Capítulo 10

El aula en desuso


Aquel lunes, Malfoy no podía dejar de caminar por toda aquella aula vieja. Sentía unas tremendas ganas de patear el mobiliario, aunque algo dentro de sí mismo se lo impedía. Había llegado a su acostumbrada aula en desuso, una media hora antes de lo acordado. Y ya eran las cuatro y media. Y ella no se aparecía.

Se negaba a aceptar que le hubiera dado plantón. Ella, quien había sido lo más estricta con respecto al tema de "no dejarla botada con las tareas". Y era ella la que no se dignaba a asistir. No pudo contenerse, y finalmente le dio un puntapié a una silla, la cual rodó por el piso, haciendo un ruido sordo. Sin perder ni un segundo, el Slytherin tomó su mochila y salió de la habitación, hecho un basilisco.

No tenía ni idea de dónde buscar. Sin embargo, era más que claro que si recorría el castillo de pies a cabeza, tarde o temprano tendría que encontrarla. Y sin saber por qué, decidió ir primeramente a los terrenos del colegio. Caminó sin rumbo fijo durante unos diez minutos, hasta que su buena suerte se hizo presente, y finalmente la vio a la distancia.

Allí se encontraba la Gryffindor, subida en una piedra plana, en las orillas del Lago Negro. Apenas y podía ver su perfil, pero se le notaba una expresión triste y cansada en el rostro. Tenía los ojos cerrados, los brazos extendidos, y no llevaba puestos los zapatos, como si se limitara a disfrutar del agua fría y de la fresca brisa. Malfoy se acercó lentamente, mirando ahora su espalda, y se detuvo a unos cuantos pasos. Sin poderse contener más, gritó:

-¡Hey, Granger! –con lo que Hermione trató de dar media vuelta sobre sí misma.

Pero la piedra estaba resbalosa, había perdido su centro de gravedad, y sin poder evitarlo, la Gryffindor cayó en el lago.

-¡Eres un idiota! –fue lo primero que le pudo gritar cuando sacó la cabeza del agua.

Malfoy tuvo que contener sus ganas de reírse, mientras dejaba caer su mochila en el suelo, y se acercaba a ella. Se metió al lago hasta las rodillas (con lo que su túnica comenzó a flotar alrededor de él), y le extendió la mano, silenciosamente. Hermione lo miró con el entrecejo fruncido.

-O puedes levantarte su sola y volver a tropezar –bromeó el chico. Hermione le dirigió otra mirada asesina, y tomó su mano, a regañadientes.

Malfoy la ayudó a levantarse y salir del lago, con lo que ahora los dos se encontraban sentados a la orilla, mirando las ondas que ellos mismos habían formado, y que ahora desaparecían lenta y silenciosamente, igual que el soportable ambiente que se había creado entre ellos.

-¿A qué has venido? –preguntó Hermione, exprimiendo su cabello, que escurría sobre el pasto, mientras Malfoy pasaba su varita por su túnica, con lo que un chorro de aire caliente secaba sus ropas y sus zapatos.

-Más bien, ¿tú por qué no has ido? –contraatacó él, mirando a su pantalón, el cual estaba ya prácticamente seco.

-¿Qué…?

-Te estuve esperando en la vieja aula. No llegaste y me pregunté dónde estarías.

-Lo, lo olvidé –se defendió ella, visiblemente apenada.

-¿Llorando de nuevo?

-Ya te dije que no es de tu incumbencia –respondió ella velozmente, volviendo a adoptar aquel tono molesto.

-¿Y lo fue de la Weasley esa, de la Lunática y del gordito de Longbottom?

-¡No llames así a mis amigos! –gruñó mientras era ahora su turno de mirar el perfil del muchacho.

-¿A ellos sí se los contaste? –preguntó él sin inmutarse. Hermione se sintió indefensa.

-Pues no, no se los conté. Es personal.

Los dos muchachos se quedaron callados. Malfoy volteó el rostro, y clavó su mirada en la de Hermione. Ambos se miraron un par de minutos, sin decir nada, y parpadeando lo menos posible, como si estuviesen en presencia de un hipogrifo, entregándose a aquella silenciosa batalla de miradas.

Finalmente, Hermione tragó saliva, y posó su mirada de vuelta en el lago.

-Se trata de Ron –dijo con voz temblorosa.

-¿La comadreja? –se burló Malfoy-. ¿Por qué no me sorprende?

-Te dije que no era asunto tuyo –respondió ella, con el tono más firme que pudo conseguir.

Se miraron de nuevo. La tensión se podía sentir en el aire. Apenas y parpadeaban. Apenas y respiraban.

Y Hermione no supo por qué, pero aquel deseo loco, idiota e inverosímil se había apoderado de ella.

Se inclinó rápidamente sobre él. Enredó sus manos en su cabello plateado. Con los ojos cerrados, los sentidos despiertos y el corazón a mil por hora. Presionó sus labios contra los de él. Sabían dulces, y se preguntó si aquel detalle siempre había estado allí, o era efecto del agua del lago.

Hermione Granger había besado a Draco Malfoy. Un beso tranquilo e inocente. Un beso sin prisas ni presiones. Separaron sus labios lentamente, y se quedaron con los párpados cerrados un par de segundos, hasta que finalmente los abrieron lentamente, y se miraron directamente a los ojos.

-¿Qué ha sido eso…? –fue lo primero que pudo decir Malfoy, en un susurro nada propio de él, mientras se debatía entre si besarla de vuelta, o retirarse lo más rápido posible.

Hermione tomó aquella decisión por él.

La castaña se apuró a taparse la boca con ambas manos, incapaz de creer que había hecho lo que acababa de hacer. Se levantó rápidamente, dispuesta a marcharse, pero Malfoy la sujetó de la muñeca, impidiéndole dar un solo paso más.

-¿Qué ha sido eso? –repitió con voz temblorosa. Empezaba a recuperar su personalidad arrogante.

-Supongo que ya me tocaba a mí –fue lo único que pudo responder. Dio un veloz jalón, con lo que su muñeca se soltó de la mano de Malfoy, y se apuró a tomar sus zapatos, y su mochila.

Mientras Hermione corría hacia el castillo, el Slytherin se encontraba tocándose despistadamente los labios, al tiempo que Luna Lovegood ignoraba el libro que descanzaba en su regazo, y sonreía ante la escena que podía observar, desde aquel árbol lejano en donde se encontraba apoyada.


Había estado tan ocupada toda la semana escondiéndose de Draco Malfoy, que la tarea había alcanzado un nivel alarmante. Así que ahora, en lugar de fingirse enferma para que Ginny no le diera la lata y pudiera quedarse metida bajo las cobijas toda la tarde, Hermione se encontraba refugiada en la biblioteca, en aquel alejado rincón, donde su cuerpo era completamente tapado por todos los libros que le hacían compañía. Acababa de leer la carta que Harry le había mandado desde el lunes, preguntándole porqué se había marchado tan abruptamente de Hogsmeade sin despedirse, y sin contarle nada respecto a Ron. Se sintió incómoda al leer ese nombre, por lo que la carta se encontraba ahora metida en uno de sus libros (ya la respondería más tarde), y se apuró a tomar su pluma, centrando su atención en sus rollos de pergamino que se encontraban esparcidos por toda la mesa.

Se encontraba tan ocupada escribiendo y pasando las hojas aquí y allá de la docena de libros que le hacían silenciosa compañía, que no se dio cuenta de que alguien, a un par de pasos de su mesa, la veía fijamente. No levantó la vista hasta que la pelirroja habló.

-Pensé que era tarea en equipo –dijo Ginny, mientras se terminaba de acercar a la mesa, y abrazaba su pequeño libro con más fuerza, al ver todos aquellos que se encontraban esparcidos alrededor de su amiga.

-Es tarea de Herbología –respondió Hermione, como si eso explicara el por qué se encontraba sola, mientras volvía a prestar atención a sus notas-. Preferí no molestar a Neville para que pudiese pasar un momento con Luna y…

-No me engañas, has estado haciendo las tareas de Defensa y Pociones tu sola. Y pese a que es tarea en equipo, no te he visto con Malfoy en toda la semana. ¿Cómo podría él entrar al dormitorio a decirte los maravillosos efectos secundarios de la Poción del Matalobos?

-No necesito que él me ayude –se defendió Hermione, pero Ginny la cortó.

-Tú bien sabes como yo que este trimestre depende de tareas en equipo. Y pensé que te habías negado a ponerle las cosas fáciles. Si no te está ayudando, Hermione, creo que deberías acusarlo…

-No hace falta Weasley –dijo una voz y las dos chicas se apuraron a mirar quién hablaba.

Malfoy se encontraba de pie, junto a la mesa, con la mochila al hombro y una expresión desafiante.

Ginny lo miró de la misma manera, y dio un par de pasos para alejarse de la mesa. Malfoy se sentó en el único sitio que quedaba disponible de tantos libros, justo enfrente de Granger.

-Si necesitas ayuda, no dudes en decirme, Hermione –se despidió Ginny, y salió de la biblioteca con paso veloz.

-¿Qué quieres? –preguntó Hermione cuando Ginny se hubo ido, negándose a mirar al Slytherin, y volviendo a pasar las hojas de los libros, mientras la pluma seguía rasgando el pergamino.

-Preguntarte porqué huyes de mi –respondió Malfoy, en un susurro.

-No estoy…

-Claro que sí. Dijiste que sólo estarías conmigo por asuntos académicos…

-Ese fuiste tú –Hermione presionó con demasiada fuerza al poner el punto en una i, que perforó el pergamino. Se encontraba nerviosa y no lograba entender porqué.

-Y tú también, no olvides que fuiste la primera en proponerlo. Antes de que yo metiera la pata y ahora los dos estuviéramos metidos en este embrollo –carraspeó fuertemente, intentando ignorar lo que acababa de decir-. Te estuve esperando toda la semana, en aquella aula vieja.

-Estaba ocupada haciendo las tareas que…

-Que se supone que tenemos que hacer en equipo –Malfoy se apuró a interrumpirla, haciendo un esfuerzo por no alzar el tono de su voz. No se arriesgaría a que la señora Pince lo corriese de la biblioteca-. Mira, no me interesa que los dos estemos confundidos en este momento, pero como tú misma me echaste en cara, preferiría realizar esas estúpidas tareas para no tener que repetir séptimo por tercera vez.

Hermione finalmente alzó la vista de los libros, y lo miró directamente a los ojos. Malfoy le sostuvo la mirada.

-Sólo estoy confundido –se apuró a aclarar el chico-. Y tú también. En tu caso, seguramente es por lo que hizo ese estúpido de Weasley.

Hermione lo miró, asustada. Le tembló el labio inferior.

-No me importa lo que haya sido –continuó él, negando con la cabeza-, siempre y cuando me prometas que no te irás. Que no me dejarás solo.

Los dos se quedaron en silencio. Malfoy no podía creer lo que acababa de decir, y Hermione no podía creer lo que acababa de escuchar.

Y la chica se ruborizó.

-Hablaba respecto a los trabajos en equipo –agregó velozmente el Slytherin.

-Aclaremos algo –dijo ella moviéndose nerviosamente en su silla, tratando de ignorar aquellas desatinadas palabras de la serpiente, para que aquel rubor rosado se esfumase de sus mejillas-. Yo no te gusto.

-No –respondió Malfoy, mucho más rápido de lo que le hubiese gustado-. Y yo no te gusto a ti.

-Tampoco.

-Perfecto. Con eso es más que suficiente.

Y Malfoy tomó el libro de Pociones más cercano, con lo que se puso a trabajar.


Aquella mañana se suponía que iniciaría con su acostumbrada rutina escolar. Despertaría, se pondría el uniforme, bajaría a desayunar en compañía de sus compañeros, y se dirigiría con paso tranquilo a su clase de Pociones. Sin embargo, apenas había cumplido el primer paso de aquella rutina, cuando Hermione se percató de que quizá, esta se viese un poco alterada.

A los pies de su cama, ululando tranquilamente, se encontraba Pigwidgeon. La castaña miró a la lechuza, de manera confundida, preguntándose si el ave no se hubiese equivocado y en realidad la carta que llevaba atada en la pata fuera para Ginny.

Pero Pigwidgeon ululó de nueva cuenta al verla incorporarse, y dando un rápido aleteo, se acercó a ella, y extendió la pata. La leona se preguntó en esta ocasión, quién de todos los habitantes de la Madriguera, tenía la necesidad de escribirle tan temprano por la mañana. Debería ser algo muy importante para no haber esperado al desayuno.

Desató la carta (Pig ululó una vez más y se apuró a salir por la ventana, no sin antes caer en picada) y desdobló el pergamino. Sintió que se le caía el alma a los pies al descubrir que aquella caligrafía irregular pertenecía ni más ni menos que a Ron.

Querida Hermione,

Primero que nada, quiero disculparme por mi comportamiento idiota la semana pasada. Sin embargo, hay un par de cosas que me gustaría explicarte primero. Debo confesar que tienes toda la razón, soy un imbécil. El mayor de todos los idiotas al dejar que nos besáramos en la Sala de los Menesteres, y después ignorarte por completo. Soy un idiota por no saber decirte en ese momento que a mí también me gustas.

En segunda, sigo siendo un imbécil por necesitar la ayuda de Harry para poder darme cuenta de esto. Si no fuese por él, yo seguiría sin percatarme de que en realidad sí quero algo más que una amistad contigo.

En tercera, quiero pedirte disculpas si me he dado cuenta de esto, demasiado tarde. Temo que esta vez seas tú quien prefiera que seamos solo amigos, por lo que debo reconocer que soy incapaz de aceptarlo por completo. No puedes obligarme a no seguir a mi corazón, ahora que me he dado cuenta que te pertenece. Por favor, solo quiero que me des una oportunidad. Sin embargo,si esto no funciona, te prometo que ahora sí, seremos solo amigos.

Con cariño,

Ron

Se dejó caer de vuelta en la cama, mientras sujetaba con firmeza aquella carta, arrugándola. Aquellas eran las palabras que esperaba escuchar de Ron... hacía dos meses. Que le gustaba, que estaba dispuesto a intentarlo, que quería besarla… Ahora, el leer aquellas palabras le producían desasosiego. Por una parte, se sentía contenta que el pelirrojo finalmente se hubiese dado cuenta de sus verdaderos sentimientos hacia ella, pero por otro lado estaba el hecho de que ella se encontraba cerrando aquella puerta en su vida, y tras todo el dolor y sufrimiento que el muchacho le había hecho pasar, no estaba dispuesta a regresar por ese camino.

Y finalmente, estaba el hecho que en su corazón, lentamente se estaba colando Draco Malfoy. El Slytherin le había preguntado la semana pasada si ella tenía sentimientos por él, a lo que la Gryffindor había respondido negativamente. Pero ahora, tras pensar en ello durante todo el fin de semana, Hermione empezaba a temer que había hecho lo mismo que Ron, y había negado lo que era más que obvio: estaba enamorada de Draco.


Se encontraban de nueva cuenta en su acostumbrada aula, escondida a mitad del tercer piso, y habían pasado cerca de diez minutos sin hablarse. Se habían saludado apenas con un movimiento de cabeza, y cuando necesitaban decirse algo, simplemente señalaban algún texto de alguno de los libros que tenían sobre la mesa. Ambos sentían que respiraban con dificultad, como si tuvieran ganas de salir corriendo del lugar; y sin embargo, ahí seguían, sentados lado a lado, continuando tachando líneas y corrigiendo oraciones, para terminar aquella monótona redacción de Defensa.

En el caso de Draco, estaba nervioso por lo que había dicho la semana pasada, en la biblioteca. Había dicho que "necesitaba" a Hermione. Para trabajos académicos, para tener alguien con quien conversar… Para lo que fuese, pero la necesitaba. Seguía sin entender por qué había dicho aquello. Después de todo, ella era una sangre sucia, no era digna de él. Entonces, ¿por qué su presencia había alterado su mundo de tal manera? ¿Por qué ahora le era tan fácil expresarse con la que había sido su enemiga durante tantos años? ¿Por qué ahora le era tan fácil estar a su lado y quererla?

Hermione, por su parte, no podía dejar de pensar en lo que se suponía debía sentir. Había querido a Ron durante mucho tiempo, un amor que no había dado frutos y se había marchitado antes de empezar. Pero ahora, el pelirrojo venía de rodillas rogando su perdón, y una segunda oportunidad, y por más que a ella le hubiese gustado, no podía sacar de su mente la conclusión de que era ya demasiado tarde. ¿A caso había sacado a Ron de su corazón y sus pensamientos, o había alguien más que había ocupado su lugar? ¿A caso ese alguien era Malfoy? ¿Cómo podía ser eso posible? Se suponía que se odiaban, que no se toleraban. En otros tiempos Malfoy había sido cruel y despiadado con ella, y ahora… Ahora la castaña sentía que era tan fácil hablar con él, abrir su corazón y expresar sus miedos…

Durante un par de ocasiones, sus manos se rozaron al cambiar una página, o al señalar algún párrafo que les fuera útil; pero se apresuraban a quitarse, fingiendo que no habían sentido nada, con el corazón amenazándoles con salírseles del pecho, gritándose a sí mismos en la cabeza, que aquello que sentían no era amor.

Pero, si no se gustaban, ¿por qué estaban ahora pegados por los labios? Había sido imposible saber quién de los dos se había lanzado encima del otro primero. El movimiento de Hermione para enredar sus dedos en el cabello de Malfoy había tirado al piso un par de libros, y el tintero se había roto al caer. Y la veloz mano de Malfoy al tomar a Hermione suave pero firmemente del cuello había mandado a volar la redacción de Defensa sobre hechizos para transformaciones físicas, ensuciándose al caer sobre aquella tinta derramada.

Fueron un par de minutos en los que el mundo entero se detuvo. Un fugaz instante en el que lo único que existía eran ellos. Y pese a que no habían dicho ni una sola palabra, podían sentir que se comunicaban muchísimas más cosas de las que nunca se habían dicho. Aquellas ligeras mordidas en sus labios y suaves roces con los dedos por la piel de sus rostros, hacían que se olvidaran del mundo, y desearan no saber nada más sobre nada, nunca más.

Entonces, como si la magia se hubiera esfumado, y fueran conscientes de dónde estaban, quienes eran, y qué habían hecho, se separaron velozmente. Mirándose los labios, sin poder creer que aquello estuviera pasando. Entonces, regresando súbitamente a la realidad, siendo consciente de aquella situación en la que se habían metido, Hermione se apartó rápidamente, con la respiración agitada. Al ponerse en pie, volteó la silla en la que se encontraba sentada hacía solo un par de segundos.

-No puedo hacer esto –dijo con voz temblorosa, mientras se toqueteaba los labios. Se sentía culpable, sucia, y no sabía por qué. Sin poderlo evitar, sus pensamientos aterrizaron en Ron, en aquella carta que guardaba en el fondo de su mochila (la cual no había contestado), y en lo que había ocurrido entre ellos, hacía dos semanas en Hogsmeade.

-Vamos, no soy tan malo besando –bromeó Malfoy. Hermione se apuró a negar con la cabeza. ¿Debería decirlo? Esperaba que Draco lo entendiese…

-No es eso. Es… es Ron.

-¿Tenemos que hablar esa maldita comadreja en estos momentos? –dijo Malfoy enojado, apretando fuertemente los puños.

-Tú no lo entiendes –susurró ella, preguntándose si debía continuar hablado, pero sin poderse contener-. A mí… a mí me gusta Ron.

-¿Qué dijiste?

-O me gustaba, es decir… ¡No lo sé! Yo… Nosotros… Nos besamos en Hogsmeade. Bueno, él me beso… Pero yo no quería, creí que sí pero…

-¿En Hogsmeade? –repitió la serpiente, atando los cabos. A la leona no le pasó por alto como la rabia comenzaba a bullir en el interior del Slytherin-. ¡Pero después en el lago tú…! Y ahora estás aquí… ¿Así que las cosas no funcionaron con la comadreja, y viniste a besuquearte conmigo? ¡Eres una asquerosa sangre sucia!

-¡Entre tú y yo no había nada en ese entonces! –se apuró a gritar ella de regreso. Intentó tomarlo del brazo, pero él se soltó. Asombrada por el repentino cambio en la actitud del Slytherin, se apuró a defenderse-. No había nada en ese entonces, y tampoco lo hay ahora.

Malfoy dio una patada a la mesa, volteándola, y terminando de tirar los libros. Caminó hacia la puerta; pero apenas iba a medio camino, cuando la voz de Hermione lo hizo detenerse en seco.

-Me besaste en esta misma aula. Todo por una estúpida broma. Y me besaste nuevamente, y ni tú ni yo pudimos explicar por qué. Y posiblemente lo niegue después, pero… me, me agradó. Y desde ese momento desee que se repitiera. Y entonces llegó él. Ese idiota de Ronald Weasley –la voz de Hermione temblaba. Malfoy hubiera podido jurar que hablaba por entre sus dedos, tapándose el miedo y la rabia, ya que su voz sonaba amortiguada-. Y me besó –continuó ella, con la voz chillante-. Me derretí un segundo en sus labios. Pero entonces te recordé, y comprendí, que ni los besos de él, o de nadie más, me harían sentir mejor que los tuyos.

Draco se volvió sobre sí mismo. Hermione estaba llorando, pero aun así, se remangó la túnica y le mostró al Slytherin aquellas palabras cicatrizadas en su brazo.

"Sangre sucia."

Malfoy retrocedió. Un torrente de recuerdos inundó en ese momento su mente. Aquella tarde, en la Mansión Malfoy... Tembló de miedo, pero no más que Hermione.

-Tapa eso –le dijo el Slytherin, mientras apretaba sus puños.

-No –fue la firme respuesta de ella, y se acercó un poco a él, con el brazo aún extendido-. No sabes lo mucho que me duele estar enamorada de un inepto como tú. ¡De alguien que si hubiera podido, me hubiera hecho esto! –y le acercó el brazo al rostro.

-¡Te he dicho que tapes eso!

-¡Y yo he dicho que no! –gritó ella de vuelta, completamente fuera de sí-. Todo esto es tú culpa… Quizá lo que ocurrió en el campo de Quidditch fue un accidente, pero lo que ocurrió después fue porque tú así lo quisiste… Llegaste a mí, fingiendo que estabas confundido, culpándome de haber introducido un ridículo filtro de amor en tu comida. Me hiciste caer en tus brazos, ¿y todo para qué? ¿A caso todo esto fue un ridículo plan para burlarte de mí? No sabía que pudieses caer tan bajo… ¡Eres un desgraciado!

La voz de la castaña se había vuelto un susurro cargado de odio y rencor. Con un rápido movimiento, la leona sacó su varita, y apuntó con ella hacia el rostro de la serpiente. El rubio estaba tan sorprendido, que no había podido reaccionar para sacar la suya también.

Sin despegar la vista de la cara de Malfoy, Hermione se limpió las lágrimas con el dorso de la túnica, y aún con la varita en alto, la agitó para que su mochila se acercara a ella, y pudiera tomarla.

Entonces, volvió a apuntar su varita a la cara de Malfoy, pero aquel instante de distracción había sido más que suficiente para que el chico reaccionase, y del mismo modo, él también sacase la suya. A Hermione no se le pasó el hecho de que el chico se sujetaba el antebrazo, en el sitio donde ella sabía que él ocultaba la marca tenebrosa.

Pero la varita de Hermione se desvió del rostro del muchacho, y apuntó a la puerta.

-¡Alohomora! –gritó mientras sollozaba nuevamente, y sin detenerse ante el grito de Malfoy que le pedía que regresara, la Gryffindor salió corriendo del lugar.


¡Hola a todos! Espero que me hayan extrañado. Las vacaciones finalmente han terminado (¡Feliz 2017!), así que aquí me tendrán de nuevo cada sábado haciendo up. ¿Les ha gustado el capi de hoy? Para los que leyeron la historia original, aquí hay un pequeño cambio de trama (la carta de Ron), que espero ayude un poco a no odiar al pelirrojo, a pesar de lo que se viene (?)

Respecto a la relación de Hermione y Draco, podemos ver que ya se besan sin tapujos, aunque al final del día tenemos una nueva discusión porque gwad, los amo cuando se molestan, los dos pueden ser tan orgullosos x3!

Sin dar más spoilers, les agradezco el que me sigan leyendo, y les pido de todo corazón un review, para saber qué es lo que les gusta o no. Lo mismo va para los likes y follows.

Esperando que tengan un bonito fin de semana, les mando abrazos y besos, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos!