Si tardo en escribir es debido a que los eventos en mi vida son mayor misterio para mí que esta historia de suspenso, las personas se me hacen más difíciles de descifrar y no sé en quien confiar. Tengo miedo y no sé qué sucede, estoy nerviosa y la verdad no se digna a llegar.


Timidez

Martes 12 de Julio de 2011

El astro rey se elevó por el horizonte esa mañana.

Emmett Cullen terminó de ponerse su uniforme y hecho un último vistazo a la cama, donde yacía Rosalie inmersa en un sueño inmutable.

La noche anterior Gabriela le había devuelto el arrugado pedazo de papel, que Edward había encontrado y quería descifrar, Emmett tenía en un sobre la carta rescrita a máquina, así que salió de su departamento y abordó su patrulla entre bostezos.

Emmett iba recorriendo las calles sin prestar gran atención, su mente estaba ocupada recordando como su novia había pasado un tiempo interminable quejándose porque no sabía nada de Alice, la novia secreta de su hermano gemelo. Emmett había intentado señalar que Jasper había asegurado que esa chica no era su novia, pero con Rosalie el esfuerzo fue en vano y ella tercamente se prometió a sí misma averiguar quién era Alice.

Emmett bajó de su patrulla, dio un portazo para cerrarla, estiró los grandes brazos y dejando salir un enorme bostezo, se encaminó al edificio, subió al elevador presionó el número ocho e intentó ignorar la molesta musiquita para ambientar, se abrieron las puertas, él fuerte policía iba lanzando las llaves al aire y cachándolas con una mano mientras que la otra descansaba en su bolsillo, nada nuevo.

Pero cuando Emmett tocó la puerta, lo que escuchó lo dejo con la boca abierta.

—¿Puedes abrir? —Oyó la voz de Edward a lo lejos.

Bella abrió la puerta usando un pijama color rosa pastel.

Esto es nuevo. Escuchó a su propia mente decir.

—¿Te sientes bien? —Preguntó ella preocupada por la expresión de asombro de su amigo, que a esas alturas seguramente ya le dolería la quijada de tener la boca abierta de ese modo. —¿Por qué no pasas?

Bella se apartó del marco de la puerta para dejarlo pasar. En unos instantes Edward apareció en la sala con su fresca playera marrón, sus pantalones de mezclilla y pasándose la toalla por el cabello mojado.

Ahora sé que sintió Rose cuando vio a Alice salir de la cocina de Jasper. Pensó Emmett.

Intentó recordar cuantas veces había encontrado a una chica en el departamento de su hermano y llegó a la conclusión de que está era la primera vez.

—Iré a bañarme. —Anunció Bella y salió rápidamente de la habitación.

—¿Emm?, ¿Te encuentras bien?, Te ves algo… enfermo. —Edward rompió el silencio que Emmett no hubiera sabido manejar.

—Necesito unas cuantas explicaciones. —Dijo, aclarándose la garganta.

—Ahora, ¿de qué estás hablando? —Edward avanzó hacia la cocina y Emmett lo siguió a grandes zancadas.

—¿Bella pasó la noche aquí?

—Sí.

—¿Contigo? —Emmett alzó las cejas y estiró el cuello para ver la expresión de su hermano, que estaba sacando un envase de leche del refrigerador.

—Aquí… —Edward se giró bruscamente cuando se dio cuenta de lo que debía estar pasando en la cabeza de su hermano. —¡Emmett!, ¿perdiste la cabeza? Sólo se está quedando aquí, no quiero que esté sola.

—Entonces ustedes no… ¿o sea que nada ha pasado?

—No, y apreciaría que no hicieras comentarios al respecto, lo que menos necesito ahora es que asustes a Bella.

—Ya. Y ¿por qué no quieres que esté sola?

—Recibió una nota en el hotel, una amenaza. —Edward apretó la caja de cereal que estaba sosteniendo. —Pero no quiere hacer algo al respecto, ni quejarse con el gerente del hotel, ni presentarse a la estación de policía.

—Suena a algo que ella diría. Pero me parece a mí a que estás malgastando el tiempo con Bella.

—No empieces. —Edward rodó los ojos y se sentó a comer.

—Estás viviendo con la chica de la que llevas enamorado desde… desde que puedo recordar… ¿y no piensas hacer nada?, ¡nada!

—Ella jamás me vio de ese modo, no quiero asustarla y perder su amistad, no lo soportaría Emm.

—Y prefieres conformarte. Serás su mejor amigo para siempre hermano. Ella conocerá a alguien más, se enamorará, se casará y tú serás el buen amigo a quién le cuente lo feliz que es al lado de otro hombre.

—¿Y qué sugieres que haga? Que llegue y diga: Hola, se qué tu padre ha desaparecido y es muy probable que esté muerto, pero ¿quieres salir a cenar está noche? —El sarcasmo parecía ácido en su voz.

—Si lo dices en ese tono, todo suena mal hermanito.

Ambos oyeron cuando se abrió la puerta del baño y un par de segundos después Bella entraba a la cocina y se sentaba junto a Edward.

—¿De qué hablaban? —Preguntó y se llevó una manzana roja a la boca.

—De nada. —Respondieron al unísono.

—Ajá.

—Emm, ¿qué pasó con Rosalie? —Inquirió Edward, sin despegar los ojos de su plato de cereal.

—Ya es mi novia. —Afirmó orgullosamente.

—¡Ya!, ¿Tan pronto? —Bella abrió los ojos como platos y una reluciente sonrisa se abrió camino en el rostro de Emmett.

—Sip, desde el domingo.

—Creí que esperarías hasta que el caso se cerrara. —Murmuró Edward.

—Nah, no pude esperar, quién sabe qué sucederá mañana.

—¡Vaya!, desearía ser la mitad de valiente de lo que eres tú, Emm. —Bella sonrió y sus mejillas se colorearon de rosa.

—En todo caso, vine a traerles la carta que me dieron. —Emmett sacó la hoja mecanografiada y se le dio a Edward para que la leyera en voz alta.

Queridas hijas, lamento no tener nada que dejarles, ni una casa, ni dinero, pero espero que sepan que las amo muchísimo y que me han hecho sentir gran felicidad y orgullo.

Moriré esta noche, puedo sentirlo y me duele en el alma dejar a mis dos pequeñas solas, este temor es lo que me impulsa a revelar la verdad.

Ustedes mis amores, son hijas de un hombre muy influyente, adinerado, poderoso pero además temido. Su existencia, mis niñas, es un secreto incluso para él, creí que sería lo mejor, Dios sabe que harían otros si se enterasen de que ustedes son hijas suyas.

Me niego a dejarlas vivir en la calle, así que olvidando mi orgullo les dejo este nombre: Marco Vulturi.

El día que necesiten ayuda recurran a él y muéstrenle esta carta. Si es un hombre de honor las socorrerá.

Tesoros, espero que algún día lo puedas comprender, todo lo que he hecho ha sido pensando que es lo mejor para ustedes.

Con todo mi amor, Helen B.

—¡El viejo Vulturi le fue infiel a Didyme después de todo! —Gritó Emmett.

Edward y Bella compartieron una prolongada mirada, era claro que ninguno hallaba que decir.

—¿De dónde consiguieron esa hoja? —Les preguntó Emmett, curioso.

—La encontramos el día del funeral. —Murmuró Edward.

—En realidad, estaba dentro del relicario. —Con un movimiento taciturno Bella se quitó el brillante relicario que llevaba al cuello.

—¿Y cómo lo obtuvieron?

—Lo encontramos. —Siguió Bella en voz baja, mirando al suelo. —En el estacionamiento del cementerio, no había nadie cerca.

Bella colocó la preciada joya sobre la gran mano de Emmett, él soltó un largo silbido al analizar el relicario de cerca.

—Debe valer una fortuna. —Aseguró. —Quien lo perdió seguramente ha de estar buscándolo.

—¿Y quién sería? —Lo cuestionó Bella.

—Mary Brandon. —Emmett asintió una vez, como si todo tuviera sentido. —El otro día hice a Miller escupir la sopa. Cuando interrogaron a Brandon ella dijo lo mismo.

—¿Qué era hija de Marco?

—Charlie creía que estaban chantajeando a Marco, y por lo visto era verdad. Si Brandon es hija del viejo Vulturi o no, da igual, pero seguramente ella le pedía dinero a cambio de su silencio, Marco seguro aceptaba para mantener a Didyme ignorante de todo. —Razonó Edward.

—Pero Jasper dijo que era Cayo quien lo chantajeaba. —Le rebatió Bella.

—Quizá más de una persona lo chantajeaba.

—Tal vez Cayo también sabía que Mary era hija de Marco. —Continuó ella.

—Podríamos ir a hablar con Cayo, oír lo que tiene que decir. —Propuso Edward sonriendo.

—Suerte con eso, los acompañaría pero Miller ya me mandó a revisar la casa de Didyme y la de Chelsea, ahora quiere que vaya a la de Aro.

—¿Aún buscando el arma con que mataron a Marco? —Dijo Edward.

—Sí.

—¿Y por qué no te ponen a hacer otra cosa? —Comentó Bella poniéndose de pie.

—El lunes 4 le ayude a Charlie a buscar a la testigo, pero no he hecho nada útil desde que él desapareció. El cuerpo de policía es un caos sin Charlie. —Isabella se mordió el labio inferior y Edward extendió su mano hacia la de ella intentando confortarla.

—¿No creen que es extraño? —Susurró Bella. —Desde que mi papá no está, el caso se estanco, y tienen a Emmett dando vueltas, no lo dejan actuar en realidad.

—El asesino tendría que tener un arreglo con alguien de la policía. —Agregó Edward.

—Ahora que lo mencionan, ese día Charlie me aconsejó no confiar en nadie de la policía.

—Sí, en la carta decía lo mismo… —Ahora Bella daba vueltas por la cocina, retorciendo sus manos nerviosamente.

—¡Hay un traidor entre nosotros! —Emmett le dio un golpe a la mesa, e Isabella se sobresaltó y su corazón comenzó a latir con fuerza. —Estaré al pendiente. Ya me tengo que ir. —Se levantó y en grandes zancadas llegó a la puerta.

Edward lo siguió y Bella se limitó a observar ausentemente por la ventana de la sala. Emmett jaló a su hermano del brazo obligándolo a acompañarlo hasta el ascensor.

—Una última cosa, díselo de una buena vez. Ella jamás admitirá lo que siente mientras no vea que tú sientes lo mismo por ella. Es terriblemente tímida no hará nada si tu no haces algo primero. —Su tono fue mortalmente serio, y Edward se le quedó mirando unos instantes antes de contestar.

—Emm, este no es el momento.

—A mí no se me ocurre uno mejor.

—¿No ves que todo esto la tiene muy asustada?

—Sí, pero no creas que no me di cuenta como se aferraba a tu mano.

La puerta del ascensor se abrió y Emmett entró con las manos en los bolsillos del uniforme.

—Cuídate hermano. —Lo despidió Edward.

—Ustedes también.

.

.

Este sería uno de esos momentos incómodos que la mayoría de las personas prefiere no afrontar.

Rosalie Hale contemplaba el edifico en el que residía su hermano. La intrépida periodista había convencido a Jasper de llevarla con Rentata Vulturi para que pudiera entrevistarla.

Rosalie nunca se había creído el cuento de que las chicas serias son inofensivas. Al contrario, cuando llevas un estilo de vida que te permite pasar desapercibida tienes la facilidad de escuchar todo y nadie sospechará que tienes malas intenciones. El problema es que nunca puedes saber que está pensando una mujer seria.

Rose estaba convencida de que Renata podía haber escuchado alguna discusión entre Marco y algún posible sospechoso, no podía precisar qué, pero la adrenalina arremolinándose alrededor de Rosalie le prometía que Renata tendría muchas cosas fascinantes de que hablar.

Finalmente Rosalie Hale se armó de valor y subió al departamento de su hermano, en lo que esperaba a que abrieran la puerta oyó la alegre música proveniente de la televisión, ¿qué los niños no hacían más que estar frente a esa pantalla colorida todo el día?

—Rose, pasa por favor. —Jasper sonreía cálidamente. Y por supuesto, Rosalie supo de inmediato que algo no estaba bien.

—¿Listo para irnos?

—Así es.

Alice estudiaba atentamente la escena, media oculta en las sombras del pasillo. Rose no pudo disimular un escalofrío que la recorría como un trozo de hielo deslizándose lentamente por su espalda.

Jasper se encaminó hacia las sombras que entretejían el refugio de Alice, Rosalie apartó la vista fingiendo estar distraída pero se concentró en escuchar lo que decían.

—¿Se lo vas a decir? —La aguda voz de Alice tenía un leve brochazo de rencor.

—No. ¿Por qué estás tan molesta? —Respondió en otro susurro.

—Charlie me prometió que estaríamos a salvo.

—Lo están. Y Rose no se lo diría a nadie.

—¿Van a ver a Renata? —Preguntó con amargura en su infantil voz.

—Sí.

—¿Estás seguro de que es una buena idea?

—Sólo llevaré a Rose con Renata, si descubre algo será logro de mi hermana.

—¿Por qué no le dices tus sospechas de una vez?

—Ética profesional.

—Ambos sabemos que Renata oculta algo, algo macabro.

Para Rosalie no era especialmente sencillo seguir el hilo de la conversación ya que básicamente se estaba desarrollando en susurros, pero por nada pensaba perderse eso.

—Ella es mi paciente, no revelaré lo que me ha dicho a base de conjeturas sin fundamento.

—Como quieras, sólo… apúrate en volver.

—Siempre.

—Adiós. —Anunció cortante y se dio la vuelta desapareciendo de la vista de Rosalie. —¡Cynthia! —Gritó y Jasper cerró los ojos con fuerza.

La pequeña niña apago la televisión y obedientemente siguió a su hermana mayor. No sin antes dedicarle una dulce sonrisa a Jasper. Él se dirigió a la puerta y la mantuvo abierta para que Rosalie pudiera salir.

—¿Vamos? —Inquirió.

—Para luego es tarde.

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Jasper y Rosalie Hale estaban en la sala de Didyme Vulturi, bajo el atento cuidado de Brigitte. Rosalie admiraba el colorido retrato de unas guacamayas mientras que Jasper contemplaba preocupado como el cielo se tornaba cada vez más oscuro y amenazaba con descargar su fuerza como una ira acumulada por años.

—Lamento mucho haberlo hecho esperar. —Una voz áspera y débil hizo que los tres se voltearan a mirar a la joven muchacha de aspecto demacrado y lastimoso.

—No tiene porque disculparse señorita Renata. —Contestó Jasper en tono afable.

—Brigitte, puedes retirarte.

La sumisa mujer abandonó velozmente la habitación.

—Y díganme, ¿a qué se debe su visita?

—A decir verdad, mi hermana desearía hacerle unas pocas preguntas. —Admitió Jasper.

—¿Tu hermana?

Rosalie se acercó a la pálida chica para estrechar su mano.

—Mi nombre es Rosalie y soy periodista. —Explicó.

—No me imagino para que necesitaría hablar conmigo, pero adelante. —Concedió ella, llevaba el sedoso cabello negro sin recoger, alrededor del contorno de su cara como una cascada.

—¿Podría hablarnos del señor Marco? —Comenzó Rosalie.

Renata hizo una mueca de desagrado y suspiró, incluso sus pulmones sonaban débiles.

—Creo que… mi tía merece un hombre mejor de lo que Marco fue.

—¿A qué te refieres?

—No es secreto que antes de que Didyme se casara con Marco éramos pobres. Pero ella siempre ha sido hermosa e inteligente. Pertenecer a esta familia únicamente ha corrompido a mi queridísima tía.

—Eso es horrible. —Murmuró Rosalie, fingiendo tan bien que Renata no se percató.

—Didyme era tan tierna, inocente y bondadosa, pero desde que se caso con Marco es muy desconfiada y puedo jurar que de su boca nunca había escapado una mentira, eso es obra de las arpías de Athenodora y Corin.

—¿Y culpas a Marco por eso? —Inquirió Rose con voz moderada.

—Sé que es su culpa.

—¿Y qué hay de Athenodora?

—¡Athenodora y Cayo son los más viles entre los Vulturis!

Rosalie abrió desmesuradamente los ojos animándola a proseguir.

—¿O acaso no sabías que ellos se negaban rotundamente a que Didyme y sus hijos fueron los herederos de Marco al morir él? —Renata sonrió, pero sus ojeras deterioraron la eficacia de su sonrisa.

—¿Querían ellos quedarse con el dinero?

—Obviamente, Cayo y Athenodora no tienen hijos, menos dinero para su familia.

—Pero Aro y Sulpicia tampoco tienen.

—Pero al morir ellos el dinero pasará a Jane y Alec.

—Entonces, ¿Quién se quedo con el dinero de Marco?

—Didyme, Chelsea y Felix. No importa como lo veas, Cayo y Athenodora terminan perdiendo.

—¿Podría ser ese suficiente motivo para asesinar a Marco?

—A mí parecer sí, Cayo es envidioso y embustero, confiar en él podría costarles la vida. Como sea, detesto esta familia. —La repulsión sobremanera que Renata demostró con esa última frase llenó de curiosidad a Rosalie.

—¿Y por qué permaneces aquí?

—Didyme está pagando mi carrera universitaria. Mi más grande anhelo es alejarme tanto como el dinero me lo permita.

—Ah, ¿y qué estás estudiando?

—Literatura. —Ésa fue la primera sonrisa genuina que Rosalie logró reconocer en el delicado rostro de Renata.

Con ese brillo en los ojos, era sencillo admitir que Renata Vulturi, era una joven bonita, quizá no despampanante como Didyme, pero un hombre con la suficiente visión como para enamorarse de una mujer inteligente y directa la encontraría divina, aún siendo delicada y seria.

Como si el destino hubiera estado escuchando el flujo de pensamientos de Rose, el celular de Renata comenzó a sonar al ritmo de una de las brillantes composiciones de Mozart.

—Dispénsenme por favor. —Cuando Renata vio en la diminuta pantalla quien le llamaba su sonrisa se ensanchó.

—Hola. Sí estoy bien. ¿Esta noche? Creí que saldrías con… tu amigo. Entonces, ¿ya les dijo que hacer? —Renata dejó libre una risita tonta. —Claro que confío en ti, ajá sí, dile que exagera nosotras sabemos lo que hacemos. Yo también te quiero, nos vemos. —Colgó torpemente y para ese momento su rostro brillaba de color carmín.

—¿Era tu novio? —Adivinó Jasper. Esas eran sus primeras palabras desde que Rosalie había iniciado su interrogatorio.

Renata no pudo más que asentir tímidamente y Jasper le sonrió.

—¿Cómo se llama? —Preguntó Rose tiernamente, ¡vaya que era una buena actriz!

El detalle era que Rosalie no era la única actriz de la ciudad.

—Frank.

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Domingo 3 de Julio

—Sí, lo visitaba una vez al mes. —Dijo con voz fría y cortante.

—¿Por qué? —Era más que evidente que Miller se estaba impacientando.

Mary volvió la vista a la superficie metálica de la mesa, negándose firmemente a contestar.

Jonathan Miller golpeó la mesa con las manos consiguiendo un grito ahogado de parte de Mary Brandon, el llanto volvió intensamente.

—Me daba dinero para mi hermana y para mí.

—¿Cuál era el motivo? —Preguntó Charles Swan en voz baja.

—Es que… el señor Vulturi me pidió que no lo contara.

Del otro lado del cristal Frank Freeman sonrió descaradamente.

—Seguro ella era su amante. —Dijo cruelmente.

Sólo Carlisle lo escuchó, no se digno a contestar pero hizo una mueca de claro desacuerdo.

—Señorita Brandon, el hombre está muerto, si no nos dice algo convincente para creer que usted estuvo en el lugar y momento equivocados irá a prisión, le recomiendo que diga todo lo que sabe. —Le aconsejo el policía Swan.

—Marco Vulturi… él no lo sabía con certeza, pero él creía que… Cynthia y yo éramos sus hijas.

Charles abrió los ojos como platos y Miller abrió tanto la boca que Alice creyó que se le caería la quijada, se esforzó por contener el impulso de decirle que debía cerrar la boca o le entrarían moscas.

—Este… yo… usted… —Por el momento Miller era incapaz de formular una frase coherente así que Charlie interfirió.

—Dejaremos esa información de lado por ahora, señorita Brandon, ahora cuéntenos que paso en la mansión.

—Marco me pidió que pasara, cuando le pregunte donde estaba Didyme me dijo que ella había salido de viaje a París con el señor Felix, el señor Afton y la señorita Chelsea.

—Prosiga. —Charlie asintió con la cabeza.

—Me guió hasta la sala, me percate de que la mansión estaba inusualmente silenciosa, aunque la familia del señor Vulturi no se encontrara en casa, Brigitte, la ama de llaves siempre salía a saludarme, y como esa vez no lo hizo presentí que algo malo sucedía, ¿podría darme algo de beber? —Pidió la joven.

Miller estaba por negarse pero Charlie se dirigió a la puerta y le ordenó a Freeman que trajera un vaso con agua.

Jonathan Miller y Mary Brandon se limitaban a intercambiar miradas. Charlie esperaba por Frank cruzado de brazos recargado contra la pared, y cerca estaba Carlisle con las ojeras pronunciadas.

—¿Crees que ella lo asesinó? —Inquirió el médico.

—No, no realmente. —Respondió el policía.

Frank regresó con un vaso de cristal lleno de agua, listo para dárselo a Mary. Y estaba por pasar al cuarto para dárselo personalmente pero Charlie lo detuvo y recibió el vaso, contempló el contenido por una fracción de segundo.

—Freeman encuentre a Emmett Cullen, dígale que necesito hablar con él y que es urgente.—Ordenó Charles. —¡Rápido!

Frank salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Carlisle vio sorprendido a su amigo, Charlie se dirigió a su oficina y dejo el vaso con agua en su escritorio, al salir vio a todos los que trabajaban alrededor con severidad.

—No quiero que nadie toque mis cosas. —Aseveró con gran autoridad.

Sobra decir que a nadie se le paso por la cabeza desobedecerlo.

Charlie Swan se dirigió a una maquina que despachaba refrescos y consiguió una Coca-Cola, entonces regresó a la sala donde se llevaba a cabo el interrogatorio.

Carlisle estaba cada vez mas desconcertado por las acciones de su amigo pero se decidió a guardarse sus preguntas para después.

—Aquí tiene. —Charles colocó la lata de refresco en la mesa.

Jonathan Miller y Mary Brandon se habían abstenido de hablar durante la ausencia del jefe Swan.

—Gracias. —Susurró Mary.

Agradecida destapó la lata de Coca-Cola y se bebió casi la mitad de una sola vez.

—¿Ya puede continuar? —Pregunto Miller.

Alice suspiró teatralmente antes de hablar.

—Le pregunté al señor Vulturi donde estaban todos, note que estaba temblando ligeramente cuando puso su mano sobre la mía, me contestó que él les había pedido a sus empleados que se marcharan por ese día, que estaba esperando visitas. Me dijo que ese era el motivo por el que me había llamado.

De pronto la mirada de Mary se perdió y callo abruptamente. Swan y Miller compartieron una mirada de perplejidad.

—¿Señorita Brandon? —Inquirió Charlie.

—¿Qué le sucede? —Gritó alarmado Miller.

—Señorita. —Charlie la sacudió ligeramente de los hombros pero Mary no parecía reaccionar.

Sin pensarlo dos veces, Charles abrió la puerta y le pidió a Carlisle que pasara y revisara a la joven.

Carlisle reviso sus signos vitales, los latidos eran constantes y la respiración regular, pero era notorio que ella no los escuchaba.

—Me parece que la señorita Brandon está sufriendo de un trauma psíquico. —Afirmó el médico con voz dura.

—¿Así?, ¿de pronto? —Preguntó Jonathan Miller.

—La mente humana es sumamente compleja. —Respondió Carlisle Cullen con algo de exasperación.

—¿Qué hacemos?—Gritó Miller.

—Cálmese Jonathan. —Le dijo Charlie empujándolo fuera de la habitación, preocupado porque su compañero se trastornara también. —¿Qué sugieres, amigo? —Esta vez se dirigía a Carlisle.

—Necesita tratamiento, está muy mal.

—¿Con quién la llevamos?

—Conozco a alguien, es amigo mío, es el mejor psicólogo de Seattle.


Respuesta del review del capítulo anterior:

alessandra cullen: Realmente me hace MUY FELIZ leer tu comentario, (cuando puedas dejármelo yo estaré muy agradecida de recibirlo) y me alegra que te siga gustando lo que escribo, ya que estoy recorriendo terreno desconocido, claro que continuaré con la historia hasta llegar a su inevitable desenlace. ¡Aprecio mucho tu apoyo! Nos leemos :)


¡Gracias por leer!

Por favor, déjenme review y háganme saber qué opinan.

Itzi