Disclaimer: Antes de nada me gustaría comentar que los personajes de Detective Conan no me pertenecen. Son propiedad de Gosho Aoyama. No me considero violadora de ninguna ley.
Traducción de "I'm already there", "Stronger than I am" y "Coming Home", escritos por Becky Tailweaver. Yo uniré y traduciré lo que haya escrito hasta este momento. A medida que "Coming Home" (el fic largo y último) se vaya actualizando, yo iré traduciendo. Así que no me pidais que suba otro cap si no esta escrito, porque tengo el permiso para traducir, pero no para escribir. Igualmente, muchísimas gracias a Becky T. por dejarme traducir esta fantástica historia. Thank you so much!
SI TU SUPIERAS
- Espera - lo llamó, haciendo que volviera a entrar -. Cuando salgas, dile a alguno de los hombres que traiga una camilla. Yuuichi necesita dormir, y tengo que volver a trabajar. Tengo que conseguir la cura antes de que sea demasiado tarde.
- Está bien.
Lo que ya había empezado iba más deprisa a cada segundo que pasaba. Sólo deseó que no saliera mal, que no se convirtiera en algo fuera de control, no hasta que todo estuviera en su sitio, y ella había salvado al único hombre que tenía la oportunidad de pararlo.
Capítulo 10
Kogoro y Eri estaban sentados en el salón ansiosamente cuando la puerta se abrió de un portazo, levantándolos de golpe a los dos.
Sudado y despeinado, con rasguños y sucio, Conan Edogawa entró en la habitación, quitándose la chaqueta y dejando el monopatín en el suelo al entrar, jadeando fuertemente. Tenía los ojos brillantes, iguales que los febriles, aunque secos, con la cara pálida y cansada. Parecía un fantasma de sí mismo, no se parecía en nada a él, apoyado en el marco de la puerta recobrando el aliento sin poder descansar.
- ¡Conan...! - asustada por su condición, Eri se acercó a él -. ¿Qué te ha pasado¿Dónde demonios has estado? Ran estaba preocupadísima, y...
- ¿Dónde está... Ran? - jadeó, apartando las manos de la mujer de su cuerpo -. ¿Dónde está?
- Se fue - respondió Kogoro, apareciendo detrás de su mujer -. Hace casi un cuarto de hora.
Los sentimientos escondidos en los ojos de Conan brillaron aún más, a la vez que su mandíbula se apretaba.
- Mierda.
La rabia y desesperación de su maldición los asustó tanto que no pudieron reprocharle por decirla. Estaban demasiado sorprendidos para decir algo; era como si hubiera algo que estaba mal en él, como si hubiera algo más adentro de la piel de ese niño que ya conocían, intentando romper sus costuras, para poder salir. Y quién podría decir que éso era algo bueno... ¿O malo?
Con ese extraño brillo en sus ojos, sus subconscientes empezaron a preguntar si le quedaba algo de humano. Y éso los asustó demasiado para que pudieran pensar de qué se trataba.
- ¿Dijo algo? - preguntó, la dureza de su voz hizo que los dos adultos se asustaran más -. ¿Y bien¿Nada?
- N... No... - consiguió decir Kogoro, después de aclararse la garganta -. El Inspector Megure ha llamado una o dos veces diciendo que nadie ha visto a Yuuichi, pero...
- ¡Maldita sea! - siseó Conan, golpeando la pared con un estruendo que hizo que los otros saltaran -. No puedo perderlos...
- Conan... - dijo Eri, preocupada -. Ven... Quédate un momento... Necesitas descansar... Siéntate, come algo, por favor...
¡Vuelve a ser el Conan que conocemos...!
- No.
Eri intentó llegar a él otra vez, pero se encontró estática por culpa del miedo. Lo que había escondido en sus ojos la asustó, lo que fuera aquello, rabia, cansancio, odio, dolor, asesinatos, y parecía como si una barrera invisible se hubiera formado y su propio cuerpo no la quisiera traspasar. No podía llegar sin que él abriera los brazos.
Así que volvió atrás, y Kogoro la rodeó, como defendiéndola, mientras los dos miraban al chico que seguía al lado de la pared. Él también los miraba, el fuego en sus ojos, ahora más visible, quedó al descubierto, y ellos sintieron como si aquella persona fuera un extraño en su casa.
Ése no era Conan Edogawa. No era el chico tranquilo, educado y gentil que conocían.
¿Quién eres? fue la pregunta que tenía Eri cuando Conan volvió a ponerse sobre sus pies, haciendo que Eri se tragara sus propias palabras incluso antes de decirlas.
- Voy a buscarles - dijo dejando en el suelo la chaqueta y el monopatín. Abrió la puerta y salió, bajando de dos en dos los escalones.
Otra cosa en sus ojos le provocó a Eri la sensación de que el chico caminaba hacia su muerte. Como si nunca lo volviera a ver, como si ninguno de ellos pudiera volverlo a ver. Salió del abrazo de su marido y se asomó, llamándolo, con Kogoro siempre a su lado.
- ¡Conan, Conan, no...!
Casi en la calle, se paró y miró atrás. Su mirada la heló, en la puerta de su casa, y Kogoro por poco chocó con ella. La mujer no podía hablar, ninguno de los dos, sólo podían mirarle fijamente, como habían hecho antes.
Sus ojos cambiaron de nuevo. Algo suave, cuidadoso, casi tierno, mezclado con la rabia, el miedo y el terror que ya había en ellos.
- Quedaos aquí - les dijo, despacio, tan irrevocable como una orden -. Quedaos a salvo. Los encontraré.
Y volviéndose para continuar con su camino, fuera de sus vidas, Eri volvió a apoyarse en los brazos de su marido, agarrándose a él esa vez, viendo como el joven se iba.
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Yuuichi se despertó cuando el hombre trajo el colchón, a pesar de sus esfuerzos por hacer el menos ruido posible. El niño los miró con ojos dormidos desde su cobijo en los brazos de Ai, los dos agentes asustados al ver la cara pálida del niño que una vez había sido tan brillante y despierto.
Y como estaba despierto, y ella tenía que acabar lo empezado, Ai lo dejó en la camilla para volver a las pruebas, esas mismas que ya había hecho antes. Yuuichi estaba todavía cansado y medio dormido, bostezando abiertamente al intentar suspirar para el estetoscopio, pero siguió cooperando sin quejarse, incluso cuando ella tuvo que sacarle sangre del otro brazo.
Esas pruebas después de la reacción eran las más importantes, necesitaba el mismo número de vías, para las mismas pruebas, para ver qué había cambiado y extraer los elementos de la cura que necesitaba. Estaba tan cerca que podía sentirlo, y por poco controlaba el temblor de sus manos. Sólo un poco más, y tendría la cura para Kudo después de mucho tiempo.
El niño se alegró al saber que su madre iría allí pronto. Aunque cansado por la reacción a la toxina, saber que Mouri iba a venir era suficiente para hacer que sus ojos brillaran y que una sonrisa cruzara sus facciones.
Como ya era tarde y estaba todavía cansado, ella le dio un vaso de agua y lo metió en el colchón, a pesar de su negativa a dormir porque su madre venía. Estaba emocionado, pero bostezaba y parpadeaba con cansancio mientras Ai lo arropaba con esa sábana, prometiendo despertarle cuando su madre llegara. La almohada era suave, y el niño se quedó dormido antes de poder contestar.
El laboratorio no se quedó en silencio mucho rato; el sonido y murmullos de los instrumentos y máquinas llenaban el aire con ruidos constantes, aunque tranquilos. Pero Yuuichi no se agitó ante el sonido, y Ai empezó a trabajar de nuevo, haciendo pruebas a las muestras de sangre y las células, buscando cambios casi imperceptibles.
Era absolutamente asombroso. Otra vez, la apotoxin había desaparecido literalmente, no quedaba ni un rastro de la forma compactada o cadenas moleculares que hubieran reaccionado en ninguna parte. Las células de Yuuichi habían reducido un poco de su combustible, mostrando que el cuerpo había experimentado un estado de estrés, pero nada había llegado a niveles perjudiciales. Sus telómeros estaban perfectamente, el cuerpo cansado pero sano en el aspecto de la búsqueda de restos de la apotoxin. Sus células habían metabolizado la química de la toxina, añadiéndola al conjunto de fragmentos inertes e inofensivos en sus rincones escondidos, con más grupos de elementos esperando a ser construidos y demolidos de nuevo.
Su cuerpo había reciclado la apotoxin literalmente, destruyéndola, filtrándola y reduciéndola a las moléculas inofensivas con las cuales había vivido toda su vida. Moléculas inofensivas, con las cuales un humano podría vivir normalmente, mientras que su cuerpo sólo las almacenara, mientras que no tocara esos fragmentos potencialmente dañinos.
Aquí estaba la cruz del problema, y la llave para la cura. Ai empezó a sonreír débilmente mientras juntaba las piezas de ese puzzle tan simple, cada vez más a medida que lo iba construyendo. Allí tenía los ingredientes, las herramientas... Y todo lo que quedaba era ver si ella podría, por fin, usar sus regalos con sabiduría.
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Una parte del cerebro de Ran, la sensata, práctica y adulta, se dio cuenta de que dejar la Agencia del Detective Mouri cuando era de noche y sola era probablemente una mala idea. También se dio cuenta que ella, sola y a pie, caminando arriba y abajo por las calles de Beika, era bastante tonto y que si Conan, quien ya había hecho ese recorrido en monopatín, no encontraba a Yuuichi, ella tampoco lo haría.
Pero esa parte sensata de Ran quedaba muy por debajo de la desesperada y asustada parte maternal. A esa parte no le importaba lo tarde que fuera, u oscuro, o tonto, o la soledad, sólo le importaba su hijo y encontrarlo sin importar lo que pasara.
No pudo soportar estar ahí sentada, tan sólo esperando en casa sin hacer nada, cuando se oscurecía y hacía frío y Yuuichi estaba ahí fuera. Todavía hacía frío por la noche, y Yuuichi no se había llevado la chaqueta consigo; la tenía ella, para dársela en cuanto lo encontrara: no quería que se resfriara. Y allí estaba ella, corriendo a lo largo de otra calle, linterna en mano, gritando el nombre de su hijo y llorando a la vez.
Había empezado a llorar hacía diez minutos, mientras corría arriba y abajo al darse cuenta de cuán inútil era...
Pero incluso así, tenía que intentarlo. Simplemente tenía que intentarlo. Todo su ser se centraba en encontrar a su hijo, su propia alma no la dejaría parar.
Tan concentrada como estaba caminando, buscando y gritando, no notó que la seguían. No vio al hombre ataviado en ropas negras que caminaba diez metros detrás de ella, cada vez más cerca. No oyó como se acercaba sigilosamente a la vez que ella se detenía en una esquina debajo de una farola, mirando a derecha e izquierda y en frente preguntándose dónde podría seguir buscando.
Pero ese hombre era vigilado por otros tres. El primero, que lo seguía, a la sombra, ese que ahora se acercaba a ella; el segundo, que los vigilaba a todos desde el principio; y el tercero, preparado para salvarla.
Y ese que los vigilaba a todos vio como la sombra se preparaba para moverse en la oscuridad, esperando.
Esa sombra vio como el perseguidor de Ran caminaba hacia ella y corriendo fue a salvarla, clavando un cuchillo en la mano de ese hombre de negro.
Ese que tenía que salvarla detuvo su coche en ese chaflán en medio del estruendo del motor y el del freno de mano, haciendo que Ran quedara boquiabierta y se apartara de la curva.
Entonces todo pasó en cuestión de segundos.
El perseguidor de negro cogió a Ran, su retirada del camino del coche la había acercado a él y vio como se movía de reojo. Años de entrenamiento de Karate, ahora un poco olvidados gracias al desuso, reaccionaron ante las manos que iban hacia ella; dejó ir la linterna y la chaqueta, se agachó y dio otro golpe, haciendo que su arma cayera con un ruido metálico, acompañado por la siseante maldición del hombre.
El que había detenido el coche ya había salido y corría hacia ella para ayudarla, cogiendo al hombre y golpeándolo contra la pared del edificio que había detrás de ella. Con un chillido, Ran se apartó de la confrontación, asustada de la brutalidad de la pelea. En unos instantes tenía que decidir si correr o no, pero otro hombre se le adelantó por detrás, atrapándola entre la pelea y él mismo.
Asustada pero con determinación, Ran adoptó una postura de Karate, preparada para luchar. Pero para su sorpresa, ese hombre sin descripción de indumentaria subió las manos, hablándole lacónicamente pero con educación.
- No queremos hacerte daño, Mouri.
Tercamente quedándose como estaba, Ran lo miró, confundida y sospechando de él. Detrás de ella, el hombre de la pelea tenía atrapado a su enemigo, boca abajo en el suelo, apuntándole con un cuchillo.
- Iori - gruñó, apretando más contra el suelo al de negro -. Ven y llévate a este bastardo por mí. Tengo órdenes.
- Está bien, Akai - dijo el llamado Iori. Se detuvo un momento, sonriendo a Ran -. Encantado de haber hablado contigo, Mouri. No te preocupes, ahora estás a salvo.
- ¿Quiénes sois? - preguntó Ran, mirándolos y luchando contra la necesidad de correr.
- Akai - susurró el cautivo, un brazo girado en su espalda, ahora cogido por Iori, quien por poco incrustó el prisionero en la pared de un edificio. Con una expresión de dolor, Akai se giró hacia ella, la intensidad de su mirada provocando que Ran caminara hacia atrás.
- ¡Tú! - gritó ella, con los ojos abiertos al reconocerlo - ¿Quién eres tú?
- Este hombre - empezó Akai - tenía la orden de matarte o secuestrarte. A nosotros nos han enviado para llevarte a nuestra base de operaciones, donde estarás a salvo. Y te reunirás con tu hijo.
El cambio fue instantáneo.
- ¿Yuuichi? - susurró Ran, con los ojos llenos de lágrimas de repente - ¿Dónde está¿Qué le habéis hecho¡Entregádmelo ahora mismo o yo...!
- Mouri, por favor - dijo Akai, interrumpiendo su retahíla de palabras con un tono impaciente y la mano alzada -. Lo hicimos por su bien. Pusimos al niño bajo nuestra custodia para que no le pasara ésto. Si vienes conmigo, te llevaré a donde está tu hijo.
Las dos partes de Ran volvían a estar en guerra. Su mente todavía estaba confusa, demasiado sorprendida para procesar el ataque, tan cerca de la vida y la muerte a la vez, y todavía asustada al ver la cara de ese hombre enigmático. La parte sensata sabía que meterse en el coche de un extraño, sobretodo cuando eran como él, ese hombre tan peligroso y sombrío que había visto antes, siempre en situaciones sospechosas y torcidas. La parte maternal le ordenó que fuera con él, que cogiera a su hijo, y dar las gracias por mantenerlo a salvo, en caso de que así fuera, incluso a ese hombre casi desconocido de ojos fríos.
Como siempre, la parte maternal ganó.
- ¡Llévame allí! - ordenó con lágrimas en los ojos -. ¡Y mientras conduces me vas a explicar por qué lo habéis raptado!
Akai miró al otro hombre, el que todavía aguantaba al prisionero.
- Iori. Ya sabes lo que hacer con él.
- Lo haré, señor. Considéralo hecho - asintió Iori, sonriendo.
El hombre de negro tragó saliva fuertemente.
Akai se volvió para encarar a Ran, señalando su coche.
- Metete. No te puedo contar todo, pero te diré lo que sí puedo.
En silencio, Ran cogió la chaqueta de Yuuichi del suelo, metiéndose en el asiento de atrás del coche cuando Akai le abrió la puerta. Siguió callada mientras él entró y arrancó el coche, con la prenda fuertemente agarrada entre sus manos, observando la parte de atrás de su cabeza, esperando que él empezara a hablar.
Y mientras el coche se movía, dejando a Iori con el prisionero, la más sombría de las sombras empezó a seguirlos.
...Continuará...
Este y el siguiente seran mas cortos, como una pequeña tregua... Y cada vez estamos mas cerca de mi parte favorita, aunque ya lo dije antes, y del final.. Este es el capitulo 6, y tiene 13... Aora es cuando me decis que todavia quedan unos cuantos, pero os aseguro que esos 7 capitulos se pasan en nada, y cuando nos demos cuenta nos quedaremos estancados hasta que aya mas por traducir.. xDDDDD
Como siempre, solo pido vuestra opinioooon!!!
Gracias a oO-Ran-Mouri-Oo, kiiza, Sha're y a MeRRu.
Yo voy avisando, por si acaso, pero pido por favor que no me tireis ni vegetales ni envieis francotiradores a matarme por ser tan cruel... xD Quien avisa no es traidor, es el avisador! xD Vereis, siempre me ha gustado tener escritos, o traducidos en este caso, los capitulos por adelantado... Para ir con mas tranquilidad, basicamente. Pero estas semanas me ha sido imposible hacer nada, y claro, las semanas pasan y soy fiel a los domingos y claro... A una se le agotan las "existencias". xD Total, que tengo hecho el capitulo 11, y el 12 esta en proceso... Y si el domingo que viene el 12 no esta completo, el domingo que viene no le vereis el pelo al capitulo 11, por dos razones: 1) los spoilers xD 2) porque me entraria el estres... xD Yo os aviso!! Cruzad los dedos, de nuevo, para que pueda acabar el 12 para el domingo, que los trabajos, examenes y deberes me salgan bien, y para que se me vayan la fiebre y los mocos de las anginas que ahora mismo tengoooooo!! Gracias!
Os dejo unos spoilers del capitulo 11!!:
Era un detective. Si parara de buscar significaría que se rendía, y no lo haría, no podía darse por vencido en la búsqueda a su hijo y tampoco en la de Ran. Si se rendía, quedaría destrozado.
Con los dos desaparecidos, ese dolor punzante que sentía se había duplicado en tamaño e intensidad.
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- Hola a ti también - dijo una voz suave y conocida, una que fue como un jarro de agua fría sobre él, levantándolo rápidamente del suelo.
- ¡Tú! - dijo con sorpresa.
- Bueno¿todavía estás en un estado de nerviosismo agudo o has parado de dar vueltas en círculos y vas a escucharme? - continuó la voz, sarcásticamente -. Es una noche muy bonita, y si quieres continuar pasando el tiempo corrien...
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Ai suspiró, cerrando los ojos para tranquilizarse.
- Todos vosotros - les dijo a los soldados -. Fuera.
Bueno, me despido.
Hasta el próximo cap.
Nos leemos
MEICOSR
