9. Almavivo
Los tres Katsuki trabajaban en silencio, mientras afuera, la noche había caído ya sobre Hasetsu. Mari y Hiroko estaban arreglando el pequeño restaurante que había cerrado hacía una hora, mientras Toshiya revisaba las cuentas del hotel sorprendiéndose de que por primera vez en mucho tiempo, las deudas parecían ir al corriente y había incluso un pequeño margen de ganancias que lo hicieron sonreír.
El hombre sabía que mucho de eso se debía al pago puntual de los servicios del ahora entrenador de su hijo menor, pero también era verdad que desde que Victor Nikiforov se hospedaba en Yutopia gente de diferentes lugares del país parecían dispuestos a llevar a cabo un viaje a su lugar natal para poder tener la suerte de encontrarse con aquel extranjero guapo y sonriente que incluso le agradaba a él.
-Ya es tarde…- comentó Hiroko mirando por la ventana- ¿Creen que el entrenamiento vaya bien? Si Yuri y Vicchan no llegan en media hora, tendremos que cenar sin ellos y creo que Yuri se está excediendo con la dieta ¿No creen que está demasiado delgado?
-Tiene el peso que debe tener un patinador profesional- dijo Toshiya con aire distraído-. Y si no han vuelto debe ser porque Vicchan es un entrenador de altura, querida. Escuche que en Rusia dejaban de entrenar a la media noche antes de una competencia ¿Verdad, Mari?
-Debe ser eso…- dijo Mari con una sonrisa traviesa que no pasó desapercibida para sus padres.
-Mari…- dijo Hiroko alertada por la sonrisa de su hija mayor- ¿Qué significa esa sonrisa?
-¿Cuál sonrisa?- dijo la chica sonriendo más, como solía sonreír cuando era pequeña y su madre la descubría robando golosinas de la concina.
-¡Esa!- dijo la pequeña mujer señalando a su hija con aire acusador- ¿Sabes algo que no sepamos nosotros?
-¡Oh por Dios!- dijo Toshiya levantando la mirada de las cuentas sobre la mesa- ¡Mari! Pasó por fin ¿No es cierto? Te lo dije Hiroko, era cuestión de tiempo… pero ahora tenemos muy poco margen de tiempo para prepararlo todo, aunque las cosas mejoran no creo tener un regalo adecuado para Vicchan ni para su familia ¿Qué van a decir de nosotros? ¿Crees que quieran retrasar todo un poco, Mari? Si nos dan un margen de tres meses podremos hacer las cosas como deben ser hechas, no pienso poner el honor de mi familia ni el de mi hijo en riesgo ¡No señor!
-¿Papá?- dijo Mari un poco asustada por la preocupación de su padre- ¿Qué estás pensando que acaba de pasar? ¿Por qué tenemos que darle un regalo a la familia de Victor Nikifor…
-¡No lo llames así, Mari!- dijo Hiroko con la mirada reluciente-. Ahora es casi tu hermano ¿No es cierto? Si por fin Vicchan le pedirá matrimonio a Yuri, tú serás una hermana para él. Aunque tu papá tiene razón, si deciden casarse antes de que empiecen las competencias eso nos deja con un margen de tiempo casi inexistente y ¡Oh! ¡Los trajes tradicionales! ¡Mari! ¡La comida, las bebidas!
La chica Katsuki se quedó de una pieza al observar la alegría de sus padres. Sin duda alguna, los dos eran un par de románticos sin esperanza o simplemente un par de locos de remate porque ella en ningún momento había mencionado nada acerca de una boda, vamos, ella estaba segura de que Victor y Yuri ni siquiera habían compartido un beso de verdad ¿O sí?
La chica sonrió divertida después, era lindo ver a sus padres preocupados por algo que no fuera el destino del hotel, la salud de Yuri y su sueño o esa culpa que los dos parecían sentir hacia ella, pues aunque Mari les había dicho un millón de veces que no era así, sus padres seguían pensando que le habían arrebatado y destruido la vida, cuando lo cierto era que no había nada más alejado de la realidad. Mari había decidido ayudarlos porque los amaba, porque gracias a ellos siempre había tenido como meta preservar el legado de la familia y sacar aquel hotel adelante en todo tipo de circunstancias.
Por eso, ver ahora que la mayor preocupación de su madre era convencer a Yuri y a Victor de que se casaran hasta el año próximo, era como un triunfo personal para ella, pues parecía que con la llegada del entrenador ruso la vida había cambiado no solo para su hermano pequeño, sino para toda la familia y las personas cercanas al muchacho de los ojos marrones.
Mari volvió a suspirar cuando escuchó a su padre decir que quizá su propio traje de bodas estuviera en buenas condiciones aun para que Yuri lo usara. Ella estaba segura de que aquella boda- si es que la había- era todavía una posibilidad muy remota. Aunque el torpe de su hermano y el alocado entrenador ruso parecían congeniar y pertenecerse el uno al otro desde el principio de los tiempos, Mari sabía que aquellas cosas sucedían de forma lenta y natural, pero no tuvo corazón para decirles a sus padres que la tardanza de Yuri y Victor se debía seguramente a que su hermano pequeño debía seguir empeñado en lograr aquel cuádruple Salchow que parecía resistirse a él con una malicia sorprendente.
Además, ella también quería imaginar que por fin había llegado el momento y que otro de los sueños de su hermano se había hecho realidad por fin. Después de ver pasar a Yuri por todo lo que éste había tenido que pasar, que Victor Nikiforov llegara a enseñarle más que patinaje, cosas importantes acerca del amor y de la vida misma era reconfortante y hacía que ella se sintiera menos preocupada también. La chica sabía que el amor de Victor haría que la fuerza de Yuri se aumentara y que Yuri haría lo mismo con ese hombre de ojos azules que parecía incapaz de mirar a nadie más que no fuera su pupilo dentro y fuera del hielo. Y aquello estaba bien, Mari sabía que ninguno de los dos podía estar en un lugar mejor que en el que ya estaban en ese preciso periodo de sus vidas.
-¿Crees que quieran celebrar la boda en Rusia?- dijo la voz asustada de su madre trayéndola de vuelta al mundo real-. He escuchado que en aquel país no son buenos con la gente como Victor y tu hermano…
-No los dejaremos ir allá, querida- dijo el padre de Yuri con firmeza-. No dejaré que nuestros hijos vayan a recibir odio y ofensas de personas que no podrán entenderlos, todo estará bien, no pasará nada malo, ya verás…
Mari sintió un nudo en la garganta al escuchar aquello, por eso no dijo nada. A ella siempre le había sorprendido el modo en el que sus padres habían aceptado muchas cosas que a otras personas les parecían inaceptables. Era como si Hiroko y Toshiya hubieran decidido de algún modo crear un mundo aparte para ella y para Yuri. Era como si los dos se hubieran dado cuenta desde la primera vez que Yuri hablara con emoción de Victor Nikiforov que su hijo menor no tendría ojos para otra persona que no fuera él, o para ninguna otra chica o chico en realidad. Y aquella era otra de las cosas que ella agradecía, que sus padres no se escandalizaran con nimiedades y que le dieran la bienvenida a la familia a la persona que Yuri podría llegar a amar sin ponerse a pensar en si era correcto o no. Para los señores Katsuki, lo único correcto era que sus hijos fueran felices.
Mari sintió el súbito deseo de abrazar a sus padres mientras Toshiya sacaba una nueva hoja de papel y la extendía sobre el montón de las cuentas del hotel para empezar a planear los gastos de la ceremonia y de la recepción, puesto que, como Victor era quien sería añadido a la familia, los Katsuki debían correr con todos los gastos de la fiesta y además, debían pensar también en anexar un nuevo edificio al hotel donde Victor y Yuri podrían vivir juntos.
-¿Y si quieren adoptar niños?- dijo Toshiya añadiendo trazos y números a su hoja en blanco que en poco tiempo parecía irse llenando-. A Yuri siempre le ha gustado estar rodeado de niños ¡Es más que obvio que él y Victor querrán una familia grande! Bien, no entremos en pánico querida, podremos hacerlo… pensemos en que serán ellos dos y tres niños ¿O cuatro?
-Podemos dejar la cuenta en cinco ¿Recuerdas como Yuri casi parecía vivir en casa de Yuko cuando nacieron las trillizas? Ese chico tiene demasiado instinto maternal dentro de él…
-Ok, ellos dos y seis niños, lo tengo, no te preocupes…
-¡Papá! ¿Seis niños? - dijo una voz masculina llena de diversión y preocupación a partes iguales.
Mari y sus padres voltearon a la puerta de la entrada de la cocina donde una imagen desconcertante y terriblemente bella estaba reflejándose en sus ojos: se trataba de Yuri y de su entrenador, pero también parecía como si aquellos dos fueran dos personas distintas, especialmente su hermano a quien ella jamás había visto sonreír de aquel modo, aunque aquella sonrisa parecía tener justificación en el hecho de que los brazos de su entrenador estaban rodeándolo y en que los ojos de Victor Nikiforov, parecían estar al pendiente de cada pequeño movimiento que el pelinegro estuviera haciendo.
¿Qué significaba aquello? De verdad… ¿De verdad por fin había pasado?
-¡Wow!- dijo Victor quien había entendido la pregunta de Yuri de forma sencilla- ¿De qué están hablando Yuri? ¿De sus futuros nietos? ¡Pero si tú y yo apenas acabamos de besarnos! ¿Es esto una tradición japonesa que no conozco? Porque si es así no importa, estoy dispuesto a casarme contigo ¿Dónde tengo que firmar, Mari? ¿O ahora debo llamarte hermana mayor? ¡Oh por Dios! Yuri, tienes que enseñarme la forma correcta de dirigirme a mis suegros ahora mismo…
El entrenador ruso que lucía sinceramente preocupado, terminó su discurso perdiéndose en la mirada de Yuri quien no podía dejar de sonreír mientras su hermana mayor y sus padres intercambiaban miradas cómplices al observarlos. Hacía apenas unos minutos, hablar de la boda de Yuri era más una posibilidad que una realidad como parecía ser en aquellos momentos. Porque Victor y Yuri parecían incapaces de estar lejos el uno del otro a más de cinco centímetros de distancia. Porque Victor decidió besar la sonrisa de su hermano sin que le importara que los padres del chico pelinegro cuyas mejillas se tiñeron de rubor pero que no se apartó de él, estuvieran ahí, viéndolos mientras compartían una sonrisa satisfecha.
Sí, sin duda alguna por fin había sucedido.
-Yuri, las muestras efusivas de afecto son mal vistas, contrólate- dijo Mari con una sonrisa traviesa-. Y lo mismo te digo a ti, hermano menor Nikiforov, suelta a mi hermano ahora mismo y enfréntate a su familia como todo un caballero ¿Quién te crees que eres para besar a Yuri sin pedir permiso a mis padres o a mí? No sé cómo funcionen estas cosas en Rusia, pero los Katsuki somos una familia respetable así que… ¿Te molesta separarte de Yuri ahora mismo?
Sí, sí le molestaba, pero Victor decidió no poner en peligro su vida al desobedecer a Mari. La verdad era que desde el beso de la tarde no podía separarse de Yuri, no podía dejar de besarlo, vamos el príncipe del hielo jamás había besado a alguien por tanto tiempo, pero con Yuri los besos no parecían ser nunca suficientes. Aunque los labios de Yuri habían sido tímidos y suaves al principio, Victor se dio cuenta de que su pupilo no solamente aprendía rápido sobre el hielo, Yuri sabia como crear música en sus labios también.
Victor se separó de Yuri lentamente, volviendo a perderse en la mirada marrón de aquel chico cuyos ojos antes tristes estaban ahora brillantes y llenos de un fulgor que hacía que Victor quisiera regalarle el mundo entero por estar mirándolo a él y a nadie más que a él.
El joven Katsuki sonrió sin poder evitarlo, que Victor Nikiforov quisiera besarlo aún era un sueño demasiado nuevo como para que le pareciera real. Yuri sentía que desde que los dos salieran del Ice Castle, estaba flotando en una nube donde todo era felicidad. Después del primer beso, vinieron muchos más, era como si él y Victor hubieran descubierto de pronto una sustancia adictiva en la boca del otro, una sustancia que los hacía sentirse vivos y felices, una sustancia que por lo mismo era imposible de dejar. Quizá lo que había en los labios era la vida misma, o el alma de los dos pero fuera lo que fuera, ninguno de los dos parecía dispuesto a vivir sin ello.
Fue por eso que Yuri no se sentía apenado de mostrarse feliz frente a su familia, él sabía que ninguno de ellos desaprobaría lo que estaba sucediendo, quizá todos ellos sabían antes que él que algo así estaba destinado a suceder. Y es que en aquel momento, la felicidad dentro de él era demasiado grande como para pensar en el miedo, quizá cuando aquella corriente de adrenalina y alegría que corría ahora por sus venas se terminaran, él empezaría a temer y quizá se avergonzaría de lo que había hecho pero no en aquel momento. No, porque Victor le sonreía y lo había tomado de la mano antes de que los dos chicos con las mejillas sonrojadas, se acercaran a sus padres quienes seguían viéndolos a los dos como quien mira la imagen de algo sumamente bello y que por eso mismo no parece real.
-Yuri…- dijo Victor mirándolo a los ojos con una sonrisa que le robó el aliento al otro joven- ¿Quieres por favor decirle a tus padres todo lo que diré a continuación? Creo que Mari tiene razón, he sido un inconsciente y no quiero que piensen que voy a hacerte daño, no lo haré…
Yuri asintió en silencio y esperó a que su entrenador dirigiera un discurso dicho en Inglés a sus padres quienes miraban al hombre de los ojos azules con una sonrisa amistosa, ellos no podían entender el idioma en el que estaban dichas del todo, pero podían sentir el amor que había en ellas, porque sí, había amor en las palabras que Victor Nikiforov estaba pronunciando, había rastros de ese sentimiento por todos lados y Yuri sintió que sus mejillas se enrojecían de nuevo al pronunciar ahora en japonés lo que su entrenador (¿entrenador? Pero Victor ya era más que ello, ¿Cómo iba a llamarlo ahora?) había dicho:
-Señores Katsuki, creo que es un poco evidente por lo que acabo de hacer, que estoy terriblemente enamorado de su hijo y que mi única intención al decir esto es pedir su permiso para hacerlo feliz. Yuri es una persona preciosa para mí, es hermoso, es leal, es valiente y dulce, es todo lo que he estado buscando en la vida. Sé que antes no he sido un hombre honorable, es probable que escuchen muchas historias acerca de mí, pero quiero que sepan que eso es parte de mi pasado, un pasado al que no quiero volver. Porque Yuri es mi presente ahora, sé que Yuri será mi futuro y si él me da la oportunidad, si esta vida que empezaremos a vivir juntos a partir de hoy se convierte en algo sin lo que ninguno de los dos podría vivir, entonces será un honor cuidar de él y hacerlo sonreír mi vida entera…
-Suena como una propuesta de matrimonio- dijo Hiroko con la mirada brillante-. Sí Vicchan, puedes casarte con mi Yuri… ¿Oíste querido?- agregó la mujer mirando a su esposo- ¡Sí es una propuesta de matrimonio!
-¡No, mamá, no es eso!- dijo Yuri sorprendido al ver que sus padres se ponían a discutir acerca de la fecha de la boda en un rápido japonés que desconcertó a todo mundo.
-¿Qué está pasando?- preguntó Victor al escuchar la negativa de Yuri ante las palabras de su madre que seguía sin hacerle caso al pelinegro quien seguía intentando que sus padres entendieran la situación en vano.
-Mamá cree que vas a casarte con él- dijo Mari con una risa divertida-. Nikiforov, no sabes en lo que te has metido, ahora será imposible quitarles esa idea de la cabeza.
-Bueno, eso no es problema…- dijo Victor atrayendo de nuevo la atención de Yuri-. Si no tengo más opción y Yuri descubre que no soy tan buen partido, siempre puedo obligarlo a casarse conmigo para no romper el corazón de sus padres ¿Verdad? Aunque no lo sé, quizá tenga un poco de esperanza, Mari ¿te dije ya que Yuri me besó primero? ¡Ni siquiera me dejó proponerle ser su novio antes! ¡Tu hermano me encanta, Mari, siempre sabe lo que quiere y no se conforma con lo que sea, va siempre por lo mejor!
-¿Y tú eres lo mejor, Victor?- dijo Mari riendo divertida ante la cara de sorpresa absoluta de Yuri-. Me permitiré dudarlo unos meses más. Aunque si es cierto que ustedes dos van en serio, no habrá más remedio que acostumbrarme a la idea de tener a un ruso despistado como hermano menor. Y por cierto, si dañas a mi hermanito puedes irte despidiendo del hielo pues voy a machacarte de tal modo que no volverás a levantarte de tu silla de ruedas jamás si Yuri grita de dolor y no de placer por tu culpa…
Victor rio encantado de las palabras de Mari y se acercó a Yuri para abrazarlo por la espalda mientras este, se rendía ante el intento de explicarle a sus padres que aquella situación de la boda era algo totalmente anticipado y fuera de lugar en aquel mismo momento.
-Yuri…- dijo la chica sintiendo una energía cálida en su corazón al ver que la sonrisa de su hermano se hacía más grande al estar cerca del ruso-. Dime la verdad ¿Este idiota te hace feliz? Porque si estás haciendo esto solo por agradecimiento o una idea absurda como las que a veces sueles tener…
-No lo llames así…- dijo Yuri con una sonrisa serena que hizo que Mari se sintiera más tranquila-. Claro que estoy agradecido con él, pero Mari ¿No lo ves? He estado enamorado de él desde que era un niño ¿Cómo podrían ser mis sentimientos por Victor algo absurdo?
Yuri se sonrojó de un modo alarmante al decir aquello pero no se arrepentía de haber puesto aquellas palabras en voz alta si con eso había logrado que su hermana se sintiera tranquila y que Victor sonriera como nunca antes al escucharlo decir aquello. Mari rio y se acercó a su hermano y besándolo en la frente decidió dejar de preocuparse por él. Ella suponía, que aquella situación era parecida a la vez en la que había tenido que dejar ir a Yuri solo a un país extraño. Victor Nikiforov también era una tierra desconocida para Yuri y ella solo podía esperar que ninguno de los dos se hiciera daño y que aquel amor que empezaba a brotar apenas, pudiera llegar a ser el tipo de sentimiento destinado a la dicha y no al dolor.
-Cuídate entonces- dijo Mari en un japonés pronunciado con voz suave y lenta, y Yuri recordó que su hermana solía hablarle así en medio de una crisis de pánico-. Sé feliz, haz que Victor sea feliz y no te preocupes por nada ¿Vale? Y Yuri, sé que este hombre es un regalo de los dioses de la sensualidad pero, no hagas nada que no quieras hacer ¿está bien? Deja que todo tome su ritmo y cuando el momento llegue, cuídate y cuídalo a él también, Victor cree que tiene mucha experiencia pero ahora debe estar igual de asustado que tú, él no quiere dañarte pero me temo que los dos son demasiado nuevos en las cosas del amor…
-Amor…- dijo Yuri conmovido por aquel discurso que Victor escuchaba sin entender del todo.
-¿Puedes llamarle de otra forma?- dijo Mari riendo tranquilamente-. Si encuentras otro nombre para esto, dímelo. Y no te preocupes por mamá y papá, voy a explicarles todo ¿No crees que es hora de cenar?- y dirigiéndose a Victor con una sonrisa brillante la chica agregó-: Oye entrenador ¿Crees que podemos olvidarnos de la dieta por una noche? Mamá va a querer festejar todo esto con dosis industriales de Katsudon y por cierto, te aviso que papá querrá emborracharse contigo hasta perder la conciencia cualquier día de estos…
Victor sonrió sin poder evitarlo y asintió a la petición de su nueva hermana mayor, mientras la joven Katsuki se acercaba a sus padres dispuesta a terminar con aquella discusión de la boda de una buena vez. El hombre de los ojos azules se aferró con más fuerza al cuerpo de Yuri mientras el pelinegro sonreía pensando en la palabra que Mari había pronunciado hacía apenas unos segundos. Amor… ¿eso que sentía cada vez que Victor lo besaba, lo que había sentido desde el primer instante en el que Victor se había reflejado en su mirada, era amor?
El joven no lo sabía, pero cuando los labios de Victor volvieron a deslizarse por su mejilla y el calor de los brazos del ruso lo envolvió, supo que aquella emoción que estaba sintiendo en aquel preciso instante sin duda se parecía al nombre que Mari le había dado y para su sorpresa, Yuri vio aquella misma emoción reluciendo sin miedo y sin vergüenza en los ojos de cielo de su entrenador…
-Yuri ¿Puedo dormir contigo hoy?
Las palabras de Victor resonaban en la soledad de su habitación mientras Yuri sentía que su respiración se descontrolaba al pensar en la idea de dormir con Victor tan cerca de él. En otras circunstancias quizá Yuri se habría negado pero en aquel mismo instante no se sentía capaz de separarse de Victor ni siquiera por unas cuantas horas.
Y es que después de los besos compartidos, después de haber puesto sus sentimientos en voz alta frente a la familia de Yuri que no había dejado de dar muestras de alegría ante la nueva relación que entrenador y pupilo compartían, pensar en que los dos tenían que separarse era como pensar en una tortura muy lenta. Porque ninguno de los dos quería estar separado del otro, era como si los dos temieran que aquella nueva dicha descubierta que hacía que sus almas se sintieran vivas y sin ganas de dormir en realidad, se desvaneciera al mismo tiempo que todas las estrellas de la noche.
-Mi cama es muy pequeña - dijo Yuri por decir mientras Victor lo soltaba simplemente para seguirlo al interior de la alcoba de Yuri que seguía oliendo a aquella fresca fragancia con olor a mar con la que el ruso había dormido por primera vez en Hasetsu.
-¿Quieres dormir en la mía?- dijo Victor con una sonrisa coqueta a la que Yuri sin duda alguna no podría acostumbrarse jamás.
Fue por eso que Victor no esperó una respuesta de su pupilo y simplemente se dejó caer en la cama de Yuri al tiempo que atraía al muchacho hacía él una vez más. Los dos cayeron sobre la suave superficie sabiendo que la decisión estaba tomada: aquella noche que era solo el inicio de una agradable rutina, ninguno de los dos dormiría solo.
El rostro de Yuri estaba cerca del de Victor y el muchacho no pudo evitar sonreír mientras Victor los acomodaba a los dos sobre la cama. Los dos estaban ahora acostados lado a lado sobre sus costados, los brazos de Victor rodeaban la cintura del pelinegro quien no podía dejar de pensar que aquello sin duda alguna era mejor que un sueño. El aliento de Victor se estrellaba en sus mejillas, los ojos azules de aquel príncipe del hielo se clavaban en los suyos diciéndole sin palabras todas las cosas que el lenguaje humano jamás sería capaz de decir.
Había en los ojos de Victor un lenguaje nuevo, miles de cosas dibujadas en aquellas pupilas azules y Yuri se preguntó cómo había sido posible que aquella mirada, que aquellos ojos que él siempre había querido contemplar, estuvieran ahora frente a él llenos de amor, de adoración y de un anhelo cálido que erizaba el vello de la nuca del chico japonés que no pudo evitar estremecerse al sentir que las manos de Victor acariciaban su cintura suavemente provocándole escalofríos y un calor inhumano al mismo tiempo.
-¿Tienes frío?- preguntó Victor al sentir el temblor del hombre que estaba entre sus brazos, sintiéndose afortunado de estar ahí con Yuri, de estar ahí en sus brazos cuando bien es cierto que de no haber ido a Hasetsu él jamás habría encontrado aquella felicidad que ahora brotaba a borbotones en su pecho.
Sin duda alguna, la vida era divertida algunas veces. Victor Nikiforov jamás se había planteado la idea de ser feliz porque creía que ya lo era. Haberse labrado una historia dorada en el patinaje artístico era todo lo que él siempre pensó que había querido, no había más vida para él más allá del hielo y el lugar más alto del pódium. Victor ni siquiera se había preguntado qué haría una vez que su cuerpo no respondiera más a las exigencias que un multi campeón necesitaba aunque era más que evidente que aquellas señales, a sus veintisiete años, eran más que evidentes a medida que los días pasaban.
Pero es que hasta que Yuri se había presentado ante él con la energía vibrante, maravillosa y devastadora de una tormenta de verano, él jamás había pensado que sería posible plantearse la idea de tener una vida, de encontrar un amor. Aquellas cosas le parecían al príncipe del hielo simplemente un ingrediente ornamental de las historias que él solía patinar haciendo soñar a sus admiradores alrededor de todo el mundo.
Y sin embargo, todo aquello que Victor no había creído posible, todas esas cosas que él jamás se había tomado en serio fuera del hielo estaban ahora reflejadas en aquellas pupilas marrones que lo contemplaban, que siempre lo habían contemplado como si Victor fuera lo más hermoso y perfecto del universo entero, y cuando Yuri lo miraba así, con las mejillas sonrojadas y sus manos entrelazadas en la espalda del ruso, Victor Nikiforov de verdad sentía que él era todo aquello que Yuri miraba en él.
-No hace frío…- dijo el joven Katsuki con un susurro que electrizó la piel del hombre de los ojos azules-. Es solo que yo…
Las palabras de Yuri estaban llenas también de un temblor evidente y Victor empezó a temer estar haciendo algo mal. Aunque las pupilas de Yuri seguían llenas de alegría, era más que evidente que el joven estaba sintiendo miedo, miedo de algo que era difícil de descifrar. Victor lo miró fijamente, invitándolo a confiar en él, invitándolo a decirle todo aquello que no sería capaz de decirle a nadie más. Porque, era así cuando amas a alguien ¿no es cierto? Debes hacer que la otra persona sienta que confías en ella, que él puede confiar en ti, que ahora, desde el mismo momento en el que habían decidido embarcarse juntos en aquella aventura, los dos eran parte de la misma alma, no mitades complementarias, sino simplemente dos almas unidas que estando juntas eran más fuertes y valientes que al estar vagando en el mundo en soledad.
-Yuri…- dijo Victor besando la frente suave y cálida del japonés- ¿Qué pasa?
-Es que jamás he estado así con alguien…- dijo Yuri escondiendo el rostro en el pecho de Victor-. Tengo miedo de decepcionarte por eso también porque a pesar de que soy un adulto yo nunca… yo jamás…
-Shhh…- dijo Victor abrazándose a él con más fuerza, dándose cuenta sin más explicaciones de lo que Yuri quería decirle-. Está bien mi Yuri, jamás voy a pedirte nada que no quieras darme, nada que no quieras hacer. Tenemos tiempo de sobra ¿No crees? Además, si algo pasará entre nosotros, simplemente pasará. Yuri, hoy por la mañana solo tenía la esperanza de poder verte sonreír cuando te entregara mi regalo y ahora estás aquí conmigo ¿Crees que necesito algo más?
-No lo sé…- dijo Yuri aferrándose al calor de Victor para no morir de vergüenza por su inexperiencia.
-Bueno, ¿Y qué hacemos cada vez que no sabes algo? ¿Qué te dije que hicieras si no sabías que hacer?- dijo Victor haciendo que el chico lo mirara a los ojos por un momento.
-Preguntarte…
-Pregúntame entonces- dijo el hombre de los ojos azules con calma-. Aunque la verdad creo que ya lo he respondido bastante bien si me dejas presumir…
Yuri sonrió sin poder evitarlo. De alguna forma era tranquilizante que Victor no estuviera pidiéndole más de lo que se sentía capaz de dar en aquel instante. Y es que no era que no lo deseara de algún modo, es decir, tener a un hombre como Victor en su cama sin duda alguna hacía que su mente imaginara miles de posibilidades y que su cuerpo reaccionara de formas en las que jamás lo había hecho pero aun así… ¿Victor no se cansaría de eso algún día? Todas las revistas que él había leído, juzgaban a Victor como un experto en las artes del amor físico y Yuri no podía ponerlo en duda porque estar en esos brazos y las suaves caricias de Victor en su piel por encima de la ropa estaban haciéndole sentir mil cosas distintas a su corazón y a su cuerpo.
-Victor…- dijo Yuri tratando de buscar la pregunta correcta- ¿Qué necesitas que yo sea para ti?
-Tú mismo- dijo Victor sin vacilar, haciendo que el temblor del cuerpo del pelinegro se calmara de golpe-. Quiero que seas tú mismo, el chico del que me enamoré, no necesito que hagas o seas algo más. Mira, Yuri, sé que las personas en el medio se dieron un festín con mi vida de escándalo en San Petersburgo y yo mismo estaba orgulloso de aquella vida porque pensé que era lo que quería ¿sabes? Solo diversión sin consecuencias, solo la emoción de una sola noche…
-¿Extrañas eso?- preguntó Yuri con un dejo de tristeza que alertó a Victor-. Si lo extrañas y es importante para ti, quizá yo pueda…
-No, Yuri…- dijo el hombre de los ojos azules con firmeza-. No quiero que hagas nada que no quieras hacer, ya has tenido demasiado de eso en tu vida y no quiero que nada, mucho menos yo, te cause daño. Sé que la gente dice que cuando estas con una persona hay que hacer sacrificios pero para mí las cosas no funcionan así. La verdad es que yo tampoco había estado así con alguien en mi vida, jamás…
-¿En serio?- dijo Yuri con una incredulidad intensa que hizo sonreír a Victor.
-No me estás entendiendo…- dijo el ruso sin borrar su sonrisa-. Yuri, eres la primera persona de la que estoy enamorado ¿Entiendes? Antes de ti, jamás había estado así con una persona de quien estuviera seguro de estar enamorado. Vine a Hasetsu para encontrarte a ti, ahora lo entiendo y si no me crees a mí, créele a él…
La mano de Victor guio a la de Yuri hacia el corazón del príncipe del hielo que en ese justo instante latía de forma alocada, con un latido fuerte y rápido que Yuri podía sentir sin esfuerzo alguno en la palma de su mano. Y el chico de los ojos marrones de pronto se dio cuenta de que Victor estaba, de hecho, poniendo aquel corazón entre sus manos más allá de la mera metáfora, más allá de toda poesía. Era como si con aquel gesto, tan viejo como los albores del mundo, Victor estuviera entregándole a él y solo a él algo que no le había entregado a nadie más hasta ese momento.
Porque con aquel gesto Victor le estaba pidiendo que confiara en él, que confiara en sus sentimientos, que confiara en todo lo que los dos eran porque a partir de ese momento eran dos seres, pero un solo corazón y una sola alma llena de vida que en aquel instante brillaba con la intensidad de todas las estrellas de la noche.
-Sé que ya te lo he dicho muchas veces- dijo Yuri atrayendo la mirada de los ojos de Victor una vez más-, pero por favor, quédate conmigo muchos días y cuando sientas que es hora de irte, dímelo de modo que pueda dejarte ir con una sonrisa porque Victor, solo quiero que estés conmigo mientras te sientas feliz, cuando yo deje de ser suficiente entonces…
-Entonces me quedaré contigo mi vida entera- dijo Victor sin temor alguno, sabiendo que Yuri necesitaba escuchar aquello- ¿Te sorprende que diga cosas así? Jamás he sentido miedo de decir lo que siento y deseo en voz alta, creo que es una mala costumbre heredada de los Nikiforov. Lo que quiero decir, Yuri, es que lo que siento no tiene fecha de caducidad ¿Vale? No soy lo suficientemente iluso para prometerte que todo será miel sobre hojuelas pero sí puedo prometerte que pase lo que pase, estaré contigo siempre, sin importar cuánto dure ese siempre…
-Eso también suena como una propuesta de matrimonio- dijo Yuri sintiéndose un poco más tranquilo-. Ahora entiendo por qué mis padres te adoran…
-Tus padres tienen un innegable buen gusto que gracias a dios te heredaron- dijo el ruso sabiendo que había podido hacer que el miedo de Yuri disminuyera un poco.
-Victor…- dijo el joven Katsuki asaltado de pronto por una nueva inquietud.
-Yuri…
-¿Voy a conocer a tu familia en Rusia?- dijo el joven japonés preocupado de verdad.
Ante aquella pregunta inesperada, Victor se sintió descolocado. No es que temiera a su familia, hacía mucho tiempo que lo que ellos pensaran había dejado de importarle. Su padre era un prominente abogado ruso quien estaba demasiado inmiscuido en la política de su país y al que la carrea de Victor y el comportamiento de su único hijo siempre le había causado dolores de cabeza. Era bien sabido por todos que aquel hombre incluso había intentado que Victor se cambiara el apellido para evitar la vergüenza y el escarnio público cuando la gente lo relacionaba con él, pero a pesar de eso Victor no temía nada acerca de la reacción de su padre pero sí estaba dispuesto a proteger a Yuri de todo aquello que no le haría nada bien a la persona que ahora era lo más importante en el mundo para él.
-Mi familia no es tan agradable como la tuya- dijo Victor acariciando las mejillas del japonés-. Hace años que no hablo con mi padre, a veces solo me llama para firmar ciertos contratos que mi abuelo dejó a mi nombre en la compañía de la familia, pero fuera de eso, mis abogados se encargan de todo. Por otro lado, mamá y yo siempre hemos sido unidos pero ella no puede simplemente alejarse de mi padre ¿sabes? Él tiene un cargo en el gobierno y la apariencia es importante para él. Yo soy la oveja negra de la familia, estuve a punto de cambiar mi apellido pero mamá amenazó con irse de la casa si mi padre permitía aquello así que…
-Yo no soy lo que ellos esperaban para ti…- dijo Yuri sintiendo esa vieja sensación de jamás ser suficiente para nadie.
-Mi Yuri, yo mismo no soy lo que ellos esperaban para la familia Nikiforov- dijo Victor con una sonrisa avergonzada que Yuri jamás había visto-. A veces Rusia es un lugar hostil, no voy a mentirte. Mis padres son personas educadas en los prejuicios propios de su generación, no estoy disculpándolos pero quiero que entiendas que si no te llevo a conocerlos, es por protegerte, no porque quiera esconderte de nadie. Quizá, si somos asignados a la copa Rostelecom mamá querrá conocerte y estoy seguro de que ella va a adorarte, más le vale adorarte después de haberme exigido prácticamente que me dejara de tonterías y te confesara de una vez todo lo que me estabas haciendo sentir…
-¿Ella sabe de mí?- dijo Yuri abriendo los ojo de la sorpresa.
-Claro que sabe de ti- dijo Victor besando los labios de Yuri con suavidad sin poder contenerse un minuto más-. Ella y yo solemos escribirnos mucho el uno al otro, así que, puede que no conozcas a toda mi familia, pero Dasha Nikiforova es toda la familia que me importa…
Yuri abrazó al hombre de los ojos azules un poco arrepentido de haber hecho aquella pregunta pero él sabía que quizá Victor también necesitaba poner aquello en palabras. Aquella era la primera vez en la que el príncipe del hielo hablaba de su pasado en Rusia, de aquel pasado que parecía causarle daño a pesar de que había sabido hacer que nada de eso lo detuviera en su búsqueda de gloria y reconocimiento.
-Mi familia es tu familia ahora- dijo Yuri con seguridad, sabiendo que Victor ya era parte de los Katsuki pero sintiendo la necesidad de expresarlo en voz alta de todos modos.
-Tú eres mi familia, Yuri- dijo el ruso sintiéndose más feliz y vivo que nunca- y ahora, debemos dormir ¿No crees? Debes estar cansado, aunque la verdad la práctica de hoy fue, digamos, interrumpida debido a ciertas ocupaciones que no podíamos posponer…
-Fue mi culpa- dijo Yuri recordando de nuevo aquel primer beso en lo vestidores del Ice Castle con una sonrisa feliz.
-Sí, y no voy a castigarte debido a que en verdad sabes cómo distraer a tu entrenador- dijo Victor riendo divertido-. Lo cual no quiere decir, por cierto, que vaya a olvidarme de mis obligaciones profesionales, seré el mejor entrenador para ti Yuri, seré lo que necesites fuera y dentro del hielo ¿está bien?
-No tengo duda alguna acerca de eso, entrenador…- dijo Yuri con calma.
-¿Entrenador?- dijo Victor arrugando la nariz- ¡No quiero que ese sea mi nombre cariñoso! ¿Qué te parece mi amor, adorado mío, Victor de mi corazón? Hey ¿Por qué te ríes? Hablo en serio, Yuri Katsuki…
-Vitya…- dijo Yuri haciendo que los ojos de Victor resplandecieran como un cielo de verano.
-¿Cómo?
-Oí que Chris te llama así- dijo el joven Katsuki sin dejar de sonreír-. Él me dijo que solo las personas que te quieren de verdad y a las que quieres de verdad te llaman así, entonces…
-Eso definitivamente le gana a "Victor mi amor"- dijo el ruso pensando en que no podía llegar a sentirse más feliz ni aunque lo intentara-. Llámame como quieras, mi Yuri… ¿Cómo debo llamarte a ti?
-Así…- dijo Yuri con las mejillas sonrojadas.
-¿Mi Yuri?- dijo Victor sonriendo divertido ante el asentimiento tímido del hombre hermoso que estaba entre sus brazos-. A Phichit no va a gustarle, casi me mata la primera vez que me escuchó llamarte así. Aunque bueno, podemos abusar de su generosidad ¿cierto? Espera a que se entere de que todo salió bien, él y Chris estaban preocupados por mí, tenían miedo de que lo arruinara todo…
-¿Qué cosa ibas a arruinar?- dijo Yuri sintiéndose curioso al pensar en su mejor amigo y en Chris preocupados por Victor.
-Mmmm… nada importante, digamos que…- dijo Victor un poco apenado-. Les pedí ayuda para… bueno, no importa. Lo importante es que todo salió bien y que sé que estarán felices cuando les cuente que soy el novio del hombre más guapo de todo Japón…
-¿De verdad estás feliz?- dijo Yuri sabiendo que las palabras de Victor eran verdad pero queriendo escucharlo decir aquello de todos modos.
-Creo que por primera vez sé lo que la felicidad de verdad significa- dijo el hombre de los ojos azules-. Y ahora, de verdad debes dormir. Mañana empezaremos a coreografiar tu programa libre, además de que necesito que empieces a practicar Eros. Porque vamos a patinar Eros ¿Verdad, mi Yuri?
-Claro que sí…- dijo Yuri sin duda alguna, sabiendo que para Victor Nikiforov no existía otra respuesta posible más que aquella-. Vamos a patinar Eros juntos, Vitya…
El joven pelinegro sonrió y Victor no pudo hacer nada más que besar esa sonrisa antes de acomodar a Yuri entre sus brazos para dejarlo descansar. Los dos permanecieron despiertos un rato más, prodigándose besos suaves y caricias que poco a poco los fueron llevando a un sueño tranquilo, libre de pesadillas porque por primera vez en sus vidas, después de mucho esperar por algo así, por fin la realidad era mejor que el más hermoso de sus sueños…
Yuri Plisetsky no pudo evitar sonreír con algo de burla al observar la fotografía que Yuko, la mujer que había conocido en Japón meses atrás, le enviara de forma reciente.
En la imagen, el joven rubio podía observar a Victor Nikiforov actuando como el idiota que solía ser, al lado de aquel patinador japonés que parecía mil veces más feliz y en mejor forma de la que él lo había visto jamás. Los dos hombres estaban en el hielo, tomados de la mano mientras Victor depositaba un beso en la frente de su pupilo quien parecía estar en el paraíso. Yuri también se maravilló del hecho de que hasta ese día, el rostro de Victor lucia tranquilo, sin rastro de tristeza, sin rastro alguno del cansancio que había llenado aquella cara días después de ganar su quinto campeonato mundial consecutivo.
"Llevan así dos semanas, Victor está realmente feliz así que no debes preocuparte por él ¿Cómo estás tú, Yuri? Hace días que no tengo noticias tuyas.", decía el mensaje adjunto a la fotografía y el chico se sintió un poco avergonzado por el sincero interés y cariño que había en ellas.
Desde su llegada de Japón, muchas cosas habían cambiado en Rusia cuando todo mundo se dio cuenta de que Victor Nikiforov no iba a regresar al menos hasta que las competencias al lado de Yuri Katsuki lo obligaran a hacerlo y a decir verdad, a juzgar por la imagen que Yuko le había enviado, el adolescente podía inferir que su retorno al hielo era lo menos que le preocupaba a Victor cuando al parecer había encontrado por fin al amor de su vida y no parecía estar dispuesto a soltarlo jamás.
Yuri intentó burlarse de aquello pero al ver la cara de total felicidad de Victor, sencillamente no pudo hacerlo y fue en ese preciso instante en el que el muchacho comprendió aquello que le había dicho Yuko acerca de que él y Victor estaban en el lugar preciso en el que les correspondía estar. Claro, nadie en Rusia parecía entender la extraña fascinación que Yuri Katsuki ejercía sobre su príncipe del hielo y mucho menos él, pero el chico decidió dejar de preocuparse por eso, ahora mismo había demasiadas cosas en su vida que merecían que él se preocupara de verdad, la ex esposa de Yakov, por ejemplo.
Yuri sintió un escalofrío al recordar a la antigua prima ballerina del ballet Ruso que de la noche a la mañana se había convertido en su coreógrafa para el programa libre de la temporada. Lilia Baranovskaya, con quien ahora vivía en la misma casa de Yakov, era hermosa, exigente y estricta como el más reconocido general del ejército ruso. Aunque al joven aun le costaba trabajo adaptarse a la idea de que tendría que reinventarse una y otra vez para estar a la altura de las competencias sénior, él también sabía que si quería ganar de verdad no tenía más opción que ceñirse a las reglas de aquella mujer que lo obligaba a bailar ballet más horas de las que estaba sobre el hielo. Ni siquiera había tenido tiempo de ensayar como debía la coreografía que Victor le había enviado días atrás.
No cabía duda de que aquella composición que Victor había llamado Ágape, el amor incondicional era compleja y sorprendente como todo lo que Victor hacía, pero Yuri no había podido sacarse la idea de que sin duda alguna, aquel tema empalagoso del amor era culpa de los sentimientos que su antiguo compañero de pista tenia por Katsuki, y aunque aquello le causaba ganas de vomitar también era obvio que estando en Japón, Victor había recuperado toda su inspiración y fuerza de golpe y aquello era bueno. El joven Plisetsky estaba más que ansioso por demostrarle a todo el mundo que Victor Nikiforov había muerto y que él era el nuevo rostro de la gloria rusa en el deporte que amaba, no por nada era conocido como el Tigre del hielo ruso.
Por eso, porque su mente había estado ocupada en todos esos asuntos que estaban sin resolver aun en su vida, el joven había olvidado enviarle un mensaje a Yuko con quien solía platicar a veces después del entrenamiento. Y es que aquella mujer parecía entenderlo de una forma especial en la que nadie más lo hacía, sin duda alguna era extraño mantener una amistad con una mujer adulta pero Yuko no lo hacía sentirse extraño, era como tener la posibilidad de charlar con una madre y aunque aquel pensamiento hacía que Yuri se sintiera incomodo, no por ello había dejado de recurrir a Yuko cuando la soledad en San Petersburgo comenzaba a molestarlo.
Porque aquella era la verdad, Yuri se sentía un poco solo. Cuando Victor estaba ahí, los dos juntos solían pasear por la ciudad escondiéndose de las cámaras de los paparazzi que estaban prestos a captarlos en una fotografía que pronto se convertía en una bomba de publicidad y ventas de revistas al por mayor. A todo mundo en Rusia parecía encantarle la idea de que el príncipe del hielo y su "hermanito" como todos llamaban a Yuri, estuvieran haciendo cosas normales juntos. Y aunque el joven se había quejado amargamente de la mala costumbre de Victor de comprar cosas estúpidamente caras e innecesarias, era cierto que de algún modo también extrañaba aquellas tardes que terminaban en la tienda de mascotas donde Victor compraba juguetes para Maccachin y para el gato que le había regalado a Yuri en su cumpleaños numero trece.
Sí, él nunca había sido una persona especialmente sociable con los demás patinadores, pero con Victor todo había sido diferente. Él le había dicho que Georgie y Mila cuidarían de él, pero el joven Plisetsky no estaba de humor para soportar el drama sin final que Popovitch estaba haciendo al respecto de su rompimiento con otra de las patinadoras de la pista, Anya, y por otro lado, Mila estaba demasiado emocionada por su nueva relación con un pelmazo jugador de Hockey que Yuri no conocía y al que no quería conocer ni por todo el oro del mundo. Y hablando del diablo pensó Yuri cuando escuchó la voz de la chica detrás de él…
-¡Yuri!- gritó una alegre voz femenina antes de que un par de brazos fuertes se envolvieran en su cuello- ¿Qué estás haciendo? ¿Le mandas mensajes a la novia que te conseguiste en Japón? ¡Yakov dice que debemos estar listos! El kazajo que vendrá a entrenar con nosotros llegará aquí dentro de veinte minutos…
-¿Quién?- dijo Yuri recordando de golpe que era cierto que un nuevo patinador se uniría a ellos en la pista, sin duda alguna, Yakov no había perdido el tiempo a la hora de reemplazar a Victor con el primero que se le pusiera en frente, aunque bien es cierto que Yuri sabía que aquel misterioso patinador tenía a su propio entrenador y solo quería usar la pista.
-¡Otabek Altin!- dijo Mila visiblemente emocionada- ¿No lo recuerdas? ¡Fue el subcampeón mundial de este año! Su entrenador dice que quiere aprender los secretos de Rusia debido a que Victor fue el único patinador al que Otabek no pudo vencer ¿No crees que será genial conocerlo? ¡Es tan guapo! Supe que tiene una moto ¿Crees que si lo invito a salir me lleve a pasear en ella?
-Tienes novio, vieja bruja…- dijo Yuri recordando de pronto al kazajo serio y un tanto distante que se había sentado al lado de Victor en la conferencia de prensa que seguía a la premiación del campeonato mundial.
-¿Vieja yo? ¡Solo soy tres años mayor que tú!- dijo la chica con una sonrisa alegre, ella estaba acostumbrada a la actitud de Yuri y le parecía sencillamente adorable-. Además, Otabek también tiene mi edad, Sara Crispino y yo opinamos que después de Victor y Chris, Otabek Altin sin duda alguna es el más atractivo de los patinadores sénior de esta temporada, aunque ¿sabes algo? Ese Yuri Katsuki tampoco está nada mal…
-Mila, a Sara Crispino y a ti todo mundo les parece atractivo- dijo el chico soltando un suspiro exasperado al pensar en aquella patinadora italiana que era la mejor amiga de cotilleos de Mila- ¿Y por qué Yakov quiere que le demos la bienvenida a Otabek Altin? No sabía que era miembro de la realeza o algo así…
-Es simple cortesía- dijo la chica encogiéndose de hombros-. Aunque la verdad es que creo que Yakov quiere ver de cerca las habilidades del kazajo, ya sabes, a tus amigos cerca pero a tus enemigos… creo que desde que Victor se fue, nuestro entrenador está perdiendo la chaveta y en realidad cree que alguien podrá competir contigo esta temporada ¡Por dios! Todos sabemos que ganarás ese Grand Prix Final en tu primer año como sénior…
Yuri sonrió sintiendo que un sentimiento cálido se expandía por todo su interior. Sí, sin duda alguna Mila era exasperante algunas veces, pero en aquel preciso instante Yuri sintió un cariño inmenso por ella que lo hizo sentirse un poco avergonzado. Mila Babicheva, la diosa rusa del hielo quien se preparaba para ganar su segundo Grand Prix Final aquel año, creía en él y aunque Yuri sentía que no necesitaba el apoyo ni la admiración de nadie, las palabras de Mila lo hicieron sentirse bien.
-Dalo por hecho- dijo el joven lleno de una confianza aplastante que hizo sonreír a la chica-. Y ¿A qué hora debemos recibir al héroe de Kazajistán? He oído que lo llaman así ¿No te parece ridículo?
-Suena mejor que "el hada rusa"- dijo Mila con una sonrisa traviesa.
-¿Te llama así ahora?- dijo el joven Plisetsky confundido.
-A mí no, a ti…- dijo la chica rompiendo a reír, haciendo que Yuri comenzara a gritarle miles de cosas mientras ella trataba de abrazarlo y explicarle que era debido a sus facciones delicadas y cuerpo esbelto y flexible que los fans del patinaje artístico habían empezado a llamarlo de aquel modo.
Los dos chicos siguieron peleando un buen rato, debido a que el entrenador no estaba ahí y a que algunas veces sin duda alguna era necesario distraerse un poco de la presión y el estrés de aquellas largas horas de entrenamiento y debido a que molestar a Yuri era uno de los pasatiempos favoritos de Mila, aquello resultaba divertido para ella aunque al joven Plisetsky no le gustaba nada.
Fue así, como la llegada de Yakov seguido de dos personas, un joven de dieciocho años que miraba al frente con decisión, como si todo a su alrededor importara poco y su entrenador, los sorprendió en medio de una batalla de levantamientos, pues Mila estaba sosteniendo al chico sobre sus brazos.
-¡Mila, Yuri! ¿De qué se trata esto? ¿Van a empezar a hacer patinaje por parejas a estas alturas de su vida?- gritó Yakov en su habitual tono severo que hizo que la joven Bavicheva bajara a Yuri de nuevo al hielo, donde ahora todo mundo estaba congregado.
-Lo siento, entrenador- dijo la chica con una sonrisa radiante a la que Yakov respondió con un gruñido y una mirada furibunda.
Los tres hombres recién llegados al lugar se detuvieron en medio de la pista y los demás patinadores se acercaron a ellos debido a que Yakov les había pedido que hicieran aquello, pero también porque todo mundo estaba curioso de conocer al kazajo que en ese justo instante fijó sus pupilas oscuras en Yuri Plisetsky quien fingió no darse cuenta de aquella mirada y se dispuso a escuchar las palabras de su entrenador:
-Otabek Altin y su entrenador serán sus compañeros de pista ahora. Voy a pedirle a todo el mundo que respete los horarios que hemos decidido para los entrenamientos de la temporada, recuerden que si quieren llegar a lo más alto del pódium deben esforzarse el doble, el triple, lo que sea necesario para lograr su meta. No toleraré ninguna falta de respeto a los recién llegados, son contrincantes en las competencias, no en esta pista así que espero reciban a los recién llegados con tranquilidad y los hagan sentir bienvenidos. Eso es todo, vuelvan a sus tareas, voy a mostrarle la pista al equipo Kazajo…
Todo mundo recibió las palabras de Yakov con un asentimiento respetuoso y una sonrisa prudente a los recién llegados quienes recibieron la bienvenida de los demás patinadores con otro asentimiento mientras todo mundo se alejaba de ellos y Yakov llevaba al joven kazajo y a su entrenador alrededor de la pista, mostrándoles las gradas y las puertas hacia los vestidores.
Y durante aquel tiempo, Yuri, quien aún estaba al lado de Mila, sintió que los ojos de Otabek Altin seguían pegados al rubio como si quisiera acercarse a él para decirle algo importante aunque el joven Plisetsky no tenía la menor idea de qué era aquello y tampoco entendía porque Otabek seguía mirándolo ni por qué él mismo no conseguía apartar sus ojos aguamarina de aquel serio muchacho que era ahora su nuevo compañero de pista.
-¿Lo conoces?- dijo Mila dándose cuenta de la situación-. Yuri, a juzgar por toda la atención que está dedicándote creo que alguien querrá ser tu nuevo mejor amigo ¿No estás feliz? No olvides invitarme cuando los dos salgan a pasear por ahí…
-¡Mila!- dijo el joven evitando sonrojarse al verse descubierto mirando al kazajo por Mila.
-¿O querrás que sean citas privadas? Quizá te haga falta tener un primer novio para mejorar ese temperamento tuyo, yo a tu edad ya había terminado la segunda fatídica relación amorosa de mi vida…- dijo la chica pensando que la llegada de Otabek Altin traería muchas horas de diversión para ella.
-¿Qué?- dijo el joven Plisetsky realmente molesto.
-¡Oh, no dijiste que no!- dijo la chica riendo divertida-¡Yuri! Otabek y tú harán una pareja adorable…
-¡Cállate ya, bruja!- dijo el joven persiguiendo a la muchacha por toda la pista mientras ella seguía riéndose de su reacción.
Y mientras los dos seguían peleando, Otabek Altin escuchaba apenas las indicaciones de Yakov y las preguntas de su entrenador, porque desde que llegara a Rusia solamente había tenido en mente el deseo de volver a ver aquellos ojos verdes que centelleaban con la fuerza y la convicción de un soldado, los ojos de una persona que se parecía bastante a sí mismo, los ojos del chico que sin duda alguna sería su único y primer amigo en toda Rusia...
NDA: ME VA A DAR LAZUCAR PERO NO REGRETS JUST LOVE¡ Hola a todos de nuevo¡ Es bastante extraño para mí estar publicando a estas decentes horas de la tarde, ojalá su domingo vaya de maravilla y disfruten este capítulo que sí, está bastante azucarado pero YOLO *suena el soundtrack de YoI* Quisiera agradecer una vez más todo el apoyo que le están dando a esta historia, me motivan demasiado a seguir adelante porque aun me faltan muchas cosas por contar :D En fin, ojalá les guste este derroche de miel literaria, nos leemos en el próximo y una vez más gracias por leer y decirme lo que piensan¡ Abrazos de oso :)
