.~· Si la esperanza desaparece ·~.

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"Todos esperan, convocados por un silencio de campanas; todos esperan, sombra a sombra, que por sus ojos hable el alba".

Sara De Ibáñez


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Capítulo 10

Sombras en el propio corazón

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Unos opacos ojos azules se abrieron lentamente. El joven de cabellos rubios estaba envuelto en las tinieblas y por mucho que intentaba distinguir algo en aquella habitación en penumbra, no lo conseguía. Pero no fue el hecho de no ver nada lo que lo inquietó, sino las cadenas que sintió que lo aprisionaban. Tanto sus manos como sus tobillos estaban atrapados fuertemente en aquel abrazo de metal, impidiendo que se alejase más de un metro de la pared.

Se sacudió y el estruendoso sonido que produjo el metal al chocar contra las paredes y el suelo pareció a alertar a alguien, porque se escucharon pasos en un rincón. El chico miró hacia el lugar del que provenía el sonido y logró distinguir algo de luminosidad colándose por el pequeño resquicio que dejaba la puerta.

Se debatió desesperado mientras escuchaba que alguien se acercaba hacia allí, pero estaba completamente inmovilizado. Sujeto por las cadenas a esa pared empedrada que acababa de ver gracias a la luz que se había encendido. Mirando a su alrededor, pudo percibir que no había nada en aquella redonda estancia más que la puerta del rincón. La madera ennegrecida parecía a punto de caerse por lo carcomida que estaba, seguramente con unas cuantas patadas podría romperla. Eso si pudiera llegar hasta allí, claro.

Entonces las bisagras chirriaron revelando que pocas veces se habían usado en mucho tiempo. Una extraña silueta se divisó, pues la luminosidad quedaba a su espalda y el chico no podía ver su cara. En cualquier caso aquello no parecía humano.

-Ya era hora de que despertases -dijo el recién llegado con una extraña voz aguda.

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-¡Kari! -gritó Tai entrando a la habitación.

Corrió con todas sus fuerzas para alcanzar a la castaña. La cogió del brazo y la obligó a volver a entrar a la habitación. Ella lo miró de nuevo con aquellos ojos carentes de luminosidad, era una mirada tan oscura que el chico retrocedió un paso involuntariamente, aunque no soltó su brazo.

-¿Se puede saber qué hacías? -exigió saber con enfado.

Ella parpadeó con confusión. En cada movimiento, sus ojos parecían adquirir un tono más claro hasta alcanzar el que tenían normalmente. Ladeó la cabeza con gesto inocente y puso los brazos en jarras.

-¿Qué haces tú? ¡Qué susto me has dado! -se quejó Kari-. Estaba asomándome a la ventana.

-¡Tenías medio cuerpo fuera! ¡Podrías haberte caído!

-Qué exagerado.

Tai miró a su hermana tranquilizándose poco a poco, no sabía qué lo había llevado a actuar de esa manera. Gatomon y Patamon le habían dicho que la joven estaba muy rara, había ido para ver si necesitaba algo y, al verla en aquella situación, su corazón pareció temblar de miedo. Como si en cada latido le advirtiese del peligro inminente.

La portadora de la luz puso los ojos en blanco al ver que el chico no reaccionaba y se fue al salón murmurando por lo bajo que era un histérico. Pero en el fondo trataba de comprender lo que había pasado. Había visto al mar oscuro en todo su apogeo, con las terribles olas rompiendo furiosamente contra su edificio y el oscurecido cielo pareciendo mirarla con odio. Sin embargo, cuando quiso lanzarse a él, pensando solamente en alcanzar ese mundo perdido en el que T.K estaba encerrado, había sido interrumpida por su hermano. Y ahora las sombras se habían vuelto a alejar.

El teléfono sonó y la chica se apresuró a contestar, siendo sacado abruptamente de sus pensamientos.

-¿Diga?

-¿Kari? Soy Matt -se escuchó la voz del rubio, no tenía el mismo tono burlesco de siempre, su voz destilaba la tristeza por la pérdida de su hermano.

-Ah, hola, ¿te paso a Tai?

-No hace falta, llamo para deciros que hemos quedado en mi casa a las seis para ir al mundo digital, voy a pasar a buscar a Mimi así que si queréis os recojo.

-Da igual, vamos andando que nosotros estamos cerca -negó la invitación la joven.

Se despidieron y Kari se dio prisa en instar a su hermano para que se preparase. Iban a ir todos juntos al mundo digital porque no querían abrir muchas puertas, era más sencillo así. Mientras caminaban hasta casa de los Ishida, Tai dirigía nerviosas miradas a su hermana. No había quedado convencido con su explicación y lo que más terror le causaba eran sus ojos oscurecidos. De vez en cuando intercambiaba miradas con Gatomon y Patamon y veía en sus ojos la preocupación que debían reflejar los suyos.

Llegaron pronto y aguardaron a los demás en silencio. Ese día solo iban a ir al mundo digital Matt, Mimi, Izzy, Sora y los hermanos Yagami. Los demás niños elegidos tenían alguna actividad que hacer u otros compromisos, aunque habían prometido encargarse ellos al día siguiente de la búsqueda. En realidad, Kari acompañaba a los demás para dejar tranquilo a Tai, porque sabía que no servía de nada lo que intentaban.

Cuando la castaña se fue para recibir a Sora, el antiguo portador del valor se acercó a Izzy y se lo llevó aparte.

-Estoy muy preocupado por Kari, está muy rara -confesó.

-Bueno, sabes que esto le está afectando más que a los demás...

-No, no lo digo por lo triste o distante que pueda estar -lo interrumpió ansioso-. He visto cosas raras, de pronto se queda mirando a un punto fijo y sus ojos se oscurecen, su mirada cambia a una escalofriante. Esta mañana estaba con medio cuerpo fuera de la ventana y parecía dispuesta a saltar...

-¿Crees que le está pasando lo mismo que a T.K? -preguntó el pelirrojo-. ¿Que está viviendo cosas extrañas relacionadas con el Mar Oscuro?

-No lo sé, no parece asustada ni cansada como estaba él antes de desaparecer...

-Mira, hoy nos vamos a dividir en grupos así que iré yo con Kari y la vigilaré, así podré opinar mejor sobre eso.

Tai asintió con la cabeza y se separó de Izzy quedándose más tranquilo al saber que iba a inspeccionar a su hermana, se fiaba de su criterio.

Abrieron la puerta al mundo digital y se pusieron por parejas para hablar con digimons que pudieran saber algo sobre el Mar Oscuro o el refrán que Gennai les había contado. Matt y Mimi se reunieron con Centarumon, ese digimon siempre fue muy sabio así que tal vez sabía algo. Tai y Sora iban a buscar a Andromon, no habían conseguido localizarlo pero creían saber dónde podía estar. Y, por su parte, Izzy había quedado con Gennai de nuevo para que este les dijera si era posible hablar con Azulongmon, el digimon sagrado que protegía la zona este del digimundo y los emblemas de la luz y la esperanza.

El pelirrojo observaba analíticamente a Kari mientras caminaban por un pequeño bosque hasta el lugar del encuentro. Era cierto que el semblante de la chica había cambiado, aunque tal vez se debiera a que la luz se estaba apagando por la pérdida de la esperanza. La castaña levantó la cabeza y lo miró frunciendo el ceño.

-¿Qué pasa?

-Nada, solo intentaba averiguar cómo estás -respondió Izzy quitándole importancia.

-Cada día un poco peor, aunque aún no sé cuál es mi límite -respondió la chica a la pregunta indirecta.

-Estamos haciendo lo que podemos para encontrar a T.K...

-Pero no va a servir de nada.

Ahí estaba la reacción que buscaba. Al parecer Kari había perdido por completo la esperanza, eso no era algo bueno. En realidad sabía que todos los demás también estaban rindiéndose, él mismo lo estaba haciendo porque su lógica le decía que no había mucho más por hacer. Por una vez, el joven no sabía qué decir, así que se mantuvieron en silencio hasta que se reunieron con Gennai.

El hombre les explicó que no era posible la comunicación con Azulongmon a no ser que el digimon decidiera que era necesario, estaba muy ocupado salvaguardando el equilibrio del mundo digital. Aunque tal vez había una posibilidad de que les prestase atención si se lo pedían estando al lado de una de las piedras sagradas. Así pues, se dirigieron a la más cercana.

-Izzy, será mejor que vayas tú con los digimons, la negatividad de Kari interferirá en la comunicación -dijo Gennai.

El pelirrojo hizo lo que le pedía y la portadora de la luz miró de soslayo al hombre, algo le decía que aquello solo era una excusa. Y estaba en lo cierto.

-Sé lo que estás haciendo -susurró Gennai cuando estuvieron solos.

-No intentes impedírmelo -dijo desafiante Kari.

-No pensaba hacerlo, sabía que lo harías mucho antes de que tú te decidieras.

-¿Ah, sí?

-Esto está escrito desde hace tanto tiempo que las estrellas eran jóvenes cuando vieron nacer la leyenda -dijo el hombre-. Solo quería hacerte una advertencia.

-¿Cuál? -preguntó la chica.

-Es peligroso llamar a la oscuridad, no solo por su poder maligno en sí, sino porque se despiertan sombras en el propio corazón. Debes tener cuidado y no sucumbir a ellas.

-Lo tendré, gracias por la advertencia.

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El chico guiñó los ojos tratando de ver el rostro de quien le hablaba. Al final consiguió apreciar a un ser muy extraño, pero de alguna manera le era familiar con aquella boca grande llena de afilados dientes y aquel aspecto entre pez y anfibio.

-¿Quién eres? ¿Qué hago aquí?

-Me llamo Divermon, chico -respondió el ser con una sonrisa socarrona-. Estás aquí porque alguien quiere algo que te pertenece. Ahora que has despertado empezará la función.

Y con aquella enigmática afirmación, Divermon se dio la vuelta y cerró la puerta. El joven intentó comprender cómo había llegado hasta allí y confusas imágenes aparecieron en su cabeza, viéndose a sí mismo deambular por la orilla de un gran mar grisáceo. Repentinamente, escuchó una extraña respiración proveniente de una esquina de la estancia.

Se dio la vuelta con brusquedad, cayendo al suelo por el peso de las cadenas ya que tenía pocas fuerzas, y buscó a quien se encontraba allí. Pero no veía a nadie, además de que la penumbra era bastante densa. Una ligera risita hizo que se le pusiera el vello de punta. Retrocedió hasta que espalda chocó contra la pared y su respiración se hizo entrecortada por el miedo.

-Relájate, Takeru, ahora mismo solo quiero charlar contigo -se escuchó una voz desde el rincón, aunque en cada palabra se podía notar el sarcasmo de la mentira.

Eso, lejos de tranquilizarlo, hizo que se asustara más. ¿Takeru? ¿Así que ese era su nombre? No lo recordaba, tampoco le evocaba ninguna vivencia saberlo. Tragó saliva ruidosamente y aguardó a que el misterioso ser volviera a hablarle.

En ese momento, pudo apreciar que una sombra parecía tener vida propia. Lentamente, una figura se fue despegando de la oscuridad que reinaba en la habitación, como si se desprendiera de algo con lo que había estado fusionada. Después, la sombra comenzó a aproximarse hacia él. Esa imagen se le hizo terriblemente conocida, como si ya hubiera vivido más veces aquel terror, como si el pánico se hubiera convertido en la nueva sangre que recorría sus venas.

La figura llegó hasta él y el chico no pudo hacer otra cosa que mirarla con los ojos muy abiertos por el horror. Entonces sintió que algo lo cogía del cuello y lo levantaba un palmo del suelo. El aire dejó de llegar a sus pulmones y pronto sintió el sabor de la sangre en el paladar mientras se debatía con las pocas fuerzas que tenía.

-Me he cansado de jugar contigo, es hora de que me entregues lo que quiero -dijo la voz con la maldad destilando en cada letra pronunciada.

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Izzy se acercó de nuevo a Kari y Gennai, interrumpiendo su conversación. Pareció darse cuenta de que algo había pasado, ya que había pocas cosas que escaparan de su rápida mente analítica. No obstante, no dijo nada. Solo intercambió una mirada con la castaña, diciéndole sin palabras que sabía que tramaba algo pero que no se interpondría, porque confiaba en la chica.

-No sé si habré conseguido algo, yo he intentado llamar a Azulongmon y me he sentido un poco tonto hablando con una piedra -dijo cuando llegó junto a ellos.

Por la sonrisa que Gennai le echó, quedó claro que se había burlado de él. Seguramente el digimon sagrado no podía permitirse distraerse como para comunicarse con ellos, o tal vez creía que debían averiguar ellos solos la solución de aquel asunto. Algo le decía al pelirrojo que Kari ya había encontrado algo que hacer, pero que debía ser ella sola.

Bastante rato después se despidieron del hombre y retomaron su camino hasta la televisión que los llevaría de vuelta al mundo humano por la puerta que habían usado. Gatomon y Patamon iban delante de ellos intentando encontrar algún digimon al que preguntarle si sabía algo. Izzy aprovechó la ocasión para mirar de manera elocuente a Kari.

-Has hablado algo con Gennai, algo que tal vez los demás no debamos saber, solo te pido que tengas cuidado. En especial por la salud mental de Tai -añadió riéndose.

-Él te ha pedido que te asegures de que estoy bien, ¿verdad? -afirmó ella.

-Sí.

-Dile que no me está pasando lo que le pasó a T.K, que el Mar Oscuro no me está llamando, que se quede tranquilo.

No supo la razón, pero el antiguo portador del conocimiento intuyó que había un fuerte transfondo detrás de aquellas palabras. Aún así respetaría la opinión de la chica y confiaría en ella, porque Kari se lo había ganado hacía mucho tiempo. Se reunieron con los demás y volvieron cada uno a su casa, dejando a un abatido Matt que intentaban consolar sin éxito. El rubio nunca superaría esa frustración de no poder hacer nada por su hermano pequeño.

Al día siguiente fueron a clase, aunque ninguno tenía ánimos para ello. Lo peor de todo fue cuando la profesora preguntó por T.K, ya que llevaba ausentándose un tiempo. Kari sintió que no podría aguantar las lágrimas al escuchar la mentira de Davis, que se apresuró a decir que el Takaishi estaba enfermo. No sabían cuanto tiempo podrían sostener esa excusa, tendrían que hablar con Natsuko para que llamara a la escuela y mintiera sobre la situación, no podían ir diciendo que el rubio había desaparecido.

Cuando acabó la jornada escolar, se reunieron los antiguos niños elegidos para hablar de qué más podían hacer. Estaban ya hartos de tener la misma conversación una y otra vez, de esperar que, como por arte de magia, apareciera un camino marcado de hacia dónde debían ir, como si de pronto alguien les hablase de la solución de aquello. La portadora de la luz se cansó en seguida y dijo que se marchaba a su casa. Los demás decidieron irse también porque aquel día estaban muy frustrados. Antes de separarse, Tai retuvo a los demás.

-Kari está muy rara, por favor echadle todos un ojo, tengo miedo de que desaparezca también.

-No te preocupes, la vigilaremos entre todos -dijo Sora tranquilizadora.

-Además, no le está pasando lo mismo que a T.K, lo sé -afirmó Izzy sin querer dar más detalles, porque en realidad tampoco los conocía.

Siguieron conversando un poco sobre aquello en la puerta de la escuela. Mientras tanto la pequeña de los Yagami caminaba lentamente en dirección a su hogar, con Gatomon y Patamon siguiéndola desde la copa de los árboles. Ellos también estaban preocupados por la extraña actitud que llevaba teniendo los últimos días, y un raro presentimiento se había instalado en el corazón de Gatomon.

En ese momento, Kari le daba vueltas a sus ansias de ver a T.K, diciéndose que esba dispuesta a dar lo que fuera con tal de volver a cruzar sus ojos con los de él. La agonía por la separación se hacía más insoportable cada día y no creía aguantarlo durante mucho tiempo. Entonces sintió que una ligera neblina la rodeaba, acariciando lentamente su piel y haciendo que se le pusiera la carne de gallina. Rápidamente, se giró hacia su izquierda y observó con detenimiento la carretera, pues sentía que allí había algo. Y estaba en lo cierto. En medio de la calzada una extraña sombra estaba estática.

Aunque no tenía rostro, parecía mirarla a ella. Levantó un brazo y lo extendió hacia la chica.

-Hikari... -la llamó en un susurro.

El corazón de la joven bombeó a toda velocidad mientras daba un paso vacilante hacia la figura. El miedo amenazaba con detener su cuerpo pero luchó con todas sus fuerzas contra él. Dio algunos pasos más y se encontró junto a la extraña y escalofriante sombra.

En el momento en el que iba a posar su mano sobre la que le tendía la figura, un sonido chirriante hizo que mirara hacia su izquierda. La sombra se esfumó y ella se encontró ante un coche que iba a toda velocidad hacia ella, tratando de frenar. Pero ya era muy tarde para ello. Kari sintió un fuerte golpe y salió despedida hacia atrás por el impacto.

El sonido sordo de su cuerpo chocando contra el suelo pareció retumbar en todo el lugar.

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Maimai: Intento dejar cada capítulo en un punto de tensión para que os quedéis con ganas de más. Aún le queda bastante a la historia, gracias por tu review!

Cada vez el fic se va alargando más, en un pirncipio lo idée para unos 8 capítulos, pero van apareciendo más ideas en mi cabeza y alargándose todo. Solo os digo que aún queda para el desenlace final :)