Hola a todos! Ando menos ocupada con la universidad, así que tiempo para escribir y adelantar estos fanfics :3 ¡Vamos!

Disclaimer: saben que todo lo relacionado con el mundo de Sonic no me pertenece, sino a sus respectivos dueños (SEGA, Sonic Team, TMS, etc.)

U.L.F.

Capítulo 10: Tristeza

Luego del incidente de Rouge, Shadow actuaba de forma completamente extraña en su propio hogar: comía poco, se encerraba en su habitación a menudo y hablaba casi nada. Si bien tenía su carácter introvertido, ahora lo estaba siendo más. Gerald fue el primero en percatarse de su tan curioso estado de ánimo, y luego fue su nieta. Pero ninguno de los dos pudo sonsacarle alguna información. Él, simplemente, respondía con un pesar "estoy bien" y se iba a su habitación. Habían pasado algunos días del asunto.

Lo cierto es que el erizo negro deambulaba por su pieza sin encontrar la manera de sentirse tranquilo. No lograba mirar a María a los ojos ni tampoco quería hacerlo por mucho tiempo, pues éstos empezaban a humedecerse. Se maldecía por haber sido un completo idiota, por haberse dejado llevar de esa manera tan absurda y tan poco honesta, conociéndose. ¿Acaso su orgullo lo había traicionado? ¿Quién lo mandaba a ponerse a prueba con una desconocida? ¡Nadie! ¡Su simple idiotez!

Una tarde, sumido en su habitación, mirando simplemente la ventana, con la mirada perdida, oyó un golpe en su puerta que lo distrajo: la tierna voz de la rubia aparecía y él se tensó de golpe. Estaba empezando a darse cuenta de que era muy visible para todos que actuaba de manera extraña y no podía disimularlo. Debía encontrar la manera de hacerlo, sino, preocuparía a todos por una "pequeñez".

El U.L.F. se acercó a su propia puerta y la abrió, encontrándose cara a cara con su "hermana mayor" humana. Notaba su semblante triste, haciéndole doler el pecho, aún más de lo que ya estaba, a Shadow, quien la invitó a pasar. Notó que tenía algo atrás, oculto entre sus manos. No sabía qué era.

— ¡Hola! —saludó ella—. Mira —y le mostró lo que le ocultaba: era un paquete alargado, de forma rectangular, envuelto en un papel blanco, muy bonito. Él lo tomó, algo curioso—. Ábrelo —le pidió de dulce manera. Éste, así lo hizo: desenvolvió el paquete y encontró algo que lo dejó mudo y estupefacto.

Tenía, en sus manos, un cuadro. Uno de esos cuadros de tamaño considerable, con un marco fino de madera, en donde había relieves de flores, de color rojo, y, dentro del cuadro, un dibujo. Un dibujo pintado en acuarelas, muy bonito y sencillo: María le había dedicado un dibujo de ellos dos, en donde ella estaba abrazada a él y sonreía de manera angelical; mientras él, en forma de erizo, correspondía al abrazo, con una sonrisa más tímida, pero llena de dulzura.

Shadow estaba blanco. No paraba de mirar el cuadro.

— ¿Te gusta? No soy muy buena artista, sabes, pero como te he visto algo decaído estos días, pensé que te alegraría verte dibujado —comentó ella, de manera inocente.

Shadow, presa de la estupefacción, dejó el cuadro muy suavemente sobre una cómoda y fue a darle el abrazo más profundo que jamás le había dado a aquélla humana que, a pesar de que a veces se comportaba de manera rara –propio de una adolescente-, la amaba tan intensamente, que la palabra "estúpido" le quedaba completamente fuera de lugar. Sus cortos brazos de erizo se aferraban por encima de las caderas de la chica, quien recibió, sorprendida, aquél abrazo tan fuerte. Shadow volvía a sentir su perfume, su calor y su ternura. Pero se sentía indigno de ella.

María, simplemente, le acariciaba la cabeza de manera fraternal, sonriendo. No comprendía qué le pasaba a su "hermanito", pero sabía que su regalo le había agradado.

—Gracias… —dijo con él con la voz oculta entre su ropa. Luego alzó la cabeza para verla, le sonría tiernamente—. Es… Hermoso el dibujo, gracias, María.

—De nada —le contestó ella—. No sé qué te anda pasando últimamente que te veo tan triste, pero pensé en alegrarte un poco… No tienes que contarme qué te pasa si te hace sentir mal, pero… Si necesitas escuchar a alguien, sabes que tu "hermana" está para ayudarte —y le seguía sonriendo. Poco después, ella se marchó y él no paraba de ver el dibujo con tanto amor, que le hizo olvidar su tristeza: él había cometido algo tonto y ella, ignorante a todo el asunto, le había ofrecido sus manos, su compañerismo y su amor. No le importaba que ella no lo amara de la manera que él sí, la tenía como "hermana" y eso lo ayudaba a reconfortarse.

Luego de algunas horas, meditó seriamente el hablar con Gerald. Sentía que su "padre" adoptivo debía saber absolutamente de este asunto. Si debía encontrar a la murciélago para partirle la cara de un puñetazo, iba a necesitar la ayuda de "quién la había creado", por lo que marchó al laboratorio, para encontrarlo absorto en un trabajo. Se volteó a verlo cuando lo observó entrar a su pequeño laboratorio y se le dibujó una pequeña sonrisa al anciano.

— ¡Vaya sorpresa! —Exclamó, sentándose en una banqueta—. Mira, Shadow, me han dado un nuevo U.L.F. para crear —y le extendió los planos y dibujos del mismo—. Me han pedido otro erizo, ¿sabes? Pero mira la manera extraña que tiene — en efecto, en el dibujo se veía un erizo con las púas más raras que había visto: tenía cinco especie de púas que le salían del frente, dos púas gruesas y largas que le salían de la nuca, ojos dorados y cabello blanco en el pecho, como él, pero más abundante. Tenía el pelaje plateado—. Quieren llamarlo "Silver" —le explicó Gerald—. Dicen que quieren un U.L.F. futurista y fuera de lo común, han de ser gente extravagante, pero bueno, nos divertiremos con él mientras lo vamos haciendo, ¿quieres ayudarme?

El ayudarlo lo distrajo mucho: trabajaron hasta la noche. Aún faltaba muchísimo para terminarlo, pero, al menos, habían empezado. Luego de cenar, el erizo decidió contarle todo acerca de Rouge. Le dijo si podía conversar con él en su habitación, pues era algo privado. Entraron a la habitación de Gerald y se sentaron en la cama. El humano estaba completamente intrigado, tal vez le contaría por qué estaba tan abatido. Y así fue.

Shadow le contó absolutamente todo. Todo. Sin reparar en detalle alguno. Y Gerald, sorprendido a más no poder, lo miraba incrédulo.

—Shadow —empezó, serio—, ¿de verdad crees que hice a esa U.L.F.? —le preguntó de manera cortante.

—Encontré su información en la computadora del laboratorio —respondió.

Gerald estaba, ¿cómo decirlo? Decepcionado de la actitud de su máxima creación y asustado: ¿de dónde había salido Rouge? Una extraña corazonada le decía que no era nada bueno. Ambos, para sacarse la duda, fueron al laboratorio y vieron la computadora: ni rastro de un U.L.F. llamado "Rouge". Shadow estaba indignado, al igual que Gerald, quien jamás hubiera creído que su pequeño erizo creyera que le ocultaba cosas.

— ¡Pero si yo lo vi! —exclamó y Geraldo lo obligó a verlo.

—Si tú fueras mi hijo biológico, estaría dándote una buena tunda por lo que me acabas de decir. ¿Cómo vas a pensar que yo cree a alguien antes que a ti? ¡Sabes de sobra que tú fuiste y serás el primero! —parecía enojado. El erizo abrió la boca para decir algo, pero su "padre" siguió: —. ¡Estoy decepcionado de ti! ¡Completamente! Gracias al cielo no eres más que una gran a aproximación a un humano, en cuanto a tus órganos, cuando te transformas. ¡Pero de haber sido un humano…! —se notaba rabioso—. ¡¿No te das una idea de lo que podría haber pasado?! ¿Engañado por una extraña y acostarte con ella? ¡Shadow! ¡Yo no te críe así!

Y ahora comprendía la actitud de él. Volvió a sentirse imbécil y agachó la mirada. Sintió una mano en su hombro derecho.

—Al contrario de Ivo, yo puse mi alma en ti —empezó, cambiando el tono de voz—. Intenté hacerte casi como un humano, casi. Pero veo que me pasé: te hice demasiado humano…

— ¡Lo lamento! —Estalló Shadow—. ¡Yo no deseaba ni remotamente hacer semejante estupidez! ¡Ella terminó arrastrándome y…!

—Sí, me has dicho —Gerald se sentó en una banqueta—. ¿No te ha hecho nada, más que hacerte tomar una copa de alcohol y tener relaciones, cierto? —Shadow asintió—. Bien. No la dejarás embarazada ni nada, no tienes tú la capacidad de reproducirte, no te hemos creado tan profundamente como humano…

Si Shadow hubiera recordado aquél pinchazo que Rouge le había dado, tal vez hubiera podido evitar lo que más tarde desencadenaría.

Gerald empezó a caminar por la habitación de un lado a otro: estaba inquieto.

—Una U.L.F. tan independiente, que se autoproclama "perfecta" en todo sentido y se encuentra contigo reiteradamente —pensaba en voz alta—. No hay más que una persona en el planeta capaz de crear un U.L.F. a mi nivel, y ese en tu otro creador, Shadow, mi nieto.

— ¿Cree usted que Ivo mandó a esa Rouge?

—No lo creo, lo aseguro —corroboró el científico—. Estoy seguro de que todo esto estaba planeado… No sé qué circunstancias le han hecho alejarse de su familia… Pero si intenta hacerte daño, es porque también lo quiere causar a mí… —se sentía triste—. Oh, Shadow, perdóname, pero has sido tan imprudente e idiota… 3jamás pensó en decirle "idiota", pero lo ameritaba. La actitud de él había sido desastroza.

—Lo sé… Ahora lo sé… Quería disculparme.

Luego de eso, el erizo no pudo evitar darle un abrazo fraternal, mientras Gerald se carcomía por dentro: estaba seguro que su nieto era el creador de aquella mujer que lo había engatusado a su Shadow y, de la manera que él lo contó todo, no parecía tener ninguna buena intención con él. Si la U.L.F. no tenía intenciones sinceras con Shadow, su creador tampoco con Gerald.

¿Por qué, Ivo?, se preguntaba el anciano, con dolor, ¿por qué su nieto lo intentaba dañar? ¿Qué había fallado él en su crianza como abuelo para que terminara siendo un ermitaño, un malvado y un completo desalmado? ¡Si creaba a Rouge, podía crear cientos más! Tenía el cerebro exacto para la creación de cosas destructivas. Un terror tal lo invadió al anciano, que Shadow pudo ver que le caiga un sudor frío por la frente y le preguntó si se encontraba bien, a lo que Gerald le contestó que no se preocupara, que volviera a su habitación.

—Espero no enterarme nunca más de algo así —dijo.

—Jamás. Créame —y el erizo de tez negra se fue, más tranquilo en cierta forma por hablar conversado ya todo… Y nervioso, porque ahora comprendía que aquélla murciélago era parte de algo con su otro creador. Más razones para destrozarla toda. ¡No dejaría que lo lastimara, ni a él, ni a Gerald, ni a nadie! ¡Le partiría el rostro también al estúpido de Ivo! Aunque fuese el primo de María: ¡no se merecía tan parentesco sanguíneo!

Frustrado y triste, Gerald se comunicó con un viejo conocido: con un militar de nombre Abraham, que pertenecía a la G.U.N. Un extraño presentimiento lo atormentaba y era necesario tomar cartas en el asunto…

María, ajena a todo, estaba preocupada por cosas de escala muchísimo menor: reflexionando con ella misma, y consultando con sus amigas, decidió tomar una decisión. Una decisión que la mataba por dentro y que la volvía loca: el confesar sus sentimientos por Chris.

La semana siguiente a la charla que Gerald y Shadow había tenido, la rubia se paseaba por la casa de manera frenética y poco usual en ella: de aquí para allá, nerviosa, y queriendo hacer mil cosas al mismo tiempo; se fatigaba rápido y usaba su inhalador más frecuentemente que lo normal, cosa que a Shadow le llamaba soberanamente la atención, pues jamás la había visto así. Varias veces se acercaba a preguntarle qué le ocurría, pero ella, queriendo fingir que se encontraba todo bien, le respondía que nada, que andaba con exámenes y estaba algo nerviosa. El erizo no se quedó muy tranquilo con la respuesta, pero decidió no meterse tanto en el asunto: a fin de cuentas, a veces ella tenía un carácter extraño cuando se la fastidiaba mucho.

María no quería contarle a Shadow su más grande secreto. Lo quería mucho, pues era su "hermanito", pero aquél secreto se lo llevaría a la tumba: amaba a Chris como una completa enamorada quinceañera. ¡Se moría de nervios! Había hablado con sus dos amigas Frances y Helen sobre el asunto: le dijeron, bah, Frances le dijo, porque Helen la había notado algo perdida en la conversación –María pensaba que se debía a un examen importante que tenía ella, que era para un curso para aprender un idioma. Los exámenes que rendía Helen venían de otro país-, que debía decirle a Chris sobre lo que ella realmente sentía, pues, todo el tiempo María se preguntaba qué ocurriría…

—No lo sabrás si nunca se lo dices —le había dicho al pelirroja.

— ¡Pero tengo miedo! —contestó María. Helen, absorta en su lectura de unos libros con un lenguaje extraño, ignoraba toda la conversación—. ¿Y si ya no es más mi amigo?

—De alguna forma, Chris te valora —dijo Frances—. No podría dejar de ser tu amigo, a pesar de todo. ¡Lo has sido desde que eran niños!

Aún así, la rubia se moría de vergüenza. De completa vergüenza: tenía miedo de que la rechazara y de perder una valiosa amistad.

—Si tanto te importa su respuesta, ¿por qué no se lo dices? —le terminó diciendo Frances. María la miraba perpleja: gracias a Dios estaban conversando en un rincón del patio, durante un receso.

Se había quedado todo el día pensado en ello: ¿le decía o no? Sus nervios la mataban y su temor se ensanchaba. Pero como le dijo Frances a la salida del colegio "nunca sabrás sino lo intentas". Toda la semana pensó en aquél asunto. Y por eso se encontraba alborotada. Gerald y sus padres sospechaban la actitud de su hija y nieta, pues habían sido jóvenes y se notaba su cariño "especial" hacia el hijo de la actriz Thorndyke. Mas Shadow era ignorante de su actitud: sabía que ella quería a Chris, pero no entendía su carácter.

Cuando empezó una nueva semana, el mismísimo lunes, María le pidió a Chris si podían ir a conversar luego de las clases. Ella le pidió encontrarse con él el sábado de esa semana, pues quería preguntarle unas cosas y, como estaban en período de exámenes, no quería interrumpir los estudios de nadie. El castaño, algo extrañado de aquélla petición, aceptó encontrarse con María el sábado a las dos de la tarde, frente a una fuente en la plaza principal de la ciudad.

El carácter de la rubia esa semana había sido fatal: con los exámenes y la presión de que iba a decirle a Chris lo que realmente pensaba de él, había dado como resultado varias bajadas de presión y algunos berrinches sin razón aparente (sin contar que Shadow había recibido algún que otro tono fuerte de su voz o una mala contestación, sin razón lógica).

La mañana del sábado, María se había levantado completamente más temprano de lo usual: había desayunado y se había ido a bañar. Su abuelo le había preguntado por qué se levantaba tan temprano, siendo que ya podía relajarse de sus exámenes hasta futuras fechas. Ella, sonriendo de manera rara, le dijo que tenía un asunto luego de almorzar y que tenía que preparase. Abandonó la cocina cuando Shadow entraba. Le extrañó verla tan enérgica un sábado a esa hora. Se acercó a Gerald a preguntarle. Éste, sonriendo, le contestó:

—Ha de andar enamorada —le dijo—. Seguro que se prepara para alguna cita —esas palabras lo dejaron algo triste al erizo: pero debía convencerse de que era prácticamente imposible de que ella lo mirara más allá de su "hermano" y que ocultaba demasiado bien, o al menos eso creía, sus sentimientos hacia ella. Fue a desayunar, cuando de pronto, casi pierde el equilibrio: esa semana Shadow había notado algunas cosas que no estaban andando bien físicamente; había perdido el equilibrio varias veces, notaba alguna molestia dentro de él y se incomodaba cuando se hacía humano. Ese día se disponía a contarle a Gerald acerca de eso. Y Gerald debía hablarle acerca de lo que estuvo averiguando con su conocido militar acerca de Ivo.

La rubia, luego de comer, fue en seguida a su habitación y tardó bastante tiempo en ponerse de acuerdo sobre cómo vestirse. Tomando la decisión de ponerse un lindo vestido celeste y blanco, ahora debía decidir sobre su cabello: ¿recogido o suelto? ¿Tiara o cinta? ¡Ah! ¡Cómo la mataban los nervios! Shadow, que salía de su habitación siendo un humano, la veía que entraba y salía del baño con un peinado distinto.

— ¿Ocurre algo? —le dijo mientras sentía una picazón muy fuerte en un brazo y, en seguida se apresuró a amainarla. Ella se le acercó.,

— ¿El rodete me queda bien? —aquella pregunta lo sorprendió. Para él, todo le quedaba bien.

—Hace un momento te vi con el cabello recogido. Te quedaba muy bonito —le comentó no muy seguro de que a ella la convenciera, pero fue todo lo contrario: le sonrió y fue en seguida al baño. Salió poco después con una coleta alta y atada con un lindo listón azul en forma de moño.

— ¿Así? —el corazón de Shadow se aceleraba cada vez más: estaba tan encantadora que, de no haberse controlado, había ido a dale beso… Simplemente asintió con la cabeza y ella sonrió—. ¡Gracias! —pasó al lado de él, hacia su habitación, y sintió que llevaba un perfume nuevo, un aroma que lo hacía ponerse extraño. Se sonrojó y fue hacia el baño: grave error. Todo el lugar estaba cubierto por su fragancia.

Poco después María salía de la casa, se despidió de todos –su abuelo le había deseado suerte y ella se había sonrojado a más no poder-, y se encaminó hacia el encuentro. No podía hacer la cuenta de las veces que se llevó el inhalador a la boca: todo el tiempo le faltaba el aire y, su pobre corazón, latía como nunca. En un momento se asustó e intentó calmarse, pues tenía miedo de que le pasara algo grave: su salud, completamente mejorada de cuando era niña, era frágil en alguna porción. No debía abusar de su suerte.

Eran cerca de las dos cuando ella vio a Chris en la fuente: vestía una remera blanca con mangas cortas rojas, un par de jeans azules hasta por debajo de la rodilla y miraba el agua como si ésta fuera lo más interesante del asunto. María se paralizó y la sangre se le subió a la cabeza. No podía avanzar, estaba muda y un nudo se le hizo en la garganta. ¡Ay, mi Dios!, se decía, ¿cómo iba a decírselo? Chris justo se volteó para su lado y la vio: la saludó alegremente, con esos ojos azules tan inocentes que tenía… Y él se le acercó.

— ¡Buenas! —lo saludó como siempre, alegre—. ¿Qué querías preguntarme?

Y María se sintió morir ahí mismo. Tal vez no había sido una buena idea después de todo. Se arrepintió de haberlo hecho venir.

Ella agachó la cabeza, tenía la cara completamente roja y no sabía cómo empezar. El chico la miraba extrañado.

— ¿Te sientes bien?

— ¡Sí, sí! —Se apresuró en decir—, ¿podríamos caminar? —Chris, cada vez más curioso de su actitud, accedió a su petición y empezaron a caminar, en dirección a un bosquecito que había cerca de la plaza: era un pequeño espacio verde que habían dejado conservar para que la gente se sintiera como en el campo.

Chris la miraba todo el tiempo, sin saber qué tenía. Ella jugaba con sus dedos, sin saber cómo empezar.

— ¡Me alegra que el día estuviera tan lindo! —comentó de la anda ella. Él, no entiendo nada, le siguió al corriente.

—Ah, sí, está muy bonito

"Estúpida, estúpida", se repetía, "¡díselo de una buena vez!".

—Oye, Chris… —empezó ella, deteniéndose un momento. Él también se detuvo y la miró. Aquélla miraba la incomodaba tanto, ¡se sentía morir! ¡Sus labios temblaban levemente! —Ah, la razón por la que te pedí que vinieras es porque…. Porque… Necesitaba decirte algo —y agachó la mirada. En aquél lugar tan calmo, tuvo miedo de que él oyera el latir de su fuerte corazón, por lo que, inconscientemente se llevó una mano en el pecho para aplacarlo.

— ¿Qué querías decirme? —preguntó, ajeno a todo, y viendo que su amiga se comportaba de la manera más extraña que jamás había visto.

Y ella no supo entender cuánto tiempo había permanecido callada frente a él, sin que ni una sola letra le saliera de su garganta: ésta se negaba a pronunciar algo y Chris tenía miedo de que su amiga se había vuelto loca. Por fin, lo miró y Chris notó sonrojada su cara y sus ojos, tenía un brillo algo húmedo, un brillo que no supo entender el por qué. Cada vez se sentía más preso de la confusión que ella le daba.

— ¡Chris, yo…! —empezó, con la voz algo quebrada—. ¡Yo quería…! —y calló: ¿se animaría? Se mordió el labio.

Chris estaba completamente incómodo. ¿Por qué estaba así? ¿Qué era lo que tanto tenía que decirle que no podía? ¿Había hecho algo malo y le tenía miedo? ¿Qué? ¿Qué?

— ¡Chris! —y se movía frenética. Lo miró seriamente y las palabras salieron solas: — ¡Te quiero mucho!

Chris parpadeó. ¿Qué? ¿Qué lo quería? ¡No, no podía haberlo invitado sólo para decirle eso! Chris reflexionó:

— ¿Qué me quieres? Pero María, somos buenos amigos, ¡claro que…!

— ¡No! —Se exasperó ella, empezando a volverse loca—. ¡Me gustas mucho!

Y ahí las neuronas del muchacho hicieron un corto circuito: ¿qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿María… se le estaba confesando? ¿Su amiga? ¿La de toda la vida? ¡No, no podía ser! ¿Cómo él no se había dado cuenta?

Se hizo el silencio más sepulcral que jamás habían experimentado. La rubia quería que la tierra se abriera en dos y se la tragara. Chris no encontraba la manera de asimilar lo ocurrido.

—Ma-maría —empezó él, anonadado—. Cielos, yo… Nunca hubiera creído… —hubiera sido un arrogante e hipócrita si le decía, simplemente, "gracias, pero no te correspondo". Pero ahora estaba en un aprieto: la iba a perder. Porque a él gustaba de otra chica. De otra muchacha que también conocían—. Yo… Oh, ¿cómo decirte…?

—No… No es necesario que me contestes ya —le dijo María, más relajada.

—Tengo qué —corroboró él y ella vio un semblante muy angustiado en su rostro: volvió a latirle fuertemente el corazón—. No deseo perderte como amiga, te aprecio mucho… —empezó—. Perdóname… Pero… Pero yo estoy enamorado de alguien más.

"Yo estoy enamorado de alguien más".

El mundo, el universo, las estrellas y los planetas parecieron caer encima de María. La aplastaban y se reían mientras la trituraban en miles de pedazos. Debió saberlo, nunca debió escuchar a Frances.

Y lloró. Lloró tanto que Chris no pudo hacer más que consolarla y disculparse…

OoOoOoO

Lamento que sea tan largo el capi, me agarró un ataque de escritura D: Espero que les haya gustado! (Dios, no paro de hacer sufrir gente… ¡Maldita influencia dramática! ¡Shakespeare se me ha metido tanto que no logro hacer nada feliz! xD)

Nos vemos en el próximo capítulo! nOn Gracias por su lectura y sus comentarios! Adiós!