El pasillo estaba a oscuras y no llevaba ninguna vela, por lo que Ludwig no podía distinguir dicha forma que caminaba hacia él lentamente y él también se dirigió hacia ella con cuidado. El cuerpo cayó sobre su pecho, parecía que se desmayó. Aún sin conocer su rostro ni quién era, Ludwig lo llevó a la enfermería y lo echó en la camilla. Ya no había nadie por ahí, así que tuvo que encargarse de él personalmente. Encendió una pequeña aplique que había junto a la camilla, descubriendo así la identidad de su extraña silueta; Christoph, su "amigo". Se sorprendió un poco de que siguiera despierto a esas horas y vagando como un alma en pena por los pasillos. Intentó despertarlo dándole pequeñas bofetadas en las mejillas hasta que logró abrir los ojos.
-¿L-Ludwig?- cogió su mano mientras se despertaba de su trance. -¿Eres tú, de verdad?- preguntó como si aún no lo creía.
-Claro que soy yo. ¿Qué haces despierto a estas horas?- apartó la mano. Christoph lo abrazó de repente. -¡¿Q-qué haces?!- lo apartó rápidamente sonrojado.
-Ludwig, soy yo Gil. ¡Gilbert, tu hermano!- se puso la mano en el pecho mientras lo decía.
-No tiene gracia que hagas esto. Tú eres Christph Kruspe, no mi hermano. Me separaron de él cuando aún era un niño y apenas lo conocí a fondo a pesar de ser mi hermano por parte de madre.- se sentó en un sillón junto a la camilla. –Ya no recuerdo nada sobre él, a parte de su nombre y que le encantaban las aves.-
-¡Yo soy ese Gilbert, Gilbert Beilschmidt!- volvió a testificar. –Yo sí que te recuerdo. Eras un niño muy solitario y te costaba congeniar con los demás, por eso nunca te despegabas de mí, tu hermano mayor. ¿Recuerdas a nuestra madre? La echabas mucho de menos, pero ella no quería saber nada de nosotros, por eso no nos crió y nos dejó con los abuelos.-
-¡Cállate!- le gritó. –Tú no sabes nada sobre mi pasado ni sobre Gilbert.-
-Está bien. ¿Recuerdas a Gilbird? Fue un pequeño canario que tuvimos. Lo quería mucho, pero una vez lo solté sin querer de la jaula y salió volando. Me puse muy triste durante varios días, ¿lo recuerdas?-
El rubio empezó a tener recuerdos sobre su infancia, y empezó a emocionarse poco a poco. –Cállate, por favor…- se llevó las manos a los ojos.
-¿Y ese gato tan pequeño que te encontraste que le pusiste tu propio nombre? El abuelo se encariñó con él y nos dejó tenerlo. La única que nos atormentaba era la abuela, repudiándonos a nosotros y a él. El abuelo no se atrevía a ponerle la mano encima ni llevarle la contraria. Le tenías miedo a los dos pero él sí que te quería mucho, como a mí.- Ludwig empezó a llorar desconsoladamente sin alzar el rostro. -También, recuerdo el día que nos separaron…- se puso más serio y algo triste. –Empezaste a llorar porque no querías separarte de mí, pero esos hombres que te agarraron de los brazos para llevarte tenían más fuerza que tú, y el abuelo no pudo hacer nada contra ellos para que te soltaran. Todo lo planeó la abuela para atormentarnos aún más. Unos días después, me llevaron a mí también y, no sé como lo hicieron, pero lograron que olvidara mi pasado y me dieron una identidad falsa y un pasado falso. La primera vez que te vi, sentí que debía ser tu amigo y velar por ti, pero ha sido justo al revés y encima, he sido una molestia…-El rubio empezó a llorar más desconsolado aún. Sus lágrimas ahora eran bastante grandes y gruesas, y resbalaban por sus mejillas rápidamente para caer al frío suelo. Gilbert se levantó y le abrazó. –Mi pobre hermano pequeño, quién sabrá por lo que has pasado.- Ludwig se abrazó a él fuertemente llorando sobre su hombro. –Ya no nos separaremos nunca más, te doy mi palabra.- le limpió las lágrimas.
-Vayamos a mi habitación.- le sonrió levemente y se apartó limpiándose el resto de lágrimas. –Quiero presentarte a un amigo.-
-Has logrado hacer amigos después de todo, ¿eh?- le acarició la cabeza riendo. Se sonrojó y lo cogió de la mano, apagando la luz y cerrando la puerta de la enfermería. Lo llevó hacia su habitación eufórico como un niño pequeño.
-Lo estoy cuidando, está en muy mal estado. Te ruego que nos ayudes a escapar de este infierno, no quiero seguir matando a gente.- sacó la llave y la metió en la cerradura.
-Yo tampoco estoy bien haciendo lo que hago, pero no recordaba nada ni pensaba por mí mismo o cómo soy realmente. Desde que aún era Gilbert, he odiado esto. Me obligaban desde pequeño a practicar con armas que me daban miedo y a entrenar hasta caer exhausto. Quiero escapar de aquí junto a ti y vivir una vida normal junto a mi hermano.- le sonrió. Ludwig abrió la puerta y le dejó entrar primero.
Gilbert entró sin hacer ruido pero logró despertar a Feliciano. -¿Ludwig?- estiró la mano para que se la cogiera, y rápidamente se acercó a él y la agarró.
-¿Éste es tu amigo?- Gilbert se acercó a él.
-¿Q-quién eres?- se puso nervioso.
-Tranquilo, Feliciano.- le acarició la mano. –Es mi hermano, Gilbert.-
-¿Tú hermano? ¿Por qué no me dijiste que estaba contigo? Ludwig, me estoy asustando, su voz suena como la de tu compañero que escuchamos el primer día después de que me curaste.- apartó la mano yéndose hacia atrás con sus hermanos, los cuales se despertaron también y se sorprendieron al ver a alguien más en la habitación. Su rostro le resultaba muy familiar a los dos.
-Feliciano, cálmate, por favor, no te haré nada.- le volvió a agarrar su mano entrelazando sus dedos. –Resulta que, cuando nos separaron, olvidó su pasado y siguió viviendo como Christoph Kruspe, pero ahora ya lo recuerda todo. Esta de nuestro lado y nos ayudará a escapar, ¿verdad?- lo miró.
-Cierto.- respondió. –Me desperté de madrugada porque me caí de la cama. Me di tal golpe que, parece que me ordenó el cerebro y los recuerdos, haciendo que volviera a ser Gilbert. Lo que dice Lud es cierto, yo también quiero salir de aquí, cueste lo que cueste.-
-Entonces, si eres Christoph, ¡tú eres el asesino de mi madre!- se volvió a alejar de él y soltó la mano de Ludwig, abrazándose a sus dos hermanos, que no comprendían apenas nada, pero sospechaban del peliblanco.
-Vamos a ver.- el rubio se acercó de nuevo. –No te dije que "Christoph" la mató, si no que supo lo que ocurrió. Fue testigo de su muerte, ¿no es así, Gilbert?- lo miró serio.
Gilbert empezó a recordar cuando mató y abusó a una mujer italiana que estaba con los dos niños que estaba viendo ahora justo frente a él, que parecieron identificarlo. –Claro, lo vi todo…- empezó a derrumbarse por dentro.
-¿Ves? Por favor, confía en mí, no quiero engañarte y menos herirte.-
-Está bien, te creo…- se acercó a él lentamente y Ludwig se abrazó a él.
-Gracias.- mientras lo abrazaba, les hizo un gesto de silencio a Bertram y Caterina para que no dijeran nada. El italiano también lo abrazó fuertemente.
-¿Os parecéis físicamente?- les preguntó curioso a los dos cuando lo soltó Ludwig.
-Yo soy más guapo que Lud, claramente.- dijo Gilbert arrogante, sin intentar ofender a su hermano del todo.
-¿Me permites que lo compruebe por mí mismo?- dijo sonriendo y alzando la mano. Gilbert lo miró extrañado por su comportamiento, hasta que Ludwig le explicó que no podía ver y le dijo que se agachara para que lo tocara.
Le acarició el pelo. –Es suave y sedoso. ¿De qué color es?-
-Plateado grisáceo.- dijo ruborizado.
Bajó por las mejillas a los labios, sonrojándolo aún más y finalmente, a los párpados. -¿De qué color son tus ojos?-
-Rojos, mejor que los azules.- miró a Ludwig mientras reía. -¿A que soy más guapo que Lud?-
Rió. –Lo siento, pero creo que Ludwig es más atractivo.- se sonrojó recapacitando en lo que dijo.
Miró a su hermano extrañado por el comentario, que también estaba sonrojado. -¿No me digáis que sois pareja?- Feliciano asintió sonrojado. -¿¡En serio!? ¿Con lo macho que pareces te gustan los hombres?- rió mirando a su hermano.
-No me gustan los hombres, me gusta sólo él.- se puso frente a él serio pero aún sonrojado, siendo más alto que él. -¿Algún problema?-
-Claro que no.- se asustó un poco. –Sólo me sorprende un poco, pero no te estoy diciendo que esté mal o algo así. Si eres feliz con él, adelante.-
Se apartó de él. –Lo siento, pero no cabemos más en el colchón, tendrás que dormir en el diván.- pensó que era mejor cambiar de tema y sacó una manta del armario.
-No me importa, mientras pueda dormir estando cerca de mi hermano después de tanto tiempo.- sonrió y la cogió. –Me voy a dormir ya, que estoy algo fatigado. Buenas noches.- se echó en el diván, que estaba a los pies de la cama, y se tapó.
Ludwig asintió y se fue hacia la cama. Cogió a los dos niños en brazos y los bajó al suelo.
-Ludwig, ¿ocurre algo? Duerme ya.- dijo Feliciano somnoliento. Se giró y no notó a los niños. -¿Bertram? ¿Caterina?-
-E-estamos aquí.- dijo Bertram mientras Ludwig los dejaba en el suelo. –Vamos al baño un momento.-
-Vale, pero no tardéis mucho, ¿eh? Lo mismo va por ti, Ludwig, ya es tarde y debéis dormir.- se giró de cara a la pared.
-Claro, sólo voy a por agua, que no he traído.- A pesar de lo que dijo, el agua estaba en el escritorio, pero como Feliciano no veía, le creyó y asintió.
Ludwig los pasó al baño y cerró la puerta. –Sé lo que estáis pensando y, a pesar de lo que visteis, mi hermano no le hizo nada a vuestra madre.- les explicó en voz baja estando en cuclillas y mirándolos a los ojos. –Sólo le dio ese golpe, pero no le hizo nada más, os lo juro. Antes de recordar, me dijo que la disparó otro compañero nuestro.- insatisfecho, Ludwig les tuvo que mentir para no herirlos más aún y que no sospecharan más de su hermano.
-Está bien, te creo.- dijo Bertram. –Te creo por todos tus esfuerzos para ayudarnos y por ser tan atento con mi hermano, pero le sigo guardando rencor. Puede que no la matara, pero la maltrató frente a nosotros.-
-Opino lo mismo que él…- dijo Caterina triste.
-No os preocupéis.- se levantó. –Lo entiendo perfectamente, pero lo único que os pido es que no le digáis nada a Feliciano, por favor.- le suplicó acercándose a ellos.
Bertram no dijo nada, quien habló ahora fue su hermana. -De acuerdo, Ludwig.- le dijo risueña agarrando su mano llena de pequeñas heridas con las suyas, que eran mucho más pequeñas y cálidas. –Te lo prometemos.- sonrió dulcemente.
-Está bien.- dijo su hermano sonrojado. –Es lo mínimo que podemos hacerte para agradecerte tus esfuerzos…-
-Muchas gracias.- se agachó de nuevo y los abrazó fuertemente. –Prometo que saldremos todos de aquí sanos y salvos los cinco y todos los demás judíos.-
-L-Ludwig…- se quejó Caterina del daño que les hacía con sus fuerte brazos.
-¡Oh, lo siento!- los soltó rápidamente.
-¡No pasa nada!- se abrazó a su cadera. Vio que la relación con los niños iba mejorando, y que empezó a tomarles cariño incluso a Bertram, a pesar de ser más reservado.
-Bueno, vamos a dormir.- los cogió en brazos a los dos y volvieron a la habitación, encontrando a Gilbert durmiendo profundamente y Feliciano aún despierto, pero bastante somnoliento y bostezando.
-¿Ya?- los oyó de acercarse y se giró.
-Sí~.- respondió la pequeña cuando Ludwig los soltó a los dos, que se echaron rápidamente a su lado.
-Pues venga, a dormir ya.- los tapó y les dio un beso de buenas noches.
-Espera un momento.- Caterina se levantó sobre el colchón. -Ludwig, ven un momento.-
-Claro. ¿Qué ocurre?- la niña le besó la mejilla y se sonrojó.
-Buenas noches.- sonrió y se volvió a echar entre sus dos hermanos.
-B-Buenas noches.- le dijo Bertram girado de cara a la pared sonrojado.
-Sí, buenas noches a los dos.- les sonrió levemente y se echó junto a Feliciano apagando el aplique de la mesita de al lado. Se giró hacia él y cerró los ojos lentamente para dormirse.
-Buenas noches, amore.- dijo en voz baja dándole un beso con lengua mientras sonreía.
-S-sí, buenas noches, meine liebe.- lo besó también, cerró los ojos y se abrazó a él fuertemente, con cuidado de no hacerle daño como le pasó con sus hermanos, pero Feliciano ya estaba acostumbrado a todo lo de él; sus fuertes, llenos de amor e intensos abrazos, su calor, el gran tamaño de su cuerpo lleno de músculos, los latidos de su corazón, su olor, su respiración, etc.; absolutamente todo sobre él, todo sobre su amado.
