ese BMW 'prestado' del concesionario. Tenía que usar cada vez un truco más grande para que cada vez más y más poder conseguir la atención de su padre. Ahora se arrepentía. Papá no lo sabía aún.

— ¿Robaste un coche?- Will bastante incrédulo fue el primero en romper el silencio que había caído en la sala tras esa parte y al parecer habló en nombre de todos los mestizos porque por la forma en la que observaban todos comenzaban a tener una nueva imagen de la hija de Afrodita. Hermes por el brillo loco en sus ojos estaba planeado la manera de hacer que la chica se juntara el mayor tiempo posible con sus hijos para planear los mejores robos de la historia. Y la diosa del amor sonreía con suficiencia sabiendo que el Embrujohabla de su pequeña estaba muy desarrollado.

— No lo robe, lo tome prestado-aclaró Piper avergonzada ante tanta atención mientras los chicos y el mismo dios de los ladrones hacían un gesto con la mano que claramente decía "Pequeños detalles"

— Mejor agradece que los Stoll y el resto de su cabaña no están presentes en ese momento-le comentó Percy lleno de diversión al ver como la chica claramente deseaba desaparecer una vez más ligeramente contento de no ser él el centro de atención. Los que conocían a los hermanos no hicieron más que darle la razón mientras soltaban risitas ante la mueca de horror que se había formado en el rostro de la chica.

Le habría gustado decírselo aquella mañana. Pero él la había sorprendido con este viaje, y ella no podría arruinarlo. Era la primera vez que habían hecho algo juntos desde hacía… ¿tres meses?

— ¿Qué pasa?— le pasó un refresco.

—Papá, hay algo…

—Espera, Pipes. Esa cara está muy seria. ¿Preparada para las Tres Preguntas?

Llevaban jugando a ese juego durante años, era la forma de su padre de mantenerse conectados en el mínimo tiempo posible. Podrían preguntarse el uno al otro cualquier cosa. Sin tabúes, y tenías que responder con sinceridad. El resto del tiempo, Papá se comprometió a mantenerse al margen de sus cosas, algo que era fácil, desde que no estaba nunca cerca. Piper sabía que la mayoría de los niños no les gustaría ese interrogatorio de este tipo con sus padres. Pero ella lo buscaba. Era como surfear: no muy fácil, pero una forma de sentir que tenía un padre de verdad.

—La primera pregunta— dijo Piper —Mamá.

Al instante la aludida se reclinó en su trono como si de esa manera pudiera leer antes lo que contenía el libro en manos de Perséfone.

No era ninguna sorpresa. Ese siempre era uno de sus temas preferidos.

Su padre se encogió de hombros con resignación.

— ¿Qué quieres saber, Piper? Ya te lo he contado: desapareció. No sé por qué, ni a dónde. Después de que nacieras, ella simplemente se fue. Nunca más he sabido de ella.

— Tenía que hacerlo cielo, son órdenes- En el rostro de la diosa se formó una mueca de tristeza dedicada a su hija mientras que el resto de los dioses (salvo Hera porque incluso Artemisa los acompañaba sabiendo lo difícil que era para su gemelo no acercarse a sus hijos) fulminaba con la mirada a Zeus, que a su vez fingía demencia ignorando las miradas de todos sus hijos y hermanos. Los semidioses por su parte habían bajado la mirada al suelo reviviendo ese sentimiento de abandono que cargaron durante años al pensar que sus padres simplemente los habían abandonado.

— Lo sé ahora mamá, no es culpa tuya-Piper le dedicó una sonrisa a la diosa para hacerle saber que no pasaba nada, que entre ellas las cosas estaban mejorando y que esos viejos rencores estaban en el pasado.

— ¿Crees que todavía está viva?

No era una pregunta real. Su padre tenía permitido responder que no lo sabía. Pero ella quería oír cómo iba a responderle. Se quedó mirando las olas.

—Tu abuelo Tom—, dijo al fin —solía decirme que si caminaba lo suficientemente lejos hacia la puesta de sol, habría llegado al País Fantasma, dónde se podría hablar con los muertos. Dijo que hace mucho tiempo, podrías resucitar a los muertos, pero entonces la humanidad estaría en un mal estado. Bueno, es una historia muy larga.

—Cómo la Tierra de los Muertos para los griegos— recordó Piper —También estaba al oeste. Y Orfeo, intentó traer a su mujer de allí.

Papá asintió. Un año antes, había tenido un papel protagonista como un rey de la Antigua Grecia. Piper le había ayudado en su búsqueda de mitos, todas esas historias de gente que se convierte en piedra y es hervida en lagos de lava. Se lo pasaron muy bien leyendo juntos, y esto hizo que la vida de Piper no pareciera tan mala. Durante un rato se sintió más cerca de su padre, pero cómo todo, tuvo que terminar.

—Hay muchos parecidos entre los griegos y los cherokees— aceptó Papá — Imagínate qué nos diría tu abuelo si nos viera ahora, sentados al final de la tierra occidental. Se creería que somos fantasmas.

—¿Entonces te crees esas historias? ¿Crees que mamá está muerta?

— Todos los mitos y leyendas tienen un toque de verdad o son completamente ciertas, sino lo fueran nosotros no estaríamos aquí- por supuesto Atenea no pudo contenerse y fue la responsable de interrumpir la pesadez que había caído sobre el salón tras la pregunta escuchar la conversación de Piper y su padre, y es que por supuesto más de una vez la mayoría de ellos (salvo Annabeth, Jason, y Thalía) habían preguntado a sus padres mortales, en el caso de Nico a su hermana Bianca, sobre el paradero de sus padres y también si seguían estando vivos cuando eran niños pequeños. Ante las palabras de la diosa Annabeth salto en su lugar como si de repente hubieran inyectado una dosis alta de azúcar en sus venas.

— Madre, ¿Estás queriendo decir que así como ustedes existen, cabe la posibilidad que no sean los únicos, ehm, seres divinos?- la semidiosa nunca antes se había puesto a considerar la posibilidad pero en ese momento y en el mundo del que formaba parte comenzaba a pensar que ya nada podía sorprenderla. Atenea abre la boca bastante dispuesta a explicarle a su hija (probablemente con un montón de detalles incluidos) pero una mirada fulminante de su padre la hace unirse en su trono apartando la mirada dejando bastante claro que acababa de cometer alguna imprudencia.

— El hecho de que en esta sala haya mestizos griegos y romanos ¿no te dice nada, niña?-para la total sorpresa de la mayoría es Hades quien sale en rescate de la diosa de la sabiduría dedicándole una silenciosa advertencia a la chica con solo mirarla. Lo menos que necesitaban en ese momento era que Zeus desatara su ira en los semidioses por culpa de un poco de curiosidad.

Annabeth asiente conteniendo la emoción por nueva información lo que bien significaba unas cuantas horas de investigación sobre el tema. A su lado Percy dejó escapar un quejido siendo acompañado por Jason, ambos chicos habían perdido el color y se veían ligeramente enfermos murmurando cosas como "Lo que faltaba" "Como si no fuera suficiente con los que hay" y otras cosas peligrosas para su salud por lo que ambas chicas intercambiaron una mirada para luego besar a sus respectivos novios y así evitar que fueran incinerados por cierto rayo maestro mientras que el resto de los semidioses parecía estar de acuerdo con el par de chicos sin atreverse a decirlo en voz alta. Perséfone previniendo una posible guerra se apresuró a seguir leyendo.

Sus ojos se humedecieron, y Piper vio tristeza en ellos. Se imaginó que sería por eso por lo que las mujeres se sentían atraídas por él. Por fuera, parecía seguro y resistente, pero sus ojos estaban tan llenos de tristeza. Las mujeres querían saber por qué. Querían consolarle, pero nunca pudieron. Papá le contó a Piper que era algo cherokee, todos tenían esa oscuridad dentro por generaciones de dolor y sufrimiento. Pero Piper creía que era más que eso.

—No me creo las historias— dijo —Son divertidas de contar, pero sí de verdad crees en un País Fantasma, o espíritus de animales, o dioses griegos… No creo que pudiera dormir por las noches. Siempre estaría buscando a alguien a quien culpar.

— Así que esa fue la razón…-murmuró Afrodita y es que la diosa no dejaba de preguntarse la razón de su desaparición sin contarle la verdad (como generalmente hacía con los padres de sus hijos). Una nueva mueca de tristeza se formó en el rostro de Piper mientras Leo se apresuraba a tomar su mano y Jason la abrazaba nuevamente con un apenas audible "Fue lo mejor Pipes" sabiendo los motivos claros de esa tristeza. La diosa bastante preocupada por su hija al sentir sus emociones se prometió que en la primera oportunidad tendría una charla seria.

Alguien a quien culpar de la muerte del abuelo Tom por cáncer de pulmón, pensó Piper, antes de que papá se hiciera famoso y tuviera el dinero para curarle. Alguien a quien culpar por la desaparición de mamá, la única mujer a la que ha amado, abandonándole sin ni siquiera una nota de despedida, dejándole con una recién nacida a la que no estaba preparado para cuidar. Alguien a quien culpar por tener tanto éxito, pero sin ser feliz.

—No sé si sigue viva— dijo —Pero creo que estará bien en el País Fantasma. No hay forma de volver. Si yo creyera lo contrario… no creo que pudiera, la verdad.

Detrás de ellos se oyó la puerta de un coche abrirse. Piper se giró y su corazón dejó de latir.

Un gruñido se escapó de la boca de la chica recordando lo que la ayudante de su padre, sin ser consciente de ello, provocó, por órdenes de esa horrible mujer y la cara de tierra. Ante ese gesto de la chica todos se mostraron curiosos intuyendo que sea quien sea que apareció sería de cierta forma importante razón que impulsó a la reina del inframundo a continuar leyendo con mayor rapidez.

Jane se dirigía hacia ellos con su traje de negocios, tambaleándose en la arena con sus tacones de aguja y con su PDA en la mano. La expresión de su rostro era preocupante, en parte triunfante, y Piper sabía que había hablado con la policía. Por favor, que se caiga, rezó Piper. Si hay algún espíritu animal o dios griego que pueda ayudarme, haz que Jane pierda el conocimiento.

— ¡Por favor dime que yo si te hice caso!- suplico Apolo con fingida inocencia mientras su hijo ocultaba una sonrisa y su gemela acariciaba su arco. Piper le dedicó una mirada incrédula y se dispuso a contestar sin embargo no pudo cumplir sus planes.

— ¡No, yo le hice caso!-se unió Hermes en un tono más infantil que su hermano para la diversión de los mestizos y exasperación de las diosas, especialmente de Afrodita que estaba ansiosa por conocer qué estaba pasando con su pequeña niña, notando esto y para salvar su pellejo el dios de los ladrones se apuró a hacerle un gesto a Perséfone.

No estoy pidiendo que se quede así para siempre, sólo dejarla sin conocimiento durante el resto del día, ¿por favor? Pero Jane siguió avanzando.

Los antes mencionados se mostraron decepcionados mientras murmuraban algunas quejas por no haber cumplido esa petición. Así como lista de excusas y motivos para justificarse disminuyendo un poco más la tensión.

—Papá— dijo Piper rápidamente —Algo pasó ayer…

Pero él había visto a Jane, también. Estaba poniendo su cara de negocios. Jane no estaría ahí si no fuera algo serio. Una llamada del jefe de estudios, un proyecto que no que había ido bien o que Piper la había liado de nuevo.

—Ahora volveremos a eso, Pipes— prometió —Será mejor que vea lo que quiere Jane. Sabes cómo es.

Sí, Piper lo sabía. Su padre caminó por la arena hacia ella. Piper no podía oírlos hablar, pero no hacía falta. Leía las caras muy bien. Jane le dio los detalles del coche robado, a veces apuntaba a Piper como si fuera una mascota repugnante que había hecho sus necesidades en la alfombra.

Ante ese detalle Afrodita comenzó a murmurar las cosas que le haría a esa mujer que se atrevía a mirar de ese modo a Piper jurando que le daría la peor vida amorosa del siglo mientras la semidiosa luchaba con la sonrisa que nacía en sus labios. El resto de los mestizos tenían muecas en sus rostros recordando cuando ellos mismos recibían ese tipo de miradas.

La energía y el entusiasmo de su padre se desvanecieron. Hizo un gesto a Jane para que esperara. Se acercó a Piper. Ella no podía mirarle a los ojos, se sentía como si le hubiera traicionado.

— Conozco ese sentimiento- mustio Percy con una mueca recordando todas las veces que tenía que regresar a su casa con su madre luego de que lo expulsaran de otra escuela porque si había algo que no soportaba era sentir que le fallaba a las personas que más quería aun cuando su madre jamás le reclamaba nada. Annabeth tomo su mano para indicarle que estaba con él y el resto le dedicaba miradas de apoyo a Piper.

—Me dijiste que lo intentarías, Piper— dijo.

—Papá, odio ese colegio. No puedo hacerlo. Te quería explicar lo del BMW, pero…

—Te han expulsado— dijo — ¿Un coche, Piper? Tendrás dieciséis el año que viene. Podría comprarte el coche que quisieras. ¿Cómo has…?

—¿Querrás decir que Jane me compraría el coche?— le recriminó Piper: no lo podía evitar. La ira brotó y se derramó fuera suyo. —Papá solo escúchame una vez. No me hagas esperar a las estúpidas Tres Preguntas. Quiero ir a una escuela normal. Quiero que me lleves a la noche de padres e hijas, no Jane. ¡O enséñame en casa! Aprendí mucho cuando leímos juntos sobre Grecia. Podríamos hacer eso todo el tiempo. Podríamos…

—No hagas esto por mí— dijo su padre —Yo lo hago lo mejor que puedo, Piper. Hemos tenido varias veces esta conversación.

— ¿Por qué no te quiere escuchar? –Percy no pudo evitarlo y le dedicó una mirada a Piper preocupado no entendiendo como su padre se comportaba de ese modo que a su endentar era inaceptable-mi mamá me mandaba lejos durante años…-ante esto no pudo evitar hacer una mueca recordando la de veces que se preguntaba si su madre realmente lo quería. A su alrededor la mayoría de los mestizos se movían incómodos, (salvo Jason y Leo quienes lo estaban fulminado con la mirada al tiempo que Piper cerraba sus ojos con fuerza para alejar las molestas lágrimas- pero por ella lo hacía por mi bien, ella sabía quién era mi padre y me quería mantener con ella a toda costa pero tú padre no sabe quién eres ¿por qué lo hace?

— ¡Percy!…-Annabeth le lanzó una mirada severa en el mismo momento que Thalía le proporcionaba un golpe en la cabeza murmurando cosas sobre amigos estúpidos con sensibilidad de una cucharilla de té. De más está decir que el semidiós tardó en comprender un poco más porque era el blanco de miradas fulminantes porque incluso la mayoría de las diosas se habían unido. Contrariado le lanzó una mirada de disculpa a Piper bajo las fulminantes de Jason y Leo pero antes de poder decir algo Perséfone continúo leyendo porque la tensión de Afrodita era palpable.

No, pensó. Había cortado en seco esta conversación. Desde hacía años.

Su padre suspiró.

—Jane ha hablado con la policía, ha negociado un acuerdo. El concesionario no presentará cargos, pero tienes que ir a un internado en Nevada. Se especializan en problemas, niños problemáticos.

—Eso es lo que soy— su voz tembló —Un problema.

—Piper… dijiste que ibas a intentarlo. Me has defraudado. No sé qué más hacer.

—No hagas nada— dijo —Hazlo tú mismo. No dejes que Jane lo haga por ti. No puedes echarme.

Papá miró la cesta de picnic. Su sándwich descansaba sin acabar con un cacho de papel de plata dorado. Habían planeado toda la tarde surfeando. Ahora todo estaba arruinado. Piper no podía creer que accediera a los deseos de Jane. No esta vez. No en algo tan grave como un internado.

—Ve a hablar con ella— dijo Papá —Te dará los detalles.

—Papá…

Miró a la lejanía, miraba el mar como si pudiera ver el camino al País Fantasma. Piper se juró que no lloraría. Se dirigió por la playa hacia Jane, que le sonrió con frialdad y sacó un billete de avión. Como de costumbre, lo había arreglado todo.

Piper era otro problema del día que Jane tacharía de la lista.

Decir que la mayoría estaba contrariada y muy indignada es poco, en los rostros de todos los semidioses era más que evidente la molestia que sentían aunque no estaba claro si era en contra del padre de Piper o con la asquerosa situación que tenía que pasar la mayoría con sus padres que no comprendía su naturaleza.

El sueño de Piper cambió.

— Ay no, no-Piper, sabiendo lo que se venía ahora oculto su rostro en el hombro de Jason murmurando con nerviosismo cosas sobre su secreto y las reacciones de todos y eso fue suficiente para que Jason intercambiara una mirada rápida con Leo en un acuerdo silencioso; protegerían a Piper de todos si era necesario. Por su parte Annabeth frunció el ceño por la reacción de la chica y Afrodita se removió inquieta en su trono, no le gustaba ni un poco las emociones que estaba percibiendo de Piper.

Estaba de pie en la cima de una montaña, de noche. Las luces de la ciudad brillaban por debajo. Delante de ella una hoguera crepitaba. Unas llamas moradas parecían arrojar más sombras que luz, pero el calor era tan intenso que su ropa expulsaba vapor.

—Esta es tu segunda advertencia— retumbó una voz tan potente que hizo temblar la tierra.

Piper había oído esa voz antes, en sus sueños. Había tratado de convencerse de que no era tan terrible como la recordaba, pero fue peor. Detrás de la hoguera, una cara enorme se alzaba en la oscuridad. Parecía flotar por encima de las llamas, pero Piper sabía que estaba conectado a un cuerpo enorme. Parecía estar esculpida en la roca. Su cara no parecía viva a excepción de sus penetrantes ojos blancos, como diamantes, y sus horribles rastas, trenzadas con huesos humanos. Sonrío y Piper se estremeció.

Todos, sin excepción, se tensaron en sus lugares, Percy, Hazel y Frank intercambiaron una mirada nerviosa sabían bastante bien que estaba tras esa descripción, uno de los gigantes de Gea. Por su parte, Nico se encogió en su lugar alejando los recuerdos de los días vividos en su cautiverio gracias a esos malditos gigantes gemelos. Por otro lado, los tres semidioses que tuvieron contacto directo con ese gigante estaban teniendo serios problemas por controlar sus emociones mientras ignoraban olímpicamente las miradas de los dioses, quienes no se estaban esforzando mucho por ocultar lo que esas palabras provocaron y es que era la primera prueba (además de las palabras de las Destino) real de que Gea estaba despertando y tenía los gigantes con ella.

—Harás lo que se te diga— dijo el gigante —Irás en la búsqueda. Harás nuestra voluntad y entonces podrás mantener tu vida. De lo contrario...

La tensión se podía palpar en el aire mientras los semidioses lanzando miradas a Piper en un acuerdo sin palabras comenzaban a moverse con la intención protegerla de quien fuera (tal y como decían sus miradas determinadas), gesto que Piper agradeció con ojos llorosos y una sonrisa porque al menos la mitad de ellos ni la conocían. Los dioses tenían distintos niveles de molestia siendo conscientes de lo que esa orden significaba y si bien a Zeus se le cruzó la idea de tomar cartas en el asunto inteligentemente guardó silencio recordando ser prudente cuando todos estaban de la hija de Afrodita. Por su parte, Afrodita tenía serios problemas por controlarse al comprender lo que estaba pasando con su hija, estaba siendo obligada y por el dolor que sentía de ella supo lo que diría Perséfone antes de que lo leyera.

Hizo un gesto al lado del fuego. El padre de Piper colgaba inconsciente, atado en una estaca.

Ella trató de gritar, llamar a su padre, suplicar al gigante que lo dejara ir, pero su voz no le hacía caso.

Ahora Piper tenía plena libertad para dar rienda suelta a sus emociones y revivir esos recuerdos era demasiado doloroso así que mientras era abrazada por Jason dejó escapar las lágrimas mientras el rubio la tranquilizaba.

—Tranquila, reina de la belleza, él está bien ¿recuerdas?-Leo se unió dejando su mano sobre la de la muchacha queriendo calmarla. Ella, agradeciendo el apoyo atrapó su mano y le dio un apretón.

—Nos vengaremos de ellos, Piper- esta vez fue Thalia, siendo apoyada inmediatamente por el resto del grupo y es que a pesar de todo ellos estaban dispuestos a seguir luchando por quienes querían. Molestos como estaban se les estaban complicado para seguir la lectura de la reina del Inframundo.

—Te vigilaré— dijo el gigante —Sírveme y ambos viviréis. Tienes la palabra de Encélado. Fállame… bueno, he dormido durante miles de años, joven semidiosa. Estoy hambriento. Fállame y comeré a gusto.

—Pagará caro, lo hará- Eso fue lo unico que llegaron a escuchar de Afrodita antes de que pasara a hablar en un griego tan antiguo que ni Annabeth fue capaz de entenderla. Algo aparentemente bueno porque Artemisa, Hestia, Hera, Deméter y hasta Atenea se veían escandalizadas y Perséfone aumento el tono de voz para cubrir los murmullos de la diosa del amor.

El gigante soltó una carcajada. La tierra tembló. Una grieta se abrió a sus pies y Piper cayó en la oscuridad. Se despertó y sintió como si le hubiera pisoteado una compañía de bailarines irlandeses. Le dolía el pecho, y ella apenas podía agachó y cerró su mano alrededor de la empuñadura de la daga que Annabeth le había dado, Katoptris, el arma de Helena de Troya. Así que el Campamento Mestizo no había sido un sueño.

— ¿Cómo te sientes?— preguntó alguien.

Piper intentó concentrarse. Estaba acostada en una cama con una cortina blanca a un lado, igual que en una enfermería. La chica pelirroja, Elizabeth Dare, estaba sentada a su lado. En la pared había un cartel de un sátiro de dibujos animados que se parecía inquietantemente al entrenador Hedge con un termómetro en su boca. El cartel rezaba: No dejes que la enfermedad capture tu cabra. — ¿Dónde…?— la voz de Piper se apagó cuando vio el hombre en la puerta. Parecía el típico surfista de California, alto y bronceado, rubio, vestido con pantalones cortos y una camiseta. Pero tenía cientos de ojos azules por todo su cuerpo, incluso por sus brazos, por sus piernas y por su cara. Incluso en sus pies tenía ojos, mirándola entre las correas de las sandalias.

—Ahí tenía que estar Jason soltando una frase poco romántica-comentó como quien no quiere la cosa Percy provocando que Annabeth lo fulminara con la mirada mientras el hijo de Poseidón contenía la risa pero ante las miradas confusas y algo curiosa de sus amigos añadió- Algo así como babeas cuando duermes- lo ultimo lo dijo en una mala imitación de su novia recibiendo un golpe y la risa del resto cortando la tensión entre los héroes. Fue cuando todos (mucho más relajados) volvieron a centrarse en las palabras de la lectura cuando Annabeth dejo un beso en la mejilla de Percy susurrando en su oído un "Bien hecho, sesos de alga."

—Ese es Argos— dijo Rachel —nuestro jefe de seguridad. Sólo está echando un ojo… por así decirlo.

Argos asintió con la cabeza. El ojo de la barbilla le guiñó un ojo.

— ¿Dónde?— Piper lo intentó de nuevo, pero sentía como si estuviera hablando con la boca llena de algodón.

—Estás en la Casa Grande—dijo Rachel—Las oficinas del campamento. Te hemos traído aquí después de que te quedaras inconsciente.

—Tú me cogiste—recordó Piper —La voz de Hera…

—Lo siento mucho—dijo Rachel— Créeme, no quise ser poseída. Quirón te ha curado con un poco de néctar…

— ¿Néctar?

—La bebida de los dioses. En pequeñas cantidades, cura a los semidioses, si no lo hace… te reduce a cenizas…

—Ah, guay.

Rachel se acomodó.

— ¿Te acuerdas de tu visión?

Piper dudó un momento, creía que se refería al sueño con el gigante. Entonces se dio cuenta de que Rachel hablaba de lo que sucedió en la cabaña de Hera.

—Algo pasa con la diosa— dijo Piper —Me dijo que la liberara, como si estuviera atrapada. Mencionó que la tierra nos tragaría y algo sobre el solsticio…

En la esquina, Argos hizo un ruido sordo. Sus ojos revolotearon todos a la vez.

—Hera hizo a Argos— explicó Rachel —Es muy sensible cuando se trata de su seguridad. Estamos intentando hacer que no llore, porque la última vez que pasó… bueno, causó una pequeña inundación.

—Claro, pequeña inundación- mustio por lo bajo Will rodado los ojos solo siendo escuchado por Nico quien sonrió de medio lado.

Argos sollozó. Cogió un puñado de Kleenex de una mesita de noche y comenzó a frotarse los ojos por todo el cuerpo.

—Así que…— Piper intentó no mirar fijamente a Argos mientras se secaba las lágrimas de los hombros —¿Qué le pasa a Hera?

—No lo sabemos— dijo Rachel —Annabeth y Jason han estado aquí, por cierto. Jason no quería dejarte, pero Annabeth tuvo una idea, algo de devolverle la memoria.

—Eso… eso es genial.

¿Jason había querido quedarse? Deseaba que hubiera sido consciente de ello. Pero si volviera a tener su memoria… ¿sería algo bueno? Ella todavía esperaba que su relación no fuera todo un truco de la Niebla. Céntrate, pensó. Si iba a salvar a su padre, no importaba si Jason sentía algo por ella o no. La odiaría tarde o temprano. Todo el mundo lo haría.

—Al contrario, si sabíamos que estaba pasando hubiéramos buscado la manera de ayudar-

La convicción con la que Percy pronunció esas palabras tuvo varios efectos en los chicos. Annabeth, Thalia, Will, Frank, Hazel y hasta Nico asintieron convencidos, los cinco dejando ver el orgullo y la seguridad que el pelinegro les transmitía. Jason, Piper y Leo comprendieron un poco más porque es que todos en el campamento estaban tan dispuestos a seguirlo. Los dioses eran otro cuento, muchos observaban con sorpresa al semidiós mientras su padre lo hacía con orgullo y tanto Zeus como Atenea y Ares lo hacían con distintos niveles interes. El primero porque comenzaba a temer sobre cuánto poder podría tener el muchacho si se descuidaba, la segunda porque se estaba trazando un mapa conceptual del novio de su hija y el tercero porque siendo el dios de la guerra podía identificar a un líder y parecía ser que su primo lo era y lo que lo inquieto es que parecía que tenía todo un campamento (dos si su intuición no le fallaba) de su lado.

Miró la daga atada a su lado. Annabeth había dicho que era un signo de poder y de nivel, pero no se usaba normalmente en una batalla. Todo espectáculo pero nada de sustancia. Falso, igual que Piper. Y su nombre era Katoptris, espejo. No se atrevía desenvainarla de nuevo, no soportaría ver su reflejo.

—No te preocupes— Rachel le apretó el brazo —Jason parece un buen tipo. Ha tenido una visión muy, muy similar a la tuya. Lo que está pasando con Hera… Creo que estáis destinados a trabajar juntos.

Rachel sonrió como si esto fuera una buena noticia, pero los ánimos de Piper se desplomaron aún más. Creía que esa búsqueda, o lo que fuera, implicaría personas que no conocía bien. Rachel básicamente le había dicho: ¡Buenas noticias! No sólo tu padre está atrapado por un gigante caníbal sino que también vas a traicionar al chico que te gusta. ¿No es increíble?

Jason apretó más el abrazo para que Piper se acomodará mejor entre sus brazos asegurando que no debía torturarse con pensamientos del pasado.

—Eh. — dijo Rachel —No hace falta llorar. Saldremos de esta.

Piper se secó los ojos, tratando de controlarse. Ella no era así. Se suponía que debía ser dura, una endurecida ladrona de coches, el terror de las escuelas privadas de Los Ángeles. Allí estaba ella, llorando como un bebé.

— ¿Cómo sabes a lo que me enfrento?

Rachel se encogió de hombros.

—Sé que es una elección difícil y que no hay muchas opciones. Como he dicho, a veces tengo corazonadas. Pero, creo que vas a ser reclamada en la cena. Cuando sepas quién es tu madre divina, las cosas estarán más claras.

Claras, pensó Piper, no mejores. Se acostó en la cama. Su frente le dolía como si alguien hubiera estado martillando los ojos. No hay forma de volver a ver a tu madre, le dijo su padre una vez. Pero aparentemente, esa noche, su madre la reclamaría. Por primera vez, Piper no estaba segura de si era eso lo que quería.

—Espero que sea Atenea.

—Lo siento, mama.

Y es que Afrodita soltó un chillido indignado mientras llevaba una mano de forma dramática al pecho.

Alzó la cabeza, temiendo que Rachel se burlara de ella, pero la oráculo sólo sonreía.

—Piper no te culpo. ¿No? Creo que Annabeth también espera eso. Sois muy parecidas, ¿no?

La comparación le hizo sentir aún más culpable a Piper.

— ¿Otra corazonada? No sabes nada de mí.

—Te sorprenderías.

—Estás diciendo eso porque eres un oráculo, ¿no? Se supone que sois misteriosos.

Rachel se echó a reír.

—No estoy revelando mis secretos, Piper. No te preocupes. Las cosas irán bien, pero quizá no de la forma que esperas.

—Eso no me hace sentir mejor.

En algún lugar lejos de allí, sonó un cuerno. Argos se quejó y abrió la puerta.

— ¿La cena? —adivinó Piper.

—Te has levantado mientras duraba la cena. — dijo Rachel — Ahora toca a descubrir quién eres.

—Ese es el final del capítulo, ¿quien lee ahora?- Perséfone sin esperar respuesta le paso el libro a su marido con una orden clara en la mirada, que continuara leyendo antes de que los semidioses se pusieran más nerviosos y Zeus o cualquiera de los dioses tuviera oportunidad de comentar algo respecto al claro secreto de Piper. Entendiendo el mensaje Hades callo sus protestas y paso la pagina del libro.