¡Pero andaba inspirada hoy! :3 Se siente bonito librarse por momentos de estos bloqueos de escritor ¡Y ya no tengo que andar poniendo escusas! :D

Respuestas a Reviews:

Kaori Lee: Fiú, al menos ya no me apuntó con la escopeta ':D Noooo, nunca abandonaré mis relatos, sólo si es que los abandono :D ¡Pues ya vas a saber quién fué! DAMNIT! Me hubiera tardado más de una semana para que me lleve al cuarto especial huehuehue (fujoshimodeon).

Cocomiu: Excelente que te guste ;) Mira, aquí hay mas :D Y no deberías decir que no escribes bien sin haber publicado un buen relato con bastante lemmon para que todasa podamos fantasearOPINAR! (pista: hazlo) Hmm, no la había visto de esa forma, pero... Bueno, aquí la verás mejor. Hay docenas de nosotras ¡DOCENAS! Hahaha, siii has cuenta y comenta y publica :D

Owww me gustó como quedó el final :3 (aunque lo diga yo, hehe) Leanlo todo ¡Y comenten! ¡Y disfruten! :D


-Nací el 19 de diciembre de 1847, en un pueblo irlandés llamado Ballyieragh. Liliya nació 4 años después, en 1851. Ahora bien, no sé qué tanto sepas de historia, y de la famosa Gran Hambruna, pero esos fueron años muy inciertos para todo el país. Y mi familia, que por generaciones había vivido de la tierra, no estaba mejor que...

-Espera, eso no tiene sentido ¿Dónde encaja Ayato en todo esto? ¿Qué no es tu hermano, tambien? Y, según me dijo, faltan otros cuatro. Y si eran tan pobres ¿Como es que...? bueno...

-Yui ¿Qué fué lo que te pedí, a cambio de la historia?

-Que me sentara bien, pusiera atención y no interrumpiera. Pero...

-Pero nada. Atiende, y déjame hablar ¿Vale?

Yui no dijo nada, así que Reiji continuó.

Pues bien, para ahumentar la tragedia, mi padre había muerto de tifoidea antes de que Liliya naciera. Casi no me acuerdo de él. Ni de mi madre, pues tenía que trabajar de sol a sol en casa de la única familia rica del condado, así que casi nunca la veíamos. Tuve que hacerme cargo de mi hermana desde que nació, lo cual, cabe decir, jamás me molestó. Siempre fué una niña muy dócil, e incluso desde que era una bebé parecía negarse a llorar.

De alguna manera, mi madre, una mujer rubia y frágil como una barita de nardo, logró salvarnos ese invierno, y el siguiente, y el siguiente. Luego, cuando tenía 10 y Liliya 6, mi madre por fín sucumbió a la pesada carga. Siempre sentí que tenía una escencia frágil y delicada. Y una noche, simplemente se desvaneció. La encontré a la mañana siguiente en su cama.

Pero no podía llorar, no podía dejar que Liliya me viera y se diera cuenta de que algo andaba mal, ni mucho menos de que fuera a entrar a ese cuarto a ver qué le pasaba a mamá. Decidí salir de la habitación, y cerrar la puerta con llave.

No volví a ver a mi madre.

Los días que le siguieron a ese son bastante confusos. Al cerrar la puerta sentía que me ahogaba, la cabeza me daba vueltas. No tenía idea de qué hacer. Recuerdo que llegó alguien a la casa, y después otras dos o tres personas, y después más. Es todo lo que recuerdo de esa semana, gente entrando y saliendo de mi casa, y Liliya llorando, abrazada a mí.

Unos días después, llegó un hombre que sobresalía de la multitud por sus elegante porte y ropas finas. Dijo ser un pariente lejano de mi padre, y que nos llevaría a mi hermana y a mí a su hogar en Inglaterra, donde seríamos como sus hijos, tendríamos un nuevo hermano mayor y una vida "asegurada". Yo nunca había oído hablar de ningún pariente de mi padre, y de verdad que me fiaba de ese extraño caballero de largo cabello blanco, pero no por eso iba a rechazar ayuda que necesitábamos tan desesperadamente.

Pues resultaba que el el tipo era un empresario bañado en dinero. Su casa era tres veces más grande que donde trabajara mi madre, y eso sin contar los jardines. Me quedé inpresionado la primera vez que ví la propiedad entera. No me cabía en la cabeza que un sólo hombre pudiera poseer tanto.

Acostumbrarse a las nuevas comodidades fué sencillo. Pero no así a la gente. Lo primero que aprendí de mi nueva familia es que, tanto el padre como el hijo eran un par de desobligados. Nuestro "padre", como nos hacía llamarlo, era un mujeriego juerguista que nunca estaba en casa, y nuestro "hermano"... Bueno, no es como si tuviera graves problemas con él, pero jamás nos entendimos.

Ahora bien, como ya has de saber, no crecí enteramente solo. Pocos días después de que llegué, conocí a Agatha. Y su compañía me era imprescindible para no perder la cordura con los otros dos. Siempre me pareció una mujer de lo más razonable, franca y directa. Incluso llegué a estar enamorado de ella, pero ya sabes, sólo cosa de niños. El tiempo no tardó en marcar las diferencias de especie. Aún así, permanecimos juntos.

-Y no, no trates de fingir que nunca has cruzado mas de tres palabras con ella.

-Bueno... No es como si me hubiera dicho secretos...

-Lo sabía.

Bien, mi "padre" era un hombre frío, pero no enteramente malo. Supongo que, simplemente, nunca nos pudo ver como familia. Después, y como es lógico, se volvió a casar y tuvo mas hijos (si, entre ellos, a la rata); pero aún así, no nos dejó desamparados. Nos dió todo lo que necesitamos. Tenía una importante empresa de carbón, con minas en casi todo el mundo. Me enseñó el oficio de empresario, y entré en su compañía con sólo 16 años, a medio tiempo, y en el tiempo restante aprendí varios oficios como ayudante. Las cosas estaban bastante bien para esas épocas.

Pero Liliya comenzaba a volverse mujer, una mujer pura, inocente y peligrosamente hermosa. Me enfurecía, y me hería terriblemente en mi orgullo de hermano mayor, pero era inevitable que los hombres se fijaran en ella; y seguido se metía en problemas que no hizo nada por buscarse. Podía defenderla casi de cualquiera, excepto de nuestro "padre": El rey de los vampiros, mi jefe y nuesto tutor legal.

-Espera... ¿El rey?

-Si

-Pero entonces, esto te hace...

-Supongo que podrías decir que los seis somos príncipes. Pero sólo Shuu, el mayor, es considerado el heredero. A menos que alguno de nosotros cinco mate al rey.

-Eso... Pero tú no...

-Oh, no. No estoy interesado en esas cosas... ¿Me permites terminar?

-Ah, claro, disculpa.

Como te decía; mi hermanita ya no estaba segura en esa casa. Tenía que sacarla de ahí cuanto antes. Tenía qué protegerla. Ella no se merecía la cruel vida que le tocó. La mandé lejos en un tren, una noche de enero, apenas tuve el dinero para su pasaje, comida y refugio; y le dije que nos encontraríamos en marzo.

Le dije a mi tío que había huído y que no sabía dónde estaba, pero ella me escribía todos los días, y yo quemaba cada una de sus cartas apenas las leía. Le mandaba casi todo lo que ganaba. Después le dije a mi tío que saldría en su búsqueda, y que aunque no sabía dónde estaba, no podía seguir vivendo sin mi querida hermana. Me dió su bendición y me dijo que le escribiera en cuanto supiera algo o si necesitaba suministros.

Nos encontramos en la fecha acordada. Conseguí empleo en un trén, y luego en un barco y partimos juntos.

-¿Y el barco, también hacía paradas?

-... No

-Pero entonces ¿Como se alimentaban? Con pasajeros limitados, seguro que se hubieran dado cuenta si varios eran atacados.

Reiji bajó la mirada

-No me siento orgulloso, créeme. Un par de chicas necesitaban viajar en ese barco, pero

estaban en una pobreza igual o peor a la que nosotros sufrimos de niños, y jamás habrían podído pagar ni su boleto, ni comidas para el viaje. Sé que no fué un trato justo, pero todos estábamos desesperados.

Yui guardó silencio. No supo cómo se tomó esto Reiji, pero prosiguió.

Llegamos a este pueblo 4 meses después de haber salido de la casa de mi tío. El nos había enseñado inglés, latín, francés, español, portugués japonés, mandarín y alemán, así que eso no fué problema. El dinero tampoco, pues le había pedido a mi tío dinero para lujos que no nos dábamos y lo había pasado todo a una cuenta con un nombre falso. Mandé construír esta casona para nosotros dos. Teníamos todo para nuestra nueva vida.

-Y luego... Esa maldita rata.- Reiji apretó los nudillos al recordar esta parte.-Todavía recuerdo cuando nos encontró. Intentó sacarme dinero bajo amenaza de delatarme con ese hombre, y cuando se dió cuenta de que tal cosa no sería posible, decidió poner sus asquerosas manos en mi Liliya. Todavía la recuerdo implorándome permiso para casarse con él: "¡Oh Reiji! He conocido al hombre de mi vida ¡Y ha dicho que me ama! Oh, por favor, dame tu bendición. Déjame irme con él, que es como nosotros" ¡Bah! Como si pudiera haber algo en esa rata remotamente parecido a liliya.

Volvió a bajar la vista, y rió, una risa de resignación

-Pero Liliya... era lo que más quería, y decidí darle gusto. Cuánto me arrepiento...

-Ayato me contó algo más, Reiji. Pero no sé si me dijo la verdad.

-Lo dudo. Pero, a ver ¿Que cuentito te ha inventado la rata?

-Me dijo que te pidió ayuda un día, para escapar de un tío suyo, pero que le pusiste una trampa y... Bueno, básicamente que lo engatuzaste para que fuera tu conejillo de indias, y que por tu culpa mató a mis padres.

Reiji la miraba mientras ella le decía la sarta de mentiras que se había inventado Ayato ¡Una rata en cada momento de su vida! La expresión de Reiji mientras escuchaba fué de sorpresa, a indignación, a furia y finalmente a risa.

-¡Vaya! Pues sí que se ha montado un teatrito.

-Dime que fué lo que pasó.

-Vale. Pues bien. Para empezar, Ayato no estaba escapando de nadie cuando vino a verme. Ncesitaba matar al rey, pues no consentía su unión. Y tampoco fué como si yo lo hubiera usado sin decirle, bien que le adverti las posibles consecuencias de usar productos experimentales. Él mismo se lo había pedido a Liliya en cuanto ella le dijo que lo amaba. Y sólo acepté hacerlo porque me dijo, el mismo, que amaba a mi Liliya, y que quería estar con ella por toda la eternidad. ¿Y todo para que? Para que la dejara morir de soledad, por irse con...

-¿Conmigo?

Reiji se le quedó mirando. Maldita sea ¿Qué rayos estuvo a punto de decirle?

-Perdona, no quise...

-Lo sé- Le dijo, con su sonrisa cálida. -No te preocupes. Es la verdad. Según él, la dejó por mi. Aunque nunca me dijo nada...

-No es tu culpa. Nada de esto es tu culpa.

Yui pensó muy bien sus palabras antes de decirlas.

-Reiji, de verdad lamento todo lo que hizo la rata. Fué un ser asqueroso, la encarnación de irresponsabilidad. No me alegro de nada de lo que hizo... Pero jamás me arrepentiré de haberte conocido, ni de estar aquí ahora.

-Pues te has tardado tu tiempo- Dijo el vampiro, levantándose y caminando hacia donde estaba Yui.

-¿Que?

Cuando se dió cuenta, Reiji ya la tenía acorralada en el sillón, inclinado sobre ella y con una mano apollada en un brazo del mueble. Yui estaba asustada.

-Dije- Le acarició tiernamente una mejilla. -Que te has tardado tu tiempo. He tenido que nacer vampiro para esperarte. He tenido que huír de mi hogar para encontrarte. Y he tenido que perder a mi Liliya para conocerte. He perdido a mi familia, mi hogar y hasta mi época. Quedé completamente solo. Y mi único consuelo eres tú- La tomó con un brazo por la cintura y la pegó a su pecho. Se enderezó, Yui le pasó los brazos por el cuello, y los dos terminaron fundidos en un abrazo, de pié. Le susurró al oído con voz temblorosa:

-Y estoy feliz.

-Reiji...

-Eres libre de darme la respuesta que quieras esa noche. Te deseo con todo mi ser, Yui. Pero también te amo con todo mi ser, y no quiero hacer nada que atente contra tu felicidad. -La devolvió al sillón, se separó un poco y la miró a los ojos. -Te amo, Yui.

-Y yo a tí.- La respuesta no se hizo esperar. -¡Oh Reiji! Estaba tan envuelta en mi sufrimiento, cuando llegué aquí, que quería morir. Y tú habías sufrido tanto, todos estos años.

Con razón te enfureciste tanto cuando te dije que me mataras ¡Me has de haber odiado!

-He de admitir que me decepcionaste... Pero deja eso atrás.

-No hay justicia en este mundo... En verdad, Liliya no se merecía nada de eso. Ni tu tampoco.

-¿Segura? No olvides quién soy y lo que te he hecho estos meses.

-Ese no eras tú. Estuviste cegado por el odio. E incluso en tu enojo, intentabas ayudarme... Quisiera hacer algo para mitigar tu dolor.

Reiji se arrodilló en el piso, frente al sofá, y puso su cabeza en el regazo de Yui.

-Quédate... Por siempre...

Nadie dijo nada. Disfrutaron del momento perfecto. Reiji apoyado en el regazo de Yui, y ella acariciando su cabeza. Pasando sus delgados dedos por los sedosos cabellos negros de Reiji. Un cabello grueso y liso, como el pelaje de un lobo.


Durante las siguientes semanas salieron con más frecuencia. Reiji, en todos esos meses, había encontrado en Yui una compañera de conversación capaz de abordar temas que ninguna otra persona de esta época hubiera aguantado mucho tiempo sin aburrirse o indignarse. La chica tenía una mente objetiva.

Y conseguía hacerlo reír. No recordaba haber reído tanto en 100 años. La vida no había hecho mas que traerle amargura tras amargura, sobre todo esas dos últimas décadas; y el mundo se había vuelto tan insípido... Y luego, ella. Esa chica pequeña y problemática, de ojos vivos y piel tan suave que lo enloquecía. Esa chica perfecta.

Yui, por su lado, disfrutaba de cosas de las que no tenía casi conocimiento hasta ahora. Salian a ver la ciudad, y Reiji la cargaba en brazos y, de un salto, la llevaba sobre los edificios a ver las estrellas en el cielo y las luces a sus pies, y a lo lejos. A veces simplemente salían a parques o a museos, pero cuando estos lugares estaban cerrados, solos y de noche, eran una experiencia totalmente nueva, que conseguía fascinarla cada vez.

Pasaban los días tan rápido que Yui no tardó en perder la cuenta del día o la semana. Incluso llegaron y pasaron los meses calurosos, casi imperceptibles. Era como vivir un sueño infinito, o al menos así lo sentía ella.

Pero un día, Reiji se encerró en su cuarto. O mas bién, pasó ahí la noche, y no salió a acompañar a Yui al desayuno, lo cual ya hacía a diario sin faltar. Fué a preguntarle, pero el vampiro no abrió la puerta. Sólo le dijo que estaba ocupado, y le pidió que empezara con su día.

Y después siguió en el teléfono, según pudo oír.

Después de unas horas, a eso de la una, Reiji por fín la mandó llamar.

-Disculpa mi ausencia, Yui. Te he dejado sola con la limpieza de mi propia casa.

-No te preocupes, Reiji. Pero dime qué te ha mantenido aqui tódo este tiempo. Te he extrañado ¿Acaso si acepto ser tu amante también me dejarás sola?

Reiji rió, de manera un poco siniestra. Le puso delicadamente una mano en la mejilla.

-Eso desearás, guapa. Créeme. Me implorarás que te deje alguna noche para dormir. Pero será inútil. Jamás te dejaré en paz... -Se detuvo a disfrutar de las hermosas mejillas enrojecidas de su amada. Le encantaba ruborizarla.

-E... Entonces... ¿Qué hacías ahí dentro?

Reiji la abrazó.

-¿Recuerdas esa noche en mi habitación, cuando me mostraste el jardín? Me dijiste que no volteara, y no lo hice. Ahora yo te pido que no preguntes. Te prometo que para esta noche

quedará todo aclarado.

-Bien. Confiaré en tí.- Suspiró en sus brazos.

Reiji salió de su habitación a ayudar a Yui con la limpieza, como siempre. Todo siguió normal durante el día. A eso de las seis de la tarde, cuando Yui se dirigía a bañarse para cenar. Reiji le dijo:

-Te he puesto dos nuevos vestidos en el clóset. Ponte el negro al salir, por favor; y los tacones de cintas. Quiero llevarte a cenar.

Yui se sintió encantada con la idea ¿Sería esto lo que estaba preparando su amado?


Cuando salió, fué directo a su closet de madera. Reiji le había ofrecido comprarle uno nuevo para la habitación blanca, pero ella no quería dejar de usar el hermoso closet antiguo. Igual, a Reiji el poderoso no le costó gran cosa reacomodarlo.

Abrió el clóset. Ahí estaban sus uniformes y los nuevos vestidos que Reiji le había prometido. Uno era un vestido de noche negro, de corte mandarín con mangas de gaza largas.

El otro se veía corto y estaba envuelto en una bolsa. Pero si la indicación fue "ponte el vestido negro" sólo uno podía ser negro. Los tacones negros estaban directamente al lado del vestido, y al lado habían unas zapatillas de dormir, hechas de algodón y seda.

Supuso que él le diría para que eran cuando llegara el momento.


Cuando salió, Reiji la esperaba en la sala. Vestido con unos elegantes pantalones negros y camisa de seda, también negra. Con su listón rojo al cuello. Se levantó de golpe del sofá y fué hacia ella.

-Te ves mucho más hermosa de lo que te visualicé.

Y fué todo lo que le dijo antes de llevarla del brazo. Pero esta vez, a la limosina.


Reiji había reservado un restaurante italiano famoso. Era una elegante terraza muy discreta a las afueras de la ciudad, en la zona más acomodada. El interior estaba en tonos vino y crema, a luz de vela y unas lucecillas en las paredes. El exterior era un mirador sin más iluminación que unas farolas, la luna y las estrellas; era un lugar mágico.

Hablaron, rieron, cenaron, y bailaron. Yui había aprendido a bailar un poco mejor desde el incidente en la habitación de Reiji, pero todavía se guiaba por sus pensamientos.

Ahora ya podía hacerlo sin que Reiji tuviera que transmitirle pensamientos concretos.


Fué una noche maravillosa. Llegaron a casa riendo, satisfechos de esa excelente velada. Pero

Yui notó de pronto que Reiji ya no reía. No alcanzó a voltearse y Reiji ya la tenía abrazada por la cintura. De nuevo él atrás de ella, oliendo su cabello. Después de un momento lo movió a un lado, desabrochó la parte superior del vestido y comenzó a besarle seductoramente el cuello.

-Reiji... Si... Si quieres beber... Déjame cambiarme y... Y vamos a...

-No voy a beber.- Dijo, con una voz grave, lleno de deseo.

Oh, vaya.

-Re... Reiji... Ahh... Por favor... No podemos... No aún... Estamos tan cerca...

-Es hoy Yui. Hoy se cumple un año de tu despertar.

-Hah...¿Que?...- Reiji se contuvo y la volteó, para verla a los ojos.

-Esta es nuestra noche. No tienes idea cómo la ansiaba. Cómo te he ansiado- Dijo en esa voz grave. -Si aceptas mi propuesta. Si aceptas ser mi amante, ponte el segundo vestido, y ven a mi habitación. Te estaré esperando.

Y se fué sin más. Y la dejó sola en el recibidor oscuro.


Siiii, por fín sigue lo bueno. Ya, ya, sin trucos esta vez, lo prometo :)

~Matta nee