Capítulo 10

Yaten miraba con atención a la rubia, enarcando una ceja al ver su actitud. Sin embargo, pudo reconocer enseguida aquella mirada azul profundo… ¡se trataba de Venus, la cantante de Silver Millenium!

¿Qué demonios hacía ella en casa de su hermano? ¡Y para colmo como invitada a la cena!

Ahora que no portaba aquel antifaz con el cual protegía su identidad, podía apreciar las facciones de la muchachita, quedando prendado de ella al instante. Pero, el recuerdo de aquel desaire con las flores llegó a la mente del platinado, lo que hizo que rápidamente frunciera el ceño y endureciera el gesto.

Gracias – respondió secamente a su cuñada, y dando media vuelta, intentó salir de la estancia tan rápido como pudo, no teniendo éxito.

- ¡Tio Yaten! – Chibi Chibi corrió a su encuentro para saludarlo

El platinado se detuvo en seco, girándose hacia la pelirroja, no sin antes hacer una mueca.

- Hola pequeña – la saludó – me da gusto que estés aqui

- ¡Ven por favor! Quiero presentarte a alguien.

La niña lo arrastró en dirección hacia las jovencitas.

- Tio Yaten, ella es Serena, mi sempai, y bueno, ahora mi niñera.

- Mucho gusto – saludó Serena

- Hola Serena, es un placer conocerte – Yaten adoptó una actitud encantadora, tomando la mano de la rubia y llevándola a sus labios – Seiya me ha hablado mucho de ti – dijo mordaz

- ¿Ah si? – la chica retiró rápidamente su mano, sintiéndose algo abochornada.

- Y ella es Mina, la amiga de Serena – continuo Chibi Chibi con las presentaciones

- Mucho gusto, soy Yaten Kou – se presentó lo más arrogante que pudo.

- Hola Yaten, soy Mina Aino – la aludida estaba sonrojada y completamente nerviosa.

- Ambas van en mi escuela – agregó la pelirroja – bueno en el área de preparatoria.

Al oír aquello, Yaten dirigió una rápida mirada hacia su sobrina

- ¿En Juuban High School? – el muchacho contuvo la respiración.

- Si

Yaten dio una rápida mirada a ambas, especialmente en la rubia que lo había despreciado.

- Con permiso, y bienvenidas – dijo con algo de molestia, retirándose del lugar, bajo la atenta mirada de Mina.

Serena se volvió hacia la mesa de bocadillos, dispuesta a degustarlos cuando se percató que su amiga no quitaba la vista de encima de aquella puerta por la que Yaten había cruzado.

- Mina, ¿estás bien?

- Serena, ¡es él! – dijo eufórica

- ¿De qué hablas, Mina?

- ¡Él es el chico que va a verme cantar al Silver Millenium! En toda la semana no fue y vaya – rió escandalosamente – quien diría que es tío de Chibi Chibi.

- ¿El acosador pervertido?

- ¡No es ningún acosador pervertido! Es mi admirador y es abogado. Serena, ¡debo de acercarme a él!

- No entiendo nada Mina, pero a veces me das miedo.

- ¿Es que no lo ves? – la rubia Aino sujetó fuertemente a Tsukino – él me gusta mucho y ésta es mi oportunidad de estar con él sin que Saijo se dé cuenta.

Dulce tentación

Yaten estaba en la cocina, recargado sobre la meseta, con la respiración agitada. Ambas eran menores de edad.

Bueno, de Serena ya lo sabía, obvio, y sinceramente ella no le importaba, pero Mina… ¿Qué hacía una menor trabajando en un bar? Que, aunque no hacía nada malo, no era lugar para una niña como ella, y lo que era peor, él intentó conquistarla, intentó acercarse a esa adolescente que aunque quisiera o no, causaba un efecto en su cuerpo que ninguna otra mujer había provocado.

En ese instante, Taiki entró al lugar.

- ¡Hey Yaten! ¿Qué haces aquí? Y ¿Qué tienes? Parece que viste un fantasma – dijo, mientras se dirigía a la alacena por unas copas.

- Exactamente eso fue lo que vi – respondió, pasando una mano sobre sus cabellos - ¿me quieres decir qué demonios hacen esas mocosas rubias aquí?

El castaño miró sorprendido a su hermano ante la fiereza con la que había lanzado la pregunta.

- Creí que a Yaten Kou, el hombre que va por la vida lamentándose que las dieciséis no sean legales le iban a agradar.

- No te hagas el chistosito que no estoy de humor – el chico se cruzó de brazos.

- Bueno, una de ellas es el amor imposible de Seiya, y la otra es su amiga. Chibi Chibi quiso invitarlas y él accedió.

- Esa otra chica, la amiga del crush de Seiya, es Venus.

- ¿Qué? Hablas de…

- ¡Sí, sí! ¡Esa Venus! – el platinado caminó por toda la cocina – La Venus que me interesaba tanto y que me envió de vuelta las flores que le mandé junto con una estúpida nota, bateándome. ¡Podría reconocer esa mirada donde sea!

- ¿Tú mandando flores? – Taiki enarcó una ceja.

- Es una menor de edad, ¡una maldita adolescente! ¡Estuve a punto de intentar algo formal con una adolescente! Y lo que es peor, esa adolescente me rechazó – prosiguió el platinado, ignorando el comentario de su hermano.

- Bueno, supéralo Yaten. Eso te pasa por andar de casanova – lo reprendió Taiki – y ahora, mejor cambia esa actitud y ve al comedor que tenemos invitados.

Dulce tentación

Michiru estaba sentada frente a su tocador, observándose fijamente al espejo, cepillando su largo y ondulado cabello aguamarina. Mataba el tiempo mientras Seiya llegaba por ella, pues ya estaba lista.

Adoraba contemplar su reflejo.

Una sonrisa burlona se asomó en su rostro mientras se deleitaba observando sus finas y hermosas facciones.

Por fin, y a pesar de que su primer intento de seducción había sido fallido, tenía a Seiya en sus manos.

Ese hombre que la volvía loca de deseo por fin era suyo, era su novio, como tanto había soñado.

Solo sería cuestión de tiempo para envolverlo con sus encantos y entonces lograría todo cuanto soñó, se convertiría en la señora Kou y tendría unos hermosos niños con el pelinegro y sería la mujer más feliz del mundo.

Aunque, tenía un pequeño inconveniente: la chiquilla pelirroja que era el vivo retrato de su odiada madre. Pero no importaba, ya se desharía de ella, Haruka seguramente la ayudaría y entonces borraría todo recuerdo de Kakyuu para ser solo ella, Michiru Kahio, ama y dueña absoluta del guapísimo y prestigioso abogado Seiya Kou.

La mujer se recargó en el tocador, recargando el bello y angelical rostro en sus manos.

- Me pregunto qué dirías ahora, Kakyuu, de ver que tu amado Seiya es mío – su rostro se volvió tan duro y frio como el de una piedra – ojalá te estés revolcando en tu tumba, maldita perra y aúlles tu dolor.

En ese instante, el claxon del carro de Seiya la sacó de sus pensamientos, indicándole que el hombre había llegado.

- Lo único que me da satisfacción es saber – se levantó – que lo último que escuchaste antes de que tu patética vida se extinguiera era que yo consolaría a tu querido Seiya.

Y guiñándose el ojo, tomó su bolso y salió de su habitación, dispuesta a reunirse con el pelinegro.

Dulce tentación

Seiya y Michiru iban tomados de la mano, recorriendo el sendero que llevaba hacia la entrada principal de la casa de Taiki.

- Te lo he dicho todo el camino y te lo seguiré diciendo, te ves espectacular – comentó el pelinegro.

- Muchas gracias – respondió Michiru con una leve sonrisa – y yo tengo el novio más guapo de todo Tokio.

- Eso es obvio – dijo él algo fanfarrón – sales con el gran Seiya Kou

El pelinegro le guiñó un ojo y procedió a tocar el timbre de entrada.

- Hola Michiru, buenas noches y bienvenida – saludó Taiki

- Hola Taiki, muchas gracias.

- Pasen que ya los estamos esperando para la cenar.

Dulce tentación

Al conocer a la novia de Seiya, Serena sintió que se le caía el alma a los pies; la mujer era muy hermosa y de porte muy elegante, y contrastando con ella, no había punto de comparación.

Michiru era el estereotipo de mujer perfecta que todo hombre quisiera tener a su lado y que toda mujer desearía ser, por lo que, rápidamente, su autoestima se fue por los suelos, sintiéndose tan inferior y poca cosa.

¿Cómo pudo pensar que una chica torpe, llorona, floja y adolescente podría gustarle a un hombre tan guapo, talentoso y exitoso como Seiya Kou?

Simplemente, eso no podía ser.

Por otra parte, Seiya aún se preguntaba por qué seguía cometiendo estupidez tras estupidez; se había dado perfectamente cuenta de cómo se sentía Serena y le dolía verla así. Deseaba decirle que no tenía por qué compararse con Michiru y que a él le gustaba tal cual era, que para él era la mujer perfecta con la que soñaba cada noche, que deseaba hacerle el amor como un loco…

El pelinegro se ruborizó con sus propios pensamientos e intentó apaciguar su fuego interno, pues aunque quisiera decírselo, no podía hacerlo, y lo único que hizo fue limitarse a tratar a Michiru al margen y lo menos cariñoso posible, para no herirla.

La peliaguamarina se mostró tan encantadora con todos, dejándolos embelesados. Incluso, la misma Mina estaba entusiasmada con la mujer. La que no parecía muy encantada era Chibi Chibi; fue muy evidente que a la chiquilla no le caía bien Michiru, y el sentimiento era recíproco.

La cena se llevó a cabo en medio de un ambiente hostil y pesado; Seiya aún se preguntaba cómo se le había ocurrido juntar en el mismo sitio a las dos mujeres con las que de una forma u otra, tenía algo que ver.

Chibi Chibi estaba harta de la palabrería de Michiru, quien parecía era la única que no se daba cuenta del ambiente que había, y si lo hacía, no le daba importancia.

A Mina se le iban los ojos tras de Yaten y éste la evitaba, molesto.

Taiki miraba seriamente a su pelinegro hermano y la pobre de Lita trataba de ser buena anfitriona intentando que aquella energía negativa se fuera, sin éxito alguno.

- Que les parece si pasamos a la sala de estar – dijo Lita un tanto apenada – para que tomemos el postre ahí.

Todos los comensales se levantaron, dirigiéndose a la estancia, a excepción de Yaten, que se desvió a la terraza.

Discretamente, y sin que los demás lo notaran, Mina fue tras él.

El platinado se recargó sobre el barandal y encendió un cigarro, dándole una buena bocanada, sintiendo como el humo llenaba sus pulmones para después ser expulsado por la nariz, causándole un ligero escozor pero tranquilizando sus nervios, gracias a la nicotina que comenzaba a correr en su torrente sanguíneo.

De repente, escuchó unos ligeros pasos tras él.

- Hola

Al oír aquella voz, Yaten abrió mucho los ojos, girándose para toparse con Venus, la cantante de Silver Millenium.

- Hola Yaten – dijo de nuevo la rubia, dando unos pequeños pasos hacia él.

El chico apagó el cigarrillo sobre el barandal y frunció el ceño

- ¿Qué quieres? – preguntó, seco

- Bueno, yo… - la muchacha titubeó – yo soy la chica que canta en el bar.

- Eso ya lo sé

- ¿De verdad? – Mina se acercó un poco más, esperanzada - ¿Me reconociste?

- Si. ¿Qué quieres?

La rubia ladeó la cabeza al oír el tono tan indiferente de Yaten, pero trató de no darle importancia.

- ¿Por qué no has ido? – preguntó tímidamente – te extrañé, quiero decir, extrañé verte entre el público.

- ¿Ah si? – el platinado se cruzó de brazos – pues que yo sepa, tú me corriste y me dijiste que no volviera.

- ¿Qué? – Mina no entendía lo que Yaten le decía

- ¡Ay por Dios! No te hagas la tonta. Me enviaste una nota diciéndome que no regresara junto con las flores que te mandé.

- Yo no hice eso – se defendió la muchacha – ni siquiera recibí nada

- ¡Si como no! ¡Mujeres! Todas son iguales, y qué se podía esperar de una mocosa como tú

- ¡Yo no soy ninguna mocosa! – replicó enojada Mina – y no sé de qué estás hablando, ¡eres un patán!

Molesta, dio media vuelta, dirigiéndose al interior de la casa, cuando bruscamente, la mano del muchacho le aprisionó el brazo, haciéndola girar y atrayéndole contra sí.

La rubia no pudo evitar poner sus manos sobre el pecho de Yaten, mirándolo sorprendida y descubriendo un extraño brillo en su mirada.

- Te voy a enseñar lo que es un patán – dijo, mientras una media sonrisa se dibujaba en sus labios.

Dulce tentación

Darien estaba en su habitación, encerrado. No había querido cenar, pretextando que estudiaría un rato, pero no era así.

Simplemente miraba el techo, pensando, mientras su recamara era iluminada simplemente por la luz de la luna llena.

Soltó un suspiro, mientras la imagen de Serena venía a su mente.

Aunque ella le había dicho que todo estaba bien, un presentimiento le decía que eso era mentira.

De pronto, escuchó un ligero toquido en la puerta.

- ¿Darien? – Rei entreabrió la puerta, observando en medio de la obscuridad a su primo.

El chico no respondió, simplemente se giró, dándole la espalda.

La pelinegra cerró la puerta y se encaminó hacia la cama.

Darien miraba fijamente hacia la ventana cuando sintió el peso de su prima al retreparse en su lecho.

- Rei, sal de aquí – dijo, sin siquiera mirarla

- Darien, ¿te encuentras bien? – preguntó ella dulcemente, ignorando que el pelinegro la había corrido.

- Rei, te dije que…- el pelinegro se había girado para encararla, y no pudo terminar de hablar.

La muchacha llevaba una ligera blusa de tirantes que hacía se remarcaran sus senos, unos shorts muy cortos y sus ojos mostraban una intensidad bastante inquietante.

- Darien – volvió a decir ella, casi en un susurro

- Vete por favor – el muchacho se incorporó, acariciándole el rostro – esto no está bien

- Yo solo quiero que tu estés bien – la chica puso su mano sobre la de su primo – yo puedo ser la mujer que necesitas. ¡Si ella no te hace sentir bien, yo puedo hacerlo!

- Por favor vete, sal de mi habitación – insistió, tratándose de sobreponer a lo hermosamente sugestiva que su prima se veía.

Sin decir nada más, la chica se levantó y se dirigió a la salida de la recamara, cerrando la puerta tras de sí.

- Tengo que hacer ese maldito amarre lo antes posible – espetó malhumorada, mientras se dirigía a su habitación.

Dulce tentación

Yaten tomó fuertemente a Mina entre sus brazos, sorprendiéndola en un apasionado beso.

Por un momento, ella no supo que hacer, sintiendo como su rostro se ponía rojo ante aquél inesperado acto.

La boca de Yaten era experta comparada con la de ella, y comparado con Saijo, era un excelente besador; disfrutaba como la masculina lengua se abría paso salvajemente, dejándola sin aliento.

Todo aquello pasó muy rápido, y Mina tenía los ojos abiertos, aun sorprendida del salvajismo del platinado, pero una fracción de milisegundos bastó para que la chica recobrara la cordura, alzando muy alto su mano y estampándola con todas las fuerzas que tenía sobre la mejilla de Yaten, haciéndole girar el rostro.

Dulce tentación

Todos estaban entretenidos charlando de diferentes cosas, y Seiya y Taiki platicaban entre sí, lo que aprovechó Michiru para dirigirse hacia Serena y Chibi Chibi.

- Hola – saludó Michiru al tiempo que se acercaba a las chicas

- Hola – respondieron ambas

La peliaguamarina dirigió una sonrisa hipócrita a la niña, para después concentrar su atención en Serena

- Tu debes ser la niñera de Chibi Chibi

- Si, así es – respondió algo tímida la rubia – me llamo Serena Tsukino, mucho gusto

- Yo soy Michiru Kahio, estoy encantada de conocerte, linda – la mujer tomó suavemente la mano de la chica – no me equivoqué al decirle a Seiya que cuidaras a la niña

- ¿Qué? – Serena estaba sorprendida y dolida. Siempre creyó que Seiya la había contratado porque él así lo había querido y no por sugerencia de alguien más.

- Si. Yo le sugerí a mi amor que lo hiciera, y me alegra ver que eres una niña muy simpática – la mujer hizo especial énfasis en la palabra "niña".

- Gracias – respondió la chica, sintiéndose intimidada por la mujer, cuando, de repente, escucharon un alboroto proveniente de la terraza.

- ¿Qué es eso? – preguntó Taiki

No sé pero mejor vayamos – respondió Seiya.

Dulce tentación

- ¡Eres un cerdo, Yaten Kou! – gritaba Mina, mientras Yaten, con la mirada fúrica, se sobaba la mejilla.

En ese instante, todos los asistentes de la cena salieron en tropel, observando aquella escena.

- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó el mayor de los Kou, intentando poner orden.

- Serena, vámonos – Mina se dirigió a su amiga, con los ojos cristalinos.

La rubia asintió, tomando a su amiga del brazo y entrando nuevamente a la casa, seguidas de Lita, Michiru y Chibi Chibi.

Seiya y Taiki se dirigieron hasta Yaten.

- Yaten, ¿qué le hiciste? – preguntó Seiya

- No le hice nada – respondió molesto – solo le robé un beso

- Pues no debió de haber sido el beso más romántico del mundo donde te dijo cerdo – acotó Taiki

- Hermano, voy a llevar a las chicas a su casa – le dijo Seiya al castaño – te encargo a Michiru y Chibi Chibi

- Si, no te preocupes. Lleva a esas niñas a su casa y ve que todo esté bien.

Palmeándole el brazo, Seiya se dirigió al interior de la casa, dejando a un furibundo Yaten en manos de Taiki.


He regresado! :D

95 reviews! Gracias!

La cena fue todo un desastre, pero era de esperarse, y esa Michiru es más mala que la carne de puerco, sí señor. Ahora a ver como se resuelve (o resuelvo) el intento de acercamiento fallido de Mina y Yaten y el dolido corazón de Serena.

Muchas gracias por leerme y por su paciencia! Me gustaría decirles que prontó habrá otra actualización, pero no es así :( eso de estar en la vida laboral no es cosa fácil u.u peeeerooo haré lo mejor que pueda para no tardar tanto ;)

Mony: Michiru no le da importancia a las cosas, por eso no encuenta de que Serena y Seiya se gustan. El problema vendrá cuando descubra todo, y Rei ya dijo que pondrá manos a la obra.

Monymoonkou: Jajaj espero que ya no sea malvada despues de este capi, o a lo mejor si xD

Kagomehb: Rei no es mala :p simplemente que luchará por Darien cuestele lo que le cueste.

Génesis: Pues si, ya Rei sabe a quien le pertenece el corazón de Seiya, cosa que los beneficiará a ambos inconscientemente y Seiya a ver como remedia lo que hizo.

Me despido Bombones! Los invito a leer Juegos, una viñeta SxS y Milagro de amor, mi primer one shot MollyxNeflyte.

y no se olviden de pasarse por mi página en FB, me encuentran como Gabiusa Kou.

Nos leemos pronto, besos estelares! :*