Capítulo X

Con las presentaciones hechas. Chūjitsuna se colocó a lado de las dos yôkai y las guió al interior del castillo.

Sesshōmaru caminó antes que sus cercanos y notó que la yôkai pelinegra le veía con excesiva admiración.

Chūjitsuna llegó hasta él.

–Mi Lord.

Kagura se acercó y con el abanico cubriendo su boca en gesto de timidez, hizo una reverencia siendo imitada por la pequeña Kana.

–Sesshōmaru-sama es un honor conocerle.

El aludido solo asintió un poco con la cabeza.

–Sean bienvenidas… si es quien dice ser.

Kagura miró al más alto y el semblante de este sin cambiar ni un ápice, le dijo que no bromeaba.

–Oh por supuesto mi señor; soy hermana de su capitán, se lo aseguro. Cuando constate la verdad me gustaría que me acepte como una fiel servidora, como estoy segura es mi hermano.

Sesshōmaru frunció el ceño, pues la de cabello oscuro no parecía saber la relación que tenían Naraku y él; tal vez podría correrla en poco tiempo, sin embargo el de luna en la frente miró a la yôkai y muy a su pesar tuvo que reconocer que era muy parecida a su pareja… más que nada, era Naraku en femenino. Y es que a él no le agradaba mucho lidiar con parientes de su Capitán; si por él hubiese sido, Naraku le gustaba solo suyo y de sus hijos.

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El mensajero entregó el pergamino al kitsune y este al recibirlo, ordenó:

–Que coma y descanse.

Los soldados zorros obedecieron y acompañaron al Inu. El padre de Shippō, abrió el pergamino y leyó, sonriendo casi de inmediato. Luego se dirigió al patio donde seguro estaban entrenando esos dos.

–¡Shippō, Sōten!

Los aludidos pararon su combate ficticio, en cuanto escucharon al mayor llamarlos.

–¿Que pasa padre?

El mayor extendió la misiva y Shippō leyó en voz alta:

Sesshōmaru-sama, Señor del Oeste, Dai-Yôkai Inugami.

Hace una invitación al Ichizoku Kitsune para estar presentes en la unión de los clanes de Inu y Ôkami con la boda de InuYasha hijo menor de Inu no Taisho, joven señor del Ichizoku Inu y Kōga, hijo de Okamimaru y actual Rīdā del Ôkami.

Les esperamos en el castillo, iniciando la estación de otoño.

El zorro menor rió divertido:

–¡Por fin esos dos se casaran!

Sōten se sonrojó, pues si InuYasha y Kōga se casaban ya no faltaba mucho para que Shippō y ella, los imitaran.

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Yû se tomó de la mano de su papá y desde su lugar vio a las dos desconocidas.

–¿Las conoces papá?

–…No, pero vienen a verme a mí.

InuYasha se unió al cuestionamiento.

–¿A ti?

–Si…

No hubo necesidad de más explicaciones, pues Kagura y Kana llegaron hasta donde estos se encontraban.

–Nadie puede ser… solo tú, tú eres Naraku…. mi hermano.

El Capitán sonrió un poco y asintió.

–¡¿Qué?! ¡¿Hermano?! –chilló Yû.

–Oh… –Se rascaba una orejitas InuYasha sin que su aniki pudiera evitarlo.

–Yo soy Naraku Taisho del Ichizoku Inu. –se presentó el aludido.

–Oh no seas tan formal conmigo. Debemos conocernos y contarnos tantas cosas y… –La atención de la yôkai se detuvo en los bebés que llevaban las doncellas– ¡Oh son tus cuñados! ¡Son hermosos!

Gritaba Kagura a punto de tocar a Yûko, sin embargo en un más que veloz movimiento, Kuro la detuvo.

–Lo siento mi señora, pero…

Sesshōmaru habló para explicar.

–Como le mencionaba, primero debemos confirmar que usted es quien dice ser.

La fémina pareció contrariada, sin embargo tuvo la astucia de no mostrarlo en sus gestos.

–Oh comprendo.

Cedió; sin embargo continuó diciendo…

–Y dime Naraku ¿tú los custodias? ¿Son hijos del Lord?

Y si la avaricia se reflejara, se hubiese visto su brillo en los ojos de Kagura, pues era muy astuta y si bien consideraba que si el lord tenía hijos era un obstáculo, también podían ser un puente para llegar a este.

Sesshōmaru casi rodó los ojos, pero siendo un lord no dijo nada, sin embargo alguien más si…

–No somos sus cuñados.

Aclaró Yû no muy contento de no poder decir nada más.

El hanyō de orejitas miraba a la yôkai con mucha curiosidad, eso hasta que sintió un golpecito en su hombro y al voltear, vio a un no muy contento Kōga –que aún no había sido presentado, mas era por la misma razón que a los pequeños niños.

–¿Qué tanto le ves?

InuYasha se encogió de hombros.

–Se parece mucho a Naraku.

–Ya –El de ojos azules vio detenidamente a la yôkai y por fin asintió– bueno, si tienes razón.

Con todo el grupo dentro de uno de los salones. Chūjitsuna llamó a uno de los concejeros encargados de la sanación Ren*. Este llegó poco después y con algunos instrumentos sacó un poco de sangre y las midió con un molde especial hecho para distinguir la relación familiar.

InuYasha jugaba con Yûko y con interés preguntó en susurros a su aniki.

–No recuerdo cuando hicieron eso conmigo.

Sesshōmaru se giró a ver al menor y negó con paciencia.

Otouto ¿has visto a otro Inu de cabello plata?

–Ahm no, solo mis sobrinos.

–Exacto. Por si fuera poco Naraku y casi todo el clan, ya conocían de tu existencia.

–Oh.

–Además te pareces mucho a padre.

InuYasha miró a su hermano y suspiró resignado; en pocas palabras si Sesshōmaru lo decía no había porque hacer esa prueba.

Kōga sintió como la niña de cabello blanco lo miraba y este la imitó.

–¿Quién eres? –dijo ella.

–Un amigo de la familia.

Ella no lo creyó, más al de coleta no le interesó mucho.

En su mundo feliz, Kagura sintió como le hacían la prueba, pero no le dio importancia, pues estaba exultante de felicidad al haber sido recibida de ese modo por el Señor del Oeste, eso le daba muchas esperanzas.

–Son hermanos.

Aseguró el concejero y se retiró. Naraku sonrió al igual que Kagura. Sesshōmaru suspiró derrotado.

–Bien. –concluyó el Lord.

La de abanico se giró sin levantarse de su posición hincada y miró al de Luna en la frente.

–No mentí mi señor. Más mi curiosidad me pide que le haga una pregunta.

–Adelante –permitió Sesshōmaru.

–Mi hermano debe ser su más preciado capitán ya que hizo todo esto por…

Chūjitsuna interrumpió a la yôkai.

–Oh no mi señora, no es solo un capitán. Y ahora con las pruebas hechas, ya debo presentar al resto de la familia de mi señor. InuYasha hermano menor de Sesshōmaru-sama, Naraku pareja del lord y gestante de sus hijos. –Kagura agradeció tener el abanico cubriendo su boca, pues de ese modo no se vio como la abrió impresionada por lo dicho por el viejo Inu– el primogénito Yû –El pequeño hizo un gesto de saludo– y los menores Taisei y Yûko. Por último el prometido de bochan InuYasha, el joven Kōga Rīdā del Ôkami.

–Oh… sus hijos…

Fue lo que único que dijo la de cabello negro…

–¡Lo ves, te dije que no éramos sus cuñados! ¡Bueno Oji si lo es! –exclamó Yû.

Kagura vio como Naraku se levantaba e iba por ella para hacer lo mismo.

–Bienvenida hermana.

–¿Tú… eres…?

Sesshōmaru se acercó a regañadientes y aseguró.

–Mi pareja de vida y gestante de mis hijos.

Y con eso cualquiera duda se disipó, era muy raro que el Señor del Oeste dijera eso ante extraños.

–Eso es… –aun no lo asimilaba Kagura.

–¡Oh si fue una suceso que no se veía en miles de años! –dijo InuYasha– pero se repitió dos veces –bromeó viendo a sus sobrinos.

Kana miró detenidamente a todos en el lugar y dudó que su amiga consiguiera lo que deseaba solo había que fijarse bien en los gestos del Señor que no parecía muy propenso a dejar a Naraku fuera de su alcance y que decir de tres hijos de sangre, que fueron dados por un varón; como bien había dicho el hanyō de orejitas, era algo que no se había visto u oído en miles años.

Con las presentaciones hechas y con una Kagura ya más recuperada de la impresión, se alistaron para comer.

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El frio se colaba entre sus ropas poco abrigadoras. La pequeña miró y vio un lugar sin alma a la vista. Se dejó caer exhausta y suspiró abatida.

Unos gruñidos se escucharon cerca de ella y con tristeza supo que su final había llegado. Unos lobos la veían como posible presa… si ellos supieran, fue su último pensamiento antes de caer…

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La comida estuvo llena de las mejores viandas y las invitadas como los anfitriones, disfrutaron de ella.

Al terminar esta; Naraku acompañó a su hermana a las habitaciones que les dejarían por su estadía ahí.

Caminando por el pasillo…

–Este lugar es hermoso y muy grande. –comentó la fémina.

–Si –dijo él.

–¿Siempre viviste aquí?

–Oh no. Hace poco que me mude al castillo, vivía en las barracas con los otros soldaos.

–¡¿De verdad?! ¿No eres un noble? ¿No vivías con lord Sesshōmaru?

–No.

–Pues yo pensé que sí, bueno, pero eso no es importante, lo importante es que te casaste con él y tuviste a sus hijos.

–Si…

–¿O no?

–Si claro.

Aseguró el capitán, sin embargo no pudo decirle a su hermana que no estaba casado con Sesshōmaru-sama.

Por su parte Kagura supo que con esa frase había dado con un punto débil de esa relación, casi se relamió los labios.

En cuanto fueron dejadas en su habitación; Kagura se giró a ver a su pequeña amiga.

–¿No es perfecto?

–¿El qué?

–Mira si Sesshōmaru-sama se fijó en Naraku siendo un hanyō, ya verás cómo me ve mí.

–Pero…

–Oh no, esta será una victoria fácil, ya lo siento. Al fin y al cabo ni casados están y eso solo significa que todos esos hijos por mucho que de dos varones hayan nacido, siguen siendo bastardos.

–Kagura y si ellos saben que…

–¡Cállate Kana! ¡Estoy en mi derecho!

La yôkai de cabello claro ya no dijo más, sin embargo no creía que su amiga pensara bien las cosas.

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En el patio de armas, Sesshōmaru revisaba que sus tropas estuvieran haciendo los recorridos necesarios y también veía como Yû entrenaba con Kōga. Eso jóvenes ocupaban cualquier momento para no perder la condición física.

Takeshi y Kuro se habían llevado a los pequeños a jugar un rato con Miku y de ese modo solo el que se movía inquieto a su lado, era InuYasha que no tenía mucho que hacer.

–InuYasha.

–¿Si, aniki?

–¿Sabes cómo poner una trampa para cazar?

–No, ¿para que querría hacer eso?

–Porque el clan de Kōga no usa muchas armas para cazar.

–¡¿En serio?!

Sesshōmaru sonrió levemente, sin embargo al escuchar enfurruñarse a su hermano, aclaró:

–No lo hace, pero tú no eres un lobo ¿no?

InuYasha sonrió divertido y se acomodó mejor a Tessaiga.

–No lo soy, pero puede que el Ôkami agradezca mucho eso.

–Oh no lo dudes que lo hará. –dijo orgulloso Sesshōmaru.

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La pequeña sintió el calor en sus extremidades y las voces a su alrededor y creyó que era un bello sueño; sin embargo al parpadear y enfocar por fin la vista, notó que en verdad no estaba sola.

Algunos lobos y varios yôkais, la miraba con curiosidad y ella se encontraba en medio del círculo que estos formaban o eso hasta que:

–A ver, permítanme verla. –pidió alguien con voz firme.

–Podemos comérnosla, al fin y al cabo solo es una sucia mestiza.

Dijo alguien más.

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El anciano se sentó en el tapanco viendo feliz, a sus señores conversar y bromear.

–Chūjitsuna.

El aludido se giró y vio a Ren, el sanador.

–¿Que sucede?

–Deseaba hablar contigo, acerca de la prueba.

–¿Algo mal?

–No, de hecho es lo contrario.

–No comprendo.

–Por eso lo deseaba consultar contigo, antes de decirle algo al lord.

–Dime.

–La prueba resultó mas que positiva. Lo que quiero decir que la yôkai que vino no parece hermana de Naraku-san, sino su… gemela, no más que eso… no sé cómo describirlo.

–¿Hiciste varias pruebas?

–Si, por eso te vengo a decir.

–Ya veo. Algo hay extraño, sin embargo lo que deseaba saber el lord si es la verdad, si es familia de Naraku-san.

–¿Qué haremos?

–Estar pendientes. Si ella es un peligro estaremos alertas, mas no podemos poner en su contra a Sesshōmaru-sama, pues este podría echarla sin dilación y como he visto, el capitán está feliz por su visita.

Ren asintió y se retiró. Chūjitsuna se internó en sus pensamientos…

¿Quién eres en verdad Kagura?

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Algunas voces más se unieron a la opinión de esa primera.

–Si usémosla de alimento.

La niña se incorporó y bajo su melena oscura se notaron dos pequeñas orejitas que se movieron inquietas. Tomohisa las miró y negó tajante.

–No necesitamos alimento, además es solo una pequeña, debe tener unos tres años.

–¡Pero es una hanyō!

Algunos mayores se acercaron y hablaron hacia el Inu.

–Lo sentimos Tomohisa-san, es costumbre que los mestizos no sean recibidos en la aldea.

Tomohisa negó con un movimiento de mano.

–Esa no es opción. Ya no son tiempos de ser asesinos solo por placer y mucho menos de rechazar a uno de los nuestros.

–¡Pero no sabemos si es de los nuestros!

Chillaban aun algunos; sin embargo Ayame intervino.

–¡Silencio! ¡El Rīdā ha hablado! Además no quiero asesinatos antes de mi boda.

La chica vio feroz a todos y eso solo significaba que después de ella, la paciencia del jefe no sería mucha y nadie enfrentaría a Tomohisa.

El Inu se levantó y ordenó:

–Que coma y búsquenle un lugar donde vivir y no quiero represalias ¿Oyeron?

–Si.

Se escuchó en unanimidad.

La niña fue atendida y ella miró con curiosidad el lugar; sabía que ahí como en su antiguo hogar no era bien recibida, sin embargo el yôkai que olía a perro le parecía amable y Rin la hanyō de lobo, por fin se sintió en casa.

Muchas gracias por los comentarios:

Lady StarFireLight, gabycha, kane-noona, Lima86 –Pues aún no se sabe que piensa Sesshōmaru, pero en él es normal jajaja Muchas gracias-, Lunatica Drake Dark, Ying Fa Malfoy de Potter, Alba marina y naruhi –jajaja sí que le dé su merecido, muchas gracias.