Advertencia: MásAngustia y más dolor. Un poquito de sufrimiento si eres de los sensibles.
.9.
Sanji
—Cállate... —murmuró sin despegar el rostro de la tela. El teléfono volvió a vibrar y hacer sonidos fuertes y agudos en respuesta. Él gimió, trató de patear la cama estando acostado y apuñaló el colchón con sus puños luego de un momento.
El teléfono siguió sin descanso, y esta vez a diferencia de otros arranques de ira pasados, Sanji no dudó en destruirlo.
—¡DIJE QUE TE CALLARAS! —Gritó sujetándolo entre sus manos y lanzándolo con todas las fuerzas que podía a algún sitio. El sonido del aparato al chocar contra una pared resonó al mismo instante que todo ruido se volvió silencio.
Con cuidado Sanji volvió a poner su cabeza en contra de las almohadas. Sujetó la sabana entre sus manos y se ocultó bajo ellas, preferiblemente, por el resto de su vida. Posiblemente: por unas horas más.
El hecho de haber podido sólo apagarlo cruzó su mente tres días después. Pero la satisfacción de haberlo roto había valido cada centavo perdido.
Horas después se despertó de su estado de cambio (donde se despertaba desorientado y sin energía cada ciertos minutos y volvía a dormirse sin soñar en nada al instante) y esta vez el sonido venía de su teléfono estacionario.
Ese sí estaba muy lejos, y aunque sintió las ganas de destruirlo la realidad de tener que salir de la cama fue peor que la de soportarlo.
Veinte pasos cuando mucho, que en ese momento no se compararon a los kilómetros de entrenamiento diarios. En nada.
—Váyanse... —murmuró con la voz ronca y lágrimas no derramadas entre los párpados. Él sólo quería estar solo. Por favor ¿por qué no lo entendían?. El teléfono sonó lejos desde la cocina donde lo había instalado una semana luego de mudarse, contento de así poder contestar llamadas a las personas más cercanas a él mientras cocinaba sin miedo de ensuciar la pantalla de su teléfono móvil. Ahora el sonido de timbre que antes le había dado entusiasmo y una pizca de curiosidad lo lastimaban. Atornillaba su cerebro e insistían con fuerza. Dolían, demasiado.
También, de alguna forma, le recordaban su fracaso. Un hipeo salió de sus labios. Aun le costaba hablar.
—Por favor déjenme en paz... —susurró aún más bajo que antes tapándose de nuevo con las sabanas y, eventualmente, cayendo de nuevo en el mundo sin sueños del cual entraba y salía cada ciertos minutos.
La tercera vez fue la peor de todas, se había levantado dos veces en todo el día-semana-mes-año-sólo pocas horas para ir al baño y tomar de la botella ya casi vacía de vino que mantenía a un costado de la cama para cuando le daba sed. No había comido nada, sin ganas ni de cocinar ni de comer en especial. No se había lavado como tal y seriamente cuando despertó en una de esas tantas veces se preguntó cuántas horas habrían pasado, siendo que teniendo las cortinas cerradas y el teléfono roto imposibilitándole ver el pasar del tiempo.
Sin sol que le alumbrara, sin relojes que indicaran el tiempo (porque luego de haber tratado de dormir la primera vez el tic-tac de su reloj de aguja negro le volvió loco y, a diferencia de su desechado teléfono, ese sí lo guardó en e fondo del closet bajo sabanas que amortiguaran el ruido.
Fue ese último llamado, en el cual sí se vio obligado a contestar.
—¡Bro! ¡Sanji-bro ¿estás bien?! —abrió los ojos encontrándose con la mirada preocupada de Franky y los cabellos azules desparramados sobre su rostro. Extraño, pensó ido, Franky no acostumbraba a salir nunca sin antes arreglarse el cabello, ya fuera en pico, rulos, trenzas o, ese oscuro día de fiesta: en un afro.
El hombre volvió a hablar bajo y esta vez le tomó ambos hombros aun en la cama—. ¿Sanji-bro estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué tu teléfono está destruido en la puerta? ¡Hace dos días que nadie sabe nada de ti bro Y...! Ah, perdón —se disculpó al ver la mueca de dolor en el rostro del rubio—. Mala mía.
Sanji negó sin haber entendido todo lo que dijo, pero cuando un vaso transparente lleno de agua se puso en frente de su rostro lo agarró sin decir nada.
—Toma —ofreció alguien nuevo a un lado de Franky.
El sistema biológico de Sanji no necesitó que se lo dijeran dos veces y antes de poder parpadear ya se había tragado la mitad el contenido y seguía tomándoselo. Una delicada mano se posó sobre su hombro en un intento de calmarlo, de hacerle saber que habría más una vez lo vaciara, podía calmarse, estaba bien, y cuando por fin acabó pudo ver la mirada triste y preocupada de la hermosa Robin.
Qué hermosa se ve con ese sombrero pensó Sanji, radiante como los soles y elegante como sólo ella puede ser. Pero por más que quiso decir las palabras, por costumbre y respeto al sexo femenino, no pudo lograr que su lengua las formara.
Simplemente no sintió que podía. Adormilado, y sin fuerzas de nada.
Robin en silencio miró a Franky y ambos compartieron una mirada preocupada, viendo no sólo el semblante demacrado y sin energía del rubio pero también su falta de entusiasmo al ver a la femenina.
Algo estaba mal. Muy muy mal.
—Sanji cariño necesitamos que nos acompañes, estar tanto tiempo en la cama no es bueno para nadie —dijo Robin en su voz diplomática y compasiva. Sin decir nada Sanji ni resistió ni les ayudó en la tarea, al final ambos adultos teniendo que levantarlo con sus manos y guiarlo por la puerta y el pasillo—. Lo sé, muy brillante —se disculpó cuando le vio fruncir los ojos y el ceño al llegar de nuevo bajo la luz artificial.
Suspiró y tomó los lentes oscuros del borde de la camisa del ingeniero, el cual aunque hizo una mueca de protesta al verlos irse no dijo nada.
—Aunque vivir como un vampiro tampoco es una buena opción para los humanos —siguió hablando en su tono bajo y tranquilo mientras ponía con suavidad los lentes en el marco del rubio, su ceño desapareciendo con la llegada de la familiar oscuridad—. Del sol recibimos vitaminas importantes como la D y E, sin ellas perdemos la fuerza, color y hasta energía para comer o hablar. En tu estado sin alimento apropiado te hubieras convertido en zombi en menos tiempo del que pudieras haberlo realizado —rio un poco por ello—. Muerto en vida y dependiente de cerebros.
A su lado Franky abrió los ojos.
—Robin... —comenzó a decir en advertencia, aunque amando los comentarios morbosos de su querida súper esposa, sintiendo que no eran adecuados para la situación. Iba a decir más cuando una leve presión en su antebrazo le hizo bajar el rostro al cuerpo encorvado, pálido y ahora con sus lentes oscuros (los cuales se le veían horrible en comparación a la genialidad que causaban en el ingeniero, gracias) de su amigo y cerró la boca de nuevo.
Sanji sin verlos suspiró y trató de no romperse ahí mismo, en ese instante, frente a ellos.
—Perdón —murmuró.
Ambos se miraron de nuevo con preocupación de vuelta a sus rostros. Algo había pasado con su amigo, algo malo.
Le llevaron con cuidado por el corto pasillo en dirección a la sala de estar, y cuando llegaron, todos inhalaron e incluso uno se tapó la boca con las manos en impacto.
—¡Por dios! —dijo Ussop sin poder contenerse—. ¿Sanji amigo qué fue lo que te...?
—¡Sanji se convirtió en zombi! —interrumpió asustado Luffy. ¡Su amigo era ahora una criatura muerta! ¡¿Cómo podría cocinarle entonces?! Antes de poder hacer voz a sus preocupaciones dos brazos le ahorcaron con fuerza.
Ussop y Nami respectivamente a cada lado de su garganta le miraron.
—¿Acaso no recuerdas lo que te dijimos antes de llegar? —preguntó molesto Ussop, con cuidado cercioró que su voz no fuera muy elevada y de vez en cuando vio de reojo al rubio por las dudas.
—Que no dijera nada impertinente ni fuera de lugar para no herir los sentimientos de Sanji —repitió asustado de la presión en su cuello. Nami asintió mirándolo.
—¿Y entonces por qué no estás haciendo eso? —Preguntó apretando con un poco más de fuerza su garganta. Luffy al instante abrió en grande los ojos y señaló con su dedo al cocinero del grupo.
—¡Pero Ussop Nami! —Gritó aterrorizado—. ¡Sanji de verdad se convirtió en uno!
Lamentablemente, ninguno pudo debatirle eso.
—Sanji... —murmuró acercándosele. Estaba horrorizado de verle en pijamas, cosa que nunca el rubio había hecho antes después de las 8 de la mañana fuera fin de semana o no, descalzo, pálido, con la piel grasosa y el cabello sin brillo. En resumen y lo que nunca pensó que iría con su nombre: descuidado—. Aquí hay una taza de té si quieres, también trajimos comida desde el Baratie, el señor Zeff estaba muy preocupado por ti —dijo Brook acercando con cuidado la taza a las manos de su querido (¡Oh!, tan querido amigo. Como todos los de su grupo) y viendo su reacción.
El susodicho suspiró un poco, como cansado de estar ahí, frente a ellos, en el mundo de real, antes de aceptar la taza dorado con negro que era de su uso personal y todos sabían (con la excepción de Luffy) que la usaba sólo para beber té. El café era para otra. Brook la retiró cuando no dio señales de querer más y Nami soltó a Luffy.
—¿Quieres sentarte? —Preguntó ella apareciendo a su lado. Esperó una respuesta habitual o como mínimo una de menos intensidad, pero cuando los lentes se fijaron en su rostro y supo que la miraba, se sintió igual de impactada que Robin y Franky antes cuando este sólo siguió de largo y se sentó en el sofá sin decir nada.
Luffy saltó al verlo caer cerca suyo y Ussop le volvió a golpear en advertencia, también impactado por lo anterior.
—Algo está mal—dijo sin pronunciar las palabras Nami. Sus labios formando las letras en silencio.
—Su Súper teléfono estaba destruido en el suelo —agregó de igual forma Franky. La pelirroja frunció un poco el ceño por ello, tenía lógica ahora por qué nunca contestó a ninguno de ellos las llamadas o mensajes entonces.
—Y sólo había una botella de vino a un lado de su cama —continuó Robin, avanzando entre ellos—. Está más delgado, no ha comido en mucho tiempo, no reacciona bien a nuestras palabras y parece somnámbulo —finalizó llegando al rubio ahora sentado.
Ussop a su lado mantuvo a Luffy por el cuello y supo que estaría incapacitado de ayudar, en cambio le dio la señal a Nico para que ella se encargará de todo.
—Brook, ¿serías tan amable de calentar un poco de la sopa de Zeff? —Pidió mirando al músico.
Él asintió—. Al instante —replicó y desapareció dentro de la cocina.
—Sanji —le llamó ahora. Tomó con cuidado su cara cuando no volteó a verla y no le gustó el labio tambaleante ni las demás señales de desesperos no su rostro—. Puedo ver que trataste de resolver tu problema -sea cual sea- sin hablarlo ni consultarlo, y puedes ver que eso falló con creces.
En ese momento Brook volvió con un tazón humeante de sopa de pescado. Robin la tomó con una sonrisa y se la ofreció a Sanji aun en silencio.
—Creo que lo mejor es que ahora trates de hablarlo, puede que no sirva de nada, es verdad, pero puede que sea eso lo que te está retenido en el pasado y te tiene así. A veces la cura es peor que la enfermad dicen muchos, pero ahora mismo la enfermedad te está matando. Ahora, come un poco, parece que no te has alimentado apropiadamente -por no decir en lo absoluto- en días, y eso no está bien.
—¡Sanji no ha comido! —gritó escandalizado Luffy en un momento de descuido de Ussop, rápidamente el moreno volvió a poner fuerza e su brazo y se disculpó con la mirada con todos—. ¡Fhrero Sandi nunka tho 'ria! —Pronunció como pudo en medio del ahogo.
Nami comenzó a acercarse al él dispuesto ayudar a Ussop a callarlo y Franky frunció el ceño sabiendo que lo que Luffy-bro decía estaba mal. No era el momento de señalar lo obvio.
—Yo le amo —dijo de repente.
Todos hicieron silencio. Sanji se quedó mirando la superficie inmóvil del líquido anaranjado sin dar señales de haber hablado él. Suspiró tembloroso, el tazón tembló en sus manos y Robin sin decir nada lo sujetó por las esquinas sin llegar a retirárselo por completo.
—Le amo demasiado —continuó en voz baja, pequeña, desesperada y triste—. Su risa, sus palabras, todo lo que sabe y a veces finge saber —rio sin fuerza y negó mordiendo su labio un poco—. Como un idiota caí en el amor tan fuertemente que comencé a pensar en su figura, en su risa, en su voz, como si fuera lo único que necesitaba para poder respirar. Una llamada y sabía que era feliz, que todo estaría bien al final. Que trabajar daba sus frutos y podía lograr lo que me propusiera.
Inhaló con fuerza y una gota cayó a la sopa. Vino del borde de los lentes oscuros. Robin que lo notó no comentó nada.
Sanji inhaló de nuevo.
—Fue gracias a sus palabras que me impulsé para hacer catering —admitió apenado. Franky sorprendido negó.
—Sanji-bro... —murmuró sin creerlo.
—Pero no fui aceptado —continuó de repente. Lentamente comenzó a negar con la cabeza mientras hablaba—. Lo sé, es ridículo, ponerse así por un rechazo, Sanji supéralo, ¡Sanji esto te ha pasado antes! ¡Es sólo una persona Sanji! ¡Una en un millón! ¡ACTÚA COMO HOMBRE Y SIGUE CON TU VIDA! —gritó con ira.
Nadie dijo nada, pero su respiración ahora irregular y llanto silencioso llenaron el ambiente por largos segundos. Ussop liberó la garganta de Luffy impactado y este no dijo nada, no comprendiendo las palabras, pero sí las emociones en lo que decía su amigo.
Tristeza y, algo que era muy familiar con, soledad.
—Pero no es tan fácil —sollozó desesperado—. Traté, estos días sólo me propuse hacer eso, pensé en su voz, en cómo habla. Y me dije que si podía seguir con su vida entonces yo también podía seguir con la mía —razonó—... Pero... simplemente no pude... No aun, no sé si algún día podré, pero aun no puedo superarle...
Robin por fin tomó el plato de las manos temblorosas del Vinsmoke y su boca formó una mueca larga y curveada por ello.
—Aun no puedo aceptar que la única luz en mi vida se vaya así de fácil —lloró por fin. Liberando todo lo de esas 48 horas, lo que había comenzado con la llamada entre él y Monster. Sus hombros temblaron, sus sollozos fueron fuertes y se escucharon en toda la sala. En algún momento Nami se acercó y le abrazó por la espalda, sus ojos llorando también, Robin apretó los labios con el ceño fruncido en dolor dejó su frente reposar en la rodilla de Sanji, aun teniendo las manos ocupadas con el plato.
Ussop sin decir nada estiró la mano y la puso sobre su hombro y Luffy respetó su llanto dejando el sombrero de paja ocultar sus rasgos y manteniendo los labios sellados.
Franky se secó las lágrimas que corrían libre por su rostro y se negó a escapar un sólo sonido de llanto. Ese era el momento de dolor de Sanji-bro, no el suyo, y Brook le acompañó a un lado sintiendo lo mismo. Jimbei estaba en un viaje de negocios del cual no regresaría por mucho tiempo, pero sabían que por él también ayudarían a Sanji a pasar por su momento de dolor.
Toda eran amigos, y como grupo su responsabilidad era estar ahí, con el rubio.
Como habían estado para cada uno de ellos antes.
Como siempre estarían en el futuro.
—Duele demasiado —se lamentó en un momento aferrándose a los brazos de Nami a su alrededor, en respuesta estos aumentaron la presión—. Duele más de lo que nunca pensé que lo haría —susurró.
Nami frunció el ceño molesta con ella, con todos ellos por no haber visto a su amigo caer en ese estado. ¡Obvio que Sanji estaría así! ¡Si él nunca se había enamorado antes! Él siempre entraba en el romance con tanta facilidad que Nami y Robin sabían que el día que se enamorara de verdad (y no con esa ligera emoción que pensaba que era) él sufriría.
Pero nunca pensó que ellos no se darían cuenta de ello hasta que el daño hubiera sido hecho. Y menos que lo rechazarían.
—¿Quién sería capaz de rechazarte a ti? —pensó fúrica sintiendo los temblores del cuerpo del Vinsmoke bajo ella—. ¿Quién, en su sano juicio, rechazaría a alguien como tú?
—Le amo tanto que duele...
—Lo sé cariño, lo sé —respondió Nami. Era lo único que podía hacer, confortarlo. Después encontraría a la responsable todo ello, de eso estaba segura
Nakama significa amistad. Tal vez no haya formado parte de tu pasado y este planeado a lastimarte en tu futuro. Pero hoy es tu presente: y estoy aquí contigo.
Buenas buenas!
Hoy solo fue Sanji, el siguiente es sobre Zoro y como regalo especial debería estar publicado mañana en algún momento del día!
Besos y abrazos, recuerden que cada comentario me acerca un poco más tener mi techo lleno de palabras.
Bye...
