Hermione estaba vestida para una "ocasión especial", que no comprendía. Ladeó la cabeza en la enorme torre de astronomía, sintiendo el frío de estar allí. Descubierta y frente a una mesa con velas y estrellas. ¿Para qué estaba allí, si podía cenar en el gran comedor? Ginny miraba por todas partes, cuidando que cada detalle estuviera perfecto. Nada podía salirse del gran balance que había dispuesto o toda la cena se iría al caño de Myrtle la llorona.
Ron no tardaba en subir, aunque Harry parecía tener problemas con ello. Ron estaba reacio a subir a la torre de astronomía, durante esas horas que podía usar para echarle guante a Lavander Brown, que parecía estar interesada en él.
Luego de subir, Ron se preguntó si Harry se había vuelto loco. Eso parecía ser una cena y Hermione parecía estar sentada en uno de los puestos. Había otro vacío. ¿A qué estaban jugando en ese lugar?
— ¿Me traes para verte cenar con Hermione?— dijo y Harry negó con la cabeza, empujándolo con mucha fuerza.
— No. Tú vas a cenar con Hermione. Así podrán conversar y dejarán de pelear. Dejarán de quejarse y volverán a estar juntos. Como amigos.
Y quién sabía si algo más que eso. Ron negó con la cabeza y pensaba devolverse, cuando Hermione ya lo había vislumbrado llegar hasta la mesa.
— ¿Ronald? ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¡Ginny!
— Tendrán una cena juntos y van a resolver sus diferencias. Espero que disfruten el menú que Winky hizo para ustedes. Comenzará pronto. Nosotros seremos sus ayudantes. Por ahora, disfruten de la bebida. Coctél de jugos para comenzar y un par de aperitivos. Galletas y trozos de pan.
Hermione negó con la cabeza y suspiró frustrada, mirando hacia el cielo y el enorme bosque que se erguía en el suelo, bajo la torre. Ron hizo lo mismo, mirando hacia otra parte. ¿Una cena con Hermione? ¿A quién se le había ocurrido semejante estupidéz? Mientras pasaban los minutos, Ginny se daba cuenta de que su plan no funcionaba.
No había interacción de ningún tipo.
— Harry ¿qué vamos a hacer? No relacionan, no hablan. Apenas y se miran. No hacen otra cosa que beber el jugo y probar los aperitivos. Debe haber una forma de convencerlos de que son el uno para el otro.
Harry meditó. Eso era como pedirle a Snape que regalara puntos para Gryffindor, por el solo hecho de hacerlo. Ni siquiera se los regalaría aunque murieran todos y desaparecieran de la faz de la tierra. Ron solía ser muy testarudo y Hermione pecaba por ser lo mismo. De todas formas, podía recurrir a su arma más poderosa.
Obligarlos a decirse en sus rostros, que ambos se amaban. Ron no podía mentirle. Sabía que le gustaba su mejor amiga. Y no se trataba de haberlo visto en un futuro.
Porque lo podía ver en sus ojos.
— Y... ¿ya hiciste la tarea de Snape?— dijo Ron y Hermione asintió lacónicamente y sin decir nada más.
— Y tú supongo que no la harás.
— La haría, pero estoy metido en esta ridícula cena. Como puedes ver.
Harry caminó hacia ellos, con la excusa de que serviría más jugo. Se detuvo junto a Ron y pisó uno de sus pies. Ronald soltó un quejido y lo miró, mientras Harry señalaba a Hermione con la cabeza, la cuál estaba distraída con el paisaje.
— Oye...al menos podrías tratar de ser amable con ella y decirle que se ve hermosa.
— Pero si no...
— Díselo. Dile que se ve hermosa. ¡Díselo ahora o voy a pisarte mucho más fuerte!
Ron inspiró, mientras Harry se alejaba con la jarra de jugo vacía. Con un suspiro, Ron se aclaró la garganta y suspiró. Hermione podía matarlo, si daba un paso en falso. Podría ser peligroso, hacer afirmaciones como esas. Pero bueno, si Harry decía que tenía que comentarlo, pues lo haría. Además que esos pisotones que le estaba dando, con esos zapatos apretados que se había puesto. Solo los usaba en ocasiones especiales.
— Hermione, estás hermosa.
Ella se dio la vuelta, sorprendida ante el comentario que Ron acababa de decir. Se sonrojó visiblemente y él la contempló, mordiéndose el labio inferior. ¿Qué iba a decirle? ¿Le iba a gritar?
— Pues... gracias, Ron. Tú también luces muy guapo con ese traje.
— ¡Bingo!— dijo Ginny, mientras sostenía las bandejas con la comida— Winky, por favor, trata de mejorar el ambiente. Trae más velas, trae más aromatizantes. Esto tiene que funcionar porque si no, dejaré de llamarme Ginny.
Podría comenzar a cambiarse el nombre, se dijo Harry mientras pensaba en que su amigo, por naturaleza, solía ser algo tonto.
— La cena, está servida— dijo Winky y Hermione le sonrió con suavidad. Ron miró el menú. Pasta y albóndigas. Qué menú tan común. Aunque esa comida solía ser su favorita.
Harry esperaba que tuviera modales para comer. Aunque fuera solo un poco. Que recordara decir por favor y gracias. Además de limpiarse con el pañuelo que había doblado allí; con tanto esmero.
— Gracias, Winky— dijeron ambos y Harry suspiró aliviado. Lo primero, al menos lo había recordado. Inspiró, esperando que fuera educado al comer.
Que no lo era.
Todo parecía bien al principio. Ron parecía comer como una persona normal, mientras que Hermione, era tan modesta como podía, con sus raciones. Con una sonrisa suave, ladeó la cabeza hacia Ginny y comenzó a creer que todo podría funcionar. Que todo tenía sentido y que la vida como la conocía, podía ocurrir nuevamente.
Hasta que Hermione comenzó a quejarse.
— Ron, por dios. Esa albóndiga es demasiado grande para que la tragues. Me pregunto cómo no te ahogas, cuando comes de esa forma.
— ¿Te importaría acaso? Te ríes la mitad del tiempo o dices que parezco un cerdo cuando como. Así que supuse que no te importaría.
— Es que eso eres, un cerdo comiendo.
No. Había comenzado todo mal. Nuevamente.
— Debimos poner un vidrio entre ambos, para evitar que puedan agredirse— dijo Ginny y Harry negó con la cabeza en silencio.
— Se podrían seguir mirando y se continuarían agrediendo.
Eso era cierto. Hermione y Ron simplemente cansaban al resto, porque siempre se quejaban del otro y trataban de hacer que el resto pensara igual que ellos, sobre el otro. Comenzaba a resultar exasperante. Y por supuesto, Harry creía que Hermione le arrojaría el plato de albóndigas.
Podría. ¿Por qué no? Estaban acabados.
