Capitulo 9

La verdad de un pasado doloroso

- ¿¡Cómo que no está con ninguno de ustedes!? - Karl Heinz se sintió, sin duda, completamente decepcionado.

- ¿Qué es lo que acabo de decirte? - preguntó enfadado Reiji, a él le afectaba de sobremanera también.

- ¿Entonces ella sigue soltera?

- Si.

- ¿Ni siquiera con Raito?

- ¡Que no está con nadie, he dicho! - exclamó otra vez el segundo Sakamaki a su padre, ya completamente irritado.

Estaban sentados frente a la chimenea, el padre en el sillón grande de gamuza roja y el hijo sentado en el sillón más chico, de cuero negro. Karl Heinz había ido de visita para... esperen, eso Reiji no lo sabía. ¿Qué demonios hacía el viejo allí? Solamente se sentaron, hablaron sobre Yui y sobre si estaba con uno de sus hermanos por alguna razón en especial que Reiji desconocía. Su padre jugaba infantil con sus cabellos blancos y miraba aburrido el fuego que chispeaba en la chimenea. Parecía algo decepcionado por lo que acababa de enterarse. ¿Por qué? ¿Es que acaso Karl Heinz quería que se enamoren de Yui? Bueno, enamorado Reiji ya estaba, pero... Debía esperar la respuesta de Yui para que estén juntos. ¿No?

- Bueno... parece que todavía no se va a cumplir mi sueño de tener nietos. - murmuró divertido el líder Sakamaki mientras una sonrisa corría por su rostro.

A Reiji casi se le sube toda la sangre a la cabeza de golpe. ¡Nietos, su padre promiscuo e impulsivo quería nietos!

- ¿Nietos? ¿Para qué te odien como te odian tus hijos? - preguntó con sarcasmo Reiji mientras rodaba los ojos.

Karl Heinz parpadeó, haciéndose el inocente.

- ¿Me odian? - preguntó, y Reiji casi se hecha a reír.

- Creo que tres de nosotros te odian con intensidad, y no están equivocados. - murmuró el pelinegro.

Karl Heinz se carcajeó como si no fuera nada del otro mundo, y suspiró al quedarse en silencio. Reiji, a pesar de que no era de tomar, bebió un poco de su copa de vino anteriormente servida. Su padre al rato hizo lo mismo, y cruzaron sus miradas.

- Mira, Reiji, hay algo que quiero preguntarte desde hace tiempo y no he tenido la oportunidad de hacerlo. – dijo Karl Heinz, dejando la copa de vino en la mesa frente a ambos y apoyando sus codos en las rodillas.

¿Su padre así de serio? Mmm... Apenas podía creérselo, sin embargo decidió seguirle el juego.

- ¿Sobre qué? – cruzó las piernas y enarcó una ceja.

- ¿Por qué odias tanto a Shu? – preguntó su padre de repente, y él perdió la voz.


- ¿Qué si odio a Reiji, preguntas? – murmuró Shu, mirando la nada mientras se sentaba a su lado en la camilla.

Aquella pregunta lo había puesto a pensar, cosas que no había pensado antes. ¿Qué pasaba con su hermano? ¿Por qué era así? Tal vez, algo le estaba ocultando y no quería que se enterase, pero prefirió no saberlo. Yui lo miró con un sonrojo de vergüenza en sus mejillas mientras asentía, timida. Dios santo, que tierna era, pensó Shu.

Yui se estaba mordiendo la lengua en su interior. ¡Al fin lo había preguntado, y Shu podría decirle la verdad! Con lo que habían hablado antes, él si era sincero con sus palabras o no le ocultaba las cosas. Bueno, no es que quisiera saberlo todo, pero esto… esto era importante. ¿No?

- No odio a mi hermano, no tengo razones. – dijo, suspirando.

Yui abrió sus ojos como platos por la sorpresa. ¿Qué? ¿Él no odiaba a Reiji? Pero si él…

- Reiji-san… él…

- Desconozco el motivo por el que Reiji me odia. – explicó en voz baja Shu, pasando una mano por sus cabellos. – Pero tengo la esperanza de que se le quite ese lado infantil algún día.

Entonces, a Shu se le abrieron los ojos de golpe también. Infantil, lado, esperanza… todo eso se entrelazaba a su pasado con su madre y...

- Creo que tengo una teoría… pero no estoy completamente seguro de que sea eso. – murmuró, más para sí mismo que para ella.

Yui enarcó una ceja, moviendo sus pestañas descaradamente delante de él y provocándolo a que haga una que otra travesura… pero debía controlarse, al menos por el momento.

- ¿Cuál es, Shu-san? – preguntó ella, y se llevó unas manos a su frente donde estaba la venda.

Al verla hacer eso, recordó lo sucedido cuando hablaba con el Mukami. Eso era descortés, no había preguntado si le dolía o no. La acarició con sus dedos, como si estuviera comprobando la hinchazón. Bueno, había bajado considerablemente desde que se golpeó la frente, así que no había problema.

- Oye…

Antes de que Yui pudiera responder, e incluso pudiera respirar. Shu le dio, para su sorpresa, un beso en la frente. Sin dolor, porque solo los había posado con suavidad… como un mimo. Shu cerró sus ojos al hacerlo, mantenía su mente relajada y eso era sorprendente.

- ¿Duele? – preguntó él en un susurro, y ella negó con la cabeza. Shu sonrió levemente. – Que alivio… - suspiró. – Mira… te contaré algo que dudo mucho que Reiji te cuente a ti… es el muy reservado.

Yui asintió, volviendo a prestar atención. Esta sería la primera vez que Yui escucharía tantas palabras juntas de Shu.

- Cuando nosotros éramos pequeños, nuestra madre hacía demasiada diferencia entre nosotros. Reiji, al ser el menor, se mantenía al margen de los problemas familiares y los regaños de nuestra madre. En cambio yo, por ser el mayor… fui el que tuvo que saber demasiadas cosas. Mi madre estaba conmigo pero nunca estaba con Reiji, y eso hizo que él quedara solo… la mayor parte del tiempo. Pero no creas que me gustaba esa situación. Hasta ahora, si mi madre estuviera viva, seguiría molesto con ella por tratar así a Reiji. Somos hermanos, éramos sus hijos, merecíamos ser tratados por iguales y no por… separado. – exhaló el aire, ya cansado. – Esa es mi teoría del por qué puede odiarme Reiji.

- Yo… lo lamento tanto… - dijo ella sin pensar, desviando la mirada.

- No importa, ahora ella es cosa del pasado.

- Entonces, ¿Shu-san no odia a Reiji-san? – preguntó en un murmullo ella, sorprendida por la historia que acababa de escuchar.

Shu volvió a sonreír, algo más calmado cuando acarició a Yui.

- No, no lo odio… a ninguno de mis hermanos. – le dijo, en un susurro, acercándose más a ella.

- ¿Y… a… mí? – preguntó Yui, ya nerviosa y con su rostro demasiado cerca del vampiro.


– No me creas tonto, sé mejor que toda la familia de como defenestras a Shu en tu mente.

A Reiji casi se le cae la mandíbula cuando escuchó eso, pero fingió tranquilidad. ¿Cómo sabía eso? Bueno, Reiji daba a entender a todo el mundo que no quería a su hermano mayor, pero no sabía que su padre estaba enterado. ¿Cómo va a estar enterado, si nunca está con ellos? El maldito se hacía el buen padre y ni siquiera él los había educado, viejo descarado.

- Eso no te concierne, padre. – repuso en voz baja, mirando hacia otro sitio.

- Es por Beatrice, ¿Verdad?

- …

La conversación comenzaba a tornarse sombría para Reiji, cuando esos recuerdos comenzaron a crecer en su mente.

Karl Heinz se levantó del sillón, mirando a Reiji con… ¿Qué era eso que estaba en sus ojos? Algo extraño, que no conocía. Bueno, el padre ni siquiera sabía lo que estaba pasando o si sabía y no querría contarle. Reiji, que estaba con su vista en otro sitio, lo miró de reojo mientras Karl Heinz se acomodaba la capa detrás de él.

- Solo te diré algo, Reiji. – habló frío y serio, mirándolo desde abajo. – No por que Shu sea el mayor significa que tú tampoco seas importante. Amé a Beatrice, amé a todas mis mujeres y las sigo amando aun difuntas. No importa que haya hecho tu madre con ustedes, los dos son parte importante de lo que será el nuevo gobierno de los vampiros. – Sonrió, sarcástico. – No puedo creer que estés pasando lo mismo que yo pasé con Ritcher… pensé que eras más inteligente.

Reiji no tenía palabras, y sus ojos se abrían de par en par al escuchar eso. La fachada de tranquilidad se había destrozado a sus pies mientras su padre avanzaba por la sala de estar. ¿Qué mierda… acababa de escuchar? No, seguramente era una de las tantas pesadillas que tenía. Se mordió levemente la lengua para asegurarse de que no era un sueño, y era nada más y nada menos que la realidad. Su padre, diciendo esas cosas.

DIOS SANTO.

- Espera, ¿A dónde vas? – preguntó al verlo caminar hacia la salida.

Karl Heinz se volteó, parpadeando y mirando a Reiji algo aburrido.

- Pensé que querías ir con la chica, yo puedo llevarte. – comentó desinteresado.

- ¿Llevarme en qué? ¿En tu espalda? – preguntó, sarcástico. Estaba intentando parecer natural, relajado. Pero lo que su padre le había dicho lo había… atormentado por así decirlo.

- Deja de ser molesto con tu sarcasmo de presumido, te llevaré en mi nuevo auto.

¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ? ¿Un auto? ¿ÉL? ¡Por favor, si tenía su propia limosina! ¡Además podía teletransportarse a su antojo!

- Andando, Reiji, no lo diré otra vez. – gritó su padre, y se dio cuenta de que ya estaba fuera de la mansión.

Maldito viejo despilfarrador…


En la mansión Mukami algo estaba pasando.

Bueno, Yuma ya se había dado cuenta desde que salieron de la escuela. Pero, de todos modos, ¿Qué era lo que andaba mal? Comieron con tranquilidad, en silencio, y Ruki lo observaba algo… ¿Curioso? Eso no le molestó.

Pero lo que si le molestó, fue la mirada burlona y esa risa perversa en el rostro de Kou.

- ¡Ya deja de mirarme así, maldición! – se quejó cuando se encontraron en la cocina, por un vaso de agua.

El idol solo se carcajeó, intentando controlar esa sonrisa idiota que tenía en el rostro. ¿Qué demonios le estaba ocultando? Pensó Yuma con el ceño fruncido. Le daría cachetadas si no paraba, lo juraba por su vida. ¡Estaba hartándolo!

- Lo siento, Yuma-kun~ - se dijo carcajeando mientras se rascaba la cabeza, y con mirada perversa chasqueó la lengua. – Es que no puedo esconder mis "sentimientos".

Kou cayó al piso, riéndose de su chiste que Yuma no lograba entender.

¿Sentimientos? ¿Esconder? ¿Ké? (N/A: Ké :v )

- Tch, ¿De qué demonios estás hablando? Esto ya no es gracioso. – gruñó el alto, y le lanzó una mirada amenazadora a Kou.

- Yuma-kun… Ruki te llama… - Azusa salió de la nada, mirando con sus ojos grises al castaño.

Yuma apretó sus colmillos con fuerza, por ahora Kou se había salvado. Oh no, pero volvería, lo prometía. Nadie se burlaba de él, menos su hermano idiota. Sin darle las gracias a Azusa fue caminando hacia donde se encontraba Ruki, que miraba distraído por una ventana.

- Que sucede, Ruki. – musitó el vampiro alto, mirando también fuera de la ventana. La noche era hermosa comparada con otras que había vivido.

- Pues… tengo ciertas dudas que quería aclarar contigo, Yuma-kun. – respondió el hermano mayor, y se giró para estar cara a cara con su hermano.

Yuma asintió, pero Ruki jamás habló. Se mantuvieron en silencio, mirándose entre sí. El Mukami mayor parecía querer encontrar las palabras adecuadas para lo que iba preguntarle, y Yuma cada vez más se impacientaba. Demonios, ¿Acaso era tan importante?

Al cabo de unos minutos, Ruki inspiró hondo.

- ¿Eres gay, Yuma?

Bueno, eso no se lo esperaba.

- ¡¿Qué crees que estás diciendo?! – gritó sorprendido, con un sonrojo de vergüenza en sus mejillas.

¡Demonios, su hermano le venía con eso en ese momento! Ruki suspiró, pasando una mano por sus cabellos y cerró sus ojos, estaba irritado. ¿Tan pronto? Se preguntó Yuma en su interior.

- Mira, Yuma, sé que es difícil aceptarlo en el primer momento, pero quiero que sepas que tienes todo mi apoyo en esto. – el joven de cabello negro puso una mano en su hombro.

Cuando Ruki dijo eso, Yuma escuchó la risa audible de Kou. El maldito estaba escuchando todo y se le estaba pasando en grande. ¡Ah, por eso era que se estaba riendo el muy desgraciado! Sin embargo, ¿Por qué llegaron a esa conclusión tan de repente? Él no era gay y nunca lo sería, por eso tanta sorpresa en él. ¿Desde cuándo había puesto en duda su masculinidad?

- ¡Ya deja de tratarme así, todo esto es un puto malentendido! – se sacó la mano de su hombro de un manotazo y cerró sus ojos con enojo. ¿Es que acaso no lo entendían? – ¡ME GUSTAN LAS MUJERES, NUNCA LO NEGUÉ Y NO LO VOY A NEGAR AHORA MIERDA!

- pfff… ¿Ni siquiera te simpatiza Shu-kun? ~ - la voz de Kou le hizo abrir los ojos.

¿Qué?

- Bueno… si quieres salir con un Sakamaki… sería tu decisión… - murmuró pensativo Ruki, llevando una mano a su barbilla.

- ¿A Yuma… le gustan los… chicos…? – preguntó el pequeño Mukami, viéndolo desde la puerta de la cocina.

Ya estaba perdiendo la paciencia.

- ¡CALLENSE, DEJEN DE HABLAR SOBRE MI SEXUALIDAD DE UNA MALDITA VEZ!

Se fue enojadísimo hacia su huerto, y todos se miraron entre sí.

- Nos salió bien ~

Ruki sonrió, a pesar de que no era de su estilo hacer esto… era divertido.

- Molestarlo un poco a veces resulta gracioso. – murmura mientras miraba el jardín, donde un Yuma vociferaba groserías. – Sigue siendo un niño inmaduro… – se carcajeó.


- ¿Qué si te odio a ti? – preguntó Shu con una sonrisa traviesa en su rostro. - ¿Por qué ahora preguntas cosas como estas?

- Porque… quiero saber, es importante. – pensó mientras evitaba la mirada como podía, verlo a los ojos solo hacía que su pecho volviera a correr como loco una carrera.

Se miraban de cerca. Bueno, mirar era la palabra equivocada. Yui evitaba a toda costa la mirada de Shu por temor a su sonrojo, no quería que la viera de esa forma vergonzosa. Shu, en cambio, estaba contagiado por esa timidez tan linda de aquella humana. Cada vez que hacía eso, más quería tenerla entre sus brazos. ¿Cómo se atrevía a preguntar si la odiaba? ¿Acaso era ciega a todo lo que estaba sucediendo? ¡Es todo lo contrario!, gritaba su mente. ¡Mirame!, gritaba su cuerpo. Te amo, expresaba su corazón. Todo al mismo tiempo, y eso lo mareaba. Quería responderle, pero las palabras se le atascaban. Es más, no existían tales palabras. No sabía cómo expresar lo que sentía por ella.

- Yui… - murmuró, y la abrazó con fuerza.

Tal vez, podría bastar con esto.

- ¿Shu-san? – preguntó ella confundida, pero él la abrazó con más fuerza.

- Escucha… - murmuró Shu, cerrando sus ojos a la nada. – No importa lo que pase, nunca voy a odiarte. Siempre te querré.

"siempre te querré"

Yui abrió sus ojos con sorpresa ésta vez. ¿Era Shu el que estaba diciendo esas palabras tan bonitas? Palabras que se alojaban en su pecho, haciendo latir fuertemente su corazón esperanzado. No la odiaba, la quería, según él siempre la querría. Una sonrisa de alivio y felicidad surgió de su rostro. Ella también lo quería a él, a los dos. Se separaron, y ella le dedicó una hermosa sonrisa. Radiante, feliz, así estaba Yui. Shu solo consistió en sonreírle timidamente y acariciar con ternura su mejilla.

Ese contacto… hacía que toda su piel se tranquilice.

- Ejem… - alguien carraspeó, y los dos se dieron la vuelta hacia la puerta.

Reiji y Karl Heinz estaban en la puerta. Uno sonriendo amablemente y otro aniquilando con la mirada a su hermano mayor. Shu frunció el ceño y se levantó de la silla donde estaba, en modo de saludo. Yui miraba curiosa, ¿Quién era aquel hombre? Por estrafalario que fuese, no lo conocía del todo.

- ¿Nos vamos? – dijo Karl, sonriendo de oreja a oreja al ver la confusión en sus ojos rosados. – Es un placer conocerte, Yui.

- Señor, ¿Usted es…? – por alguna razón, su corazón bombeó un latido al escuchar su voz.

El Sakamaki mayor sonrió otra vez, y elevando una mano hacia donde ella se encontraba se presentó con caballerosidad.

- Mi nombre es Karl Heinz, Sakamaki Karl Heinz.

Shu suspiró, cerrando sus ojos con frustración.

- Nuestro…

- Padre… - murmuró ella, y sus ojos se iluminaron.


Fin: Capitulo 9

Proximo Capitulo: Lord oscuro.


Lo que les espera en el siguiente... van a morir XD

Yuma: ¡Te digo que no soy gay!
Shelikernr: yo se que no lo eres :3 cof cof Edgar x Shu cof cof

Hoy no puedo comentar mucho.. así que solo les dejaré lo que puse en el fic "si, quiero"

Mi computadora se dañó y tardaré más de una semana en subir nuevo cap... así que perdonen de antemano...

¡Pero volveré, lo prometo!

Bye bye! las quiero :'3