10.

Gon se quedó de pie junto al borde de la azotea y observó a lo lejos la figura de Alluka. La chica deambulaba de un lado a otro en el balcón de un edificio cercano, se veía nerviosa y a veces miraba hacia abajo a las calles como si esperara un evento especial. Gon supuso que la acompañaba el muchacho rubio que tanto perturbaba a Killua y que traían algo entre manos, era una noche abismante y podía casi oler las tragedias, el silencio era estremecedor en los callejones, el aire asfixiaba y el murmullo de los automóviles se perdía bajo el peso de la presión que hacía doler la cabeza.

-todo está mal-susurró apoyando las manos en el barandal-Killua

-¿aún la ves?-le preguntó el albino ignorando la débil voz de su amigo-tenemos que ir por ella, preguntarle dónde está la verdadera Alluka, al menos intentar llamar a Nanika

-ella no es Alluka pero…-se sostuvo la cabeza conteniendo el dolor sobre su ojo izquierdo

-ya no están

-¿se han ido?

-no los veo-Killua se posó sobre la baranda y agudizó los sentidos buscando rastro de alguno de los hermanos-Gon, veo a Kurapika con Krista desde acá

-¿Kurapika?

-sí, están en la avenida principal en el semáforo. Deben estar vigilandolos muy de cerca por una razón, quizás van a atacarlos de imprevisto, si lo hacen tendremos motivos para cazarlos, y podremos al fin saber qué demonios está pasando

Gon observó con la mirada nublada a su amigo junto al semáforo a un lado de la avenida principal conversando alegremente con Krista, sentía el corazón a punto de explotar en su pecho y la garganta apretada, no podía hablarle a Killua, no podía siquiera mirarlo ni sostenerse de la baranda, se sentía tan débil.

-¿estás bien?-su amigo de pronto se echó a su lado ayudándolo a sentarse en el suelo-Gon, ¿qué tienes?

-me duele...el pecho

-Gon, maldición no te pongas así, respira profundo-le dijo nervioso batiendo las manos en el aire-Gon…

-me quema…-susurró dejándose caer de bruces al pavimento

Killua se volteó al oír a lo lejos la voz de Kurapika, casi como un presentimiento, gritando el nombre de Krista; el reloj de la ciudad dio las diez de la noche en punto y la imagen de Nanika llamándolo en su memoria le rompió el corazón.

Se acercó a la baranda y vio a Alluka caer desde el edificio de enfrente como un objeto pesado, de cabeza hacia el vacío mientras los gritos y el tumulto de personas en la avenida principal llamaba la atención de los transeúntes creando una conmoción. A Killua le pareció que la vida se le iba en un segundo mientras sus pies actuaban sin permiso obligándolo a saltar desde el barandal hacia el cuerpo que caía cortando el viento.

Alcanzó a coger a Alluka contra su cuerpo y rodar dolorosamente contra las escaleras de emergencia del último piso del edificio, aún no terminaba de caer cuando la culpa se posó en su corazón al saber que Gon seguía allá arriba, enfermo y sin él.

Pudo oír a Kurapika a una media cuadra pidiendo ayuda, algo que sus oídos jamás habían escuchado, y supo que sería una noche llena de estragos.

Se levantó ignorando el corte en su pierna derecha y cargó el cuerpo inerte de Alluka sobre su espalda antes de echarse a correr hacia la avenida principal. Creía que Krista podría ir a atender a Gon y ayudarlo más que él.

Pero su pasmo fue mayor cuando vio al chico rubio que acompañaba a Alluka detrás del círculo de personas que se había formado en la avenida. Se tomaba la cabeza y daba vueltas como si no creyera lo que veía, estaba desesperado y no dejaba de preguntarse ¿por qué?. Su plan había fallado y estaba perdido.

Killua pasó de él ignorándolo para poder entender qué pasaba, tal vez Alluka tenía que ver en todo ello después de todo, incluso Nanika podría ser la responsable.

Se acercó al centro del tumulto y suspiró con las lágrimas en los ojos creyendo que la vida estaba siendo muy dura con ellos.

Kurapika estaba de rodillas en el suelo con las manos y el traje ensangrentados mientras intentaba marcar un número en su teléfono, no dejaba de susurrar, al igual que el otro muchacho, ¿por qué? mientras sus manos torpes manipulaban el aparato con nerviosismo.

Krista estaba frente a él, tumbada en el suelo sobre un charco de sangre, retorciéndose de dolor y gimiendo por ayuda. Su hermoso vestido estaba rasgado, le faltaba un zapato y el cabello se le pegoteaba al suelo por la sangre corriendo, tenía varias fracturas y entre su gimoteo llamaba a Leorio. Estaba muy mal herida.

-dame-Killua quitó el teléfono de las manos de Kurapika y marcó el número de Leorio vigilando de reojo al muchacho rubio tras la multitud, parecía no darse cuenta que su hermana estaba en manos de sus enemigos-Leorio, soy Killua, hubo un accidente y Krista está herida, se ve muy mal. Kurapika está bien, y además algo le sucede a Gon, ven por favor. Sí, la avenida principal frente a la calle Melrose

-¿Gon está herido?-le preguntó Kurapika sin quitarse las lágrimas de la cara

-se sentía mal cuando pasó todo esto, está en la azotea...

-iré por él. Quédate con Krista hasta que llegue Leorio-le pidió poniéndose de pie, pero Krista lo tomó de una mano mirándolo suplicante desde su charco de sangre. A Killua se le apretó el estómago-no te preocupes, vendré enseguida, confía en mí-le sonrió acariciando sus dedos temblorosos

5 minutos antes

-¿te irás definitivamente a Montek?-preguntó Kurapika sorprendido sosteniendo con fuerza la mano de Krista

-sí, en cuanto ustedes se embarquen, yo volveré a mi hogar. Ordenaré los libros de papá e intentaré buscar a Hug para que me explique por qué deseaba las reliquias que mi padre guardaba. A todo esto, ¿dónde las tienes?

-guardadas donde tienen que estar-le sonrió inquieto dirigiendo su andar hacia la avenida principal para llegar al apartamento de Krista-¿las quieres?

-claro que no, son tuyas, aunque no me quejaría si me regalas la diadema

-está reservada para la esposa que nunca tendré

-¿irás a verme cuando regreses de tu viaje?-le preguntó cambiando el tema

-si quieres que lo haga, claro que sí. Te extrañaré mucho, Leorio también lo hará. Ya lo veo lloriqueando en las noches por ti, ¿no estará enamorado de ti?

-no, jamás me ha amado así. Lo sé porque yo estuve enamorada de él cuando era una triste adolescente y me rechazó, dijo que siempre me amaría como a una hermana, mucho más que un novio, pero nunca como tal

-pareces perfecta para él

-somos muy parecidos, no seríamos buenos amantes-rió abrazándose a él frente al semáforo-¿te gustaría unos fideos con salsa blanca para cenar?

Kurapika le sonrió lleno de amor y besó su mejilla con ímpetu, como si hubiese tenido el valor de besarla en los labios.

-me encantas-le dijo sonrojándola hasta las orejas y mirándola fijo a los ojos-¿podrías esperarme hasta que regrese?

-dijiste que se lo dejáramos al tiempo, no estamos en una situación en la que podamos decidir qué hacer de nuestras vidas…-susurró sin dejar de mirarlo a sus bellos ojos-no me mires así, que te adoro

-nunca había deseado vivir con nadie, ni siquiera había pensado en un futuro

-basta, no digas tonterías

-¿por qué no me crees?

-porque me da miedo creer que me quieres de verdad-sonrió entristecida observando el semáforo parpadeante-va a dar rojo, vamos

Kurapika ignoró a Krista un segundo al oír su propia voz en la altura gritar el nombre de Alluka en alguna azotea. Supo que era aquel chico rubio, incluso creyó verlo por ahí llevando de la mano a la hermana de Killua. En un instante sintió el aire pesado y nuevamente esa sensación de vacío lo amenazaba con aplastar su cuerpo sobre un reloj inmóvil.

Se volteó hacia Krista dando unos pasos tras ella, le pareció tan linda sobre sus tacones y en ese vestido azul que acentuaba su figura, sonrió al verla sonreír casi al otro lado de la calle llamándolo con su mirada ingenua y expresión cansada. Simplemente la adoraba.

Sin embargo, su corazón se detuvo al ver una extraña luz brotar desde el suelo hacia ella, como un shock eléctrico que la sostuvo de la cintura y la contuvo sacudiéndola en el aire un momento antes de dejarla caer sobre el pavimento, herida y temblando de terror.

Las personas gritaron antes que pudiera hacer algo, el tráfico se detuvo y el llanto de Krista atrajo a los curiosos mientras una melena rubia pasaba a su lado hacia la mujer.

Kura se echó de rodillas junto a Krista y golpeó el suelo con sus puños lamentándose con dolor. Después de todo, Kurapika no se equivocaba, las extrañas sensaciones que tenía eran producto de él.

-¿qué le hiciste?-fue su pregunta al intentar cogerlo para encararlo, pero el muchacho lo esquivó dejando entre ellos la alabarda que hizo aparecer-¡tú tienes la culpa!

-¡Nanika no quiso cooperar, no es mi culpa!-se defendió el otro soltando lágrimas a borbotones

-¡te mataré!-gritó soltando sus cadenas haciéndolas resonar con furia-¡te mataré maldito!

Pero los quejidos de Krista conmovieron su corazón y la ira se deshizo bajo un montón de lágrimas cuando sostuvo entre sus brazos el débil cuerpo de su querida enfermera. Ella lloraba y suplicaba ayuda diciendo a veces su nombre, a veces el de Leorio. Sus ojos rogaban por sobrevivir, era fuerte, se mantenía despierta aún después de sufrir tanto y él estaba como idiota viéndola morir.

-soy un imbécil

-¡Gon!

Kurapika se apresuró en subir las escaleras al ver a su pequeño amigo avanzar tembloroso por los escalones, se sostenía el pecho y trastabillaba cada cierto tiempo, se veía sudoroso y ansioso, tal vez sufría taquicardia.

-tranquilo-le dijo al abrazarlo y escucharlo sollozar algo parecido a un perdón-te llevaré con Leorio, estarás bien

Lo tomó en brazos con cuidado y corrió escaleras abajo hacia la avenida principal sin saber bien qué hacer, le parecía extraño que Gon, Krista y Alluka se hubiesen accidentado al mismo tiempo, y qué significaba lo que el muchacho había dicho, ¿Nanika se había negado a cooperar, con qué? ¿qué era lo que estaban planeando?

Al llegar al lugar Leorio y Victa estaban junto a Krista y Killua, las personas se habían dispersado dejándolos a ellos y al rubio, que a pesar de parecer culpable, se mantenía sentado sobre la cuneta muy cerca de ellos.

-Leorio, Gon está enfermo, no sé qué le sucede-le dijo recostando al pequeño junto al cuerpo de Alluka-le duele el pecho

-¿también él?-Victa se interpuso entre ellos buscando con su estetoscopio el sonido del corazón de Gon-está al borde de un colapso cardiaco, esperemos que soporte hasta que llegue la ambulancia

-¿él tiene que ver en esto?-le preguntó Leorio a Kurapika mirando de reojo al chico sentado en la vereda

-sí, tiene mucho que ver, es el culpable-sentenció el kuruta frunciendo el ceño-está inconsciente…-susurró acariciando la mano de Krista. Leorio comprimía las heridas de su amiga y con nen mantenía el aura de la chica estable para evitar un deceso por desangramiento-lo siento

-no es tu culpa, Kurapika. Algo extraño pasa, estas heridas no salieron de la nada y estoy seguro que tú no eres el responsable

-ese chico me busca a mí, y es Krista la que sale herida

Kura miró de reojo a Leorio y sintió las lágrimas al borde de sus párpados, después de todo, su buen amigo seguía vivo en este lado de la historia y se veía feliz. Killua era un buen chico, mucho más maduro y alegre, preocupado por Gon como siempre. Incluso Victa parecía mucho más feliz que la mujer que él conocía. Todo su esfuerzo, todo lo que había hecho, esos años perdidos detrás de una estúpida locura de querer revertir la historia no servían de nada. Porque era un egoísta, un imbécil que solo pensó en su dolor, en su angustia y no tuvo reparos en enfrentar a Dios para obtener lo que deseaba. Ni siquiera pensó en Krista, en su amada Krista, en lo que ella quería o no quería. Manipuló su vida para llegar a este punto en que su historia se cruzara con la de Kurapika en el mismo lugar, la misma hora y la misma alineación lunar. Solo Nanika se había resistido en último momento interrumpiendo el intercambio que le permitiría quedarse a este lado del universo y obligarlo a él, a ocupar su triste realidad.

Suspiró quitándose las lágrimas de la cara y volteó su mirada hacia Kurapika, el chico no dejaba de mirarlo, como si lo retuviera a la fuerza y se burlara en su cara de su grandísimo error.

La ambulancia llegó luego de 10 minutos de espera, Leorio acompañó a Krista y Victa llevó consigo a los otros dos. Killua se quedó junto a Kurapika, ambos mirando de frente al muchacho aún sentado casi en el suelo, al borde derrumbarse. Lo amenazaban solo con su presencia, y él no se quejaba, después de todo era el único culpable de lo que había pasado y no tenía intenciones de seguir una vida llena de vacíos e inconsistencias.

-¿qué harás?-le preguntó a Kurapika mirándolo fijamente a los ojos

Su otro yo era simplemente diferente a él, no tenían la misma mirada ni el mismo espíritu en los movimientos. Kurapika era serio, calculador y lleno de odios y rencores, en cambio él, no era más que un niño caprichoso que no soportaba la soledad y a pesar de tenerlo todo, no podía contra el dolor más mínimo. Kurapika lo miraba con compasión, reconocía en él su parte más infantil y noble, veía en Kura sus ojos de niño y su temor a la muerte, incluso parecía complacido por saber que en otra historia aún era un chico común y corriente, sin una terrible venganza cargando sobre la espalda.

Kurapika vaciló un momento sin atreverse a acercarse demasiado. El tiempo parecía haberse detenido otra vez, y en su corazón era capaz de ver todo lo que necesitaba para comprender lo que había pasado. Ese chico no conocía dolor más grande que perder a Krista, no sabía de la venganza ni mucho menos de la soledad, la pérdida y el caminar sin rumbo buscando la muerte. Ese chico de ojos tan intensos como los suyos jamás sentiría la sangre salpicar sobre su rostro o la vida de alguien extinguiéndose en un último suspiro. Si acaso en otra vida tenía la oportunidad de vivir tan tranquilamente, significaba que aún podía salvarse y que en algún lugar, su madre aún gritaba su nombre y lo abrazaba al llegar a casa. Y con eso era simplemente feliz.

Es lo más extraño que he escrito en mi vida, pero me encanta.

Siento la demora, pero ya vendrán las vacaciones de invierno y tendré más tiempo. Saludines!

Besos desde Chile :D