Frío Glacial.

Aang se sentía molesto, terriblemente irritado, fue a echarse entre un montón de cojines, lamentando no ser tan alto como Zuko, sabía muy bien que aquel no era el problema pero no se sentía listo para admitir que le faltaba confianza en si mismo.

-¡Oye! ¿Por qué no nos ayudas a poner la mesa? Sokka y los demás ya deben estar por regresar.

Katara venia de la cocina cargada con varios manteles de lino cuidadosamente doblados, a su lado Suki llevaba en una bandeja varias torres de bowls de fina porcelana y algunos palillos, miraba con aire ausente la puerta por la que Sokka había salido.

-¡No lo se Katara! ¿Por qué no se lo pides a Zuko y a su maravilloso abrigo de ciervo-visón?- respondió el muchacho sin molestarse en mirarla.

-¡¿Qué dices?!- Katara observo al avatar sin entender muy bien el mensaje.

-Digo que se lo pidas a Zuko, vi como te sonrojaste cuando te abrazaba.

De inmediato el rostro de Katara se nublo, Suki se sintió invadida por una sensación, extraña, esa que se siente cuando se esta de mas en algún lugar, dejo la bandeja con la vajilla sobre la mesa y se dirigió a la cocina, Aang y Katara empezaba a armar alboroto en la sala contigua.

Algo le oprimía el corazón a la chica de Kioshy pero no lograba identificar aquello, Sokka parecía muy distante desde que habían llegado al polo, por mas que pensaba y pensaba no se le ocurría un manera de luchar contra el desaliento de Sokka, después de todo solo era Suki y no tenía idea de lo que había ocurrido con Yue, ciertamente se sentía impotente.

Oía gritar a Katara tras la pared pero esta vez pero esta vez no le importaba mucho, Sokka estaba tardando demasíalo en regresar, no podía dejar de pensar en cosas horribles, "¿Por qué esta tardando tanto?"Se preguntaba una y otra vez; a su lado la sopa de vegetales borboteaba con indiferencia en la marmita, la luz lunar se colaba por un estrecho tragaluz uniéndose con la tenue claridad rojiza que despedían las lucernas de aceite y el fuego del hogar, Suki tomo un cucharón de madera y puso a revolver el contenido de la marmita como si así pudiese espantar los fúnebres presentimientos que le anidaban en el pecho.

En eso estaba cuando un crujido llamo su atención, aquel ruido inusual llego hasta ella a través del pasillo que daba a la salida trasera, la muchacha apenas si levanto la cabeza, abstraída en su tarea, pero unos segundos mas tarde el sonido se repitió con mas fuerza, se oyó un crack fuerte y seco, seguido de un chirrido desagradable propio de los objetos que siendo arrastrados con poco cuidado arañan el suelo ruidosamente.

Suki detuvo su tarea y miro hacia el comedor, Aang y Katara aún discutían, ya habían dejado de gritar pero se reconvenían el uno al otro por lo bajo mientras ponían la mesa; miro gravemente la puerta que conducía al pasillo, se dirigió a ella sin apresurarse, tomo el abrigo azul de Katara y cruzo el umbral mientras se lo ponía.

Echo un vistazo en el deposito, que se abría, como un in pace, en el suelo sin ver nada inusual, de manera que concluyo muy naturalmente que aquel ruido venia del exterior; levanto la pesada barra de madera que trancaba la puerta y la empujo con ambas manos; se estremeció cuando el frío de la calle le dio en plena cara, no terminaba de entender como se vivía en aquel frío glacial.